Seleccionar página
Maduro resiste el derrocamiento que acelera Trump

Maduro resiste el derrocamiento que acelera Trump

Donald Trump está decidido a terminar con el gobierno bolivariano lo antes posible y aceleró las presiones en todo el mundo para conseguir apoyo internacional que le dé cobertura a sus deseos. Pero Nicolás Maduro resiste el embate y todo se encamina a un choque de trenes: por un lado, gran parte de los países latinoamericanos y de la Unión Europea encolumnados con EE UU; del otro Rusia y China, que ya mostraron los dientes en la ONU en torno a este embate. En el medio, un puñado de naciones, entre ellas México y Uruguay, que piden evitar un derramamiento de sangre, mientras que el Papa Francisco, que también mantiene una postura dialoguista a pesar de que la Conferencia Episcopal venezolana ya tomó partido contra el chavismo, dijo en Panamá, donde habló en la Jornada Mundial de la Juventud, que los pueblos de América Latina «no son el patio trasero de nadie». Una frase poco destacada en el marco de todo lo que está en juego en la región a partir de la embestida contra el gobierno bolivariano.

Maduro, a pesar del ímpetu mediático en darlo por muerto, conserva el poder formal del Estado y mantiene el apoyo de las Fuerzas Armadas y las instituciones burocráticas del país. A tal punto esto es así que tras anunciar la ruptura de relaciones con Washington y ordenar el retiro de todos los funcionarios, hubo una primera declaración del secretario de Estado Mike Pompeo de rechazar la disposición. Pero desde el Palacio de Miraflores difundieron las imágenes de la evacuación de personal de la sede diplomática. La Casa Blanca dijo entonces que quedó una presencia mínima para apoyar al presidente de la Asamblea Nacional, al que consideran mandatario interino del país, Juan Guaidó.

Al mismo tiempo, la tendencia en la Unión Europea fue de aceptar las presiones estadounidenses. Así, el jefe de Gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, dio un ultimátum a Maduro para que convoque a elecciones en ocho días, caso contrario, anunció, reconocerá a Guaidó. La misma línea de la Unión Europea.

Venezuela volvió a ser en la península la mejor excusa para no hablar de los propios problemas del país, como en la época del gobierno del conservador Mariano Rajoy. Pero en el caso del PSOE cargan con la cruz de que uno de sus líderes, el expremier José Luis Rodríguez Zapatero, coordinó una mesa de diálogo en República Dominicana entre el oficialismo y la oposición para arreglar las condiciones para la elección de 2018.

«Yo he ido 33 veces, conozco la sociedad venezolana. Conozco los actores, lo que pasa. (…) En la hipótesis de que todas las críticas que le hacen a Maduro algunos gobiernos o algunos periodistas fueran ciertas, la respuesta no es, ni tampoco es lo que corresponde, aplicar sanciones, aislarlo, presionarlo y llevarlo a un bloqueo financiero más intenso que el que tuvo Cuba», declaró hace un año el exjefe de Gobierno español, cuando todo estaba listo para la firma de un documento final con lo acordado para el llamado a comicios. «De manera inesperada para mí, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición», declaró sorpresivamente Zapatero cuando, horas antes de la ceremonia, los antichavistas le dieron un portazo.

Las sanciones y el bloqueo financiero explican en gran medida la fenomenal crisis económica que sufre Venezuela desde hace años. El país, montado en la mayor reserva petrolera del mundo, está en algunos aspectos colapsado, lo que genera irritación en sectores tradicionalmente afines al chavismo. La táctica del cerrojo, a su vez, es la principal arma con que cuentan los estrategas del Departamento de Estado para generar condiciones para una intervención. Lo hicieron en Libia, Siria, Irak y, más allá en el tiempo, en el Chile de Salvador Allende.

Precisamente un experto en esta guerra entre bambalinas contra gobiernos populares, Elliott Abrams (ver aparte) fue designado por Pompeo como coordinador de un equipo encargado de «restaurar la democracia» en Venezuela. La designación de este viejo anticomunista declarado que fue indultado por George Bush padre tras haber sido condenado por el escándalo Irán-Contras durante el gobierno de Ronald Reagan, indica el nivel en que se desarrollará la ofensiva.

Pero el contexto no es el mismo que en la Guerra Fría, aunque ciertos personajes de Washington lo pongan en términos similares. Ayer, EE UU urgió a «unirse a las fuerzas de la libertad» en una sesión especial del Consejo de Seguridad para tratar el caso venezolano. «Ahora es el momento para que cada nación elija de qué lado está. No más atrasos, no más juegos. O se está con las fuerzas de la libertad o en la liga de Maduro y su caos», dijo Pompeo.

«Venezuela no supone una amenaza para la paz y la seguridad. En alguna medida, lo que representa una amenaza para la paz es el intento de Washington de orquestar un golpe de Estado en ese país», respondió el embajador permanente de Rusia, Vassily Nebenzia, tras denunciar «una injerencia flagrante» en el país sudamericano y votar en contra de Washington. También China se solidarizó con Caracas y rechazó el planteo estadounidense, con lo que no hubo resolución. Tampoco en la OEA la administración Trump logró el apoyo necesario para tomar medidas contra Caracas, aunque Argentina y Brasil intentaron forzar una condena. El nuevo gobierno mexicano se mantuvo en sus trece y, luego de haber invitado a Maduro a la asunción de Andrés Manuel López Obrador, ahora pidió sostener canales de diálogo para evitar un holocausto latinoamericano.

A su turno, el canciller venezolano, Jorge Arreaza, se mostró sorprendido por las declaraciones de los países europeos, que siguieron un consenso entre España, Reino Unido, Francia y Alemania:   «¿ Europa a la cola de Estados Unidos? No tanto de los Estados Unidos, ¿del gobierno de Donald Trump? ¿Europa, dándonos ocho días de qué? ¿De dónde sacan ustedes que tienen potestad alguna para darle plazos o ultimátums a un pueblo soberano?»

Sin necesidad de guardar las formas de la diplomacia, el número dos del chavismo y presidente de laAsamblea Constituyente, Diosdado Cabello, fue más lejos: «Por allá en la Unión Europea nos dan ocho días. ¡Váyanse bien largo al carajo, que a los venezolanos nadie nos da órdenes!».

Como parte de las medidas de asfixia económica, Washington presionó al Banco de Inglaterra para que bloqueara la entrega de 1200 millones de dólares en oro de las reservas internacionales del Banco Central de Venezuela. Pompeo pidió claramente que la comunidad internacional «desconecte los sistemas financieros del régimen de Maduro» de manera que los activos del país comiencen a fluir hacia las arcas del gobierno que considera legítimo, esto es, de Guaidó.

El viernes, John Bolton, el ultraderechista asesor en política internacional de Trump, confirmó que la Casa Blanca se está «enfocando en desconectar el ‘régimen ilegítimo’ de Maduro de las fuentes de sus ingresos» para dárselos a Guaidó. Lo que no queda claro de qué manera lo haría si el titular de la AN no cuenta con ninguna dependencia para funcionar, ni siquiera designó un Gabinete y hasta se ignora dónde se oculta. Tampoco se sabe bajo qué modalidad le entregarían los 20 millones de dólares que Pompeo anunció como ayuda a su gestión.

En todo este entuerto, el principal activo venezolano en EE UU, Citgo, con una cadena de estaciones de servicio en todo el país y unidades de refinación en Luisiana, Texas e Illinois, pertenece a PDVSA, la petrolera estatal. Desde 2017 y a partir del ahogamiento externo, Maduro logró un acuerdo para salir del atolladero con la rusa Rosneft, que se quedó con el 49% de las acciones.

Tiempo Argentino, 27 de Enero de 2019

Petróleo y dólar, las claves del golpe que inició Obama y pretende concluir Trump

Petróleo y dólar, las claves del golpe que inició Obama y pretende concluir Trump

La imagen de los mandatarios de Colombia, España, Costa Rica y Ecuador en el Foro de Davos hablando de la situación en Venezuela refleja el trasfondo del escenario en que se juega el futuro de la nación caribeña.

Al encuentro de los más ricos y poderosos del mundo en esa localidad suiza acudió un puñado de jefes de estado pero faltaron líderes de la talla del francés Emmanuel Macron o el estadounidense Donald Trump, dos de los más feroces antichavistas y cada uno envuelto en sus propias marañas.

El presidente galo, acosado por la protesta de los «chalecos amarillos»;  el empresario neoyorquino por su controversia con los legisladores demócratas, que no le quieren aprobar el presupuesto para construir un muro en la frontera con México, y al mismo tiempo peleando como gato entre la leña por el avance judicial en torno a la presunta intromisión rusa en la campaña que lo llevó a la presidencia, en 2016.

En cualquier caso, Venezuela es una excusa fenomenal para cambiar de tema cuando esos mandatarios se ven acosados. Pero esta nueva intentona contra el chavismo tiene fecha de inicio y no es con Trump: el reloj golpista lo puso en marcha Barack Obama cuando en marzo de 2015 emitió una orden ejecutiva (DNU en términos argentinos) declarando «una emergencia nacional con respecto a la amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos representada por la situación en Venezuela».

El trasfondo de la ofensiva es por supuesto que el petróleo, en el país con las mayores reservas probadas del planeta, y no la libertad y la democracia, como lo señala irónicamente el premio Nobel de Economía Paul Krugman en un tuit en el que dice: «Acabo de escuchar que Trump ha retirado el reconocimiento a un brutal régimen que controla un petroestado. ¿O sea que finalmente comprendió que los sauditas son chicos malos?».

La alusión es oportuna porque hace apenas tres meses el periodista Yamal Khashoggi fue asesinado brutalmente y su cuerpo diluido en ácido en el consulado saudita en Estambul, con pruebas contundentes que fue por orden del príncipe heredero Mohammad bin Salman, y no solo no hubo pedido de intervención en Riad sino que el joven monarca estuvo en Buenos Aires sin que a nadie le moviera el espanto por semejante proceder de un régimen feudal como ese.

Se entiende que el acuerdo por la venta de armas a Arabia Saudita para la intervención en Yemen era un argumento oportuno para que Washington hiciera la vista gorda. Pero también es necesario entender si el dólar conserva valor como cambio y reserva internacional es porque la nación árabe, fuertemente exportadora, mantiene el compromiso de no vender en otra moneda su petróleo desde hace más de 40 años.

No es lo mismo que buscó hacer Muhamad Khadafi con el petróleo libio, al que había decidido comerciar en euros poco antes de que en 2011 se abrieran las puertas a una ofensiva que ahora se inició contra Venezuela. De la mano esa vez de la candidata que perdió la presidencia contra Trump, Hillary Clinton, a la sazón secretaria de Estado. 

Se sabe cuál fue el fin de Khadafi y la actual situación Libia, un país partido y con dos gobiernos paralelos que se disputan las regalías de los pozos de crudo. Y se sabe que también sobrevuela como trasfondo de esta crisis la decisión de Maduro de vender el petróleo venezolano con una moneda virtual, el Petro, por las sanciones que sufre el país para comerciar en dólares.

Esos no son los únicos contrasentidos que hacen ruido de fondo en esta intentona destituyente que, como se ve, no es de Trump sino que se trata de una política de estado entre demócratas y republicanos que el polémico empresario no solo intenta mantener sino que incluso se decidió a profundizar.

También podés leer: Rusia rechaza la injerencia y advierte que Estados Unidos busca «una mayor escalada en el conflicto»

Otros gobiernos se sumaron prestamente al deseo estadounidense y en el plano local dirigentes que no se definen como oficialistas se apuraron a reconocer al titular de la Asamblea Nacional, Juan Guaudó. Es el caso de Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey. No hubo declaración formal de la UCR, aliada de Mauricio Macri, pero algunos dirigentes nacidos y criados en ese partido recordaron la posición de Raúl Alfonsín en 1985 rechazando la invasión que pretendía Ronald Reagan a la Nicaragua sandinista.


Antecedentes

En abril de 2002 se produjo el primer golpe contra el chavismo, en la primera presidencia de Hugo Chávez. Por un par de días el líder bolivariano estuvo retenido en un cuartel hasta que la gente pobló las calles para reclamar su liberación. Esa vez el gobierno conservador del español José María Aznar y el de George Bush se apuraron a reconocer al autodeclarado presidente Pedro Carmona, que luego prefirió exiliarse para no ser procesado.

Ahora, el gobierno de España está en manos de Pedro Sánchez, del PSOE. Llegó al poder en junio tras un acuerdo con Podemos y otros partidos de izquierda para destronar al PP. El ex presidente del gobierno socialista, José Luis Rodríguez Zapateros había coordinado una mesa de diálogo entre el oficialismo y la oposición venezolanas a fines de 2017. Hubo acercamientos importantes y en ese marco Maduro aceptó adelantar las elecciones, que debían realizarse en diciembre de 2018. Pero a último momento los antichavistas no firmaron el acuerdo que ya se había logrado de palabra. En mayo, finalmente, ganó Maduro, con un ausentismo de 46%. Pero obtuvo 6.248.864 votos, el 67,84%.

Ahora, Sánchez muestra su ambigüedad. No reconoció a Guaidó, como hicieron las derechas latinoamericanas al compás de Washington, pero sí «la legitimidad de la Asamblea Nacional venezolana». Su canciller, Josep Borrell, sin embargo, fue enfático en ignorar a Maduro porque, dijo, «su legitimidad procede de unas elecciones que no reconocemos». Contradiciendo a su correligionario Rodríguez Zapatero.

Desconocer a Maduro, que reasumió el cargo el 10 de enero pasado, va a tener sus costos. Porque sería también ignorar a esa parte de la población que a pesar de todos los vientos en contra -y la crisis económica golpea en cada puerta- sigue fiel a los postulados bolivarianos.

La pregunta del millón, entonces, es qué puede ocurrir ahora en Venezuela. Se está a un paso de un baño de sangre y es obvio que cada muerto se lo van a cargar al chavismo, aunque el gobierno no tenga ninguna responsabilidad. Así están las cosas. Hay quienes perciben en la posición de la OEA que dirige el uruguayo Luis Almagro un copy-paste de la expulsión de Cuba en 1962. En tal sentido, la isla resistió con la ayuda de la Unión Soviética. Hoy día Rusia y China son respaldo de Maduro, habrá que ver si alcanza para sostener al gobierno

También podés leer: Venezuela: el secretario general de la ONU reclamó un diálogo «inclusivo y creíble»

La clave, con todo, está en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. El martes hubo un intento de copamiento en un cuartel. Una prueba de músculo y una invitación a grupos disidentes entre los uniformados, que se mantienen leales a la Constitución que juraron. Una constitución progresista de la que Chávez se sentía orgulloso y regalaba a sus visitantes en una versión en forma de un librito de tapas azules que cabe en una mano.

Tiempo Argentino, 24 de Enero de 2019

Fuerte apoyo de la derecha regional a un golpe contra Maduro

Fuerte apoyo de la derecha regional a un golpe contra Maduro

El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela (parlamento unicameral de mayoría opositora), Juan Guaidó, se autoproclamó este miércoles ante una manifestación reunida en el este de la capital como presidente encargado de Venezuela. Y rápidamente, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y la OEA reconocieron públicamente su supuesto gobierno. Más tarde, se sumaron Mauricio Macri y Jair Bolsonaro.

Es por eso que se dice que la derecha de la región salió a apoyar sin tapujos la interrupción constitucional en Venezuela en medio de la marcha que la oposición encabezó este miércoles, en conmemoración del golpe de 1958 que terminó con el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Si bien el recordatorio no es un número redondo, toda excusa es buena para mostrar músculo en las calles de todo el país, por eso mismo, también desde el Palacio de Miraflores se promovió una marcha para recordar el mismo hecho que puso fin a lo que desde ambas orillas del espectro político del país consideran una dictadura. Tal vez lo único en lo que están de acuerdo en estas horas dramáticas teñidas por la ansiedad de la oposición alineada con EEUU, la OEA y los gobiernos antichavistas, que son hoy por hoy mayoría.

Desde el otro lado de al frontera, el ex presidente colombiano y líder del partido gobernante Álvaro Uribe, se grabó en un tuit en que dice que «es una hora fundamental para la democracia» en Venezuela. Se sumó así al discurso del vicepresidente estadounidense, Mike Pence, en que hace votos por que la ciudadanía eche a Maduro.


Guaudió es un joven ingeniero de 35 años que fue ungido de un modo no legítimo como «presidente interino» del país, desconociendo que el 10 de enero Nicolás Maduro asumía otro período como primer mandatario elegido en las elección de 20 de mayo de 2018. La AN fue considerad en desacato por la Corte Suprema por no aceptar el mandato de Maduro.

Ese 23 de enero de hace 61 años comenzó un proceso político tras 22 días de protestas contra el régimen de Pérez Jiménez y comenzó un período llamado del Punto Fijo en que dos partidos, Acción Democrática y Copei se repartieron el poder hasta que en 1999 Hugo Chávez rompió ese esquema y modificó la Constitución Nacional. Para el chavismo, el duopolio traicionó los postulados de democracia del 23E para crear una nueva dictadura aunque con elecciones en lo formal.

Para la oposición, que durante gran parte de 2017 y los inicios de 2018 había aceptado conversaciones con el oficialismo en una mesa de diálogo que presidió el ex jefe de gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero en Santo Domingo, la fecha es útil para poner en la misma bolsa a Maduro y a Pérez Jiménez, ambos bajo el sayo de dictaduras.

Sin embargo en República Dominicana se había arribado a acuerdos para elecciones con garantías para todos los participantes y como el mismo Zapatero recordó con resquemor, «los representantes de la oposición se levantaron de la mesa antes de firmar lo comprometido». Es que cualquier acuerdo garantizaba la paz en el país pero no el triunfo del antichavismo.

Fue en ese contexto que la mayoría opositora se negó a participar el mayo, aunque algunos sectores si lo hicieron y Maduro obtuvo 67% de sufragios. De todas maneras la participación fue del 46%, lo que para algunos analistas sería índice de rechazo al gobierno.

El trasfondo de todo este escenario es la crisis económica que vive el país, por errores propios pero también por el boicot comercial y las sanciones del gobierno de Donald Trump contra empresas y activos venezolanos en todo el mundo. Sin descuidar la guerra informativa desarrollada por los medios hegemónicos.

Las cartas están echadas y el chavismo se juega una fuerte parada. Rodeado de gobiernos enemigos que fueron sumándose a partir del triunfo de Mauricio Macri en Argentina y con la amenaza de acciones violentas similares a la que terminaron con el gobierno de Muhamad Khadafi en Libia o intentaron hacer con Bashar al Assad en Siria. Y con Rusia y China como apoyos a Maduro muy condicionados por la furia que desde el Departamento de Estado y la presidencia de EE.UU. se arroja contra Caracas.

Tiempo Argentino, 23 de Enero de 2019

Hace 20 años Hugo Chávez ganó su primera elección presidencial

Hace 20 años Hugo Chávez ganó su primera elección presidencial

El 6 de diciembre de 1998 comenzó a gestarse una nueva Venezuela y con el tiempo se vio que también una nueva América Latina. Ese día, hace justo 20 años, un teniente coronel y comandante de Paracaidistas que había protagonizado una asonada militar contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez en 1992 se alzó con el triunfo en elecciones democráticas por un abrumador 56,23% de votos. ASí lo recuerda el actual presidente venezolano, Nicolás Maduro, que está de gira por Rusia.

Desde que asumió su cargo, el 2 de febrero de 1999, Hugo Rafael Chávez Frías lideró un movimiento político que refundó la nación y al mismo tiempo dio impulso a una ola de integración regional. Lo adelantaba desde su primer discurso ante la legislatura. Extenso como todos los que dio a lo largo de su vida.

Coincidió con el fin de una década de neoliberalismo y alumbró una primavera democrática en Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Paraguay. Su muerte, el 5 de marzo de 2013, en cierto modo también adelantó el quiebre de ese período. Sin embargo, su Revolución Bolivariana, resiste los embates de la derecha y de Estados Unidos, su principal enemigo, a pesar de las dificultades que atraviesa. Un aprueba de que no había sembrado en el mar, como muchas veces temió.

El país sobre el que escaló Chávez Frías era un páramo cruzado por una pobreza galopante y una no menos extendida corrupción, montado sobre las reservas petroleras más grandes del mundo. Hijo de sencillos maestros de escuela del llano venezolano, Hugo Chávez había nacido en Sabaneta, Barinas, el 28 de julio de 1954, y pronto decidió ingresar al Ejército.

Dicen sus historiadores, que por la poca expectativa que le dejaba la lucha política en un momento en que la dirigencia aceptaba sin discusión el Pacto del Puntofijo, un acuerdo firmado en 1958 para estabilizar al país tras el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. Era un reparto del poder alternado que no dejaba espacio para la incursión de nuevos actores políticos pero, fundamentalmente, dejaba en la banquina a las grandes mayorías, que veían la fiesta detrás de los ventanales y solo estaban anotados a la hora de pagar los gastos.

La primera señal de que ese pacto estaba condenado a desaparecer se produjo en las trágicas jornadas que van del 27 de febrero al 8 de marzo de 1989, cuando el aumento en el precio del transporte fue la gota que rebasó el vaso a una política de ajuste neoliberal que venía desde hacía varios años y que Pérez incrementó luego de asumir un nuevo mandato, ese 2 de febrero. Fue un levantamiento popular que se dio en llamar Caracazo, que el gobierno decidió clausurar con una tremenda represión que dejó un saldo oficial de 276 muertos, aunque fuentes independientes hacen ascender esa cifra hasta los 3000.

La herida que dejó esta atrocidad quedó en la memoria popular y las consecuencias de la política económica generaron las condiciones para que Chávez fuera desarrollando sus ideas entre las filas militares a través de un grupo al que se llamó Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, que había sido creado en ocasión de los dos siglos del natalicio de Simón Bolívar. El 4 de febrero de 1992 ya había una masa crítica favorable a esas ideas y eso fue suficiente como para intentar una sublevación, que fue abortada a las pocas horas.

Chávez se presentó ante las cámaras de tevé reconociendo la derrota de la asonada, pero planteó que el país debía «enrumbarse»  hacia «un destino mejor» bajo los lineamientos del Libertador. Chávez estuvo dos años preso, mientras que el presidente aguantó hasta mayo de 1993, cuando tuvo que renunciar ante el descontento popular por la crisis económica. Rafael Caldera, sucesor de Pérez, indultó a Chávez en marzo de 1994.

Ahí comenzó la carrera pública del líder militar, al que muchos ya venían como un nuevo Perón. En la Habana, ese año dio un discurso ante Fidel Castro en el que ya mostraba qué tenía en la cabeza para su futuro.

Caminó todos los caminos venezolanos y habló con todo el mundo para explicar su plan de acción y se presentó en los comicios de 1998con una alianza integrada por el Movimiento Quinta República, el Movimiento al Socialismo, el Partido Comunista y Patria para Todos. Prometía cambiar las reglas de juego y elaborar una nueva Carta Magna. Al asumir, en un encendido discurso, juró por Dios, la Patria y  «esta moribunda Constitución» de 1961. ya en el Palacio de Miraflores,  llamó a referéndum , que ganó el 25 de abril de 1999 por 81%. 

Desde el poder enfrentó a los grupos económicos más poderosos de su país y recibió la más fuerte oposición del gobierno estadounidense y de España, en ese momento en manos del PP con José María Aznar en el gobierno. En abril de 2002, Aznar y George W. Bush reconocieron de inmediato al golpe que por un par de días desalojó del poder a Chávez. Pero multitudes en las calles demostraron que ya había una base de sustentación para una nueva etapa en la Revolución Bolivariana.

Efectivamente, Chávez profundizó los cambios en PDVSA, la petrolera estatal, foco de resistencia a sus medidas distribucionistas. Y solidificó su apoyo dentro de los cuarteles, lo que consolidó su propuesta de Socialismo del siglo XXI. Pero también encontró nuevos aliados en la región tras la llegada de Néstor Kirchner, Lula de Silva a poder en Argentina y Brasil.

Los tres harían un tándem inédito en esta parte del mundo que permitió y fomentó los triunfos del Frente Amplio en Uruguay, de Evo Morales en Bolivia, Fernando Lugo en Paraguay y Rafael Correa en Ecuador.

A propuesta de Chávez nacieron el ALBA, una organización de países americanos y del Caribe, y la CELAC, una OEA sin Estados Unidos ni Canadá. Creció la UNASUR y a la vez pidió entrar en Mercosur. El NO al ALCA en Mar del Plata fue quizás la coronación simbólica de todo este proceso, en noviembre de 2005.

Chávez fue clave para sentar a negociar a las FARC con el gobierno de Juan Manuel Santos para la firma de un acuerdo de paz que pusiera fin a medio siglo de conflicto armado. Una muestra del carácter pacífico de su revolución, que se plasmó con la declaración de América Latina como zona de paz que hizo la CELAC  en mayo de 2015.

Ese fue otro de los legados de Chávez, que había muerto de un cáncer contra el que peleó por dos años.

Fue la única batalla que no pudo superar. Alcanzó a designar como sucesor a Nicolás Maduro.

ero su sucesor, aunque pudo ser reelecto, enfrenta una fenomenal crisis económica, azuzada por la derecha local y los poderes foráneos que ven a Venezuela como un símbolo al que deben destruir para que no vuelva a ser la cabeza de una nueva refundación.

Tiempo Argentino, 6 de Diciembre de 2018