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El derrumbe del imperio ya no es una mera fantasía

El derrumbe del imperio ya no es una mera fantasía

Mientras gran parte de la dirigencia estadounidense busca la forma de sacarse de encima a Donald Trump, resultan más claras las advertencias que durante décadas venían haciendo los más lúcidos analistas políticos: la principal potencia económica y militar del planeta parece encaminarse hacia su disolución. El drama es que la república imperial que supieron construir las 13 colonias británicas en estos 245 años es demasiado grande como para caer sin dejar un tendal de escombros a su alrededor.

En todo caso, el asalto al Capitolio y estos cuatro años de gobierno trumpista no fueron sino la expresión de una profunda división interna que quedó reflejada en la elección del 3 N. Los 70 millones de ciudadanos que siguieron a Trump son un caudal para nada desdeñable de cara al futuro y representan una cruda señal: hay dos tribus que se disputan el poder y en el futuro cercano no debería tomarse a burla el riesgo de otra guerra civil, con base en las tendencias secesionistas de muchas regiones del país.

El que habló de “tribus enfrentadas” estos días fue Alastair Crooke, exdiplomático británico. Para el creador del think tank Conflict Forum, el problema es que ocho de cada diez votantes republicanos están convencidos de que le robaron la elección a Trump. Y no es que el enfrentamiento vaya a llegar ya a las manos, apuntó, pero “según los agentes inmobiliarios, las mudanzas de vivienda están siendo impulsadas en primer lugar por el ‘color’ general del vecindario”. Rojos son, en EE UU, los republicanos; azules, los demócratas.

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(Foto: Telam)

Otro experto en política internacional como el francés Thierry Meyssan, fundador del portal voltairenet, había escrito a mediados de diciembre que “la catástrofe previsible desde hace 30 años hoy se perfila en el horizonte”. Y se explicaba: “Al desaparecer la Unión Soviética, el Imperio estadounidense perdió su enemigo existencial y, también, su razón de existir”. De acuerdo a esta interpretación, el atentado a las Torres Gemelas sería el último gran intento de cohesionar a la nación en torno a un enemigo común aunque difuso, el terrorismo internacional. Las leyes patrióticas de George W. Bush pavimentaron el camino a la pérdida de derechos civiles de la ciudadanía.

El ataque al Congreso se presta a teorías conspirativas de otro calibre que las de QAnon. Por un lado, los “invasores” no tuvieron que sortear la menor resistencia para ingresar al edificio más emblemático de la democracia estadounidense, el lugar donde se reúnen los ciudadanos elegidos para dictar las leyes del país. Pero, a continuación, el presidente electo, Joe Biden, pronunció desde Wilmington, en Delaware, una frase reveladora: “No se atrevan a llamarlos ‘manifestantes’. Eran una turba desenfrenada, terroristas domésticos. Así de básico, así de simple”.

A las pocas horas, la red de Twitter primero suspendió por 12 horas la cuenta de Trump y luego anunció un bloqueo definitivo. Es cierto que, hasta el cierre de esta edición, el presidente de Estados Unidos alentó la revuelta de sus seguidores y no hizo más que arrojar combustible a la protesta. Pero desde ámbitos progresistas alertaron sobre el riesgo para la democracia de ambas coincidencias.

Así, Glenn Greenwlad -que publicó la primera entrevista en la que el ex agente de la CIA Edward Snowden revelaba el espionaje cibernético de las agencias de inteligencia de EE UU- recordó que había pasado “la primera década de mi carrera periodística dedicada a exponer y denunciar los excesos de la Primera Guerra contra el Terror, y veo exactamente que se forman las mismas tácticas: si cuestiona o está preocupado por estos nuevos poderes, se le tildará de simpatizante de los terroristas”.

Caitlin Johnstone, escritora, investigadora y poetisa, caló más hondo: “la izquierda es siempre el verdadero objetivo de los impulsos a favor de una mayor censura y vigilancia. No están preocupados por los derechistas, que apoyan la mayor parte de lo que quiere el establishment. Les preocupa la facción que quiere desmantelar el imperio oligárquico”.

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(Foto: Telam)

“No me van a silenciar”, protestó Trump tras la censura a sus mensajes que para colmo fue hecho por una empresa privada, y prometió salir desde una plataforma propia. Nancy Pelosi, la jefa de la bancada demócrata en la cámara baja, se reunió con los mandamases del Pentágono para pedirles que no hagan ninguna de las locuras que podría ordenar el ocupante de la Casa Blanca. Claro, Trump todavía tiene en su poder el botón para desencadenar un ataque nuclear. Aceleradamente, también, la veterana dirigente junta voluntades para que el vicepresidente Mike Pence aplique la Enmienda 25, que permite destituir al presidente si se lo considera no apto para el cargo.

En verdad, muchos republicanos abandonaron a Trump, pero 147 representantes y ocho senadores rechazaron la victoria de Biden en la legislatura. Su pretensión de quedarse otros cuatro años a la fuerza se licuó, pero aunque sea expulsado de manera humillante, es evidente que expresa a una parte significativa de Estados Unidos como para temer un futuro tenebroso. Tanto como el tormento que desataron por décadas sobre todo el mundo, pero en la propia casa. «

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(Foto: Telam)

Calexit

Dos días antes del fin de año se cumplieron 175 años de la anexión de Texas a Estados Unidos. Pero no fueron días para el festejo: con una población tradicionalmente inclinada a la derecha más rancia, comenzaron a crecer voces que reclaman la secesión tras la certificación de Joe Biden como futuro ocupante de la Casa Blanca.

Texas, un desprendimiento separatista de México, en 1836 disfrutó de un período de independencia hasta que en 1845 arregló el ingreso a la Unión, pero guarda la potestad de recuperar su soberanía en cualquier momento.

Ted Cruz, el aguerrido senador republicano, fue uno de los que encabezó la operación contra la certificación del triunfo de Biden. Randy Weber, otro legislador, incluyó en su página Facebook un meme a favor de la secesión. Kyle Biedermann se sumó con un proyecto de plebiscito independentista. Por su PBI, una República de Texas sería la décima mayor economía del mundo, mayor que Canadá, Corea del Sur, Turquía, Holanda y Arabia Saudita.

Los aires secesionistas alumbraron en California en 2016 tras el triunfo de Trump y se comenzó a hablar de Calexit, tomando la idea del Brexit británico. Históricamente liberal y progresista -es otro de los territorios tomados de México, aunque evidentemente de diferente cuño-, contiene a las más importantes empresas tecnológicas del mundo, además de contar con una agroindustria de relieve.

Si es por su producto bruto interior, California sería la quinta potencia del mundo, por detrás del total de EE UU, China, Japón y Alemania. Ya superó al Reino Unido y duplica a la economía España. El argumento para declararse independientes, y que suele expresarse en la página , es que los californianos aportan anualmente 103 mil millones de dólares más de lo que reciben del Estado central.

Tiempo Argentino, 10 de Enero de 2021

Biden busca desesperadamente un empate en el Senado con las dos bancas por Georgia

Biden busca desesperadamente un empate en el Senado con las dos bancas por Georgia

Joe Biden sigue en campaña. Superado el engorroso trámite de este lunes en que el Colegio Electoral ratificó el resultado de las elecciones del 3 de noviembre, ahora tiene un escollo no menor. Si es que quiere cambiar algo en Estados Unidos, necesita obtener las dos bancas en disputa para el Senado nacional por Georgia, un motivo suficiente para esquivar la pandemia y visitar ese estado sureño.

La particularidad de ese comicio es que Georgia tiene un sistema de balotaje para senadores, y como nadie obtuvo más del 50% de los votos en la primera ronda, el 5 de enero los ciudadanos deberán dirimir entre los demócratas Jon Ossoff y Raphael Warnock o los republicanos David Perdue y Kelly Loeffler, quienes ostentan actualmente el cargo, de manera que aparecen como favoritos.

La elección es clave porque la cámara alta tiene 100 escaños (dos por estado) y hasta ahora el partido del elefante tiene 50 senadores. Con la camiseta Demócrata hay 46 senadores, pero los dos independientes (Bernie Sanders, por Vermont, y Angus King, por Maine) suelen acompañar al partido del burro.

Un 50 y 50, además de ponerle un poco de sal a la disputa desde el 20 de enero, permitiría el desempate de la vicepresidente Kamala Harris. Un resultado adverso adelanta un bloqueo a las decisiones de Biden que puede sellar el inicio de su mandato, que se presenta como de grandes cambios sobre la agenda que desplegó Donald Trump desde el 20 de enero de 2017. Es que en la Cámara de Representantes (diputados) el tablero terminó 222 a 211 a favor de los demócratas, lo que permite una relativa comodidad a la hora de impulsar las iniciativas del futuro oficialismo.

De allí la importancia de la elección del resultado en Georgia, un estado tradicionalmente inclinado hacia los demócratas pero que en esta ocasión parece haber percibido levemente que se vienen tiempos de cambios. De hecho en noviembre Biden ganó por el canto de una uña: 11.779 votos de diferencia sobre Trump, una increíble diferencia de 0,2% (49,5 a 49,3%).

Es uno de los distritos que el actual presidente pretendió judicializar y como no pudo, enfureció cuando el gobernador Brian Kempt avaló el resultado de las urnas, contra la voluntad de la Casa Blanca, que aspiraba a obtener los 16 votos electorales correspondientes.

La actitud beligerante de Trump se manifestó a través de un tuit en el que involucró al gobernador y a su secretario de Estado como agentes de China. Subió a su cuenta una imagen de ambos dirigentes con un barbijo con la bandera de la República Popular torpemente dibujada. La red del pajarito anuló la imagen con un mensaje en que asegura que no hubo evidencia de fraude el 3 N.

Pero los senadores se colgaron del discurso de Trump y Kelly Loeffler pidió el voto de los ciudadanos de ese estado para “mantener la línea aquí, el futuro de todo el país depende de estas elecciones y debemos mantener la mayoría en el senado, Georgia debe ser el cortafuegos del socialismo”.

Trump también quedó claramente enemistado con el fiscal general, William Barr, quien la semana pasada indicó que no había ninguna evidencia seria de fraude en las elecciones. Lo que dejó al presidente sin el único argumento que le hubiera permitido alargar la incógnita sobre la designación de Biden. Este lunes, luego de que el demócrata fuera ungido por el Colegio Electoral, Barr -que había dado grandes demostraciones de lealtad a Trump en controvertidas interpretaciones de las leyes- terminó por renunciar ante el vendaval de críticas del Salón Oval.

Lo acompañó a la puerta del cementerio, pero le resultaba difícil seguir con esa estrategia que en ningún estado se pudo mantener. Lo apoyó con relación a las condenas a muerta aceleradas en las últimas semanas, y estuvo dispuesto a utilizar las fuerzas federales para contener las protestas contra la violencia policial, o en declarar a Nicolás Maduro jefe de una banda de narcotraficantes, entre otras cuestiones. Pero todo tiene un límite.

Hasta el jefe de la bancada republicana del Senado, el ultraconservador Mitch McCoinnell, se despegó de un líder que se hunde irremediablemente por negarse a admitir la derrota. “Nuestro país tiene oficialmente un presidente electo y una vicepresidenta electa. Muchos millones de nosotros esperábamos que la elección presidencial arrojara un resultado diferente. Pero nuestro sistema de Gobierno tiene procesos para determinar quién tomará posesión el 20 de enero. El Colegio Electoral ha hablado. Así que hoy quiero felicitar al presidente electo Joe Biden», afirmó en veterano dirigente político.

Tiempo Argentino, 15 de Diciembre de 2020

Biden y la vuelta al poder del complejo industrial-militar

Los delegados de cada estado emiten hoy su voto presidencial en los EEUU, el paso formal más importante luego de las elecciones para sellar el triunfo de Joe Biden. El nuevo presidente dejó claro con sus nombramientos que el poder militar vuelve a ser central en Washington. El ex general Lloyd J. Austin III -primer afrodescendiente en convertirse secretario de defensa- diseñó el programa para armar a los rebeldes sirios que desataron una guerra civil y es director de Raytheon, una proveedora del Pentágono.

Si Donald Trump no fuera el gobernante transgresor que se deleita con representar, no hubiera sido preciso hurgar tanto en el sistema electoral de Estados Unidos. Pero su estilo rupturista y la amenaza siempre latente de que hasta último momento puede intentar algo para no entregar el poder, obligan a desempolvar las reglas para explicar en qué momento de la transición hacia el mandato de Joe Biden está la nación más poderosa del planeta. 

Es bueno entonces recordar que el rito electoral exige que el primer lunes posterior al segundo miércoles de diciembre se reúnan los electores para ungir al ocupante de la Casa Blanca durante los próximos cuatro años. Esa fecha se cumple este lunes y nada indica que la nominación de Biden corra peligro. Pero con el empresario inmobiliario nunca se sabe.

Seis días antes, el 8 de diciembre, se cumplió otro paso del lento y engorroso trámite de la que muchos consideran la “democracia rectora” del mundo, el llamado “Puerto Seguro”, que es la fecha en que cada estado certifica la lista de delegados electorales que corresponde de acuerdo al resultado del comicio. Tratándose de una elección controvertida por el presidente, que acusó de fraude en gran parte de los distritos, era una señal a considerar. 

Pero ese día pasó sin pena ni gloria y Trump tuvo que soportar que la Corte Suprema, que por esas cosas del destino pudo renovar a su gusto con tres jueces conservadores, lo que le da en teoría un cómodo 6 a 3 en cualquier disputa, rechazó la demanda de un fiscal de Texas para anular los votos en Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin. 

De haber recibido el aval del máximo tribunal y haber podido contar con los electores de esos estados, hubiese tenido la ocasión de mantenerse en el Salón Oval a pesar de tener 7 millones de votos menos que el candidato demócrata. Pero el establishment de EEUU hace tiempo le había picado el boleto. El republicano es un personaje incómodo que mantuvo una pelea cuerpo a cuerpo con lo que llamó el “estado profundo”. Y al menos esta vez, a pesar de los más de 74 millones de votos, le toca perder, algo para lo que no está genéticamente preparado. A los 74 años, Trump parece lejos de seguir en carrera para el 2024, pero el espacio que representa sigue vivito y coleando más que nunca.

Una grieta en el camino 

De allí que el primer objetivo de Biden pase por terminar con la grieta política que divide peligrosamente a los estadounidenses. Las diferencias que supo profundizar Trump eran previas, pero con él alcanzaron visibilidad estridente. Si el presidente es capaz de mostrar un perfil desencajado y tan distanciado de la corrección política, qué no se pueden permitir sus seguidores, en muchos casos hartos de las buenas formas en un país que cada vez deja menos oportunidades a las capas medias y bajas de la población.

Joseph Robinette Biden Jr. es todo lo contrario. Hombre del sistema desde que en 1973, a los 31 años, ganó por primera vez una banca como senador por Delaware, fue reelegido seis veces por ese pequeño estado que con menos de 6500 km2 de superficie es un paraíso fiscal con más empresas internacionales radicadas que pobladores. 

No es que Trump sea un izquierdista ni mucho menos. Su discurso roza la paranoia de haber calificado a su contrincante de filocomunista. En disputas con legisladoras del ala izquierdista del Partido Demócrata como Alexandria Ocasio-Cortez o Ilhan Omar, llegó a jurar que no permitiría que el socialismo se enseñoree en Estados Unidos. 

Por otro lado, Trump encarna a un vasto sector de la cultura y la sociedad estadounidenses que técnicamente se denomina “jacksoniano”. Andrew Jackson gobernó entre 1829 y 1837, es considerado el primer presidente populista en la historia de EEUU. Sus ideas encuadran como nacionalistas y hasta aislacionistas en política exterior. La defensa de la industria y de la mano de obra nacional que emprendió Trump desde su campaña de 2016 es un claro ejemplo de esta tesitura. El retiro del país ni bien asumió de gran parte de las organizaciones globalistas -desde tratados de comercio a acuerdos climáticos-, son otra muestra.

Trump, a diferencia del último mandatario demócrata, Barack Obama, no obtendrá un Premio Nobel de la Paz, pero hay que remontarse a muchas décadas para encontrar otro presidente de EEUU que no haya iniciado ninguna guerra y al contrario, esté enfrentado con el Pentágono porque quiere traer a los soldados apostados en Afganistán antes de terminar su gestión, como también ordenó hacer con las tropas en Somalia. 

Biden ya adelantó que su administración irá por otro carril. Intentará reparar las relaciones con tradicionales aliados de Washington dañadas en estos cuatro años. Los desplantes de Trump crearon desconfianzas pero también permitieron el crecimiento de la influencia de China en el escenario internacional. Cada espacio que Trump cedió fue ocupado por la potencia asiática, que además supo cómo contrarrestar la ofensiva comercial y mediática desatadas desde la Casa Blanca.

Agenda exterior

El 14 de diciembre, los electores se reúnen en cada estado para elegir al futuro presidente. Son delegados designados por cada partido para emitir su voto por el candidato oficial. En la mayoría de los distritos están obligados a respetar el mandato popular, pero podrían convertirse en “traidores” y enfrentar las consecuencias, que no son gran cosa. Una multa que no suele superar los 1000 dólares. 

Hubo casos de “infieles”, pero nunca más de un puñado que no cambió el resultado final. Biden llega con 306 electores y Trump con 232. La incógnita se mantendrá hasta el 6 de enero, cuando en el Capitolio el vicepresidente Mike Pence abra los sobres cerrados para consagrar al binomio que dirigirá los destinos de la nación hasta 2024.

Pero la transición ya comenzó, a pesar de los berrinches de Donald Trump. Biden, como era de esperar, dio las primeras señales de un cambio de rumbo para el país en una página web en la que informa de sus primeras medidas, buildbackbetter.gov, literalmente “reconstruir mejor”, pero una traducción de potrero la podría interpretar como “volveremos mejores”.

El primer nombramiento en el gabinete que se destaca es el de Anthony Blinken como secretario de Estado, del cubano-estadounidense Alejandro Mayorkas como secretario de Seguridad Nacional y de Avril Haines en el área de inteligencia. Junto con el ex candidato presidencial y ex canciller John Kerry en Cambio Climático y la embajadora en la ONU Linda Thomas-Greenfield, son una señal clara para los aliados del otro lado del Atlántico y los países del sur del Río Bravo.

Kerry, siendo secretario de Defensa, en 2013, no tuvo mejor idea para referirse a América Latina como el “patrio trasero”. Lo que recordó los tiempos en que desde Washington se instalaba gobiernos títeres que garantizaran el “como mande” a cualquier decisión del gobierno. Pero eran tiempos de Obama, que había llegado con promesas de respeto mutuo, la región estaba gobernada por Cristina Fernández, Dilma Rousseff, Rafael Correa, Hugo Chávez, Evo Morales, y la Unasur era un espacio potente de integración y autonomía.

Para colmo, el exabrupto coincidió con las denuncias del analista de la NSA Edward Snowden sobre el espionaje masivo de organismos estadounidenses sobre ciudadanos de todo el mundo, incluida la presidenta de Brasil y su principal empresa nacional, la semi estatal Petrobras. En ese marco, Rousseff suspendió la gira que tenía programada a Washington y dejó plantado a Obama. De nada sirvió el viaje relámpago de Kerry, que intentó desdecirse para suavizar la relación.

Blinken trabajó codo a codo con Kerry en el pasado y ahora, al frente de las relaciones exteriores, se entiende que profundizará la relación con Cuba. Fue él uno de los principales gestores del histórico acercamiento entre Obama y Raúl Castro de diciembre de 2014. Trump echó por tierra con esa política, que había permitido la reapertura de relaciones, congeladas en 1962. 

Ahora se vez más cercano el fin del bloqueo comercial, que pronto cumplirá 60 años. Quizás ante esta perspectiva es que La Habana anunció que desde el 1 de enero se terminará con el sistema bimonetario, Ya no más circulación del CUC, solo el peso cubano, valuado en 24 por dólar.

Donde posiblemente Biden agradezca en silencio a su antecesor es en Venezuela, declarado “un régimen que amenaza a la seguridad de Estados Unidos” por un DNU de Obama en 2015. El método de acoso y bloqueo total continuado por Trump para asfixiar al chavismo, aunque no sirvió para derrocar a Nicolás Maduro, debilitó a tal nivel a su gobierno que quizás Biden tenga gran parte del objetivo que se planteaba como vice de Obama cumplido.

Complejo militar

El general Dwight Eisenhower le entregó la presidencia a John Fitzgeral Kennedy el 20 de enero de 1961. En un célebre discurso de despedida de unos días antes declaró: “debemos evitar la compra de influencias injustificadas, ya sea buscadas o no, por el complejo industrial-militar. Existe el riesgo de un desastroso desarrollo de un poder usurpado. No debemos permitir nunca que el peso de esta conjunción ponga en peligro nuestras libertades o los procesos democráticos”.

Pero el peso de esa maquinaria se consolidó y extendió desde entonces a limites peligrosos no solo para la democracia sino para la humanidad toda. Incluso tras la caída de la Unión Soviética, que era el enemigo que justificaba los presupuestos de defensa. 

No es que Trump haya escatimado fondos a los gigantes del aparato industrial-militar -que también integran empresas que proveen de “contratistas”, un eufemismo para hablar de ejércitos de mercenarios- pero los tentáculos de ese sostén de la economía estadounidense conforman gran parte del “estado profundo”, su enemigo interno.

Con Biden ellos vuelven a tallar en Washington. Blinken, sin ir más lejos, es uno de los fundadores de WestExec Advisors, una consultora secreta en la que también trabajó Avril Haines, ahora en inteligencia.

Además, el futuro secretario de Defensa será el general Lloyd J. Austin III, el primer afrodescendiente en ocupar ese sillón. Con un pasado reciente bastante belicoso como jefe del Comando Central que en 2014 diseñó el programa para armar a los rebeldes sirios que desataron una guerra civil para derrocar a Bashar al Assad, es miembro de la junta directiva de Raytheon, una de las mayores empresas especializadas en investigación, desarrollo y fabricación de productos de tecnología avanzada en el sector aeroespacial y defensa, desde motores de aviones hasta drones.

Biden, finalmente, promete terminar con la persecución a los inmigrantes ilegales, una política de Trump que subyugó a los ciudadanos que culpan a los latinoamericanos venidos del sur como causantes de la desocupación y los bajos salarios. Al mismo tiempo promueve políticas de desarrollo en América Central para buscar la reducción de las corrientes migratorias con trabajos locales. 

Se propone, asegura, recuperar una “base de cooperación” que había intentado durante la administración Obama. Lo que incluyó, está convencido, “una relación más amplia y profunda con México, una agenda global para la cooperación con Brasil, un compromiso revitalizado con América Central, la reconstrucción posterior al terremoto en Haití, la restauración de los lazos diplomáticos con Cuba, el apoyo al histórico proceso de paz de Colombia, una mejor seguridad energética en el Caribe. , ampliación de las relaciones comerciales y de colaboración con países de la región”

Nuestras Voces, 14 de Diciembre de 2020

Biden nombra a ministros ligados al «estado profundo» y envía señales a los organismos internacionales

Biden nombra a ministros ligados al «estado profundo» y envía señales a los organismos internacionales

Finalmente, la Administración de Servicios Generales de Estados Unidos (GSA) autorizó a que el equipo de Joe Biden comience la transición hacia el futuro gobierno. Más allá del berrinche de Donald Trump, que insiste en no reconocer el triunfo del demócrata porque, asegura, tiene elementos como para que la justicia determine que hubo fraude electoral en su contra, esto implica que los asesores del candidato demócrata han iniciado el proceso para hacerse de los códigos de seguridad de cada área de la administración pública para llegar, como ultimo paso, a las claves nucleares. Por lo pronto, le habilitaron un dominio .gov para el sitio buildbackbetter (literalmente «reconstruir» mejor, una versión yanqui del “volveremos mejores”). Allí ya volcaron las primeras nominaciones en el futuro gabinete y algunas directrices sobre la gestión que se abre el 20 de enero próximo. (Ver acá)

Las primeras designaciones (ver acá)  hablan efectivamente de un regreso, el de viejas figuras que tuvieron participación en el gobierno de Barack Obama. Pero sobre todo, de personalidades ligadas a ese sector de la administración que enfrentó a Trump desde el primer día. Y que recibió golpe a golpe del mandatario, que siempre puso entre sus enemigos al “estado profundo” y a la prensa hegemónica.

La primera figura que se destaca es la de Anthony Blinken como secretario de Estado, de Alejandro Mayorkas como secretario de Seguridad Nacional y Avril Haines en el área de inteligencia. Ellos, junto con el legendario John Kerry, en el área de Cambio Climático y la embajadora en la ONU Linda Thomas-Greenfield, representan un guiño a los aliados estadounidenses del otro lado del Atlántico. Muy golpeados y humillados en estos cuatro años por las políticas aislacionistas del empresario inmobiliario. Pero también representan esos vértices de la industria militar que implican políticas más belicistas que las de Trump.

«La democracia está en retroceso en todo el mundo, y desafortunadamente también está en retroceso en casa debido a que el presidente lleva un dos por cuatro a sus instituciones, sus valores y su gente todos los días», dijo Blinken a The Associated Press en septiembre, cuando arreciaba la campaña electoral. “Nuestros amigos saben que Joe Biden sabe quiénes son. Nuestros adversarios también. Esa diferencia se sentiría desde el primer día». De hecho, Vladimir Putin todavía se niega a reconocer el triunfo de Biden. Devolución de gentilezas ya que los demócratas argumentaron hace 4 años que Hillaru Clinton perdió la elección contra Trump por la injerencia rusa.

El cubano Mayorkas es también otro nombramiento con visos de símbolo político. Nacido en La Habana en noviembre de 1959, se exilió con sus padres por la revolución. «Cuando era muy joven, Estados Unidos nos proporcionó a mi familia y a mí un lugar de refugio. Ahora, he sido nominado para supervisar la protección de todos los estadounidenses y de aquellos que huyen de la persecución en busca de una vida mejor para ellos y sus seres queridos», declaró en su red social. Trump hizo de los ataques de tono racista contra latinoamericanos eje de su campaña en 2016 aunque se apoyó en los cubanos de Miami para su política de reforzamiento del bloqueo a Cuba. Se supone que ahora la Casa Blanca reanudará las relaciones plenas con La Habana, siguiendo la línea de Obama de 2014.

En la Secretaría del Tesoro, un cargo equiparable al de Ministro de Economía, estará Janet Yellen, la primera mujer en ocupar ese puesto. Fue también la primera en la Reserva Federal durante la gestión de Obama y acredita una gran cantidad de lauros en esa disciplina.

Incluso su marido, George Arthut Akerlof, es premio Nobel de Economía de 2001, en un galardón compartido nada menos que con Joseph Stiglitz y Michael Spence. Yellen llegó a publicar algún paper con su esposo sobre “salarios de eficiencia”, donde aplica soluciones no ortodoxas para dilemas como el sueldo laboral. Ella formó parte del equipo que diseñó las políticas de apoyo a los bancos en la crisis de 2008.

Kerry fue senador y en 2004 compitió sin éxito contra George W. Bush. Obama lo llamó a reemplazar a Hillary Clinton en la secretaría de Estado en 2013. Los latinoamericanos lo recuerdan porque rescató una frase que genera repudio y parecía olvidada en gestiones estadounidenses. Fue cuando calificó a América Latina de «patio trasero». Fue, también, el que promovió los primeros boicots contra el gobierno de Venezuela, al incluir al país bolivariano en la lista de peligros para la seguridad estadounidense. Al mismo tiempo promovió la agenda del medio ambiente que culminó en el Pacto de París, repudiado por Trump en 2017.

Blinken, como futuro canciller, garantiza la mesura y los rasgos cultivados de la diplomacia internacional al punto que habla francés con fluidez. Aunque de ninguna manera expresa una esperanza de paz para el mundo. De hecho, junto con Michele Flournoy, a la que muchos ven con el cargo de Secretaria de Defensa, fundaron WestExec Advisors, una consultora secreta en la que también trabajó Avril Haines, ahora nombrada para inteligencia. Ex directora adjunta de la CIA en la anterior gestión demócrata, Haines colaboró en el grupo que diseño el programa de aviones no tripulados.

Hay otro cargo normalmente de mucha influencia en política exterior aunque no con lo mismos galardones, como es el de asesor de seguridad nacional. Por allí pasaron en estos años halcones como John Bolton y antiguamente estrategas como Henry Kissinger o Zbigniew Brzezinski. Allí irá Jake Sullivan, que ya sirvió en el equipo chico de Biden cuando era vicepresidente y es investigador en la Fundación Carnegie para la Paz. Una institución que cuenta entre sus donantes a la Boeing, Northrop Grumman y las FF AA estadounidenses.

Tiempo Argentino, 24 de Noviembre de 2020