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«La Unasur hoy podría resolver la crisis boliviana, como lo hizo en 2009»

«La Unasur hoy podría resolver la crisis boliviana, como lo hizo en 2009»

«Unasur no era sólo un mecanismo, era un espíritu de integración», afirma Ernesto Samper, expresidente colombiano y el último secretario general de esa organización regional. «Ahí donde había problemas como la amenaza a la continuidad democrática que ocurre hoy en Bolivia; ahí donde había estallidos sociales como los de Chile, que requirieran medidas incluyentes; ahí estaba Unasur», repite.

Samper -hermano de Daniel, periodista y autor de libros de humor junto con Jorge Maronna, uno de los miembros de Les Luthiers– es abogado y economista, fue presidente entre 1994 y 1998, padeció lo que ahora se conoce como lawfare y define el rol que cumplen en su país los exmandatarios como el de «esas señoras gordas que ponían en las fiestas de quinceañeras para cuidar a las niñas. Todo el mundo las saludaba con mucho respeto pero nadie las sacaba a bailar». Tal vez ahí esté su explicación para haberse involucrado en la Unasur, que dirigió entre 2014 y 2017. Se fue cuando no hubo acuerdo para elegirle un sucesor.

–¿Qué agenda hubiera tenido Unasur hoy?

–Unasur fue clave en Bolivia en ese brote secesionista en 2009 en Santa Cruz de la Sierra. La intervención de la presidenta Michelle Bachelet y la respuesta muy rápida de todos los presidentes de la región fueron clave. Lo mismo ocurrió cuando el intento de golpe a (Hugo) Chávez en Venezuela, o el intento de golpe policial a (Rafael) Correa en Ecuador. En este momento se está viendo la ausencia de un mecanismo regional y vemos con mucha preocupación lo que pasa en Bolivia. La OEA no jugó allí un papel constructivo: primero avaló los resultados, luego señaló irregularidades. De alguna manera enturbió el ambiente. La Unasur hoy podría resolver esa crisis.

–¿Qué llevó a esta situación actual? 

–Ideologizaron la relación dentro de Unasur. Mientras fui secretario general nunca hubo confrontación de tipo ideológico al interior de la organización. Había una norma que obligaba al consenso, que podía generar dificultades para avanzar pero tenía el mérito de que debían estar todos de acuerdo para tomar decisiones fundamentales. Cuando estos gobiernos de derecha tuvieron una mayoría llevaron el tema de Venezuela a Unasur en términos ideológicos y no políticos. Esto precipitó la crisis. Ideologizaron tanto que terminaron armando una especie de sindicato de gobiernos de derecha, Prosur, que es más bien Pronorte.

–¿Cómo actuaría hoy la Unasur en Venezuela?

–Nosotros hicimos un gran esfuerzo durante dos o tres años para institucionalizar el diálogo en Venezuela. Creo que fue la etapa en que se produjeron los mayores resultados. En noviembre de 2016 habíamos logrado con un delegado del Papa acordar reformas al Consejo Nacional Electoral, que era un reclamo válido de la oposición; se implementaron cuestiones relacionadas con la unificación cambiaria; sobre una Comisión de la Verdad que yo mismo instalé. Nunca habíamos llegado tan lejos, pero se hizo muy difícil implementar esos acuerdos por parte del gobierno y de la oposición. Y cuando se lanzó la Asamblea Constituyente yo marqué distancias porque consideré que estábamos trabajando en mecanismos extraconstitucionales. Pero sigo siendo un firme convencido de que la única salida debe ser pacífica y democrática.

–Desde entonces la sensación es que más que crisis hubo un vaciamiento de Unasur.

–Hubo responsabilidad de muchos países. Hubo resistencia de gobiernos progresistas a que se designara un sucesor mío que no fuera de sus simpatías. Lo que hay es un choque entre dos visiones sobre lo que es la integración. Para muchos de estos gobiernos la integración son solamente acuerdos de libre comercio y un relacionamiento económico: inversión, comercio, algo de propiedad intelectual y punto. Para nosotros la integración tiene que ver con infraestructura, conectividad, programas conjuntos. Es un concepto mucho más complejo. Unasur tenía que ver con la preservación de la región como una zona de paz que llevó a la creación del Consejo Suramericano de Defensa, que cumplió un rol muy importante como el de las bases militares entre Colombia y Venezuela. Hacia adentro había 23 grupos entre consejos sectoriales y de temas especiales en los que se concertaban agendas en temas de salud, educación. Era un modelo bastante parecido al de la Unión Europea, que lamentablemente se abandonó.

–Llama la atención con qué facilidad se lo pudo hacer.   

–Con el tiempo, los países que precipitaron su salida de Unasur se han encontrado con que en términos formales no era tan sencillo, porque había un tratado constitutivo con la firma del Ejecutivo y la ratificación del Congreso. El retiro debería tener los mismos trámites y eso no ha ocurrido en Argentina, Brasil, Chile. También había programas en marcha que resultó costoso abandonar. Como el permiso temporal de trabajo que permite a cualquier ciudadano sudamericano trabajar en otro país de la región. Más de 3 millones están con ese permiso temporal, que quedó en el limbo. Otro caso: el Instituto de Salud de Unasur, que estaba en Río de Janeiro, contrataba las vacunas consolidando la oferta. Fue liquidado. La gente de derecha es muy rápida y efectiva en destruir y poco eficaz en construir. No descarto la posibilidad de que cuando asuma el presidente Fernández se reviva un canal para mantener el espíritu y los programas básicos de Unasur.

En Ecuador, al edificio ya se le dio otro destino, sacaron la estatua de Néstor Kirchner…

–La estatua está bien protegida, se lo puedo asegurar. Está a buen resguardo.

–¿Dónde está?

–Es un secreto de Estado (ríe). Fue oportunamente desmontada por los equipos que trabajaron conmigo en Unasur.

–En algún momento habrá que preguntarle entonces dónde está para volver a colocarla.

«Tal vez Néstor Kirchner quisiera volver a Argentina a partir del 10 de diciembre», culmina, con una mirada cómplice. 

Tiempo Argentino, 10 de Noviembre de 2019

«La sociedad brasileña tiene mucha ‘saudade’ del liderazgo de Lula»

«La sociedad brasileña tiene mucha ‘saudade’ del liderazgo de Lula»

Aloizio Mercadante fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT) junto con Lula da Silva en 1980. En el gobierno del metalúrgico, fue ministro de Educación y titular de la Casa Civil, la Jefatura de Gabinete. Es uno de los colaboradores más cercanos al expresidente brasileño y se lo podría definir como un eximio operador político. Fue, desde ese lugar, uno de los iniciadores del Grupo de Puebla junto con el chileno Marco Enríquez Ominami y el futuro presidente argentino Alberto Fernández.

Por eso importan algunas definiciones que dio desde el lobby del hotel Emperador mientras llegaba la noticia de que Lula estaba saliendo de la prisión de Curitiba, donde pasó los últimos 580 días de su vida.

En tal sentido, considera que la liberación del exmandatario es un triunfo para la postura constitucionalista que mantuvieron los abogados defensores. «Jurídicamente, es clarísimo en la Constitución brasileña sobre lo que corresponde hacer en un caso de segunda instancia. Ese es un principio fundamental para un ciudadano: tiene que esperar el fallo final en libertad, porque sigue siendo inocente».

Ante la pregunta de si hubo un cambio de voto decisivo para que el resultado en el Supremo Tribunal Federal fuera 6 a 5 a favor de la libertad de Lula, Mercadante hizo un par de acotaciones. Por un lado, dijo que hubo una sola modificación sobre planteos anteriores que resultaron adversos a Lula. Se trató de la jueza Rosa Weber, quien en abril del año pasado cambió su propia jurisprudencia y negó un hábeas corpus preventivo presentado por los defensores de Lula cuando quedó detenido. «Ahora volvió a su posición histórica», destacó Mercadante, no sin insistir en que esa es la posición jurídicamente correcta.

–¿Ese cambio refleja la caída de la popularidad del presidente (Jair) Bolsonaro?

–No, es una respuesta constitucional. Aunque es cierto que Bolsonaro se convirtió en un desastre internacional para el Brasil. Lula representa la posibilidad de diálogo y de recuperar valores democráticos de la sociedad.

Para Mercadante, lo que sí influyó sobre la sociedad y el Poder Judicial es el «Vaza Jato», la filtración de conversaciones privadas entre el juez Moro y el fiscal Deltan Dallagnol para forzar la causa y quitar la posibilidad de que Lula fuera candidato. «Se los vio decir que no había que dejar que Lula fuera entrevistado en la prisión para no mostrar su imagen. Decían que era un peligro que ganara la elección. No podían permitir que se presentara a la elección y lo lograron. Fueron muchas violaciones de la Constitución y parcialidades. Y eso favoreció nuestros argumentos», consideró.El dirigente petista dice que el líder gremial «ahora se va a reencontrar con Brasil, creo que la sociedad tiene mucha ‘saudade’ de Lula, de su liderazgo». Pero no habla de futuros comicios, «falta mucho para 2022», destaca. Aunque no ignora que «vaya o no a ser candidato, el papel de Lula será decisivo en el país».

¿Qué tipo de papel? «Bolsonaro no sólo perdió popularidad sino credibilidad. Brasil está arruinado, su imagen muy desgastada porque nos estamos oponiendo a valores que son universales», analizó. «¿Qué respeto podemos ganar si nuestro gobierno cuestiona el calentamiento global. Hay evidencia científica comprobada, no es globalismo de izquierda: Amazonia es un patrimonio fundamental y Brasil lo tiene que preservar».

Mercadante recordó también el respeto a la institucionalidad que mantuvo el PT hasta el final. «Nos dicen que hemos sido republicanamente ingenuos, porque cuando atacaron a Dilma ella decía ‘prefiero el barullo de las impresoras criticando y no el silencio de la censura'». Advierte que los ataques de Bolsonaro y sus hijos a periodistas y medios son lo opuesto. «Yo creo que el Brasil profundo va a reaccionar ante Bolsonaro y creo que Lula representa al pueblo brasileño», indicó luego.

Mercadante se dio tiempo para agradecer a Alberto Fernández el apoyo. «Los amigos se ven en las situaciones difíciles, y fue emocionante ver a la multitud gritar Lula Libre el día de la elección argentina, que era el cumpleaños de Lula». El dirigente brasileño estaba rodeado de periodistas en el hall del hotel. Uno de ellos le pidió que hiciera la L con sus dedos, el tradicional pedido de Lula Livre. Pero Mercadante, con una exultante sonrisa bajo su bigotazo, hizo ese saludo con su mano derecha y con la izquierda la V. ¿De la victoria? «Por supuesto. De la victoria del peronismo y de Alberto Fernández. Pero también de Lula Vuelve…».

Tiempo Argentino, 10 de Noviembre de 2019

#LulaLivre: las claves de un caso testigo de persecución judicial

#LulaLivre: las claves de un caso testigo de persecución judicial

El Supremo Tribunal Federal de Brasil se tomó su tiempo y mantuvo la expectativa hasta el final. Como esos elementales conductores de programas televisivos de prime time, demoró la incógnita, con música incidental adecuada, hasta el voto de desempate del presidente de la Corte, Jose Antonio Dias Toffoli.

Por 6 votos a 5, el STF puso punto final a un debate que se había extendido demasiado en torno a la inocencia de un reo hasta que se cumplan todos los plazos procesales. Esto es, que un condenado en segunda instancia puede esperar la definición final, en ese último escalón del sistema judicial que es el STF, en libertad.

Se dijo en algún momento en estos 580 días en que se trató esta insólita situación, que era un fallo sobre más de 190 mil condenados sin sentencia firme. Luego, más ajustados a la cifra exacta, se confirmó que era sobre 4895.

En términos políticos, se trata de un solo preso, el más importante y el que puede comprometer con su sola presencia en las calles brasileñas el sistema de neoliberalismo neofascista instaurado a paso firme desde la destitución de Dilma Rousseff en agosto de 2016, pero específicamente desde el 7 de abril de 2018.

Porque ese día el único preso que importa políticamente, Luiz Inacio Lula da Silva, quedó alojado en una celda de la sede de la Policía Federal de Curitiba. Esa detención facilitó el triunfo electoral de Bolsonaro. Su libertad podría complicarle lo que le quede de mandato.  

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(Foto: AFP)

El reclamo de la defensa del dos veces presidente brasileño apuntaba a las consecuencias de una persecución sin cuartel del juez Sergio Moro, que lo condenó sin pruebas por corrupción y forzó su detención, contra la jurisprudencia en contrario de la corte brasileña hasta entonces.

Pero eran otros tiempos y nada ni nadie podía ir haca un año y medio contra ese juez de Paraná con imagen de incorruptible.  Moro fue premiado con el Ministerio de Justicia en enero pasado y ese gesto le fue quitando esa pátina de heroísmo a sus acciones.

Para colmo, en los últimos meses fueron apareciendo mensajes de la plataforma Telegram en el portal The Intercept donde se ve descarnadamente la forma en que tanto el magistrado como el fiscal de la causa Lava Jato, Deltan Dallagnol, manipularon información y pruebas con el único objetivo de sacar a Lula de la carrera presidencial, cuando todas las encuestas aseguraban que podría ganar incluso en primera vuelta.

Los mensajes de «Lula libre» atronaron todas las redes cuando se supo el resultado final de la votación en el STF. Por costumbre, cuando hay casos de tanto impacto, la compulsa se va haciendo por tramos. Es así que ya hace quince días había se sabía que la cosa venía para empate.

Hasta este jueves, iban 4 a 3 a favor de mantener la libertad y por tanto la inocencia de un acusado hasta la última instancia. Lula fue condenado por Moro y la sentencia fue corroborada por la Cámara respectiva. Como sus abogados apelaron la condena, falta la definición de la corte. El 6 a 5 tal vez indica que no era sobre 4895 casos que debatían en el Palacio de Justicia.

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(Foto: fotospublicas)

¿Qué pasará de ahora en más? La defensa del exdirigente metalúrgico ya pidió la pronta liberación del reo, siguiendo el dictamen del STF. La jueza Carolina Lebbos, de Curitiba, deberá responder ante ese reclamo. Pero por ahora no parece probable que Lula deje la celda en breve.

Y no porque no corresponde cumplir el dictamen del máximo tribunal, sino porque el sistema político armado luego del impeachment a Dilma teme por la conmoción que puede causar un líder del arraigo de Lula y de su capacidad de movilización. Conviene recordar que Bolsonaro y los Chicagos Boys que lo secundan en el gabinete están llevando adelante un proyecto neoliberal que va a contramano de los postulados del PT, pero también de sectores militares y empresariales afectados por esas medidas.

Bolsonaro ya obtuvo dos leyes que para Paulo Guedes, su gurú en la economía, son claves: la reforma laboral y la previsional. Justo este jueves comenzó la licitación de la plataforma petrolífera del Presal, una joya de la corona que convertirá a Brasil en uno de los productores de energía más grandes del mundo.

Lula libre es una consigna que desde Buenos Aires se cantará en la cumbre de líderes del Grupo de Puebla que se reúnen este fin de semana y es un canto de guerra que enturbia la relación de Bolsonaro con el futuro presidente argentino. Alberto Fernández ya dijo que sueña con que Lula sea el invitado de honor cuando asuma la presidencia, el 10 de diciembre.

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(Foto: AFP)

Lula es un preso incómodo para el proyecto bolsonarista, pero al mismo tiempo, Bolsonaro es un presidente incómodo a esta altura para algunos sectores del establishment brasileño. ¿Cuál será la respuesta del sistema ante esta situación, que no debería ser inesperada para ellos? Por ahora es una incógnita. Es probable que todos traten de patear la pelota lo más lejos posible y seguir demorando definiciones con chicanas leguleyas.

Pero las presiones tanto dentro como fuera del país son muy fuertes. El de Lula es un caso testigo del lawfare regional y no todos los togados quieren quedar vinculados a resoluciones que cada día se muestran más amañadas para evitar que el presidente que sacó a 40 millones de brasileños de la pobreza vuelva a cantar presente desde las calles. Y entre sus cánticos, diga que otro mundo es posible, como decía allá por 2003 cuando llegó al gobierno por primera vez.

Tiempo Argentino, 8 de Noviembre de 2019

Brasil acompañó a Israel para rechazar la resolución de la ONU contra el bloqueo a Cuba

Brasil acompañó a Israel para rechazar la resolución de la ONU contra el bloqueo a Cuba

Con un giro que echa por tierra la tradición diplomática de Itamaraty, el gobierno de Jair Bolsonaro votó en la Asamblea General de Naciones Unidas a favor de Estados Unidos en el debate en que una abrumadora mayoría rechazó el bloqueo contra Cuba decretado en 1962 y que genera daños multimillonarios a la población de la isla.

No es que el resultado de la votación sorprendiera, porque desde que el ultraderechista ex capitán del Ejército brasileño llegó al Palacio del Planalto se suponía que podría torcer una tradición vigente desde que comenzó a tratarse la represalia estadounidense a la Revolución Cubana, hace 28 años. Pero hasta último momento se pensó que podría abstenerse, una postura intermedia que esta vez siguieron dos países.

Precisamente uno de los que eligió no votar fue Colombia, que también cambió una decisión histórica, de la mano de otro derechista, Iván Duque. También Ucrania prefirió abstenerse y dar una señal de apoyo a Donald Trump, que se puso como enemigo al gobierno cubano. En la última votación de la gestión de Barack Obama, Estados Unidos se había abstenido de votar, una movida insólita para una decisión que pretende decirle a Washington que abandone una política que se considera criminal.

Argentina, en tanto, se mantuvo fiel a su historia y fue parte de esas 187 naciones que sostiene que el bloqueo económico contra Cuba es anacrónico e inhumano.

Según estudios elaborados por el gobierno de la revolución, las pérdidas en dinero contante que causa el embargo supera los 138 mil millones de dólares. Ea medida no solo afecta el comercio con Estados Unidos, sino el turismo, el uso de la moneda estadounidense y hasta se entromete en decisiones de terceros países sobre emprendimientos en la isla.

Desde que Trump está en la Casa Blanca, a diferencia de Obama, que había iniciado el dialogo y reanudó relaciones, el bloqueo se incrementó. Además, puso en vigencia la totalidad de la Ley Helms-Burton, que permite iniciar juicios en EE UU por expropiaciones realizadas desde 1960.

En ese marco, descendientes y herederos de hoteles o empresas nacionalizadas y que nunca aceptaron la indemnización que ofrecía el gobierno cubano, abrieron procesos contra firmas españolas y canadienses.

La extensión llega incluso a plataformas como Booking y Trivago, que informan sobre alojamiento en hoteles por cuya propiedad se reclama en tribunales neoyorquinos.

Al mismo tiempo, el bloqueo impide y dificulta o encarece el acceso a medicamentos, aparatos médicos o alimentos no producidos en la isla. Y en el caso de las operaciones financieras, bancos de varios países ya fueron sancionados por haber realizado transacciones con instituciones cubanas.

El gobierno estadounidense «no esconde su propósito de asfixiar económicamente a Cuba e incrementar los daños, carencias y sufrimientos a nuestro pueblo», dijo el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, ante la Asamblea. Al mismo tiempo, denunció «una escalada en la agresión contra Cuba» de la administraciónTrump.

 “El bloqueo viola también los derechos humanos y las libertades civiles de los ciudadanos estadounidenses a quienes limita, injusta y arbitrariamente, la libertad de viajar a Cuba, único destino prohibido para ellos en el mundo», culminó el diplomático cubano.

Hace un año, la resolución que reclamaba el fin del embargo contra Cuba fue apoyada en la ONU por 189 países y rechazada solo por Estados Unidos e Israel, esa vez, Ucrania y Moldavia se abstuvieron. Ahora, Brasil se sumó a los aliados incondicionales de Washington mientras que Colombia acompañó al país europeo.

«Cuba es un contribuyente activo a la inestabilidad regional» argumentó la embajadora estadounidense ante la ONU, Kelly Kraft. «Y «colabora con el régimen de (Nicolás) Maduro, perpetuando una crisis humanitaria y económica que se extiende más allá de las fronteras de Venezuela», completó.

Tiempo Argentino, 7 de Noviembre de 2019