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El valor docente de la derrota

El valor docente de la derrota

Suele decir el técnico de fútbol Marcelo Bielsa que perder enseña mucho más que triunfar. «El liderazgo está directamente relacionado con la derrota. Porque es ahí cuando se verifica la consistencia del conductor», dijo alguna vez. Y completó: «Lo mejor del ser humano sale cuando el éxito nos abandona.»

Cualquier idea que refleje la importancia de «no darse por vencido ni aun vencido» resulta útil para reflexionar sobre este momento particular que vive la región luego de la contundente victoria de la oposición venezolana en las elecciones del domingo pasado. Sobre todo porque representa un traspié significativo en términos simbólicos para un proceso que había inaugurado Hugo Chávez cuando llegó al poder el 2 de febrero de 1999. Y también porque es como el colofón para una serie de retrocesos que se venían dando con los ataques al gobierno de Dilma Rousseff en Brasil y que en Argentina se evidenció con el ajustado triunfo de Mauricio Macri.

Que lo simbólico tiene su peso lo demuestra el hecho de que a la asunción de Macri vino el rey emérito de España, Juan Carlos de Borbón. El mismo que en una cumbre de jefes de Estado en Chile, en noviembre de 2007, lanzó el grito destemplado de «¿Por qué no te callas?» ante una denuncia de golpismo contra el gobierno del PP que lanzaba el mismísimo Chávez. El rey, que se vio obligado a abdicar en favor de su hijo Felipe en julio del año pasado luego de varios escandaletes –entre ellos una caza furtiva de elefantes- quería silenciar al líder bolivariano en un encuentro creado para concertar acercamientos entre los países iberoamericanos. Una estrategia que con un fuerte anclaje en el neoliberalismo buscaba tejer lazos entre la «Madre Patria» y las ex colonias latinoamericanas, con la idea lejana de establecer una suerte de Commonwealth ibérico.

Otro gesto encaramado en este cambio de rumbo que hoy tratará de extender Macri hacia el resto del continente está marcado por las declaraciones de su canciller, Susana Malcorra, para quien el ALCA «no es mala palabra en tanto y en cuanto encontremos una vinculación que sintamos que nos beneficia». A exactos diez años de aquel «alcarajo» del mismo Chávez en Mar del Plata no suena a respuesta de compromiso sino a una declaración de principios.

La reanudación de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, lograda con la intervención del Papa Francisco hace un año, significó un giro inesperado para una política «negacionista» de sucesivos gobiernos estadounidenses en más de medio siglo. Implicó el reconocimiento de los errores que las administraciones de la Casa Blanca habían cometido en su empecinamiento por ahogar a una revolución que se mantuvo en firme a pesar del bloqueo y el aislacionismo. Pero en estos doce meses, lejos de ese triunfo de honda significación histórica, se fueron despeñando en un muy bien estructurado efecto dominó una serie de calamidades sobre los gobiernos progresistas de la región que manifiestan algo palpable: los enemigos de la integración nunca descansan.

A los pocos días de aquel primer diálogo entre Barack Obama y Raúl Castro, tomó su segundo mandato Dilma Rousseff y se inició un calvario que ahora dramáticamente la tiene a ella y al Partido de los Trabajadores contra las cuerdas. Pocos días más tarde se abre el capítulo Nisman, que golpeó de lleno en el gobierno de Cristina Fernández. Mientras tanto, la crisis económica y política iba desgastando la gestión de Nicolás Maduro. Fue un ataque económico despiadado calcado del que sufrió Salvador Allende en los ’70 y que no tuvo una respuesta adecuada del gobierno bolivariano ante la sociedad. En esta fisura caló el discurso de la derecha. Como lo probaron las elecciones que en este año se desarrollaron en Grecia, en esta etapa de la globalización la democracia consiste en que los pueblos voten con una pistola en la cabeza.

Desde junio de 2014 los precios del petróleo se fueron desmoronando luego de tres años de estabilidad y una media situada en torno de los 105 dólares por barril. En enero de este año bajaron de los 50 dólares y ahora se ubican en los 37 dólares el barril. El resto de los commodities y minerales también está en caída, o debiera decirse que el dólar se está revaluando en todo el mundo provocando una crisis de ingresos en los países emergentes, sobre todo en las economías china y rusa, y pega de lleno en las latinoamericanas.

El sueño de igualar en estas sociedades- las más inequitativas del planeta- se sustenta en gran medida en el precios de las exportaciones y ese sigue siendo un límite a toda expectativa de justicia social. No es que los gobiernos no lo sepan, pero modificar esas variables es una tarea que lleva décadas. Por otro lado, el capitalismo sigue dando muestras de contar con una alta capacidad de renacer de sus cenizas tras cada nueva crisis. Y los medios dominantes no tienen intención de apoyar y sustentar ningún cambio cultural sino más bien tienen como función reprimir cualquier intento de rebeldía.

No sólo las formas molestan e incomodan a esa dirigencia globalizada. Es el contenido. Pero si de formas se tratara, podría verse allí que también hay un cambio de paradigmas en cuanto al modo de operar de la derecha regional y el establishment latinoamericanista, con capital en Miami.

El giro de la Casa Blanca hacia Cuba fue un renunciamiento estratégico con relación a los golpes de Estado que hasta no hace tanto fomentaban la CIA y el Pentágono. Desde la revolución cubana, cuanta interrupción democrática hubo en la región tenía como excusa evitar el «camino al comunismo» que representaba el gobierno a atacar. Con el sostén imprescindible de las fuerzas armadas entrenadas en la Escuela de las Américas en la doctrina de seguridad nacional. La barbarie fue tan tremenda que poco a poco se fue instalando el proyecto «democratizador», con las trampas y variantes constitucionales al uso de cada país.

La constitución que el pinochetismo legó a los chilenos es la herencia maldita para poder construir una verdadera democracia en el país trasandino que a los tumbos intenta reformar Michelle Bachelet. El sistema electoral brasileño, que obliga a alianzas y coaliciones, ahora entierra bajo el lodo al PT por sus acuerdos con un partido que, además de venal, no duda en traicionarlo cuando percibe que el buque se hunde. Por supuesto que hay corrupción, el caso es cómo frenarla, cuando los propios corruptos son los que fijan las reglas, como es el caso del jefe de la Cámara Baja brasileña, Eduardo Cunha.

Chávez tuvo la perspicacia y aprovechó el poder político inicial para crear una nueva constitución, igual que lograron hacer Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador. Los intentos golpistas que padecieron Morales en 2009 y Correa en el 2010 tienen su origen en esta nueva institucionalidad, que amplía derechos de una manera que el liberalismo político no tendría más que aplaudir. Pero pone límites a las aspiraciones de las minorías.

Para el resto, el papel que antes cumplían los uniformados ahora lo cumplen los togados. Es un Poder Judicial constituido a la usanza y bajo el molde del sistema creado en Estados Unidos con el argumento, James Madison dixit, de que » las democracias siempre han sido incompatibles con la seguridad personal o el derecho a la propiedad; y han sido, en general, tan cortas en su vida como violentas en su muerte».

El sistema judicial es el nuevo organismo de intervención, como lo padece el gobierno de Brasil y lo denunció la ahora ex presidenta argentina en reiteradas ocasiones. Un poder que también recibe entrenamiento en organismos de Estados Unidos para controlar eso que Madison, uno de los «Padres Fundadores», consideraba un riesgo: los posibles «excesos» de las mayorías sobre los intereses de las minorías. Los intereses económicos, se entiende, porque aún hoy las minorías étnicas bien que sufren todo tipo de excesos en la cuna del constitucionalismo americano, a pesar de contar con un presidente negro.

Tiempo Argentino
Diciembre 11 de 2015

Ilustró Sócrates

La democracia chavista

El resultado de las legislativas venezolanas causó escozor en los sectores progresistas de América Latina, pero no sorpresa. Si bien las encuestas dejaron de ser un sistema creíble para prever conductas electorales, todos los sondeos previos adelantaban diferencias importantes entre la oposición y el chavismo. Y según dicen los analistas que transitaron las calles de ese país, la sensación de que soplaban nuevos aires era evidente.

Es difícil gobernar en medio de una guerra económica como la que se desató sobre la presidencia de Nicolás Maduro. El sucesor de Chávez triunfó en 2013 y desde entonces debió soportar una campaña de deslegitimación del derrotado candidato Henrique Capriles y de toda la oposición. Es cierto que había ganado por escaso margen, pero había ganado y el sistema electoral venezolano, se terminó de corroborar ahora, es seguro y transparente.

La denuncia de fraude servía a los fines de desgastar al chavismo, todavía golpeado por la muerte de su líder. La tarea fue seguida por el desabastecimiento de productos esenciales y por las guarimbas, una ola de violencia que costó la vida de 43 personas en 2014. Nunca pudo estabilizar la situación el presidente. Y la derecha regional también hizo su aporte.

La prueba más evidente, por si alguien dudara, de las profundas relaciones que imbrican a los países de la región es la forma en que se encadenan los procesos. La década del ’70, con su secuela de sangre y muerte, se extendió de Brasil a Chile, Uruguay y Argentina desde antes del Operativo Cóndor, el siniestro plan orquestado para eliminar a los sectores de la izquierda latinoamericana. La recuperación democrática en los ’80 también fue una sucesión como en dominó. Ni qué decir de los avances comunes en lo que va del siglo, desde el Brasil de Lula a la Argentina de Kirchner. Todo eso había empezado con la Venezuela de Chávez en 1999.

La oposición al líder bolivariano tardó su tiempo en unificarse detrás de un objetivo común: derrotar al chavismo. Apoyó el golpe de 2002 y luego intentó deslegitimar las instituciones bolivarianas negándose a ir a comicios en 2003. Chávez logró aprobar una Constitución que en un librito de tapas azules del tamaño de un paquete de cigarrillos regalaba a quienes lo visitaban. Una forma de crear ciudadanía. Esa misma constitución, rechazada por los sectores ultras de la MUD, terminó consolidada el domingo con el triunfo de la oposición. Es un triunfo para la democracia chavista. No hubo denuncia de fraude, ganó la oposición con las reglas de juego bolivarianas y nadie les deslegitimó el resultado. ¿Respetarán el espíritu de esa Carta Magna ahora que tendrán el poder formal en la legislatura?

Mal clima

El año pasado la emisión de gases de efecto invernadero alcanzó un nuevo récord, según un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la agencia de Naciones Unidas que analiza el impacto de la actividad humana en el cambio climático. De acuerdo con este estudio, entre 1990 y 2014 el nivel de emisiones de los tres gases más perniciosos para la atmósfera –dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O)– creció un 36% por las actividades industriales, agrícolas y domésticas.

«La concentración atmosférica de CO2 –principal gas de efecto invernadero de larga duración– alcanzó 397,7 partes por millón (y) en el hemisferio norte, las concentraciones de CO2 sobrepasaron el valor simbólico de 400 ppm en primavera, época en la que el CO2 es más abundante», alerta el documento.

El dato de que el mayor incremento se registra en el hemisferio norte es entendible porque en esas regiones se concentra la mayor superficie terrestre del planeta. Pero además es la zona donde están ubicados los países más desarrollados, que son los máximos responsables de este dramático deterioro registrado desde la revolución industrial en las condiciones generales de la esfera que habita el hombre.

Son ellos, por lo tanto, la parte esencial del problema y, al mismo tiempo, tendrían que serlo de la solución. Sin embargo allí es donde se concentran las principales resistencias a generar el marco adecuado para ponerle fin a un modo de explotación del medio ambiente que a corto plazo –y ya se ven algunas de sus consecuencias– resulta suicida para cualquier especie viva tal como la conocemos.

El Protocolo de Kioto, de 1997, establecía la reducción de las «emisiones antropogénicas agregadas, expresadas en dióxido de carbono equivalente, de los gases de efecto invernadero» a no menos del 5% de las de 1990 en un período de 15 años, esto es, hasta 2012. Pero el compromiso, el primero de significación desde que se conocieron las consecuencias del cambio climático, no fue firmado por todas las naciones. Algunos gobiernos se tomaron su tiempo para analizar las consecuencias en torno a su propio desarrollo. Porque para algunos emergentes había una trampa en pretender reducir emisiones cuando intentaban crecer como potencias económicas. Además, estaba el debate de quién y cómo debería pagar los costos de la conversión industrial.

Poco a poco casi todos se fueron sumando a la propuesta y aceptaron las condiciones establecidas en el documento, pero siguen reacios Kazajistán, Croacia, Australia y el principal contaminante del globo terráqueo, Estados Unidos. Las autoridades estadounidenses –y en ese sentido George W. Bush también fue un «cruzado»– tampoco querían ponerle coto a su propia industria ni aumentar sus costos internos cuando intentaban recuperar competitividad en relación con Japón, Alemania, Corea del Sur y China.

Pero hay otra razón de peso: existe un fuerte lobby ideológico negacionista, ligado con grupos extremos principalmente del ultraconservador Tea Party, y de corporaciones económicas, que consideran a toda regulación estatal –y el control ambiental lo es– como una intromisión en las libertades individuales. Los hay también que inscriben a las advertencias contra el cambio climático como operaciones de grupos antiestadounidenses.

Las evidencias en torno al daño a la capa de ozono y el aumento en la temperatura de los océanos son incontrastables. Y no es una cuestión que pueda inscribirse como un asunto interno de cada país. Sería como someterse al riesgo de un cáncer pulmonar por permitir que un fumador empedernido acabe con un cigarrillo detrás de otro en el mismo recinto.

El presidente de EE.UU., Barack Obama, prometió poner a su país en consonancia con el resto del mundo y firmó un convenio con 81 empresas multinacionales para la reducción de emisiones. No logró que se sumaran las petroleras, pero es un avance.

El desafío de la Conferencia del Cambio Climático de París, la COP21, será que todos los países, sin excepciones, cumplan con los acuerdos climáticos y, siguiendo la metáfora, vayan dejando el cigarrillo. En la Tierra no hay espacio para un salón de fumadores.

Revista Acción
Diciembre 1 de 2015

 

Invitados al baile macrista

Invitados al baile macrista

Uno de los discursos más encendidos en el Senado brasileño a favor de la presidenta Dilma Rousseff fue el del representante carioca del PT, Luiz Lindbergh Farías. Desde el estrado dijo que la oposición tiene una idea fija, que es la de someter a un juicio político a la mandataria, y que en un modo que uno podría catalogar de irresponsable, no hace sino provocar desconfianza en la economía del país, lo que conlleva a una crisis sin precedentes que, puntualizó, “puede llevar a Brasil a una situación semejante a la de Argentina en el 2001”.

¿Fue una defensa irrestricta de la gestión de Dilma? Para nada. Farías, un ex dirigente estudiantil que comenzó su carrera política cerca de Fernando Collor de Mello, viene criticando los ajustes que la sucesora de Lula da Silva viene realizando desde que comenzó su segundo mandato, el primer día de este año.”El ajuste adoptado por el ministro de Hacienda, Joaquim Levy, trajo inflación y desempleo”, señaló el senador.

Proveniente de una familia con inclinaciones de centroizquierda, se llama exactamente igual que su padre, un gesto hacia el abuelo, admirador del héroe de la aviación estadounidense Charles Lindbergh, que cruzó al Atlántico con en avión Spirit of Saint Louis en 1927. Farías criticó duramente en estos meses el tarifazo que incrementó el precio del combustible y de la energía eléctrica, llevó la inflación a 9,5 % y elevó la desocupación 3,3 por ciento.

El pedido de impeachment, como se publicó ayer, fue una repentina respuesta del problemático e incombustible jefe de la Cámara Baja ante el respiro presupuestario que le había dado, una hora antes, el Senado, al aprobar una extensión del déficit presupuestario. Era la mano de cal que contrastaba la de arena.

Cunha es el mismo que no pudo explicar de un modo coherente y aceptable cómo es que tiene una fortuna de varios millones de dólares escondida en Suiza y que enfrenta pedidos de juicio político, a su vez, para ser alejado del Congreso. Con cara de digno, dijo que el proceso al que abrió las puertas era porque la presidenta mintió a la Nación, “y eso es grave”. Desde que se desplegó la crisis política que envuelve al PT y a sus incómodos aliados del PMDB -de hecho Cunha pertenece a ese partido, al igual que el vicepresidente, por lo tanto una destitución lo llevaría al gobierno, algo que por las urnas no logran desde hace décadas- hubo una pila de pedidos de impeachment a Dilma. Todos fueron frenados de acuerdo a los tiempos que marcaba el jefe de Diputados. Esta última presentación no tiene mayores razones que las otras: se trata de una acusación de haber violado disposiciones administrativas para superar de manera irregular los gastos sobre el presupuesto establecido, algo que podía llegar a solucionar la ampliación votada de Senadores.

El gestor de esta denuncia es Miguel Reale Junior, un abogado de rancia familia judicial que fue ministro de Justicia del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Reale Junior, miembro del principal partido opositor, que es el PSDB de Cardoso, consideró que «la sociedad civil, los grupos que se organizan a través de internet» respaldan su pedido de juicio político a la presidenta.

Otro opositor que está activo por estas horas es Marco Aurelio Mello, miembro del Supremo Tribunal Federal brasileño desde 1990. Es también un miembro de la familia judicial brasileña, pero además de la de Fernando Collor de Mello, ya que es primo del poderoso empresario de Alagoas que fue presidente entre 1990 y 1992, cuando fue exonerado del poder por un impeachment, acusado de corrupción, tráfico de influencias y sobornos.

El magistrado declaró, confirmando que la inestabilidad es parte del plan de la derecha en esta hora, que “(los brasileños) estamos sin gobierno”. Consultado sobre qué actitud tomaría ante el envío de un reclamo a la corte por parte del gobierno, dijo que es «preferible» que el STF no obstruya al Congreso. «El Supremo debe actuar como un poder moderador para preservar la Constitución, una Constitución que debería ser más amada por los hombres públicos», se explayó.

No es demasiado osado ligar a este recrudecimiento de la crisis en Brasil al triunfo de Mauricio Macri en Argentina –como señaló en una columna de ayer,Luis Faraoni- y a las elecciones del próximo domingo en Venezuela. Es más, cada movida de estas últimas semanas en la región parece juntar agua para el molino de la oposición a los gobiernos populares. Según las encuestas el oficialismo venezolano podría perder la mayoría de que dispone en la legislatura. Eso en caso de que el resultado se asemejara a lo que indican las encuestas, que últimamente no las tienen todas consigo. Pero es un dato a tener en cuenta. En todo caso, el líder más moderado de esa oposición, Henrique Capriles, se sumó al eslogan del triunfador en Argentina y deslizó que en «la Venezuela de hoy es claramente mayoría del cambio” que, aventuró, se va a concretar este domingo.

De resultar cierto este pronóstico, no será la primera vez que el chavismo pierde un comicio –el 2007 el propio Hugo Chávez no logró aprobar una reforma constitucional- pero si sería el primero desde la muerte de líder bolivariano e impactaría de forma dramática en la marcha del gobierno de Nicolás Maduro, ya abrumado por una crisis económica grave. El oficialista PSUV no solo perdería la mayoría parlamentaria sino que de acuerdo al resultado incluso el propio Maduro podría ser sometido a un referéndum revocatorio, como marca la constitución chavista. Simbólicamente sería un fuerte golpe al proceso iniciado por Chávez en 1999 hacia adentro de Venezuela y al mismo tiempo para la integración latinoamericana.

Otro que mira esta ola de corrimiento a la derecha con ansiedad es el gobierno del español Mariano Rajoy. El 20 de diciembre hay elecciones generales en ese país y la situación del Partido Popular no es una maravilla, luego de una gestión que no logró mejorar casi ninguno de los índices de desempleo, pobreza y deuda que encontró al llegar. Además, tiene en ciernes el proceso indepedentista catalán y el crecimiento de dos partidos menores, un por la derecha, Ciudadanos, y otro desde la izquierda y con inclinaciones chavistas, Podemos, que llegaron para romper la monótona alternancia PP-PSOE.

Para Rajoy, sin embargo, la situación no es tan grave como para no esperanzarse en permanecer en La Moncloa por otro periodo: según las encuestas, obtendría la primera minoría parlamentaria aunque no llegaría al 30% de los sufragios. Rajoy y el PP son de los sectores más cercanos a Macri en Europa y en estos días su canciller, José Manuel García-Margallo, se reunió con el futuro presidente nacional en una inesperada visita. Seguramente para que el aurea triunfadora del argentino le dé un impulso al último tramo de la campaña española. También allá esperan sumarse al baile macrista.

Tiempo Argentino
Diciembre 4 de 2015

Ilustró, como acostumbra, Sócrates

Se vienen tiempos interesantes

Me he despertado trosco esta mañana. Y se me ocurre pensar que el hecho de que casi todos los ministros y funcionarios que designa Mauricio Macri vengan del mundo empresario es una señal de que necesitaron poner toda la carne en el asador. Mi gen nac & pop se pregunta: ¿Porque los avances del populismo fueron afectaron más de lo que nosotros mismos imaginamos al establishment? Para pensar.

Tradicionalmente en Argentina las crisis de la dirigencia política la «solucionaban» los golpes militares. Con Alfonsín la resolvió el modelo menemista, que al principio también había convocado a empresarios, recordad el Plan Bunge y Born.

A punto de estallar el país con la inoperancia de De la Rúa, en 2001 hubo un clamor popular en contra de todos los políticos, sin distinciones. Pero luego de Menem ya no había un partido militar al que recurrir, él logró destruirlo. Por eso la crisis se saldó con una transición «duhaldista» y luego, como el propio Duhalde confesó a algún íntimo, convocando al «loco» Kirchner.

¿Hay una crisis política hoy en día? Lo que hubo fue una crisis de dirigencia política del establishment, que fue perdiendo influencia en estos años de recuperación de los viejos valores que habían nacido con el primer peronismo, como un rol determinante para el estado y una mirada latinoamericanista para «la solución de los problemas argentinos», parafraseando el lema del principal jugador de esa clase social, Clarin.

Pero la influencia de ese medio y de La Nación, y errores propios que sería bueno analizar en frío y sin fanatismos, terminaron por convencer a una capa importante de la población de que «los políticos» son corruptos, ineficientes, ignorantes.

El famoso video de Prat Gay que escandalizó al algunos por lo que decía de los santiagueños debió escandalizar por lo que dejaba claro sobre los que «no tienen preparación», es decir, por los no tecnócratas. Por otro lado, ¿cuántos de ese 51,4% habrán votado en contra de este gobierno y cuántos a favor del regreso del neoliberalismo? Buena cuestión para analizar también.

Algunas otras consideraciones: Franco Macri es un empresario que hizo su fortuna en base a contratos con el estado desde que llegó a la Argentina. Luego tuvo acuerdos con Fiat y Peugeot para administrar lo que era Sevel en tiempos de la dictadura, sin dejar de lado la constructora. En ese momento sus deudas en dólares fueron licuadas y las terminó pagando la sociedad. El grupo es uno de los más importantes del país y en esos años albergó a no pocos dirigentes del peronismo. Tuvieron contrato tipos que luego formaron la Renovación peronista como el poco recordado Carlos Grosso.

Mauricio es heredero, y no es lo mismo. Cuando nació la plata ya estaba hecha y por eso pudo estudiar en los colegios de la elite. Son el establishment, pero no la oligarquía, porque para aquella rancia estirpe Macri hasta no hace tanto era el «tano» recién venido del barco.

En el gabinete hay tecnócratas con aires de sabiondos y ejecutivos de empresas privadas. No son empresarios, pero la gestión será empresarial. Se juegan todo. Si les sale mal, si no pueden dar respuesta -y nada hace pensar que la puedan dar para todos, porque justamente en el ADN del capitalismo está que no todos puedan entrar a la fiesta- ¿qué hay detrás? ¿el regreso del populismo o la revolución socialista?

Por lo pronto, quienes fueron designados en el área de Seguridad en los tres distritos que gobernará el PRO no prometen ser defensores de las garantías individuales. ¿Habrá espacio para reprimir la protesta social?

Se vienen tiempos interesantes.

Las guerras ajenas

Las guerras ajenas

Son febriles estos días para François Hollande, el presidente francés, que intenta armar una fuerte coalición internacional para combatir a Estado Islámico (EI). Ya había reforzado su amistad con el británico David Cameron y había intentado lo propio con el estadounidense Barack Obama. Ahora se fue hasta Moscú para sumar a Vladimir Putin a ese equipo de estrellas.

El viaje de Hollande representa no sólo la intención de convencer al jugador que cambió el esquema que se venía desarrollando en Siria al iniciar ataques contra la oposición a Bashar al-Assad, sino que busca tranquilizar los ánimos luego del derribo de un avión ruso en territorio turco. Y además, se posiciona como un líder global en momentos en que Estados Unidos no tiene capacidad de respuesta tras los fracasos en Irak y Afganistán.

El tablero regional se viene complicando en las últimas semanas, y todo se aceleró tras la decisión de Putin, acordada con Obama aunque no en forma pública, de atacar desde el aire a los yihadistas en Siria. Allí hay un conglomerado de agrupaciones financiadas desde países occidentales más Turquía y Arabia Saudita que se enfrentan al régimen de Damasco. Pero también figura en la lista de enemigos el EI, que con el tiempo mostró toda su barbarie en la amplia región que controlan en parte de Siria y de Irak y ya dieron muestras de su capacidad de daño en París el 13N. Aliados yihadistas también han golpeado en países africanos y amenazan en otras naciones europeas.

Para complicar más la situación, el martes aviones turcos dispararon contra un caza ruso, elevando al máximo la tensión entre Ankara y Moscú. Al correr de las horas primó la cordura y no hubo que lamentar más incidentes que las protestas airadas del gobierno de Putin y una tenue condolencia –que no disculpas– del presidente Tayyip Erdogan.

La incursión de Rusia en el conflicto era previsible y sólo cabía apostar a cuándo y cómo se produciría. Como se sabe, en Siria está la base militar de Tartús, la única fuera de territorio ruso y un puesto clave para la estrategia militar de aquel país. Integra junto con Crimea, donde está la base de Sebastopol, dos ejes fundamentales para señalar la determinación de Moscú –o fundamentalmente de Putin– para recuperar el rol de potencia que Rusia tiene desde hace más de tres siglos. No iba a dejar sin ayuda a Al Assad y menos ante la perspectiva de una sucesión surgida de la guerra civil notoriamente anti rusa como es fácil de prever si los grupos opositores logran su objetivo.

El bloque occidental, sin embargo, pretendía que Rusia sólo atacara a EI, convertido en el enemigo número uno en los papeles. Putin, en cambio, no hizo distinciones y no dejó de tomar como objetivo a los vehículos que circulaban sobre los territorios controlados por los yihadistas.

El ataque sobre el avión SU24 es entendido por no pocos analistas como una respuesta de la OTAN perfectamente planificada, un mensaje inocultable de que nadie juega con chiquitas en ese escenario peligroso. Los atentados del 13N, a su vez, muestran una escalada de imprevisible final. Por un lado, sumieron a la población de Francia y la mayoría de los países europeos en el terror, como se proponían los autores. Y fomenta respuestas calcadas de las que en Estados Unidos provocó la caída de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001. Es decir, se amplían las capacidades de vigilancia de los organismos estatales en detrimento de las garantías civiles de los ciudadanos.

El escándalo que se armó cuando el analista de la CIA Edward Snowden reveló el programa de espionaje de la agencia NSA es apenas la punta de un iceberg que no será sino ampliado luego del golpe en París. Así lo adelantó el gobierno de Hollande, que ya avisó al Consejo de Europa que «algunas de las medidas introducidas tras los atentados en París probablemente implicarán una derogación de las obligaciones derivadas de la Convención europea de los Derechos Humanos». O sea, que en aras de la seguridad, se sacrificarán algunas de las mejores creaciones de Occidente.

Por otro lado, en un encuentro del premier galo con un grupo de periodistas que buscaban explicaciones de lo que significa la frase «Francia está en guerra», Manuel Valls señaló que «El control de fronteras exteriores es esencial para el futuro de la Unión Europea (…) Europa debe encontrar soluciones para que los inmigrantes sean tomados a cargo en los países vecinos de Siria. Si no, Europa va a poner en cuestión la forma de controlar eficazmente sus fronteras (…) Nosotros debemos evitar una amalgama que es insoportable», se explayó. Hollande desmintió a las pocas horas que la administración socialista estuviese pensando en cerrar fronteras, pero el sincericidio de Valls seguramente no tardará en verificarse.

Putin, mientras tanto, prosiguió con su respuesta diplomática contra el gobierno turco y amenaza con represalias económicas. Ya su canciller Sergei Lavrov había indicado que la inquina de Moscú no era con los turcos sino con sus autoridades. Lavrov es el mismo que cuando estalló la revuelta contra el gobierno ucraniano, que terminó con la renuncia del presidente Viktor Yanukovich, dijo que los europeos parecían aficionados por no haber sabido que la respuesta rusa sería recuperar Crimea.

Ahora el gobierno de Putin directamente acusó a Ankara de estar apoyando al EI y además, de ser el principal comprador del petróleo que se produce en las zonas controladas por los yihadistas. Cuando se pregunta cómo se financia la organización, no hay más que analizar que se sigue extrayendo petróleo en esas regiones y que es llevado en camiones hacia compradores no revelados. Pero hay otro detalle: es muy fácil saber quién compra, porque cada gota del combustible tiene elementos característicos en cantidad y calidad que son particulares de cada sitio, como arenas y azufres varios, sin ir más lejos. Hace algunas semanas el gobierno estadounidense preguntó de dónde salían las camionetas Toyota que los milicianos del EI muestran en las fotos que cuelgan en la Web. Porque son todas nuevitas. O sea, que si se quiere ir al hueso, es fácil encontrar las huellas de quienes financian, abiertamente o no, a los grupos terroristas. Alguien compra el petróleo, alguien vende camionetas, así de sencillo.

Hay otra pata de este intríngulis y es quiénes ingresan a esos grupos como militantes. El Papa Francisco dijo lo suyo al pisar suelo kenyata en su gira africana. «La experiencia demuestra que la violencia, los conflictos y el terrorismo que se alimenta del miedo, la desconfianza y la desesperación, nacen de la pobreza y la frustración», evaluó, punzante.

No sólo Francia tiene el cuchillo entre los dientes en estos momentos. Y el derribo de un avión podría ser una formidable excusa para iniciar una Tercera Guerra Mundial a las puertas de Europa. Allí mismo donde comenzó la primera. Turquía forma parte de la OTAN y por lo tanto un ataque a su territorio merecería respuesta de sus socios militares. Pero Turquía no logró nunca entrar a la Unión Europea. Siempre se buscaron excusas para dejar al país mirando con la ñata contra el vidrio. Y los turcos se quejan: «¿somos buenos para pelear pero no para ser miembros del mismo club?»

Hay voces que desde el nuevo gobierno argentino, y el propio presidente lo dijo con insistencia, reclamaban reinsertarse en el mundo. La canciller designada, Susana Malcorra, es una mujer con experiencia en la actividad privada, como es el perfil mayoritario de la futura administración local, y acredita varios años en la ONU, por lo que conoce los botones que hay que tocar ante cualquier emergencia.

El riesgo de entrar a ese mundo en crisis es grande, porque podría implicar la compra de una guerra que Argentina no provocó ni tiene nada que ganar con ella. Seguramente ahora estas palabras suenen a exageradas. Pero la experiencia de las relaciones carnales fue dramática para el país, y no solamente en el plano económico.

Tiempo Argentino
Noviembre 27 de 2015

Ilustró Sócrates