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Dime como empiezas…

No es algo científico pero uno podría hacer una lectura de cómo le fue a diferentes gobiernos en relación a cómo empezaron. Y a grandes rasgos sale esto:
Solo en lo que va del siglo, Fernando de la Rúa comenzó con una represión de una manifestación en el puente de Corrientes que terminó con dos muertos. Se fue en helicóptero luego de haber reprimido manifestaciones con un costo de 40 muertos. Aníbal Ibarra asumió en la ciudad de Buenos Aires y a los pocos días una inundación acabó con la vida a cuatro abuelas que estaban alojadas en un subsuelo de un geriátrico de la calle Superí en Belgrano. Su carrera terminó con el caso Cromañón: 194 muertos.
Néstor Kirchner reformó la Corte y la llenó de gente digna luego de una década de un tribunal deleznable, salvo un par de excepciones A Cristina la oposición no le dejó completar ese tribunal, reducido luego de renuncias por edad y defunciones varias. Y se fue tras una medida no menos escandalosa que redujo su mandato, dejando a su pesar una minoría automática de tres personas en el más alto estamento del Poder Judicial.
Yendo para atrás en la historia, uno recuerda que los militares entraron asesinando a 30 mil ciudadanos y se fueron envueltos en el oprobio luego de intentar la recuperación de las Malvinas en una guerra insensata que costó la vida de casi un millar de chicos.
Raúl Alfonsín entró con los juicos de lesa humanidad contras las juntas de gobierno y tratando de no pagar la deuda oprobiosa que dejaron los militares. Se fue con hiperinflación y aceptando una ley de punto final y obediencia debida.
Carlos Menem empezó prometiendo revolución productiva y combatir la híper y se fue en medio del desprestigio y denuncias de corrupción, con inflación cero e índices de desocupación de dos dígitos -algo que no sucedió en la Argentina ni en tiempos de la dictadura- luego de malvender el patrimonio nacional. Pero aún así lo volvieron a votar en el 2003, con escasísimo margen, pero lo votaron casi un cuarto de los argentinos.
Todo esto para plantear un jueguito: Mauricio Macri asumió violentando la Constitución, anulando leyes por decreto y acelerando el tránsito al neoliberalismo, uno diría que contra la voluntad de más de la mitad de la población (porque a su proyecto lo votó el 34,15% en la primera vuelta, ¿sería muy forzado hacer la cuenta así?). Todo con el objetivo de destruir el estado populista, como expresan públicamente sus ideólogos (imprescindible leer a Joaquín Morales Solá). ¿Cómo imaginan que terminará?
Escucho propuestas.

Alimentar el monstruo

La tentación de caer en un argumento Ad Hitlerum en torno a la decisión de gobernar por decreto que asumió Mauricio Macri es mucha. Por eso de que llegó al poder por una diferencia mínima de votos y luego devino en una barbarie que escandaliza todavía al género humano. Pero no corresponde por variadas razones que no vienen al caso. Lo cierto es que los ejemplos para adosarle al flamante presidente argentino están más acá en el tiempo y la distancia. El camino elegido por Macri se asemeja mucho al de otro ingeniero, de origen japonés y nacionalidad peruana, Alberto Fujimori.
“El Chino” como se lo conoce en su país, llegó al poder en 1990 ganándole en la segunda vuelta al escritor Mario Vargas Llosa. En la primera no superaba el 25 por ciento de votos..
Un par de años más tarde, disolvió el Congreso y el Poder Judicial y desde entonces gobernó por decreto. Con ese estilo autocrático reformó la Constitución a su gusto y cometió todo tipo de tropelías en el marco del combate del terrorismo y de la aplicación de las leyes más crudas del neoliberalismo.
Vale la pena aunque más no sea consultar Wikipedia -sabiendo que hay mejores fuentes sin duda- para ver los detalles de cómo siguió su gestión, el caso es que Vargas Llosa nunca volvió a Perú –horrorizado por la dictadura fujimorista- y como ciudadano español ganó el Nobel de Literatura en 2010. En el año 2000 comenzó la caída de Fujimori, que cuando se las vio complicadas viajó al exterior como presidente y se escapó a Japón en busca de protección.
Luego de varias idas y vueltas, pudo ser juzgado en su país y condenado a 25 años de prisión hace justo una década, por delitos de lesa humanidad y corrupción a granel. Desde entonces está preso y busca alguna indulgencia para disfrutar del dinero mal habido antes de que la muerte le haga pagar sus culpas.
Gobernar por decreto de necesidad y urgencia se asemeja a una bravuconada que sepulta las posibilidades de vivir en democracia para los argentinos. Pero que además no beneficiará a nadie. En el caso de la Ley de Medios, le da la espalda al poder legislativo, porque pretende poner fin a una ley votada en el Congreso. En el caso del judicial, intenta ignorar que la ley fue declarada constitucional por el Supremo Tribunal.
Es cierto que en la historia argentina no es la primera vez que un pequeño grupo que se hace del poder echa por tierra con la voluntad popular. Un bando militar clausuró la Carta Magna de 1946 sin que a los opositores del peronismo, que tanto se jactaban de republicanos, se les moviera un pelo. Y ningún tribunal supremo declaró anticonstitucional un golpe de estado. Pero además, le pone una mancha más al historial de Clarín. Que se quedó con Papel Prensa en la dictadura y ahora terminaría de legalizar su monopolio con un golpe antidemocrático a la luz del día.
Parece que la coalición Cambiemos está aceptando sumisamente –o participó activamente detrás de bambalinas- de la ejecución de esas medidas. ¿Cuántos salieron ya a protestar en nombre del republicanismo? Y si la excusa es que esa es la forma de enfrentar al populismo o que el anterior gobierno tampoco mostró apego a las instituciones, pues en primer lugar nunca el kirchnerismo llegó a semejante atropello. En segundo lugar, de ahora en más cualquier gobierno podrá gobernar por decreto e incluso duplicar la apuesta, porque total, TODOS hicieron lo mismo y más. O sea que es una república, si, pero bananera.
Uno de los partidos con que se presentó a comicios Fujimori fue Cambio 90. ¿Será casualidad de marketing político el nombre de la alianza macrista? Sería bueno, de paso, que Vargas Llosa, quien no es precisamente un amante del populismo, diga algo sobre estas graves señales. ¿O a él también le parecerá que todo vale con tal de enterrar al peronismo?
Se necesita cordura en estos momentos difíciles para la Argentina. Pero los que más la tienen que garantizar son los dirigentes políticos y los jueces. Y sobre todo los que están junto al nuevo gobierno. No sea cosa que alimenten un monstruo por una simple ventaja particular sin medir las consecuencias.
La historia no los absolverá.

El valor docente de la derrota

El valor docente de la derrota

Suele decir el técnico de fútbol Marcelo Bielsa que perder enseña mucho más que triunfar. «El liderazgo está directamente relacionado con la derrota. Porque es ahí cuando se verifica la consistencia del conductor», dijo alguna vez. Y completó: «Lo mejor del ser humano sale cuando el éxito nos abandona.»

Cualquier idea que refleje la importancia de «no darse por vencido ni aun vencido» resulta útil para reflexionar sobre este momento particular que vive la región luego de la contundente victoria de la oposición venezolana en las elecciones del domingo pasado. Sobre todo porque representa un traspié significativo en términos simbólicos para un proceso que había inaugurado Hugo Chávez cuando llegó al poder el 2 de febrero de 1999. Y también porque es como el colofón para una serie de retrocesos que se venían dando con los ataques al gobierno de Dilma Rousseff en Brasil y que en Argentina se evidenció con el ajustado triunfo de Mauricio Macri.

Que lo simbólico tiene su peso lo demuestra el hecho de que a la asunción de Macri vino el rey emérito de España, Juan Carlos de Borbón. El mismo que en una cumbre de jefes de Estado en Chile, en noviembre de 2007, lanzó el grito destemplado de «¿Por qué no te callas?» ante una denuncia de golpismo contra el gobierno del PP que lanzaba el mismísimo Chávez. El rey, que se vio obligado a abdicar en favor de su hijo Felipe en julio del año pasado luego de varios escandaletes –entre ellos una caza furtiva de elefantes- quería silenciar al líder bolivariano en un encuentro creado para concertar acercamientos entre los países iberoamericanos. Una estrategia que con un fuerte anclaje en el neoliberalismo buscaba tejer lazos entre la «Madre Patria» y las ex colonias latinoamericanas, con la idea lejana de establecer una suerte de Commonwealth ibérico.

Otro gesto encaramado en este cambio de rumbo que hoy tratará de extender Macri hacia el resto del continente está marcado por las declaraciones de su canciller, Susana Malcorra, para quien el ALCA «no es mala palabra en tanto y en cuanto encontremos una vinculación que sintamos que nos beneficia». A exactos diez años de aquel «alcarajo» del mismo Chávez en Mar del Plata no suena a respuesta de compromiso sino a una declaración de principios.

La reanudación de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, lograda con la intervención del Papa Francisco hace un año, significó un giro inesperado para una política «negacionista» de sucesivos gobiernos estadounidenses en más de medio siglo. Implicó el reconocimiento de los errores que las administraciones de la Casa Blanca habían cometido en su empecinamiento por ahogar a una revolución que se mantuvo en firme a pesar del bloqueo y el aislacionismo. Pero en estos doce meses, lejos de ese triunfo de honda significación histórica, se fueron despeñando en un muy bien estructurado efecto dominó una serie de calamidades sobre los gobiernos progresistas de la región que manifiestan algo palpable: los enemigos de la integración nunca descansan.

A los pocos días de aquel primer diálogo entre Barack Obama y Raúl Castro, tomó su segundo mandato Dilma Rousseff y se inició un calvario que ahora dramáticamente la tiene a ella y al Partido de los Trabajadores contra las cuerdas. Pocos días más tarde se abre el capítulo Nisman, que golpeó de lleno en el gobierno de Cristina Fernández. Mientras tanto, la crisis económica y política iba desgastando la gestión de Nicolás Maduro. Fue un ataque económico despiadado calcado del que sufrió Salvador Allende en los ’70 y que no tuvo una respuesta adecuada del gobierno bolivariano ante la sociedad. En esta fisura caló el discurso de la derecha. Como lo probaron las elecciones que en este año se desarrollaron en Grecia, en esta etapa de la globalización la democracia consiste en que los pueblos voten con una pistola en la cabeza.

Desde junio de 2014 los precios del petróleo se fueron desmoronando luego de tres años de estabilidad y una media situada en torno de los 105 dólares por barril. En enero de este año bajaron de los 50 dólares y ahora se ubican en los 37 dólares el barril. El resto de los commodities y minerales también está en caída, o debiera decirse que el dólar se está revaluando en todo el mundo provocando una crisis de ingresos en los países emergentes, sobre todo en las economías china y rusa, y pega de lleno en las latinoamericanas.

El sueño de igualar en estas sociedades- las más inequitativas del planeta- se sustenta en gran medida en el precios de las exportaciones y ese sigue siendo un límite a toda expectativa de justicia social. No es que los gobiernos no lo sepan, pero modificar esas variables es una tarea que lleva décadas. Por otro lado, el capitalismo sigue dando muestras de contar con una alta capacidad de renacer de sus cenizas tras cada nueva crisis. Y los medios dominantes no tienen intención de apoyar y sustentar ningún cambio cultural sino más bien tienen como función reprimir cualquier intento de rebeldía.

No sólo las formas molestan e incomodan a esa dirigencia globalizada. Es el contenido. Pero si de formas se tratara, podría verse allí que también hay un cambio de paradigmas en cuanto al modo de operar de la derecha regional y el establishment latinoamericanista, con capital en Miami.

El giro de la Casa Blanca hacia Cuba fue un renunciamiento estratégico con relación a los golpes de Estado que hasta no hace tanto fomentaban la CIA y el Pentágono. Desde la revolución cubana, cuanta interrupción democrática hubo en la región tenía como excusa evitar el «camino al comunismo» que representaba el gobierno a atacar. Con el sostén imprescindible de las fuerzas armadas entrenadas en la Escuela de las Américas en la doctrina de seguridad nacional. La barbarie fue tan tremenda que poco a poco se fue instalando el proyecto «democratizador», con las trampas y variantes constitucionales al uso de cada país.

La constitución que el pinochetismo legó a los chilenos es la herencia maldita para poder construir una verdadera democracia en el país trasandino que a los tumbos intenta reformar Michelle Bachelet. El sistema electoral brasileño, que obliga a alianzas y coaliciones, ahora entierra bajo el lodo al PT por sus acuerdos con un partido que, además de venal, no duda en traicionarlo cuando percibe que el buque se hunde. Por supuesto que hay corrupción, el caso es cómo frenarla, cuando los propios corruptos son los que fijan las reglas, como es el caso del jefe de la Cámara Baja brasileña, Eduardo Cunha.

Chávez tuvo la perspicacia y aprovechó el poder político inicial para crear una nueva constitución, igual que lograron hacer Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador. Los intentos golpistas que padecieron Morales en 2009 y Correa en el 2010 tienen su origen en esta nueva institucionalidad, que amplía derechos de una manera que el liberalismo político no tendría más que aplaudir. Pero pone límites a las aspiraciones de las minorías.

Para el resto, el papel que antes cumplían los uniformados ahora lo cumplen los togados. Es un Poder Judicial constituido a la usanza y bajo el molde del sistema creado en Estados Unidos con el argumento, James Madison dixit, de que » las democracias siempre han sido incompatibles con la seguridad personal o el derecho a la propiedad; y han sido, en general, tan cortas en su vida como violentas en su muerte».

El sistema judicial es el nuevo organismo de intervención, como lo padece el gobierno de Brasil y lo denunció la ahora ex presidenta argentina en reiteradas ocasiones. Un poder que también recibe entrenamiento en organismos de Estados Unidos para controlar eso que Madison, uno de los «Padres Fundadores», consideraba un riesgo: los posibles «excesos» de las mayorías sobre los intereses de las minorías. Los intereses económicos, se entiende, porque aún hoy las minorías étnicas bien que sufren todo tipo de excesos en la cuna del constitucionalismo americano, a pesar de contar con un presidente negro.

Tiempo Argentino
Diciembre 11 de 2015

Ilustró Sócrates

Invitados al baile macrista

Invitados al baile macrista

Uno de los discursos más encendidos en el Senado brasileño a favor de la presidenta Dilma Rousseff fue el del representante carioca del PT, Luiz Lindbergh Farías. Desde el estrado dijo que la oposición tiene una idea fija, que es la de someter a un juicio político a la mandataria, y que en un modo que uno podría catalogar de irresponsable, no hace sino provocar desconfianza en la economía del país, lo que conlleva a una crisis sin precedentes que, puntualizó, “puede llevar a Brasil a una situación semejante a la de Argentina en el 2001”.

¿Fue una defensa irrestricta de la gestión de Dilma? Para nada. Farías, un ex dirigente estudiantil que comenzó su carrera política cerca de Fernando Collor de Mello, viene criticando los ajustes que la sucesora de Lula da Silva viene realizando desde que comenzó su segundo mandato, el primer día de este año.”El ajuste adoptado por el ministro de Hacienda, Joaquim Levy, trajo inflación y desempleo”, señaló el senador.

Proveniente de una familia con inclinaciones de centroizquierda, se llama exactamente igual que su padre, un gesto hacia el abuelo, admirador del héroe de la aviación estadounidense Charles Lindbergh, que cruzó al Atlántico con en avión Spirit of Saint Louis en 1927. Farías criticó duramente en estos meses el tarifazo que incrementó el precio del combustible y de la energía eléctrica, llevó la inflación a 9,5 % y elevó la desocupación 3,3 por ciento.

El pedido de impeachment, como se publicó ayer, fue una repentina respuesta del problemático e incombustible jefe de la Cámara Baja ante el respiro presupuestario que le había dado, una hora antes, el Senado, al aprobar una extensión del déficit presupuestario. Era la mano de cal que contrastaba la de arena.

Cunha es el mismo que no pudo explicar de un modo coherente y aceptable cómo es que tiene una fortuna de varios millones de dólares escondida en Suiza y que enfrenta pedidos de juicio político, a su vez, para ser alejado del Congreso. Con cara de digno, dijo que el proceso al que abrió las puertas era porque la presidenta mintió a la Nación, “y eso es grave”. Desde que se desplegó la crisis política que envuelve al PT y a sus incómodos aliados del PMDB -de hecho Cunha pertenece a ese partido, al igual que el vicepresidente, por lo tanto una destitución lo llevaría al gobierno, algo que por las urnas no logran desde hace décadas- hubo una pila de pedidos de impeachment a Dilma. Todos fueron frenados de acuerdo a los tiempos que marcaba el jefe de Diputados. Esta última presentación no tiene mayores razones que las otras: se trata de una acusación de haber violado disposiciones administrativas para superar de manera irregular los gastos sobre el presupuesto establecido, algo que podía llegar a solucionar la ampliación votada de Senadores.

El gestor de esta denuncia es Miguel Reale Junior, un abogado de rancia familia judicial que fue ministro de Justicia del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Reale Junior, miembro del principal partido opositor, que es el PSDB de Cardoso, consideró que «la sociedad civil, los grupos que se organizan a través de internet» respaldan su pedido de juicio político a la presidenta.

Otro opositor que está activo por estas horas es Marco Aurelio Mello, miembro del Supremo Tribunal Federal brasileño desde 1990. Es también un miembro de la familia judicial brasileña, pero además de la de Fernando Collor de Mello, ya que es primo del poderoso empresario de Alagoas que fue presidente entre 1990 y 1992, cuando fue exonerado del poder por un impeachment, acusado de corrupción, tráfico de influencias y sobornos.

El magistrado declaró, confirmando que la inestabilidad es parte del plan de la derecha en esta hora, que “(los brasileños) estamos sin gobierno”. Consultado sobre qué actitud tomaría ante el envío de un reclamo a la corte por parte del gobierno, dijo que es «preferible» que el STF no obstruya al Congreso. «El Supremo debe actuar como un poder moderador para preservar la Constitución, una Constitución que debería ser más amada por los hombres públicos», se explayó.

No es demasiado osado ligar a este recrudecimiento de la crisis en Brasil al triunfo de Mauricio Macri en Argentina –como señaló en una columna de ayer,Luis Faraoni- y a las elecciones del próximo domingo en Venezuela. Es más, cada movida de estas últimas semanas en la región parece juntar agua para el molino de la oposición a los gobiernos populares. Según las encuestas el oficialismo venezolano podría perder la mayoría de que dispone en la legislatura. Eso en caso de que el resultado se asemejara a lo que indican las encuestas, que últimamente no las tienen todas consigo. Pero es un dato a tener en cuenta. En todo caso, el líder más moderado de esa oposición, Henrique Capriles, se sumó al eslogan del triunfador en Argentina y deslizó que en «la Venezuela de hoy es claramente mayoría del cambio” que, aventuró, se va a concretar este domingo.

De resultar cierto este pronóstico, no será la primera vez que el chavismo pierde un comicio –el 2007 el propio Hugo Chávez no logró aprobar una reforma constitucional- pero si sería el primero desde la muerte de líder bolivariano e impactaría de forma dramática en la marcha del gobierno de Nicolás Maduro, ya abrumado por una crisis económica grave. El oficialista PSUV no solo perdería la mayoría parlamentaria sino que de acuerdo al resultado incluso el propio Maduro podría ser sometido a un referéndum revocatorio, como marca la constitución chavista. Simbólicamente sería un fuerte golpe al proceso iniciado por Chávez en 1999 hacia adentro de Venezuela y al mismo tiempo para la integración latinoamericana.

Otro que mira esta ola de corrimiento a la derecha con ansiedad es el gobierno del español Mariano Rajoy. El 20 de diciembre hay elecciones generales en ese país y la situación del Partido Popular no es una maravilla, luego de una gestión que no logró mejorar casi ninguno de los índices de desempleo, pobreza y deuda que encontró al llegar. Además, tiene en ciernes el proceso indepedentista catalán y el crecimiento de dos partidos menores, un por la derecha, Ciudadanos, y otro desde la izquierda y con inclinaciones chavistas, Podemos, que llegaron para romper la monótona alternancia PP-PSOE.

Para Rajoy, sin embargo, la situación no es tan grave como para no esperanzarse en permanecer en La Moncloa por otro periodo: según las encuestas, obtendría la primera minoría parlamentaria aunque no llegaría al 30% de los sufragios. Rajoy y el PP son de los sectores más cercanos a Macri en Europa y en estos días su canciller, José Manuel García-Margallo, se reunió con el futuro presidente nacional en una inesperada visita. Seguramente para que el aurea triunfadora del argentino le dé un impulso al último tramo de la campaña española. También allá esperan sumarse al baile macrista.

Tiempo Argentino
Diciembre 4 de 2015

Ilustró, como acostumbra, Sócrates