El general Wesley Kanne Clark fue comandante supremo de la OTAN y en 1999 dirigió a las tropas conjuntas en la guerra de Kosovo y en el bombardeo a Belgrado. No es precisamente un pacifista, pero si un crítico de la expansión militar de EE UU posterior a los atentados a las Torres Gemelas. En un reportaje que volvió a las redes estos días, allá por 2003 declaró que un alto oficial le había contado de los planes del gobierno de George W. Bush de atacar de manera progresiva siete naciones musulmanas: Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia y Sudán para terminar luego con Irán. Sin una razón valedera.
El objetivo de ir por todo siempre alimentó el sueño húmedo de las cúpulas dirigentes estadounidenses desde el derrumbe de la Unión Soviética. El 11-S no fue sino el incentivo final. Pero antes de eso hubo directivas para sustentar ese despliegue imperial cuando ya no había enemigos de peso del otro lado. En ese mismo año de 1997 un grupo de ultraconservadores liderados por William Kristol y Robert Kagan fundaron un think tank que elaboró el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC en inglés). De ese grupete participaron el que luego sería secretario de Defensa de Bush, Donald Rumsfled y el vicepresidente, Dick Cheney, junto con Francis Fukuyama (el del Fin de la Historia), el luego consejero de Donald Trump John Bolton y el inefable Elliot Abrams. En su discurso del domingo pasado, Javier Milei aludió al Siglo de las Américas, no inocentemente. Aquel borrador elaboró estrategias para imponer -no por las buenas, claro- la Paz Americana en aquellas regiones.
Otro proyecto con el mismo fin fue pergeñado por el propio Rumsfeld con el almirante Arthur Cebrowski. La llamada Doctrina Rumsfeld-Cebrowski promueve básicamente el caos permanente y desestabilización planificada en el marco de guerras sin fin en el Medio Oriente extendido, que llega hasta Afganistán. De ese modo EE UU fue apelando a excusas que pronto mostraron las huellas de la mentira. Que las armas de destrucción masiva de Saddan Hissein, que la represión a su propio pueblo de Muhamad al Gadafi o Bashar al Assad. Esa misma estrategia se usó contra Viktor Yanukovich en Ucrania, allí gracias a la intervención destacada como subsecretaria de Estado de Barack Obama de Victoria Nulland, a la sazón esposa de Roberto Kagan.
Oficialmente ninguna de estas teorías está vigente y los lineamientos en política exterior son establecidas por cada administración al inicio de su gestión en su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS en inglés). La última, de noviembre pasado, es esa en la que el presidente lanzó el Corolario Trump a la Doctrina Monroe o, directamente, la Donroe. El magnate había llegado a su segundo mandato luego de una evaluación certera de la decadencia de Estados Unidos y prometiendo ir el Estado Profundo. Ese estamento burocrático permanente que dicta las políticas en función de los intereses de las élites, más allá de los presidentes. Que son los del complejo militar-industrial-congresional-de inteligencia-mediático-académico-think tank (MICIMATT), según lo definió el exanalista de la CIA Ray McGovern. Pero pasaron cosas y los archivos del pedófilo Jeffrey Epstein “convencieron” a Trump de las bondades de no romper con esa tradición, para escarnio de sus antiguos apoyos (el periodista Tucker Carlson, su exasesor Steve Bannon).
Acusan a Trump de estar atado a los intereses de la ultraderecha israelí de Benjamin Netanyahu y sus ministros Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir. Que sostienen el plan «bíblico» de crear el Gran Israel, que iría desde el Éufrates al Nilo. Se lo reconoció a Carlson el embajador de EE UU, Mike Huckabee, un cristiano sionista. Alguien más fanático que un ultraderechista israelí, si cabe.
Hijo de un artesano del cuero de origen italiano y de una estadounidense gestora de bibliotecas nativa de Chicago, Darío Amodei ya venía dando señales de que su compromiso con la Inteligencia Artificial iba a resultar disruptivo. Nacido en San Francisco y de 43 años, declaró que se metió en ese tema cuando su padre murió a causa de una rara enfermedad que no tenía cura. Y él piensa que esa herramienta podía tener la respuesta a muchos casos donde quizás existe un recoveco para soluciones vitales.
Verdadero genio en ese delicado campo aún virgen, con lauros en Física por la Universidad de Princeton -donde tuvo su cátedra Albert Einstein- y un posdoc en Stanford en Medicina, en 2015 se incorporó a OpenAI, pionera en Inteligencia Artificial. Pero en desacuerdo con el rumbo que tomaba la sociedad fundada por Sam Altman y Elon Musk, entre otros, se fue para crear su propio emprendimiento.
Junto con su hermana, Daniela, en 2021 fundaron Anthropic, con énfasis en modelos de lenguaje para desarrollar su propia plataforma de IA. Allí desarrolló Claude, un algoritmo que mostró capacidades superlativas como asistente en todo tipo de funciones, desde la generación de textos, la traducción a cualquier idioma y responder a las preguntas más desafiantes, entre otras cosas.
Ahora, en el umbral de que Donald Trump decidiera acompañar a Israel en una nueva guerra contra Irán, su nombre volvió a los titulares de los portales. Y no como esos héroes que tanto le gustan al millonario presidente de Estados Unidos para mostrar lo grandes que son los estadounidenses, precisamente.
En un extenso comunicado emitido el jueves, Amodei señala “la importancia existencial de usar la IA para defender a los Estados Unidos y otras democracias, y para derrotar a nuestros adversarios autocráticos” y puntualiza que “Anthropic ha trabajado de manera proactiva para implementar nuestros modelos en el Departamento de Guerra y la comunidad de inteligencia”.
En el texto declara también que defiende el liderazgo de Estados Unidos y hasta que renunció a “varios cientos de millones de dólares en ingresos para cortar el uso de Claude por parte de empresas vinculadas al Partido Comunista Chino (algunas de las cuales han sido designadas por el Departamento de Guerra como Compañías Militares Chinas), cerró los ciberataques patrocinados por el PCCh que intentaron abusar de Claude, y han abogado por fuertes controles de exportación de chips para garantizar una ventaja democrática”.
Hasta acá todo bien con la administración Trump. Pero Amodei tuvo la osadía de ponerle una línea roja a las aspiraciones del inquilino de la Casa Blanca y de sus belicosos secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Guerra, Pete Hegseth, en dos cuestiones que dan cuenta del momento que vive el mundo: dijo que no estaba de acuerdo con utilizar su chiche para la vigilancia masiva de ciudadanos de su país, y tampoco para alimentar armas totalmente autónomas. O sea, en el fondo reclama que no se espíe a sus connacionales y que la decisión de matar a alguien dependa de algún humano.
Bastó que circulara profusamente ese documento (https://www.anthropic.com/news/statement-department-of-war) para que el mandatario estadounidense lazara uno de sus ataques más feroces contra Amodei y diera la orden de poner a la empresa de IA en la lista negra. Con abundancia de mayúsculas, como le gusta hacer constar en su red Truth Social, anotó: “¡Los Estados Unidos de América jamás permitirán que una izquierda radical y una empresa consciente decidiera cómo nuestro gran ejército lucha y gana guerras! Esa decisión le corresponde a su comandante en jefe y a los extraordinarios líderes que designo para dirigir nuestras Fuerzas Armadas. Los izquierdistas locos de Anthropic han cometido un error desastroso…».
Altman, el exjefe de Amodei, no perdió el tiempo y este mismo sábado avisó que OpenAI había llegado a un acuerdo con el Departamento de Guerra “para desplegar nuestros modelos en su red clasificada”. Palantir, la firma de Peter Thiel, que ya introdujo sus sistemas de detección de objetivos en Ucrania y Gaza, no tuvo pruritos -no es de tenerlos en general- para afirmar: «¿De verdad creés que el soldado en el campo de batalla va a confiar en una empresa de software que corta el acceso porque algo se volvió controversial?».
En un mundo desquiciado por las amenazantes operaciones de todo calibre pergeñadas por Donald Trump en todo el planeta, hasta el sueño de gloria de Javier Milei parece tener cabida, a partir de su incorporación como “Miembro Fundador, el Board of Peace (Junta de paz)”, una organización creada por el inquilino de la Casa Blanca “para promover una paz duradera en regiones afectadas por conflictos, empezando por la Franja de Gaza”. Esta designación coincide con el anuncio de que se entraba en la segunda fase del acuerdo de cese el fuego firmado el 13 de octubre en Sharm el Sueij y que implicaría el desarme total de Hamas, la reconstrucción de la Franja y la formación de un comité de 15 palestinos para el gobierno del territorio. El detalle es que esta iniciativa aparece tras el apriete a la dirigencia europea para que acepten la toma de Groenlandia y la escalada contra Irán, que hace temer por un bombardeo sobre el país persa en cualquier momento. A dos semanas del secuestro de Nicolás Maduro y la intervención militar en Venezuela, este combo explosivo causa preocupación en todo el globo.
La puesta en escena de un comité para Gaza que encabezaría el secretario de Estado Marco Rubio y el británico Tony Blair -siempre listo para apoyar a la Casa Blanca, como hizo en Irak en 2003 siendo primer ministro- no alcanza a ocultar que desde aquel 13 de octubre, cuando Trump todavía soñaba con su premio Nobel de la Paz, fueron asesinados cerca de 500 gazatíes, entre ellos al menos 100 niños, según Unicef. A esto se refirió el canciller iraní Abbas Araghchi cuando deslegitimó las demandas de países occidentales sobre la violencia desatada en el país persa desde diciembre y que sirvió de excusa para que Trump amenazara con bombardear si “no cesaban los degollamientos de opositores”. Araghchi dijo a los miembros del grupo G7 incluso, que “carecen de autoridad moral para juzgar a otros.
«Los países del G7, bajo la influencia de EE UU y del régimen sionista, ignoran conscientemente el hecho evidente de que las reuniones pacíficas del pueblo iraní se convirtieron en violencia por el movimiento organizado de agentes terroristas equipados por el régimen sionista, durante los cuales un gran número de manifestantes y fuerzas del orden y de seguridad fueron atacados, heridos o perdieron la vida», señala un comunicado de esa cartera. Ciertamente, las cifras de víctimas de la violencia según estimaciones poco confiables de ONGs basadas en Estados Unidos o el Reino Unido, en más de 2000, todas atribuidas a la represión estatal. Sin embargo, expertos en esos escenarios como el brasileño Pepe Escobar señalan que las dos terceras partes fueron degollados con el mismo “sistema” que utiliza el grupo yihadista ISIS, lo que confirmaría la afirmación iraní de que se trata de una operación impulsada por servicios de EE UU e Israel en la que hay infiltrados posiblemente desde Afganistán.
Por lo pronto, bastó el cierre de internet y la salida a la calle de multitudes a favor del gobierno de Masoud Pezeshkian para que se terminaran las protestas que, por lo que se vio, no eran tan “espontáneas”. Trump, que no se pierde la ocasión de mostrarse ganador aunque tenga tres cuatros, dijo que iba a suspender una intervención militar porque había cesado la represión. Luego debió negar que el fin de esa ofensiva no fue por presiones de Israel -Benjamin Netanyahu habló largamente con Vladimir Putin esta semana- ni de los países árabes. “Me convencí a mí mismo”, dijo, pero cuando el río suena…
Otra escena se desarrolló en la Casa Blanca con los lideres europeos, que poco a poco se van convenciendo de que el peligro real contra el continente está en el occidente y no viene de Rusia. El miércoles se encontraron en Washington el ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, y su homóloga groenlandesa, Vivian Motzfeldt, con el vicepresidente JD Vance y Marco Rubio. A la salida dijeron que continuaban las “discrepancias fundamentales” en torno al futuro de la isla del Ártico (ver aparte). Trump, que no se guarda nada y sobre todo cuando se humillar se trata, dijo: “cualquier cosa que no sea la anexión de Groenlandia es inaceptable”. Y avanzó en su red Truth: “Estados Unidos necesita Groenlandia por motivos de seguridad (…) es vital para la Cúpula Dorada que estamos construyendo”. Un meme en que dos trineos con bandera groenlandesa se acercan a una bifurcación de caminos y tiene ante si la opción de EE UU o la oscura de Rusia y China fue más claro que mil palabras.
Este viernes, Trump amenazó con aplicar sanciones a los países que no apoyen su plan de anexión. En ese juego preferido por aquellos lares, anunció sanciones a otras entidades y personas vinculadas con Irán. Los mandatarios europeos, mientras tanto, se debaten sobre las medidas a tomar contra el tan poco confiable aliado atlántico. Hubo desde anuncios de envío de tropas y operaciones militares conjuntas. El ministro italiano de Defensa, Guido Crosetto, explicó esta noticia con un toque de sorna muy incisivo: «Pregunto por qué envían 15 soldados a Groenlandia ¿Para un viaje? Quince italianos, 15 franceses, 15 alemanes: me parece el comienzo de una anécdota», dijo el hombre al diario Reppublica. El que en lugar de decir hizo fue el primer ministro canadiense, Mark Carney, que el viernes se reunió en Beijing con Xi Jinping. “China es más predecible que Estados Unidos”, dijo. «
La versión de Ucrania a Washington
Una delegación de negociadores ucranianos viajó a Estados Unidos para continuar unas conversaciones de paz en una llegada anunciada por el presidente del país, Volodimir Zelenski, en un sombrío mensaje en el que admite que la diplomacia pierde cada vez más importancia por los constantes ataques de Rusia.
Este encuentro se produce mientras es más ostensible el avance de las tropas rusas y Kiev declaró el estado de emergencia energética tras los devastadores ataques en medio del frío extremo de esta época del año, donde se alcanzaron 18 grados bajo cero durante la noche.
En este escenario, Kiev recibirá de Berlín una ayuda financiera de 60 millones de euros destinada a estabilizar su sistema energético, afectado por prolongados apagones, anunció este viernes el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Andréi Sibiga.
En cuanto a las conversaciones de paz, Zelenski escribió en las redes sociales que la delegación viajó para “presentar una visión completa y precisa de las causas de los ataques rusos”. Y señaló que “una de las consecuencias de este terrorismo (así los califica) es el descrédito del proceso diplomático: la gente pierde la fe en la diplomacia, y los ataques rusos socavan constantemente incluso las limitadas oportunidades de diálogo que existían antes”.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, anunció este sábado que la calefacción en esa ciudad se está restableciendo gradualmente. “Cerca de 50 edificios de gran altura permanecen sin calefacción, escribió Klitschko en Telegram. Un gran ataque aéreo ruso del 9 de enero obligó a reducir la calefacción urbana a aproximadamente la mitad del parque de viviendas.
Los que se tomaban a la chacota los gestos ampulosos de Donald John Trump durante su turbulento primer mandato comprueban en su segunda etapa en la Casa Blanca que el hombre realmente quiere ser recordado como emperador Donald I y, si la vida le alcanza, pone todo su empeño para lograrlo. Cierto que el planeta no era un lecho de rosas cuando llegó a la presidencia, pero habrá de reconocerse que lo que no estaba descompuesto lo hizo trizas y en los 342 días que lleva en el Salón Oval dio vuelta la taba de manera decisiva. Aunque, claro, en el recuento final, habrá que ver cuánto de lo que hizo se debe a su impulso y cuánto a que se montó sobre una ola que no siempre manejó a su voluntad. Pero con eso también se construye una época.
Para comenzar, entonces, digamos que el 20 de enero de este 2025 a punto de concluir, DJT había avisado sobre qué ejes pensaba realizar la 47ª Presidencia de EE UU. En su discurso inaugural dijo, pomposamente, que “el declive de Estados Unidos ha terminado”, que ese sería el “Día de la Liberación” (sic) y después hizo un prolijo enunciado de los ejes sobre los que giraría para reconstruir la “nación manufacturera” que se fue diluyendo con la globalización. Un punto clave sería el gobierno de William McKinley (1897-1901), “que hizo a nuestro país muy rico a través de los aranceles y a través del talento». Y explicó: «Era un hombre de negocios y le dio a Teddy Roosevelt el dinero para muchas de las grandes cosas que hizo, incluyendo el canal de Panamá, que ha sido tontamente entregado luego”.
Nadie debería haberse sorprendido entonces de que el tema de los aranceles como arma de guerra hubiera teñido la primera parte de su gestión. Una guerra en la que finalmente no obtuvo los resultados que esperaba, aunque en el entretanto logró doblegar a una Europa que sumisamente aceptó un 15% de tasa arancelaria del que se supone que es su aliado de hierro. Con China, el enemigo fundamental, no tuvo el mismo éxito y tampoco con Brasil, a pesar de las bravuconadas contra Lula da Silva por la detención de su aliado, el ultraderechista Jair Bolsonaro. Cierto que se trata de negociaciones en las que a veces se debe ceder. Pero hay que ver cómo Donald I siempre se muestra triunfador, contra toda evidencia.
Otro ítem que, con sonrisa canchera, prometió ni bien jurara el cargo, es poner fin a la guerra en Ucrania, “una guerra que ni siquiera hubiera comenzado si yo hubiera sido presidente”, decía. Todavía en ese terreno no hubo fumata blanca, pero si fue ostensible el acercamiento con Vladimir Putin que culminó en una cumbre en la base militar de Anchorage, Alaska, el 15 de agosto. Fuera de las palabras de ocasión formuladas al finalizar el encuentro, no cuesta mucho sostener que allí se esbozó una suerte de Yalta 2.0 al que le faltó China, pero del que Europa decididamente se quedó con la ñata contra el vidrio y mascullando bronca.
Hegseth en la «Asamblea» con los generales.
Meses antes, Israel venía acentuando una ofensiva contra Líbano, Palestina e Irán -Hezbollah y Hamás en los términos planteados por el gobierno de Benjamin Netanyahu- pero sobre todo desarrollando un genocidio en Gaza que no había manera de ocultar. La situación estuvo por salirse de cauce cuando a mediados de junio hubo un fuerte intercambio de misiles que alarmaron en territorio israelí y EE UU lanzó una operación contra las plantas nucleares del país persa en Fordow, Natanz e Isfahan. Ese fue un quiebre para los acólitos de Donald I, que habían militado el MAGA (Hacer a EE UU Grande Otra Vez, en inglés), eran tan derechosos como él, pero entendieron que su nación se había entregado a la voluntad de Netanyahu. Fueron acusados de antisemitas, por supuesto, pero esa ruptura dará para mucha tela todavía. ¿Por qué Trump habría cambiado su estrategia para la región? Lo sugirió quien todavía era su “ministro de la motosierra”, el magnate Elon Musk: los archivos del empresario sexual Jeffrey Epstein, que son como una espada de Damocles sobre el presidente y sobre gran parte de las elites de occidente. Otra historia que por estos días está en desarrollo.
En septiembre, hubo otro dato para expresar la época. El inquilino de la Casa Blanca anunció el cambio de nombre para la Secretaría de Defensa. Pasaría a llamarse, Secretaria de Guerra, como lo había sido desde la fundación de Estados Unidos y hasta 1947. El funcionario a cargo de esa cartera, Pete Hegseth, les puso estándares más bien espartanos a 800 generales en una arenga en la base de Quantico, Virginia. Les dijo, suelto de cuerpo, que “quien quiere la paz debe prepararse para la guerra”, una frase del escritor latino Flavio Vegecio Renato.
La destrucción y el genocidio en Gaza.
En este cierre del año, Donald I vuelve al plan que había presentado ese 20 de enero y sobre la que ahora viene a cuento extenderse. Habló entonces de recuperar el canal de Panamá, tema sobre el que avanzó con la ayuda del fondo Black Rock, que compró los puertos de Balboa y Cristóbal a la empresa china que los manejaba. Dijo también que se tomaría Groenlandia -un territorio en manos de Dinamarca que encierra la llave geopolítica para el acceso al Ártico y cierra la plataforma del continente americano o hemisferio occidental, como lo llaman allá en el norte. Ahora designó al gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado para negociar la compra, como en 1806 se había hecho con esa región al mismísimo Napoleón. O sino la apropiación, qué tanto.
Eso es lo que está haciendo en el Caribe con petroleros que salen de Venezuela, en una ofensiva para “recuperar el petróleo venezolano, que es nuestro”, según amenaza. Operación propia de los antiguos piratas -así se construyó el imperio inglés- que desafía también a Colombia y Brasil y cualquiera que ose desafiar al nuevo amo de esta parte del mundo. Que, por otro lado, fue ganando fichas en este tablero de ajedrez mediante provocaciones, pero también en las elecciones de Ecuador, Bolivia, Argentina, Chile y Honduras.
El 5 de diciembre Trump presentó la Estrategia de Seguridad Nacional-2025 en la que establece el Corolario Trump a la Doctrina Monroe. En 1904, el sucesor de McKinley -que, a todo esto, fue asesinado antes de terminar su mandato- había instaurado el Corolario Roosevelt, que contemplaba la política del Gran Garrote para dominar en la región y surgió, vaya “casualidad”, tras el bloqueo a Venezuela por potencias europeas que pretendían cobrarse la deuda por las malas.
Una más: el libro de Flavio Vegecio Renato, Epitoma rei militari (Compendio de los asuntos militares), fue escrito hacia el año 390, 86 años antes de que el germano Odoacro depuso a Rómulo Augústulo, el último emperador romano. «
Putin con el arzobispo ortodoxo ruso de Alaska.
Ese viejo y olvidado Estado Profundo
Desde su primera escala en la Casa Blanca, Donald Trump chocó con lo que llamó el Estado Profundo. Esto es, esas organizaciones burocráticas -incluye a los servicios de vigilancia y espionaje, el FBI, la DEA y el Pentágono- que según esa óptica, son los que diseñan realmente la política estadounidense. ¿Cómo lo hacen? En el mejor de los casos, aconsejando (guiando, presionando) al presidente de turno sobre pasos a seguir. En el peor, desde la amenaza, la extorsión o eventualmente el asesinato, todo sirve para lograr los mismos objetivos.
Como DJT resultaba tan disruptivo contra la globalización, tuvo una pelea cuerpo a cuerpo con lo que en inglés se le dice Deep State. Ejemplos de aquellos años: la acusación de injerencia rusa en las elecciones que lo llevaron a ganar la elección de 2016, que obligó a la renuncia de Asesor de Seguridad Nacional, el general Michael Flynn, a pocos días de haber asumido.
Para esta segunda administración, Trump se codeó con algunos que entendían de qué venía la cosa en esos asuntos, como el secretario de Salud, Robert Kennedy Junior, quien de denunciar que su padre y su tío, el presidente John Fitzgerald habían sido víctimas de una confabulación organizada desde esos oscuros rincones del aparato estatal. La mujer que designó al frente de la Dirección de Inteligencia Nacional, la oficina que regentea 16 agencias de espionaje, Tulsi Gabbard, también es una crítica del funcionamiento del esas entidades.
La designación de Marco Rubio al cargo de secretario de Estado era una señal nítida de que Trump tiene prioridades, y reforzar el control de Latinoamérica es de orden anterior a pelear contra el Estado Profundo. Porque el republicano de origen cubano tiene vinculaciones ancestrales con esas verdaderas cloacas del sistema político. Pero quizás esa sea su ventaja, ya que conoce de adentro esos entresijos, como recordó hace poco el presidente colombiano, Gustavo Petro, al afirmar que si querían buscar narcotraficantes debieran empezar en Miami, no lejos de la mansión de Mar-a-Lago, donde colombianos exiliados y hasta algunos familiares de Rubio aparecerían vinculados a ese negocio del que se acusa al gobierno de Nicolás Maduro.
Comentarios recientes