Fue uno de los más encarnecidos halcones de la administración de Donald Trump, con declaraciones que en otro contexto deberían haber llevado a un conflicto bélico con varios países en forma simultánea. Pero al fin de cuentas se terminó quedando fuera del gobierno en una forma bastante humillante, a un día de recordar el 11S. Por medio de dos tuis-uno sobre todo lapidario- el presidente de EEUU despidió a John Bolton y anunció que en los próximos días nombrará al nuevo Asesor de Seguridad Nacional.
Famoso por sus bigotazos de personaje de historieta y sus declaraciones rimbombantes, Bolton había llegado al cargo que alguna vez ocuparon Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski en abril de 2018 (ver acá).
Desde entonces tuvo en la mira a los gobiernos de Cuba y Venezuela. Pero en este último país puede decirse que radica el fracaso más grande de su gestión. Le había prometido a Trump que su estrategia contra el gobierno de Nicolás Maduro era infalible y no podía fracasar. Y sin embargo, el mandatario chavista sigue en pie a pesar de la catarata de presiones cada vez más brutales. Es así que su cabeza pendía de un hilo desde hace cuatro meses (ver acá).
Desde entonces todo fue en picada para Bolton, un diplomático de la más rancia estirpe conservadora pero sin el prestigio ni los conocimientos geopolíticos de sus ancestros, hasta que a un día de recordar el 18 aniversario de los atentados a las Torres Gemelas, el presidente lo llamó a su despacho a pedirle la renuncia.
Fue entonces que Trump tuiteó: «Le informé a John Bolton esta noche que sus servicios ya no son necesitados en la Casa Blanca. No estuve de acuerdo con muchas de sus sugerencias, al igual que otros en la Administración, y por lo tanto …»
Orgulloso el hombre, Bolton replicó desde su red social: «Le ofrecí mi renuncia esta noche y el presidente Trump me dijo hablemos mañana de eso».
Acto seguido, o quizás simultáneo, el mandatario escribió:
«… Le pedí a John su renuncia, que me fue dada esta mañana. Le agradezco mucho a John por su servicio. La próxima semana nombraré a un nuevo Asesor de Seguridad Nacional».
Final en cierto modo merecido para un funcionario que se caracterizó por el destrato a gobiernos y países que no le caían bien. — Donald J. Trump (@realDonaldTrump) September 10, 2019 Final en cierto modo merecido para un funcionario que se caracterizó por el destrato a gobiernos y países que no le caían bien.
No es la primera vez que Washington boicotea la posibilidad de una solución consensuada a la crisis política que golpea a Venezuela. Pasó en Santo Domingo el 7 de febrero de 2018, cuando el expresidente del Gobierno español, José Luis Zapatero, anunció apesadumbrado que la oposición había roto los acuerdos alcanzados tras meses de trabajosas negociaciones luego de recibir una llamada desde la Casa Blanca. Ahora, mientras el viernes pasado el presidente Nicolás Maduro se mostró esperanzado en la continuidad de otra mesa de diálogo, promovida por Noruega en Barbados, Donald Trump volvió a bombardear las negociaciones al emitir una orden ejecutiva que congela todos los activos del país caribeño. Todo esto cuando este martes se abría en Lima una cumbre para tratar el caso venezolano. Y en Caracas recordaban los 20 años de la creación de la República Bolivariana, una de las primeras iniciativas del presidente Hugo Chávez, que recién había asumido su cargo en el Palacio Miraflores.
Este sábado, el secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, había celebrado «con beneplácito» la decisión de gobierno y oposición de Venezuela de mantener la mesa de negociaciones en Barbados. «El secretario general reitera su firme apoyo a la iniciativa de la facilitación noruega y anima a los principales actores políticos de Venezuela, y a sus representantes en las negociaciones, a seguir comprometidos con estos esfuerzos, en beneficio del pueblo de Venezuela», señaló en su nombre el vocero Stephane Dujarric.
El propio Maduro dijo el sábado que agradecía a «los sectores de la oposición que están asistiendo a Barbados, que estuvieron en Noruega, por mantenerse firmemente en el diálogo político con el gobierno bolivariano y con las fuerzas revolucionaras. Tengo que agradecerlo».
Sorpresivamente (o no) el lunes, en medio del tembladeral por la devaluación de la moneda china, un coletazo de la guerra comercial que Trump desató contra el gigante asiático, la Casa Blanca anunció el DNU que bloquea los bienes del gobierno venezolano en EEUU. La respuesta de Caracas fue que «esta decisión de élite constituye el más grotesco y descarado saqueo del cual se tenga registro en las historia contemporánea de las relaciones internacionales».
Como para que no queden dudas de que esta medida es otro boicot deliberado al diálogo entre oficialismo y oposición, el asesor de Seguridad John Bolton, la figura estelar de la cumbre en Lima, dijo que las negociaciones «no son serias». Y de manera unilateral e inconsulta, afirmó que «el tiempo del diálogo en Venezuela ha terminado, ahora es el momento para la acción».
El diputado Juan Guaidó, autodesignado presidente interino, aplaudió las sanciones y dijo que demuestran que apoyar al chavismo «acarrea consecuencias». Una postura que choca contra el planteo de Stalin González Montaño, quien representa en Barbados a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que nuclea al antichavismo, y tres días antes reafirmó la necesidad de continuar en la ronda de negociaciones en su cuenta Twitter.
Bolton se juega una partida personal muy fuerte en esta crisis porque convenció a Trump de reconocer al autodesignado Guaidó, y de comenzar una escalada para derrocar a Maduro, que ya lleva ocho meses sin el resultado que pronosticó. El presidente de EEUU ya dio muestras de disgusto porque tanto su aguerrido asesor como Elliot Abrams, lo convencieron de que el cambio de régimen era cuestión de días.
En Lima se juntaron unos 60 países para la llamada «Conferencia Internacional por la Democracia en Venezuela». Rechazaron la invitación Cuba, Rusia, China y Turquía, mientras que hubo un enviado del Papa a nombre del Vaticano, de la Unión Europea y del Banco Interamericano de Desarrollo.
La mayoría de los presentes reconocen a Guaidó, pero también se hicieron presentes representantes de México y Uruguay, que continúan sosteniendo la legalidad de Maduro y tratan, hasta ahora infructuosamente, de que se encuentre una solución civilizada, algo que no está en los planes de Bolton, ni de Abrams, y mucho menos de Trump o el departamento de Estado.
En tal sentido, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), una ONG relacionada con la CIA, señaló en un comunicado que están listos para reconstruir Venezuela «luego de la devastación producida por el gobierno de Nicolás Maduro».
La USAID agregó que Guaidó y el Parlamento «han expresado la necesidad de asistencia internacional humanitaria inmediata» y concluye en un comunicado que » Estados Unidos permanece listo para apoyar a organizaciones humanitarias independientes e imparciales para proveer ayuda en Venezuela, si lo permiten las condiciones».
Nada dice en el texto respectivo sobre que la forma en que impacta en esa devastación el bloqueo y la incautación de bienes e ingresos venezolanos en el exterior. El comunicado de repudio de la cancillería bolivariana denuncia el «robo ilegal de la empresa Citgo y las sedes diplomáticas venezolanas» en EE.UU. y afirma que la Casa Blanca y sus aliados «procuran nuevas oportunidades y recursos para usurpar y saquear aquello que le pertenece a los más de 30 millones de venezolanas y venezolanos».
En política nada es casual. Y el lanzamiento de la reelección de Donald Trump este martes en Florida dista mucho de ser aleatorio. Fue un distrito clave para un triunfo del empresario en 2016 y la mayoría de residentes anticastristas de origen cubano es una platea muy adecuada para volver a denostar a la revolución cubana para ganar la voluntad de ese electorado. Trump tiró por la borda los acuerdos alcanzados por Barack Obama con Raúl Castro desde 2014, reforzó el bloqueo económico que rige desde 1961 y desde el 2 de mayo aplica el Título III de la Ley Helms-Burton, que permite reclamos judiciales por propiedades confiscadas al inicio de la Revolución.
«Las relaciones con EE UU siempre han sido complejas y difíciles, marcadas por una política que ha sido la columna vertebral de esa relación que es el bloqueo en las sucesivas administraciones demócratas y republicanas. Con Trump han sido mucho más evidentes porque nosotros veníamos de conversaciones con Obama en las que se avanzó mucho. Sin embargo ha habido un retroceso muy grande a pesar de que hemos señalado en reiteradas ocasiones nuestra predisposición a seguir dialogando en temas de interés bilateral», señala el embajador cubano, Orestes Pérez Pérez.
–¿Cuál sería la explicación para este retroceso? Porque las encuestas muestran que las nuevas generaciones de cubanos nacidos en EE UU ya no apoyan esas políticas beligerantes y habían aplaudido la apertura de Obama.
–Yo creo que él tiene un compromiso con senadores, con congresistas cubanoamericanos. Una de las razones que mueve a Obama a cambiar la política hacia a Cuba es precisamente que las generaciones fueron mutando y están más a favor del diálogo, de reencontrarse con su familia, de viajar a Cuba. Más allá de que el objetivo de Obama seguía siendo el mismo, que era destruir a la revolución, buscaba otro camino que no sea el de la confrontación. A pesar de esto nosotros avanzamos en muchas áreas, firmamos más de 20 acuerdos en esos dos últimos años del gobierno de Obama. Todo eso lo ha echado por tierra Trump.
–Y ahora corona todo con la aplicación total de la ley Helms-Burton.
–Hace varios meses venía hablando de revisar el Capítulo III de esa ley, presionado sobre todo por viejos funcionarios de administraciones norteamericanas que siempre tuvieron hacia Cuba una posición muy hostil, como (el asesor) John Bolton, (el vicepresidente) Mike Pence, (el secretario de Estado) Mike Pompeo. Desde el gobierno se han encargado de diseñar una política que no se había aplicado hasta ahora. La ley Helms-Burton es de 1996, la aprobó Bill Clinton y los diferentes gobiernos fueron aplazando el Título III.
–¿De qué forma afecta a Cuba?
–El Título III establece que los norteamericanos o los cubanos nacionalizados pueden reclamar en cortes de EE UU sobre propiedades que fueron confiscadas a principios de la revolución. Ellos pueden a través de tribunales de EE UU hacerle juicio a un inversor español de una cadena de hoteles en Cuba porque tiene una concesión en un lugar que fue confiscado.
–Ese es el punto, porque afecta a inversores de España, de Canadá….
–…del Reino Unido, del Japón. Esta aplicación tiene un marcado carácter extraterritorial porque sancionarían a empresarios que invirtieron en estas propiedades. Pero no sólo eso, también afectaría a escuelas, hospitales.
–¿Por qué razón?
–Nosotros convertimos propiedades en escuelas u hospitales y puede aparecer el dueño de esa construcción reclamando que le sea devuelta. Lo importante a resaltar es que Cuba nunca se opuso a una negociación apegada al derecho por la nacionalización de las propiedades norteamericanas. Como nunca se opuso cuando se trató de nacionales franceses, belgas. Constan en la historia, en el año 1967 firmamos un acuerdo de compensación con Francia y con Suiza; en el año 1978 lo suscribimos con el Reino Unido. Nosotros nunca nos negamos a negociar sobre estas nacionalizaciones, que nosotros hicimos en legítima defensa de nuestras propiedades, que es un derecho que cualquier país tiene. Incluso cortes norteamericanas de los años ’60 le dieron la razón a Cuba ante el reclamo de propiedades de ellos.
–¿Eso serviría como antecedente?
–Yo creo que sí, de todas maneras los antecedentes más claros son la finalización de negociaciones con estos países. Nunca hicimos nada que estuviera contra derecho.
–Ellos podrían aducir reclamos desde el año 1959 más los intereses, cifras astronómicas.
–Y nosotros podemos aducir reclamos por daños derivados del bloqueo. El bloqueo desde el año 1961 ha causado a Cuba daños mucho mayores que las reclamaciones que se puedan hacer. Es interesante resaltar que ya se han hecho reclamos en tribunales norteamericanos desde el 2 de mayo que entró en vigor el Título III y que naciones europeas, Canadá, Japón, tienen leyes antídoto. Argentina tiene una ley antídoto, aprobada en el año 1996.
–¿En qué consiste?
–Es una ley que protege a los nacionales que tienen inversiones en Cuba. Por eso Japón, Canadá, Gran Bretaña, ya han salido a decir que están en contra de la aplicación del Título III y lo ha dicho España, que son los países que más inversiones tienen en Cuba. Este escenario es inédito. Pero el bloqueo ha estado vigente como el primer día.
–Trump dijo que estaba dispuesto a relajar sus presiones en la medida en que Cuba renunciara en su apoyo al gobierno de Venezuela.
–Si no fuera tan serio el tema movería a risa. Porque Cuba nunca ha renunciado a sus principios en política exterior, basada en soberanía, independencia y respeto a la no injerencia en los asuntos de otros países. Porque pretender condicionar la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton a nuestro apoyo a la revolución bolivariana es una justificación del fracaso por su intención de cambiar la situación en Venezuela. Pretende utilizar a Cuba para justificar su fracaso en Venezuela. Han intentado derrocar al gobierno de Maduro pero ahí está la revolución bolivariana con sus falencias, pero sosteniendo un proyecto nacional, liberador.
–¿Se trata de Trump o es un momento crítico para la dirigencia de EE UU?
–Yo creo que los factores de poder en EE UU son más que el presidente. El aparato militar-industrial, las grandes corporaciones, están detrás. Pero la cara visible es el presidente, que muchas veces responde a estos intereses.
–¿De qué manera esto impacta en esta apertura que había iniciado Cuba. ¿No es un golpe directo a la posibilidad de que aparezcan nuevos inversores?
–Impacta potencialmente en inversores que hayan pensado en hacer un estudio y ahora se vean más cautelosos ante esta situación. Lo que no va a impactar es en las inversiones que ya están en Cuba, por las leyes antídoto y además por las leyes que en Cuba protegen a los inversores. Pero sí tendrá posiblemente impacto en desmovilizar algunas inversiones. El Título II establece la disminución de remesas, eso también afecta la economía familiar. Reduce sustancialmente los viajes, eso disminuye el turismo hacia Cuba que venía creciendo en los últimos años. Les impide a los cruceros que hagan viajes a puertos cubanos Es un entramado de medidas que están dirigidas a afectar el desarrollo económico que había experimentado Cuba en los últimos años.
Pedro Sánchez no tuvo tiempo de celebrar el triunfo del 28A cuando el martes le estalló una bomba que repercute en el país pero íntimamente en su propio partido. Es que el opositor venezolano Leopoldo López Mendoza, alojado en la residencia del embajador español en Caracas en calidad de «huésped», complica la zigzagueante política en relación con la República Bolivariana del inquilino de La Moncloa. Venezuela, por otro lado, fue el caballito de batalla del gobierno de Mariano Rajoy, es el enemigo favorito de los medios locales y sirvió como frente de ataque a los candidatos de Podemos.
Felipe González es el líder histórico del Partido Socialista Obrero Español y gobernó el país entre 1982 y 1996. Sigue manteniendo su peso dentro del partido y representa su ala derecha. José Luis Rodríguez Zapatero ocupó el mismo cargo entre 2004 y 2011. Viajó decenas de veces a Venezuela coordinando una ronda de conversaciones organizadas junto a exmandatarios latinoamericanos en Santo Domingo para encontrar una salida pacífica a la crisis venezolana. En febrero de 2018, Zapatero informó que a última hora la oposición se había negado a firmar el documento alcanzado, por presión del gobierno de EE UU. Las elecciones se celebraron el 20 de mayo sin el antichavismo más radical y ganó Nicolás Maduro. Zapatero insiste en que fueron comicios limpios y que si no estuvo la oposición fue porque se negó a asistir.
Para González, Maduro es un tirano y Venezuela un Estado fallido al que se debe ayudar a recuperar la democracia. Para Zapatero, quienes quieren de verdad que prime la democracia en el país caribeño, sólo deben insistir en el diálogo para evitar un baño de sangre.
La presión mediática se ensañó con Podemos: muchos de sus fundadores exaltan el papel de Hugo Chávez en el proceso latinoamericano e hicieron trabajos de asesoría rentada para ese gobierno. El discurso oficial tiñó esa relación de poco menos que pornográfica. De modo que cuando Sánchez fue ungido presidente de gobierno, en junio del año pasado y con el apoyo de la izquierda parlamentaria, ya estaba curado de espanto. Por eso cuando en enero Juan Guaidó se autoproclamó presidente encargado, se cobijó en la Unión Europea para reconocerlo, aunque no rompió con Maduro. El martes rechazó el intento de golpe. A las pocas horas, López, descendiente de una familia de las más acaudaladas de Venezuela, aparecía en la residencia del representante diplomático español. Días antes del 28A, el expresidente de la Comunidad de Madrid por el PP, Ángel Garrido, candidato a la Eurocámara este 26 de mayo, se pasó a Ciudadanos. Fue un golpe que los «Populares» asumieron designando en su lugar al venezolano Leopoldo López Gil, padre del «huésped».
El canciller Josep Borrel declaró el viernes que no esperaba que Caracas violara su territorio diplomático para detener a López, y al invitado le dijo que España no aceptaría que pretenda convertir a la embajada en un centro de activismo político.
Desde las tres derechas salieron a golpear a Sánchez. La más cáustica fue la hispano-argentina Cayetana Álvarez de Toledo (PP por Cataluña): exigió un apoyo «sin fisuras» al nuevo residente en la embajada española y consideró que lo de López Mendoza es «el más esencial y admirable activismo democrático».
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