La semana pintaba complicada y se inició con un muy sugestivo editorial de La Nación. El diario nacido entre las cenizas de la guerra contra el Paraguay de Solano López, en 1870, se vio en la necesidad de advertir el pasado domingo sobre el riesgo que se corre si la experiencia anarcocapitalista naufraga y pide «evitar que el populismo aplauda de pie su abandono, como en 2001, para recuperar poder y financiar desmesuras».
El texto, en tono pastoral, resalta que hoy día «existe una oportunidad de cambiar el rumbo», pero puntualiza que el Gobierno tiene una «fragilidad política que aún amenaza su gestión». La Nación reconoce que hay pymes que «sufren los dolores de la conversión» al modelo que llama a defender, pero recalca que para que «Argentina complete con éxito su “camino de Santiago” se necesitan aún consensos políticos, reformas en las provincias y municipios y ganar la llamada batalla cultural para que el mérito, el esfuerzo y el premio sean valores compartidos».
El mensaje se difunde en un momento en que amplios sectores de la oposición están queriendo armar un frente antimileísta y el expresidente Mauricio Macri se muestra como opción centroderechista. Otro que está intentando saltar la encerrona del momento es el empresario italiano Paolo Rocca, titular del grupo Techint, quien mantuvo encuentros con Macri y con el gobernador de Santa Fe, el radical Maximiliano Pullaro.
Ojo que Paola Rocca no se reunió últimamente solo con Mauricio Macri. También tuvo una larga reunión con Maximiliano Pullaro. No se conocían pero el dueño de Techint se fue con una “muy buena impresión” del gobernador de Santa Fe. Se nota que hay un sector del círculo rojo que…
El dato no es que uno de los empresarios más poderosos del país se junte con dirigentes políticos, sino que se lo difunda como un hecho destacable. Será que desde los ataques de Milei a «Don Chatarrín», el magnate quiere mostrar que lo suyo no son solo «fierros». Lo mostró en Brasil junto a Lula da Silva al inaugurar una escuela industrial, el 6 de marzo. Lo quiere mostrar ahora, intentando armar un frente de derecha «racional», sin mácula peronista.
PAOLO ROCCA INAUGURÓ UNA ESCUELA TÉCNICA EN BRASIL JUNTO A LULA
Participaron de la inauguración de una escuela técnica en Río de Janeiro, en medio de la tensión entre los industriales argentinos y el gobierno.
Día de la independencia El presidente, a todo esto, estaba en Israel para celebrar como propio el Día de la Independencia de ese país, donde se exhibió como un showman y en una exposición en la Universidad Bar-Ilán –donde le entregaron su segundo doctorado honoris causa– lanzó una frase que endulzó los oídos de Benjamin Netanyahu y de todos los supremacistas libertarios del planeta: «Con determinadas culturas no vamos a poder convivir».
Allí habló de su otro berretín, la prensa. «Gran parte del periodismo juega para las fuerzas del mal –dijo–. El otro día, en la charla con mi queridísimo amigo Bibi [Netanyahu], hablábamos de cómo tenemos que vivir y soportar las mentiras, las calumnias, injurias del periodismo de una manera violenta». Quien lo retrató muy bien en los medios israelíes fue Yoana Gonen, en el diario Haaretz, quien afirmó que lo tienen como un gran amigo de Israel porque «proporciona a los israelíes el producto más codiciado por todos: validación externa». El artículo detalla, con todo, aspectos de la política de Milei que en Argentina resultan inocultables, pero en el exterior todavía no tanto: «Se trata de un hombre que se vende como un mago libertario, pero en la práctica profundizó la recesión, agravó el desempleo y se salvó de una bancarrota nacional solo gracias a la ayuda de decenas de miles de millones de dólares por parte de la administración Trump y del Fondo Monetario Internacional».
Esos dos aspectos que destacan al mandatario argentino salieron a la luz ni bien regresó a Buenos Aires. El jueves los periodistas acreditados en la Casa Rosada se desayunaron con que tenían vedado el ingreso. El argumento fue que dos colegas del canal TN habían filmado en los pasillos del edificio subrepticiamente y el jefe de la Casa Militar, a cargo de la seguridad, recomendó esa medida y además denunció por espionaje a Luciana Geuna e Ignacio Salerno.
No se necesita mucho para que Milei declare su ira contra algún periodista, al punto que insiste en que «el 95% son delincuentes». Geuna es quien que en la campaña presidencial le preguntó si creía en la democracia y no logró una respuesta afirmativa. Tampoco negativa, pero el circunloquio que dio sobre el teorema de Arrow fue toda una definición.
Este mismo viernes, recibió en su despacho al tecnocapitalista extremo Peter Thiel, que en su haber tiene haber fundado varias empresas, entre ellas Palantir, que mantiene contratos astronómicamente millonarios con el Gobierno de Estados Unidos, de Israel y de Francia para vigilar, controlar y establecer objetivos bélicos. Los algoritmos de la firma son claves para la ofensiva de Israel en Gaza y Líbano, con la brutalidad que se conoce. Esta semana, Palantir, que ahora dirige Alex Karp, otro supremacista, publicó un documento en el que propugna la construcción de lo que el exministro de Economía griego Yanis Varoufakis llama tecnofeudalismo.
El primero de los 22 puntos de ese manifiesto dice: «Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso. La elite ingenieril tiene la obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación». Es decir, que si no fuera por «la mano visible del Estado», las plataformas desarrolladas en ese valle de California no hubieran tenido un lugar bajo el sol.
Thiel considera que la democracia es un obstáculo para el desarrollo tecnológico, aboga por una oligarquía iluminada que domine el mundo y sostiene que hay civilizaciones superiores y otras inferiores. «Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas», dice el punto 21 del manifiesto al que seguramente desde Buenos Aires le dio enter para su difusión. Y en eso coincide 100% con Milei, que tampoco cree que la democracia sea un valor y se lo demostró cercenando el trabajo periodístico como obsequio a la visita.
¿A qué vino Thiel?, se preguntan todos. Algunos deslizaron que a ver cómo está funcionando el modelo paleolibertario que él propugna, habida cuenta de que compró una lujosa residencia en el Barrio Parque de la Ciudad de Buenos aires, donde vivir con su esposo Matt Danzeisen, y sus hijos, por lo que la cosa no parece transitoria. Desde fuentes oficiales se dice que vino a hacer negocios en la agroindustria. Otros que a firmar contratos para la vigilancia y control de la sociedad argentina en momentos en que ese modelo parece trastabillar.
Un tipo de operaciones como las que pueden imaginarse de las huestes de Theil y Karp fueron reconocidas en su momento por el CEO de Cambridge Analytica, Alexander Nix ante el Parlamento británico, y habrían sido clave para el triunfo de Macri en 2015. Thiel, ¿se establecerá en la «Reina del Plata» para sostener con sus «artes» al amigo argentino o ya que está para el candidato de la extrema derecha que competirá con Lula da Silva en octubre?
Mientras tanto, la filtración de un mail interno del Pentágono menciona un supuesto castigo de Estados Unidos a aliados que le dieron la espalda en su aventura en Irán. Menciona el caso de las Malvinas y afirma que la Casa Blanca estaría analizando retirar el apoyo a la soberanía británica sobre las islas. Guillermo Carmona, exdiputado y exsecretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur en la Cancillería, minimizó el alcance de la noticia, que el oficialismo festejó como un gol. «EE.UU. nunca ha reconocido la soberanía británica sobre Malvinas. Solo reconoce el ejercicio de un poder de facto por parte del Reino Unido en las islas».
Lo primero que hay que tener en cuenta sobre este trascendido es que EEUU nunca ha reconocido la soberanía británica sobre Malvinas. Solo reconoce el ejercicio de un poder de facto por parte del Reino Unido en las islas . Por lo tanto, el título de la noticia es inexacto. No… pic.twitter.com/LVxNKrAxBg
Cambiar el eje del debate, y más con un tema tan caro al sentimiento nacional, puede dar sus frutos a corto plazo. Pero la experiencia de 1982, con una dictadura militar que se había ofrecido con tanta vehemencia a apoyar las necesidades estadounidenses en Centroamérica, debería ser ilustrativa de cómo interpretar las señales que vienen de Washington.
Giancarlo Summa es periodista y politólogo. Colaboró en las campañas de Lula da Silva en 2002 y 2006 y fue director de comunicación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Brasil, México y África Occidental. En Buenos Aires presentó una obra colectiva coordinada junto con Mónica Herz, El desorden del mundo. La extrema derecha contra el multilateralismo en América Latina, editado por la UNSAM.
-Tengo mis dudas de si la ONU sirvió de mucho en estos más de 80 años, salvo esporádicamente.
-Yo pienso que la ONU tuvo un papel importante al organizar un lugar de encuentro y de diplomacia sobre temas diversos. Funcionó mejor en algunos periodos y ahora está una crisis como nunca se vio antes. También organizó una visión del mundo que hasta hace diez años funcionaba. La Declaración Universal de Derechos Humanos, las convenciones de Derechos Humanos, los acuerdos globales de la OIT sobre trabajo. Todo eso era una referencia civilizacional. Fue muy fuerte en el proceso de descolonización de África. En América Latina las luchas por los Derechos Humanos no hubieran sido posibles de no existir el marco de lo que es aceptable o no.
-Pero después algo pasó.
-Yo digo que en 2015 fue el Canto del Cisne. Ese año la ONU aprobó por unanimidad el acuerdo de París sobre cambio climático y la agenda 2030 con los objetivos de desarrollo sostenible, que era una cosa aspiracional: combatir el hambre, educación para todos, reducción de la desigualdad, igualdad de género. Todos los países firmaron. Hoy hay gobiernos como el de Trump y oposiciones como Vox en España que denuncian a esta agenda como un globalismo estúpido que quiere subvertir los valores nacionales. El 2016 fue el año del Brexit, primera elección de Trump y en Brasil el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff. Fue el año en que se abrió la caja de Pandora. Pero mirando en perspectiva (yo entonces no me di cuenta), el año del quiebre en realidad fue 2008, la gran crisis financiera internacional a la que los gobiernos dieron malas respuestas.
-Salvaron a los bancos.
-Salvaron a los bancos y no a la gente. Eso llevó a la quiebra del acuerdo mínimo de confianza en los representados y los representantes. Impactó en la política, porque en los últimos 20 hubo un aumento sin precedentes en la concentración de riqueza en las manos de pocos. Los milmillonarios.
-El famoso 1% de la población.
-El 1% funciona bien como eslogan, aunque es mucho menos, tal vez el 0,1. Pero son los que dominan el planeta, tienen más recursos que los gobiernos.
-Una interpretación dice que la disputa de la actualidad es entre el capitalismo atlántico y el indopacífico.
-También hay milmillonarios allí.
-Sí, pero el Estado mantiene el control.
-En todo caso, el resto del mundo funciona con este arreglo: tú tienes microélites en cada país con sus intereses económicos y los gobiernos hacen lo que les sirve a esas élites.
-Si esas élites tienen más poder que los gobiernos era natural que la ONU se fuera diluyendo.
-Hubo algunos momentos de fricción evidente, por ejemplo, en toda la cuestión ambiental, donde tenemos a los grandes productores de combustibles fósiles, que además hacen que los gobiernos se pongan a su servicio y le den subsidios que se cortan a los pobres. Cuando la ONU empezó a estructurar una respuesta, abogando por un cambio de la matriz energética, varios Estados sabotearon ese acuerdo. Los estados hoy son una especie de instrumentos al servicio de intereses de las élites.
-Como un departamento administrativo de las élites.
-Un sociólogo inglés, Michael Mann, habla de las cuatro patas del poder social. El poder político, el poder económico, el poder militar y el poder cultural. Otros hablan del poder de las redes internacionales, la circulación de ideas, la información. Un error muy básico de los gobiernos progresistas fue concentrarse sobre la dimensión política. Lo que importa es las elecciones, sin atender las otras dimensiones del poder. Las élites, mientras los gobiernos hacen lo que ellos quieren, no necesitaban del control político. La novedad de estos diez años es que hay élites que acaban apoyando a la extrema derecha.
-En el 2015-2016 Donald Trump y Mauricio Macri, que forman parte de las élites, también llegaron al gobierno.
-Mi impresión es que ante esa placa tectónica que estamos viendo, ellos sintieron que los mecanismos de ese poder tradicional no eran suficientes. Y la forma de garantizar la continuidad del modelo de concentración de la riqueza era con una disminución de los espacios posibles de democracia, para evitar el peligro de que las cosas no fueran en la dirección que querían. Creo que en eso estamos.
-Quizás este documento de Palantir viene a ser como la frutilla del postre de todo esto.
-Probablemente cuando ellos llegaron a esa conclusión lo codificaron a partir de algo que ya está en curso. No es el Qué hacer de Lenin lo que vamos a hacer, sino lo que ya hicimos, una constatación.
-Sí, Palantir no es IA sino recopilación y estrategias con los datos que ya estaban. Entonces, ¿qué puede hacer una democracia para no fallecer en el camino?
-La articulación de los intereses del capital rentista financiero y los de la extrema derecha funcionan a nivel transnacional. Superan las fronteras. La respuesta democrática tradicionalmente intentó concentrarse en lo nacional, lo que hoy es una batalla perdida antes de empezar el combate. En ese sentido la única cosa que positiva que hemos visto en varios años fue en el encuentro progresista que se desarrolló en Barcelona (el 16 y 17 de abril pasado). No es la revolución, pero es la primera vez en años que diferentes fuerzas progresistas, democráticas, se encuentran para por lo menos empezar a hablar.
-¿El Foro Mundial Social de Porto Alegre desde 2001 no era eso?
-Es interesante, porque Porto Alegre funcionó hasta que se implementó la llamada “Marea rosa”.
Foto: Agencia de Noticias NA
-¿Hasta que Lula llegó al gobierno?
-Lula, Néstor. La izquierda consideró la discusión sobre la movilización social y la lucha por la equidad solo hasta que llegaron al poder político, sin entender la dimensión más completa del poder. La derecha hace de otra forma. En los últimos 25 años la extrema derecha realizó más de 2500 reuniones transnacionales, algunas más chiquitas, otras más grandes. Y cuando se hace la reunión de la CPAC o del Foro Madrid van los presidentes junto con los líderes de partidos, influencers, movimientos sociales. Porto Alegre funcionó y fue importante en la gestación y hasta que se llegó al gobierno, pero el gobierno es solo una parte del poder. Esto la derecha lo sabe de forma mucho más sofisticada que nosotros.
-Ellos nacieron en esa vereda.
-Exactamente, y hasta pocos años atrás no necesitaban tener a los suyos en el gobierno. Ahora, algo cambió para ellos también. Mi hipótesis es que ante esta crisis entre el viejo equilibrio y el nuevo equilibrio, el desorden actual, ellos quieren tener e la mano sobre el poder: el poder militar, el poder represivo, el poder de la fuerza.
-¿Por qué?
-Para la derecha, la cuestión de la violencia siempre fue central. El monopolio del uso de la fuerza es la violencia simbólica, la motosierra es simbólica pero práctica también, como las bombas de Trump sobre Irán. Son dos dimensiones del mismo fenómeno. Es bueno poder controlar quién utiliza directamente la fuerza, tal vez sea eso. En el 2008, quién sabe si pasaron cosas que todavía nosotros no sabemos. Pienso en si los gobiernos hubieran decidido salvar a los pueblos y no a los bancos. Un gran riesgo.
-Sí, además la crisis de 2008 no se solucionó nunca.
-Nunca. Porque no es solucionable, hay un exceso de capital circulando en el mundo, hay plata que no se sabe dónde colocar.
Donald Trump estaba cómodamente acodado en su escritorio en la presentación de su plan para abaratar los medicamentos cuando la corresponsal en la Casa Blanca de la PBS, la televisión pública estadounidense, lo sacó de eje. “¿Usaría un arma nuclear contra Irán?”, preguntó Liz Landers. «No, no lo necesitamos. ¿Para qué lo necesitaría? ¿Por qué una pregunta tan estúpida?», soltó, para agregar que sin ese tipo de armamento “hemos aniquilado por completo a Irán sin ella”. Si la bomba atómica fue el as en la manga de toda potencia que se precie de tal para mostrar poder desde que Estados Unidos devastó las poblaciones de Nagasaki e Hiroshima en agosto de 1945, la respuesta del presidente de EE UU no permitiría respirar tranquilo. Ya se sabe como las gasta el hombre.
Pero puede ser que ahora haya un nuevo chiche que suena definitivo, la Inteligencia Artificial aplicada a fines militares. No por casualidad debe ser que Palantir publicó esta semana un documento que resume los 22 puntos centrales de la tesis esbozada en el libro de Alex Karp y Nicholas W. Zamiska: La República Tecnológica: poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente. No será casualidad, seguramente, que se afincara en Buenos Aires el otro fundador de la temible tecnológica, Peter Thiel, y se reuniera este viernes con Javier Milei para armar estrategias que no suenan como muy compatibles con la democracia, según se desprende del pensamiento explícito del dúo Thiel-Karp.
Lo de Trump, desde que se embarcó en una guerra contra Irán de la mano de Israel, no anda para nada bien, y se nota en respuestas como las que le dio a PBS. Porque el contexto indica otra cosa de lo que las palabras intentan señalar. Por ejemplo, el martes, cuando vencía el alto el fuego mediado por Pakistán, Trump anunció una extensión indefinida, no sin antes amenazar con las peores calamidades y asegurar que tomó la decisión a la espera de que culminen las divisiones internas que atribuye a Teherán. “¡A Irán le está costando muchísimo definir a su líder! ¡Simplemente no lo saben! La lucha interna entre los intransigentes, que han sufrido grandes derrotas en el campo de batalla, y los moderados, que no son nada moderados (¡pero se están ganando el respeto!), es una locura”, chicaneó desde su red Truth.
El magnate se montó sobre varios artículos daban cuenta de diferencias entre el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní con el presidente del Parlamento, el poder ejecutivo y el judicial. La desmentida provino del primer mandatario, Masud Pezeshkian, de Mohammad Bagher Ghalibaf y del titular del poder judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei. “Todos somos iraníes y revolucionarios, y con la férrea unidad de la nación y del gobierno, con plena obediencia al líder supremo de la revolución, haremos que el agresor se arrepienta de sus actos”, respondieron, para concluir: “Un solo Dios, un solo líder, una sola nación, un solo camino”. En los hechos, Irán no envió a ningún representante a la reunión que ese día se debería haber realizado en Islamabad y si el vicepresidente JD Vance estaba por viajar, se tuvo que volver para no pasar vergüenza. El viernes, Trmp dijo que había cancelado el viaje de su yerno Jared Kushner y de su amigo inmobiliario Steve Witkoff, los dos negociadores de los que Irán no quiere ni cerca.
Foto: captura
El tono de esos mensajes, como acostumbra, suena altanero, pero si se rasca un poco, se nota que no tiene mucho para alardear, porque Irán sigue sin estar pidiendo la toalla, y más bien aprovecha el impasse para rearmarse. A decir verdad, lo mismo están haciendo Israel y Estados Unidos. Entre las reglas no escritas en cualquier guerra, se sabe que un cese el fuego es la excusa para recomponer el material destruido en la previa y dar descanso a los guerreros. Porque ya nadie duda de que la guerra se reanudará en breve. De hecho, el Pentágono ya envió unas 50 mil tropas y hay tres portaaviones que, afirma, se están acercando al teatro de operaciones.
Palantir, mientras tanto, pone en negro sobre blanco lo que piensan Thiel y Karp, sus directivos belicistas, supremacistas y prosionistas germano-parlantes. “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso. La élite ingenieril de Silicon Valley tiene una obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación”, señala el punto 1. El mensaje tiene un destinatario, Dario Amodei, fundador de Anthropic, que desarrolló Claude, la IA que se considera más avanzada en occidente y que a principios de marzo entró en la lista negra del Pentágono porque se negó a que fuera utilizado para la vigilancia masiva y el manejo autónomo de armamento.
Palantir es una plataforma que recopila datos y actúa en consecuencia. La devastación de la población y los asesinatos selectivos en Medio Oriente son obra de ese sistema perverso que, por decir algo, fue la herramienta para eliminar al ayatola Ali Jamenei y las cúpulas política, militar y científica de Irán. Lo que no podía prever el chiche tecnológico era que el líder religioso había establecido varias capas sucesorias para seguir el programa de guerra simétrica que viene llevando a cabo. Tampoco que la certeza de la muerte no implica, para los chiítas, un freno su la voluntad de persistir.
Los 22 Mandamientos
El punto cinco de los 22 Mandamientos de Palantir especifica: “La pregunta no es si se construirán armas de IA sino quién las construirá y con qué propósito”. ¿Qué propósito puede tener un arma que no sea destruir al enemigo, no? El séptimo es aún más claro: “Si un marine de EE UU pide un rifle mejor, deberíamos construirlo; y lo mismo aplica para el software”.
Pero donde no quedan dudas sobre el carácter que la plataforma creada por Peter Thiel y Alex Karp representa es en la implicancia de la IA para la supremacía militar. Ítem número 12: “La era atómica está terminando. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre IA está a punto de comenzar.” Con semejante herramienta, es natural que en la tecnorepública (¿o tecnomonarquía?) que plantea, se recuerde que “al menos tres generaciones-miles de millones de personas, sus hijos y ahora sus nietos. Nunca hayan conocido una guerra mundial”. Qué mejor entonces que proponer el rearme alemán y japonés, en el apartado Nº 15. O decir puntualmente -sin eufemismos, cosa que quizás deba valorarse- que “ciertas culturas e incluso subculturas . . . han producido maravillas.
Otras han demostrado ser mediocres, y peor, regresivas y dañinas”.
En ese marco, el subtítulo número 22 es un digno cierre a este catálogo de iniquidades. “Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco. Nosotros, en América y más ampliamente en Occidente, hemos resistido durante el medio siglo pasado definir culturas nacionales en nombre de la inclusividad. Pero ¿inclusión en qué?”.
La pregunta que se hacen muchos en este complicado momento para la humanidad, con una escalada bélica sin precedentes en Medio Oriente contra Irán, pero esencialmente contra China, es cómo va a responder el gigante asiático ante las continuas amenazas de Donald Trump y el gobierno de Israel. Facundo Muciaccia -magíster en Historia Económica por la UBA, fundador del CEDI (Centro para el Desarrollo Integral) y autor de Tianxia. Todo lo que hay bajo el cielo. Globalización con características chinas, de ediciones Ciccus- puede dar algunas respuestas, basadas en la concepción del mundo de esa civilización milenaria.
-¿Qué diferencia al globalismo occidental del concepto de Tianxia?
-Tiene muchas similitudes con Rodolfo Kusch. Hay una articulación en cuanto al pensamiento situado y el “estar siendo”, con la construcción cultural en términos de comprender que el otro enriquece mi acervo cultural. No imponer mi mirada, si total todos estamos dentro del mismo barco, para decirlo mal y pronto. Ellos se plantean “yo no quiero importar una teoría anglosajona y que la realidad china se meta en esa teoría, sino utilizar ciertas cuestiones de esa teoría que enriquezcan, pero que funcionen en el esquema de la mirada China del mundo”. El concepto es que tiene que haber siempre un anclaje cultural. La discusión china es en la cultura china, pero comprendiendo que tiene que dialogar con diferentes civilizaciones.
Foto: Edgardo Gómez
-Pero el nombre chino para esa nación es Zhongguo, País o Imperio del Centro. Eso en occidente suena a la pretensión de una dominación mundial.
-Yo tengo dos preguntas, ¿cuántas bases militares de China hay fuera de China? Segundo. ¿Cuántos procesos de dominación hizo China con otros países? No hay datos sobre eso porque no existió, lo que sí existió es una filosofía donde China tiene dos objetivos importantes. El concepto de Tianxia te permite pensar un mundo en armonía. Un mundo en que también hay conflicto, hay consistencia entre el conflicto y la armonía, donde se pueden resolver las cuestiones de lo cercano a lo lejano. Podemos tener más cercanía o más lejanía, pero todos estamos acá dentro. Entonces, tenemos que tener algún grado de consenso en la gobernanza mundial. Los proyectos que uno está viendo ahora de China de La comunidad de Futuro Compartido, la Iniciativa global de la Franja y la Ruta, la Civilización ecológica, todo eso está anclado en este concepto de pensar que todos podemos ser parte de ese cielo. Eso es Tianxia, “todo lo que hay bajo el cielo”.
-Algunos sectores se plantean, «bueno, pero ante tantos conflictos actuales ¿China qué hace? ¿Por qué no intervino en Venezuela? ¿Cuándo va a intervenir en Irán?
-¿Les parece que no intervino? Los chinos tardan en reaccionar en algunas cuestiones, pero cuando toman una decisión reaccionan firmemente. Lo que pasó en Venezuela podría haber sido la Tercera Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque Venezuela está loteada. El sector ruso, el sector chino, un sector norteamericano. Lo que hizo Estados Unidos es recuperar parte de su sector, pero no se metió en el proceso ruso ni el chino. Hay un cierto acuerdo y el régimen político chavista sigue. Ahí hubo una intervención diplomática fuerte, porque eso no se hizo de la noche a la mañana, fueron casi cinco meses de negociación. Siempre los portavoces de la diplomacia china tienen un mensaje concreto de “respetemos el multilateralismo, respetemos la autodeterminación de los pueblos, esto genera desequilibrios”.Hay que saber leer esas cosas también. Los chinos tienen otra concepción del tiempo, no es todo inmediato. Sobre Irán tiene un posicionamiento claro. Irán es parte del proceso de la ruta. Yo estuve en China en julio pasado y cuando discutía por la guerra de los 12 días, me planteaban “nosotros estamos a favor de quien no quiere la guerra”. ¿Y quién no quería la guerra? Irán.
-Sí, pero hace unas semanas Israel bombardeó un puente del ferrocarril que va de Teherán a Xinjiang.
-Y lo van a reconstruir.
Foto: Edgardo Gómez
-Entiendo que mis preguntas parten de una perspectiva occidental. Y la perspectiva occidental quiere un posicionamiento fuerte, pegar un golpe en la mesa. Ellos no lo hacen.
-Lo hacen de otra manera, más sofisticada. Ejemplo, “te voy a pegar donde duele. Voy a cambiar el proceso de negociación de monedas con Brasil». La economía más grande de Sudamérica dentro del hemisferio occidental bajo la influencia norteamericana va a negociar en yuanes, no en dólares. Ejemplo, “te voy a cortar la compra de bonos”. Ejemplo, “vos me vas a bloquear el estrecho de Ormuz y van a pasar 20 barcos míos”. Y pasaron 20 barcos. Hay que entender que los chinos son una civilización y tienen otro grado de respuesta. No es porque sean mejores que nosotros, pero tienen 5000 años. Y esto ya lo vieron en blanco y negro y en colores. Conocen el poder anglosajón. Conocen cómo se manejan las potencias occidentales. Acumularon la fuerza necesaria para darse estas discusiones.
-Pero el puente fue destruido por los israelíes, que luego se jactaron de haberlo hecho.
-Pero Israel es el proxy de Occidente. ¿Cómo respondió China? Irán bombardeó once países, con inteligencia china, con armamento ruso, con capacidades instaladas propias de innovación de bajo costo. ¿Alguno le tiró un tiro? De los once países, ¿alguno le tiró un tiro? ¿Por qué? Porque no son tontos, pierden todos. Si Arabia Saudita tira un tiro se le rompe el acuerdo estratégico que tenía con China .
-Claro, China había logrado un acuerdo de Arabia Saudita con Irán.
-Irán trata de respetar eso, como puede, pero la discusión en este momento es muy compleja. Porque occidente no tiene la capacidad armamentística de relevo de lo que utiliza como municiones, porque es muy caro, por ende poco eficiente y en cambio los muchachos (Irán) están mostrando cierta eficiencia política. ¿Qué están demostrando? Si Irán puede hacer esto, imaginate en Ucrania. No es una discusión económica o geopolítica solamente, es una discusión civilizatoria cultural. Es “loco, se terminó tu cuestión de que todos tenemos que hacer lo que vos querés con tus cánones particulares”. Y eso se ve en lo económico.
-¿Qué hay de la Cumbre de Trump con Xi Jinping, que iba a ser el 30 de marzo?
-Tengo una leve percepción. Trump quiere resolver rápidamente por su debilidad y ellos hacen que se exponga cada vez más. Yo creo que estamos yendo a una política internacional regionalizada de áreas de influencia muy fuerte.
–¿Cómo que a lo que charlaron Trump y Putin en Alaska le faltaba la discusión con Xi Jinping? ¿Sos partidario de esa teoría de que Trump pensó que se mandaba un golpe en Irán e iba con otras cartas a Beijing?
-No, yo creo que Trump es como un jugador compulsivo. Como todo negociador, te la pone arriba, te la baja, te la pone arriba, te la baja, te la pone arriba, hasta que encuentra un punto que le sirve. Y no lo está encontrando ahora. Porque una cosa es Venezuela, que está en una región de paz, por algo fue tan limpia la extracción (de Maduro). Irán es otra cosa. Irán es la tumba de los imperios. A mi me parece que esa discusión con los iraníes es civilizatoria. Ellos tienen la misma concepción que los chinos. No es una cuestión de plata. Es una cuestión de cómo nosotros con el orgullo nacional podemos sostener nuestra forma de vida cultural, porque son persas, son 90 millones y tienen una economía y un desarrollo tecnológico bastante interesantes. «
Seminario de geopolitica
El Centro de Estudios para el Desarrollo Integral llevará a cabo un seminario de Introducción a la Geopolítica Situada, que se realizará en los próximos tres martes en el Espacio Taura, calle Alsina 685 CABA.
Son encuentros presenciales el 21, el 28 y el 5 de mayo a las 18 horas y estarán dictados por Facundo Muciaccia y Gustavo Martínez, directores del CEDI. Son cupos limitados, la inscripción está abierta.
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