-Algunos compañeros decían que si nuestra defensa antiaérea y nuestra organización militar resultaba ser más eficaz nos iba a ir peor, porque los bombardeos iban a ser más indiscriminados contra la población civil y hubiera sido más terrible en términos de vidas humanas y destrucción.
-O sea que en el fondo todo resultó más razonable para la población.
-En términos de pérdida de vidas humanas y de destrucción de nuestras ciudades, tal vez sí, pero es una cosa espantosamente dolorosa en términos de dignidad. Porque la desmoralización de nosotros, de la gente militante, es horrible, hermano. Que caiga nuestro máximo líder y sin haber capturado ni siquiera uno de ellos, sin haberle provocado una lesión severa, coño.
-¿A qué lo atribuyen? Hubo quienes hablaron de traiciones y defecciones.
-Una cosa obvia es que los gringos nos superan en tecnología de la guerra. Tienen años preparándose para la guerra, y nosotros estamos defendiendo un discurso por la paz. El presidente Maduro hizo gala de un discurso cristiano, de concordia, y tú contra unos asesinos no puedes comportarte así.
-Pero se mencionó el caso del general Javier Marcano Tábata, el comandante de la Guardia de Honor de presidencia, que fue destituido.
-Hay varias noticias que empezaron a rodar desde el primer día y resultaron ser falsas. Es mentira que fue capturado, que lo descubrieron haciendo maniobras. Ya sabes la forma de trabajar de la CIA y de todas las agencias de inteligencia y contrainteligencia del mundo y sobre todo de esos países que se preparan para la guerra. Su trabajo es captar, minar los círculos más cercanos de los líderes que quieren liquidar. No sabemos si esos señores lograron sobornar a alguien, captar, destruir psicológicamente por medio de la extorsión a alguien muy cercano al presidente. No lo sabemos.
-Eso no se comprobó.
-He oído a muchos panas en mitad de su dolor y de su desesperación decir esas cosas y eso es otra derrota nuestra. Estamos invirtiendo mucha energía emocional en discutir vainas que no son sólo suposiciones y eso nos hace un daño espantoso. Hemos visto a compañeros discutiendo amargamente en vez de prepararnos para escenarios que vengan después.
-¿Cómo ves el futuro?
-Lo que está pasando es el acuerdo de PDVSA con Estados Unidos. Es cierto que hay muchas palabras que vienen de Trump que son bravuconadas como para humillar, muy propias de él, pero en concreto hay un acuerdo de PDVSA con Estados Unidos.
-Alguien podría decir que es una de rendición.
-Te lo voy a plantear en términos un poco más entendibles para el común de la gente. Imagínate que una banda criminal secuestra a tus seres queridos, a los jefes de tu casa. Y esos tipos te hacen una llamada y ponen condiciones para liberarlos. En mis redes sociales yo puedo publicar bravuconamente, sin que me hayan secuestrado a alguien cercano a mis afectos, que no, que «vamos para la guerra porque yo soy más arrecho que tú». Pero la compañera Delcy Rodríguez y el alto mando de la Revolución venezolana están en una situación de espantosa fragilidad, porque la norma universal de la guerra es que el que gana pone las condiciones, chamo. Lo que hubo el 3 de enero fue una batalla que en muy poco tiempo coronó el objetivo fundamental, que fue secuestrar al presidente de la República y a su esposa. Los tipos que lograron esa victoria están poniendo los condiciones. Y nosotros estamos en la situación de decidir si queremos eso o si nos enfrentamos hasta la muerte, hasta el exterminio. Tomar decisiones sobre la vida personal de uno es una cosa. Pero en las manos de Delcy Rodríguez está la vida de millones de venezolanos, la vida de 8 o 10 millones de chavistas que vamos a ser exterminados como una araña si a Estados Unidos y a sus factores aquí adentro les da la gana de atacarnos.
-Se habla de la venta de unos 50 millones de barriles de petróleo y la compra exclusiva de productos estadounidenses.
-Y lo que nosotros debemos evaluar es si aceptamos eso y que después se queden con 3000 millones de barriles de petróleo que están en el subsuelo venezolano. Esa es la situación. Nosotros pudiéramos acudir al ejemplo de (el presidente paraguayo) Francisco Solano López, y aceptar el exterminio porque no aceptamos que mancillen nuestra dignidad. Esta de Venezuela de hoy no es una guerra del siglo XIX todavía, pero si no ponemos los pies en la tierra se nos puede convertir en eso. Es una humillación horrenda, pero yo quisiera que los amigos que se oponen me dijeran qué otra opción tenemos. En fin, tenemos que surfear en la situación que nos está planteando un psicópata y bueno, esas cosas hay que trabajarlas con paciencia.
-¿Cómo se sostiene el poder en este momento? Uno ve las Fuerzas Armadas, el poder legislativo, el judicial.
-Te faltó otro de los de los pilares que sostienen a la revolución y es el pueblo organizado. Hubo unas movilizaciones y unas expresiones de organización comunitaria que evitaron que se desbordara la violencia en los niveles más domésticos. Hay mucha gente en las comunidades que tiene rato amenazándonos y diciéndonos cosas como “ajá, vamos a ver dónde se van a esconder los chavistas, porque los vamos a ir a buscar”. Esos monstruos fueron neutralizados con movilización popular, porque no se ha detenido el movimiento chavista. La organización popular es un pilar más de esa de la estructura que describiste.
-¿Qué tan sólida está esa estructura?
-Habrá gente que celebró en su casa, que habrá pegado algún grito de agradecimiento por el bombardeo norteamericano, pero no hubo expresiones callejeras de apoyo a la invasión. El enemigo, incluida esta señora a la que le regalaron el premio ese de Suecia, han intentado convocar a manifestaciones populares antigobierno y eso no ha ocurrido. Mientras existe ese clima de paz callejera, creo que vamos a tener más tiempo de hablarnos con franqueza. Estoy hablando de nosotros, del pueblo y de las instituciones chavistas. Hasta ahora no se nota ninguna fisura. No sé qué puede ocurrir pero a mí me parece que lograr que las instituciones y que la ciudad venezolana sigan funcionando es una victoria en medio de la tragedia.
Nadie puede llamarse a engaño. Con Donald Trump las cartas están sobre la mesa, lo que facilita cualquier interpretación sobre sus verdaderos propósitos, mal que les pese a propios y ajenos. El encuentro de este viernes en la Casa Blanca con los CEOs de las grandes petroleras mundiales fue la explicitación más clara del “nuevo orden trumpista” para Venezuela, mientras que las nuevas amenazas contra Groenlandia dejan a Europa en posición de debatir de dónde les viene el peor peligro, si del este, con el monstruo que supieron construir en Vladimir Putin, o del oeste, con el “amigo americano” al que todavía aplauden mansamente. El secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fue seguramente el último clavo en el ataúd del “mundo basado en reglas” de las que hacían gala los anteriores gobiernos estadounidenses, y quizás la única voz de advertencia de peso hoy día sea la del papa León XIV, que en una audiencia ante casi medio millar de diplomáticos de 184 países en el Vaticano dijo que “la guerra vuelve a estar de moda” y señaló puntualmente que «se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas».
La semana posterior a la incursión terrorista sobre Venezuela dio pasto para análisis de todos los colores sobre lo que ocurrió en la madrugada del sábado pasado y cómo quedaban las fichas tras el secuestro de Maduro. Pronto la niebla se disipó y tras la asunción como presidenta encargada (interina) de Delcy Rodríguez, el mundo siguió andando a su nuevo ritmo. La hasta ahora vicepresidenta fue esquivando las chanzas y provocaciones de Trump y avanzó hacia un grado de normalización de las relaciones entre Caracas y Washington, al tiempo que la petrolera nacional PDVSA confirmaba acuerdos para la venta de crudo a EE UU.
Foto: Aldana Somoza
Un incidente con un buque petrolero que mostraba bandera rusa y que navegaba en el Atlántico Norte hizo temer por un enfrentamiento directo entre las dos potencias. La sucesión de hechos sugiere que los gestos son más elocuentes que mil palabras: se sabía que Putin tenía “la pelota sobre el tejado” tras el ataque con drones ucranianos interceptados cerca de su residencia en Nóvgorod. Ese hecho, unos días antes del secuestro de Maduro, indicaba que occidente no se andaba con chiquitas, de modo que la respuesta, con el “as en la manga” del misil hipersónico Oreshnik no se hizo esperar. El Mando Aéreo Oeste de la Fuerza Aérea de Ucrania confirmó que el misil “se desplazaba a una velocidad de aproximadamente 13.000 kilómetros por hora en una trayectoria balística” sus seis cabezas convencionales impactaron en instalaciones energéticas en la región de Lviv, en el oeste y cerca de la frontera con Polonia.
El clima está bastante espeso entre los que quieren consolidar el mundo multipolar contra la hegemonía estadounidense, que se alían en el BRICS. En China, el gran enemigo, el presidente Xi Jinping convocó al Politburó y salió con los botines de punta contra la incursión estadounidense, que afecta directamente los intereses del gigante asiático, comprador principal del petróleo venezolano. El otro proveedor, Irán, esta sufriendo una ofensiva interna de imprevisibles consecuencias. Teherán denuncia a las administraciones de Trump y de Benjamin Netanyahu. Beijing sospecha lo mismo.
Mientras Trump repite provocaciones contra México y hace un guiño a Gustavo Petro –a quien recibiría en breve tras una conversación en que parecen haber hecho las paces- la tiene complicada en el frente interno por el asesinato en Minneapolis de una activista contra las redadas antimigratorias, Renee Nicole Good, acribillada por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE en inglés). En el Congreso, en tanto, todos los senadores demócratas y un puñado de republicanos aprobaron (52 votos a favor y 47 en contra) una resolución que trata de impedir aventuras intervencionistas sin aprobación legislativa.
Netanyahu también enfrenta sus cuitas por muerte del juez Benny Sagi, atropellado por un auto cuando conducía su motocicleta cerca de kibutz Kfar Menachem, en territorio palestino ocupado. Sagi, de 54 años, era presidente del Tribunal del Distrito de Beresheba, que investiga causas de corrupción contra el primer ministro, entre ellas el llamado «Caso 3000», sobre la compra de submarinos y buques a Alemania.
El secretario de Estado, Marco Rubio, a todo esto, si bien se destaca por ser el impulsor de la ofensiva contra Venezuela y el Caribe en general, da señales de que busca darle un barniz institucional al operativo y habla de un plan de tres fases. En la primera está el tema de la apropiación del petróleo, una segunda etapa se habla de la “recuperación del sector petrolero”, que tras años de bloqueos está bastante golpeado, y la tercera, lejana, sería avanzar hacia un proceso democrático.
Pero el jefe de Estado puso quinta velocidad y este viernes reunió a directivos petroleros para plantearles su plan. Le puso un número al desafío, costaría unos 100.000 millones de dólares, pero con un pequeño inconveniente para la voracidad de esos jugadores: deberán ser dólares propios. “No necesitan dinero público, pero sí protección del Gobierno y seguridad de que recuperarán su inversión y obtendrán un retorno muy bueno”, garantizó. No se fueron muy convencidos.
El que sí hizo pingües beneficios con la crisis venezolana y la apropiación de activos de esa nación en el exterior fue nuestro conocido Paul Singer. El hombre, dueño de un fondo buitre acostumbrado a lucrar con las desgracias de países que padecen alguna forma de acoso judicial, en la Argentina litigó por bonos de deuda en default del 2001 cuyos tenedores no aceptaron la refinanciación durante los gobiernos kirchneristas. Eran 177 millones de dólares que se convirtieron así en 2280 millones que Mauricio Macri pagó sin chistar ni bien asumió, en 2016.
Con maniobras semejantes, la cadena de refinerías y estaciones de servicio Citgo de Estados Unidos, de propiedad de PDVSA, fue llevada a situación crítica y en noviembre pasado el juez Leonard Stark, de la Corte del Distrito de Delaware, donde se sustanciaba su quiebra, dictaminó la venta de sus acciones al fondo Elliot Investment Management. Por 5900 millones de dólares, el fondo fundado en 1977 por Singer se llevó una joya de la corona venezolana valuada en 2023 en hasta 40.000 millones y 20.000 millones en 2025. Un negocio redondo que Trump viene a consolidar. Algo es algo.
Oreshnik, el nombre de la «vendetta» rusa
Un comunicado de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) informa que Rusia atacó el oeste de Ucrania con “242 drones suicidas, 13 misiles balísticos Iskander-M/S-400, 22 misiles de crucero Kalibr y un misil balístico de mediano alcance Oreshnik” y murieron al menos cuatro personas, con unos 60 heridos. El misil hipersónico impactó en el distrito de Stryi, Lviv, cercano a la frontera con Polonia, y destruyó “la instalación subterránea de almacenamiento de gas Bilche-Volytsko-Uherske”. Se trata de la planta “más grande de Ucrania y estratégicamente importante para toda Europa”, puntualiza. “La situación más crítica es el suministro de calor”, lo que con la ola de frío -se calcula que en los próximos días habrá hasta 20 grados bajo cero- deja a más de 1,7 millones de personas sin calefacción y obligará a cortes de electricidad a otros 2,5 millones de personas. El ministerio de Defensa de Rusia dijo el viernes que «en respuesta al ataque terrorista del régimen de Kiev contra la residencia del presidente de la Federación de Rusia las Fuerzas Armadas lanzaron un ataque masivo con armas de precisión de largo alcance con base en tierra y mar, incluido el sistema móvil terrestre de misiles de alcance intermedio Oreshnik, contra instalaciones de importancia crítica en territorio de Ucrania».
El 3 de enero el santoral de la Iglesia Católica celebra a Santa Genoveva, una religiosa del siglo V que, dicen, logró salvar a Paris de la invasión de Atila con rezos y plegarias. Los hunos modernos tomaron esa fecha para la ocupación de Malvinas, en 1833 -los británicos-; para detener a Manuel Noriega en 1990 en Panamá; para asesinar al general iraní Qasem Soleimani en Bagdad en 2020 y para secuestrar a Nicolás Maduro en Caracas en 2026 (los estadounidenses).
De los dos últimos hechos se jactó Donald Trump, con ese porte de cowboy de vieja película del oeste que tanto le gusta. El caso de Venezuela, sin embargo, si bien puede parecer la consumación del Corolario Trump a la Doctrina Monroe que presentó hace un mes, es una noticia en pleno desarrollo que nadie sabe cómo puede terminar. Así, la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, reivindicó en la TV venezolana al presidente Maduro, lo que motivó la amenaza de nuevos ataques pergeñados desde Washington. Según el New York Times, la incursión armada costó la vida de al menos 40 personas, entre civiles y militares.
Por ahora, en el gobierno estadounidense se muestran exultantes. Dicen con total desparpajo que pondrán en el gobierno venezolano a quien se les dé la gana -«Nos quedaremos el tiempo que sea necesario hasta que haya una transición aprobada» y «estamos hablando con gente», dijo Trump-; que entregarán el petróleo a empresas estadounidenses (¿cómo, no era por el narcotráfico la cosa?) y que están preparando nuevas incursiones. Se permitió, ya que estaba, amenazar al gobierno de Gustavo Petro, al de Claudia Sheinbaum y al de Miguel Díaz-Canel. El secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de exiliados cubanos, aunque de la dictadura de Fulgencio Batista, dijo en tal sentido: «Si yo viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado». En el Salón Oval parecen ebrios de éxito, pero quién sabe…
Por lo pronto, al rechazo de gobiernos de todo el mundo se le suman repudios dentro de su propio territorio. El representante demócrata James Walkinshaw, por ejemplo, recordó que «Trump dijo que rechazaría nuevas guerras estúpidas, y esta es una guerra estúpida». El flamante alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, escribió en su cuenta de X que «atacar unilateralmente a una nación soberana es un acto de guerra y una violación del derecho federal e internacional». El economista liberal Jeffrey Sachs, por su parte, calificó a la política estadounidense de típica de gansters. «Estados Unidos es adicto a la guerra -escribió en el portal Common Dreams con la analista Sybil Fares-. Con el cambio de nombre del Departamento de Guerra, un presupuesto propuesto para el Pentágono de 1,01 billones de dólares y más de 750 bases militares en unos 80 países, no es una nación que busque la paz». Y concluye la idea: «Durante las últimas dos décadas, Venezuela ha sido un blanco persistente del cambio de régimen estadounidense. El motivo, claramente expuesto por el presidente Donald Trump, son las reservas de petróleo de aproximadamente 300.000 millones de barriles bajo la Faja del Orinoco, las mayores del planeta».
Los hechos
Mediante una operación militar combinada, EE UU bombardeó Caracas, los estados de Miranda, Aragua y La Guaira, en lo que las autoridades locales denunciaron como una «gravísima agresión militar contra el territorio y la población venezolana» y reclamaban, a la OEA y la ONU. Mientras tanto, tropas de elite del Ejército Delta Force secuestraron a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en una maniobra que debería calificarse de terrorista, para ser juzgados, dijo la fiscal general Pamela Bondi, por un tribunal del Distrito Sur de Nueva York.
Sobre el presidente bolivariano pesan acusaciones de «conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos contra Estados Unidos». En ese mismo distrito y por cargos similares fue condenado el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández a 45 años de prisión en 2024 e indultado por Trump el mes pasado.
Hay algunos detalles que muestran el trasfondo y las amenazas a futuro cercano de esta incursión. Trump fue claro en que buscan un cambio de régimen a como dé lugar, pero al mismo tiempo denostó a la Premio Nobel, María Corina Machado. «Es una mujer muy agradable, pero no cuenta con el respeto del país», le espetó, mientras lanzaba envenenados elogios a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, y Marco Rubio decía que había mantenido una conversación telefónica con ella. A esa altura se sumaba incertidumbre sobre el estado del poder político chavista y sobre el control del país que exhibían, con imágenes de calles caraqueñas en calma y con gente abarrotando negocios de cercanía en busca de proveerse de una reserva por lo que pudiera ocurrir.
Sobre el petróleo, hace semanas, la administración Trump expresaba lo último en argumentos contra el gobierno venezolano: que «se apoderó y robó petróleo y activos estadounidenses» en «uno de los mayores robos de propiedad en la historia de Estados Unidos”. Ocultaba Trump que la nacionalización de las empresas petroleras viene del gobierno de Carlos Andrés Pérez, enero de 1976, hace exactamente 50 años. Y que la cadena de estaciones de servicio CITGO, de PDVSA, en EE UU, fue incautada en agosto de 2018, en la primera gestión de Donald Trump.
El asunto del petróleo no es solo por la posesión del oro negro y los negocios concomitantes. Es una herramienta impresionante para controlar el mercado internacional y asfixiar a los enemigos que carezcan de ese elemento esencial para la industria y el desarrollo en general. Japón atacó Pearl Harbor en diciembre de 1941 luego de casi dos años de bloqueo y embargos comerciales -entre ellos al petróleo- por su alianza con Alemania e Italia.
Ahora, según el ruso Oleg Deripaska, con los yacimientos venezolanos, Washington podría tener control sobre más de la mitad de las reservas mundiales y de ese modo digitar el precio del crudo. Habrá que recordar que uno de los principales rubros de exportación de Rusia es el petróleo, y que China depende de ese insumo del extranjero. No por nada otro ruso, el filósofo Alexander Dugin, hombre de consulta del Kremlin, escribió en sus redes sociales que su país está metido en Ucrania y no tiene cómo, «pero si China deja caer a Venezuela y a Irán, la misma China será la próxima».
El gobierno chino ya dijo lo suyo al respecto. «El comportamiento hegemónico de Estados Unidos viola gravemente el derecho internacional, vulnera la soberanía de Venezuela y amenaza la paz y la seguridad de América Latina y el Caribe», consideró en un comunicado de la cancillería. Luego mostró su «profunda conmoción» ante el «uso temerario de la fuerza contra un Estado soberano» y reclamó respetar el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
Lula da Silva también exigió que EE UU se someta a las reglas internacionales y en un extenso posteo en X señaló que «los bombardeos en territorio venezolano y la captura de su presidente han traspasado una línea inaceptable. Estos actos representan una grave afrenta a la soberanía de Venezuela y sientan un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional”. La preocupación del mandatario brasileño es entendible porque su país comparte fronteras con Venezuela y además, comparte el desprecio del empresario inmobiliario, que defiende al detenido expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro. Es decir, sabe que también van a por él, en un año como este, de elecciones presidenciales.
La reconfiguración de Medio Oriente a todo vapor
En política no hay casualidades, todo se lee como señales y mensajes. El primer ministro israelí, Benjamin Netanhyahu, estuvo en la mansión de Mar-a-Lago la semana pasada y recibió cálidos elogios del presidente de EE UU. Al mismo tiempo, estallaban en varias ciudades de Irán protestas por el costo de la vida y la situación económica. Hubo represión y los medios occidentales hablan de seis muertos. Tanto el secretario de la ONU como de la UE se expresaron en defensa del derecho a manifestarse y Donald Trump amenazó con represalias si no se respetaba la voluntad popular. Cosas veredes, Sancho. En simultáneo se conoció que Israel reconocía al estado separatista de Somalilandia. Curiosa maniobra “diplomática” hacia un territorio que ninguna otra nación da por existente, mientras Netanyahu jura que jamás reconocerá al estado de Palestina. Todo en un escenario de una implicancia crucial, ya que no es un secreto el proyecto israelí respaldado fuertemente por Trump para el traslado de la población de Gaza y convertir ese enclave en una cadena de hoteles de alta gama. Por si esto fuera poco, Somalilandia es un punto estratégico que permitiría el control del estrecho de Bab el Mandeb, y también una excelente plataforma militar para combatir a las tropas yemenitas hutíes, que tienen a mal traer a los buques estadounidenses e israelíes que pretenden cruzar al Mar Rojo camino al canal de Suez. En esas regiones se está intensificando –“casualmente” también- los combates entre tropas saudíes y las milicias del Consejo de Transición del Sur (CTS), un grupo separatista de Yemen del Sur que tiene el apoyo, algo disminuido ahora, de Emiratos Árabes Unidos (EAU), y que acaba de anunciar la realización de un referendo para declarar su independencia. ¿Hace falta recordar que Arabia Saudita y Emiratos tienen ingentes reservas petrolíferas? Por cierto, eso los lleva a estar en veredas opuestas en términos geopolíticos. EAU se recuesta en alianzas con Israel y el régimen que regentea el príncipe heredero Mohammed bin Salman coquetea con los Brics y a instancias del gobierno chino restableció relaciones diplomáticas con Irán el año 2023. Mas casualidades. Esta semana el gobierno ruso denunció un ataque con drones contra una residencia de Vladimir Putin en Nóvgorod y la atribuyó, razonablemente, a fuerzas de Kiev, justo cuando Zelenski había ido, también, a Mar-a-Lago para analizar el plan de paz que propone Trump y el ucraniano resiste. Los medios occidentales le bajaron el precio y deslizaron que ese ataque no había existido, mientras que otros indican que el golpe fue realizado por la CIA. ¿Y si en este caso el mensaje cierra con el secuestro de Nicolás Maduro? Es decir, “ni en tu casa podés estar seguro”.
Donald Trump insiste en que una guerra con Venezuela sigue siendo posible, liberó unos 300GB de los archivos del fallecido Jeffrey Epstein, mientras los europeos deciden un empréstito megamillonario para sostener la guerra en Ucrania, aunque se quedaron con las ganas de apropiarse de los fondos rusos congelados en Bruselas y dan vueltas para firmar un acuerdo con el Mercosur. Si hubiera una postal de este momento de occidente no habría mejor imagen que la de Bill Clinton en un jacuzzi con un recuadrito negro que oculta algún rostro comprometedor, ligada a los chacareros venidos a la capital belga en sus tractores para arrojar bosta ante el edificio de la Unión Europea en rechazo a las negociaciones con el bloque sudamericano.
En declaraciones a NBC News, el inquilino de la Casa Blanca no descartó una guerra contra el país caribeño y lanzó una frase bien esclarecedora: “(Maduro) sabe exactamente lo que quiero. Lo sabe mejor que nadie”. Un par de días antes dijo que si el gobierno venezolano quería que se levantara el bloqueo total y completo a petroleros sancionados frente a sus costas, tendría que devolver “a los Estados Unidos de América todo el petróleo, la tierra y otros activos que previamente nos robaron». La referencia es a empresas expropiadas hace 20 años por el chavismo. Desde Caracas, Delcy Rodríguez, la vicepresidenta, le respondió que si quería el petróleo tendría que pagarlo. Otra respuesta provino del presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien arguyó que de usar un criterio semejante, América Latina le debería decir que devuelvan Texas, California y todo el sur de EE UU.
El caso es que este viernes el departamento de Justicia publicó miles de fotos, videos, un libro de contactos y cientos de evidencias del caso Epstein. Los demócratas, que activaron la denuncia como un modo de presión sobre Trump, terminaron denunciando un sesgo en las revelaciones que salieron en los medios, ya que el expresidente Clinton (1993-2001) es uno de los mandamases dentro de ese partido, junto con su esposa Hillary Rodham. Y en algunas de las fotos se lo ve vestido con ropas femeninas. Además de él, aparecieron fotos de Mick Jagger, Michael Jackson, Woody Allen, más del propio Trump y hasta alguna de Noam Chomsky con Epstein. Por cierto, no todas indican alguna relación “impropia”, ya que el hombre era una figura del jet set. Pero las del líder demócrata no son precisamente inocuas.
Del otro lado del Atlántico, mientras tanto, los jefes de estado de la Unión Europea y, hay que decirlo, del Reino Unido -que terminó de irse de ese club en 2020- buscan desesperadamente un lugar bajo el sol en este nuevo diseño del mundo que lleva adelante la Casa Blanca. Así, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viene agitando las aguas para usar unos 300.000 millones de euros de los fondos rusos depositados en custodia de Euroclear para apoyar a Ucrania. Los 27 no pudieron torcer la voluntad, en primer lugar, de Bélgica, la sede de ese organismo, que considera -con argumentos incontrastables- que una decisión así terminaría con la credibilidad del euro, de Europa y ahuyentaría a inversores del resto del planeta.
Finalmente, la decisión mayoritaria en la UE fue “conceder una ayuda de 90.000 millones de euros a Ucrania para 2026-2027”, según publicó el presidente del Consejo Europeo, António Costa, en X. Para el canciller alemán, Friedrich Merz, es un mensaje a Vladimir Putin de que debe terminar con la guerra. El primer ministro húngaro, el ultraderechista Viktor Orban, otro de los que nunca estuvo a favor de tomar el dinero ruso, puso en negro sobre blanco de qué viene ese préstamo. “Por primera vez en la historia de la Unión Europea, 24 Estados miembros han concedido conjuntamente un préstamo de guerra a un país no perteneciente a la Unión. No se trata de un detalle técnico, sino de un cambio cualitativo. La lógica de un préstamo es clara: quien presta dinero lo quiere de vuelta. En este caso, la devolución no está vinculada al crecimiento económico ni a la estabilización, sino a la victoria militar”. Y agregó: “Para recuperar este dinero, Rusia tendría que ser derrotada (…) Un préstamo de guerra inevitablemente hace que sus financiadores se interesen en la continuación y la escalada del conflicto, porque la derrota también implicaría una pérdida financiera. (…), ya no se trata solo de decisiones políticas o morales, sino de duras restricciones financieras que empujan a Europa en una dirección: la guerra”.
El presidente ruso se sometió a una maratónica rueda de prensa y respondió preguntas de los ciudadanos, una práctica habitual en esta parte del año. Después de castigar el ego de los dirigentes -entre ellos el secretario de la OTAN, Mark Rutte, otro belicista empedernido- el mandatario ruso dijo tranquilamente: «¿De qué hablas cuando hablas de prepararte para la guerra con Rusia? ¿Sabes leer? ¿Has leído la Estrategia de Seguridad Nacional de EE UU? No menciona a Rusia como adversario. EE UU es el principal patrocinador de la OTAN. ¿Y aun así, el secretario general de la OTAN la está preparando para la guerra? Es simplemente falta de competencia profesional básica».
Legitimidades conducentes
El secretario de Estado, Marco Rubio, mantiene su ofensiva contra el gobierno venezolano y como parte de esa estrategia dijo que en el país caribeño hay “un régimen ilegítimo que coopera abiertamente con terroristas que amenazan la seguridad de Estados Unidos”. Todo esto tras señalar que Caracas -viejo discurso que por estas tierras también se estila, aunque referido a líderes locales- colabora con Irán, Hezbollah y el terrorismo en general.
No es la primera vez que sobre Nicolás Maduro se utiliza el brulote de ser un gobierno ilegítimo. De hecho, el diputado Juan Guaidó (¿alguien sabe qué es de su vida?) había sido reconocido como el único legítimo de Venezuela entre 2019 y 2023.
Pero si de legitimidades se trata, Washington y occidente en general tienen un problemita en Ucrania, donde Volodimir Zelenski tiene el mandato cumplido desde mayo de 2024. Si persiste en el poder es por una ley que impide desarrollar elecciones mientras el país está en guerra. Según sondeos algo informales, quizás la paz no pinta bien para el excomediante, que además está acosado por denuncias de corrupción que llegaron, por ahora hasta la puerta de su despacho en Kiev.
Sucede que para Rusia tampoco es un aliciente firmar cualquier acuerdo con el inquilino (¿ocupa?) del Palacio Mariyinski. No cuesta mucho entender que sería papel mojado para el sucesor legal de Zelenski. Ya hubo experiencias en ese sentido cuando el entonces presidente Leonid Kuchma firmó el acuerdo Minsk I en 2014.
Es así que este sábado Vladimir Putin ofreció a Ucrania un cese el fuego el día que se celebren comicios. Donald Trump le recordó varias veces a Zelenski que su mandato está cumplido y hace una semana declaró a Político que “están utilizando la guerra para no celebrar elecciones, pero creo que el pueblo ucraniano debería tener esa opción». Y añadió: “Hablan de democracia, pero llega un punto en que ya no es una democracia».
Zelenski adujo haber “escuchado insinuaciones de que nos aferramos al poder o de que yo personalmente me aferro a la presidencia, y que por eso la guerra no termina. Para ser sincero, esto es una narrativa completamente inadecuada”. Su argumento es que «no se pueden celebrar elecciones en territorios no controlados por Ucrania, temporalmente ocupados”.
El enviado ruso Kirill Dmitriev se reunió en Florida con los representantes de Estados Unidos, Steve Witkoff y el yerno del presidente Donald Trump, Jared Kushner.
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