Se supone que Argentina volvió a jugar en las grandes ligas esta semana, según celebran el presidente y los promotores de su “batalla cultural” ultraderechista. Es decir, o sea, Javier Milei se jacta de haber logrado un acuerdo comercial histórico, fruto, deslizan, de que Donald Trump reparó en sus dotes en su discurso en el Foro de Davos del año pasado. Ese en el que despotricó contra la “agenda woke”, las parejas gay –a las que acusó de pedófilos- las mujeres y los migrantes. Como será que este mismo viernes, el jefe de estado dijo que “cuando uno está sentado con ellos, todos respiran batalla cultural”. Y agregó en una entrevista con la plataforma de streaming Neura: “Lo puedo creer de Marco Rubio porque lo conozco de antes, la entiende a la perfección, la lleva en la sangre. Lo que me sorprendió es que cuando estuvimos sentados con el equipo de Trump, todos respiran batalla cultural. Bessent respira batalla cultural, Trump también respira batalla cultural”.
Raro en Bessent, que al ser nominado como secretario del Tesoro dijo en el Senado: “Quiero agradecer a mi esposo, John Freeman, quien está aquí hoy, y a mis maravillosos hijos Cole y Caroline (nacidos por gestación subrogada), quienes están sentados detrás de mí, por darme la mejor lección de civismo”. Sin mencionar el escándalo por oscura amistad de Trump con Jeffrey Epstein, que destila pedofilia.
Otro que anotó con ese modelo pulmonar extremo es al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, al que calificó de “queridísimo amigo” y “bastión de occidente”. En fin, así con todo. Sin embargo, el mismo día que la Casa Blanca anunciaba el “superacuerdo” con Argentina, también avisaban que había pactos similares con Guatemala, El Salvador y Ecuador. Pero de manera coincidente, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, daba a conocer el bautismo de la intervención militar en el Caribe. Se llama Operación Lanza del Sur (Operation Southern Spear) y es claro que no solo se enfoca en Nicolás Maduro, sino en Gustavo Petro y fundamentalmente, es una espada que apunta a Lula da Silva.
Ese mismísimo jueves, Trump indultó a nuestro conocido Joe Lewis, ese amigo de Mauricio Macri que organiza tours para jueces, dirigentes empresariales y políticos a su exclusiva mansión en Lago Escondido. El hombre había reconocido maniobras en el uso de información privilegiada para obtener fortunas en timbas financieras. Parece que el inquilino de la Casa Blanca se apiadó de él y lo perdonó, porque después de todo hubo arrepentimiento y Lewis pagó una multa de cinco millones de dólares por sus pecados.
El viernes, tras una reunión con el vicepresidente JD Vanze, Hegseth, Rubio y el jefe del Estado Mayor Conjunto Dan Caine, el empresario inmobiliario dijo “ya me he decidido… (sobre qué haremos) no puedo decirles qué es, pero hemos avanzado mucho con Venezuela en cuanto a detener el flujo de drogas. Sin embargo, tenemos un problema con México, tenemos un problema con Colombia”. Casualmente países con gobiernos progresistas no alineados con Washington. Casualidades ¿no?
Volviendo a Bessent, es el que más claramente ubica el programa financiero estadounidense de apoyo a Milei como de defensa de los intereses estadounidenses. Así, dijo en una entrevista con MSNBC News que el propósito era “la estabilización del gobierno, uno de nuestros grandes aliados en América Latina, durante una elección (…) Yo prefiero usar la paz mediante la fortaleza económica antes que tener que disparar a narcolanchas si el gobierno colapsa (…) Tenemos una oportunidad generacional en América Latina para crear aliados”. En Newsmax agregó que “EEUU esta recuperando América Latina a través de liderazgo económico, sin balas”, y recordó que el gobierno de Bolivia y el que avizora en Chile, junto con Ecuador y Paraguay “están abrazando a los EE UU”, algo que en ocho años no había logrado Barack Obama.
Justo a 20 años del No al Alca, el pacto Roca-Runciman 2.0 viene con finanzas pero también con balas, contra lo que adujo Scott, que dijo lo que dijo a horas de la primera vuelta en Chile, a dos semanas de la de Honduras, donde gobiernos que indigestan en el norte atraviesabn trances difíciles. En Bolivia, el 17 de agosto ya habían coronado el desplazamiento del MAS-IPSP y en Ecuador, en comicios poco transparentes, habían conseguido la continuidad del bananero Daniel Noboa, en abril, y este domingo hay una consulta sobre cuatro puntos centrales: si se permitirá la presencia de bases militares, sobre reducir el número de asambleístas y eliminar la obligación del Estado de financiar a los partidos políticos. El cuarto es decisivo para consolidar un régimen oligárquico, si se habilita una nueva reforma constitucional en la que, de ser aceptados los anteriores puntos, el que no tenga dinero no podrá participar en la política nacional, que además, quedaría bajo supervisión militar estadounidense.
O sea, es decir, mucho más de palo que de zanahoria. Por mencionar algo nomás, por lo que se va sabiendo de las conquistas que conseguiría nuestro país de este Si al Alca, hay 14 ventajas para EE UU y una para Argentina. Como dijera algún malintencionado en este mundo ultra, Estados Unidos se comporta como un tipo que va a un club de swingwers, solo.
En condiciones normales, la frase del canciller Pablo Quirno, «estamos yendo con la valijita a vender la Argentina» hubiese sonado como un programa virtuoso para abrir puertas en el mundo al comercio de los productos nacionales. Pero algunas condiciones objetivas impiden esa lectura optimista de lo que está ocurriendo con el país a tres semanas de la elección de medio término que le dio un nuevo impulso a la gestión de Javier Milei. Una de ellas es, claramente, que el Gobierno logró salir airoso de las urnas y del escenario de catástrofe posterior a las elecciones provinciales bonaerenses por el apoyo inclaudicable de la administración de Donald Trump. La otra es que para lograr ese salvavidas la gestión local quedó en manos de la Casa Blanca, que se lo refriega en el rostro a cada paso. A esto se podría agregar que los terminales locales del banco JP Morgan (JPM) que fungen de ministros argentinos se manejan con un grado tal de sigilo que semejan intrusos que ingresaron a una vivienda para vaciarla antes de que los residentes despierten. Por ejemplo: el titular de Economía, tras asegurar que era inminente un acuerdo comercial con Estados Unidos, se negó a dar detalles porque, dijo, había un pacto de confidencialidad, como si se tratara de negociaciones entre privados y él no fuera funcionario. Y que los detalles los anunciaría la Casa Blanca, cosa que hizo en la tarde de este jueves, junto con acuerdos similares para Guatemala, Ecuador y El Salvador.
A los fines de este análisis, entonces, no está mal recordar que Quirno es descendiente de una familia de alcurnia que se remonta nada menos que hasta 1810, cuando Norberto de Quirno y Echandía firmó en el Cabildo Abierto del 22 de mayo por la continuidad del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Cinco años después, otro antecesor, este por vía materna, el entonces director supremo Carlos María de Alvear (nacido Carlos Antonio del Santo Ángel Guardián de Alvear y Balbastro) le hizo llegar una carta a lord Stangford, embajador británico en Río de Janeiro, pidiendo el protectorado británico. Es de la familia también un ministro de Relaciones Exteriores de Bartolomé Mitre, Marcelino Ugarte, y él mismo fue director de Fusiones y Adquisiciones para América Latina del JPM. Dentro del área económica del Gobierno, fueron gente de esa banca Luis Caputo y su segundo, José Luis Daza; Alejandro Lew, secretario de Finanzas; Santiago Bausili, presidente del Banco Central y Vladimir Werning, vicepresidente; Demián Reidel, exjefe de asesores de Milei y ahora presidente de Nucleoeléctrica Argentina. Como sea, la venta de Argentina parece haber resultado, ya que el propio Quirno la celebró primero junto con Jamieson Greer, representante Comercial de EE.UU., y luego con Marco Rubio, el secretario de Estado.
Met with Argentina’s new Foreign Minister @pabloquirno to reaffirm our strong partnership. Together, we’re driving economic growth, advancing trusted technology, and strengthening regional security. pic.twitter.com/QRG07M4urn
Días febriles Ahora, finalmente, se sabe qué estuvieron negociando en secreto aparte del megasalvataje elector Luis Caputo, Quirno, Bausili y Daza a principios de octubre con Scott Bessent, el secretario del Tesoro de EE.UU., en esos días febriles en que todo parecía que estaba yendo por la canaleta. Se trata de un acuerdo del que se habló desde el 26 de octubre pero del que nadie mostraba las cartas a la espera de que lo hicieran en el norte. En esta entrevista con el comunicador oficialista Luis Majul, Caputo se trabó al explicar que no podía contar de qué venía la cosa. Sonó a «no puedo disim… decir nada Luis, porque estoy bajo el tratado de confidencialidad». Ver minuto 33:40 en adelante del programa en LN+ del lunes 10.
Este tipo de secretismo que deja los anuncios en manos del Gobierno de Donald Trump es la característica de una gestión que supera con creces las «relaciones carnales» de los 90. Ahora hay carne pero también espíritu de seguidismo, al punto que el presidente ya anunció que no viaja a la cumbre del G20 en Sudáfrica porque no va Trump. Es difícil saber, por ejemplo, qué ocurrió con las cerca de 50 toneladas de oro que subrepticiamente salieron del Banco Central hacia Londres en julio de 2024. Otro dato: si no fuera porque Bessent avisó que se había activado parte del swap que «generosamente» se habilitó en octubre, en el Gobierno nacional todos se hacían los distraídos. Algunos economistas y sabuesos de las finanzas tenían certezas de que algo raro había ocurrido con el dinero fantasma aportado para la campaña. Hasta el locuaz Bessent lo confirmó el martes, con ese toque de «canchero» que tanto seduce a los financistas enquistados en el Ministerio de Economía vernáculo.
El funcionario estadounidense dijo en una entrevista en Msnbc News que se había utilizado una parte de esos fondos –quizás entre 2.100 millones y 3.000 millones de dólares, vaya uno a saber– y para tranquilizar a sus ciudadanos dijo que EE.UU. había sacado ganancias de esa maniobra. El economista Christian Buteler lo celebró, irónicamente, como «el mejor rulo de la historia y una Masterclass del Tío Sccoty».
Aliados Pero Bessent habló más ese día. Dijo, sin despeinarse, que la operación tenía como propósito «la estabilización del Gobierno, uno de nuestros grandes aliados en América Latina, durante una elección», y avanzó con otras cuestiones de tipo geopolítico, el argumento esencial de su «ayuda» a Milei. «Yo prefiero usar la paz mediante la fortaleza económica antes que tener que disparar a narcolanchas si el Gobierno colapsa (…) Tenemos una oportunidad generacional en América Latina para crear aliados».
¿Quiénes serían los aliados con que puede contar el trío Trump-Rubio-Bessent? Lo desnuda sin pudores este último: «Acabamos de ver una elección en Bolivia. Probablemente veamos una elección en Colombia. Las vimos en Ecuador. Las veremos en Chile».
Economic security is national security. And this administration successfully pursued peace through economic strength to stabilize an ally in Latin America.
Our intervention in Argentina was never a “bailout.” It was a swap line that made money for the American people. pic.twitter.com/WzLzPDqpoB
— Treasury Secretary Scott Bessent (@SecScottBessent) November 11, 2025
Esto se complementa con declaraciones al canal Newsmax en las que dijo que «EE.UU. está recuperando América Latina a través de liderazgo económico, sin balas». Recuerda que Bolivia y descuenta que también Chile «están abrazando a los EE.UU.». Luego cuestiona que en 8 años Barack Obama no pudo hacer nada similar, aunque digamos que lo intentó. Lo que prefiere olvidar es que el No al Alca fue hace justo 25 años y en la cara de George W. Bush. Que no era demócrata precisamente.
Al mismo tiempo que se conocía el documento de EE.UU. con Argentina se supo que había pactos calcados con los Gobiernos de Guatemala, Ecuador y El Salvador –un Sí al Alca demorado– y otro funcionario, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, anunciaba el Operativo Lanza del Sur, como se conocerá de ahora en más a la ofensiva, sin ahorro de balas, contra lanchas en el Caribe y que tienen como objetivo el Gobierno de Nicolás Maduro, ya que está el de Gustavo Petro, pero fundamentalmente el de Lula da Silva. Una remake del Big Stick (Gran Garrote) que puso en marcha en 1900 el presidente Theodore Roosevelt, primo lejano de Franklin Delano Roosevelt. Precisamente en aguas caribeñas y a dos años de una operación de «bandera falsa» que justificó la guerra de Estados Unidos contra España y la ocupación de Cuba y Puerto Rico.
Javier Milei se tomó la segunda mitad de la semana para jugar el juego que más le gusta: codearse en Estados Unidos con lo más granado del ultraconservadurismo y dar cuenta de su inserción en ese club «anticomunista», justo cuando esos mismos sectores tenían que digerir, malamente, el triunfo de Zohran Mamdani en Nueva York. Este doceavo viaje presidencial a ese país tuvo la excusa de participar en el America Business Forum (ABF, Foro de Negocios de Estados Unidos) en Miami. Luego fue al Council of the Americas (Consejo de las Américas) y no quiso perderse en Bolivia la asunción de Rodrigo Paz, el hombre que puso fin en elecciones democráticas a dos décadas de Gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS).
Puertas adentro, sin embargo, debió enfrentar otro vendaval –y van…– tras una reunión con Mauricio Macri que terminó de manera bastante áspera, tras la sorpresiva renuncia de Guillermo Francos y la movida de dos candidatos que antes de jurar los puestos para los que se habían postulado, aceptaron cargos de gestión. Se trata de Manuel Adorni, electo legislador porteño en mayo, que juró como jefe de Gabinete; y Diego Santilli, el reemplazante a las apuradas de José Luis Espert a la cabeza en la lista de diputados de LLA-PRO en la PBA, al frente del Ministerio del Interior.
El sábado anterior, Macri posteó en su cuenta de X un mensaje envenenado, señal inequívoca de su irritación con Milei. «La salida de un hombre con capacidad y equilibrio como Guillermo Francos, que para la ciudadanía representaba sensatez, para ser reemplazado por otro sin experiencia, no parece ser una buena noticia», despotricó el exmandatario, que no se caracterizó en su paso por la Rosada por el trato para con sus entonces aliados de la UCR que ahora reclama para sí.
Ayer fui invitado a comer por el presidente Milei en Olivos, en agradecimiento por el apoyo que le di en la semana más difícil de su gobierno antes de las elecciones. En el encuentro hablamos sobre los temas pendientes. La idea era pensar la mejor manera de reforzar los equipos y…
El resultado de las elecciones del 26 de octubre envalentonó al oficialismo de un modo que va mucho más allá de lo que los números revelaron. Es cierto que el Gobierno –y especialmente el presidente Milei– necesita aparecer como si hubiera arrasado en las urnas. Un poco por razones políticas, pero otro mucho por cuestiones psicológicas del personaje y del rol que la internacional ultraderechista exige para sus líderes. En eso no hay mucha diferencia entre el argentino y Donald Trump, que para disimular el resultado adverso de sus candidatos en Virginia y Nueva Jersey a manos de dos mujeres y de un musulmán en la «Gran Manzana» dijo que los republicanos perdieron porque él no estaba en la papeleta de esos distritos.
El peronismo, en tanto, quedó inmerso desde el domingo 26 en una interna que apenas había quedado en sordina por la campaña electoral. Lo curioso es que en Balcarce 50 también hubo un tembladeral. Lo de Macri fue solo la punta de un iceberg que los analistas perciben como de destino incierto. La primera reunión de Milei con el nuevo Gabinete antes de tomar su avión para Estados Unidos fue un show con el estilo de estudiantina que caracteriza a la administración de LLA. Con saltos insólitos del jefe de Estado con el aún titular de Defensa, Luis Petri y abrazos estudiadamente amables con el ministro sin cartera Santiago Caputo. Hubo coincidencia en los analistas en que hay un nuevo eje en el Gobierno, que cada vez es más de los hermanos Milei, luego de un armado territorial que resultó exitoso a cargo de Karina Milei y de los Menem, que también recuperaron protagonismo y preponderancia. A ellos –para mayor irritación de Macri– se agregó Santilli, alguien que no goza de la simpatía del fundador del PRO, aunque lo sigue contando como propio. Quién sabe por cuánto tiempo más.
Fenómeno mundial En Miami Milei se perdió una nueva foto con Trump, como hubiera deseado, y también con Lionel Messi, al que sus allegados trataron en vano de convencer. De hecho, el campeón mundial había hablado en el foro un día antes. El entusiasmo fanático de algunos de los seguidores de Milei lleva a que a veces caigan en trampas, como le ocurrió esta vez a Martín Varsasvky, que posteó en su cuenta de X una imagen que pronto fue desmentida por las Notas de la Comunidad de la plataforma. Había sido trucada de una foto del presidente con el empresario Elon Musk, de cuando el dueño de Tesla y Space X todavía no había caído en desgracia con la Casa Blanca.
De lo que no se privó el inquilino de la Quinta de Olivos fue de una humorada, no escatológica en esta ocasión. «Messi es la prueba de que yo a veces puedo felicitar a un zurdo». Luego, sí, agregaría algunos dardos contra el kirchnerismo y sus consabidos brulotes contra todo lo que huela a progresismo. «Dos de cada tres argentinos no quieren volver al pasado, ya no quieren más Socialismo del Siglo XXI». Y a continuación empalmó una frase contra el alcalde electo de Nueva York, sin nombrarlo. «El kirchnerismo es una de las sucursales del Socialismo Siglo XXI, que en algunos lugares de la Costa Este ha entrado. Se disfrazan de corderos y son peores que los lobos». Acto seguido, propuso, así como así, «un gran consenso capitalista en Argentina» porque, en un viejo recurso de las derechas locales, «esta es una nación en la que está todo por hacerse».
Ya directamente puesto en vendedor de un artículo comercial, Milei dijo en tono místico: «Quiero invitarlos a que inviertan en este país y demuestren el poder y la superioridad moral del capitalismo, que sean parte de la redención que el pueblo argentino necesita y que servirá de ejemplo para el resto del mundo».
Nuevo escenario En Argentina, mientras tanto, la CGT elegía una nueva conducción en el marco de las amenazas contra los derechos de los trabajadores que se desliza en las «filtraciones» del proyecto de reforma laboral que, ahora con viento a favor, pretende imponer el oficialismo. No fue una «rosca» fácil la que elevó al triunvirato a Jorge Sola, del gremio Seguro; Cristian Jerónimo del Vidrio; y el camionero Octavio Argüello. Son hombres de Héctor Daer, Gerardo Martínez y Hugo Moyano, respectivamente, y no hay demasiadas señales de que esta nueva conducción vaya a romper lanzas con el Gobierno ante el nuevo escenario que se le presenta. En amplios sectores de la sociedad crece el reclamo de medidas contundentes en rechazo a modificaciones en esa área que consoliden mayores pérdidas de derechos. Ponen de ejemplo a los trabajadores del Hospital Garrahan, que consiguieron un 61% de incremento luego de una lucha decidida y tenaz. Desde adentro del edificio de Azopardo 802 de sostiene que, tras el veredicto de las urnas, no hay espacio sino para el diálogo; pero nunca nada es permanente. La reforma laboral es solo una de las que ahora encara el Gobierno. Las otras son la reforma tributaria y la penal. Para todas ellas, necesitará del apoyo de los gobernadores. Así se lo exigieron el secretario del Tesoro, Scott Bessent y los popes del JP Morgan que visitaron Buenos Aires la semana anterior. En un encuentro inaugural de Milei con 20 mandatarios provinciales, quedó claro que salvo los cuatro no invitados –Ricardo Quintela de La Rioja; Gildo Insfrán de Formosa; Gustavo Melella de Tierra del Fuego; y Axel Kicillof, de Buenos Aires, o sea, el 40% de la población– los demás podrían ser cultores del consenso que pretende el oficialismo, aunque hay diferencias entre quienes asistieron a la cita en cuanto a su eventual cercanía con las demandas mileístas. También, que «la ancha avenida del medio», por falta de presupuesto, digamos, quedó sin pavimentar. La tarea de Santilli, reconocido de buen diálogo con todos –por algo está donde está– será que todo salga a pedir del amigo del norte.
CGT. La central renovó el trinomio de conducción, ahora integrado por Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello.
Lo primero que se podría decir sobre las elecciones de medio término es que el resultado sorprendió incluso al oficialismo, que hasta un par de días antes se conformaba con un 30% de los votos y un tercio de los diputados. Si el 7 de septiembre el peronismo había aplastado a La Libertad Avanza con 14 puntos de diferencia en el principal distrito electoral de la Argentina, era inimaginable que apenas 49 días después fuera derrotado allí mismo, ajustadamente pero simbólicamente de una manera contundente.
En resumidas cuentas, Javier Milei obtuvo un aval impensado hasta días antes para concretar un modelo económico-político que llegó al 26 de octubre con la lengua afuera, sostenido por la ayuda del Gobierno de Estados Unidos. Si alguien debería haberse subido al escenario montado en el Hotel Libertador quizás fuera Scott Bessent, el secretario del Tesoro, o directamente Donald Trump, que a su manera se puso la cocarda: «¡Gran triunfo en Argentina para Javier Milei, un candidato maravilloso respaldado por Trump! Nos está dejando a todos en una buena posición. ¡Felicidades, Javier!», escribió en su red Truth
Una respuesta más acabada de lo que ocurrió este domingo llevaría algunas semanas de estudios e investigaciones de campo. Y quizás ni así se pueda llegar a alguna conclusión. De modo que cualquiera de las hipótesis que se puedan desmenuzar, en principio, tienen cabida. Es cierto que el porcentaje de participación fue el menor desde la recuperación de la democracia, un 67,9 %. El tema es cómo interpretar esas ausencias. Si son desencantados de la democracia argentina en general, debería ser una llamada de atención a la dirigencia política. Pero el ganador está más que conforme con ese estado de cosas y, además, en las últimas semanas reclamó con insistencia que los ciudadanos acudieran a las urnas. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, esta vez hubo unos 238.000 votantes más que en septiembre. Pero Fuerza Patria perdió ahora 262.000 votos y en cambio LLA, a pesar de haber llevado en la boleta la foto de un candidato que se tuvo que bajar, sumó más de 880.000 sufragios.
Tribulaciones bonaerenses En la provincia de Buenos Aires el resultado desnudó críticas desde sectores kirchneristas contra la decisión de Axel Kicillof de desdoblar los comicios. Sin embargo, nada garantiza que todo hubiese sido diferente si los bonaerenses iban a las urnas para elegir legisladores provinciales y nacionales el mismo día. En todo caso, ese cruce obedece a la cuestión de fondo en el peronismo: cómo se rediseña si quiere ser una opción a la ultraderecha gobernante. Las internas que lo llevaron a perder en 2023 luego de un Gobierno que quedó atrapado en esas peleas lo siguen teniendo maniatado. Así y todo, en diputados mantuvo su poder de fuego: sigue con 98 escaños, y en el Senado si bien perdió seis bancas, sigue siendo el bloque mayoritario, con 28. Claro que en ese escenario Milei se convierte en el líder de estos tiempos. Bajo la férula de otro Gobierno ultra como el de Trump, enfrascados ambos en una cruzada conservadora internacional de la que Argentina es quizás el laboratorio más puntual.
En el chisporroteo bonaerense se señala que esta vez los intendentes no se movilizaron porque en septiembre ya habían cubierto sus espaldas, y no tenían alicientes. Todo es tan efímero que hasta el viernes Kicillof pintaba como el candidato natural del peronismo para 2027 y ahora aparece cuestionado tras la derrota por apenas 46.600 votos, que fue la diferencia entre Diego Santilli y Jorge Taiana. En condiciones que, tras el empoderamiento de Milei, le serán más difíciles. Por otro lado, en los distritos que gobiernan los intendentes peronistas del Conurbano, ganó Fuerza Patria. Kicillof, si bien reconoció la derrota ante LLA, destacó que el peronismo sumó una banca en la provincia, donde renovaba 15 y consiguió 16. El mandatario provincial dijo que «la situación del pueblo no va a mejorar mientras sigan con las mismas políticas».
Sobre la injerencia estadounidense en estas elecciones, algo que la historia argentina llamaba a ver como un error político del Gobierno, acotemos que también resultó una demostración de que los tiempos cambiaron de manera dramática. Jaime Durán Barba, que supuestamente ostenta un amplio conocimiento del electorado argentino desde su paso como asesor -incluso «hacedor»- de Mauricio Macri, había dicho en una entrevista con el diario Perfil el 22 de septiembre que la ayuda de EE.UU. no iba a favorecer a Milei. «Argentina es el país más antinorteamericano del continente; la mayoría tiene antipatía hacia EE.UU.», dijo.
Sin embargo, esa precepción no es reflejada en una encuesta del Pew Research Center, un think tank no partidista estadounidense cuyos estudios son tomados seriamente, publicada en julio pasado, revela que el 43% de los argentinos consideran que EE.UU. es el más importante aliado del país. En el sexto puesto en una tabla que ocupa en primer lugar Israel, y apenas un poco menos que la consideración de los británicos (51%). El Brasil del Lula da Silva, que se le plantó este domingo a Trump en Malasia figura tres puestos más abajo, con 41% de apoyo. De ser cierto, tal vez también el voto del domingo fue para las alianzas férreas de Milei tanto con Washington como con el Gobierno de Benjamin Netanyahu.
In Argentina, Brazil, Canada, and Mexico, the United States is the most commonly named ally and the top threat. https://t.co/BffgwllcRx
Algunas cosas claras Un Milei algo más moderado, aunque lanzando chicanas contra el kirchnerismo -un brulote que le dio resultado y al que recurrirá seguido, porque no tendrá un enemigo mejor en los dos años que le quedan de mandato- celebró haber pasado de 37 diputados violetas a 101 y de 6 senadores a 20. Al mismo tiempo, llamó a construir consensos para las reformas que pretende, y que estaban delineadas en el Pacto de Mayo, que tanto le costó que se firmara el año pasado. Ese llamado sin dudas obedece a los lineamientos del Gobierno de Estados Unidos, de las élites locales e incluso de los gobernadores a los que invitó a la «fiesta». Que no tendrán demasiadas razones para estar en contra, ya que, como fue el caso del grupo Provincias Unidas, terminaron derrotados en sus propios distritos. Los ejemplos más notorios fueron los del santafesino Maximiliano Pullaro -cuyo candidato quedó en tercer lugar, debajo de LLA y de la representante de FP- y del «cordobesismo», que buscaba pista con su líder, Juan Schiaretti, para un «camino del medio» dentro de dos años. Si algo quedó claro en esta ocasión, es que no es un campeonato para centro-delanteros, todo se juega por los laterales.
La otra interna caliente de la política nacional quedó por el momento despejada con lo que cantaron las urnas. Así, el –por ahora– moderado Milei agradeció a todo su Gabinete, sin olvidar ni al renunciante Gerardo Werthein, pero hizo subir al escenario a los se supone enemistados Santiago Caputo y su hermana. Antes, los primeros en hablar cuando ya se sabía que el resultado sería irreversible, fueron Karina Milei y Martín Menem, los dos más cuestionados por los medios y la oposición. Si EE.UU. y las acusaciones contra José Luis Espert ya no son mala palabra, parece que tampoco lo serán las acusaciones de coimas en la Andis y el sitial del sobrino del expresidente Carlos Menem en la presidencia de la Cámara Baja. Mauricio Macri, otro involucrado en esta movida pero que lo mira con la ñata contra el vidrio, aplaudió con manos rojas que el proyecto que desea que se vea como suyo, tiene posibilidades de cristalizarse.
Mis felicitaciones a LLA, al Presidente Milei y, especialmente, a todos los argentinos que hoy apoyaron el cambio. Este resultado electoral sobresaliente renueva las esperanzas en nuestro país. No perdamos esta oportunidad única para producir las transformaciones pendientes y…
Muchos en los medios resaltaron que es la primera vez en la democracia argentina que un Gobierno que acarrea denuncias de corrupción gana elecciones con una situación económica desastrosa. Habrá que ver ahora cómo se acomodan los comunicadores que en las últimas semanas perecieron despegarse de su comunión con Milei y ahora lo tienen nuevamente ganador. Y también habrá que ver si ese tono «acuerdista» le dura. Ya adelantó que del otro lado está el kirchnerismo, así, genéricamente. Ahora, «la casta» está adentro y va a ser más necesaria que nunca.
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