por Alberto López Girondo | Jun 24, 2018 | Sin categoría
A punto de agotar la quinta parte del siglo XXI, parece noticia vieja recordar que el siglo no comenzó en el año 2000, como mucho se debatía por aquellos días, sino el 1° de enero de 2001. Y ese fue un año que de un modo implacable echaría sobre la mesa las cartas que se jugarían durante estos años y los que se vienen. Y si no, veamos esta cronología apurada.
La globalización, que se expandió en todo el mundo tras la caída de la Unión Soviética, en 1991, entró en crisis por el fracaso del neoliberalismo y las consecuencias catastróficas de los ajustes perpetuos para la sociedad, que se hacían palpables en las naciones periféricas y fueron exacerbado sobre todo en América Latina y particularmente en la Argentina.
Fue creciendo así una corriente crítica de ese “pensamiento único”, que se cristalizó en enero de 2001 en el primer Foro Social Mundial, organizado por la Asociación Internacional para la Tasación de las Transacciones Financieras para la Ayuda al Ciudadano (ATTAC) y el Partido de los Trabajadores de Brasil (PT), en Porto Alegre, la ciudad de Río Grande do Sul que gobernaba el partido creado por Lula da Silva en 1980 para representar a la clase obrera en las instituciones democráticas brasileñas. Opuesto al Foro de Davos, emitió un documento bien claro sobre su objetivo. “Construimos una gran alianza para crear una nueva sociedad, distinta a la lógica actual que coloca al mercado y al dinero como la única medida de valor. Davos representa la concentración de la riqueza, la globalización de la pobreza y la destrucción de nuestra planeta. Porto Alegre representa la lucha y la esperanza de un nuevo mundo posible donde el ser humano y la naturaleza son el centro de nuestras preocupaciones”. La consigna “otro mundo es posible” se extendió como reguero de pólvora entre la víctimas del modelo de todo el planeta.
Estados Unidos, mientras tanto, planteaba una estrategia basada en lo que George Bush padre llamó “El Nuevo Orden Mundial”, regido desde Washington, con el apoyo estratégico del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) en esta parte del mundo, y de la Unión Europea y el poder militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sin un enemigo visible contra quien luchar desde el fin de la Guerra Fría.
Hasta que el 11 de setiembre de 2001 los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York y al edificio del Pentágono lo cambiaron todo. Estaba en el gobierno George Bush hijo, y la derecha dura estadounidense aprovechó el estupor inicial para tomar una serie de decisiones que pusieron contra las cuerdas a las libertades individuales en nombre del combate al terrorismo, al que se responsabilizó por esos golpes bestiales.
Tres meses más tarde, la Argentina estallaba en mil pedazos tras una experiencia de diez años de convertibilidad y sumisión al FMI y al recetario privatista neoliberal. Justo unos días antes de que el euro, del otro lado del océano, entrara en vigencia plena para 15 países europeos.
Años interesantes
Este contexto permite entender el proceso que siguió. Por un lado, Estados Unidos se lanzó a la invasión de Afganistán e Irak en busca de terroristas de Al Qaeda que, poco antes, habían sido entrenados por la CIA para combatir la invasión soviética de fines de los ‘70. Por el otro, fueron creciendo opciones de gobiernos comprometidos en mayor o menor medida con el lema de ese otro mundo posible.
Así surgieron en 2003 los mandatos de Lula da Silva y Néstor Kirchner en Brasil y la en Argentina, y en el Uruguay, el Frente Amplio –una alianza anti-establishment de centro izquierda nacida en los ‘70– llegaba al poder y ponía fin a más de un siglo y medio de alternancia de los partidos Blanco y Nacional. Esa ola envolvió otros inesperados cambios regionales, como la elección de Evo Morales en Bolivia , Rafael Correa en Ecuador y Fernando Lugo en Paraguay. Y prefiguró la posibilidad de que en Mar del Plata, en noviembre de 2005, se le dijera a No al ALCA, el proyecto de mercado común continental que bajo la línea del Consenso de Washington habría debido entrar en vigencia en ese momento, según lo planteado en 1994 por los gobiernos conservadores latinoamericanos y el demócrata estadounidense Bill Clinton. En ese mismo año había nacido el NAFTA, el acuerdo de libre comercio de América del Norte, que habían firmado México y Canadá con EE UU y sobre cuyo modelo se planificó el ALCA.
Podría aplicarse a esa época la frase con la que alguna vez tituló un libro sobre el siglo XXI el historiador británico Eric Hobsbawm: fueron “años interesantes”.
Tras la cumbre marplatense, Lula y Kirchner acordaron pagar toda la deuda con el Fondo Monetario para liberarse de su tutela. Las exportaciones de productos primarios como la soja y el petróleo hacían fluir ingresos que por primera vez resultaban beneficiosos en los términos de intercambio para los países productores. China era el gran protagonista de esa suba y ya mostraba los dientes de que la previsión de los analistas internacionales no era errada: luego de “un siglo de humillación”, el gigante asiático está destinado a ser lo que en rigor fue durante cuatro milenios, una potencia centra+l. Y eso va a ocurrir en esta centuria.
Pero no era la única potencia destinada a sobresalir. Ya lo había señalado Jim O’Neill, economista de la banca Goldman Sachs cuando –también en 2001– armó un acrónimo para mencionar a los países donde valía la pena invertir pues serían los nuevos dueños del mundo: BRIC, por Brasil, India, Rusia y China. Un poco a regañadientes o tímidamente, los gobiernos de esos países vieron en 2006 la oportunidad de unirse. Cinco años más tarde invitaron a Sudáfrica. Con un pie en cada continente pero preeminencia en Asia, los BRICS comenzaron a ser una referencia geoestratégica.
Con la pelota rodando ya en Rusia, es bueno puntualizar que en la era moderna los certámenes deportivos más convocantes –los Mundiales de Fútbol, los Juegos Olímpicos– siempre han significado una vidriera enorme para mostrar una ciudad o un país. Por eso se gastan ingentes fortunas en infraestructura y en estadios que luego suelen caer de desuso, con tal de estar en el candelero de los grandes medios durante algunas semanas.
Con el de Rusia, este es el tercer campeonato consecutivo de la FIFA en un país BRICS, luego de los mundiales de Sudáfrica en 2010 y Brasil en 2014. Los últimos Juegos en Río de Janeiro se realizaron ocho años después de los de Beijing, en 2008, y a continuación de los Invierno de Sochi 2014, en Rusia.
Mientras se institucionalizaban los BRICS, en América Latina se creaban dos organismos que fueron relevantes para la defensa de valores e intereses comunes y contra los intentos de ruptura constitucional: Unasur y Celac, una para América del Sur y la otra para todo el continente y el Caribe, con la cláusula expresa de que en él no participan ni EE UU ni Canadá, pero sí Cuba.
Primavera efímera
El episodio que cambiaría todas las perspectivas fue la crisis financiera que se desató con la caída del banco Lehman Brothers, en setiembre de 2007. En pocos meses todo fue un tembladeral en los países más desarrollados. EE UU, empantanado en Irak, se debatía ante las demandas sociales por la ayuda del gobierno a los bancos y un rechazo cada vez mas fuerte a la intervención armada. En este contexto, en enero de 2009, llegó a la Casa Blanca el demócrata Barack Obama, el primer presidente negro en la historia de ese país esclavista. Con una promesa tan grande de ser una bisagra de la historia que a fines de ese mismo año le dieron el Premio Nobel de la Paz.
Pero el aire de renovación duró poco. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, siguió los lineamientos tradicionales de la política imperial y en junio de 2009 dio vía libre a un golpe institucional en Honduras, el primer ensayo de intervención estadounidense para bloquear los procesos progresistas en el “patio trasero” mediante el uso de las asambleas legislativas.
En tanto, las “primaveras árabes”, que habían entusiasmado a los sectores “bienpensantes” de Europa, pronto mostraron que llegaron a cambiar todo para que todo quedara igual. Hillary decidió dar apoyo a grupos terroristas para forzar la caída de Bashar al Assad en Siria. Y los mismos que habían promovido el Nobel a Obama no tardaron mucho en pedir que lo devolviera.
Para colmo, en 2010 aparecería Wikileaks, un sitio dirigido por el australiano Julian Assange, publicando millones de documentos secretos sobre las atrocidades cometidas por tropas estadounidenses en Irak. Descubierto el “filtrador”, el soldado Bradley Manning, la respuesta del gobierno no fue muy diferente a la que hubiera tomado cualquier gobierno WASP (por blanco, anglo-sajón y protestante). Manning fue detenido y condenado a 35 años de prisión y Assange, perseguido, se refugió en la embajada de Ecuador en Londres para evitar la extradición y un juicio en EE UU. Tres años más tarde, Edward Snowden, analista externo contratado por la CIA, revelaría el sistema de espionaje electrónico global que realizan los servicios de inteligencia estadounidenses. Conocedor del destino que le esperaba, se exilió en Rusia, luego de mostrar a la prensa el método aplicado para vigilar a los ciudadanos de todo el planeta. Era la culminación del proyecto de control social mundial legislado a raíz del 11S.
Obama, mientras tanto, firmaba el acuerdo 5+1 con Irán junto con China, Rusia, Gran Bretaña, Francia y Alemania, por el cual el país persa aceptaba someter su plan nuclear a las inspecciones de organismos de la ONU. Y puso a Estados Unidos en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés), un tratado de libre comercio de los países de la Cuenca del Pacífico.
Rechazo a la globalización
Los continuos recortes presupuestarios y la pérdida de puestos de trabajo en virtud de las nuevas reglas comerciales terminaron por hastiar a las sociedades europeas y de EE UU. La crisis financiera sumió al euro en un temporal del que por momentos pareció que no iba a salir. La moda de los acrónimos incluyó a cuatro países golpeados especialmente por esa tormenta bajo el nombre de PIGS –cerdos–, por las iniciales de Portugal, Italia, Grecia y España (Spain). Sobre ellos especialmente recayeron los sofocantes programas de ajuste presupuestario pergeñados por la “troika”, la tríada integrada por el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea (CE) y el FMI.
Como en una vuelta de tuerca, si al principio del siglo los movimientos de izquierda eran los únicos que se oponían a la globalización capitalista, ahora la derecha nacionalista y xenófoba fue tomando esas banderas ante la pérdida de atractivo del neoliberalismo para las mayorías populares. Ese descontento se expresó en Europa en el Frente Nacional francés (FN); el Partido por la Libertad holandés (PVV); el Partido de la Independencia británico (UKIP); Alternativa para Alemania (AfD), y la Liga del Norte italiana, entre otros. Hungría y Polonia dieron la nota con gobiernos que amenazan los valores de la UE. El Reino Unido, en tanto, votó un referéndum para dejar la Unión Europea. En Italia, tras varias idas y vueltas, asumió el gobierno una coalición de la derecha xenófoba de la Liga del Norte con el Movimiento 5 Estrellas. En España, cayó Mariano Rajoy, acorralado por la corrupción en el PP, y asumió el líder del PSOE, Pedro Sánchez. El reemplazante de Obama en la Casa Blanca, en tanto, se suma a esta corriente de nacionalismo xenófobo. Sus primeras medidas estuvieron destinadas a romper con los acuerdos que venían de anteriores gestiones. Entre ellos, el Protocolo de París, sobre medio ambiente, el de comercio TPP y el nuclear con Irán.
Al mismo tiempo que está acosado por el presunto apoyo de Rusia a su campaña electoral, Donald Trump desarrolla una política de cowboy caprichoso en el resto del mundo. Así, mientras reprende a los líderes europeos para que aporten más a su propia seguridad militar, patea el tablero en Medio Oriente al trasladar la embajada en Israel a Jerusalén y dar su apoyo irrestricto al gobierno de Benjamín Netanyahu. Plantea, además, una guerra comercial con China. Y se lanza desaforadamente al ataque contra el gobierno bolivariano de Venezuela, mientras da marcha atrás en el acercamiento de Obama a Cuba.
Para muchos, lo que parece una política errática de Trump no es más que un intento brutal de barajar y dar de nuevo. También la globalización perjudicó a los trabajadores estadounidenses, sus principales votantes. Su campaña se basó en prometer la vuelta a aquellos tiempos de supremacía de los Estados Unidos en el mundo, lo que implicaba también a la industria local. De allí la barbarie de sus ataques contra los inmigrantes latinoamericanos.
Pero el mundo ya no es el mismo y hay otros jugadores de peso. Vladimir Putin, en Rusia, y Xi Jinping, en China, saben el lugar que ocupan en este escenario. América Latina sufre el embate de las oligarquías locales –que, es justo decirlo, fueron alentadas a tomar el poder en la era Obama–, pero por esas piruetas del destino cuenta con un líder que mantiene su influencia, a pesar de que la institución que dirige atraviesa una profunda crisis. El argentino Jorge Mario Bergoglio, coronado Papa en 2013, intenta una postura diferente al pensamiento único neoliberal que retorna con fuerza en la región y que sostienen las instituciones internacionales como única opción. Desde su crítica a la devastación del medio ambiente y a la avidez financiera del sistema capitalista, Francisco encarna a su manera el rechazo humanista a la globalización.
El otro gran líder que podría ponerse ese sayo es Lula da Silva. Los años dorados de la región mucho tuvieron que ver con ese Brasil que miró a América Latina para encabezar las ansias de autonomía y puede volver a ocupar ese espacio en la elección de octubre. Pero el metalúrgico está preso, nadie garantiza que le permitan presentarse y hay que ver si el establishment quiere arriesgarse a permitir el comicio. Si no tuvieron prurito en expulsar a Dilma Rousseff con una maniobra institucional, no les temblaría la pera por tomar cualquier medida con tal de que ese otro mundo no sea posible.
Tiempo Argentino, 24 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 24, 2018 | Sin categoría
Se puede ironizar con que Donald Trump tuvo un gesto «humanitario» y aceptó que los niños inmigrantes ahora puedan estar en la misma jaula que sus padres. Pero en la realidad poco cambió en la frontera sur de Estados Unidos. Según varias ONG que se ocuparon en esta semana de mantener el caso en el candelero, hay más de 2300 chicos a la deriva, porque tras la nueva decisión del gobierno ahora deben reencontrarse con sus familiares, cosa que en muchos casos implica una tarea detectivesca.
Es el caso, de acuerdo a un cable de la agencia AFP, de una nena registrada como de dos años que usa pañales y que como habla quiché, lengua maya de Guatemala y México, no había forma de entenderla. Al cabo de horas de búsqueda en listas de ingresados, lograron identificarla. El nombre era otro y su única parienta es una tía que está alojada en una jaula cercana.
El caso de la separación de los niños de sus parientes escandalizó a la sociedad y potenció el debate sobre lo que se debe hacer con los inmigrantes ilegales, y además generó una fuerte controversia entre grupos evangélicos que rondan entre los legisladores republicanos y en los despachos del gobierno de Trump.
Uno de los líderes de estos sectores, Ralph Drollinger, bajó línea bíblica en favor de separar a los padres de los niños sin culpa. Exbasquetbolista de 2,18 metros de altura –llegó a jugar en el seleccionado que disputó el Mundial de Filipinas en 1978– Drollinger, arengó a sus fieles que «cuando alguien viola la ley de la tierra, debe esperar que una de las consecuencias de su comportamiento ilegal sea la separación de sus hijos»·.
El expivot del Seattle SuperSonics y Boston Celtics es cofundador de Capitol Ministries, una secta de estudios de la Biblia a la que acuden muchos dirigentes republicanos del país. Entre sus sponsors figuran Mike Pence, vicepresidente; Jeff Sessions, secretario de Justicia, y Mike Pompeo, titular de la secretaría de Estado, a quienes define como discípulos de Jesucristo, cuenta Lee Fang en el portal The intercept.
Para Drollinger, «las leyes de inmigración de cada nación deben basarse en la Biblia y aplicarse estrictamente, en la seguridad de que Dios aprueba tales acciones por los líderes de la nación». Más aún: «Excluir judicialmente a personas que podrían ser criminales, traidores o terroristas, o que poseen enfermedades contagiosas, no es racista en lo más mínimo».
Samuel Rodríguez, un pastor evangelista puertorriqueño de Asambleas de Dios y con mucha llegada a Trump, consideró en una carta pública, sin embargo, que «los efectos traumáticos de esta separación en estos niños pequeños, que podrían ser devastadores y duraderos, son de gran preocupación».
Tiempo Argentino, 24 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 24, 2018 | Sin categoría
Mientras la ONU celebraba el Día Mundial de los Refugiados, este miércoles se conoció la información de que las autoridades europeas ultiman los detalles para la construcción de centros de detención de inmigrantes en el Norte de África. La forma más “elegante” de impedir que los miles que cada año intentan cruzar el Mediterráneo huyendo de guerras, persecuciones y miseria, representen un problema humanitario en Europa. En todo caso, lo serán en Libia, fuera de los focos mediáticos que tanto alteran a las sociedades del “Viejo continente”.
La crisis de los refugiados tuvo dos capítulos destacados estas semanas. Uno fue con el buque Aquarius, con 629 inmigrantes a bordo, que estuvo a la deriva luego de que el nuevo gobierno italiano, de centro derecha pero con un fuerte componente antimigrante, rechazara el desembarco en Lampedusa. Era una de las promesas electorales de la Liga del Norte, integrante de la coalición gobernante, y fue la primera oportunidad que tuvo su líder, Matteo Salvini, ministro del Interior, de demostrar que su xenofobia no era solo de campaña.
Los emigrantes tampoco pudieron desembarcar en Francia hasta que en España, otro gobierno que estrena cargo como el de Pedro Sánchez, del PSOE, sacó a flamear alguna de las banderas tradicionales del socialismo y abrió el puerto de Valencia para terminar con el irritante peregrinar de esos seis centenares de seres humanos, entre los cuales había 123 niños, 11 bebés y cuatro embarazadas.
El tema de los inmigrantes/refugiados saca lo mejor y lo peor de las sociedades modernas en todo el mundo. En el caso del Aquarius, una encuesta de Opinion Way reveló que el 56% de los consultados en Francia estuvo de acuerdo con la decisión del presidente Emmanuel Macron de bloquear el desembarco, en su caso con la excusa pueril de que el puerto original era italiano. En España, hubo comunicadores ofuscados porque muchos de los recién llegados vestían ropas occidentales y tenían celulares de última generación.
La vuelta de tuerca la dio el parlamento húngaro, que aprobó una ley que penaliza la ayuda a inmigrantes irregulares con hasta un año de cárcel. Fue a instancias del primer ministro ultranacionalista Viktor Orban y afecta fundamentalmente a varias ONGs que se dedican a facilitarles las cosas a miles de personas que intentan cruzar a Europa desde Noráfrica o el mundo árabe.
Orban y su partido Fidesz vienen enfrentando directivas de la Unión Europea desde que la inmigración comenzó a representar un problema para las autoridades. Pero con el tiempo se vio que el jefe de gobierno de Hungría es apenas un exponente de un clima de xenofobia que crece en otros países, como Francia, Alemania, Italia y Holanda fundamentalmente.
Este miércoles, el diario británico The Guardian publicó la lista de las 34361 personas que murieron intentando llegar a Europa desde África o Medio Oriente. El periódico destaca que el informe se basa en el cómputo de la Unión por Acción Intercultural, una red de 550 ONGs antirracista de 48 países. El registro, puntualiza, comienza con la muerte de Kimpua Nsimba, un joven congoleño de 24 años que murió ahorcado en un centro de detención de Gran Bretaña.
La crisis humanitaria y política que envuelve a Europa será tema de debate entre los jefes de Estado de la UE este fin de semana, en preparación de la cumbre que comenzará el jueves 28 de junio en Bruselas. Sánchez ya viajó para presentarse oficialmente ante sus pares y de paso explicar su posición sobre el tema migratorio.
Entre los más preocupados, según contó Jennifer Rankin en The Guardian, está el ministro de Hacienda francés, Bruno Le Maire, quien consideró que Europa está «en un proceso de desintegración por Estados que se están cerrando intentando encontrar soluciones nacionales a problemas que requieren soluciones europeas».
La propuesta de abrir centros de detención en Libia fue analizada por el mandatario galo en un encuentro en el Palacio del Elíseo con los jefes de las facciones rivales que dominan ese país, devastado desde el derrocamiento y asesinato de Muammar Khadafi.
Con Fayez Sarraj, el hombre que ocupa el cargo de primer ministro; Jalifa Haftar, el mariscal que controla el este del país; Aguilah Salah, el presidente de la Cámara de representantes, y el titular del Consejo de Estado, Khaled al-Mechr, oficialmente acordó realizar elecciones legislativas en diciembre y normalizar el país. Extraoficialmente tentó la posibilidad de hacer un centro de refugiados a la manera de los que en Turquía sirven de contención para los que huyen de Siria y Afganistán.
Pero las autoridades de la UE dudan en avanzar en esa iniciativa, dicen, porque Libia sigue envuelta en enfrentamientos y no hay con quién hacer acuerdos permanentes.
Lo notable es que hasta el inicio de la llamada Primavera Árabe, en 2011, no había un problema grave con los inmigrantes ilegales. Todo se desbarrancó cuando cayó Khadafi y cientos de miles de nativos de ese país y de otras regiones que tenían posibilidades de forjarse una vida en Libia, tuvieron que emprender otros rumbos. Lo mismo ocurrió en el otro extremo europeo, desde que comenzó el conflicto en Siria.
Tiempo Argentino, 24 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 20, 2018 | Sin categoría
Gonen Segev no para de caer desde hace más de 15 años. Y según su versión de los hechos, todo obedece a una cadena de casualidades que conspiran contra su deseo de servir a su país. Para las autoridades israelíes, en cambio, espió en tiempos de guerra en favor del peor enemigo, Irán, y debería recibir una condena ejemplar, que de acuerdo a las leyes, podría incluso llevarlo a la muerte por traición a la patria.
La historia de Segev comienza en Kiryat Motzkin, una pequeña ciudad en el distrito de Haifa, donde nació un 6 de enero, día de los Reyes Magos, de hace 62 años. Hizo el servicio militar, donde inició el curso de piloto de la Fuerza Aérea, pero pronto fue trasladado a una unidad de combate en la que ascendió a capitán.
Se recibió de médico en la Universidad Ben Gurión de Negev y , con la especialización en pediatría, abrió un consultorio particular en Tel Adashim, un moshav o asentamiento entre Nazareth y Afula creado en 1913 en forma de comunidad de granjas agrícolas cooperativas en el marco de la segunda gran inmigración o aliá.
Ingresó entonces en el partido Tzomet, una agrupación de derecha secular que había fundado el general Rafael Eitan, quien fue comandanta de las Fuerzas de Defensa y es considerado uno de los héroes de la nación israelí.
Así, a los 35 años, Segev fue en 1992 el diputado más joven en la Kneset, el parlamento de Israel. Pero dos años más tarde formó una rama disidente del partido y en 1995 accedió al cargo de Ministro de Energía e Infraestructura en el gobierno del laborista Yitzhak Rabin.
Fue clave el apoyo de su minibloque de tres representantes para aprobar el Tratado de Oslo, un histórico acuerdo entre Israel y Palestina para poner fin a años de conflicto en Medio Oriente impulsado por el entonces presidente de EEUU Bill Clinton y que logró la aceptación del líder palestino Yasser Arafat. Como consecuencia de ese documento, Rabin, Arafat y el que fuera canciller israelí en estas negociaciones, Shimon Peres recibieron el Nobel de la Paz de 1994. Pero Rabin fue asesinado por un ultraderechista israelí en noviembre de 1995.
Segev, en tanto, permaneció en su cargo hasta 1996, cuando el laborista Peres perdió con el conservador Benjamin Netanuayhu, que por primera vez llegó al poder. Desde entonces, el activo y vivaz dirigente se decidió a la actividad privada. Pero desde entonces, también, se desbarrancó.
En abril de 2004 fue arrestado bajo el cargo de haber intentado contrabandear 32.000 dosis de éxtasis. Los servicios israelíes lo venían siguiendo y las autoridades holandesas lo capturaron cuando escondía la droga en bolsos en un locker del aeropuerto de Amsterdam. Tenía un pasaporte diplomático con la fecha de vencimiento adulterada torpemente con un lápiz y la mercadería disimulada en cajas de chocolates M&M.
Condenado a cinco años de prisión y a pagar una multa de 27.500 dólares en 2005, Segev fue castigado adicionalmente con el retiro de su licencia de médico. Sus abogados alegaron en su defensa que él realmente pensaba que eran chocolates M&M. En su contra conspiró también una foto de un cajero en Hong Kong donde se lo ve retirando dinero. Él había denunciado a la tarjeta como robada.
Pero en prisión se portó bien y por eso le redujeron la sentencia. Salió en libertad en 2007 pero se chocó con la realidad de que no podía ejercer su profesión en Israel, así que por razones que no se establecieron, emigró a Nigeria.
En Abuja se puso en contacto con la embajada de su país y con la comunidad judía local y también en Lagos. Pronto formó parte de los círculos de la alta sociedad , realizó una brillante carrera como médico -fue premiado por la cancillería israelí por haberle salvado la vida a un guardia de seguridad de la embajada- y se casó con una diplomática de la representación alemana en el país africano.
Se planteó en esa época volver a su patria. Pero según sus conocidos, decía que quería regresar como «El honorable Doctor Segev» y no como el ex convicto que era motivo de burla para los medios de Israel. Era el modelo de todo lo que no debía ser un político en esa región y esa no era un estigma fácil de sacarse.
En este punto aparecen sus relaciones con agentes de Irán. Para 2012 ya había presentado a algunos empresarios a los funcionarios de la embajada en Abuja y según el Shin Bet, el servicio de seguridad de Israel, viajó varias veces para encontrarse con espías iraníes en lugares «seguros» u hoteles discretos. Dicen que incluso estuvo en Teherán.
El caso es que lo tenían en la mira y con ayuda del Mossad, el servicio de espionaje exterior, fue capturado en marzo en Guinea Ecuatorial, que le negó el ingreso a pedido del gobierno de Netanyahu. La noticia de que había sido extraditado de urgencia y enfrentaba un juicio por traición se conoció recién este martes.
Eli Zohar y Moshe Mazor, sus abogados, declararon que los documentos acusatorios difundidos en los medios israelíes no coinciden exactamente con la imputación que corre en los estrados judiciales, donde según ellos «se ve una fotografía diferente». Ellos aseguran que la imagen que se muestra de un agente vendido a Irán no coincide con la realidad, pero como gran parte del expediente permanece secreto no lo pueden demostrar.
«Él solo se unió a agentes iraníes para engañarlos», declararon. Esto es, Segev quería hacer una gran operación encubierta por su cuenta y sin apoyo de nadie para poder volver a Israel como un héroe y no por la puerta trasera.
Para ello deslizan que si bien el hombre fue ministro en áreas clave desde la que podía saber secretos sobre despliegues militares y sitios estratégicos, habían pasado 22 años desde que dejó el gobierno y todo dato que tuviera estaba desactualizado. Además, si bien tenía relación con la embajada, todos le desconfiaban y no le iban a transmitir información privilegiada sabiendo que era un personaje manchado por su historia.
Pero el abogado general de la nación, Avichai Mendalbilt, asegura contar con datos certeros y comprobables de que entregó información sensible. En medios políticos se dice, según un artículo del diario español publico.es, que había relacionado a fabricantes de armas israelíes con agentes iraníes. De ser esto cierto, Segev puede ser la punta de un iceberg de imprevisibles consecuencias cuando el gobierno de Netanyahu, acelera su enfrentamiento con Irán, para lo cual cuenta con el sólido apoyo de Donald Trump.
Tiempo Argentino, 20 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 19, 2018 | Sin categoría
El 25 de mayo de 1977, el director estadounidense George Lucas presentó el primer episodio de Star Wars, llamada a ser un clásico del cine que ya va por los once capítulos y promete seguir. Para cuando se estrenaba El retorno del Jedi, el tercer fragmento de la saga, en 1983, hacía dos meses que el presidente Ronald Reagan había anunciado su Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI por sus siglas en inglés), un programa de investigación y desarrollo militar que se proponía crear un escudo defensivo espacial para repeler cualquier amenaza con misiles extra continentales provenientes de la Unión Soviética.
Ex actor de Hollywood devenido 33º Presidente de Estados Unidos, pocos dudaron de que Reagan se había subido al carro triunfal del marketing cinematográfico para sacar un as de la manga en su carrera anticomunista. O en todo caso, desviar la atención mediática sobre las consecuencias de su brutal política neoliberal, que dejó un tendal en desocupados y partió en pedazos la resistencia gremial a los ajustes. Pero parece haber tenido una consecuencia inesperada para los analistas de entonces: obligada a no quedarse atrás, la SDI fue un desafío que llevó a los estrategas soviéticos a acelerar nuevos instrumentos militares que literalmente llevaron a la URSS a la bancarrota, cosa que se verificaría hacia el final de esa década.
Ahora, Donad Trump, si se quiere otro advenedizo en la política -del que puede decirse cualquier cosa menos que es un timorato- acaba de ordenar al Pentágono crear una división de las Fuerzas Armadas estadounidenses destinada a impulsar el control del espacio. Será, según indica el documento titulado Directiva 3 de Política Espacial, una sexta rama de las FFAA que se sumará al Ejército (US Army), la Fuerza Aérea (US Air Force), la Marina de Guerra (US Navy), el Cuerpo de Marines y la Guardia Costera.
Y tendrá específicamente la misión de sostener el liderazgo estadounidense «en la provisión de un entorno seguro y protegido a medida que aumenta el tráfico espacial comercial y civil». Entre los justificativos a esta iniciativa destaca que «la rápida comercialización del espacio requiere un marco de gestión del tráfico que proteja los intereses de los EE. UU. y tenga en cuenta las necesidades del sector privado.»
Eso si, considera entre otros retos a la seguridad del país «la creciente amenaza de los desechos orbitales», que entre otros asuntos deberá precaver la nueva Fuerza Espacial (US SpacialForce).
Este proyecto es, como su número lo indica, el tercero en ese ámbito desde que Trump llegó a la Casa Blanca. El 24 de mayo pasado -curiosamente cuando se cumplían 40 años del estreno del primer film de Lucas- había firmado la Directiva de Política Espacial 2 para «para reformar el marco regulatorio del espacio comercial de los Estados Unidos, buscando garantizar nuestro lugar como líder en el comercio espacial.»
El 11 de diciembre fue emitida la iniciativa número 1, que simplemente había ordenado a la NASA el regreso de Estados Unidos a las misiones humanas a la Luna y a Marte.
Esta vez, el país que no quiere perder el tren -valga la metáfora- es Estados Unidos, en vista de los avances que lograron China y la ventaja que mantiene la Federación Rusa.
Pero hay un aspecto que no figura en el documento que presentó Trump junto con las autoridades del Pentágono y en presencia del vicepresidente Mike Pence, pero que también hace al espíritu de aventura y conquista que el mandatario quiere recuperar en la sociedad estadounidense.
La mención a Pence se explica porque fue el que contó este tramo del discurso de Trump ante sus invitados en su cuenta de twitter. «Una vez más, convocaremos al espíritu americano para domar la próxima gran frontera Americana». Y agregó Trump, según el ex gobernador de Indiana: «Ahora estamos listos para comenzar el próximo gran capítulo de la exploración espacial norteamericana… Somos estadounidenses, y el futuro nos pertenece totalmente», dice que dijo el polémico empresario.
La «conquista del Oeste», se sabe, es para el imaginario estadounidense la gran epopeya del siglo XIX. Y fue la expansión hacia la costa del Pacífico entre 1830 y 1890, mediante la invasión de tierras ocupadas por poblaciones originarias, a sangre y fuego.
¿Trump pensará en arrasar con la población marciana o venusina? ¿O tiene en mente la película de 1962 que cuenta esta historia y fue dirigida por John Ford, Henry Hathaway, George Marshall y Richard Thorpe? ¿Qué dirán los chinos a todo esto? ¿lo tomarán como una nueva fase de la guerra comercial que desató la semana pasada el inquilino de la Casa Blanca?
Tiempo Argentino, 19 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 17, 2018 | Sin categoría
Los republicanos -que en el 2010 aprovecharon a fondo la ventaja electoral en varios estados clave para reformular los distritos según el censo de ese año y así ganar bancas aunque pierdan en las urnas- lograron un nuevo espaldarazo tras un fallo de la Corte Suprema que permite “limpiar” los padrones para impedir la votación a quienes no hayan sufragado en años anteriores. En la práctica eso limita la posibilidad de elegir a miles de ciudadanos que, como suele ocurrir en un país donde el voto no es obligatorio, se saltearon comicios y quisieran ir ahora para, por ejemplo, castigar al oficialismo.
Por una mayoría mínima de 5 a 4, el máximo tribunal estadounidense autorizó nuevos obstáculos para que los ciudadanos ejerzan sus derechos. Los que protestaron por esta decisión fueron los demócratas, que la perciben como una tentativa por recortar apoyos en circuitos electorales normalmente sostienen a ese partido.
Lo republicanos, en tanto, la justifican en que “son necesarias para combatir el fraude electoral”, según argumentos sin pruebas.
El caso llegó a la Corte por la demanda de un veterano de la Marina de Guerra de Akron, Ohio, que votó en 2004 y 2008 pero no en 2012 porque dijo que ningún candidato le resultaba atractivo. Sin embargo en 2015 sí quiso hacerse presente en una iniciativa para legalizar la marihuana y observó con estupor que no figuraba en el padrón. Desde las oficinas electorales respondieron que le habían mandado avisos a su casa reclamándole que dijera si quería seguir votando y que él no respondió.
El marine la siguió en los estrados y un tribunal de Apelaciones le dio la razón acusando a las autoridades de haber violado una ley electoral de 1993. El caso terminó en la Corte porque Ohio no es de quedarse dormido. Ese estado es uno de los más agresivos en eliminar de la lista a quienes faltaron a una elección.
Desde hace décadas Ohio es considerado un estado clave ya que el que gana la elección allí termina siendo presidente. Es uno de los primeros, entonces, en ser computado sin que importe mucho que aporte apenas 18 votos para el colegio electoral, sino porque marca tendencia.
Pero como a la tendencia conviene ayudarla, en 2010 hubo una modificación sustancial en las fronteras electorales. El método es conocido desde el siglo XIX como “gerrymandering”, por un gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, que dibujó un distrito favorable para no perder más elecciones que tenía forma de salamandra.
Con unir mayorías opositora en un lado y minorías oficialistas en otro se logra el milagro de tener más representantes de los que corresponderían por la suma de sufragios per se.
Los republicanos se alzaron entonces con triunfos seguidos desde ese año en territorios como Michigan, Wisconsin y Maryland. El cinturón industrial fue determinante en el triunfo de Trump en 2016. Pero ahora en Ohio habrá una reforma a ese diseño endiablado. El Congreso acordó el mes pasado redibujar las “fronteras” electorales pero recién para el 2021, con el censo del 2020 en la mano. Mientras tanto, la limpieza de padrones puede ayudar a que todo quede como está.«
Internet sin control y en manos de los proveedores
La pelea por la neutralidad de la red de Internet entró en una etapa decisiva esta semana al ponerse en vigencia la derogación de las protecciones que venían de la época de Barack Obama. Desde la llegada de Donald Trump al poder, en enero de 2017, el empresario se propuso modificar esa “molesta” regulación para las grandes proveedoras de conexiones y puso en un puesto clave, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), a Ajit Pai, encendido libertario en ese rubro.
La FCC, con mayoría republicana, votó en diciembre por eliminar las normas que ahora, seis meses más tarde, fueron revocadas efectivamente tras la aprobación de la Oficina de Administración y Presupuesto de ese ente.
La medida, sin embargo, es rechazada por académicos, usuarios y las ONG en la medida de que afecta a la libertad de emitir y recibir información, pero también encuentra oposición entre empresas y elaboradores de contenidos que temen, y con razón, que los proveedores tendrán todo el control sobre lo que circula y a qué velocidad lo hace, un dato no menor en esos menesteres en términos de libre competencia.
Defensores de la neutralidad de la red iniciaron una serie de acciones para visibilizar el problema y dos decenas de estados presentaron demandas para bloquear la derogación. Esto genera debates jurídicos ya que por más que Estados Unidos sea un país federal, no son pocos los que plantean la supuesta ilegalidad de que cada distrito tenga su propia política en cuanto a Internet.
La regulación fue adoptada durante la gestión Obama bajo el criterio de que nadie tiene derecho a censurar, impedir o ralentizar determinados contenidos o cobrar por hacerlos más veloces o visibles.
En mayo el tema llegó al Senado, que por 52 votos a favor y 47 en contra aprobaron un proyecto para proteger la neutralidad de la red, pero la iniciativa todavía tiene que pasar por la Cámara de Representantes. Mientras tanto, los proveedores –AT&T, Comcast y Verizon están en la mira- ya tienen vía libre para abrir una nueva etapa en la vida de la red global.
Tiempo Argentino, 17 de Junio de 2018
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