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Los europeos impusieron su postura en Montevideo y piden elecciones en Venezuela

Los europeos impusieron su postura en Montevideo y piden elecciones en Venezuela

Las expectativas eran muchas y parecía una forma de salir del atolladero en que se encuentra Venezuela. Por un lado, los países latinoamericanos reacios a ir como furgón de cola de Donald Trump pedían una salida democrática y pacífica y por el otro la vicepresidente europea y un grupo de naciones de la UE hablaban de generar las condiciones para evitar una intervención militar, como amenazan los halcones del gobierno estadounidense y el propio inquilino de la Casa Blanca.

Finalmente, hubo un documento de mayoría, si, pero contrario al deseo de uno de los convocantes del encuentro de Montevideo, México, que además no firmó otro invitado, Bolivia. Y que, contra la voluntad de ambos, expresada en un documento de 24 horas antes, llama a elecciones y pone plazos para aceptar condiciones al gobierno de Nicolás Maduro.

En, concreto, tras varias horas de debate en la sede de la presidencia de Uruguay, el Grupo Internacional de Contacto (GIC) llamó a «restaurar el Estado de derecho en Venezuela, establecer garantías para celebrar elecciones y reconocer a la Asamblea Nacional (AN)». Los encargados de leer el texto fueron el canciller de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, y la jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini.

«Es crucial restaurar la democracia en todas sus dimensiones, respetar el Estado de derecho, establecer las garantías necesarias para un proceso electoral creíble en el menor tiempo posible y reconocer a la democráticamente electa Asamblea Nacional», recalcaron Mongherini y Nin Novoa.

La declaración, de 10 párrafos, fue firmada por Uruguay, la Unión Europea, Costa Rica, Ecuador, España, Italia, Portugal, Suecia, Alemania, Francia, Países Bajos y Reino Unido. Mongherini aclaró que Bolivia había aceptado continuar formando parte de ese grupo, pero no firmó el documento, mientras que México participó del encuentro pero no forma parte del Grupo de Contacto.

Esta cumbre en la capital oriental había sido convocada por la nación anfitriona junto con el nuevo gobierno de México de Andrés Manuel López Obrador, dos de los pocos países latinoamericanos que se distanciaron del dictado de Washington y no reconocieron al diputado Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. Luego se sumaron representantes de países de la UE que si tomaron partido por el presidente de la AN, y que asistieron en una delegación que presidió Mongherini.

A esta altura se percibió una dualidad, ya que horas antes del inicio de la ronda de debates, que se hizo en la Torre Ejecutiva de Montevideo, Nin Novoa y el canciller mexicano Marcelo Ebrard, presentaron el Mecanismo de Montevideo, un documento con algunos lineamientos sobre los ejes en que plantean interceder en una situación tan dramática como la que viven los venezolanos en este momento.

«La posición histórica de nuestros países ha sido y siempre será la de privilegiar la diplomacia sobre las demás alternativas, ya que solo así se podrá alcanzar la paz y estabilidad de manera sostenible, legítima y efectiva», dijo el jefe de Relaciones Exteriores uruguayo en la previa al encuentro.

«Los suscriptores de esta declaración coincidimos en que el grado de complejidad de las circunstancias no es razón para desestimar las vías políticas de solución de controversias», dice el texto conjunto que elaboraron las dos cancillerías junto con representantes de la Comunidad del Caribe (Caricom).

El «Mecanismo» propone cuatro instancias: un diálogo inmediato entre las partes, una negociación, llegar a compromisos concretos en plazos establecidos y la implementación de esos acuerdos. Pero sin plazos u objetivos finales, salvo el mantenimiento de la paz. Más bien, señalaba la necesidad de no poner condiciones antes de abrir un posible diálogo.

Este grupo proponía un equipo de coordinadores para garantizar esa mesa de diálogo integrado por Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica; Enrique Iglesias, excanciller uruguayo y extitular del BID; el extitular de Relaciones Exteriores mexicano Bernardo Sepúlveda, y «un alto representante de Caricom».

Desde el otro lado del océano trajeron la propuesta de dar un plazo de 90 días para llegar a elecciones presidenciales. Además, se jactaron de que desde octubre trabajan en esta iniciativa que pensaban presentar a mediados de este mes. Sólo que el reconocimiento a Guaidó por parte de Trump se adelantó a sus planes. Por Europa integran este grupo cancilleres de España, Portugal, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Suecia. Por América Latina figuran jefes diplomáticos de Bolivia, Costa Rica, Ecuador, México y Uruguay.

Contradicciones

Pero Venezuela es un tema complejo incluso puertas adentro de la UE y de los países latinoamericanos que no reconocieron a Guaidó. Madrid mandó enviados a Montevideo, pero el jefe de Gobierno, Pedro Sánchez, en línea con Washington, al igual que Francia, el Reino Unido y Alemania, ya tomó partido por Guaidó. La italiana Mongherini, en tanto, navega entre dos aguas ya que su gobierno reconoce a Nicolás Maduro.

En Uruguay también hay mar de fondo, ya que el secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), el ex canciller del Frente Amplio, Luis Almagro, es un enemigo declarado de Maduro y fue uno de los que lanzó la propuesta de una incursión armada para sacarlo del Palacio de Miraflores. Es más, este mismo miércoles ninguneó el encuentro en su «paisito» al decir que se trata de un “falso diálogo que sólo oxigena a la dictadura”, como califica al chavismo.

La derecha uruguaya también está contra el gobierno bolivariano y sus medios afines juegan para boicotear el encuentro. Tan es así que este mismo jueves el diario El País publicó en tapa un reportaje al diputado Guaidó en el que afirma que de ninguna manera participará en un diálogo con Maduro y se mostró disgustado con la posición del gobierno de Vázquez. El secretario de Estado, Mike Pompeo, ya había dicho que «no es hora de negocia sino de actuar».

Con ese mismo libreto, Guaidó dijo en el matutino uruguayo, y vale copiarlo en forma textual: «Hemos participado en esfuerzos de diálogo, negociación y acuerdo en varias oportunidades con el régimen de Nicolás Maduro. Lo hemos hecho dentro y fuera de Venezuela, de manera privada, y también públicamente. Solos y con acompañamiento internacional. En la última ocasión entre los meses de diciembre 2017 y enero 2018 en la República Dominicana con el apoyo del presidente de ese país, Danilo Medina, quien se comprometió mucho en ese intento, y con la presencia de los cancilleres de México y Chile. Ellos son testigos de excepción de lo ocurrido. La consecuencia invariablemente en todos esos procesos ha sido la misma: el incremento de autoritarismo del régimen y de la represión».

El titular de la ANV no menciona al ex premier español José Luis Rodríguez Zapatero, que coordinó aquella mesa de diálogo y fue quien denunció que a último momento la oposición se negó a firmar el acuerdo que habían alcanzado en Santo Domingo por pedido del entonces mandatario colombiano Juan Manuel Santos y el ex jefe de la diplomacia estadounidense, Rex Tillerson.

«Debemos intentar llegar en el día de hoy a un entendimiento común sobre los aspectos claves para un proceso de transición política que desemboque en elecciones», dijo Mogherini en la apertura de la cumbre de este jueves, poniendo énfasis en el tema que sin dudas más difícil de tragar para los convocantes latinoamericanos.

«Tengámoslo muy claro, la mayor disyuntiva que tiene Venezuela hoy es entre la paz o la guerra, por eso en nuestro insistente llamado a la serenidad a las partes involucradas y a la prudencia a la comunidad internacional», replicó a continuación el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez.

Analistas políticos habían adelantado que era difícil la aceptación de los europeos al plan sudamericano porque el «Mecanismo» no habla de plazos ni se propone elecciones de un modo explícito. Con las sutilezas que le exige el cargo, Nin Novoa lo explicó el miércoles.

«Creo que cuantas más condiciones se pongan para el diálogo más difícil es conseguir un resultado favorable. Si nosotros decimos que tiene que haber elecciones en tal momento, que tiene que cambiarse la Corte Electoral, que tiene que haber liberación de los presos políticos, estamos imponiendo condiciones que dificultan el diálogo”, señaló en conferencia de prensa previa.

Pero el jueves se desdijo y aceptó la posición euro-estadounidense. Para mal trago de bolivianos -que estuvieron representados por su canciller, Manuel Ventura Robles- y de Ebrard, en enviado de AMLO.

En un intento por explicar lo que estaba sucediendo, Mongherini dijo en una conferencia de prensa posterior que «el Grupo de Contacto y el Mecanismo de Montevideo tienen objetivos diferentes, pero no son incompatibles». Y anunció que tendrán una segunda ronda de debates en marzo, aunque sin precisar lugar del encuentro.

Tiempo Argentino, 7 de Febrero de 2019

Debate en Montevideo para evitar un baño de sangre en Venezuela

Debate en Montevideo para evitar un baño de sangre en Venezuela

Con sendos discursos del presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, y de la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Federica Mongherini, comenzó en Montevideo la reunión del Grupo de Contacto Internacional para tratar una solución pacífica y consensuada a la crisis política que vive Venezuela. O más bien debiera decirse, un intento casi desesperado para evitar un baño de sangre ante las crecientes amenazas de los halcones del gobierno de Donald Trump, que si por ellos fuera, no dudarían en una intervención armada en el país sudamericano. El telón de fondo es el resultado de intervenciones similares en Libia, Irak y Siria.

Esta cumbre en la capital oriental fue convocada por la nación anfitriona junto con el nuevo gobierno de México de Andrés MAnuel López Obrador, dos de los pocos países latinoamericanos que se alejaron del dictado de Washington y no reconocieron al diputado Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela.

«Debemos intentar llegar en el día de hoy a un entendimiento común sobre los aspectos claves para un proceso de transición política que desemboque en elecciones», dijo Mogherini en la apertura, poniendo énfasis en un tema que sin dudas resulta difícil de tragar para los convocantes latinoamericanos.

«Tengámoslo muy claro la mayor disyuntiva que tiene Venezuela hoy es entre la paz o la guerra, por eso en nuestro insistente llamado a la serenidad a las partes involucradas y a la prudencia a la comunidad internacional», replicó a continuación Vázquez.

Horas antes del inicio de la ronda de debates, que se hacen en la Torre Ejecutiva, el edificio del gobierno uruguayo, los cancilleres Rodolfo Nin Novoa y el mexicano Marcelo Ebrard, presentaron el Mecanismo de Montevideo, un documento con algunos lineamientos sobre los ejes en que plantean interceder en una situación tan dramática como la que viven los venezolanos en este momento.

«La posición histórica de nuestros países ha sido y siempre será la de privilegiar la diplomacia sobre las demás alternativas, ya que solo así se podrá alcanzar la paz y estabilidad de manera sostenible, legítima y efectiva», dijo el jefe de Relaciones Exteriores uruguayo en la previa al encuentro.

«Los suscriptores de esta declaración coincidimos en que el grado de complejidad de las circunstancias no es razón para desestimar las vías políticas de solución de controversias», dice el texto conjunto que elaboraron las dos cancillerías junto con representantes de la Comunidad del Caribe (Caricom).

El «Mecanismo» propone cuatro instancias: un diálogo inmediato entre las partes, una negociación, llegar a compromisos concretos en plazos establecidos y la implementación de esos acuerdos. Pero no pone condicionamiento ninguno, ya sea plazos u objetivos finales, salvo el mantenimiento de la paz.

Este grupo propone un equipo de coordinadores para garantizar esa mesa de diálogo integrado por Rebeca Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica; Enrique Iglesias, excanciller uruguayo y extitular del BID, el extitular de Relaciones Exteriores mexicano Bernardo Sepúlveda, y «un alto representante de Caricom».

Desde el otro lado del océano, a su vez, vienen con una propuesta que consiste en dar un plazo de 90 días para llegar a elecciones presidenciales. Y se jactan de haber desde octubre trabajan en esta iniciativa que pensaban presentar a mediados de este mes. Solo que el reconocimiento a Guaidó por parte de Donald Trump se adelantó a sus planes, deslizan.

Por Europa integran este grupo Mogherini, representantes de España, Portugal, Italia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Suecia. Por América Latina figuran Bolivia, Costa Rica, Ecuador, México y Uruguay.

Acá es donde se ve que Venezuela es un tema complejo incluso puertas adentro de la UE y de los países latinoamericanos que no reconocieron a Guaidó. Porque Madrid manda enviados a Montevideo, pero el jefe de Gobierno, Pedro Sánchez, está en línea con Washington, al igual que Francia, el Reino Unido y Alemania. La italiana Mongherini, en tanto, navega entre dos aguas ya que su gobierno se negó a desconocer a Nicolás Maduro.

En Uruguay también hay mar de fondo, ya que el secretario de la Organización de Estados Americanos (OEA), el ex canciller del Frente Amplio, Luis Almagro, es un enemigo declarado de Maduro y fue uno de los que lanzó la propuesta de una incursión armada para sacarlo del poder. Es más, este mismo miércoles ninguneó el encuentro en su «paisito» al decir que se trata de un “falso diálogo que sólo oxigena a la dictadura”, como califica al chavismo.

La derecha uruguaya también está contra el gobierno bolivariano y sus medios afines juegan para boicotear el encuentro. Tan es así que este mismo jueves el diario El País publica en tapa un reportaje el diputado Guaidó en el que afirma que de ninguna manera participará en un diálogo con Maduro y se mostró disgustado con la posición del gobierno de Vázquez.

La razón para rechazar cualquier propuesta que surja en Montevideo es larga pero vale la pena copiarla íntegramente. «Hemos participado en esfuerzos de diálogo, negociación y acuerdo en varias oportunidades con el régimen de Nicolás Maduro. Lo hemos hecho dentro y fuera de Venezuela, de manera privada, y también públicamente. Solos y con acompañamiento internacional. En la última ocasión entre los meses de diciembre 2017 y enero 2018 en la República Dominicana con el apoyo del presidente de ese país, Danilo Medina, quien se comprometió mucho en ese intento, y con la presencia de los cancilleres de México y Chile. Ellos son testigos de excepción de lo ocurrido. La consecuencia invariablemente en todos esos procesos ha sido la misma: el incremento de autoritarismo del régimen y de la represión».

Guaidó no menciona al ex premier español José Luis Rodríguez Zapatero porque fue él quien denunció a último momento se negaron a firmar el acuerdo que habían alcanzado por pedido del entonces mandatario colombiano Juan Manuel Santos y el ex jefe de la diplomacia estadounidense, Rex Tillerson.

Analistas uruguayos estimaron en tal sentido que era difícil la aceptación de los europeos al plan sudamericano porque el «Mecanismo» no habla de plazos ni se propone elecciones de un modo explícito. Con las sutilezas que le exige el cargo, Nin Novoa lo explicó el miércoles.

«Creo que cuantas más condiciones se pongan para el diálogo más difícil es conseguir un resultado favorable. Si nosotros decimos que tiene que haber elecciones en tal momento, que tiene que cambiarse la Corte Electoral, que tiene que haber liberación de los presos políticos, estamos imponiendo condiciones que dificultan el diálogo”, señaló en conferencia de prensa.

Tiempo Argentino, 7 de Febrero de 2019

Trump justificó la injerencia en Venezuela y dijo que «América nunca será socialista»

Trump justificó la injerencia en Venezuela y dijo que «América nunca será socialista»

El lema fue «Eligiendo grandeza» y algunas palabras clave fueron «boom económico», «muro», inmigrantes» y «socialismo». «América nunca será socialista», dijo, en un giro que recordaba al quinto presidente estadounidense, James Monroe, en el marco de la justificación de su ataque contra el gobierno de Nicolás Maduro.

Era el segundo show de un hombre que sabe manejar los tiempos televisivos como nadie en la política de Estados Unidos y desde el punto de vista del espectáculo, no defraudó. Pero esta vez Donald Trump no tenía viento a favor: se enfrentó a un parlamento que desde que los demócratas ganaron la Cámara baja el año pasado, no tiene ganas de perdonarle una.

Por eso, este segundo Discurso del Estado de la Unión, la tradicional apertura de sesiones legislativas, se demoró hasta este 5 de febrero ante la firme postura de la jefa de la bancada de la oposición, Nancy Pelosi. Trump se había negado a firmar el presupuesto, que no contemplaba fondos para construir el muro en la frontera sur, y en ese juego de presiones y contrapresiones, decretó el cierre parcial del gobierno. Durante 35 días solo se cubrieron necesidades básicas del aparato estatal. Hasta que, convencido de que era una batalla perdida, aceptó esta derrota, aunque no bajará los brazos, como señaló repetidamente.

Gran parte de su discurso de la noche de este martes, horario central en la tevé, consistió en mostrar al ciudadano -que no a los presentes en la sala- todo lo que juntos pueden construir republicanos y demócratas si marchan juntos con el mismo objetivo.

Trump recordó entonces las glorias pasadas durante la Segunda Guerra Mundial y la carrera del espacio en la era de la Guerra Fría. Pero también puso en la mira su diferencia con el establishment en cuestiones más actuales, como en su guerra comercial con China o estratégica con Rusia.

Agudizó también su grieta con el «estado profundo» al destacar que entre el 27 y el 28 de febrero se reunirá con el líder norcoreano en Vietnam para llegar a un acuerdo nuclear. Al mismo tiempo volvió a defender la ruptura de los «desastrosos» acuerdos nucleares con Irán, un país, según él, que patrocina el terrorismo, «canta la muerte de EEUU» y «amenaza con el genocidio del pueblo judío».

Y afirmó que están avanzadas las negociaciones en Afganistán para alcanzar un acuerdo político en el que no dejó afuera de la mesa a nadie, ni a los talibanes. «Las grandes naciones no pelean guerras interminables», señaló en relación a una contienda que ya lleva 19 años y junto con la de Irak, según destacó, le costó la vida a 7000 soldados estadounidenses e implicó gastos por más de 7 billones de dólares del erario público.

También se ufanó de que se «limpió» el terreno de «los asesinos sedientos de sangre» de Estado Islámico en Siria, otra región donde a pesar de la política intervencionista de gran parte de la secretaría de Estado y el Pentágono, apoyados por legisladores de ambos partidos, dijo que iba a retirar las tropas en breve. De hecho, apenas 24 horas antes del discurso, el Senado, controlado por los republicanos, había aprobado por mayoría una propuesta criticando precisamente la decisión de abandonar esas regiones.

Donde no hubo controversia fue en la posición sobre Venezuela, y aquí es bueno destacar la articulación que hizo Trump.

«Hace dos semanas, los Estados Unidos reconocieron oficialmente al gobierno legítimo de Venezuela y su nuevo presidente interino, Juan Guaidó. Estamos con el pueblo venezolano en su noble búsqueda de libertad y condenamos la brutalidad del régimen de (Nicolás) Maduro, cuyas políticas socialistas han convertido a esa nación, la más rica de Sudamérica, en un estado de pobreza extrema y desesperación. Aquí, en los Estados Unidos, estamos alarmados por los nuevos llamados a adoptar el socialismo en nuestro país. América se fundó en la libertad y la independencia, no en la coerción, la dominación y el control del gobierno. Nacemos libres, y nos mantendremos libres. Esta noche, renovamos nuestra determinación de que América nunca será un país socialista», dijo.

La acotación viene a cuento de que en la actual composición del Congreso estadounidense hay varios legisladores que reivindican el socialismo, como el senador Bernie Sanders y la representante estrella. Alexandria Ocasio-Cortez. Pero se debe destacar que Trump fue preciso en el término que usó.

América en boca de estadounidenses suele significar Estados Unidos, aunque cuando necesitan mayor especificidad hablan de USA. De hecho, en varios tramos patrióticos del mensaje de Trump la bancada oficialista interrumpió al grito de «Iu Es Ei, Iu Es EI». Y él puntualizío que «los Estados Unidos oficialmente reconocieron» a Guaidó.

Como en la frase de Monroe de 1823 -eso de «América para los americanos»- la mención de Trump debe entonces entenderse para el mercado interno como que nunca debería permitirse prácticas estatistas o populistas dentro de territorio estadounidense. Como ciertos planteos del ala izquierda de los demócratas o algunas que intenó Barack Obama.

Pero que tampoco piensa permitir esas expresiones en el resto del continente.

Así se explica mejor esta cruzada contra la Venezuela chavista pero también el giro de 180 grados sobre la política que Obama había iniciado con Cuba en diciembre de 2014 y el renovado ataque contra la Nicaragua de Daniel Ortega. Para el ideario ultraconservador de EEUU, incluso el papa Francisco tiene un toque socialista que no les cae para nada simpático, de allí la negativa a aceptar cualquier mediación del Vaticano en Venezuela..

Las cámaras enfocaron en ese tramo a Sanders, que puso cara de póker mientras se sostenía la barbilla con la mano derecha. Ocasio-Cortez, la joven de 29 años que arrasó en Nueva York el 6 de noviembre pasado, mostraba su sempriterna sonrisa, vestida de blanco, como las legisladoras demócratas este martes, en homenaje a las sufragistas, las mujeres que hace poco más de un siglo reclamaban el voto femenino.

Incluso Pelosi, sentada detrás de Trump en el estrado, junto al vicepresidente Mike Pence, vestía un trajecito blanco, todo un desafío de esta señora de 78 años que puso contra las cuerdas al presidente y promete no darle respiro en lo que le quede de mandato.

Tiempo Argentino, 6 de Febrero de 2019

Las miserias internas de Sánchez, Macron y May

Las miserias internas de Sánchez, Macron y May

No es casualidad que los tres más fervorosos enemigos de Nicolás Maduro en Europa sean los gobiernos de España, Francia y Gran Bretaña. Pero no por razones humanitarias o ímpetu democrático, sino porque el ultimátum –de imposible cumplimiento– para que el gobierno bolivariano llame a elecciones antes de este lunes les sirve para incidir en sus disputas internas.

El caso del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, es paradigmático. Llegó a La Moncloa el 2 de junio pasado luego de una movida parlamentaria que bien podría catalogarse como «golpe institucional». Fue tras un acuerdo entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y sectores de izquierda, cuyo principal referente es el partido Podemos, para sacar del medio a Mariano Rajoy, del conservador Partido Popular (PP).

Sánchez podría haber seguido la línea que le marcaba su correligionario José Luis Rodríguez Zapatero, que coordinó durante casi dos años una mesa de diálogo entre la oposición y el chavismo para una salida negociada a la crisis que ya lleva años en Venezuela. JLRZ denunció que a último momento la oposición se negó a firmar el documento consensuado.

Pero Sánchez, que al momento de ser designado como premier ni siquiera era diputado, no resistió a la tentación de subirse al carro antichavista, como Rajoy y como pretende la corona de los Borbones (recordar el «¿Por qué no te callas?» de Juan Carlos I al propio Hugo Chávez en una cumbre regional).

Con otro agregado: Podemos es un movimiento muy cercano al gobierno bolivariano y representa la versión hispana del populismo latinoamericano. En estas semanas enfrenta una fuerte disputa interna entre dos de sus fundadores, Pablo Iglesias e Iñigo Errejón. Si Podemos era un desprendimiento por izquierda del PSOE, qué mejor ocasión que machacar ahora sobre sus aliados circunstanciales para recuperar votantes en un escenario de terror al contagio caribeño.

Un caso parecido tiene Emmanuel Macron en Francia. Llegó al poder en mayo de 2017 luego de un balotaje con la derechista Marine Le Pen. Por muy poco quedó afuera de la segunda vuelta Jean-LucMélenchon, la versión gala del populismo sudamericano. Envuelto desde hace semanas en las protestas de los «chalecos amarillos», y con cada vez menos sustento en la sociedad, apoyar al opositor Juan Guaidó le permite a Macron ir cambiando de tema en la agenda interior pero fundamentalmente socavar la base ideológica de Mélenchon, que ante el descrédito del exempleado de la banca Rothschild, era la opción de quienes jamás votarían por la ultranacionalista Le Pen y están desencantados de otras promesas de izquierda.

Del otro lado del Canal de la Mancha, Theresa May está en un atolladero porque se acerca la fecha para comenzar la separación del Reino Unido de la Unión Europea. Pasó con lo justo dos mociones de confianza en el Parlamento y el martes logró que se le aprobara una enmienda al acuerdo de divorcio de la UE, pero en verdad nadie sabe lo que pueda ocurrir antes del fin de este mes. El laborista Jeremy Corbyn aparece como el recambio a los conservadores. Y también tiene en la frente el sello de chavista, además de que se opone al intervencionismo en los asuntos venezolanos.

Tiempo Argentino, 3 de Febrero de 2019