por Alberto López Girondo | Mar 4, 2020 | Sin categoría
“Todavía no me han enterrado”, dijo Joe Biden este domingo y lo demostró dos días más tarde, cuando en una remontada que ningún sondeo previó, ganó en la mayoría de los estados donde se disputaron las primarias del partido Demócrata. Con el resultado a la vista, y a pesar de que el cómputo final de California, el más poblado y el que mayor cantidad de delegados aporta para la Convención, es claro que quedan solo dos contendientes con aspiraciones para enfrentar a Donald Trump en noviembre, Bernie Sanders y el vicepresidente de Barack Obama. Los grandes derrotados son el magnate Michael Bloomberg -que dilapidó más de 400 millones de dólares de su exuberante fortuna en la construcción de una candidatura que los votantes no apoyaron y que ahora lo llevaron a renunciar- y la senadora Elizbeth Warren, que le disputa el arco progresista a Sanders.
Para llegar a esta instancia con un aire ganador, Biden, que representa a la elite dominante de los demócratas, consiguió que se apartaran de la carrera al ex alcalde Pete Buttigieg y la senadora Amy Klobuchar, quienes le dieron su apoyo explícito, y que le diera su espaldarazo en Texas el excongresista Beto O´Rourke.
Lo de Bloomberg es una consecuencia de una carrera errática que buscaba competir contra Trump en base a su billetera pero sin el menor carisma y luego de un debate televisado en el que mostró graves falencias de un área que debería dominar a la perfección, como es la comunicación, ya que es dueño de un emporio que lleva su apellido. El dinero que gastó en mostrarse no le sirvió de nada, aunque 400 millones para quien tiene 64 mil millones tal vez sea un vuelto.
Precisamente en Texas, que otorga 228 delegados, fue donde Biden dio el batacazo. El estado aparecía como una plaza firme para Sanders, que tiene un perfil y un programa progresista, de tendencia socialdemócrata, lo que para los estándares de la política estadounidense de las últimas décadas suena a una irreverencia.
Allí el resultado final fue de 656,568 votos para Biden y 585,036 para Sanders, (33,6% a 30%). Esos 71532 sufragios de diferencia le cambiaron la cara al exvicepresidente. Biden, que había recibido un soplo de aire fresco en Carolina del Sur, donde el sábado se impuso por un aplastante 48,8% sobre un 19,9% de su principal competidor, triunfó en el “supermartes” en Carolina del Norte, Virginia, Alabama, Oklahoma, Tennessee, Arkansas, Minnersotta, Maine y Massachusetts, además de Texas.
Sanders quedó al frente en Vermont, el estado al que representa en el Congreso desde 1991, Utah, Colorado y estaba liderando el escrutinio en California, bastión de la izquierda, que otorga 495 delegados peor tiene un intrincado sistema de votación que podría demorar el resultado definitivo hasta un mes.
Sanders, a los 78 años, es un “old man terrible” de la política estadounidense. Defiende la educación y la salud pública, sostuvo una visión favorable a liderazgos progresistas de América Latina y se opuso tradicionalmente al ingreso de su país en las guerras en el Oriente extendido. Había logrado un empate en Ohio y ganó ampliamente en New Hampshire y Nevada.
Biden, en tanto, a los 77 años, tampoco es un niño que busca llegar a la Casa Blanca, donde fue usual invitado durante los ocho años de gobierno de Obama. Envuelto en la denuncia contra Trump que derivó en el pedido de juicio político contra el primer mandatario, es un representante del status quo no solo de su partido sino de Estados Unidos.
Por eso la postura indignada de la líder demócrata Nancy Pelosi en la cámara Baja, que impulsó el impeachment, se choca de bruces con la realidad de que el hijo de Biden hizo negocios en Ucrania aprovechando el cargo de su padre.
Como sea, lo que queda claro desde este supermartes, donde se completa la votación en primarias del 40% del electorado estadounidense, es que quedan en disputa dos formas de interpelar al electorado en la crucial elección de noviembre de 2020. Una posición más disruptiva con el esquema de tinte neoliberal que inauguró Ronald Reagan en los 80 y que ninguno de los presidentes que los sucedieron, de cualquiera de los dos partidos, osó interrumpir. Y un programa que bien se parece al tradicional modelo distribuicionista que comenzó con Franklin Roosevelt en los años 30 y se continuó por medio siglo.
Otra cosa que queda clara es que entre los cinco postulantes dentro de ese partido, ninguno tiene menos de siete décadas sobre sus espaldas. Sanders es el mayorcito, ya que cumplió los 78 en setiembre pasado. Por unos meses, Bloomberg, que los cumplió a mediados de febrero, era el segundo. Biden tiene 77 y Warren 70. Entre los más jóvenes, Buttigieg, de 38, se retiró este fin de semana. Sigue por ahora en carrera, aunque con pocas aspiraciones, Tulsi Gabbard también de 38. Si uno se guía por los programas que tienen en carpeta, podría decirse que esta veterana de la guerra de Irak que propugna el retiro de tropas de EEUU de todos los países del mundo y que se llegó a entrevistar con el líder sirio Bashar al Assad, debería darle su apoyo a Sanders. Lo mismo quizás debería hacer Warren. Pero en política nunca se sabe.
Tiempo Argentino, 4 de Marzo de 2020
por Alberto López Girondo | Sep 29, 2019 | Sin categoría
Donald Trump calificó como una «guerra» al intento de los demócratas de someterlo a juicio político por sus presiones contra el mandatario ucraniano para que investiguen en aquel país al hijo del ex vicepresidente, Joe Biden, precandidato con fuertes posibilidades de ser el aspirante por la oposición a la Casa Blanca en 2020. «Estamos en guerra. Estas personas están enfermas», se lo ve decir en un video que publicó la agencia Bloomberg. Pero se trata de una guerra entre tahúres, ya que Hunter Biden aparece ocupando un cargo muy bien remunerado en una compañía energética ucraniana tras el golpe contra el prorruso Viktor Yanukovich, en 2014. Más aun, Biden padre habría forzado a la renuncia del anterior fiscal general de Ucrania porque estaba investigando las andanzas del párvulo en otros negociados en esa nación, devastada por un conflicto armado en la región oriental, más cercana a Moscú, y que luego perdió el control sobre Crimea a partir de esos avatares geopolíticos.
El escándalo salió a la luz a partir de un testigo oculto –whistleblower, como se los denomina en inglés– que filtró a congresistas demócratas las medidas inusuales que el entorno del presidente tomó luego de una charla con el jefe de estado de Ucrania, el comediante Volodymyr Zelensky. Lo habitual es que todo lo que se dice en el Salón Oval sea grabado y el informante notó una especial preocupación acerca de las transcripciones de la conversación del 25 de julio pasado.
Cuando consiguió una copia, su preocupación fue mayor. «Quiero que me hagas un favor», le pide el empresario al humorista, sorpresivamente elegido presidente de Ucrania en mayo. «Se está hablando mucho del hijo de Biden, y de que Biden detuvo una acusación, y mucha gente quiere saber de eso, así que cualquier cosa que pudiera hacer con el fiscal general (de EE UU) sería maravilloso», agrega, para avisar luego que su abogado, el exalcalde neoyorquino Rudolf Giuliani, se pondría en contacto para arreglar los detalles.
Fomentar una investigación contra un posible oponente en la elección suena grave. Mucho más porque Trump sugiere que la ayuda podría aceitar el otorgamiento de 400 millones de dólares fondos para la compra de armamento y pertrechos estadounidenses, muy útiles para Kiev en el contexto de su guerra en el este. Los voceros demócratas, con la jefa de la Cámara Baja, la experimentada Nancy Pelosi, mostraron su inmediata indignación.
Los archivos periodísticos muestran la otra cara del caso. Las agencias de inteligencia y el Departamento de Estado fueron los responsables del golpe contra Yanukovich durante la presidencia de Barack Obama y con Biden como coequiper. Uno de los amigos del derrocado presidente ucraniano fue el fundador de Burisma Holding, la petrolera que se convirtió en una presa para el hijo del ex vicepresidente, que a la sazón se llama Robert Hunter. Roberto Cazador, en inglés.
Ucrania es un tópico muy transitado en Washington en los últimos años y una muestra de las oscuras relaciones de EE UU en ese intrincado tablero de la frontera rusa. Filtraciones de llamadas entre la que fuera secretaria para asuntos de Europa del gobierno de Barack Obama, Victoria Nuland, con el embajador Geoffrey Pyatt mostraban el involucramiento directo de Biden en el golpe. Poco después, el vice de Obama brindó apoyo irrestricto al proceso de Kiev para alejarse de la influencia rusa y acercarse a Occidente.
Para esos tiempos, Trump se lanzó a la presidencia y contó con un asesor de campaña, Paul Manafort, del que pronto tuvo que desprenderse porque había sido colaborador del destituido Yanukovich. El consultor se declaró culpable de dos cargos criminales y conspiración tras un arreglo con el fiscal Robert Mueller hace un año. Mueller fue el encargado de investigar la presunta connivencia de Trump con agentes rusos para que lo ayudaran a ganar la elección de 2016. Hace dos meses declaró ante el Congreso que no hay certeza de que Trump no cometió delito, una frase ambigua que el mandatario interpretó como absolutoria.
La empresa Burisma parece haber sido un botín con el que, quienes ayudaron a los sectores antirrusos, se cobraron su colaboración para derrocar a Yanukovich y formatear la política ucraniana. El daño colateral fue la anexión de Crimea y el levantamiento de Donetsk y Luganks contra Kiev, lo que causó cerca de 4000 muertos desde abril de 2014. Junto con Biden Jr. ingresaron a la firma íntimos de la familia del secretario de Estado, John Kerry. Otra nativa de EE UU, Natalie Jaresco, quien había ocupado cargos en Washington desde que egresó de la Escuela de Gobierno John Kennedy, en 1989, apeló a su doble nacionalidad debida a sus padres para asumir como ministra de Finanzas del premier Arseniy Yatsenyuk, en marzo de 2017.
El martes, Pelosi se cargó a sus hombros la irritación de sus correligionarios, que ya le venían contando las costillas a Trump desde que llegó al poder. No les funcionó con sus denuncias sobre la injerencia rusa en los comicios del 2016 ni con los escándalos sexuales del empresario. Ahora, creen haber encontrado una fisura en el blindaje presidencial. Los antecedentes muestran que sólo dos inquilinos de la Casa Blanca pasaron por un juicio político: Andrew Jackson en 1868 y Bill Clinton en 1998. Los dos lograron zafar. Richard Nixon renunció el 9 de agosto de 1974 cuando su suerte ya estaba sellada por el caso Watergate.
No da la impresión de que prospere el enjuiciamiento de Trump. Los demócratas dominan la Cámara de Representantes, pero la Cámara Alta está en manos de los republicanos y para la expulsión necesitarían el voto de 2/3 de los senadores. Lo peor para los demócratas sería que si no lo pueden matar, lo terminen fortaleciendo. «
Raúl Castro prohibido en EE UU
En la larga historia del bloqueo a Cuba, ningún otro presidente había llegado tan lejos. Hasta que Donald Trump cruzó todo límite al anunciar sanciones contra el líder del Partido Comunista de la isla y ex presidente Raúl Castro y su familia, quien hace cinco años se reunió con Barack Obama para reanudar relaciones diplomáticas. Para Trump, el hermano de Fidel, de 88 años, «supervisa un sistema que detiene arbitrariamente a miles de cubanos y que retiene actualmente a más de 100 presos políticos», y tiene prohibido el ingreso a Estados Unidos. El mismo castigo tiene Mariela Castro Espín, su hija.
Tiempo Argentino, 29 de Septiembre de 2019
por Alberto López Girondo | May 13, 2013 | Sin categoría
En un discurso en el que puso todas las cartas sobre la mesa, el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, dijo que pretende una «relación más profunda» con América Latina, una región que en la última década se va mostrando cada vez menos propensa a ser el patio trasero del imperio y demuestra con hechos palpables que ya está jugando en las grandes ligas mundiales en contra de los deseos de Washington.
Biden habló en el marco de la 43ª Conferencia de las Américas, un encuentro organizado por el Departamento de Estado junto con el Council of the Americas, el think tank creado por el magnate David Rockefeller para fomentar el ultraliberalismo a nivel regional desde hace casi medio siglo y que solía convocar a ministros y altos funcionarios de los países latinoamericanos para brindarles su «bajada de línea» anual. Esta vez la ronda fue más bien escuálida, a pesar de que pomposamente se la presentó como la ocasión para el relanzamiento de las relaciones privilegiadas que la administración de Barack Obama pretende con la región. Los detalles de lo que dijo su compañero de fórmula y los anuncios muestran sin embargo que la posición de los demócratas no se mueve un ápice de la postura tradicional de Washington.
«Latinoamérica siempre nos ha importado, pero ahora aún más por el potencial existente», apuntó Biden, quien agregó que muchos países del continente, como México, disfrutan ahora de una mayoría de clase media y de un ambiente democrático estable que les permite mostrar otra importancia comercial y económica dentro del Hemisferio Occidental. «Antes nos preguntábamos qué podíamos hacer POR Latinoamérica, ahora se trata de ver qué podemos hacer CON Latinoamérica», enfatizó el vicepresidente.
Fue en esa minicumbre neoliberal que Biden anunció un próximo viaje a Colombia, Brasil y Trinidad Tobago y una inminente visita de los mandatarios de Chile y Perú a Washington. «Este es el más activo tramo de relaciones de alto nivel en mucho tiempo», dijo Biden, quien no olvidó mencionar la posición de su gobierno en torno de Venezuela. «Cualquier gobierno venezolano tiene una responsabilidad básica de permitir la libertad de expresión y asamblea, y eso no está ocurriendo en estos momentos», dijo sin inmutarse el ex senador por Delaware, el paraíso fiscal de Estados Unidos donde, sin ir más lejos, el Grupo Clarín armó un conglomerado de empresas con el objetivo de eludir impuestos, según viene denunciando este diario desde octubre de 2010. Esta quizá parezca una historia que no viene a cuento, pero hay razones para pensar que sí.
Lo que sí viene a cuento es el nuevo rol regional del diario español El País, que desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en ese reino viene en picada en el plano de su economía. El grupo, que supo ser cabecera de playa de inversiones españolas en Latinoamérica y se extendió en proyectos propios en todo el hemisferio, no puede escapar a una deuda de más de 3000 millones de euros y gran parte de su paquete accionario está en manos de un fondo de inversiones oriundo de Estados Unidos.
Cuando la enfermedad de Hugo Chávez, el diario español cumplió un papel destacado como difusor de la oposición, incluso publicando una foto falsa. Desde fines de marzo, la edición internacional –que incluye el material online– se elabora desde México DF y Washington. El editor es el corresponsal del diario en la capital estadounidense, Antonio Caño. En su edición de ayer, mientras el presidente Nicolás Maduro viajaba de Buenos Aires a Brasilia en el marco de su gira por el Mercosur, publicaba un extenso reportaje al opositor Henrique Capriles. En titulares catástrofe decía: «Maduro se hunde cada día más porque su Gobierno es ilegítimo». La edición que recibieron los españoles en papel era un poco más medida y no ocupaba la tapa del diario sino un recuadro secundario: «Me han robado la victoria electoral», decía Capriles.
El vicepresidente de Obama quiere acercar lazos con Colombia y Brasil. El primero forma parte de la llamada Alianza del Pacífico, junto con México y los futuros invitados de la Casa Blanca, Chile y Perú. Ningún dirigente estadounidense que ande de gira por la región puede ignorar a Brasil, los otros acercamientos son reveladores de la estrategia que a pie juntillas siguen las derechas latinoamericanas. Algo que fue evidente este lunes en Lima, cuando el Congreso peruano aprobó una moción para retirar al embajador en Venezuela Luis Raygada por su apoyo explícito al gobierno de Maduro como representante legítimo de la República Bolivariana de Venezuela. Raygada, incluso, recomendó a sus detractores «tomar una pastilla de tranquilizante». Dos días más tarde se vio obligado a presentar su renuncia.
El discurso de Biden y la diatriba de El País se cruzaron con la designación de un brasileño al frente de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la entidad con sede en Ginebra que tiene como rol fijar las condiciones y los acuerdos para el intercambio de productos entre los 159 países miembro. El dato no es menor si se tiene en cuenta que Roberto Azevêdo fue votado para suceder al francés Pascual Lamy en un final cabeza a cabeza con el mexicano Herminio Blanco.
Los entretelones de esta elección son por demás reveladores de los cambios que se registraron en el mundo en lo que va del siglo XXI. Roberto Carvalho de Azevêdo, de 55 años, es un ingeniero electricista que luego devino en diplomático tras pasar por el Instituto Rio Branco, que es la escuela de Itamaraty. Cierto que luego se doctoró en Economía en la «monetarista» Universidad de Chicago, pero hizo toda su carrera como hombre de la ágil e inquieta cancillería brasileña y es uno de los que más sabe de comercio internacional en ese organismo, donde es hasta ahora el embajador brasileño. Brasil precisamente es acusado de encabezar una suerte de boicot a los avances en la Ronda de Doha, el capítulo agrícola de la OMC.
El representante mexicano, en cambio, es un fiel exponente del libre comercio a ultranza. Herminio Blanco Mendoza, de 62 años, también pasó por Chicago pero siguió sus enseñanzas al pie de la letra al punto de que es considerado el arquitecto de la alianza comercial de su país con Estados Unidos y Canadá en el NAFTA y de la firma de 34 acuerdos de libre comercio.
Estados Unidos, los 27 países de la Unión Europea, Japón y Corea del Sur fogonearon al mexicano cuando se dieron cuenta de que entre los nueve postulantes que se anotaban en diciembre pasado no había nadie que les pudiera resolver el problema principal, que era el de seguir manejando la entidad como lo vienen haciendo desde su fundación. Es interesante resaltar que, de cualquier modo, el elegido sería un latinoamericano, aunque representaran dos caras visiblemente opuestas de la forma de encarar la economía y la distribución de los poderes en el mundo.
«La competencia para suceder a Lamy, el francés que ha presidido la OMC desde 2005, también había sido vista por algunos como un sustituto de batallas comerciales más amplias entre los mundos desarrollado y en desarrollo», describe James Politi en el británico Financial Times. «Antes de la votación final, los funcionarios mexicanos reclamaron el apoyo de Japón y Corea del Sur, mientras que las autoridades brasileñas dijeron que China estaba de su lado», destaca el Financial Times.
Azêvedo logró el apoyo de los países sudamericanos y del Caribe, los de África y parte de Asia. Itamaraty en pleno explicó a representantes de todos los países del mundo las ventajas de destronar la tradicional alianza de la OTAN del comercio a favor de un miembro de los países emergentes como Brasil. La designación del Papa Francisco parece haber tenido un trasfondo similar en torno de soluciones a problemas globales de otra institución sagrada como la Iglesia Católica, pero este sí es otro cantar.
El prestigioso diario económico de la City londinense agrega un clarísimo testimonio de Ed Gerwin, analista de política comercial de Third Way, un think-tank basado en Washington. «Hubo un día en que los EE UU y Europa se sentaban en una habitación a decir: ‘Este es nuestro hombre’, y nadie más tenía ni voz ni voto significativo en el proceso. Esto sin duda ha cambiado y es una buena cosa», reflexiona Gerwin, para explayarse finalmente: «Si realmente queremos someter el comercio basado en normas a todo el mundo, todo el mundo tiene que sentir que están implicados en el proceso.»
El vicepresidente chino, Li Yuanchao, llega al país en su primera gira al exterior, que incluye a Venezuela y debiera leerse como un avance estratégico hacia la consolidación de nuevos bloques de poder. Si algo saben las nuevas autoridades del gigante asiático –socio de Brasil en el grupo BRICS– es para dónde soplan los vientos.
Sería interesante que las derechas latinoamericanas también percibieran estas corrientes, porque pueden ser brisas que no amenazan con erosionarlos, pero cada vez levantan más polvareda.
Tiempo Argentino, 13 de Mayo de 2013
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