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La prisa de El País

Mientras El País de España se solazaba en varias tapas con la última catarata que derramó WikiLeaks, pasó inadvertido el cambio del control empresario del diario que representó como ninguno el modelo democrático en la península tras la muerte del dictador Francisco Franco. Como que desde ayer ofrece parte de su paquete accionario en la Bolsa de Nueva York y en unos días lo hará en la de Madrid, algo inédito en su historia.
Como se sabe, luego de un acuerdo reservado con Julian Assange, el matutino madrileño participó en el selecto club de los medios que pudieron hurgar en los cables originales y analizar con el gobierno de los EE UU qué dar a conocer y qué no de esa tanda de información de la diplomacia estadounidense. Ese grupo exquisito está conformado por The New York Times, el británico The Guardian, el francés Le Monde y la alemana Der Spiegel.
La propietaria del periódico español, Prisa (Promotora de Informaciones SA), enfrenta deudas cercanas a los 5 mil millones de euros, luego de haberse expandido en los ’90 a 22 países para convertirse en el multimedios más grande de “habla española y portuguesa”, como se promociona. A partir de su nave insignia, El País ostenta algunas marcas líderes como Santillana, Alfaguara, Aguilar, y no piensa detenerse. No por nada aspira a aprovechar todas las ventajas que puede ofrecer “un mercado global de más de 700 millones de personas”, como asegura.
Ya había anunciado a fines de abril que se había desprendido de algunas de sus subsidiarias e incluso del edificio donde tiene su redacción, en pleno centro de Madrid. También que había llegado a un acuerdo con un grupo inversor estadounidense que haría un aporte sustancial para calmar a los bancos acreedores, a cambio de quedarse con la mayoría de las acciones.
Milagrosamente pues, los archivos de WikiLeaks le cayeron como anillo al dedo para que esta nueva etapa empresaria cuente con los mejores auspicios. Es que el nivel de exposición mediática que encontró durante la última semana, y sobre todo el hecho de haber sido uno de los cinco “elegidos” de Assange, lo convierten en una joya difícil de resistir para un inversor medianamente despierto.
Tal vez en este contexto se comprenda mejor por qué gran parte de las últimas portadas de El País hicieran hincapié en lo que piensa Washington sobre los gobiernos latinoamericanos y en especial el argentino, donde Prisa tiene intereses concretos, y por lo tanto le caben las generales de la Ley… de Medios.
No se sabe por qué los “elegidos” decidieron el domingo para lanzar el vendaval WikiLeaks. Pero también en forma oportuna, un día antes, Prisa anunciaba la conformación del nuevo Consejo de Administración, donde se refleja el cambio en el equilibrio económico interno. El flamante mandamás, el fondo de inversiones Liberty Acquisition Holdings, aporta 650 millones de euros y, por una compleja ingeniería financiera, se disuelve en Prisa para vender luego el 70% del paquete en la Bolsa, con lo que en teoría el control del grupo seguiría en manos de la familia Polanco, fundadora del diario.
Lo interesante es ver quiénes son los nuevos consejeros. Las estrellas son, dinero mediante, los titulares del fondo Liberty, los archimillonarios Nicolas Berggruen y Martin E. Franklin. Nacido en París el primero, a los 49 años se jacta de no tener vivienda propia y de residir en hoteles porque es más práctico. Pero atesora 2mil millones de dólares en activos y obras de arte. Londinense, su socio es un hombre de negocios que gusta de los deportes de riesgo, no bebe, no fuma y piensa que Prisa es un excelente negocio, pero “si dentro de un año existe la necesidad urgente de vender” no tendría dudas en hacerlo.
Los expertos dicen que el verdadero alma mater de Liberty, enigmático conglomerado de inversores con sede en el paraíso fiscal estadounidense de Delaware es Paul B. Guenther, un afiliado al Partido Demócrata con fuerte llegada –y aportes de campaña– a Hillary Clinton, relacionado además con The New York Times.
Entre los nuevos integrantes del Consejo de Administración, , aparece nada menos que el ex presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León. Llegado al poder en 1994, luego del asesinato del candidato natural del PRI, Luis Donaldo Colosio, Zedillo es conocido como un tecnócrata de fuerte impronta neoliberal.
Durante su gestión se produjo el Efecto Tequila, crisis que calmó luego de recibir millonarios créditos de los EE UU y un cambio en los paradigmas de la economía mexicana. No se le pueden achacar todos los errores de su partido en 70 años, pero el hecho es que fue el último “cartucho” del PRI y dejó el poder en 2000 en manos del ex Coca-Cola Vicente Fox. La incorporación de Zedillo a Prisa podría explicarse, según los analistas, en su amistad con el ex presidente de gobierno español Felipe González.
Otro destacado miembro de la nueva cúpula es Alain Minc. En la web corporativa lo mencionan como un escritor francés que presidió el Consejo de Vigilancia de Le Monde, otro de los “elegidos” wiki. Prisa tiene un 15% del diario francés, ingreso que facilitó precisamente Minc, y aspira a más, según se desprende del plan de negocios presentado hace un par de meses. Minc fue condenado a pagar una importante multa en noviembre de 2001 por un tribunal de París, tras haber sido encontrado culpable de plagiar una biografía novelada del filósofo holandés Baruch Spinoza.
También son consejeros Harry Sloan, con fuertes inversiones en el negocio mediático de Europa, aunque nacido en los Estados Unidos, donde llegó a ser vicepresidente de la Metro Goldwyn Mayer hasta el año pasado. Emmanuel Roman, otro destacado en la nueva Prisa, fue directivo durante 18 años en Goldman Sachs, la banca inversora que en la Argentina tiene parte de las acciones del Grupo Clarín. Junto con ellos estará otro banquero, el mexicano Juan Arena, quien fuera presidente de Bankinter, el sexto en importancia en España, que pertenece al Santander, y en marzo pasado fue condenado a devolver a algunos clientes las pérdidas generadas por su recomendación de invertir en el quebrado Lehman Brothers.
“El consejo se completa con Ignacio Polanco, Juan Luis Cebrián, Matías Cortés, Diego Hidalgo, Gregorio Marañón, Agnès Noguera, Borja Pérez Arauna y Manuel Polanco”, dice la información oficial.
Según declaró Ignacio Polanco, el presidente de Prisa, “las diferencias en nacionalidad, formación y antigüedad en el Consejo permiten al nuevo órgano de gobierno valorar las condiciones más adecuadas para dirigir a Prisa hacia la internacionalización, pluralidad y globalidad que los mercados requieren”.
El impacto de WikiLeaks seguramente le dará la razón en esta etapa de oferta neoyorquina, porque en todo el mundo se habló de El País. Y el diario se encargó durante toda esta semanita de mostrarles a sus inversores cómo se posiciona en la región.

Tiempo Argentino, 4 de Diciembre de 2010

Una visita guiada a la página web de los pequeños espías

Con juegos online, puzzles, trivias, y lecciones de encriptado y desencriptado de información se acercan a alumnos y docentes de todas las edades a la agencia de espionaje estadounidense.
El ingreso al reservado staff de la principal agencia de espías del planeta, la CIA, se manejó tradicionalmente por carriles más bien recónditos. Como corresponde a una organización que tiene como función proteger los intereses del imperio en el exterior. La sagacidad de los seleccionadores, en todo caso, permitió detectar a los candidatos cuando comenzaban a destacarse en alguna actividad social o política y llevarlos para su coleto con diferentes tipos de dádivas, la contratación directa o incluso la amenaza. La novedad, desde que se popularizó el uso de la web –al fin y al cabo un invento militar estadounidense– es que la CIA intenta reclutar para sus filas a los niños, con tentaciones que están de acuerdo a la edad de los pequeños aspirantes.
Así, hay oferta de juegos y rompecabezas (se trata de puzzles, no de violencia física, al menos en esta instancia) hasta clases de encriptación y desencriptación de mensajes. Visita. Además, por si hiciera falta alguna promesa adicional para los indecisos, existe una visita virtual al museo de armas no convencionales tipo James Bond y se muestran los agentes encubiertos del mundo animal: palomas mensajeras y perros adiestrados para detectar todo tipo de explosivos, venenos, drogas y los mayores etcéteras. Perros de policía secreta, por supuesto.
Es bueno destacar que la agencia hace una invitación cabal a formar parte de la cruzada que desarrollan “muchos analistas, doctores, científicos, abogados o bibliotecarios que tienen como función principal ayudar a los líderes americanos a tomar siempre la decisión correcta y a trabajar por la seguridad de la nación americana”.
Menú. Una recorrida por la página en cuestión (www.cia.gov) permite observar sobre el menú ubicado en el costado izquierdo una opción que dice Kid‘s Page. Una vez desplegado, el menú expone sus distintas versiones, para párvulos de hasta 5º grado, para la franja de 6º a 12º grado, para padres y docentes, un sector de juegos, links para ingresar en otras páginas para niños del resto de las agencias de espionaje de Estados Unidos, y toda esa gama de promociones normales en cualquier web comercial. Lo más sustancioso, de todas maneras, está en el recorrido por cada uno de los sectores hasta ahora descriptos.
Conviene munirse entonces de un diccionario inglés para los que se le animan al idioma de Maxwell Smart, o recurrir a alguien con algo de conocimiento para los menos avezados. No serán defraudados. Seguridad. “Seguramente has oído de la Agencia Central de Inteligencia”, les dice a los menorcitos, para explicar luego a qué se dedican los espías: “La gente de la CIA hace un importante trabajo. Ellos ayudan a mantener seguro a nuestro país. Dan información a nuestros líderes para que puedan tomar buenas decisiones. Y ellos sienten orgullo por su importante trabajo”. “Mira nuestras páginas y nos conocerás. Si miras con detenimiento, te puedes convertir en un experto en la CIA. Y también tenemos algunas historias cómicas y juegos para ti.” En este sector es que se cuentan historias de los héroes de la división K-9 (se pronuncia kei nains, o sea, caninos).
Entre ellos destacan Arno, Bonja, Ogden y tantos otros que parecen haber cubierto la cuota de patriotismo necesaria como pasar a la fama cibernética. En ese mismo apartado para menores de 5º grado se destaca también la historia de Aerial, una paloma descendiente, asegura, de un palomo bávaro que en la década del ’40 intervino tomando fotos aéreas luego de la creación de la agencia. Secundarios. “Si estás en la escuela secundaria y ya has pensado en una carrera en la CIA –dice la sección para alumnos de hasta 12º grado–, concéntrate en mejorar tus destrezas comunicacionales”. Aclara que se refiere a destrezas en la escritura y en lo oral, con más detalle en el uso de idiomas extranjeros.
Más específicos, teniendo en cuenta que se refieren a estudiantes secundarios, la CIA detalla la forma de acercarse a las oficinas para plegarse a la patriada imperial. Navegando las opciones de este tramo se puede recorrer el museo de la CIA donde pululan armas que envidiaría Bond, por lo menos, y que demuestran que probablemente el creador del superagente 86 se quedó corto en imaginar artilugios bélicos. Entre ellos destaca el UUV (Vehículo Subacuático No Tripulado, en su traducción castellana) que es una especie de bagre mecánico que cuenta con todo tipo de elementos para espiar, sabotear y destruir al enemigo; también se pueden observar microcámaras y minipistolas a granel y también palomas artificiales que cumplen el mismo objetivo.
Teachers. Es bastante jugosa también el área destinada a docentes y padres. Acá se ofrecen, por ejemplo, elementos para armar distintas clases de espionaje para alumnos de diferentes edades. Así, por ejemplo, se puede hacer una clase livianita que explique a los educandos la utilidad de la inteligencia en la guerra (aunque suene a oxímoron, como diría Groucho Marx), con detalles de incidentes resueltos por espías a lo largo de la historia norteamericana. Como para sopesar el talante de la propuesta de CIA Kid’s, es bueno recorrer una clase algo más sesuda, que se propone enseñar a recoger y analizar información.
Clase magistral. “Para comenzar la lección –explica el texto– el profesor repartirá fotocopias del Ciclo de Inteligencia”. Se trata de un material en que se explica en términos sencillos los cinco pasos necesarios en el proceso para culminar un buen trabajo de espionaje:
Planificación y Dirección, Colección, Tratamiento, Análisis y Producción, y Diseminación. “Después –continúa la instrucción– el profesor debería pedir a estudiantes escoger a un padre o el abuelo que ellos pueden entrevistar antes de la siguiente clase y escribir tres párrafos que comparan la vida corriente cotidiana del estudiante con la vida de su sujeto en la misma edad. Para decidir qué preguntas pedir para ver las diferencias de la vida del estudiante con la de su entrevistado en el mismo punto, el profesor debería dividir la clase en pequeños grupos. Los estudiantes pueden constituir una lista de preguntas para juntar la mejor información. Después de unos minutos, cada grupo debería compartir sus mejores preguntas con la clase”.
Parientes. Además de las preguntas que los estudiantes elaboran, insiste el manual docente de CIA para niños, “el profesor puede proveer a los estudiantes de algunas preguntas de entrevista para lograr un mejor objetivo”. En la siguiente clase, el profesor debería dividir nuevamente la clase en pequeños grupos y hacer que los estudiantes comparen sus conclusiones entre ellos y luego confeccionar un informe de grupos para toda la clase. “Pida a estudiantes hablar del proceso de información creciente y del análisis de los datos –recomienda la agencia–. ¿Qué habrían hecho ellos de manera diferente? ¿Lo que deberían haber preguntado, o qué preguntas adicionales faltaron? ¿Qué han aprendido ellos sobre sus vidas cotidianas contra su sujeto?”
Códigos. También hay lecciones de encriptado y desencriptado y acerca de la importancia de que la comunicación sea exacta, para no equivocar la decisión en función de un mensaje mal transmitido por cualquier causa. Este tramo puede estar acompañado por juegos que se agregan en la misma página, donde se pueden armar mensajes en clave o detectar la clave con que podrían haber sido confeccionados distintos mensajes. Luego de tan sustanciosas lecciones, entonces, el navegante web puede descansar algo sumergiéndose en el área de juegos, Allí se puede encontrar desde rompecabezas para armar el logo de la CIA en dos opciones, easy o hard, o analizar fotos aéreas de una ciudad.
En necesario reconocer acá que resulta muy interesante el planteo, que consiste en deducir a qué hora del día corresponde la toma fotográfica, a qué mes del año, a que profesión pueden pertenecer los diferentes personajes que aparecen. También se puede ver otro juego en que se deben descubrir imágenes encubiertas en otras fotos cotidianas de una ciudad cualquiera. Es similar al Juego de las 7 diferencias”, con la particularidad de que cada escena describe una situación de espionaje o una posible amenaza. En definitiva, los niños pueden recorrer estas bonitas páginas para divertirse y probar su interés en servir a la bandera de las barras y las estrellas. Y a los no tan chicos a jugar a ser espías por un rato. Si es que no los intranquiliza el antecedente de lo que es y lo que representa la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

Sobre la muerte de Kirchner: El cincel de la historia

Murió en su ley. Con las botas puestas. Porque no había nacido para ser viejo. No se cuidaba, era como un chico grande. Creía que iba a ser eterno. Tenía la enfermedad del poder. No todas estas frases fueron dichas por admiradores del ex presidente con la garganta estrujada de dolor. No todas fueron dichas por enemigos que vivaron a la muerte, pero todas, de algún modo, reflejan las primeras horas de estupor por la noticia de que Néstor Kirchner había dejado de existir a las 9,15 del 27 de octubre de 2010.
Todas, de algún modo, proyectaron el perfil de quien acababa de irse de este mundo, pero –como el modelo de país que comenzó a delinear desde que asumió el poder–, este es un trazo aún provisorio. A partir de ahora, cuando su vida física concluyó definitivamente, comenzará a construirse el rasgo definitivo de quien protagonizó los últimos siete años de la lucha política argentina.
Poco agregará a ese dibujo precario que Néstor Carlos Kirchner Ostoic nació el mismo día que José de San Martín, 25 de febrero, pero de 1950, centenario de la muerte del Libertador. En la inhóspita Río Gallegos, de padre de origen suizo alemán y madre chilena de familia croata. Que, ya militante político, coincidió con otra integrante de la Juventud Peronista, Cristina Fernández, en la facultad de Derecho de la Universidad de La Plata.
Él tenía 25 años, ella 23, y muy pocos meses después de casaron con la marcha peronista de fondo, para instalarse –tiempos difíciles– en Santa Cruz, ya abogados. Desde entonces consolidaron, a lo largo de 35 años, una sólida pareja con la que construyeron una familia y un espacio político de una firmeza que no cuenta con tantos antecedentes en el mundo.
Esa fortaleza permitió que con muy poco, casi nada, Néstor ganara la intendencia de la capital santacruceña en 1987. Fue desde esa debilidad que edificó su plataforma para ganar la gobernación cuatro años más tarde. Paralelamente, Cristina era elegida diputada provincial, con lo que iniciaría un camino que la llevaría luego al Senado de la Nación.
Kirchner fue dos veces gobernador y también con muy poco, casi nada, llegó a la presidencia para suceder a Eduardo Duhalde, cuando todavía faltaban algunos meses para completar el período de Fernando de la Rúa.
Dicen los encuestadores que esa vez, segundo de Carlos Menem por centésimas, pero ganador por huida del riojano, quedó relegado en votos no tanto porque no lo quisieran como porque no lo conocían. Cristina se había ganado un espacio en los medios como hábil polemista y ácida anti menemista. Kirchner aparecía como «el Chirolita de Duhalde» y, con más mordacidad, bajo las polleras de su esposa.
La gestión desde la Casa Rosada fue mostrando un rostro diferente a medida que iba desplegando su proyecto político. No importa en estas líneas tanto lo que hizo sino el cómo lo hizo, porque los hechos trascendentes de su presidencia siempre estuvieron marcados por ese toque de fervor, de riesgo, de audacia que lo caracterizó hasta el final. Desde esa primera imagen de su frente ensangrentada por una cámara de fotos inoportuna cuando se arrojaba sobre la multitud, el mismo 25 de mayo de 2003.
Al principio, los medios y la clase a la que representan, acompañaron esas muestras de empuje y vitalidad. Y apoyaron –bien que a regañadientes– el cambio en la Corte Suprema, las primeras medidas para estabilizar la economía, la negociación por la deuda externa, el acercamiento a los países latinoamericanos.
Pero luego, discretamente, el vigor empezó a ser interpretado como crispación, la insistencia como empecinamiento, los éxitos económicos como un viento de cola favorable, y de hombre dominado por los compromisos políticos viró en autoritario hegemónico.
Kirchner fue mostrando entonces que había nacido para la guerra. «Si querés cambiar algo, tenés que enfrentarte a los poderosos. No se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos», parafraseaba al creador de su partido.
Desde ese momento, su sistema de alianzas se fue modificando. Y los enemigos fueron dibujando al otro Kirchner: en su intento de limar sus logros, fueron fortaleciendo su camino hacia certezas desempolvadas de aquellos setentas casi olvidados.
Muchos, entonces, se alejaron, temerosos de una vuelta a un pasado al que temían; pero otros se fueron acercando, esperanzados en que algo se podía construir desde aquellas derrotas, incluso sin ser peronistas y sin haber creído demasiado en él.
El momento del quiebre fue, claro, la crisis de 2008 por la resolución 125, cuando ya había dejado el cargo en manos de Cristina. Y el cierre irreversible con el primer Kirchner fue un año más tarde, cuando por muy poco perdió en las legislativas.
Desde ese momento, a Néstor se lo encontró en la urdimbre política del día a día para remontar la cuesta, pero sin renunciar a lo conquistado. Pudiendo pactar con los medios y el establishment para permanecer, se la jugó por enfrentarlos, por seguir poniendo sangre y vena a su apuesta por un futuro diferente.
No habían pasado dos horas de la noticia de su muerte cuando esos medios a los que había combatido comenzaron a enviar sus mensajes solapados de venganza. Y en Wall Street, donde ni siquiera intentan la elegancia, fueron contundentes: las acciones y los bonos argentinos subieron su valor porque ahora perciben tiempos de cambio y «la oposición es más amistosa con los mercados», según declaró un analista al Financial Times.
A esa misma hora, otros descubrieron con pavor que era una enorme pérdida. Que no era simplemente la muerte de un ex presidente. Que no lo votaron ni lo hubiesen votado, pero que queda un hueco y un interrogante intranquilizador.
Quién sabe quién fue el Néstor Kirchner de carne y hueso, ese que desoyó los consejos de cuidarse cuando su cuerpo abundaba en señales de que no podía más. Aunque ahora, con esos retazos de su paso por este mundo, y cuando en la Plaza de Mayo todavía resuenan las voces de una muchedumbre dolorida pero firme, comienza la construcción de ese otro perfil.
El que talla el cincel de la historia.

Revista Acción, 1 de Noviembre de 2010

El gran paradigma nacional

El 1 de enero de 1869, tropas brasileñas al mando del coronel Hermes Fonseca ocuparon y saquearon Asunción, capital de la República del Paraguay. El mariscal Francisco Solano López hacía tiempo que estaba en el frente de batalla, comandando ejércitos que, en el más completo aislamiento, se enfrentaban a efectivos de tres naciones sudamericanas. Faltaba poco para el fin de la guerra de la Triple Infamia, como la llamaron los historiadores revisionistas.

Mucho se escribió sobre las razones y los objetivos reales de esa confrontación. Viene a cuento ahora desmenuzar algunos detalles de esos meses finales, por su fuerte vinculación con la situación que se vive en estos tiempos en relación con la prensa y la empresa productora del papel de diario argentina.
Porque cuando se desató esa terrible guerra, en 1865, el primer jefe militar de aquella nefasta alianza fue el entonces presidente Bartolomé Mitre. Hasta que en una sumatoria de contradicciones dentro de la conducción tripartita y rebeliones en el interior argentino en rechazo a la masacre contra un país hermano –uno de ellos, Felipe Varela, ya había lanzado su Proclama a los Pueblos Americanos–, en 1967 Mitre volvió a Buenos Aires y dejó la comandancia en manos de Luis Alves de Lima e Silva, el duque de Caxias. Un año más tarde, “Bartolo” terminaría su mandato presidencial pero no se retiraría de la vida política, ni mucho menos.
A principios de enero de 1870, Solano López emprendió su última campaña, seguido por un puñado de soldados fieles, muchos de ellos casi niños. En busca de un milagro que le permitiera dar un vuelco a la desigual contienda, el 29 de diciembre de 1869 había cruzado el paso del Aguaray Guazú y atravesado la cordillera de Mbaracayú, una zona hoy limítrofe con Brasil, desde donde pensaba tomar por detrás a las guarniciones imperiales.
Mitre ya había conseguido el dinero para montar el proyecto que le permitiría dotar de contenido ideológico a la clase dominante que quería representar. Una clase nacida de la Revolución de Mayo que con esta guerra fratricida abandonaba definitivamente la utopía regionalista plasmada en el Plan de Operaciones.
El primer número del diario de Mitre vio la luz el 4 de enero de 1870, con mil ejemplares y una consigna que perdura hasta hoy, en la página de editoriales. “La Nación será tribuna de doctrina.”
No mentía. Nunca se propuso como un medio periodístico para defender la verdad, sino como un canal donde expresar un dogma, un paradigma. Librecambista, sin industria, ligado al capital extranjero, para pocos, como el que se estaba imponiendo en las selvas paraguayas.
El 16 de enero de 1870, Solano López cruzó el Río Ygatimí y se instaló en el cuartel general de Aquidabán-nigüí, donde el 25 de febrero entregó la Medalla de Amambay a los bravos paraguayos que con “abnegación ejemplar y patriótica actitud cruzaron dos veces la sierra de Mbaracayú”. Una semana más tarde, el 1 de marzo, un cabo brasileño lo atravesó con una lanza en la batalla de Cerro Corá.
Con él murió no sólo su patria –tal cual dijo en su último aliento–, sino un proyecto de desarrollo diferente al que imponían británicos y sus agentes locales a sangre y fuego. Unos meses después, el 4 de junio, enfermo de tisis y carente de apoyo, Varela moría cerca de Copiapó, en Chile, donde ahora un puñado de mineros cuenta las horas para volver a ver la luz del sol.
El proyecto de Mitre, sin embargo, seguiría creciendo a paso firme. Y a su biografía de Belgrano, le agregó luego la de San Martín “y de la independencia sudamericana”. Con este corpus historiográfico construyó el Gran Paradigma Nacional. Que implicó, además, la creación no de una sino de cuatro naciones. Con límites precisos e infranqueables donde quedarían enterrados, por décadas, intentos integradores como los que soñaron Artigas, Dorrego, y hasta la República Farropilla de 1835 en Rio Grande do Sul, bendecida por Alberdi, o la quimera sarmientina de Argirópolis.
El epistemólogo estadounidense Thomas Kuhn basó su estudio de las revoluciones científicas en el análisis de los grandes cambios en el paradigma con que la ciencia da cuenta de los fenómenos que ocurren en el mundo. Y en uno de sus libros muestra de qué modo hacia el siglo XV el paradigma astronómico de Ptolomeo era ya un engendro de arreglos y “parches” pergeñados para explicar los nuevos descubrimientos que iban permitiendo la observación y la aplicación de aparatos ópticos.
Hasta que Copérnico dio un giro sustancial a la forma de pararse para interpretar los datos. Si en lugar de tomar a la Tierra como centro del universo se considera al Sol en esa posición, los movimientos celestes se pueden explicar de manera mucho más sencilla y razonable, corroboró el matemático polaco. Pero debió pasar bastante tiempo hasta que esta concepción del mundo se impusiera al sistema de Ptolomeo. También debió enfrentar una violenta resistencia, como lo comprobaron en carne propia Galileo y muchos otros.
Una oposición similar encuentran los que se ubican en la vereda de enfrente de Clarín y La Nación. Y se entienden las razones. No sólo hay enormes intereses económicos y políticos en juego. Hay dos paradigmas enfrentados. Dos paradigmas que vienen en pugna a lo largo de la Historia argentina y continental desde hace más de 200 años. De mucho antes que la disputa entre Moreno y Saavedra en el Buenos Aires de 1810. Se sugirió desde las páginas de Tiempo Argentino que la entrega de la empresa de Papel Prensa fue un negocio creado para beneficiar a tres diarios porteños, que por eso silenciaron delitos de lesa humanidad que cometían las fuerzas armadas a nombre de un paradigma occidental y cristiano. Esta interpretación supone que la avidez fue el motor fundamental de esos diarios para el silencio. Pero esa no es la única interpretación.
¿A quién otro que no fuera al diario de los Mitre, la “tribuna de doctrina”, le iban a entregar el control del papel de diario y por tanto de la información? ¿Quién otro le iba a garantizar al establishment la “defensa del ser nacional” como quienes lo habían diseñado un siglo antes? Después de todo, esos son los mismos que apoyaron fraudes patrióticos, golpes de estado, o genocidios como el de Roca contra los indios, para no profundizar más. ¿Podría haber mejor candidato para cubrir las espaldas de los militares asesinos? ¿Será casualidad que en 1982 los últimos desarrollistas fueron expulsados del Gran Diario Argentino? Más aun, ¿qué otro remedio tienen, quienes necesitan que Clarín sea el centro del Universo, que defenderlo como un último bastión?
Y sí, ellos son último bastión del mitrismo. Reformado, retocado, remendado como una expresión caduca del ser argentino, del ser latinoamericano. Un paradigma que ya no puede dar cuenta ni de las nuevas instituciones regionales ni de viejas teorías económicas que sólo conducen a la injusticia social y la violencia, como lo probó 2001.
Que la entrega de Papel Prensa se hizo sobre el genocidio de 30 mil personas no es un dato que vaya a alarmar a los mitristas. ¿Cuántos cayeron en el Paraguay de Solano López? Si La Nación se fundó para interpretar, traducir, disimular, ocultar, el genocidio de 300 mil, quizás un millón de paraguayos, los crímenes de la dictadura no deben haberles parecido tantos.
Es bueno recordar aquí las razones que Thomas Kuhn ofrece para entender por qué un paradigma científico se impone sobre otro. Una, ya fue dicha, es que es más sencillo. Pero además, el universo heliocéntrico es más armonioso que las siete esferas concéntricas sobre las que terminaron descansando los cuerpos celestes ptolomeicos.
Es un universo más elegante, más bello. Como el país que podemos construir entre todos cuando la verdad circula sin ataduras.

Tiempo Argentino, 26 de Septiembre de 2010

Las madres de Obama

Las madres de Obama

Si es verdad que una imagen vale por mil palabras, también lo es que algunas imágenes muestran mucho más de lo que los ojos dejan ver.

En la foto que ilustra esta página aparece la familia de sangre de Barack Hussein Obama II, el 44º presidente de los Estados Unidos. Y fue obtenida mediante una gestión del Centro de Estudios Americanos. Era la mejor manera, coincidieron los responsables del número 17 de la publicación Multiculturalismo: e pluribus unum, para reflejar en tapa la tarea que habían emprendido: un análisis sobre el proceso cultural estadounidense y sus consecuencias al sur del Río Bravo, con especialistas de todo el continente.
No hace falta ser muy ducho para darse cuenta de que es una “de entre casa”. Como la que cualquier hijo de vecino sacaría en una fiesta íntima. Y efectivamente, corresponde al casamiento de la media hermana de Barack, Maya Soetoro (es la mujer que abraza el actual presidente) con el canadiense de ascendencia china Konrad Ng (el tercero desde la derecha). Fue tomada en Hawaii en 2003 y acompañan a los casales las hijas de Obama (Sasha y Malia), su abuela Madelyn Lee Dunham, los padres del novio, el medio cuñado presidencial y la ahora primera dama de los Estados Unidos, Michelle.
Esta toma personal, cedida por Maya Soetoro Ng y Konrad Ng a la ONG dirigida por Luis María Savino, es llamativa por lo que muestra, pero también por la ausencia de quien la hizo posible: Stanley Ann Dunham, la madre del primer mandatario estadounidense, que había muerto de cáncer ocho años antes.
La mujer, con un doctorado en antropología, había nacido en plena guerra, en 1942, en Wichita, Kansas. El abuelo materno de Obama, un trabajador curtido en la adversidad, dejó bien en claro que esperaba un varón, por eso no tuvo empacho en bautizarla con su propio nombre, aunque ella a partir del secundario se hizo llamar Anna. El caso es que ni bien estalló la guerra, don Stanley Armour Dunham se alistó en el Ejército y partió para Europa. La madre, que aparece en silla de ruedas en la foto en cuestión, fue a trabajar en una planta de la Boeing, donde armaban los bombarderos B-29.
Al fin de la contienda, y luego de varias mudanzas, los Dunham se instalaron en Honolulu. El archipiélago acababa de convertirse en el 50º estado de la Unión y la joven Anna, influida por la época, estaba interesada en las culturas no occidentales. De modo que fue a estudiar antropología a la Universidad local. Allí, en una clase de idioma ruso, esta mujer blanca conoció a un joven alumno negro, Barack Obama I, nacido en Kenia. Dos años más tarde, en 1961, cuando ella tenía 18, nacía el pequeño Barack II. Pero la pareja no prosperó. Entre otras cosas porque el economista inició el retorno a su patria, donde según dicen las malas lenguas, el hombre tenía otra esposa. Hasta allí no llegaba la amplitud cultural de la mujer, a pesar del flower power y la moral hippie y pacifista de los sesenta.
Anna volvió entonces a sus estudios universitarios en Hawaii, donde trabó relación con el indonesio Lolo Soetoro. Se mudó a Yakarta, y en 1967 nació Maya. Cuenta la leyenda familiar que en la capital indonesia los Soetoro-Dunham vivieron en una casa sin luz eléctrica y sin pavimento en las calles. Más allá de la anécdota, se terminaron separando, y Anna volvió a quedar sola y con hijos. Lo que no impidió que hiciera una maestría en antropología indonesia y se convirtiera en investigadora del desarrollo rural en ese país asiático.
Con apoyo de un banco indonesio, de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) y de la Fundación Ford –entidades no del todo bien vistas en el resto del mundo– promovió el microcrédito entre los sectores más pobres de la sociedad, principalmente mujeres. Hasta que en 1992 le detectaron cáncer de útero y ovario, y regresó a HawaiI, con su madre, Madelyn.
Barack II vio por última vez a su padre cuando tenía diez años. Barack I murió en 1983. A mediados de 1995, el inquieto hijo mestizo del economista keniano, ya recibido en Harvard y haciendo sus primeros pasos en algunas ONG de corte liberal de Chicago, publicó Sueños de mi padre, el libro autobiográfico en que cuenta sus primeros años de vida. Meses más tarde, en noviembre, moriría Stanley Anna Dunham.
La carrera política de Obama fue creciendo a partir de ese año. Fueron duros sus inicios, por tratarse de un hombre que no era del todo negro, pero que para los cánones conservadores tampoco es blanco. Y que por mestizo, es también un marginal. Lo demás es la historia conocida de su ascenso hasta la Casa Blanca.
Cuando consiguió aprobar la Ley de Salud, en la ceremonia de firma estuvo rodeado de las principales espadas demócratas junto con un niño negro al que muchos confundieron con el actor Gary Coleman, el pequeño Arnold de la serie Blanco y Negro de finales de los ’70. Se trataba, en realidad, de Marcelas Owens, un chico de diez años que había perdido a la madre cuando tenía siete porque el servicio de salud no la había atendido por falta de dinero.
“Esta ley es un homenaje a mi madre, que peleaba contra las compañías de seguros mientras moría de cáncer”, dijo entonces el mandatario. La Ley de Salud era una vieja reclamación de los sectores progresistas de los Estados Unidos. En la película Sicko, de Michael Moore, se ve claramente por qué. Un sistema en que la salud es mercancía más allá de los valores humanos, es útil para disciplinar a la sociedad. Modificar esa ley no sólo significa poner límites a un formidable negocio. Es también dejar abierta la posibilidad de que la población de menores recursos pueda escapar de esta nueva esclavitud, que consiste en saber que para tener un servicio de salud hay que sacrificar cualquier lucha reivindicativa de otros derechos esenciales.
Obama declaró alguna vez que había escrito su primer libro para cubrir la ausencia de su padre en su niñez. Pero que cuando murió su madre se había dado cuenta de que debería haber escrito otro muy distinto, pensado por ella.
Otras madres estuvieron presentes en el discurso que el presidente estadounidense dio el jueves en la ONU. Madres comprometidas en otras luchas contra genocidas entrenados por expertos del país de Obama.
Podría interpretarse que este homenaje tardío a las Madres de Plaza de Mayo se inscribe en un momento muy particular de la campaña electoral de noviembre, donde según los sondeos, el Tea Party amenaza con llenar el Capitolio de ultraconservadores que seguramente no harán más que poner trabas en el último tramo de la gestión demócrata. Y que entonces, Obama saca a relucir esas promesas de cambio que lo llevaron al gobierno hace dos años. Entre las cuales, la defensa de los Derechos Humanos en todo el mundo fue sin dudas la principal, al punto que recibió un Premio Nobel de la Paz antes de haberse ganado el mérito.
Pero también podría ser que, después de todo, se mantuviera esa fuerte presencia de aquella foto del casamiento de su media hermana. La de Stlaney Ann Dunham, contribuyendo con su rebeldía juvenil a esa alianza de razas y genes que son un reflejo de los Estados Unidos de hoy, mal que le pese a la derecha más retrógrada de ese país. Y que ese espíritu finalmente florezca en el actual ocupante de la Casa Blanca.

Tiempo Argentino, 25 de Septiembre de 2010

El pequeño Sarkó ilustrado

Las muestras de xenofobia de Sarkozy no deberían sorprender a nadie que recordara las promesas de mano dura y orden surgidas cuando ocurrieron los levantamientos en los suburbios de París, hace justo cinco años.

No hay suficiente trabajo ni viviendas para regularizar la situación de todos los inmigrantes indocumentados. Por lo tanto, haré que los acompañen de regreso a sus países.” La frase salió de la boca de Nicolas Sarkozy, pero no en el marco del enfrentamiento con la Unión Europea por la expulsión de gitanos. Fue en junio de 2006, cuando era ministro del Interior de Jacques Chirac.
“No aceptaré a los clandestinos y haré que los envíen de vuelta a sus países”, prometió entonces, cuando ya estaba de lleno en la candidatura para llegar al Palacio del Elíseo. Y con muy poco más como propuesta, ganaría un año después, con el 53% de los votos.
Las posteriores muestras de xenofobia de Sarkozy no deberían sorprender a nadie que recordara esos compromisos de mano dura y orden surgidos en un momento crucial para la Francia del siglo XXI, como lo fueron los levantamientos en los suburbios empobrecidos y el rechazo a la Constitución europea, hace justo cinco años. Más si se registra la forma en que resolvió ambas cuestiones este pequeño hijo de un aristócrata húngaro exiliado de la persecución nazi.
Sarkó, como se lo conoce en su tierra, desde muy joven mostró dos virtudes que lo llevaron a los más altos cargos dirigenciales: la voluntad de poder y la grandilocuencia. Virtudes ambas que lo muestran como un hiperactivo y poco escrupuloso líder de la derecha democrática de Europa.
Protegido de Chirac, entonces líder de la Unión por un Movimiento Popular (UMP ), Sarkozy fue ministro de Presupuesto y vocero del premier Edouard Balladur. Fruto de su inexperiencia o de una mala evaluación política, en 1995 apoyó la candidatura de Balladur a la presidencia, pero el elegido resultó Chirac, que pasó a considerarlo un traidor sin moral.
Como en política nada es para siempre, en 2002 volvió al calor del poder, para el segundo mandato de Chirac, esta vez como ministro del Interior y posteriormente titular de la cartera de Economía, Finanzas e Industria. En ambos lugares mostró su hilacha de inflexible libremercadista.
Hasta que en 2005, dos hechos relacionados y casi simultáneos pusieron nuevamente a Sarkozy en las marquesinas, esta vez como protagonista destacado. En el referéndum del 29 de mayo de ese año la ciudadanía rechazó la Constitución de la Unión Europea y el 27 de octubre estallaron las graves revueltas en los banlieues parisinos.
Los franceses rechazaron un proyecto constitucional que ponía en negro sobre blanco algunas de las reglas básicas del neoliberalismo, entre ellas la baja en los beneficios sociales y laborales. Unos días más tarde, también los holandeses se mostraron contrarios a la Carta Magna continental y a los dirigentes paneuropeos les temblaron las piernas.
En este contexto, Chirac modificó el gabinete y llamó al moderado aristócrata Dominique de Villepin como premier. Para equilibrar la balanza, convocó a Sarkozy al Ministerio del Interior. Eran dos rivales implacables en busca de la sucesión y no se dieron tregua. Pero el pulcro y atildado Villepin no estaba hecho para disputar batallas como las que se le presentaban, y al día de hoy debe enfrentar cargos en la justicia por zancadillas que le tendió su impiadoso antagonista.
“Minucias” aparte, Sarkó comenzó a tejer alianzas con la derecha europea (la alemana Angela Merkel y el entonces presidente de gobierno español José María Aznar, entre otros) para sacar a la Unión Europea del atolladero legal.
Hasta que dos jóvenes musulmanes de origen africano murieron mientras escapaban de la policía en Clichy-sous-Bois, una comuna pobre al este de París, y durante varios días, literalmente, ardió Francia.
Lejos de poner paños fríos a la situación, el ministro Sarkozy prometió solucionar la cuestión “aunque sea a golpe de manguera”. Así, tildó a los jóvenes de racaille (gentuza) y agregó que iba a “limpiarlos con Karcher” (una conocida marca de aspiradoras francesa). Lo que exasperó aun más a multitudes indignadas por la desocupación y la falta de oportunidades.
Sin embargo, los sondeos demostraron que con ese perverso expediente, Sarkozy podía soñar con algo más grande. Así fue que en julio de 2006 envió una segunda ley “relativa a la inmigración y a la integración”, según la denominación oficial, que complementa la dureza de la de 2003.
Fue por estos meses que su situación matrimonial mostró signos de crisis terminal. La estocada final fue la foto de su esposa, Cécilia, en la tapa de Paris Match, muy de romance con Richard Attias, ejecutivo de una agencia de comunicación responsable de acontecimientos como el Foro de Davos. En su descargo podría decirse que ni Cécilia María Sara Isabel Ciganer Albéniz, nieta del músico español Isaac Albéniz, ni el propio Sarkozy, se habían caracterizado por respetar los votos maritales.
Al mismo tiempo, los principales líderes de la UE fueron pergeñando una salida a la demorada ley fundamental. Y la respuesta ostenta el sello del francés: el Tratado de Lisboa, aprobado por los representantes de cada país y votado en los parlamentos, tiene fuerza de ley y obliga a los estados miembros en los mismos términos que la fallida Constitución, pero sin que los habitantes del continente –y sobre todo los más rebeldes, como los franceses, holandeses o irlandeses– hubieran podido expresarse.
El tratado, sobre todo, institucionalizó las metas que lograr y elevó a la categoría de institución supranacional las leyes de mercado y el neoliberalismo. Desde la independencia del Banco Central hasta un juramento solemne por la libertad de competencia y de circulación de capitales.
Con ese perfil, Sarkozy llegó a la presidencia. La frutilla del postre fue su romance con la cantante y modelo italiana Carla Bruni, hija del compositor Alberto Bruni-Tedeschi. La prensa del corazón dijo que fue un flechazo, que el jefe de gobierno es un picaflor incorregible. Los analistas políticos la vieron como una estrategia para no poner a un flamante jefe de gobierno en la categoría de cornudo. Pero la pareja subsiste, a pesar de los dolores de cabeza mutuos de estas últimas semanas.
El Tratado de Lisboa entró en vigencia el 1 de diciembre de 2009 y, a poco de andar, estalló la crisis en Grecia y España. ¿Casualidades? Sarkozy y Merkel apelaron a recetas neoliberales. Recortes en los planes de salud y aumento en la edad jubilatoria, lo de siempre.
El francés, fiel a sus antecedentes, inició la expulsión de gitanos, primer paso en una escalada que incomoda a sus aliados allende las fronteras. Pero por eso de que quien avisa no es traidor, nadie puede decir que el exiguo presidente galo –1,65 m con tacos– haya sido una sorpresa para la orgullosa Francia y la no menos arrogante Europa.

Tiempo Argentino, 18 de Septiembre de 2010