por Alberto López Girondo | Jun 2, 2018 | Sin categoría
Pedro Sánchez protagonizó un sorpasso sin antecedentes en la historia del proceso democrático iniciado con la Constitución española de 1978. Renació desde la muerte política luego de haberse ido por la puerta trasera del PSOE en 2016, logró formar una coalición para expulsar mediante una moción de censura al conservador Mariano Rajoy, y prometió respetar esa Carta Magna y los atributos de la monarquía ante el rey Felipe VI sin biblia ni crucifijos, una tradición en estas cuatro décadas
Los medios españoles parecían ayer más sorprendidos por esta sustancial modificación a los oropeles religiosos que conllevaba el cargo de presidente del Gobierno de España que por la profundidad de la crisis política que detonó estos días, pero que se arrastra desde hace años.
Sánchez es un emergente del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008. Una burbuja que había crecido desde los tempranos años ’90 al calor de las promesas de riquezas sin fin del neoliberalismo.
La solución del entonces jefe de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, también del PSOE, fue seguir los consejos/imposiciones de la troika (FMI-Banco Central Europeo-Comisión Europea): ajustar presupuestos y recortar beneficios en salud y educación.
En ese contexto nacieron los movimientos de Indignados que el 15 de Mayo de 2011 se hicieron sentir en un lugar de Madrid que se había hecho centro exclusivo para los turistas, la Plaza del Sol. Esa movida fue el puntapié inicial para el nacimiento de Podemos por izquierda, y Ciudadanos por derecha, y el inicio de una lenta agonía de los partidos del régimen del ’78.
Pero el descontento social se manifestó, sin embargo, con un apoyo al Partido Popular, que regresó a La Moncloa en diciembre de ese año de la mano ¨y las tijeras¨ de Rajoy.
Desde entonces se fue disgregando la tenue unidad española sustentada, principalmente, en que aquella España de los ’90 lideraba los procesos neoliberales y de privatizaciones de América Latina, lo que fue un muy buen negocio para cada una de las regiones del reino.
La crisis desató los viejos fantasmas independentistas en 2014. Mientras tanto, iba avanzando en la Justicia la investigación por la financiación ilegal del PP, una causa conocida irónicamente como Gürtel, por lo que significa en alemán el apellido del empresario implicado en sobornos para hacer negocios, Francisco Correa. El caso llegó a la fiscalía del Estado en 2007 a raíz de una denuncia de un concejal del PP.
El clima de descrédito sobre toda la dirigencia creció con los nuevos hechos de corrupción que fueron asomando y hasta el rey Juan Carlos tuvo que abdicar para evitar males mayores a la corona.
Los mayores escándalos golpearon en el PP, algunos de manera casi cómica. Como ocurrió con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, cuando el portal eldiario.es reveló en abril pasado que había truchado las firmas de un master que presentó en su currículum para asumir el cargo en 2015. Días más tarde un sitio de derecha como el Ok Diario mostró un video de 2011 donde se la ve llevándose sin pagar una crema anti-age de un supermercado.
Ese video estuvo cajoneado siete años hasta ver la oportunidad de golpear en una de las delfinas de Rajoy. Sánchez «olió sangre» al percibir que el establishment ya no sustentaba al PP y él podía convertirse en el «mal menor».
El 24 de mayo pasado la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional emitió condenas de hasta 51 años a los implicados en el caso Gürtel, entre ellos el empresario y dirigentes y el tesorero del partido. Fue el guiño definitivo para el líder del Partido Socialista Obrero Español, que ni siquiera era diputado porque tras perder la interna de 2016 renunció.
Con 84 escaños sobre 350 curules tras su peor elección en la historia, el PSOE necesitaba sí o sí apoyo de otros sectores. Acudir a Pablo Iglesias, de Podemos, era de manual. La coalición Unidos-Podemos (UP) se había quedado con las ganas contra Cifuentes, que prefirió renunciar «antes de que la izquierda gane en la Comunidad de Madrid».
Pero con eso no alcanzaba y Sánchez convenció al Partido Nacionalista Vasco de que no iba a tocar el presupuesto aprobado una semana antes. Con los catalanes se comprometió a una mesa de diálogo y levantar la intervención que el PSOE había aprobado en octubre pasado.
La coalición que lo llevó al poder es débil. Por derecha apuestan a elecciones anticipadas, ya que hoy día Ciudadanos estaría en condiciones de sumar a descontentos del PP y lograr mayoría. Ambos partidos suman actualmente 164 votos en la cámara, cruciales para gobernar y también para impedirlo si quieren devolver la estocada a Sánchez.
La endeble sociedad de este viernes llega a 165 entre Unidos Podemos, nacionalistas vascos y catalanes, con intereses ciertamente diversos. Contra Rajoy sumaron aparte al Grupo Mixto, pero habrá que ver el día a día. Los medios hegemónicos ya azuzan grietas entre esos sectores y a la vez destacan la falta de biblia y crucifijos en la jura. Por algo será.
Tiempo Argentino, 2 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 2, 2018 | Sin categoría
Los vientos parecen soplar nuevamente a favor de los independentistas catalanes. Es cierto que la corrupción fue determinante para llevar a la caída de Mariano Rajoy. Pero la persistencia del conflicto con Cataluña y el empecinamiento de los dirigentes independentistas fue clave para minar el poder del exmandatario conservador. Sobre todo porque Rajoy nunca quiso sentarse a dialogar con el por ahora exiliado Carles Puigdemont ni con ninguno de los dirigentes del bloque separatista.
Ayer, al tiempo que Pedro Sánchez le prometía al rey que iba a respetar la Constitución de 1978, en Barcelona el flamante president de la Generalitat, Quim Torrá, tomaba juramento a los consellers, los ministros del gobierno catalán, con lo cual terminaba concretamente con la vigencia del artículo 155 de intervención del Poder Ejecutivo, dictado el 27 de octubre pasado con apoyo del PSOE, ahora en el poder en Madrid.
«Presidente Pedro Sánchez, hablemos, tratemos esta cuestión, tomemos riesgos, ustedes y nosotros», planteó Torra en un tramo de la ceremonia. «Tenemos que sentarnos en la misma mesa y negociar de gobierno a gobierno», abundó Torra. «Esta situación que vivimos ya no puede alargarse ni un día más».
El tono sonó firme pero tiene algo de conciliador, luego de que Sánchez pudiera hacerse del gobierno con apoyo de los catalanes en el congreso nacional. Torra, el plan B de los independentistas (ya que con mayoría parlamentaria no pudieron ungir a Puigdemont porque está procesado por la Justicia española y se refugió primero en Bruselas y ahora en un limbo jurídico en Alemania) asumió el cargo el 17 de mayo. En ese momento, este editor de 55 años desafió a Madrid nombrando a cuatro exministros de su predecesor que causaron especial irritación en la capital española, dos de ellos presos por el intento de secesión y otros dos escapados a Bruselas.
Sánchez, quiéralo o no, está obligado a buscar el diálogo con los catalanes para buscar vías de acuerdo sobre el entuerto histórico con la región más rica de España. Y Tora se lo ofreció en bandeja el viernes en el mismo acto con que puso punto final a la intervención.
Por eso entre sus primeras declaraciones, Sánchez ofreció «restablecer puentes» y «normalizar las relaciones». Pero planteó un punto que genera discordia y para Barcelona resulta contradictorio: «Este gobierno quiere que Cataluña esté en España, y escuchará a Cataluña».
En relación con el País Vasco, el otro territorio con ansias separatistas, para Sánchez el panorama viene más despejado. En abril pasado, Rajoy había consensuado con el PNV un presupuesto a medida de sus apetencias, con un 32% más de inversión que el año pasado, 509,05 millones de euros frente a los 385,67 millones de 2017. En ese momento los cinco votos del PNV eran indispensables para que el PP pudiera permanecer en La Moncloa. Ahora fue la moneda de cambio para la llegada de Sánchez y lo será para su permanencia, habida cuenta de la debilidad con que nace su gestión.
Tiempo Argentino, 2 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 2, 2018 | Sin categoría
Somos dos gobiernos en plena sintonía sobre política económica y exterior», dijo Mauricio Macri a Mariano Rajoy. «Es un ejemplo de liderazgo, honestidad y empuje», agregó, pletórico de entusiasmo, ese 10 de abril.
Parece mentira pero aún no pasaron dos meses de la gira del ahora exmandatario español, llamado con el fin de respaldar a su admirador en momentos cruciales para la gestión Cambiemos.
Rajoy venía a «animar a los empresarios españoles a invertir tras recuperar el país la normalidad y la seguridad jurídica», según editorializó el diario El País, que destacó entonces que el mandatario argentino «ha hecho un magnífico trabajo en lo económico y esto abre oportunidades».
También hablaron de Venezuela, el enemigo favorito cuando arreciaban las turbulencias en Madrid. A semanas para la reelección de Nicolás Maduro, y previendo el resultado, Macri adelantó: «No lo vamos a reconocer como presidente democrático ya que hace rato que no hay democracia» en ese país, y añadió que «estas elecciones no tienen ningún valor».
Por eso de que la venganza es un plato que se come frío, ahora desde Caracas pueden jactarse de que todos los que se meten con el chavismo terminan mal.
La última cumbre presidencial de las Américas, en Lima, comenzaba el 13 de abril. Maduro tenía la entrada prohibida por el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski con el raído argumento de «la grave situación» en Venezuela. El 23 de marzo, Kuczynski tuvo que renunciar por el escándalo Odebrecht. y fue él quien se quedó fuera de la Cumbre.
Algo similar le pasó al expresidente panameño Ricardo Martinelli, otro feroz antichavista, detenido el 12 de junio de 2017 en Estados Unidos.
Ahora tiemblaRajoy por la causa Gürtel. En su lugar asumió Pedro Sánchez, del PSOE. Es previsible que la relación de España con Venezuela cambie. El exjefe de Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero fue uno de los veedores que certificó la transparencia de los comicios en que Maduro fue reelecto.
El exlíder del PSOE había coordinado una mesa de diálogo en Santo Domingo entre el oficialismo y al oposición venezolana para la pacificación del país. Todo iba bien para firmar un acuerdo hasta que el 8 de febrero, sin embargo, la MUD se negó a firmar. «De manera inesperada para mí, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición. No valoro las circunstancias y los motivos, pero mi deber es defender la verdad y mi compromiso es no dar por perdido el lograr un compromiso histórico entre venezolanos», declaró Rodríguez Zapatero.
Tiempo Argentino, 2 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Oct 17, 2014 | Sin categoría
“Una revolución está viniendo –una revolución que será pacífica si somos lo suficientemente sabios; compasiva, si nos preocupamos lo suficiente; exitosa si tenemos suerte– pero una revolución que está llegando, queramos o no. Podemos influir en su carácter pero no podemos alterar su inevitabilidad.» El 9 de mayo de 1966, el entonces senador Robert F. Kennedy explicaba así ante la Cámara Alta estadounidense las reflexiones de su gira por el «patio trasero» latinoamericano. La frase fue rescatada en estos días por Information Clearing House (http://www.informationclearinghouse.info/), un sitio no partidario con información «que no publica la CNN«, como se jactan.
La Asamblea General de la ONU eligió ayer a cinco nuevos miembros rotativos para el Consejo de Seguridad. Si hay un dato de relevancia para la región es que Venezuela logró 181 votos para ocupar un lugar en la primera votación, entre las 193 naciones que participan del organismo. A España, otro país que aspiraba a un lugar, le costó un poco más y necesitó de tres rondas para imponerse sobre Turquía.
Como se sabe, las plazas permanentes están en manos de las cinco naciones que se declararon ganadoras de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Rusia –como continuadora de la Unión Soviética–- China, Gran Bretaña y Francia. Otras diez bancas se reparten entre el resto de los países, cada una por un período de dos años y en representación de las diferentes regiones. La renovación de esos sitiales es de a mitad por año, de manera que los cinco nuevos miembros deberán compartir parte de su mandato con Chad, Chile, Jordania, Lituania y Nigeria. Argentina cede su lugar a la Venezuela de Nicolás Maduro, el sucesor del líder bolivariano Hugo Chávez.
Los analistas coinciden en que entre los principales desafíos que deberá enfrentar el nuevo Consejo de Seguridad figuran los conflictos en África, Medio Oriente y Ucrania. A los que se agrega la crisis económica y últimamente la falta de respuestas globales a la epidemia de ébola, que parece haberse convertido en un grave problema en la medida en que se extendió del África pobre hacia España y Estados Unidos.
La postulación de Venezuela, como era de esperarse, había despertado críticas de la derecha internacional. La congresista estadounidense Ileana Ros-Lehtinen, una anticrastrista visceral, había alertado a sus pares que la nominación del país sudamericano «tendrá serias consecuencias para la seguridad global y los intereses de Estados Unidos». La representante republicana por Florida, argumentó que ahora Venezuela se convertirá en «un golpe de propaganda para Maduro y sus titiriteros, el régimen Castro». Por supuesto que Ros-Lehtinen, cubano-estadounidense, no estuvo sola en esta virulenta crítica.
Uno de quienes la acompañó fue el venezolano Diego Arria, quien fuera embajador ante las Naciones Unidas y candidato presidencial por la derecha en Venezuela. Arria se quejó de que «un régimen como el venezolano, que tiene un record olímpico de violaciones a los derechos humanos, que se ha opuesto a todas las resoluciones de la Asamblea General que tienen que ver con la paz, que es algo muy serio, tenga ahora el compromiso de naciones de Latinoamérica y el Caribe de apoyarlo, pagándole de cierta manera la ayuda que reciben».
Si es por desoír las decisiones de la ONU, en lo que afecta a Argentina es evidente la sordera de Gran Bretaña para sentarse a discutir la soberanía de Malvinas. Estados Unidos es campeón en este rubro y sin dudas el más flagrante de los «olvidos» es el fin del bloqueo a Cuba, un pedido refrendado cada año por una aplastante mayoría de estados miembros del organismo –los rechazos se cuentan con los dedos de una mano- y que incluso va alcanzando consenso dentro de los mismos EE UU.
Precisamente el The New York Times publicó una encendido alegato por el levantamiento del embargo a la nación caribeña. Fue quizás el más grande argumento desde que fue instaurado el castigo a la revolución cubana, en 1961. Sobre todo porque proviene de uno de los medios más influyentes en la dirigencia política estadounidense.
Claro que el NYT no podía aparecer apoyando al gobierno de La Habana. Y si bien sostiene que “en conjunto estos cambios demuestran que Cuba se está preparando para una era post-embargo”, dice que el “régimen” sigue “acosando disidentes” y critica que “el proceso de reformas ha sido lento y ha habido reveses”. De todas maneras el periódico le da ideas a Barack Obama, al recordarle que la Casa Blanca no necesita respaldo del Congreso para reanudar las relaciones diplomáticas. A su vez, le avisa que “un acercamiento a Cuba ayudaría a mejorar las relaciones de EE.UU. con varios países de América Latina y a impulsar iniciativas regionales que han sufrido como consecuencia del antagonismo entre Washington y La Habana”.
El tono sinuoso del editorial despertó críticas en el propio Fidel Castro, quien definió a la movida como un intento de obtener «el mayor beneficio para la política» interna de Estados Unidos, sumido en una realidad grave y en medio de una “compleja situación, cuando los problemas políticos, económicos, financieros y comerciales se acrecientan”.
Más allá del artículo del líder de la revolución cubana en el Granma, el NYT se hace eco de un clamor que va creciendo fronteras adentro. Es que los descendientes de los primeros “gusanos” no conservan el mismo odio al gobierno surgido en 1959 tras el triunfo de la guerrilla. Y además, la crisis económica en muchos sectores estadounidenses hace ver las ventajas que ganarían en poder comerciar con la isla.
Por otro lado, desde el punto de vista ideológico no hay defensa posible del embargo. Salvo que el orgullo nacional del principal imperio de la tierra todavía se considere herido por la afrenta de aquellos barbudos entre los cuales fulguraba el argentino Ernesto Che Guevara. A esto apunta el reverendo Jesse Jackson, alguna vez precandidato demócrata a la presidencia, quien llamó a terminar con el bloqueo desde las páginas del Chicago Sun-Times. «La oposición implacable del gobierno de Estados Unidos a la presencia de Cuba en las reuniones hemisféricas, ha ofendido prácticamente a todos nuestros vecinos», dijo.
«El embargo contra Cuba se ha mantenido en gran medida por dos razones. En primer lugar, (Fidel) Castro avergonzó a la CIA y los guerreros fríos, frustrando sus intentos de invadir la isla, desestabilizar el régimen y asesinarlo», finalizó el religioso.
Documentos desclasificados del gobierno demuestran que el propio Robert Bob Kennedy había promovido el levantamiento de la prohibición de viajar a Cuba cuando era procurador de Justicia, en diciembre de 1963, poco después del asesinato de su hermano John. RFK consideraba entonces que la medida aprobada durante la administración de JFK no resultaba coherente «con nuestros criterios de sociedad libre y contrastaría con cosas tales como el Muro de Berlín y los controles comunistas a esos viajes».
Otros documentos desclasificados que salieron a la luz estos días hablan de la intervención de la CIA en el asesinato del Che en Bolivia, el 8 de octubre de 1967, cuatro años después del pedido de RFK al Secretario de Estado, un año después del informe al congreso sobre su viaje a América Latina y uno antes de que fuera asesinado a tiros tras haber ganado la nominación como candidato a presidente por los demócratas. Toda una parábola.
Esa revolución que los Kennedy querían sofrenar o conducir mediante la Alianza para el Progreso, siguió su marcha en Cuba y se fue extendiendo al resto del continente de diversas maneras y en distintos grados. El Chile de Salvador Allende fue uno de los casos más emblemáticos. Los golpes de los ’70 y los genocidios cometidos por las dictaduras militares fueron la respuesta que llegó desde Washington.
El ALCA, la nueva Alianza para el Progreso, fue enterrada en Mar del Plata en 2005. Para entonces, Evo Morales se disponía a ocupar la presidencia de Bolivia, Chávez estaba en todo su esplendor, Néstor Kirchner comenzaba a mostrar sus cartas regionales y Lula da Silva ponía en marcha sus primeros planes sociales.
El domingo pasado, el ex líder cocalero ganó por tercera vez una elección presidencial. Con una mayoría que le suma dos tercios del parlamento tras ocho años de gestión. De pronto, el indígena que aprendió a hablar castellano en una escuela argentina cuando su padre venía a hacer la zafra, que para algunos no sería capaz de gobernar un país complejo como Bolivia, es visto por los capitales internacionales como rubio y alto –incluso en nada revolucionario semanario británico The Economist escribió artículos laudatorios sobre su figura– y batirá un récord en el tradicionalmente combustible asiento presidencial boliviano.
Ya lo había avisado Bob Kennedy. Se venía una revolución en América Latina. Con sus diferencias y algunos retrocesos, pero ya sin la “ayuda” estadounidense. Un dato a tener en cuenta.
Tiempo Argentino
Octubre 17 de 2014
Ilustró: Sócrates
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