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Un largo y sinuoso camino en Venezuela

Nicolás Maduro será ungido presidente de Venezuela hoy y todo indica que esta etapa del remplazo de Hugo Chávez quedará cerrada, aunque con un saldo trágico de ocho muertos. Curiosamente, todos del mismo bando. Curiosamente, del que ganó las elecciones del domingo pasado. El que para la prensa conservadora cometió fraude en el conteo de votos.
Como se dijo ese día en caliente, Maduro deberá demostrar ahora hacia su propio campo su capacidad de liderazgo para llevar adelante esta etapa de la revolución bolivariana. Y también lo deberá demostrar ante una sociedad que se le aparece como dividida prácticamente al medio. ¿Son todos antichavistas los que votaron a Henrique Capriles? Eso está lejos de poder demostrarse. En principio, esos casi 700 mil que se pasaron de bando no dan la impresión de que abominen del proyecto de país que presentó Chávez hace 21 años, cuando su intento de toma del poder contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez.
Del otro lado, Capriles también deberá probar su capacidad de liderazgo en el marco de una oposición que no es homogénea, cosa que si puede mostrar el oficialismo. No están todos detrás de un mismo modelo de país y de reparto de la riqueza. Los une más el espanto que el amor hacia un ideal común. Por eso la exageración de gestos de un Capriles que, desencajado, provocó una tragedia de la que no puede hacerse el desentendido.
Porque vamos, Capriles es descendiente de dos de las más poderosas familias de Venezuela, dueñas de conglomerados industriales, mediáticos y cadenas de cines del país. Algo que en sí no constituye un delito, porque él no es responsable del lugar en que le tocó nacer. Lo que sí muestra actitudes que son de su entera decisión sería su voluntad temprana de adherir a la organización de extrema derecha Tradición, Familia y Propiedad, como mencionan algunos que lo conocieron de joven. O más tarde, de haber fundado junto con el ultraconsevador Leopoldo López un partido como el Primero Justicia, bendecido por la internacional republicana, esto es, del International Republican Institute. Y de haber recibido apoyo –que monetariamente no necesitaba por cierto-– del National Endowment for Democrac (NED). Salim Lamrani, doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris IV-Sorbonne, rescata un artículo del The New York Times donde se recuerda que el NED «se creó hace 15 años para llevar a cabo públicamente lo que ha hecho subrepticiamente la Central Intelligence Agency (CIA) durante décadas. Gasta 30 millones de dólares al año para apoyar partidos políticos, sindicatos, movimientos disidentes y medios informativos en docenas de países». Hasta acá, sólo cuestionamientos de tipo ideológico.
Pero sucede que cuando el golpe de 2002 contra Chávez, Capriles era un joven de 28 años que ejercía como alcalde de Baruta, un distrito que forma parte de Miranda y del municipio de Caracas. Desde ese lugar, ordenó el arresto de dirigentes y funcionarios chavistas, entre ellos el ministro del interior Ramón Rodríguez Chacín, brutalmente agredido ante las cámaras de la televisión (privada, claro, porque el canal estatal estaba bloqueado, como bien muestra el documental La revolución no será transmitida, de los irlandeses Kim Bartley y Donnacha O’Briain). Esa vez los golpistas disolvieron la Asamblea Nacional, la Fiscalía de la República, la Defensoría del Pueblo y el Tribunal Supremo de Justicia.
Mientras duró ese efímero gobierno de facto, solo reconocido por la España de José María Aznar y el Estados Unidos de George W. Bush, Capriles participó activamente del asedio a la Embajada de Cuba a la que, faltando a las más elementales reglas de la diplomacia internacional, no sólo le cortaron el agua y la electricidad. El mismísimo ex candidato presidencial ingresó con un grupito de exaltados a exigirle al embajador que le permitiera revisar las instalaciones, ante la presunción de que allí había buscado resguardo el entonces vicepresidente Diosdado Cabello. Luego del regreso de Chávez, el 14 de abril de aquel año, Capriles fue llevado a juicio y pasó cuatro meses detenido preventivamente, ya que se había mostrado esquivo a responder ante la justicia.
Danilo Anderson, el fiscal que seguía la causa contra 400 personas acusadas de crímenes contra el Estado bolivariano, entre los cuales estaba Capriles pero también las cúpulas empresariales, fue asesinado dos años más tarde, en noviembre de 2004. Terminó sus días despedazado por un explosivo C-4 colocado debajo del asiento del conductor de su Toyota Autana activado desde un teléfono celular. Tenía 38 años. La investigación por este crimen derivó en acusaciones y condenas contra ex agentes policiales venezolanos y paramilitares de la ultraderecha colombiana. Detalle: el ex presidente Álvaro Uribe se convirtió en fervoroso defensor del recuento de votos.
Luego de conocerse la información de que habían sido asesinados ocho personas en el marco de la revuelta que Capriles mismo había armado en Twitter al llamar a «descargar la arrechera», el opositor intentó bajar un cambio en una conferencia de prensa en la que dijo que su propuesta es de paz y que los que cometían acciones violentas no formaban parte de su movimiento.
Tardío reconocimiento a su responsabilidad. ¿Qué esperaba que hicieran sus seguidores, con el antecedente que le había mostrado con ese pasado turbulento? Porque entre los desmanes cometidos en estos días figuran establecimientos sanitarios y educativos donde participan médicos y docentes cubanos. Capriles ya les había enseñado que Cuba es el enemigo, cosa que repitió durante toda la campaña. ¿Cómo pensaba que podían actuar?
Es bueno que estos datos, que no fueron obtenidos de ninguna fuente de inteligencia ultrasecreta, sino que se consiguen en cualquier hemeroteca, fueran leídos también por dirigentes vernáculos que desde posiciones de centroizquierda o liberales dicen que hubieran votado a Capriles y llaman al reconteo de los votos del domingo. Porque más allá de que el sistema electoral venezolano fue considerado ejemplar por decenas de organismos de toda pelambre –e incluso en su anterior viaje a aquel país por Gabriela Michetti, amiga personal del Papa Francisco y a quien no se la puede tildar de izquierdista– el riesgo de desconocer las instituciones puede ser fatal para la integración regional y para el avance de la democracia en esta parte del mundo, que este domingo deberá asumir el resultado de la elección en Paraguay para determinar cómo sigue adelante. Con todo lo que implicó el golpe contra el ex obispo Fernando Lugo.
No es un olvido que Capriles haya dicho que recurriría a la ONU y la OEA para presentar sus quejas, ninguneando al Mercosur, Unasur y CELAC. Es que no intenta solamente derrotar al chavismo sino desconocer su obra de integración y principalmente la Constitución creada por el líder bolivariano. Los argentinos deberíamos recordar que el golpe contra Perón no fue sólo contra un hombre sino contra un modelo más justo, por eso, lo primero que hicieron los militares del ’55 fue tirar abajo la Constitución y el resto de las instituciones sociales y económicas creadas bajo su amparo. Al precio de fusilamientos sin juicio previo y las más bárbaras atrocidades contra los seguidores de Perón, que hasta tenían prohibido pronunciar su nombre.
Capriles no es un demócrata, pero además es un hombre peligroso para cualquier tipo de relación con sus vecinos. Por ahora necesita mostrarse fuerte contra Maduro para consolidar su poder dentro de la oposición. Y para conseguir apoyos de sus amigos externos, desafía a los gobiernos que apoyan al proceso democrático en Venezuela. ¿Será casualidad todo lo que ocurre en América Latina y en Argentina en coincidencia con dos elecciones clave para la región, como la venezolana y la paraguaya?
Maduro, aunque parezca paradojal, también necesita de un Capriles así de temible, cosa de terminar de convencer a los dubitativos de que –en términos maoístas– hay contradicciones principales y otras que resultan secundarias.
Mientras tanto, deberá ir construyendo su propio perfil y modelando el chavismo sin Chávez que dé cuenta de este momento histórico y resuelva los problemas de la gente, que de eso se trata. Por ahora dio un primer paso y puede decirse que esta primera prueba la pudo pasar. Pero el camino será largo y extremadamente sinuoso.

Tiempo Argentino, 19 de Abril de 2013

Venezuela, una elección crucial

La Venezuela que va a elecciones el 14 de abril no es la misma que la que el 7 de octubre del año pasado otorgó el último triunfo a Hugo Chávez. Y no sólo por el dato obvio de que el líder bolivariano ya no está presente para arengar a los suyos o proponer ideas revolucionarias en este nuevo tramo del camino al Socialismo del siglo XXI que proclamaba insistentemente. Es, también, porque en su ausencia –y cuando todavía luchaba por su vida en la clínica de La Habana donde había sido operado por cuarta vez– se tomaron decisiones en el plano económico que influirán fuertemente en la vida de los venezolanos.
La primera de ellas, de gran impacto, fue la devaluación de casi el 32% de la moneda. Luego se dispuso la creación de un nuevo mecanismo para liberalizar gradualmente la entrega de moneda extranjera. En una región donde la presión sobre el dólar es un acoso para la gestión de cualquier gobierno, estas medidas representan una señal de cómo las autoridades piensan enfrentar el desafío de dar un renovado impulso a la economía nacional y de ponerla en condiciones para el ingreso de la nación caribeña al Mercosur.
Sin embargo, estos no serán los ejes de la campaña que nuevamente enfrenta a la derecha, encolumnada detrás de Henrique Capriles Radonski, con el chavismo, que lleva, como era de esperar, a Nicolás Maduro como la figura que habrá de reemplazar en el Palacio Miraflores al presidente Chávez.
El resultado de los comicios, aventuran los analistas, puede ser similar al registrado en octubre pasado, cuando se produjo un cambio de tendencia. El oficialismo venía perdiendo votos en las elecciones anteriores por varias razones: descontento hacia algunas políticas o cierta desidia de los votantes porque los triunfos estaban garantizados y el sufragio no es obligatorio. Pero en octubre Chávez remontó la caída gracias a una campaña que limó sus últimas fuerzas contra un candidato que había logrado unificar a la oposición. Capriles, además, encabezó una campaña muy eficaz, tomando consignas que había hecho suyas Chávez desde que asomó a la política con el intento de toma del poder de 1992, y que materializó desde 1999.
Dos meses más tarde, en diciembre, con un Chávez convaleciente en La Habana y fuera de la campaña para las gobernaciones, el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) ganó ampliamente en bastiones hasta entonces en manos de la oposición, como el estado petrolero de Zulia, Carabobo, Nueva Esparta y Táchira. «Hay que reconocerle al chavismo un triunfo cualitativo, como es el avance del socialismo como proyecto de país y esto destaca en una nación donde el apoyo al socialismo nunca pasó del 6% del electorado durante el puntofijismo», decía entonces el analista y consultor político Alberto Aranguibel. El Punto Fijo fue el sistema de alternancia consensuada entre la democracia cristiana (COPEI) y Acción Democrática (AD) desde la caída de Marcos Pérez Jiménez en 1958.
En estos comicios distritales el chavismo recibió el espaldarazo de la ciudadanía, en una réplica aumentada de lo que había ocurrido a nivel nacional. El oficialismo logró entonces colocar a 10 militares retirados como nuevos gobernadores. Pero el líder opositor, Henrique Capriles, doblegó al canciller Elías Jaua en Miranda. Si bien la Mesa de Unidad Democrática (MUD) había quedado maltrecha luego de las presidenciales, era una buena señal para el futuro del candidato que había sumado más de 6 millones de sufragios contra el mismísimo Chávez.
Por eso Capriles era cantado para ir ahora contra Maduro. Fue así que salió al ruedo recordando lo obvio, que el ex dirigente del transporte y ex canciller chavista no es Chávez. A lo que el hombre de los gruesos bigotes replicó que eso es verdad, pero doblando la apuesta añadió que es «hijo de Chávez». A buen entendedor pocas palabras: no será el ex presidente y no se lo podrá comparar con él, pero es hijo de sus ideas, a las que asegura interpretar fielmente. Y también se formó a su lado en los más de 20 años que estuvieron juntos en la construcción de este modelo político.
Más allá de interpretaciones sociológicas, se puede conjeturar que los comicios de diciembre fueron una prueba importante para el sistema creado por Chávez. Y que el resultado fue auspicioso: la amplia mayoría de los venezolanos apoyó el Socialismo del siglo XXI aunque, por primera vez, el mandatario no apareció ante sus ojos para seducirlos con su verba inflamada.
Más aún, no hay nada afuera de una oposición que sólo se junta por su voluntad de destronar el modelo vigente desde 1999 y de un chavismo cada vez más firme en su proyecto bolivariano. Un proyecto que incluye a la sociedad civil pero también a los uniformados que –cosa extraña en esta parte del continente en virtud del rol que asumieron los militares en los 70– allí forman parte sustancial del modelo revolucionario que está al frente del gobierno.

Proyecto original
En cierto modo, la muerte de Chávez le agrega una dosis de dramatismo y épica a esta campaña, pero también representa el desafío de continuar con la obra que el líder carismático pergeñaba desde el Caracazo, aquel movimiento popular contra el neoliberalismo de febrero de 1989 que fue bárbaramente reprimido por el gobierno del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez con un saldo que se midió en miles de muertos.
Se distingue en Chávez un proyecto que había desarrollado desde sus inicios. Basta si no ver el discurso que dijo en 1994, la primera vez que viajaba a Cuba, ante Fidel Castro y cientos de estudiantes en la Universidad de La Habana. Viene a cuento resaltar algunas de las frases pronunciadas por un joven y delgado militar que aspiraba a gobernar Venezuela algún día, pero por el que tal vez nadie hacía apuestas en ese momento.
«Están ocurriendo cosas interesantes en América Latina y en el Caribe –decía hace 19 años, en pleno apogeo neoliberal, el novel oficial rebelde–. Pablo Neruda tenía profunda razón cuando escribió que Bolívar despierta cada 100 años, cuando despierta el pueblo». Y auguraba despertares Chávez, tras informar a su audiencia estudiantil que en las elecciones que se avecinaban en su país (en 1995) iba a primar el abstencionismo. «Ustedes no lo van a creer, pero el 90% de los venezolanos no va a las urnas electorales, no cree en mensajes de políticos, no cree en casi ningún partido político». Lo más jugoso de aquel discurso, pronunciado cinco años antes de llegar al poder, fue la claridad con la que expuso propuestas de integración aun en el marco de la presencia en la región de gobiernos neoliberales. «Lanzaremos el Proyecto Nacional Simón Bolívar, con los brazos extendidos al continente latinoamericano y caribeño», con el propósito de crear una «asociación de Estados latinoamericanos, que fue el sueño original de nuestros libertadores». «¿Por qué seguir fragmentados?», se preguntaba entonces Chávez en un marco regional en el que soñar con un proyecto de integración parecía una utopía.
Y sobre esta matriz fue construyendo amistades desde que llegó al poder. Por eso, para la mayoría de los dirigentes regionales el aporte a la integración del bolivariano es una deuda que sólo podrían pagarle siguiendo su camino.
Según el politólogo Pablo Touzón, «en términos geopolíticos, el apoyo de Venezuela a la región estuvo lejos de ser meramente discursivo: en estos años, el gobierno bolivariano reorientó gran parte de sus recursos, inversiones, programas de intercambio y demás elementos de poder “duro” para apoyar con instrumentos concretos el proceso unificador sudamericano. Los países sudamericanos ganaron este aporte que resultó fundamental para la consolidación de los nuevos gobiernos populares y del “giro a la izquierda” como un todo. Sin Venezuela, instrumentos como la UNASUR probablemente jamás hubiesen visto la luz, y si bien es altamente probable que el gobierno de Nicolás Maduro continúe esta línea, las dificultades internas y las tensiones propias de una pérdida tan grande desde el punto de vista político reorientarán, aunque más no sea provisoriamente, los focos del proyecto político bolivariano en la propia realidad venezolana», asegura Touzón. A su juicio, «es probable, entonces, que este reacomodamiento interno dentro del esquema de poder regional favorezca relativamente al Brasil, profundizando su liderazgo subregional de cara al mundo entero».
No es casualidad ni protocolo vacío que hayan hecho guardia de honor junto al féretro del comandante el cubano Raúl Castro junto con el chileno Sebastián Piñera y el colombiano Juan Manuel Santos, la costarricense Laura Chinchilla, cerca del nicaragüense Daniel Ortega , el boliviano Evo Morales y el mexicano Enrique Peña Nieto. También estuvieron el guatemalteco Otto Fernando Pérez-Molina y el salvadoreño Mauricio Funes, o el panameño Ricardo Martinelli con el ecuatoriano Rafael Correa, por poner un puñado de ejemplos que indican claramente que más allá de un fuerte compromiso con los valores del socialismo, Chávez supo que para construir en el continente debía hacerlo con «lo que hay», esto es, no sólo con líderes convencidos de la necesidad de una integración regional, sino también con mandatarios de derecha, empresarios conservadores devenidos políticos y con líderes que han dado vuelta a sus países como una media en busca de mayor igualdad entre los ciudadanos.
La sólida amistad con Santos, cimentada luego de un conato bélico cuando estaba por comenzar su mandato, y la creación de una organización como la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), sin dudas su obra póstuma, que nuclea a los países del continente pero deja afuera a Estados Unidos y Canadá, son el corolario de aquel proyecto que soñaba con su uniforme de cadete de la Academia Militar venezolana.
Otro logro del chavismo en estos años, con proyección hacia el futuro, fue que la oposición, a regañadientes luego del golpe de 2002 y de sus sucesivas debacles, aceptó la Constitución bolivariana. Ese pequeño librito de tapas azules que Chávez regalaba a todos sus interlocutores finalmente es la Carta Magna con la que aceptan jugar el juego democrático. Es más, luego de la muerte del comandante, denunciaron que el gobierno que Maduro retiene como Presidente Encargado es «fraudulento». Interpretan que la Constitución fue forzada fuera de sus límites para sostener la candidatura del hombre al que el propio Chávez había pedido, en lo que fue su última voluntad política, que votaran si no podía volver a ocupar su cargo.
Para agregar más condimentos a la polémica, Capriles –quien durante todo el proceso de la enfermedad de Chávez cuestionó la información oficial que se brindaba sobre el mandatario– llegó a decir que las autoridades habían mentido sobre la verdadera fecha de la muerte. Luego, y en vista de la andanada de críticas, tuvo que salir a pedir perdón a la familia «por si algunas de mis palabras los ofendió o fueron mal interpretadas».
Ya en medio de la campaña, Capriles se muestra tan provocador como un retador en la balanza antes de la pelea para unificar alguna corona de box. «Creo que Nicolás no aguanta ni cinco minutos de debate conmigo. Si quiere, que en el debate le pongan el teleprompter y que Ernesto (por el ministro de Comunicación, Ernesto Villegas) esté al lado de él, para que le sople». El «poseedor del cinturón de campeón» siguiendo con la metáfora, se ciñe a mostrar la obra de gobierno y a destacar lo que perderían los venezolanos si no votan por el chavismo sin Chávez o no acuden a las urnas por creer que el triunfo está asegurado. Y ante una amenaza que circuló en los primeros días de campaña advirtió: «Roger Noriega, Otto Reich, funcionarios del Pentágono y de la CIA están detrás de un plan para asesinar al candidato presidencial de la derecha venezolana para crear un caos en Venezuela». Esta posibilidad desestabilizadora podría ser la única para una oposición que, además de expresar intereses y voluntades no coincidentes, no tiene muchas opciones que ofrecer, como ya se había visto en octubre, más allá del desafío boxístico. O machacar con los momentos difíciles de la gestión, como cuando Capriles calificó a la devaluación de febrero como un «paquetazo rojo».
Sucede que los seguidores de Capriles, además de expresar intereses y voluntades no coincidentes, no tienen en realidad un plan de gobierno. El candidato puede, sí, señalar errores y momentos difíciles de la gestión, como cuando luego de la devaluación aputó todos los cañones contra la medida oficial: «Esta devaluación es simplemente para darle caja al Gobierno. Esta devaluación se hubiese podido evitar revisando las importaciones, revisando los regalos a otros países. ¿Por qué tenemos nosotros que seguir regalando el petróleo a otros países? ¿Es que acaso no hay necesidades en Venezuela? ¿No tenemos nosotros problemas que atender aquí?», se ofuscó públicamente. «Nicolás es el candidato del señor Raúl Castro», dijo Capriles ante el canal privado Globovisión. «Eso es a los intereses que responde», señaló. «Yo soy el candidato de los venezolanos y las venezolanas. Nosotros no vamos a entregarle nuestro país a cualquier interés extranjero, sea cual sea, ni a los Estados Unidos ni a Cuba», insistió alisando su campera roja, azul y amarilla.
Si Capriles revisara aquel video de Chávez en La Habana de 1994 donde se expresaba el modelo que ahora vuelve a ser sometido al escrutinio de la ciudadanía, como otras 14 veces en los últimos 15 años, quizás encontraría la explicación de por qué millones de venezolanos votaron y salieron a la calle a despedir con tristeza y fervor al líder que, con un saco militar de cuello Mao, decía: «Nos alimentamos mutuamente en un proyecto revolucionario latinoamericano, imbuidos como estamos desde hace siglos, en la idea de un continente hispanoamericano, latinoamericano y caribeño, integrado como una sola nación que somos».

Revista Acción, 1 de Abril de 2013

Una foto y la película del absolutismo

El ensañamiento de los medios del establishment mundial y principalmente de los españoles con el presidente venezolano parece no tener límite. Y a la gravísima pifia de El País con una foto de un hombre entubado que no era Hugo Chávez –digna de estar entre las peores infamias en la historia del periodismo, que además se originó en una chanza de un italiano, Tommasso Debenedetti, que no imaginó hasta dónde podía llegar su desafío a la racionalidad de sus colegas– se sumó una carta insultante contra el hombre que comanda los destinos de Venezuela desde 1999 y que se atribuyó a su ex esposa Nancy Iriarte. Pero que había sido escrita por un periodista opositor un año antes.
Todavía se recuerda por estas costas alguna otra carta apócrifa adjudicada en junio de 1978 al jugador holandés Rudolfo Kroll, en la que el capitán del seleccionado que disputó la final del mundial de fútbol con Argentina hablaba loas sobre la dictadura de Videla. Es que la asistencia del equipo naranja al certamen había sido fuertemente cuestionada en su país por las violaciones a los Derechos Humanos que los militares habían desplegado desde el golpe.
La editorial Atlántida de los Vigil, responsable de aquel desatino, es la misma que apenas tres años después publicó una foto del líder radical Ricardo Balbín entubado en el sanatorio donde moriría unos días más tarde, en setiembre de 1981. La foto era verdadera, pero el caso despertó indignación porque era una notoria violación de límites éticos sobre qué cosa es noticiable y cuál no en un estado de derecho.
Fue así que la familia del político platense planteó una demanda que la Corte Suprema falló en su favor en 1984. Pero la cuestión no se laudó en el imaginario popular y hace algunos meses la viuda de Jorge Luis Borges le confesaba al conductor de un programa matutino de radio Mitre que el enorme escritor argentino, al saberse víctima de una enfermedad terminal, a principios de 1986 eligió ir a morir a Ginebra, donde había estudiado en su lejana juventud «porque había quedado muy impresionado con la foto de Balbín y temía que le hicieran lo mismo a él». Ni María Kodama ni su interlocutor Chiche Gelblung continuaron con el tema. Que podía ser espinoso porque el periodista había estado al frente de la revista en cuestión y es un defensor de un estilo de ese periodismo siempre en el abismo de lo brutal que lo llevó más de una vez a los tribunales.
Pero lo de El País tiene otras connotaciones. Porque es el medio que representó la transición a la democracia en la España posfranquista pero terminó siendo el baluarte en la lucha de la oligarquía conservadora por mantener su status quo interno y abrirse a una supremacía en el exterior que hace agua por todos lados a raíz de la crisis económica que le estalló en 2008. Una crisis que pone en el tapete los acuerdos de La Moncloa al punto que Cataluña ya plantea directamente la independencia del poder central y por tanto la ruptura de la unidad en torno de la realeza española. Una familia monárquica que por estas horas está más enfrascada en ver la forma de zafar de una investigación sobre un caso de corrupción que involucra al esposo y a un secretario de la infanta Cristina pero que salpica al palacio de la Zarzuela en su conjunto, incluida la bella presunta amante alemana de Juan Carlos I.
La ansiedad del El País –similar a la del monárquico ABC y el «popular» El Mundo– se inscribe en el deseo manifiesto de ver al que despectivamente titula de «caudillo» sudamericano fuera de circulación. Porque lo sabe una pieza clave en la lucha contra el proyecto neoliberal en América Latina. Chávez logró ofuscar de tal modo al mismísimo rey Borbón que le hizo perder la compostura en una célebre cumbre donde el monarca le dijo su ya famosa «¿Por qué no te callas?». Cosa curiosa que los medios callan: ese es el mismo rey puesto a dedo por otro caudillo, aunque en su caso «por la gracia de Dios», como Francisco Franco, coronado a la muerte del dictador que se lanzó contra la República española para restaurar el poder a los Borbones, en 1975.
Juan Carlos, por otro lado, desde su llegada al trono y sobre todo desde el Tejerazo de febrero de 1981 viene impulsando de un modo más o menos sutil la restauración de una suerte de absolutismo en el mundo hispanohablante que a 200 años de la Asamblea del Año XIII resulta poco menos que risible, pero que tiene fuertes lazos con las derechas locales que por la vía de las urnas van perdiendo influencia luego del cambio de aires en la región de este siglo.
No sería la primera vez que los Borbones intentan restaurar el absolutismo. Ya lo había hecho en 1814 Fernando VII, cuando volvió al trono luego de la caída de Napoleón con el apoyo de las Juntas de Gobierno surgidas en todo el territorio imperial. Decisión contra natura dos años después de que en Cádiz se dictara la primera Constitución Española, conocida como La Pepa, que reconocía cosas tan elementales como la soberanía nacional de los ciudadanos (y no la de un rey sobre sus súbditos), la monarquía parlamentaria y la división de poderes.
Desoyendo los consejos de hombres más duchos en eso de leer los tiempos que corrían, Fernando VII intentó reconstruir el Imperio español y el absolutismo por la vía de la fuerza y se enfrascó en la lucha contra los liberales en territorio español y abrió frentes de batalla en el continente americano para voltear a gobiernos populares surgidos durante su detención a manos de las tropas francesas. El resultado es conocido y Chávez es un emergente bicentenario de esa resistencia a un proyecto que en los 90 pareció que podía obtener nuevos resultados a la vista de la expansión de los capitales españoles en la región.
Por estos días la reina holandesa, Beatriz, abdicó a favor de su hijo Guillermo, lo que ubica a la argentina Máxima Zorreguieta a las puertas de convertirse en la primera reina nacida en estas pampas. La situación despertó especulaciones en España, ya que Beatriz deja la corona porque cumplió 75 años y piensa que debe dar paso a generaciones más jóvenes.
Hace unas semanas Juan Carlos también cumplió 75 años. Pero La Zarzuela desmintió que hubiera pensado en abdicar en su hijo Felipe, su sucesor natural de acuerdo al protocolo.
Felipe ostenta por ahora el titulo de Príncipe de Asturias. Pero como su madre es Sofía Margarita Victoria Federica, de la casa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, princesa de Grecia y Dinamarca, Felipe podría terminar coronado como rey de dos penínsulas sumidas en lo peor de la crisis mundial: el país ibérico y el helénico. A pesar de que Grecia desde 1974, y luego de un referéndum, es una república que no reconoce títulos nobiliarios. Y de que el sello dorado lo conserva su tío, Constantino II, llamado aún hoy rey de Grecia, príncipe de Dinamarca y duque de Esparta.
La historia de Guillermo Alejandro Nicolás Jorge Fernando, príncipe de Orange-Nassau e hidalgo de los Amsberg, tiene también sus bemoles. Es el hijo mayor de Beatriz y del fallecido aristócrata alemán Klaus-Georg Wilhelm Otto Friedrich Gerd von Amsberg, conocido como el príncipe Claus. Hombre que levantó polvareda cuando se casó con Beatriz, en 1966, por su pasado como miembro de las Juventudes Hitlerianas y de la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial. Guillermo, a la vez, es el primer varón Orange-Nassau desde Guillermo III en 1890. Y también despertó polémicas cuando se casó con la hija del ex secretario de Agricultura del dictador Videla, Jorge Zorreguieta. Hombre de ingreso restringido en Holanda por un pasado que todavía lo condena.

Tiempo Argentino, 1 de Febrero de 2013

Las heridas de España sobre Venezuela

Una columna en el diario madrileño El País advertía hace un par de semanas sobre el año que le espera a España. «Tres heridas profundas, emulando el verso de Miguel Hernández, de la economía española caminan juntas en esta crisis y no son sólo ellas las que nos impiden andar: porque hay una cuarta», afirmaban los catedráticos José Manuel Lasierra y Santos Ruesga. Las tres heridas hernandianas son el endeudamiento, las desigualdades crecientes y las políticas de austeridad. La cuarta, «las limitaciones en materia de competencia de nuestro tejido productivo, (que) lacera el futuro de la economía española debido a: a) una estructura empresarial fuertemente minifundista; b) una estructura productiva que liquidó hace tiempo y con demasiada anticipación (…) parte de su componente industrial y c) un tejido empresarial poco dinámico y demasiado ahormado aún por la dependencia de la ubre pública (subvenciones, concesiones con garantía de beneficio o tolerancia de las prácticas oligopolísticas) y el escaso amor por el riesgo».
Los datos que aporta la realidad en este inicio de año, que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, también catalogó de duro, son contundentes y fueron tomados de titulares de los diarios hispanos de estos días:
• La crisis destruyó más de 2000 empleos al día a lo largo de 2012.
• El 2013 será año de los 6 millones de parados (desocupados). Según Eurostat, la oficina de estadísticas europea, el 2012 se cierra con un nivel de desempleo superior al 26,5 por ciento.
• Menos de dos trabajadores para pagar la jubilación de cada pensionista. La relación era de 2,5 a uno al inicio de la crisis, en 2007. Hay 16,3 millones de cotizantes ocupados frente a 8,1 millones de jubilados. Rajoy promete no subir la edad jubilatoria a más de 67 años.
• La ciencia dice basta. Los investigadores salen a la calle en varias ciudades españolas para denunciar los recortes y la fuga de cerebros.
• El número de billetes de 500 euros ha caído un 17% desde el inicio de la crisis. El Banco de España calcula que circularon unos 93,7 millones de billetes de 500 euros en noviembre, frente a los 114 millones del inicio de la crisis a finales de 2007.
A esto se le pueden sumar las sucesivas leyes de ultraflexibilización laboral, la clausura de ramales ferroviarios con menos tráfico para «ahorrar presupuesto» y el comienzo de la privatización del sistema sanitario en Madrid. Lo que representa un calco de las políticas que en esta parte del mundo se llevaron a cabo en los ’90, con el beneplácito entonces de los líderes españoles de los dos partidos y de los organismos internacionales. Sin olvidarse del «ramal que para ramal que cierra» de Menem y del «que vayan a lavar los platos» del ex ministro Cavallo a los científicos vernáculos.
Hay otro aspecto no menos importante en esta política de recortes que, si es por mirar ejemplos, ya deberían saber adónde conduce, ante el estallido de la Argentina de principios de siglo. Y es el recorte en el sistema educativo y la cultura. El mismo diario El País, que supo convertirse en el periódico de la democracia tras la muerte del dictador Francisco Franco, lo muestra en una producción hecha en Puerto Rico por su corresponsal Rocío Huerta.
El diario juntó a cinco intelectuales de ambas orillas del Atlántico y los puso a debatir en un artículo titulado «Ideas para salir de la crisis cultural entre España y América Latina». Allí, los convocados desnudan el trasfondo de la cuestión: «Hoy más que nunca España necesita de América, pero sin imposiciones, sin soberbias, sin vanidades, sin tutelas ni paternalismos, sino en situación de amigos y socios leales y respetuosos.» Los escritores españoles Almudena Grandes y Manuel Rivas, se cruzaron con el argentino Guillermo Martínez, el mexicano Jorge Volpi y el puertorriqueño Héctor Feliciano en el Festival de la Palabra realizado en esa isla caribeña de cultura española pero de lazos coloniales con Estados Unidos.
«Quizás en Latinoamérica estemos más acostumbrados a estos ciclos económicos, por eso sabemos vivir las crisis (…) En los noventa, cuando estábamos en paridad uno a uno con el dólar americano, no había prácticamente industria cultural», recuerda el argentino Martínez. «En el período del Corralito –aporta Feliciano– la gente se agarró a la Cultura como boya de salvación. Se llenaron los teatros, se leyó más que antes, se empezó a crear. La gente lo hizo para reflexionar creativa y fructíferamente sobre lo que estaba ocurriendo.»
«Que se cierren cines o librerías es la destrucción del hábitat y, en esta cuestión, América Latina es un espacio de esperanza. Los depósitos de esperanza han ido siempre unidos a la Cultura y la Educación» opina el español Rivas, para concluir: «Lo mejor de la cultura de América Latina es su valentía creativa, la osadía, el ir más allá… Esa cualidad de la literatura en español tiene su manantial en América Latina.»
Su colega Almudena Grandes no es menos certera. «Fuera de España existe la energía y la vitalidad, una cultura resistente, el deseo de gritar. Y eso precisamente es un contagio necesario para la cultura española que sufre con la crisis, pero que morirá si se deja arrastrar por el enemigo y por la tristeza.»
Esta tristeza de la que habla la autora de Las edades de Lulú se refleja en las encuestas, como una que publicó el diario El Mundo donde se señala que apenas el 12% de los españoles cree que en 2013 le irá económicamente mejor. Peor aún, el 53% ni siquiera tiene esperanzas de que la economía mejore en 2014, mientras que el 49% considera que con Rajoy todo anduvo peor que hace un año, cuando asumió el gobierno luego de haber sido elegido abrumadoramente el 20 de noviembre de 2011, justo para el aniversario de la muerte del dictador.
No es para menos. A la retahíla de calamidades que anuncian los medios, se suma un aumento en las tarifas del transporte del 6%, de los servicios de correo y teléfonos, de electricidad y el peaje de autopistas en alrededor de un 3% y del agua en algo más de un 4 por ciento. Esto mientras la automotriz Nissan amenaza con despidos en su planta de Barcelona si los gremios no aceptan una baja salarial para «hacer competitiva» la producción en Cataluña, la región que ahora aspira a independizarse del reino.
En todo este contexto, el diario ABC cumplió 110 años el 1 de enero. Y lo festejó divulgando en primera plana presuntos informes médicos sobre el presidente venezolano Hugo Chávez no confirmados por ninguna fuente oficial, pero sí repetidos hasta el hartazgo por medios on line o televisivos que lo dieron por válido. Una nota escrita por el corresponsal en Washington con data supuestamente filtrada por los profesionales que atienden al bolivariano en La Habana. Más allá del innegable estado delicado de salud de Chávez, que sus allegados y su gobierno destacaron varias veces, la publicación buscaba innegablemente desestabilizar al proceso venezolano a días de que el presidente deba asumir su cargo nuevamente.
ABC no se caracteriza por su apego a la verdad, aunque hay que reconocerle una dosis de honestidad porque en el editorial sobre sus 110 años en los kioscos no tuvo empacho en afirmar, el mismo día de esa polémica tapa: “Reivindicamos de nuevo nuestro compromiso con la Monarquía parlamentaria, el sistema político que nos ha garantizado la mejor etapa de nuestra historia, encarnada en la Corona y en la persona de su titular, Don Juan Carlos I. Consideramos indiscutible la unidad de la Nación española, preexistente a cualquier modelo constitucional e ideología política, y el único principio que garantiza la igualdad de los ciudadanos, sin privilegios territoriales o de cualquier otra clase. Mantenemos nuestra comprensión cristiana de los valores del hombre, tanto individuales como colectivos. Defendemos el liberalismo conservador como la opción política más adecuada para el gobierno del Estado. Y reiteramos que la democracia, el Estado de Derecho y las libertades individuales son la única forma de organización política legítima.»
Tanto es su compromiso con esos valores que el hijo del fundador del periódico, Juan Ignacio Luca de Tena y García de Torres, segundo marqués de Luca de Tena, participó íntimamente en la preparación del levantamiento contra la Segunda República, en 1936, y según los registros históricos, recibió un cheque en blanco de un financista antirrepublicano, Juan March, para financiar la sublevación de Franco en el norte de África contra el gobierno democrático.
«Franco, que ganó la guerra con la espada, nos gana la paz con su certera visión de estadista y su esfuerzo permanente lleno de amor sin límites por la Patria querida», editorializó el 2 de enero de 1940. «Vivo en la Historia» tituló su portada del 21 de noviembre de 1975 en la que se ve el féretro con el rostro en primer plano del dictador fallecido.
ABC también estuvo muy activo para apoyar el golpe contra Chávez en 2002 y apuró el reconocimiento prematuro de José María Aznar al golpista Carmona. El otro apurado entonces fue George W. Bush.
La última novedad de ABC es una información sobre presuntos acercamientos secretos de Nicolás Maduro a Estados Unidos para acordar la vuelta de la DEA con el objetivo de contrarrestar la influencia de Diosdado Cabello en un posible gobierno sucesorio. Y espera que se plieguen en la operación la misma cantidad de medios afines.
Hay dos Españas decía el otro poeta español de la Guerra Civil, Antonio Machado. Y «una de las dos Españas ha de helarte el corazón».

Tiempo Argentino, 4 de Enero de 2013