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Un centro de Macri a la derecha

Todavía no se habían acallado los festejos por su triunfo cuando Mauricio Macri esbozó sus primeras nociones sobre lo que plantea para su gestión en ámbitos tan determinantes como la política exterior.

Habló de reactivar el Mercosur, de alzar la vista hacia la Alianza del Pacífico y de derogar el memorando con Irán. Temas muy sensibles para la estrategia del departamento de Estado. Gesto que agradeció el titular de esa cartera. «Estados Unidos y Argentina trabajemos juntos para mejorar los Derechos Humanos en el planeta», declaró John Kerry.

«Necesitamos estar en el mundo», dijo Macri ayer. Algo que no sorprende, ya que toda su trayectoria estuvo ligada a la defensa de los «valores occidentales». Y a pesar de sus últimos gestos en la carpa de los Qom y en el rito de la Pachamama en Jujuy, considera, y lo dijo, que los argentinos descienden de los barcos.

Pero en su rueda de prensa de ayer fue bastante más explícito en cuál será su rol en el contexto regional. Prometió invocar la cláusula democrática del Mercosur para aislar a Venezuela, porque considera que su gobierno «persigue a los opositores y no respeta la libertad de expresión».

La única vez que el organismo regional recurrió a ese artículo legal fue cuando el golpe institucional contra Fernando Lugo en Paraguay. Y uno de los argumentos de los golpistas para destituirlo en un trámite express fue que había firmado esa cláusula del Protocolo de Ushuaia sin consentimiento parlamentario. Fue entonces que Venezuela entró al Mercosur. El Congreso paraguayo demoraba la aceptación de su ingreso por razones parecidas a las de Macri.

¿Podrá cumplir su deseo el presidente electo? Necesitaría el consenso unánime del resto de los países y ya Brasil adelantó que se opondría. Por otro lado, Macri asume el 10 de diciembre y el 6 hay elecciones parlamentarias en Venezuela.

La declaración de Macri es una palabra de aliento a la oposición venezolana, que se muestra ganadora. Una intromisión que coordina con el secretario de la OEA, Luis Almagro. Y un guiño a los halcones de Washington y los sectores antipopulistas que ven en Macri al nuevo líder regional conservador. Lo de Macri fue un centro a la derecha.

Tiempo Argentino
Noviembre 24 de 2015

La región, de Dorrego a Lavalle

Hay gestos y situaciones que determinan escenarios. Y el triunfo de Mauricio Macri es uno de esos momentos clave en la historia de las naciones. Luego de 12 años de un avance trascendente en el proceso de integración latinoamericana, llega al gobierno de un país clave como la Argentina el candidato de todos los opositores a la unidad regional. Desde Aecio Neves en Brasil hasta Henrique Capriles en Venezuela.
No por casualidad el ex presidente chileno Sebastián Piñera fue de los primeros en celebrar el resultado del comicio local. “Abre nuevas esperanzas para que Argentina supere largo periodo de confrontación y estancamiento” escribió en su cuenta de Twitter. Desde la misma red social fueron los kelpers quienes celebraron una nueva gestión que, auguran –y sus razones tienen- más amigable con la permanencia de las Malvinas como colonia británica.
Para el resto de los países sudamericanos el clima de fiesta en el búnker del PRO es un augurio de tiempos de retroceso. Es clave el resultado de las elecciones en Venezuela del 6 de diciembre para ver en los papeles lo que en los análisis trasluce como un dato relevante para el futuro de los habitantes de este puñado de naciones con más de 200 años en busca de la independencia definitiva.
En tal sentido, resulta interesante examinar los últimos pasos del futuro presidente argentino antes de este comicio. Porque hay allí toda una simbología que permite avizorar qué se trae entre manos. Y el cierre de su campaña fue en Humahuaca, luego de cumplir el rito de la Pachamama en Huacalera, Jujuy. Hagamos un poco de historia.
Alejandro Danel había nacido en Francia y fue un militar de esos que se excitaban con el olor a pólvora. Era uno de los oficiales que Bernardino Rivadavia había convencido de venirse al Río de la Plata a desplegar su experiencia bélica junto a los jóvenes patriotas. En la guerra contra el Brasil se hizo ladero de Juan Galo de Lavalle en el primer Escuadrón del Regimiento de Coraceros.
Lavalle, como se sabe, ordenó fusilar a Manuel Dorrego el 13 de diciembre de 1828. Dorrego era el enemigo de los unitarios no tanto por federal como por su talante de caudillo popular y latinoamericanista. Ernesto Sabato escribió la saga de su derrotero culposo luego de aquel crimen en el “Romance de la Muerte de Juan Lavalle”, musicalizado por Eduardo Falú.
Perseguido por tropas federales, Lavalle fue muerto en San Salvador de Jujuy en octubre de 1841. La soldadesca que se mantenía a su lado llevó el cuerpo hacia el norte y cuando urgía hacer algo con su cadáver, decidió descarnar los restos, poner el corazón en un frasco con aguardiente y trasladarlo hasta Potosí, Bolivia. Danel fue el encargado de la tarea, en un arroyo en Huacalera, cerca de Tilcara.
Macri justificó su acto de cierre allí porque quería tomar «la energía del lugar y de su gente». “Cuando vinimos hace 15 días en la caravana descubrimos lo maravilloso que es la Quebrada de Humahuaca”, se sinceró Juliana Awada, su esposa. Muchos ironizaron con que habrá sido la primera vez que probó el sabor de las hojas de coca, parte del rito milenario de los pueblos originarios.
Simbólicamente esa gesto tiene un impacto revelador. Luego de 12 años de un gobierno que reivindicó a Dorrego, Macri dio señales de que otro será el rumbo de la Argentina. Del “Loco Dorrego”, como tituló Hernán Brienza, a “La espada sin cabeza”, como Esteban Echeverría bautizó a Lavalle.
Uruguay nació en aquel entonces como un estado tapón entre Argentina y Brasil. Luego vendría la destrucción de Paraguay en 1860, las guerras entre Chile y Bolivia en 1879 y la de Paraguay y Bolivia, ya en el siglo XX. Los gobiernos progresistas de América Latina construyeron en esta década un continente de unión, paz y progreso. Macri cuenta entre sus amistades a Álvaro Uribe, pero Juan Manuel Santos es el promotor de la paz con las FARC en Colombia. ¿De qué lado se ubicará en esta encrucijada histórica?

 

Tiempo Argentino
Noviembre 23 de 2015

Ewen MacAskill: «Esto es peor de lo que imaginó Orwell»

Ewen MacAskill: «Esto es peor de lo que imaginó Orwell»

Ewen MacAskill jura no haber imaginado jamás que aquella historia que le llegó un poco de rebote hace tres años y de la que desconfió por muchas razones profesionales, se convertiría en la denuncia más resonante en la historia de los servicios de inteligencia internacionales. MacAskill, 63 años, escocés de nacimiento y miembro del staff del diario británico The Guardian desde 2007, fue uno de los autores de la investigación que llevó a la explosiva publicación de las filtraciones del ex analista de la CIA Edward Snowden que revelaron el sistema de espionaje global de la agencia NSA sobre ciudadanos de todo el planeta. Una operatoria que las administraciones de Estados Unidos extendieron desde los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de setiembre de 2001 y que tras los ataques en París del viernes 13 de noviembre se comprometió a replicar el gobierno de François Hollande (ver aparte). Invitado a participar en el encuentro «Cibervigilancia, BigData y Derechos Humanos» organizado por Hacks/Hackers Buenos Aires en el Centro Cultural Kirchner y por la consultora Baufest, MacAskill dijo ante Tiempo Argentino que esta era, en realidad, «es peor de lo que imaginó George Orwell» en su célebre libro 1984, «porque a través de los mails y las comunicaciones saben todo lo que hacemos. Pueden ver los registros telefónicos, seguir a la gente a través de sus propios teléfonos y con los teléfonos como micrófonos, escuchar las conversaciones y con las cámaras de los propios equipos grabar hasta las relaciones sexuales».

-Pero no sólo pueden hacerlo organismos estatales.
-Es cierto, no sólo nos tienen vigilados al máximo sino que saben lo que hicimos y pueden prever lo que pretendemos hacer los bancos, las tarjetas de crédito. A través de las compras que hacemos pueden hacer un perfil exacto de cada uno de nosotros.

En cuanto al caso Snowden, el periodista, corresponsal del área de defensa e inteligencia en el prestigioso periódico británico, contó detalles de cómo Snowden se acercó para contar lo que tenía. «Intentó comunicarse mediante un sistema encriptado, el PGP, con Glenn Greenwald (el otro periodista que integró el equipo del diario) y como él no estaba preparado se conectó con Laura Poitras, una experta en el tema».
Así comenzó una aventura que duró unos seis meses hasta ponerse cara a cara con el analista de Booz Allen Hamilton, subcontratista de la NSA, que a la sazón se refugiaba en un hotel de Hong Kong y que hasta entonces se había identificado como «citizenfour». «Yo pensé que lo que planteaba era algo muy técnico y con poco interés para los lectores. Él decía que era algo grande, pero todas las fuentes creen eso. Sin embargo, a medida que fuimos avanzando en el cruce de datos vimos que si era algo importante», explicó MacAskill.
Hubo dos cuestiones que vale resaltar en todo este proceso: el primer lugar, el periodista señala el alto costo de una investigación como esa, con tres personas a full y la cobertura de los viajes al Asia. En segundo lugar, el apoyo cuando todas las agencias estatales se lanzaron a presionar para que no se publicara la información. Aquí el hombre destaca que incluso cuando tuvieron a Snowden frente a frente, todavía tenían resquemores. «Laura fue con su cámara y filmó todo (es la base del documental Citizenfour, Premio Oscar en 2014), pero la sorpresa fue que Snowden era muy joven, tenía apenas 29 años, ¿cómo podía manejar tanta información? Eso era sospechoso. ¿Y si era una trampa de la CIA por nuestras publicaciones anteriores de Wikileaks?»

-¿Cómo chequearon entonces si lo que tenía era verdadero?
-Muy sencillo: cuando quisimos preguntar por la veracidad de algunos de los documentos se nos vinieron encima el FBI, la CIA, el GCHQ (la superagencia británica) para que les entregáramos todo.

Hubo incluso una escena jocosa, recuerda MasAskill, cuando obligaron a destruir discos rígidos y CDroms en la redacción del diario, pero los técnicos de The Guardian ya tenían una copia segura en Nueva York. «Desde el 11-S los gobiernos de Estados Unidos se volvieron más reaccionarios y lanzaron un sistema de vigilancia que va contra la privacidad de las personas, sin discriminar. Esta es la enseñanza que nos deja el caso Snowden –le dice a Tiempo Argentino- y los periodistas deberían preocuparse, porque es realmente muy difícil proteger las fuentes. Si alguien me llama por teléfono o me manda un mail, o chateamos, lo pueden rastrear y evitar que lleguemos a profundizar en el caso que nos llega.»

-¿De qué modo protegen a sus fuentes?
-Con el uso de los programas de encriptación, que son bastante seguros. Pero además, Snowden está desarrollando en Moscú un sistema para tratar de proteger a las fuentes mediante un software específico.

MacAskill dirá luego que se siente en particular muy comprometido con lo que pueda ocurrir con el ex analista y que mientras el joven no pueda regresar a su país de origen con la seguridad de que su vida o su libertad no corren peligro «para nosotros es un asunto inconcluso». «

Los «errores» del servicio secreto galo
Ewen Mac Askill coincidió en Buenos Aires con los cruentos ataques en París que costaron la vida de 129 personas. Al otro día publicó una columna en The Guardian donde se congració con los agentes de los servicios de espionaje franceses, que «con poco personal deben vigilar a un gran número de sospechosos». Recordó que tuvieron dos gruesos errores este año, uno cuando los ataques a la redacción de Charlie Hebdo y otro el viernes de la semana anterior. Y da unos datos que permiten entender dónde está la falla. «No es que las agencias no tenían suficientes datos, sino que no actuaron sobre lo que tenían.» Esto es: sabían quiénes eran Adelhamid Abaaoud, Omar Ismail Mostefai y Sami Amimour, pero no fueron objeto de vigilancia física. Luego refuta a los jefes del FBI y de la CIA, que argumentan la necesidad de más equipamiento porque los terroristas tienen mejores sistemas de encriptación. «Sin embargo, el celular que llevó a la policía al escondite de Saint-Denis contiene texto sin cifrar.» Y en el caso de París, hubo advertencias de Irak y Turquía que fueron desoídas.

Tiempo Argentino
Noviembre 22 de 2015

La foto del diario

Entre la civilización y la barbarie

Entre la civilización y la barbarie

Se nota que en Latinoamérica hay un reflujo de los movimientos progresistas, para qué barrer debajo de la alfombra. Luego del proceso de integración regional más importante en dos siglos de historia, es notorio el grado de recuperación de la derecha tradicional, ligada a los poderes hegemónicos, en Brasil, en Ecuador, incluso en Venezuela y ni qué decir en Argentina.

Se lo percibía en octubre de 2014, cuando Dilma Rousseff ganó el balotaje sobre Aecio Neves por muy poco. Lo que auguraba -y quedó plasmado en esta columna- que no tendría tiempos fáciles la presidenta brasileña, cosa que pudo verificar ni bien asumió su segundo mandato.

Un año antes, en abril de 2013, Nicolás Maduro también obtuvo el cargo por muy poca diferencia, tras lo cual, la derecha generó todo tipo de acciones primero para deslegitimar al sucesor de Hugo Chávez y luego para crear una atmósfera de violencia de la que aún se pagan las consecuencias.

Se trata de una derecha que aprendió de sus errores y no tiene problema en reconocer logros de los gobiernos progresistas con tal de acceder al poder. Lo que harían luego ya se sabe, es como la fábula del escorpión y la rana. No pueden más que obedecer a los dictados de su naturaleza.

En lo que hace a las relaciones con el mundo, sin embargo, es donde han sido más explícitos y coincidentes. Allí no hubo subterfugio alguno, tal vez porque descubrieron que no es un tema que impacte en las campañas o porque el tema de las alianzas exteriores tiene para un sector determinante del electorado mucho de aspiracional. Define qué queremos ser, dónde y con quién queremos estar.

Cuando Lula llegó por primera vez al gobierno, y luego de sus primeras entrevistas con Néstor Kirchner, en aquel ya mítico 2003, dijo una frase que resultaba toda una muestra de los tiempos que se avecinaban. «Los brasileños siempre miramos más a Europa y Estados Unidos que a América Latina». Tenía que llegar al Planalto un metalúrgico nacido en la miseria nordestina para expresar lo que el resto de los latinoamericanos ya había anotado desde los orígenes, que Brasil daba la espalda a la región, que miraba con resquemor su destino sudamericano. Son razones históricas que no es dable expresar en estas líneas y que marcan los rumbos del Brasil desde tiempos del imperio.

El lema «civilización o barbarie» caló hondo no solo en la patria argentina de Sarmiento. Fue y es una consigna para las elites ilustradas del resto de los países independizados de España en el siglo XIX. En esta parte del Río de la Plata no solo acarreó guerras sangrientas sino también definió los dos campos en que se debate la nacionalidad. ¿Queremos ser latinoamericanos o nos sentimos europeos en el exilio, como planteaba Jorge Luis Borges?

Resultan interesantes vistas hoy las agudas polémicas entre Sarmiento y Juan Bautista Alberdi en torno de la Constitución de 1853. La crítica de Sarmiento a la Carta Magna se hace, como bien le marca contemporáneamente Alberdi, desde la óptica de su exacerbado apego a los Estados Unidos como un modelo a copiar. Sarmiento, impulsor de la educación estatal, esto también es cierto, buscaba el destino nacional mirando al norte. Alberdi escribió para esa época en un diario de Valparaíso que «los Estados Unidos no pelean por glorias ni laureles, pelean por ventajas, buscan mercados y quieren espacio en el Sur. El principio político de los Estados Unidos es expansivo y conquistador.»

Este debate posterior al rosismo cruza toda la historia latinoamericana desde la independencia y es el trasfondo del Ariel, del uruguayo José Enrique Rodó. Ni qué decir que tanta disputa de sentido llega hasta la Filosofía de la Liberación en los 70, de la mano de un puñado de seguidores del mendocino Enrique Dussel. En la misma senda se ubica la Teología de la Liberación, que promovió la renovación más impactante de la Iglesia Católica que resultó envuelta en la tragedia de aquellos años y fue clausurada por Juan Pablo II y Joseph Ratzinger. Un Papa latinoamericano no es sólo un gesto de generosidad de los cardenales que lo eligieron en Roma. Es, utilizando términos eclesiásticos, una «intervención estratégica del espíritu santo» en tiempos del crecimiento de esta parte del mundo.

No es casual que en la ciudad administrada por Mauricio Macri la versión del programa de entrega de computadoras a los alumnos de las escuelas públicas, que la Nación bautizó Conectar Igualdad, se llame Plan Sarmiento. Expresa claramente un proyecto de país y de región. No es casual tampoco que este proyecto se lleve de la mano del que propone la oposición venezolana encarnada en Henrique Capriles y el PSDB brasileño, que se encolumnó detrás de Neves.

A la pregunta de qué queremos ser, los gobiernos populistas respondieron «latinoamericanos» y obraron en consecuencia, creando y fortificando instituciones para cristalizar ese proyecto común. El conservadurismo ofrece acercarse a Estados Unidos y Europa, el Occidente difuso que pretendían defender los militares en los años de plomo. La derecha regional impulsa una amalgama de esa cultura la que los latinoamericanos, por razones obvias, no podemos desconocer porque forma parte de las raíces.

En el caso concreto del alcalde porteño, su visión sobre los vecinos más cercanos, sobre todo de paraguayos y bolivianos, las dos comunidades más pobladas, es como la de cualquier vecino de Recoleta. Si a alguien quisieran parecerse no es precisamente a ellos, que representan a lo que permanece de los pueblos originarios. Esa clase de citadinos despliega una mezcla de desprecio y racismo muy ostensible que incluso resultaría peligroso para el mantenimiento de las relaciones con esos países en caso de que esta opción política se haga de la presidencia.

Pero como en esa misma derecha el componente empresarial y que privilegia el interés monetario es clave, convendría mostrar las reflexiones que los poderes financieros internacionales, a los que se identifica con los reales factores de poder en estos días, piensan. En tal sentido, uno de los bloques armados en estos años, el BRICS, conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, puede decirse que es una creación de un perspicaz analista de la banca Goldman Sachs, Jim O´Neill, quien en un estudio sobre los mercados emergentes que podrían ser el gran imán para las inversiones hacia mediados del siglo XXI, elaboró el acrónimo con los nombres de esas naciones, que le sonó a «ladrillo», brick en inglés. La decisión política de conformar el bloque es posterior.

Con las prospecciones de O’Neill coincide un reciente estudio de la consultora Price Waterhouse & Co -a la que tampoco se la podría considerar populista ni algo semejante- que considera que «los activos bancarios nacionales del E7 (China, India, Brasil, Rusia, México, Indonesia y Turquía), así como las ganancias potenciales del sector, serían mayores que los del G7 (EE UU, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) hacia 2036», adelantando en 14 años su evaluación inicial.

Ese rumbo esperado explica el acercamiento a China y Rusia y el proyecto en marcha de ampliar el Mercosur con nuevos componentes, como Bolivia y Ecuador. Pero además de las justificaciones materiales, también hay cuestiones ideológicas. Cuando la derecha desliza la necesidad de «reinsertar» al país en el mundo, es claro que hablan de ese mundo occidental al que pertenece por razones culturales e históricas.

Pero entonces cabría la pregunta ¿a qué Europa proponen ligarse, a que Estados Unidos? Porque si es la Europa del estado de bienestar y de la justicia social no habría voces en contra. En cambio, la Europa actual es la de la troika que somete a griegos, españoles e italianos al ajuste perpetuo. Igualmente, al New Deal de Franklin Roosevelt no habría problemas en acordar, pero al del recorte de beneficios de las Reaganomics…

Por otro lado, la Europa está al rojo vivo por los ataques yihadistas, consecuencia de tropelías cometidas por algunos de sus países coloniales. La Europa de estos días, como hizo Estados Unidos luego del 9/11, recorta las libertades civiles, tal vez su máxima contribución a la humanidad, y levanta muros para evitar las «invasiones bárbaras». ¿A esa Europa en conflicto proponen ir? ¿No se corre el riesgo de comprarse conflictos ajenos innecesariamente?

Tiempo Argentino
Noviembre 20 de 2015

 

Políticas de Estado

La sorpresiva conversión del alcalde porteño Mauricio Macri, la misma noche en que por muy poco retuvo el Gobierno de la Ciudad -fue el 19 de julio, hace apenas tres meses y monedas- autoriza a algunas reflexiones de cara al balotaje, pero mucho más al debate de este domingo entre los dos aspirantes a la presidencia. En temas como la política exterior, que no asomaron como parte de las campañas.

Aquella noche, con el rostro casi desencajado porque en el conteo de votos en el búnker del Pro temieron haber perdido con Martín Lousteau, y ante la protesta de sus seguidores, Macri salió a defender algunos logros del gobierno kirchnerista. Habló de la Asignación Universal por Hijo, de la recuperación de YPF y Aerolíneas y de otras cuestiones muy sensibles a los oídos de quienes creen que el rol del Estado es fundamental para reducir la desigualdad.

Tras conocerse el no menos impactante resultado de la primera vuelta nacional, una rápida conclusión fue que prácticamente la totalidad del electorado había votado a opciones que -de creer en la sinceridad de las promesas del candidato de la alianza Cambiemos- coincidían con políticas que se desarrollaron durante estos 12 años. Si a la recta final llegaron Daniel Scioli y el propio Macri, puede decirse que las alternativas que se presentan -de la boca para afuera- serían las mismas.

Más aún, ese lunes aciago para el oficialismo, Macri confirmó que Scioli había llamado para felicitarlo y prometió que una vez que se calzara la banda celeste y blanca, «el 11 de diciembre quiero hablar con todos los candidatos a presidente para acordar políticas de Estado, también con los gobernadores (sic)». No fue muy preciso pero si mencionó una modificación en el sistema electoral, «la recuperación de las economías regionales, el fomento de una justicia independiente y una Argentina de pobreza cero».

Ya que está dispuesto a establecer políticas de Estado, ¿Por qué no aprovechar que los dos contendientes se verán las caras este domingo para firmar un documento que establezca esas políticas de Estado que la ciudadanía plebiscitó el 25 de octubre? Que quede rubricado ante esa audiencia que será sin dudas multitudinaria -qué mejores escribanos que los espectadores- el compromiso de que gane quien gane ese será un compromiso férreo que de no cumplirse la ciudadanía deberá exigir. Si ya hay consenso en una YPF y una aerolínea estatal, y se emiten señales desde el PRO de que la educación y la salud públicas, los planes sociales y el apoyo a la ciencia se van a mantener, debería ser apenas un trámite y entonces sí «que gane el más mejor». Todo esto va en consonancia con las promesas de concordia y felicidad que se pueden ver en los spots que atruenan los medios masivos, de modo que no se perciben excusas válidas para negarse.

Pero a ese histórico compromiso debería agregarse un rubro que se nota descuidado en las campañas. Tal vez porque no aparece como una preocupación en los «focus group» con que se diseñan las estrategias publicitarias. Sin embargo, mal que les pese a analistas apresurados, Argentina no vive dentro de una burbuja y lo que ocurre del otro lado de las fronteras influye de manera decisiva.

Se podrá discutir la pertinencia de políticas llevadas a cabo por el oficialismo en esta década larga, pero ignorar de qué modo la crisis internacional afectó a la economía local debería ser considerado casi como un delito grave. Sin embargo, las acusaciones que de unos años a esta parte recibe el gobierno nacional son directamente maliciosas. Porque cuando había crecimiento a tasas chinas hablaban de «viento a favor» para minimizar la eficacia de las políticas locales. ¿Ahora que hay viento en contra lo exterior no existe? Porque las cifras locales, siendo menos auspiciosas que en el primer tramo kirchnerista, no son todo lo que auguraban desde las usinas opositoras y ni siquiera son tan malas como las que muestra Brasil, el socio comercial más cercano y determinante para le economía nativa.

Revisando los programas

Dicho esto, hagamos un recorrido sobre el lugar en que está parado cada aspirante al sillón de Rivadavia. Scioli avisó con tiempo que apuesta a profundizar la integración regional. Para lo cual se reunió con Lula, con Dilma, con Evo Morales, con Tabaré Vázquez y con José Mujica. Lo dice y lo repite: la Argentina bajo su gobierno será una continuación de la gestión exterior de Cristina Fernández. Aunque sus voceros ya adelantaron que piensan al mismo tiempo estrechar lazos con Estados Unidos y la Unión Europea. Lazos que por otro lado no estaban rotos. Sucede que la Casa Rosada en estos años negoció duro con la UE por la firma de acuerdos comerciales y se plantó frente a Washington de un modo que otras administraciones no habían hecho en asuntos como Cuba, Venezuela, golpes en Paraguay y Honduras, Irán e incursiones bélicas estadounidenses en el mundo. Sólo basta recordar las relaciones carnales y el envío de buques para el primer bloqueo a Irak del menemismo y los votos a favor del bloqueo a Cuba con la Alianza para ver la diferencia. ¿Esto implica que las relaciones con Barack Obama están rotas? De ninguna manera, pero negociar es como comprar un auto usado, hay que doblar la apuesta hasta que se llega a algún precio razonable. La asociación de YPF con Chevron prueba que los empresarios no tienen dudas al respecto.

Por el lado de Macri, la falta de definiciones en este tramo se puede cubrir en abundancia con declaraciones previas a la campaña y por gestos bien claros y contundentes. En primer lugar, sus amigos son el Partido Popular español y especialmente el ex presidente del gobierno José María Aznar y el actual Mariano Rajoy. En la región, su amigo es Álvaro Uribe, ex presidente colombiano y principal opositor a la firma de un acuerdo con la guerrilla que ponga fin a más de medio siglo de una guerra civil que causó miles de muertos y millones de desplazados en medio siglo y que está a punto de culminar en La Habana con un pacto que dé nacimiento a una nueva Colombia. Por otro lado, un triunfo del PRO es esperado como una señal de nuevos rumbos para la derecha latinoamericana por Henrique Capriles en Venezuela, Aecio Neves en Brasil y toda la dirigencia que aspira a poner fin a estos años de integración.

Argentina no solo logró que la UN apruebe declaraciones por Malvinas y contra los fondos buitre sino que se convirtió en un referente sobre Derechos Humanos y sobre la necesidad de integrarse en nuevos espacios democráticos a nivel internacional. CFK reclamó en reiteradas ocasiones cambiar las reglas de juego en ese organismo creado para consolidar el poder de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cambiemos también impulsaría cambios en la UN?

El mundo está en las vísperas de algo nuevo. Estados Unidos sigue siendo una potencia relevante, pero su poder viene declinando y nuevos jugadores se suman al escenario. Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), están llamados a ser las potencias del siglo XXI y Argentina ya avisó que quiere estar en esa liga. Los voceros en política exterior del PRO repiten que con el triunfo de Macri llega la felicidad y aseguran que lo mismo ocurrirá en cuanto a las relaciones exteriores. Es más, sostienen que el país debe reinsertarse en el mundo. Una forma de ocultar que Argentina nunca estuvo afuera -en todo caso se abrió a rumbos no tradicionales- y que el mundo del que hablan es el de las viejas estructuras que, la realidad demuestra, vienen en caída. Es cierto que esa caída, como la del imperio romano, puede durar centurias y tal vez ni quien escribe ni quienes lean estas líneas la verán. Pero ¿no es que un estadista debe ver mas allá de la próxima elección?

Macri, como jefe de gobierno, no fue muy feliz con la comunidad boliviana y paraguaya cuando la toma del Indoamericano en 2010. Evo ya avisó que apoya a Scioli, Bolivia es el nuevo socio del Mercosur, ¿Qué plantea el PRO en relación con eso? ¿Qué haría con Brasil y Uruguay, que también eligen al candidato del FPV como garante de continuidad en política exterior? ¿Qué haría con los acuerdos con Rusia y con China? Su padre, sus empresas, tienen negocios con el gigante asiático, sabe que se puede ganar mucho con la relación, pero él mantuvo distancia y cuestionó esos convenios. Ahora Techint salió nuevamente a denostarlos, porque cree amenazados sus intereses particulares. ¿Lo que es bueno para Techint será bueno para los argentinos? Eso no sólo es economía, es política exterior y también es conveniencia a largo plazo ¿Macri estaría dispuesto a sostener estas políticas de Estado? Buena pregunta para el debate.

Tiempo Argentino

Noviembre 13 de 2015

Paradojas de la familia Bush

Paradojas de la familia Bush

Me preocupa parte de la retórica que empleó él y algunos que le rodeaban. La retórica incendiaria logra fácilmente titulares pero no necesariamente resuelve los problemas diplomáticos». Dos joyitas conceptuales que le destina el 41 presidente de Estados Unidos al número 43. Un dato anecdótico si no fuera porque se trata de George H.W. Bush hablando de su hijo George W Bush en un momento en que su otro hijo, Jeb, ex gobernador de Florida, lucha por hacerse un lugar entre los candidatos republicanos a suceder al demócrata Barack Obama.

Bush padre, que alguna vez fue director de la CIA y vicepresidente de Ronald Reagan, se sinceró ante el ex director de Newsweek, Jon Meacham, autor de Destino y Poder, la Odisea Americana de George Herbert Walker Bush y reveló ácidas críticas sobre el rol que desplegaron en el gobierno de su párvulo el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, dos halcones que participaron estrechamente en el diseño de la agresiva política exterior que comenzó luego de los atentados a las torres gemelas.

«Cheney tenía su propio imperio, marcaba su propio ritmo. Las cosas no se pueden hacer así», deslizó GHW Bush sobre el hombre que impulsó las incursiones armadas en Afganistán e Irak, un poco subido al carro de la lucha contra el terrorismo y otro porque era un buen negocio para la empresa Halliburton, contratista del Pentágono, de la que había sido presidente. Rumsfled también pertenece al mundo empresarial, e integró directorios en la farmacéutica G. D. Searle & Company y en Gilead Sciences.

Jeb, acrónimo de John Ellis Bush, fue el hombre clave para que GW pudiera llegar a la Casa Blanca en las elecciones del año 2000. El candidato de Bill Clinton, Al Gore, que obtuvo más de medio millón de votos que su oponente, disputaba palmo a palmo un distrito clave con Florida, que en un sistema indirecto como el estadounidense -en que se eligen electores- inclinaba la balanza para un lado u otro.

Pero el gobernador ayudó a su hermano mediante la manipulación lisa y llana de los votos y luego de presiones a la Corte «amiga», que avaló el triunfo del republicano mediante artimañas bastante poco éticas. Un trago amargo para Gore, que sin embargo, decidió no seguir la pelea para no continuar embarrando la cancha en el supuestamente democrático ejemplo de Occidente. Eso ocurrió al cabo de cinco semanas sin definición sobre quién sería el próximo presidente y ante una furibunda campaña mediática para que se bajara.

Bush padre, Rumsfled y Cheney se conocían desde la época de Reagan, donde habían formado parte del sólido equipo que impuso en los 80 las ideas neoliberales a rajatabla, en una funesta alianza del ex actor de Hollywoodcon la premier británica Margaret Thatcher. Cheney y Rumsfled fueron con su hijo los más duros en la privatización de la guerra para fomentar los negocios con las empresas proveedoras en un momento particular de la historia. Al mismo tiempo que se desarrollaban dos guerras en simultáneo, el Estado iba dejando de ocuparse de resolver los problemas del habitante de a pie a ritmo acelerado. Las consecuencias pudieron verse cuando el huracán Katrina destruyó los barrios pobres de Nueva Orleans, hace ya diez años.

Lo que ahora Bush padre critica no fue sino el barrial generado por la aguas de la era de Reagan. Que llevaron al país más desarrollado y rico del mundo a tener hoy día 47 millones de personas viviendo en la pobreza, 1,5 millones de «ultrapobres» (como los definió el escritor y periodista Michael Snyder) que viven con menos de dos dólares al día y el 65% de los niños de ese país viviendo en una casa que recibe alguna forma de ayuda del gobierno federal. Los estadounidenses que habitan en áreas de pobreza concentrada, además se duplicaron desde ese año 2000. Son datos de la Oficina del Censo estadounidense que no parecen alarmar mayormente a la dirigencia política. Al menos no es uno de los temas principales de la campaña que ya se inició con sendos debates televisados.

Las posibilidades de que estos datos dramáticos se reduzcan en los próximos años resultan escasas dado que, en primer lugar, no están mayormente en la agenda de los grandes medios. Es así que mientras las cifras oficiales revelan una desocupación de 5,1 en la general y un 11 % entre los menores de 25 años, un total de 8,3 millones de personas en agosto pasado, estadísticas de organizaciones no gubernamentales indican que hay alrededor de 90 millones que oficialmente no se consideran dentro de la fuerza laboral, porque no lo buscan, mientras que el 48,8 % de los menores de 25 aún viven con sus padres, o sea, no se pueden ir a vivir solos. El censo destaca que el 0,1% de las familias estadounidenses tienen tanta riqueza como el 90% de todas las familias menos pudientes juntas.

Este dato resulta clave para entender hasta donde la propia democracia está en riesgo. Porque a la política de los halcones que critica Bush padre -que no sólo fue ferozmente belicosa en lo exterior sino que cercenó derechos individuales consagrados por la Constitución en lo interior- se le sumó en 2010 una decisión de la Corte Suprema que impide que el gobierno le pueda poner algún tipo de límite a los aportes de las corporaciones a las campañas políticas. Iguala a particulares con los grandes conglomerados y abre un espacio de graves consecuencias para acudir a las urnas en condiciones medianamente equitativas.

De hecho, los candidatos demócratas –Hillary Clinton y Bernie Sanders- firmaron un petitorio de una organización, End Citizen United (ECU), que pretende crear una masa crítica importante como para que los magistrados revean la medida. El diario New York Times publicó hace unas semanas un informe alarmante sobre el estado de la situación. Según el matutino, apenas 158 familias y las firmas que controlan hicieron la mitad de los aportes que ya se registraron hasta ahora, o como dicen los militantes de ECU, «158 familias compran la elección». El 87 % del dinero fue a parar a candidatos republicanos.

La familia Wilks, de Texas, que ganó miles de millones con el boom del fracking, donó 15 millones para la campaña del senador texano Ted Cruz, una de las espadas del Tea Party. Un conocido de los argentinos como el buitre Paul Singer también puso en los bolsillos de Cruz, aunque por ahora sólo un millón.

En tiempos de sinceridad brutal, los hermanos Koch, que amasaron la cuarta fortuna de Estados Unidos desde el sector petrolero, no tuvieron tapujo en revelar el trasfondo de su interés en destinar parte de su dinero en campañas ultraconservadoras como las que apoyan regularmente. Preguntado por el conductor de Morning Joe, un programa que se emite por el canal de cable MSNBC, sobre la justificación para que los ricos pongan sin límites, Charles dijo: «Depende de con qué fin (se haga): si se trata de lograr políticas que abran oportunidades para las personas y deshacerse de todo este corporativismo y del Estado de bienestar, ¿qué?”

-¿Qué espera a cambio?, fue la repregunta.

-Me encantaría detener a este gobierno del (Estado de) bienestar corporativo.

Curiosamente, Koch habló también ese día de Bush hijo, al que acusó de haber sido uno de los presidentes más gastadores en la historia de su país, «creando más regulaciones destructivas» y poniendo a Estados Unidos «en contraproductivas guerras hechas sin sentido todo el tiempo».

Es aquí donde la serpiente se muerde la cola. Hay sectores, como ahora parece decir el Bush grande y los Koch, que interpretan de un modo tan extremo el rol del Estado como recaudador y beneficiador de las clases populares que ven un gasto innecesario el hecho de ir a la guerra. El problema sería la contraria, esto es, que la única forma de defender los derechos sociales sea a través de la industria bélica. Vaya paradoja estadounidense.

Tiempo Argentino
Noviembre 6 de 2015

Ilustró Sócrates