por Alberto López Girondo | Nov 20, 2022 | Sin categoría
El resultado de las elecciones de medio término está acomodando los tantos en el escenario político de EEUU. El jueves se confirmó que los republicanos controlarán la Cámara baja, al haber conseguido 218 bancas sobre 435 escaños. No tanto como esperaban, pero suficientes como para estar en condiciones de nominar a Kevin McCarthy como speaker, presidente de la Cámara, en rigor el tercer personaje en la lista de sucesión presidencial. En el Senado, mientras tanto, los demócratas pudieron mantener el control. Quedaron 50 senadores para cada partido pero el oficialismo tiene el voto adicional -en caso de necesidad- de la vicepresidente Kamala Harris.
El martes, el expresidente Donald Trump había confirmado que se piensa postular para un nuevo mandato en 2024. Venia advirtiendo que “algo grande” iba a anunciar ese día en una estrategia que sonaba a apurar al partido republicano ante un triunfo aplastante en el comicio del 8N. De todas maneras salió al ruedo cuando en su partido todavía están orejeando las cartas y por ahora el único que aparece como competidor fuerte es el gobernador de Florida, Ron DeSantis.
Este fin de semana los republicanos se reunirán en Las Vegas en su encuentro anual para delimitar futuras estrategias electorales. Y Trump presionó y lo agregaron a la lista de oradores a último momento. Participará en videoconferencia y se supone que desplegara un discurso agresivo en función de la ofensiva del gobierno y el poder judicial en su contra. Se cruzará con DeSantis, el expresidente Mike Pence y el exsecretario de Estado, Mike Pompeo.
Desde Washington a todo esto, el departamento de Justicia, envalentonado por la elección legislativa, nombró a un fiscal independiente “para supervisar las investigaciones penales sobre Donald Trump”. El secretario de Justicia, Merrick Garland dijo que la persona elegida fue Jack Smith, hasta hace poco fiscal jefe y encargado de investigar los crímenes de guerra de Kosovo en el tribunal de La Haya.
Trump es investigado por guardar documentos gubernamentales descubiertos por el FBI en su mansión Mar-a-Lago, de Florida, y como responsable del asalto del 6 de enero de 2021 al Capitolio de Estados Unidos.
«En base a los últimos hechos, incluido el anuncio del expresidente de que es candidato a la presidencia (…) y la intención declarada del presidente en funciones de ser también candidato, llegué a la conclusión de que es de interés público nombrar un abogado especial», dijo Garland, que como titular de Justicia es el jefe de los fiscales de Estados Unidos.
«He pasado por esto durante seis años», se defendió Trump ante Fox News Digital, un canal amigo. «Es inaceptable. Es tan injusta. Es tan política» esta decisión, agregó. Otro que aparece como amigo, el nuevo dueño de Twitter, Elon Musk, que en la campaña había mostrado su cercanía con el expresidente, ahora lanzó en la red del pajarito una encuesta para que los usuarios determinen si se le debe restituir la cuenta que a raíz de los incidentes del 6E se le había anulado a Trump. Al cierre de esta edición había 10.383.537 votos emitidos y el 52,3% a favor de devolverle la cuenta.
Tiempo Argentino, 20 de Noviembre de 2022
por Alberto López Girondo | Oct 2, 2021 | Sin categoría
El presidente de EE UU está acotado por los demócratas “moderados” y el ala progresista. Unos piden austeridad; los otros, cumplir con las promesas.
Joe Biden confía en que sus proyectos de Infraestructura y Gastos Sociales puedan ser aprobados en el Congreso estadounidense. “No importa si en seis minutos, seis días o seis semanas, pero lo haremos”, dijo a la salida de un cónclave con sus correligionarios en el Capitolio. Y seguramente logrará atravesar los escollos que se le presentan, lo que no puede garantizar es cómo saldrán esas propuestas que hace algunos meses sonaban a revolucionarias en el marco de la cultura bipartidista conservadora que comanda los destinos del país hace décadas. A Biden le está costando más poner en fila a los propios que lidiar con los contrarios.
El ambicioso plan de Infraestructura presentado en abril pasado bajo el nombre de Build Back Better (Reconstruir mejor) destinaba 2,5 billones de dólares en ocho años para inversiones en carreteras y puentes, vías férreas, servicios de agua, banda ancha en todo el territorio e incentivos para nuevas tecnologías respetuosas del medio ambiente. Un plan “peronista”, lo tildaron algunos.
El primer renuncio en la negociación con los republicanos fue bajar el monto a 1,7 billones en junio. Se podrá decir que la cifra propuesta hace seis meses era para negociar. Lo mismo podría creerse que era la Ley de Gasto Social de 3,5 billones durante una década que tiene como destino la educación, la salud, el bienestar de las familias de menores recursos y el cambio climático que Biden pretende solventar con un incremento en los impuestos a las corporaciones y las élites millonarias.
En un principio se explicó que la Casa Blanca buscaba subir la tasa impositiva para empresas del 21% actual al 28% que tenía en 2017 y que Donald Trump hizo bajar abruptamente. Ahora Biden se conformaría con un 15% sobre los ingresos contables que se reportan a los inversores, según la vocera Jen Psaki, quien aseguró que de todas maneras el mandatario tratará de llegar al 28% porque “piensa que las corporaciones pueden permitirse pagar más”.
Sucede que dentro del Partido Demócrata fue creciendo un ala progresista entre los que descuellan un puñado de legisladoras de origen inmigrante que tienen como faro a la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, pero fundamentalmente a su par de Vermont, Bernie Sanders, quien lleva la voz cantante. Fue precandidato a presidente y resignó su disputa con Biden en 2020 a cambio de un programa de cambios que ahora pretende que se cumpla.
Sanders, la representante por Washington Pramila Jayapal y la neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez salieron al ruedo para explicar por qué rechazaban la estrategia de la líder demócrata en el Congreso Nancy Pelosi de votar Infraestructura y Gasto Social récord de manera separada. No querían que se tratara el primero si antes no se votaba el segundo, para no caer en viejas trampas legislativas. Parecía una jugada arriesgada, pero así lo explicó el veterano senador, que se declara socialista: “Creo que es absolutamente imperativo que enfrentemos la amenaza existencial del cambio climático, que bajemos el costo de los medicamentos recetados, que nos aseguremos de que las personas mayores puedan masticar sus alimentos porque ampliamos Medicare al cuidado dental, audífonos y anteojos, es inaceptable que tengamos medio millón de personas durmiendo en las calles de Estados Unidos porque tenemos una gran crisis de vivienda”.
Dentro del partido hay un ala que los medios denominan “moderada” y que en este caso se expresa a través de los senadores Kristen Sinema y Joe Manchin. Ella, de Arizona; él, de Virginia Occidental. Manchin dice que se opone al plan de 3,5 billones porque está en contra de la “mentalidad de asistencialismo”. Sinema también muestra “preocupación” porque considera que los gastos sociales son “exorbitantes” y que conllevan un crecimiento de la inflación. “Estoy con 1,5 billones en gastos” se plantó Manchin.
El paquete debía votarse este viernes en la Cámara Baja –en Senadores fue aprobado con algunas reformas–, como pretendía Pelosi, pero tuvieron que bajarla del debate para no sacar los trapos sucios a relucir en un momento en que, además, la imagen de Biden viene en picada tras la desastrosa salida de Afganistán.
Por otro lado, esta semana la Casa Blanca enfrentaba otro desafío como la posibilidad de un cierre de la administración por falta de presupuesto. Contrarreloj –”cortando clavos se diría en estos lares”–, el oficialismo logró aprobar un aumento en el techo de la deuda hasta diciembre y “vamos viendo”. Los republicanos, en tanto, disfrutan desde las gradas cómo los demócratas se cuecen en su salsa.
Tiempo Argentino, 2 de Octubre de 2021
por Alberto López Girondo | Oct 2, 2021 | Sin categoría
Una película de 2004 dirigida por Sergio Arau puede ilustrar la realidad que están viviendo el Reino Unido en estos días. En Un día sin mexicanos, el director azteca ilustra en clave de humor lo que sucedería en California si de un día para el otro desaparecieron misteriosamente los latinos. Y cómo ese fenómeno afectaría a la economía del estado más rico de EE UU. Algo parecido están comprobando los británicos.
Ya van varios días sin los europeos que hacían el trabajo que no hacen incluso que desprecian- los nativos de las islas. Y se siente en la vida cotidiana con la falta de combustible, de provisiones en los supermercados, pero también en las cosechas y trabajos de cuidado que hacían gente de Portugal, de Rumania, de Polonia, de Grecia, de Eslovaquia. Y también inmigrantes de países extracomunitarios que habían logrado obtener pasaporte de la Unión Europea y que Brexit mediante, ahora resultan haber sido esenciales, pero no habían registrado ese pequeño detalle.
La crisis es de tal magnitud que la cámara británica de procesadores de carne alertó sobre la falta de mano de obra en ese rubro que haría peligrar las tradiciones navideñas. “Deberíamos haber empezado a producir alimentos navideños en junio o julio, pero hasta ahora no lo hemos hecho y habrá escasez de productos festivos, como las salchichas enrolladas en tocino”, dicen los empresarios en un artículo del diario The Times. Hacen falta al menos 15.000 carniceros, pero aunque lleguen en estos días, las fiestas ya no serán igual.
A todo esto se le puede agregar -aunque no es claro que esta también sea una consecuencia del divorcio de Europa- el aumento en las tarifas del gas y la electricidad, que trepan desde este 1 de octubre un 12% en el marco de una crisis en el sector que ya dejó un tendal de diez compañías quebradas en este año. En relación con el año pasado, los precios del gas subieron alrededor del 300%, según destaca un cable de la agencia Sputnik.
Entre los daños colaterales al Brexit, una decisión tomada en un referéndum que ahora los mismos votantes se cuestionan, están las relaciones con los países de la comunidad europea. Con España queda pendiente la cuestión de Gibraltar, una posesión británica desde 1713 que reclama Madrid y que hasta ahora estaba bajo el paraguas de la UE. Por el momento, los españoles aceptaron ceder a la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex) la vigilancia de ese paso. Londres no quería que el control quedara en manos españolas y desde Bruselas le dieron el visto bueno.
Con los franceses hay otra cuestión pendiente. Sucede que con el Brexit la pesca en aguas británicas se debe negociar con Londres y las normas no son las mismas, además de que los pescadores galos resultan perjudicados por medidas proteccionistas británicas. Este martes el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales de Gran Bretaña informó haber otorgado licencias de pesca para 1700 buques comunitarios. Los franceses pidieron 47 permisos para buques de hasta 12 metros de largo y recibieron solo 12. Las aguas, para nada están calmas en el canal de la Mancha. Mientras tanto, en Europa toman medidas para apoyar a las regiones o los sectores más afectados por la salida del Reino Unido con un fondo de 5.000 millones de euros.
Más allá de estas cuestiones, ahora en Europa descubren el objetivo de las últimas movidas de Boris Johnson a nivel global, como la formación de AUKUS, junto con Australia y Estados Unidos, para contrarrestar la influencia de China en la región Indo-Pacifico.
El expresidente del gobierno español José María Aznar dijo en un encuentro de dirigentes conservadores hispanoamericanos: “el AUKUS sin la UE es una alianza claramente anglosajona y significa también desde el punto de vista europeo un triunfo de aquellos partidarios duros del Brexit. Es decir ‘podemos prescindir de la UE porque somos capaces de organizar alianzas con el mundo anglosajón’“.
Aznar descubrió que con Joe Biden tanto como con Donald Trump, el Brexit y el AUKUS son dos caras de la misma moneda.
Tiempo Argentino, 2 de Octubre de 2021
por Alberto López Girondo | Sep 18, 2021 | Sin categoría
Cuando aún no cerraron las heridas por el desastroso final de la guerra en Afganistán, Estados Unidos y Gran Bretaña junto con Australia anunciaron la creación de una entente que busca aunar esfuerzos en “cibercapacidades, inteligencia artificial, tecnologías cuánticas y capacidades submarinas adicionales”. No lo menciona pero es un pacto tecnológico militar contra China que provocó de una movida dejó desairados no solo a Beijing sino también a Francia y la Unión Europea, que aseguran haberse enterado de lo que estaban pergeñando los tres gobiernos el día del anuncio. Para peor, el acuerdo implica la compra de submarinos nucleares elaborados en EE UU y romper contratos con proveedores franceses por una cifra superior a los 65 mil millones de euros.
De “puñalada a traición”, calificó el canciller galo, Jean-Yves Le Drian al pacto llamado AUKUS, por el acrónimo en inglés de los tres integrantes. Para manifestar el enojo incluso suspendieron una gala anunciada en la embajada de Francia en Washington para este sábado. La UE, a su vez, adelantó la presentación de un plan estratégico para la región Indo-Pacífico (ver aparte), la zona de mayor crecimiento del planeta y el centro de gravedad para la economía del futuro.
No es la primera alianza que emprende Washington con los países anglosajones en lo que muchos analistas definen como el “Imperio Angloestadounidense”. Al fin de la Segunda Guerra Mundial se creó el UKUSA, por las siglas en inglés de Acuerdo EEUU Reino Unido. Lo conformaron los países más desarrollados del Commonwealth, (Canadá, Australia y Nueva Zelanda con Gran Bretaña y EE UU). El propósito era el espionaje y el control global. El sistema es conocido por el muy adecuado nombre de Five Eyes (Cinco Ojos) o la sigla FVEY, y si bien tenía como propósito vigilar los movimientos de la Unión Soviética y sus aliados, sobrevivió a la URSS como reveló en 2013 el analista Edward Snowden, exiliado ahora en Rusia.
La noticia de la creación de AUKUS cayó muy mal en Beijing, que alertó sobre las consecuencias para el tráfico por los mares por donde circula gran parte de la producción china. “La cooperación entre Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia en materia de submarinos nucleares socava de manera grave la paz y la estabilidad regionales, intensifica la carrera armamentística y compromete los esfuerzos internacionales de no proliferación nuclear”, declaró el vocero de la cancillería china, Zhao Lijian. Para la embajada china en EEUU, el hecho es “irresponsable” y propio de una “mentalidad de Guerra Fría”.
El secretario de Defensa británico, Ben Wallace, pretendió ser ingenioso con un juego de palabras como respuesta. “Probablemente sea una visión de la Guerra Fría describirla como una Guerra Fría”, para replicar que China se “está embarcando en uno de los mayores gastos militares de su historia”. Según la ONG sueca SIPRI, que recolecta información verificable sobre armamentismo mundial, en 2020 China destinó 1,9% más de dinero a la defensa, con un total de 252 mil millones de dólares. En ese período, EEUU declaró 778 mil millones, el Reino Unido 59.200 y Australia 27.500.
Otro gobierno que protestó fue el de Nueza Zelanda, tradicional aliado de los países occidentales y aún socio en Five Eyes. La primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, aseguró que impedirá el ingreso de submarinos en cuestión a aguas territoriales de su país, de acuerdo a la política antinuclear adoptada por el país en 1980.
Por lo pronto, Australia va a recibir 8 submarinos con tecnología estadounidense y propulsión nuclear, que no llevarán armamento atómico sino convencional, aunque eso nunca se sabe. La ventaja de una nave de estas características es que pueden permanecer bajo de la superficie varias semanas, en contraposición a los actuales submarinos diésel eléctricos, que además, son extremadamente ruidosos y detectables con equipos de sonar. El secretario de Estado Antony Blinken intentó calmar a los socios europeos y aseguró que estaban informados desde hace semanas de que se venía el AUKUS. Tanto Paris como Bruselas lo desmintieron y el ministro de Exteriores francés no se cuidó de ocultar su ira ante una decisión “unilateral, brutal e imprevisible” que comparó con los desplantes de Donald Trump. “Eso no se hace entre aliados”, siguió quejándose Le Drian. Para peor, desde Australia deslizaron que las naves francesas eran de menor calidad.
Tiempo Argentino, 18 de Septiembre de 2021
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