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La revancha de los escuálidos

La revancha de los escuálidos

Era esperable que la nueva Asamblea Nacional de Venezuela, ahora con mayoría absoluta de la oposición, diera una fuerte señal en su primera sesión de que se instalaba para cambiar el panorama político venezolano. Lo que no se imaginaba ni el peor de los malpensados es que el flamante presidente de la ANV, Henry Ramos Allup, entraría como elefante en un bazar a castigar a los símbolos más preciados de la Quinta República, fundada por Hugo Chávez con la reforma constitucional que puso en marcha tras asumir su primer mandato, en 1999. Porque la escena, difundida a través de las redes sociales, de Ramos Allup ordenando retirar la gigantografía del desaparecido líder popular y del propio Simón Bolívar del recinto resultó francamente irritativa para muchos seguidores del ex presidente y de lo que representó para la sociedad de su país.

El hombre, que a los 72 años se convirtió en el protagonista del momento, tiene una larga experiencia política y militó desde joven en las filas de Acción Democrática, uno de los dos partidos que se repartían el poder con el COPEI tras la firma del Pacto del Punto Fijo, a la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, en 1958. La AD se presentaba en su origen como una agrupación de centro izquierda social demócrata, aunque con el tiempo se fue corriendo cada vez más al centro y a las leyes del neoliberalismo.

De hecho, a la AD perteneció Carlos Andrés Pérez, el mandatario que a pesar de integrar la Internacional Socialista llevó al país hacia el neoliberalismo y en 1989 reprimió una masiva protesta social al costo de más de 300 muertos y unos 2000 desaparecidos en lo que se conoció como el Caracazo. Contra este sistema de represión pero también de opresión social y económica se movilizó el joven militar Hugo Chávez, que en 1992 intentaría, infructuosamente, derrocar al propio Pérez con un grupo de oficiales y suboficiales leales a su orientación política. El resto es historia conocida.

Ramos Allup tuvo algunos puntos en común en aquellos años con la posición de Chávez, ya que entonces se oponía a los ajustes económicos que planteaba Pérez. Pero así y todo, para la revolución bolivariana, no dejó de ser nunca -ni se lo propuso- sino un fiel representante de la llamada IV República, con todos los males que Chávez buscó eliminar en su refundación nacional de 1999.

Desde entonces, el actual jefe de la ANV y el chavismo se enfrentaron cada vez con mayor ímpetu. Ramos Allup integra la Mesa de Unidad Democrática (MUD), la alianza en la que se junta toda la oposición chavista, un conglomerado de 14 partidos de diversa extracción con el único objetivo de enfrentar y si puede destruir al movimiento popular bolivariano.

Según cables de Wikileaks, en la embajada de Estados Unidos lo habían llegado a catalogar así: «En vez de cortejar a los votantes venezolanos, la principal estrategia de Ramos ha sido intentar conseguir ayuda de la comunidad internacional» mediante numerosos pedidos de financiamiento del partido AD a distintos organismos de Estados Unidos.

El hombre, según dicen quienes le conocen las mañas, no deja resquicios para competidores internos y se mantiene en la secretaría de su partido desde 2001. En 2002 no tuvo un rol protagónico en el golpe, pero tampoco salió en defensa de la democracia chavista. Y en 2005 forzó a que los partidos de la oposición se negaran a ir a comicios porque consideraba que era la forma de dejar solo al gobierno. Fue una gruesa equivocación de la que luego se arrepentiría: «Nos equivocamos por seguir la corriente de opinión abstencionista. Hemos debido, como actores políticos, advertir del error. Fue un error y punto.»

En 2014, tras las guarimbas que causaron más de 40 muertes y por las que Leopoldo López permanece detenido, Ramos Allup lideró nuevamente a la oposición y fue la voz cantante en los diálogos que el gobierno de Maduro desarrolló en el Palacio de Miraflores a instancias de la Iglesia. Fue entonces que dijo haber estado «15 años esperando este momento».

La oposición venezolana, que ahora comanda el poder legislativo de un modo decisivo, ya adelantó que buscará en el término de seis meses expulsar a Nicolás Maduro del poder. Eso sí, aclaran, apelando a los recursos legales que tiene la constitución bolivariana. Ramos Allup asegura no estar preocupado por ser él quien termine ocupando el puesto de Maduro, porque se sabe, el candidato fue en las últimas intentonas democráticas, Henrique Capriles. Pero tampoco descarta ser un buen catalizador de las fuerzas más moderadas de Capriles con las más excesivas que representa el detenido López, quien quiere echar al chavismo de cualquier modo y lo antes posible.

El presidente, que tiene mandato hasta 2019, podría tener que enfrentar una consulta popular a mitad de mandato, tal como prevé la constitución. «Ellos quieren sacarme de la Presidencia, es una meta que se han trazado. En el caso de un referéndum revocatorio, que el pueblo decida. Yo en mi corazón tengo fe en el pueblo. Pero si vienen por otras vías, también será el pueblo el que decida», le dijo a la televisión oficial. El mandatario también se preguntó: «¿Quién puede gobernar este país en paz, a este pueblo rebelde, insurrecto? ¿Quién puede? ¿Ellos o nosotros?»

Para algunos la frase sonó a amenaza, para analistas con algo más de neutralidad, si bien puede haber algo de desafío en las palabras de Maduro, también hay mucho de verdad. En estos 17 años las conquistas de los venezolanos fueron muchas a nivel material pero fueron muchas más en lo simbólico. Y la muestra de su rebeldía podría incluso estar marcada por el hecho de que expresaron su descontento con la falta de respuestas ante la crisis económica votando mayoritariamente a un conjunto de partidos que más temprano que tarde mostrarán sus diferencias públicamente. De hecho, Ramos Allup fue elegido presidente de la ANV por 62 votos y su principal competidor fue Julio Borges, del partido Primero Justicia, con 49, siendo la suma de los diputados de la MUD en ese momento de 109.

El hombre fuerte de la Asamblea tiene dotes de orador a la vieja usanza de la AD y un perfil decidido y autocrático que parece encaminado a exagerar para agrupar a la oposición legislativa en torno de su liderazgo. Además de proponer un plan de acción para derrocar a Maduro, dijo que van a aprobar una ley de Amnistía para liberar a los presos por las violentas manifestaciones de 2014.

Habrá que ver cómo cae ese gesto despectivo con el que hizo retirar la imagen de Chávez del edificio del congreso. Se lo ve moviendo las manos como quien espanta moscas indicando al personal de maestranza que se lleven la gigantografía a Miraflores o a cualquier otro sitio pero lejos de la Asamblea. Lo mismo exigió con la imagen que el chavismo recuperó de Bolívar luego de estudios sobre su cadáver. Para el líder opositor, la que corresponde sería la tradicional del Libertador que se conoce de los libros de texto.

Habrá que ver qué dicen los chavistas que le dieron la espalda al oficialismo pero que difícilmente castigarían con esa inquina a su líder fallecido. Habría que ver incluso como responden sectores medios que sin ser chavistas apoyaron su gestión y acompañaron sus restos en las monumentales exequias de marzo de 2013.

Habrá que ver, finalmente, si los tiempos dan para esta revancha de Ramos Allup o es otro error de apreciación de un acérrimo enemigo enceguecido por el odio al líder popular. De un «escuálido» -como Chávez llamaba a lo que en Argentina se conoce como «gorilas»- cegado por la ola de restauración conservadora que se extiende en la región desde la última mitad del año pasado.

Tiempo Argentino
Enero 8 de 2016

Ilustró Sócrates

 

Dime como empiezas…

No es algo científico pero uno podría hacer una lectura de cómo le fue a diferentes gobiernos en relación a cómo empezaron. Y a grandes rasgos sale esto:
Solo en lo que va del siglo, Fernando de la Rúa comenzó con una represión de una manifestación en el puente de Corrientes que terminó con dos muertos. Se fue en helicóptero luego de haber reprimido manifestaciones con un costo de 40 muertos. Aníbal Ibarra asumió en la ciudad de Buenos Aires y a los pocos días una inundación acabó con la vida a cuatro abuelas que estaban alojadas en un subsuelo de un geriátrico de la calle Superí en Belgrano. Su carrera terminó con el caso Cromañón: 194 muertos.
Néstor Kirchner reformó la Corte y la llenó de gente digna luego de una década de un tribunal deleznable, salvo un par de excepciones A Cristina la oposición no le dejó completar ese tribunal, reducido luego de renuncias por edad y defunciones varias. Y se fue tras una medida no menos escandalosa que redujo su mandato, dejando a su pesar una minoría automática de tres personas en el más alto estamento del Poder Judicial.
Yendo para atrás en la historia, uno recuerda que los militares entraron asesinando a 30 mil ciudadanos y se fueron envueltos en el oprobio luego de intentar la recuperación de las Malvinas en una guerra insensata que costó la vida de casi un millar de chicos.
Raúl Alfonsín entró con los juicos de lesa humanidad contras las juntas de gobierno y tratando de no pagar la deuda oprobiosa que dejaron los militares. Se fue con hiperinflación y aceptando una ley de punto final y obediencia debida.
Carlos Menem empezó prometiendo revolución productiva y combatir la híper y se fue en medio del desprestigio y denuncias de corrupción, con inflación cero e índices de desocupación de dos dígitos -algo que no sucedió en la Argentina ni en tiempos de la dictadura- luego de malvender el patrimonio nacional. Pero aún así lo volvieron a votar en el 2003, con escasísimo margen, pero lo votaron casi un cuarto de los argentinos.
Todo esto para plantear un jueguito: Mauricio Macri asumió violentando la Constitución, anulando leyes por decreto y acelerando el tránsito al neoliberalismo, uno diría que contra la voluntad de más de la mitad de la población (porque a su proyecto lo votó el 34,15% en la primera vuelta, ¿sería muy forzado hacer la cuenta así?). Todo con el objetivo de destruir el estado populista, como expresan públicamente sus ideólogos (imprescindible leer a Joaquín Morales Solá). ¿Cómo imaginan que terminará?
Escucho propuestas.

Alimentar el monstruo

La tentación de caer en un argumento Ad Hitlerum en torno a la decisión de gobernar por decreto que asumió Mauricio Macri es mucha. Por eso de que llegó al poder por una diferencia mínima de votos y luego devino en una barbarie que escandaliza todavía al género humano. Pero no corresponde por variadas razones que no vienen al caso. Lo cierto es que los ejemplos para adosarle al flamante presidente argentino están más acá en el tiempo y la distancia. El camino elegido por Macri se asemeja mucho al de otro ingeniero, de origen japonés y nacionalidad peruana, Alberto Fujimori.
“El Chino” como se lo conoce en su país, llegó al poder en 1990 ganándole en la segunda vuelta al escritor Mario Vargas Llosa. En la primera no superaba el 25 por ciento de votos..
Un par de años más tarde, disolvió el Congreso y el Poder Judicial y desde entonces gobernó por decreto. Con ese estilo autocrático reformó la Constitución a su gusto y cometió todo tipo de tropelías en el marco del combate del terrorismo y de la aplicación de las leyes más crudas del neoliberalismo.
Vale la pena aunque más no sea consultar Wikipedia -sabiendo que hay mejores fuentes sin duda- para ver los detalles de cómo siguió su gestión, el caso es que Vargas Llosa nunca volvió a Perú –horrorizado por la dictadura fujimorista- y como ciudadano español ganó el Nobel de Literatura en 2010. En el año 2000 comenzó la caída de Fujimori, que cuando se las vio complicadas viajó al exterior como presidente y se escapó a Japón en busca de protección.
Luego de varias idas y vueltas, pudo ser juzgado en su país y condenado a 25 años de prisión hace justo una década, por delitos de lesa humanidad y corrupción a granel. Desde entonces está preso y busca alguna indulgencia para disfrutar del dinero mal habido antes de que la muerte le haga pagar sus culpas.
Gobernar por decreto de necesidad y urgencia se asemeja a una bravuconada que sepulta las posibilidades de vivir en democracia para los argentinos. Pero que además no beneficiará a nadie. En el caso de la Ley de Medios, le da la espalda al poder legislativo, porque pretende poner fin a una ley votada en el Congreso. En el caso del judicial, intenta ignorar que la ley fue declarada constitucional por el Supremo Tribunal.
Es cierto que en la historia argentina no es la primera vez que un pequeño grupo que se hace del poder echa por tierra con la voluntad popular. Un bando militar clausuró la Carta Magna de 1946 sin que a los opositores del peronismo, que tanto se jactaban de republicanos, se les moviera un pelo. Y ningún tribunal supremo declaró anticonstitucional un golpe de estado. Pero además, le pone una mancha más al historial de Clarín. Que se quedó con Papel Prensa en la dictadura y ahora terminaría de legalizar su monopolio con un golpe antidemocrático a la luz del día.
Parece que la coalición Cambiemos está aceptando sumisamente –o participó activamente detrás de bambalinas- de la ejecución de esas medidas. ¿Cuántos salieron ya a protestar en nombre del republicanismo? Y si la excusa es que esa es la forma de enfrentar al populismo o que el anterior gobierno tampoco mostró apego a las instituciones, pues en primer lugar nunca el kirchnerismo llegó a semejante atropello. En segundo lugar, de ahora en más cualquier gobierno podrá gobernar por decreto e incluso duplicar la apuesta, porque total, TODOS hicieron lo mismo y más. O sea que es una república, si, pero bananera.
Uno de los partidos con que se presentó a comicios Fujimori fue Cambio 90. ¿Será casualidad de marketing político el nombre de la alianza macrista? Sería bueno, de paso, que Vargas Llosa, quien no es precisamente un amante del populismo, diga algo sobre estas graves señales. ¿O a él también le parecerá que todo vale con tal de enterrar al peronismo?
Se necesita cordura en estos momentos difíciles para la Argentina. Pero los que más la tienen que garantizar son los dirigentes políticos y los jueces. Y sobre todo los que están junto al nuevo gobierno. No sea cosa que alimenten un monstruo por una simple ventaja particular sin medir las consecuencias.
La historia no los absolverá.

Enrique Dussel o cómo interpretar el mundo desde América Latina

Enrique Dussel o cómo interpretar el mundo desde América Latina

Dice, con un tono de ironía, que debe ser el único filósofo en la historia al que le pusieron una bomba. Porque los hubo que terminaron presos, perseguidos, obligados a tomar cicuta como Sócrates, incluso su discípulo Platón fue vendido como esclavo. Pero de un atentado terrorista, como en su caso, perpetrado por la Triple A en 1973, no hay registros. ¿Por qué Enrique Dussel era peligroso para las bandas fascistas? Tal vez porque cultiva un pensamiento crítico del eurocentrismo y había sido el fundador de la Filosofía de la Liberación, un movimiento destinado a cambiar la forma de ver al mundo, desde la periferia, con base en América Latina.

Exiliado en México desde 1975, construyó desde allí una sólida obra de referencia, inevitable para la identidad latinoamericana, y llegó a ser rector de la Universidad Autónoma de aquel país. De paso por Buenos Aires, Dussel habló con Acción sobre el particular momento que vive la región, luego de una década larga de gobiernos progresistas y con un papa, el primero, que llegó a Roma desde este rincón del planeta.

–Se percibe un reflujo de los movimientos populares en Brasil, en la Argentina, ¿cómo ve la situación?

–Yo diría que es una onda. Siempre aclaro que no hay y no es posible que haya un sistema político perfecto. Y si es imperfecto hay efectos negativos no casuales sino inevitables. Toda decisión que tome debo saber que tendrá algún efecto negativo que aparecerá a corto o a largo plazo. Uno tiene que actuar con un realismo crítico: hagamos lo mejor que podamos sobre la capacidad que tenemos de diagnóstico pero no soñemos con que esto no va a tener su reflujo, sobre todo, después de una euforia y de lograr por primera vez en la historia tener gobiernos de izquierda. Habíamos tenido revoluciones circunstanciales como la cubana o la chilena, el sandinismo, la zapatista. Pero las revoluciones no son instantáneas. El siglo XX fue un siglo de grandes revoluciones como instantáneas: la Revolución de Octubre, la Revolución China, pero una revolución exige decenios y a veces siglos. Estamos en una concepción un poco más realista pero crítica. El reflujo es también inevitable. Toda institución es ambigua y la burocratización dentro de la condición humana también es de alguna manera inevitable. Entonces hay crisis de lo que se propuso, hay corrupción, son cosas a veces inevitables. Pero hay que computarlos como datos a continuar y para poder superarlos. Es parte de la experiencia que tenemos, muy creativa y más creativa por el hecho de que debemos aprender a superar estas crisis. Yo no las veo fatales ni finales, sino propias de un proceso creciente. Porque se va tomando cada vez más conciencia de lo que esto significa. Veo que hay un proceso de la segunda emancipación, la primera se realizó políticamente, en algunos aspectos económicamente, culturalmente, pero caímos en el neocolonialismo. Ahora, como dirían Martí y Mariátegui, estaríamos en el segundo proceso de emancipación, que también tendrá su recaída.

–¿Cree que hubo en un avance, que hay un limite y que no se va a poder volver atrás?

–Nunca hay que decir que no se va a volver atrás porque lo hicimos alguna vez, por caso, en los 70, y volvimos casi peor con el golpe de 1976. Tal vez sea un paso adelante y dos atrás y después tres para adelante. Todo pasado puede volver pero hay que hacer lo posible para que no ocurra. Tiene que haber un realismo primero en la política porque un cierto idealismo moralizante es nefasto y la extrema izquierda, al fin, se une con la extrema derecha. A veces son los peores enemigos de la revolución.

–¿A qué llama idealismo moralizante?

–En este caso sería el sentido cotidiano de la palabra. He tenido discusiones con grandes pensadores con los cuales he estado de acuerdo en casi todo, pero me dicen «eliminemos el Estado». ¡Pero vamos a necesitar de todas maneras una macroinstitución para poder saber de qué se trata lo público! Algunos dicen en Bolivia no hay revolución, que Evo Morales no sirve para nada. Pero ha hecho mucho, no es perfecto, está el extractivismo, de acuerdo. Díganme cómo lo podría mejorar y eso lo vamos a ir descubriendo en decenios, porque nadie tiene la varita mágica con la solución, y nunca hubo soluciones inmediatas. Me dicen «la crítica del capitalismo está bien pero ¿cuál es su alternativa?». El capitalismo fue la alternativa al feudalismo pero en el siglo XVII no habían nombrado al fenómeno ni sabían lo que estaban haciendo. Simplemente estaban en contra del feudalismo e iban haciendo las cosas de otra manera. Después se tomó conciencia de que era la alternativa cuando miraron para atrás. ¿Cómo será la nueva empresa futura? Habrá que ir viendo, y esto es un realismo crítico con principios normativos y también políticos, económicos, culturales. Pero no hay proyecto armado. A la presidenta de Brasil, que a sus 18 años fue una mujer generosa que se metió en un movimiento guerrillero y que la torturaron, ¿qué más le podemos pedir? Que haya aflojado demasiado y le estén comiendo el Amazonas, bueno, son errores. Y que ahora Lula, que fue sindicalista de mucha historia y tiene capacidad de negociar, le dé su apoyo para sostenerla, bueno.

–Es un líder, que no es poco.

–Con autoridad además, que se jugó, arriesgó, es un hombre extraordinario.

–¿Cómo ve el rol de un líder en los procesos políticos?

–Lenin, Mao, Ho Chi Minh, Fidel Castro, han sido grandes líderes. Toda gran revolución se hizo con líderes y no hay un gran libro sobre el liderazgo en política.

–Hay libros sobre liderazgo en deportes o en la empresa.

–Bueno, ahí sí hay liderazgo y escuelas y todo. Recuerdo cuando recibí el premio al Pensamiento Crítico en Venezuela, estaba Chávez, leí un texto que está en un librito que se llama Carta a los indignados y que habla sobre el liderazgo democrático. Había como 3.000 personas que nos miraban a ver cuándo metía la pata. Porque yo empecé a hablar del liderazgo que se desvía y hablaba de Pinochet, Hitler y las dictaduras. Y entré en la necesidad de tener maestros en política, de gente que habiendo sido elegida encarna los principios coherentemente. Y terminé diciendo que de todas maneras el perfecto liderazgo es su disolución, el momento en que el líder dice «ya no me necesitan porque aprendieron». Hugo Chávez dijo entonces «me ha gustado eso de la disolución del liderazgo», se pasó como una hora y media hablando (risas) y vi que el hombre lo tenía muy claro. Él era un maestro que agarraba su pizarrón en el show de los domingos y hablaba a la gente de política y de lo que había que hacer. El pueblo venezolano necesitaba todavía de un líder por bastante tiempo, pero se murió joven.

–¿Por qué piensa que debe ser así?

–Cuando un pueblo no ha vivido la experiencia de una participación en donde uno cree en sí mismo, se da cuenta de que es la sede de la soberanía y no un esclavo. Nuestros pueblos no lo han hecho nunca. Aun antes de la conquista, en el imperio inca o maya, también había aristocracias muy fuertes. Hasta que el pueblo empiece a tomar conciencia, creo que el liderazgo es importante en todos los niveles. Líder es también el que Walter Benjamin llamaría el Mesías, el que encarna los principios. Porque los principios son abstractos, hay que verlos funcionando, y eso es más difícil. Alguien que los cumpla y que uno pueda creer en la persona. La fe es fundamental. Si alguien me dice «te están esperando en la puerta», yo no he visto a nadie porque no estoy en la puerta. Le creo y voy sobre sus palabras; si llego y no hay nadie digo: bueno, fue un chiste, la próxima te creo menos. Pero si llego y hay alguien le creo más. El líder es muy importante en todos los niveles, en el barrio, en el sindicato, en la escuela, el profesor, la gente imita a una persona que cree en lo que dice y vive con coherencia.

–Pero en América Latina algunas palabras son tabú y cuando aparece una figura de esa envergadura recibe todo tipo de ataques y se lo tilda de dictador.

–Eso lo dice una elite que tiene el poder y los medios en sus manos y devalúa ese magisterio que es el que va a permitir al pueblo el ejercer el poder de sí mismo. Como temen que el pueblo aprenda a ser, entonces liquidan a los maestros que inician la tarea.

-Hay gente que lo piensa sinceramente y compara la realidad de Europa con los populismos regionales. Usted alguna vez dijo que en Latinoamérica nunca hubo fundamentalismos como pasa en otras partes. ¿Por qué cree que sucede eso?

–Es que el fundamentalismo es un fenómeno muy reciente, ya sea fundamentalismo musulmán, sionista o cristiano. En América Latina aconteció algo inesperado por su situación geopolítica y cultural y también mítico-religiosa, cuestiones que no se hablan pero que ya es tiempo de que se lo haga en una etapa postsecularista en la que estamos entrando, en el peor y el mejor sentido. La Ilustración del secularismo dijo «a las religiones irracionales dejémoslas de lado», y entonces el político, y aun el hombre de izquierda, dejó la religión afuera y ya no sabe cómo funciona. Y cuando se le viene el fundamentalismo no sabe cómo hacer. Lo que hace falta es entender de qué se trata, pero para eso es necesario integrar el mito y la religión a las ciencias sociales como antes de la Ilustración y saber cómo se maneja. Yo digo que en lugar de gastar tanto dinero en aviones y en drones se cree un instituto de enseñanza islámica. La izquierda secularista perdió el mundo mítico en el cual el pueblo encuentra sentido. La ciencia no da sentido, da verdad: llega al médico y dice «se murió», y me da el certificado donde dice que se murió y si le pregunto «doctor cuál es el sentido de la muerte», me responde «eso no lo puede decir la medicina». Y a mí lo que me interesa es saber el sentido de la muerte, porque cuando ella se murió, me dijo «ya nos veremos», y estaba contenta. Usted hubiera dicho «ya está, se murió, se terminó», pero ella no estaba tan triste porque pensaba que íbamos a volver a encontrarnos. Le dio un sentido a la muerte que no es científico. Al fin, lo que vale en la vida es el sentido, la celebración, y ese mundo mítico la izquierda lo había perdido. En América Latina no se perdió eso. Y ahora lo puedo hablar porque los argentinos están presentes en el mundo por un tal Francisco. Marx dice que el dinero se enaltece a sí mismo y toma la forma de dios en el capital. ¿De dónde tomó ese texto Marx? Es es un antitexto de Pablo de Tarso, que dice «Cristo, de naturaleza de Dios», y usa las mismas palabras de Marx, «se alienó a sí mismo, y tomó la forma del siervo». Marx invierte el texto de Pablo de Tarso. Tengo una tesis que hizo un alemán donde cita 17 textos sobre el Anticristo y para Marx el capital es el Anticristo. Lo que los teólogos llaman el pecado original es la acumulación original. Se me ocurrió que si yo usaba todas esas metáforas quiere decir que hay un discurso económico fuerte pero hay un segundo discurso débil, metafórico, si se unen sale una verdadera teología completa. Con puros textos de Marx, es un libro de 400 páginas que he escrito. Pienso que de alguna manera la teología de la liberación puso la vacuna al fundamentalismo cristiano. Ese fundamentalismo lo ponían los militares en nombre de la civilización occidental y cristiana, y entre los peores enemigos que tenían estaban justamente los cristianos de izquierda.

–¿Cómo ve el rol del papa, entonces?

–Yo creo que para la iglesia ha venido una suerte de renovación inesperada y es producto de la realidad argentina. Recuerdo una oración del padre Mujica que decía «te pido perdón porque yo puedo hacer una huelga de hambre, pero ellos no pueden hacer una huelga con su hambre». Y la Triple A lo mató.

–Ese fundamentalismo del que hablaba, ¿no es incentivado desde Occidente, no es funcional a los poderes coloniales?

–Ha sido potenciado por el fundamentalismo cristiano de Reagan, de Bush. Estados Unidos le sirvió de aliado. Pero Israel también ha jugado un papel bastante negativo. La presencia de Netanyahu en el Congreso el año pasado, sin permiso del presidente, creo que ha sido un momento grave de la alianza norteamericano-israelí que tenía en Israel su punto de apoyo en el Oriente Medio petrolero. Yo viví dos años en Israel, trabajé con palestinos y conozco bien cómo metieron el dedo en el avispero y ahora hay un avispero terrible y con sentidos contradictorios. Saddam era un dictador, sí señor, era una víbora como decían ellos, pero ahora entró una víbora mucho peor. Han destruido países enteros por ganar elecciones; Bush, ese fundamentalismo cristiano que quería derrotar al terrorismo, ha creado un mundo de terroristas.

–¿Es una consecuencia no deseada o es el objetivo de la industria militar?

–La industria militar está en auge. Cuando se vino abajo la Unión Soviética uno decía «ahora habrá una pax americana». Pero estos tipos en vez de parar le imprimieron un nuevo rasgo. Ahora usan otras técnicas, le dan dólares a la oposición que es la que pone los soldados. Lo hacen también en Venezuela, en Brasil y en la Argentina. Son las nuevas teologías, pero más terroristas que nunca, producidas por la CIA, que empezó con un teólogo fundamentalista de Arabia Saudita, Al Qaeda, y en Afganistán contra los rusos. Ellos les enseñaron a transformarse en guerrilleros y luego se volvieron contra EE.UU., pero yo creo que estamos en el fin de proceso, del imperio y del eurocentrismo y de muchas cosas, por eso no hablo de posmodernidad, que es la última etapa de la modernidad. Yo digo que estamos al fin de la modernidad porque estamos ante un mundo nuevo que surge. Y filosóficamente estoy en eso.

Consejos al Obispo

Enrique Dussel, 81 años, nacido en Mendoza, fue en busca del pensamiento latinoamericano a lo largo del Mediterráneo y llegó a Israel, donde vivió en un kibutz a fines de los 60. A su regreso plasmó una nueva filosofía, perseguida por la dictadura, hermanada con la Teología de la Liberación, igualmente foco de persecuciones.

«Me formé en la cultura clásica, griego, latín», recuerda el autor de una lista interminable de publicaciones donde desarrolla un programa para interpretar el mundo desde la periferia. Ese horizonte se le abrió ya en su primer viaje, a la España franquista, «la única que había», con una beca doctoral.

«Mi padre fue bisnieto de un alemán que en 1870 llegó a Buenos Aires, hijo de un carpintero socialista que hizo los muebles de la Casa del Pueblo, quemada en los 50 cuando comenzó el movimiento contra Perón. Ese bisabuelo mío le puso Carlos a mi tío y al segundo hijo le puso Heinrich y yo me llamo Enrique. Por un tal Karl Heinrich Marx», recuerda.

–¿De dónde viene este acercamiento a la religiosidad?

–Mi padre era médico, educado con la Reforma, en Córdoba, el fenómeno religioso estaba ausente de su vida, era un materialista práctico, conservador además, pero muy buen médico popular: iba a ver a la gente al rancho a caballo, porque era un pequeño pueblo. Mi madre era italiana, Ambrosini, y ella sí era católica, pero era una mujer fantástica de mentalidad libre. Hasta el obispo venía a casa a pedir consejos. Era una mujer abierta y ahí tuve el contraste completo.

–¿Cómo se interesó en los temas latinoamericanos?

–Cuando terminé la carrera, saliendo con el barco hacia España, veía el puerto que se alejaba, y al llegar a Montevideo me di cuenta de que no sabía nada del Uruguay. Y luego llegué a Santos y vi afros, que no los había visto en mi vida. Me di cuenta de que no conocía América Latina. A los tres días, Dakar, África, luego Casablanca, el Asia y llego a Portugal, Europa. Y fui descubriendo al gaucho, porque el gaucho viene de Extremadura, viene del Magreb, del desierto de Arabia. Terminé el doctorado y me fui al Oriente Medio y descubrí el mundo semita, una historia de 5.000 años. La filosofía no empieza en Atenas sino en Egipto, en la Mesopotamia, 30 siglos antes. Atenas era una colonia de Sais, la fundaron los egipcios; Palas Atenea era Neith la diosa de Sais, los pitagóricos fueron la primera escuela de filosofía y es egipcia; Tales de Mileto era de familia fenicia.

–Y ahora usted intenta abrirse a un pensamiento sur-sur.

–Hemos empezado a discutir y a hacer un pensamiento sur-sur filosófico con África, el mundo islámico, China, Indostán. Sin europeos ni norteamericanos. Primero discutir entre nosotros y luego ir hacia adelante.

 

Revista Acción
Enero de 2016

Foto de Horacio Paone

Golpe a golpe en España

Golpe a golpe en España

El puñetazo que recibió Mariano Rajoy en una callejuela de Pontevedra y el acalorado debate que un par de días antes había cruzado con el candidato del PSOE, Pedro Sánchez, sumado al ataque talibán a la embajada española en Kabul que provocó la muerte de dos policías, recuerdan aquel poema de Antonio Machado, «golpe a golpe, verso a verso». Es que este domingo los españoles tienen ocasión de cambiar de modo radical el modelo de democracia que se instauró a la muerte de Francisco Franco, dictador por 36 años tras la cruenta guerra civil. Por eso este 20D es visto con particular atención en varios rincones del mundo. Porque podría significar una nueva refundación en ese país atribulado por la crisis y el regreso de algunos viejos fantasmas.

Rajoy, presidente del gobierno desde 2011, llegó al poder en un clima de revuelta social por la crisis económica y las movilizaciones en las plazas públicas surgidas desde el mítico 15 de Mayo. Ese movimiento se conoció como el de los Indignados, por el libro de Stéphane Hessel que planteaba salir a las calles a defender las conquistas sociales conseguidas por los europeos al fin de la Segunda Guerra y que eran y son cercenadas por los organismos europeos. A pesar de las protestas generalizadas, la ciudadanía terminó apoyando la opción conservadora.

El resultado de la gestión del líder del Partido Popular fue el esperable, teniendo en cuenta el esquema ideológico del que parte. Los índices de pobreza –que venían creciendo con José Luis Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista Obrero Español– treparon al 29,2% de la población, afectando a 13.657.232 personas, de acuerdo el índice AROPE (por las siglas en inglés de Riesgo de Pobreza y Exclusión), que elabora la EAPN (por Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social). La franja de mayor exposición es la de los menores de 16 años, donde la pobreza llega al 30,1 por ciento. Lo más alarmante desde el punto de vista simbólico es que los trabajadores en riesgo de pobreza –o sea que de nada les vale trabajar porque siguen siendo menesterosos– pasaron de 11,7 a 14,2% en el último año.

En paralelo, el 10% más rico tiene ingresos 14 veces mayores que el 10% más pobre. «De hecho, el 10% más rico posee ingresos equivalentes a los de la mitad de la población española», puntualiza el informe.

La revista Forbes, por otro lado, reveló hace algo más de un mes que la fortuna de los 100 españoles más ricos creció el 15% en un año, llegando a un total de 24.826 millones de euros. El multimillonario Amancio Ortega, dueño de la cadena de tiendas Zara entre otros emprendimientos, está al tope de la lista, con una fortuna de 60.900 millones, 14.900 millones más que en 2014. Los otros acaudalados son los propietarios de grupos como Ferrovial, Mercadona, Mango, la cervecera Mahou San Miguel.

Mientras tanto, desde todos los rincones del mundo miran a España como una oportunidad para hacer negocios, al punto de que Wang Jianlin, el hombre más rico de China, busca sumar otras joyas de la península a su colección particular, entre las que figura el 20% del Atlético de Madrid, que compró en enero pasado por unos 50 millones de euros, y el legendario Edificio de España, de Madrid, que le costó la friolera de 265 millones. Hay otras «ofertas» en danza en la Madre Patria y de acuerdo a un artículo del portal Russia Today, «por tan sólo 60 mil euros es posible comprar un pueblo entero bien conservado».

Es más, según informaciones publicadas por los diarios españoles El País y Cinco Días y el británico Daily Mail, hay 35 pueblos gallegos que están en venta. Además, ya el 40% de las empresas españolas están en manos extranjeras, al igual que el 53% de la deuda pública.

Podrá decirse que esta realidad obedece a un proceso de globalización que es común en muchos otros lugares del planeta. Pero para un país que en los 90 se expandió hacia América Latina con sus capitales financieros y de servicios representa un fuerte retroceso.

Como sea, si algo ocurrió en estos cuatro años de Rajoy fue que aquel movimiento del 15M alumbró nuevas camadas de dirigentes que lograron fracturar el bipartidismo que se había instaurado con la constitución de 1978. Podemos, una agrupación de izquierda liderada por Pablo Iglesias, tuvo en jaque al PP y el PSOE con sus planteos en contra de lo que tildan de «una casta» que vive a expensas del pueblo. Esta caracterización se coló en la sociedad luego de los procesos judiciales que se descargaron sobre la cúpula del PP, envuelta en la llamada trama Gürtel, un esquema de financiación ilegal que llevó a la cárcel al tesorero del partido, Luis Bárcenas y enloda a toda la dirigencia. Si de corrupción se habla, es bueno recordar que la familia real está inmersa en su propia trama desde que se procesó al esposo de la infanta Cristina de Borbón por negocios irregulares con dineros públicos. Juan Carlos de Borbón, el rey designado por Franco y que fue clave para la consolidación del sistema democrático en el intento golpista de 1981, tuvo que abdicar por el descrédito de la monarquía por la situación de su hija y sus propios escandaletes.

Pero no sólo de corrupción y crisis se habla en la España de estos días. Cataluña es uno de los problemas que deberá enfrentar el ganador del comicio. El empecinamiento de Rajoy y de Artur Mas elevaron la tensión independentista al máximo y ahora habrá que ver como siguen las cosas en el distrito más rico de España. La otra cuestión es la Ley Mordaza, una lindeza que desde julio pasado le pone límites a las manifestaciones y a la protesta social con multas y hasta prisión.

En este contexto, Podemos fue avanzando a un ritmo que parecía indetenible, y logró armar alianzas que le permitieron alcanzar la alcaldía de Madrid con la ex jueza Manuela Carmena y la de Barcelona con la militante social Ada Colau. Pero el avance se fue descomprimiento a medida que la derecha fue ganando espacio en América Latina, donde el partido tiene cercanías ideológicas con los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro Venezuela y de Cristina Fernández en Argentina. El PP está alineado con los sectores conservadores latinoamericanos y así como apoyó a la MUD en tierras bolivarianas se presentan como socios ideológicos del actual mandatario argentino. El PSOE también pesca en esos ríos.

El candidato del socialismo español, Pedro Sánchez, de 43 años, es la renovación de su partido. Pero desde la centroderecha española hay una competencia que se ubica entre el PP y el PSOE y representa otra oferta para los sectores que se oponen al «bipartidismo del régimen». Se trata del partido Ciudadanos, liderado por el catalán Albert Rivera, quien con Iglesias, tienen la edad de la Constitución que ahora pueden llegar a cambiar, como prometieron en campaña.

Las últimas encuestas señalan que el PP, con el 26,2%, ocupa el primer lugar en intención de voto; lo siguen el PSOE, con el 21%, pero ahí nomás está Podemos, con 20,4, y Ciudadanos, con 19. Así las cosas, nadie podría gobernar sin acuerdos políticos.

El único debate al que aceptó ir Rajoy, con Sánchez, tuvo una violencia inusual en España. «El presidente del Gobierno tiene que ser una persona decente y usted no es decente. Tenía que haber dimitido», le espetó Sánchez, hablando de la corrupción. «Hasta aquí hemos llegado. Es usted una persona ruin, mezquina y miserable», le espetó Rajoy.

Dos días más tarde, Andrés V.F. un adolescente de 17 años, le propinó al jefe de gobierno un tremendo jab de izquierda en tierras gallegas. El chico tiene una lejana relación familiar con la esposa de Rajoy. No se trató de un hecho político, explicó el mismo gobernante.

El mandatario recibió la solidaridad de toda la dirigencia española y de los máximos gobernantes europeos. Todos se juegan algo este domingo, luego de que la izquierda portuguesa logró armar gobierno contra la voluntad del otro régimen, el de Bruselas, la sede de la UE.

Tiempo Argentino
Diciembre 18 de 2015

Ilustró Sócrates

Macrismo y neodictadura

Hay que reconocerle inteligencia y perspicacia a Joaquín Morales Sola, el columnista estrella de La Nación. Porque en su columna editorial del domingo pasado puso los puntos sobre las íes en lo que realmente se juega en la Argentina de estos días, más allá de cuestiones «menores» como la eliminación de las retenciones y del «cepo» cambiario, y le dice al presidente Mauricio Macri, directamente, que «no tiene derecho al error, como etapa histórica». ¿Por qué? Pues porque un «eventual fracaso significaría el regreso del populismo por un tiempo previsiblemente largo». Y agrega a renglón seguido que «una gestión exitosa de Macri podría modificar sustancialmente la vetusta política argentina, sus viejos códigos y sus anquilosadas estructuras. Podría dejar atrás a la dirigencia política que debió irse con la gran crisis de 2001 y que, por el contrario, encontró un refugio oportuno en el kirchnerismo».

Mucho de cierto hay en lo que escribió Morales Solá, aunque uno difiera en cuanto al tono y a la intención con que lo presenta. La crisis del 2001 efectivamente puso a la dirigencia política en un trance de vida o muerte Y la intervención de Morales Solá en ese momento histórico también fue decisiva. Como se recuerda, fue una columna suya la que desnudó la escandalosa compra de votos para aprobar una ley de flexibilidad laboral que cercenó derechos de los trabajadores como ni siquiera la dictadura se había atrevido.

La vergonzosa ley Banelco, una maniobra de la que participaron representantes del peronismo y del radicalismo, que entonces conformaba la Alianza junto con sectores de centroizquierda, llevó primero a la renuncia del vicepresidente Carlos Chacho Álvarez y luego a la caída estrepitosa del presidente Fernando de la Rúa.

Si algo bueno puede haber tenido el paso de Carlos Menem por el gobierno fue sin dudas el haber derrotado al partido militar, que desde el golpe contra Juan Domingo Perón en 1955 co-gobernó la Argentina para imponer los intereses conservadores sobre el resto de la sociedad.

El 2001, en otros tiempos, hubiese culminado con un golpe militar. La dirigencia del momento, en cambio, más allá de la grotesca seguidilla de cinco presidentes en una semana -parece mentira pero ahora se cumplen exactamente 14 años- encontró una salida bastante civilizada con el mandato provisorio de Eduardo Duhalde. Tras los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, Duhalde tuvo que llamar a elecciones y así fue que un mayoritariamente desconocido Néstor Kirchner logró colarse entre los candidatos.

Como también se recuerda, el ganador del comicio de 2003 fue Menem, con 24.45% de los votos sobre el gobernador de Santa Cruz, que obtuvo 22,24. Kirchner fue ungido presidente porque Menem desertó del balotaje. Sabía que lo iba a perder pero sobre todo lo convencieron de que así dejaría un mandatario políticamente muy débil.

Desde allí Kirchner fue construyendo el poder que luego Cristina Fernández acrecentó al punto de irse con una plaza llena de manifestantes que la vivaron como no se tienen antecedentes de un presidente argentino. Baste solo mencionar que los dos grandes líderes del siglo XX, Hipólito Yrigoyen y Perón, fueron expulsados con sendos golpes de estado y luego la historia se encargó de ponerlos en su lugar y de honrarlos como se debía. Perón se dio el gusto de volver, Yrigoyen murió en la más absoluta pobreza. Raúl Alfonsín, otro líder de fuste, aunque de otro nivel, pudo reconciliarse también con la historia cuando los polvos del presente se decantaron.

El discurso con que Macri ganó el primer balotaje en la historia argentina fue el de la unión y la reconciliación. ¿Por qué? Pues porque en estos años si algo ganó la sociedad fue el debate político. Y la discusión política es apasionada, visceral. No es que ahora hay una brecha que antes no la había: es que ahora se discute en cada familia, en cada rincón del país, y eso genera controversias que para un sector importante de la clase media resultan intolerables. Antes las diferencias quedaban sumergidas bajo un manto de corrección -o pacatería- política.

Entre las cosas que no le perdonan a CFK, tal vez una de las más relevantes es la de haber desnudado la hipocresía o la vaciedad de ciertas costumbres argentinas. No todos quieren debatir, no todos se bancan argumentar o razonar políticamente. Para no confesarse sus propias miserias, por conveniencia, por comodidad. incluso por ignorancia. El discurso de Macri molesta a las capas más politizadas de la ciudadanía, pero es ideal para cauterizar esa brecha en la que «ellos» se sienten en desventaja.

Una brecha que representa un paso que no quieren dar porque implica reconocer la existencia de privilegios, y de que ellos disfrutan de esos privilegios. ¿Eso significa que el gobierno de CFK iba camino a la revolución socialista? Desde luego que no, pero todos los golpes en Latinoamérica fueron contra gobiernos progresistas, que abrieron debates similares de cara a la sociedad. Al único gobierno efectivamente revolucionario, el de Cuba, no pudieron derrocarlo. Sin embargo, ¿por qué será que la derecha necesita acallar los debates? «Por las dudas» suena a buena respuesta. Porque «así se empieza» también.

Mientras tanto, se comprueba fácticamente que hay un porcentaje de la sociedad argentina que se siente más cómodo cuando nada se cuestiona, cuando los medios aceptan y avalan a las autoridades a cargo. Como decía el diseñador de modas Roberto Piazza, «Mirtha Legrand es una suegra mala», porque siempre critica maliciosamente. Macri es la respuesta confortable, el novio aceptable porque tiene plata y todos hablan bien de él, salvo, claro, «los muchachos de la esquina», lo peor del barrio, que ya sabemos en qué andan.

Macri es el que hará callar a los morochos que todo lo discuten desde una mirada populista. Por las buenas o por las malas. De allí la advertencia de Morales Solá. ¿Si fracasa Macri que viene? ¿Más populismo, la vía argentina al socialismo, o volverá la política? Por eso también Macri es la solución adecuada para el establishment. Porque dejó afuera a la dirigencia política, se rodea de managers, ejecutivos de empresa, les tira unas migajas a los radicales -¿por qué se bajó Ernesto Sanz?- y con eso conforma una alianza conservadora que es igual a la que gobernó a través de cuanta dictadura hubo, pero elegida por el 51,4% de la ciudadanía.

¿Ignoraban los que votaron a Macri quién es el nuevo presidente? Es cierto que muchos votaron contra la «autoritaria, la dictadora, la yegua». Pero muchos, muchísimos lo votaron porque justamente representa eso de que con los militares estaban mejor. Tiene razón Marcos Aguinis, «cuando Videla asumió, parte de la población respiró». Y esa parte de la sociedad eligió un gobierno que les promete no revolver las culpas por haber apoyado ese golpe genocida. Borrón y cuenta nueva con el pasado.

En un par de días, Macri ya demostró que las instituciones y el republicanismo le importan poco. Con un decreto eliminó en la práctica la ley de educación del 2006. Dijo que había sido un error, pero mientras no se modifique ese decreto eliminó una ley democrática. Lo mismo quieren hacer con la ley de Medios, la más debatida de la historia argentina. Desde que un bando militar anuló la Constitución de 1949, votada por la democracia en el primer gobierno de Perón, que no se burlaba tanto la voluntad popular.

La última -por ahora- fue designar por decreto a dos nuevos jueces de la Corte. Si Cristina era dictadora y autoritaria ¿Cómo se puede calificar a esta medida, de mayor gravedad de cualquiera intentada por la ex presidenta?. ¿Dónde están los republicanos que no hacen una marcha en defensa de la separación de poderes? ¿Qué va a decir el presidente de la Corte, que tanto se llenó la boca hablando de independencia del poder judicial? ¿Qué van a decir de quienes se oponen a estos atropellos? ¿que son todos kirchneristas, que se quedaron en el 2015, como en los 90 se acusaba a quienes defendían al rol de Estado y la defensa de los puestos de trabajo de haberse quedado en el 45?

Y esto recién empieza.