por Alberto López Girondo | Abr 16, 2016 | Sin categoría
Pedro Brieger es sinónimo de análisis profundo de la política internacional. Lo saben los lectores de Acción por las columnas publicadas en cada número de la revista. Fue la cara visible en esa materia en el noticiero de Canal 7 durante los últimos 12 años, donde además conducía, junto con Raúl Dellatorre y Telma Luzzani, el programa Visión 7 internacional. Pero ya no estará en pantalla, al menos en los noticieros, donde su perspectiva era un punto de referencia para miles de espectadores, y aún no queda claro qué piensan hacer las autoridades con el espacio sabatino, donde ya no estará el trío. ¿La razón? El ministro de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, dijo que tiene una «visión muy sesgada y claramente queremos cambiar eso». El mismo funcionario se encargó de señalar que por «razones de austeridad» y de perfil político, Argentina se retira de Telesur. Dos señales en un mismo sentido, si bien se lo mira.
–¿Cómo es su situación en los medios públicos?
–Estuve en el noticiero central de la Televisión Pública (tvp) durante los últimos 12 años y obtuve dos premios Martin Fierro por mis columnas de política internacional. Conmigo se puso en contacto una persona que me dijo que no iba a estar más en la radio ni en el noticiero, luego me confirmaron oficialmente que el programa de los sábados también sería retirado de pantalla. En Radio Nacional sigo pero en un espacio muy acotado del noticiero. Un miércoles a la noche, Hernán Lombardi en el programa Intratables confirmó la noticia y luego interpeló a quienes le preguntaron: «¿Ustedes vieron los noticieros de la tvp en temas internacionales?, tiene una visión muy sesgada y claramente queremos cambiar eso». Soy la cara pública de los noticieros en temas internacionales, entonces cuando dice que es una opinión muy sesgada se refiere claramente a mí. Sesgado es una palabra muy peyorativa. Podría usarse la palabra subjetivo pero no sesgado. La suya también es una opinión sesgada.
–¿Diría que están usando esa palabra para estigmatizar a los periodistas que no piensan como ellos?
–Exactamente. Porque estamos tratando con gente que sabe la significación de las palabras y sesgado es una palabra despectiva, peyorativa. Yo sigo esperando la reunión para entender qué es lo que quieren. Sigo sin saberlo aunque lo que creo es que no quieren más política internacional en los noticieros. Y decidí hablar luego de escuchar a Lombardi, porque mucha gente me preguntaba y, por una cuestión de ética, esperé una segunda reunión. Me tomé 24 horas antes de hacer pública la situación, pero yo me debo a la gente que me escucha hace 12 años y entonces decidí contarles la verdad desde el noticiero, porque no sabía cuánto más iba a estar ahí.
–¿Qué opina de la política comunicacional del macrismo? El gobierno se retiró de Telesur y el canal ya no está en la grilla de los principales operadores.
–Veo una paradoja: el gobierno dice que quiere insertarse en el mundo y al que hace tantos años habla en horario central de política internacional lo quieren sacar. No conozco pormenores del acuerdo con Telesur, pero es claro que es una voz disonante con las nuevas autoridades. Telesur es un canal que apunta a la información regional y mostró las luchas populares que no son del agrado de este gobierno. Además, políticos del oficialismo se mostraron en apoyo de la oposición venezolana. Yo creo que en este caso, uno más uno es dos.
–¿Cuál sería entonces la razón para acallar esas voces?
–Me imagino que si la política del gobierno es la misma receta que se esta aplicando en España y que ha dejado más de cinco millones desocupados y más del 50% de los jóvenes sin trabajo y uno lo cuenta, no es algo que les guste demasiado. Si uno explica que mucho de lo que sucede en Grecia se asocia a la situación ocurrida en la Argentina desde los 90 y hasta 2001, se puede pensar que no quieren que se visibilice. Nosotros en la tvp hemos mostrado mucho la situación en Grecia, adonde viajé dos veces, hemos hablado de la situación de España, también lo hizo Telesur, entonces me imagino que preferirán mostrar otra cosas.
–Que no se sepa lo que ocurre.
–Que no se sepa de la crisis en España, en Portugal, en Grecia. En la tvp le hemos dado mucho espacio a esos temas. Alguien me decía que el tema Syriza (el partido que llevó al poder a Alexis Tsipras en Grecia) lo traje yo a la televisión; que el tema del partido español Podemos lo traje yo. No sé si es del todo exacto, pero que le di visibilidad, no cabe la menor duda. Está claro que le di visibilidad a sectores políticos que al gobierno no le gusta mostrar. Cuando fue la Revuelta de los Forajidos en Ecuador en contra de Lucio Gutiérrez (año 2005), que estaba aplicando políticas neoliberales, nosotros sacamos en vivo en el noticiero central de la tvp a los que se movilizaban en las calles. Probablemente la conducción actual del canal no lo haría.
–En España, por primera vez no pudieron formar gobierno y la irrupción de Podemos tiene mucho que ver con eso. En Grecia, Syriza llegó al poder pero finalmente dejó de lado muchos de sus postulados. ¿Qué se puede decir de esto?
–Tsipras reculó, es cierto. Y creo que la situación en España es incierta, es muy difícil saber si se va a nuevas elecciones el 26 de junio. También es cierto que el gobierno de Mauricio Macri sigue en muchos aspectos las políticas de Mariano Rajoy con el Partido Popular (pp).
–De hecho algunas de las fundaciones que sustentan el pensamiento del PP tienen fuertes vínculos con Macri y el PRO.
–Uno puede trazar un nexo también entre los políticos conservadores europeos y Álvaro Uribe (expresidente colombiano), que se opone a los acuerdos de paz en Colombia. Es un hecho muy positivo el rol de Cuba y de Venezuela en esa mesa de diálogo. Nosotros visibilizamos que Uribe estaba y está en contra del proceso de paz.
–El caso de Colombia está en terreno de definiciones, pero los gobiernos progresistas de América Latina viven momentos críticos.
–Respecto de Colombia, me parece que la gran apuesta del presidente Juan Manuel Santos es pacificar el país e integrar a las organizaciones guerrilleras a la vida política para acabar con un conflicto que tiene más de 50 años. Esto choca con muchos intereses de las fuerzas armadas, intereses económicos, de centros vinculados con el negocio del armamento. Esta gran apuesta la puede hacer porque tiene el apoyo de Venezuela y de Cuba y eso implica integrar Venezuela y Cuba a la región, algo que choca con la política de ee.uu. Washington preferiría tener una voz mucho más importante en las negociaciones en Colombia. Pero es claro que la corriente progresista en el más amplio sentido de la palabra ha tenido y tiene un rol fundamental para el proceso de paz en Colombia.
–¿Cómo analiza la situación de Venezuela?
–El gobierno de Nicolás Maduro enfrenta muy serios problemas. Muchos de ellos tienen que ver con la guerra que le han hecho la oposición y ee.uu., pero también hay problemas que ellos no han logrado resolver y ahora pagan las consecuencias. El triunfo electoral de la oposición muestra esto y ahora la pelota está en su campo, porque hay que ver si logran impulsar el referendo revocatorio y derrocar a Maduro. Primero tienen que conseguir las firmas necesarias y luego hay que conseguir los votos y convocar a elecciones.
–¿Y Brasil?
–Lo que vemos allí es una ofensiva en contra de un gobierno que forma parte de esta corriente progresista donde me parece que hay un elemento en común en la región y es que los sectores que históricamente controlaron estos países no toleran que tome fuerza un discurso a favor de las grandes mayorías, los más pobres, la inclusión. En Brasil es clarísimo: por más que Lula y Dilma Rousseff apliquen políticas neoliberales quieren derrocarlos. Para decirlo en lenguaje muy argentino, Lula y Dilma no son del palo. Aunque pongan a un economista neoliberal al frente de Hacienda, para la mayoría de la población Lula sigue implicando inclusión de negros, de pobres, de marginados, que por primera vez en la historia sienten que encuentran un lugar. La política es compleja, no es solamente la aplicación de determinadas recetas económicas.
–En Bolivia sorprendió el resultado del referendo.
–Un gran problema que tienen los procesos de cambio en América Latina es que están liderados por personalidades muy fuertes y muy difíciles de reemplazar. Es muy fácil hablar de alternancia, pero las figuras fuertes son irremplazables. Suceder a alguien como Hugo Chávez no es fácil, suceder a alguien como Evo Morales no lo es, como tampoco lo es con Rafael Correa. Lula encontró una fórmula que parecía exitosa: inventar a alguien. No lo digo despectivamente pero Dilma Rousseff fue la elección de Lula, el partido no la quería. Ahora se ve que no alcanzó y retorna Lula. Los grandes medios de comunicación insisten en este tema respecto de los gobiernos populares. Pero nadie se rasga las vestiduras por los años que estuvo en el poder Felipe González o Angela Merkel.
–Todo cambió después de Franklin Roosevelt, para que no volviera un populista a gobernar en EE.UU.
–Claro. Y cuando en América Latina se plantea la reelección de un mandatario popular estos sectores ponen el grito en el cielo, se plantea que eso es autoritarismo y esto cala en gran parte de la población. Por otro lado, el tema de la corrupción tiene mayor visibilidad, con lo que hay un cóctel explosivo que sufren casi todos los partidos políticos.
–Y al mismo tiempo hay un problema con los partidos populares que en ocasiones recurren a zonas oscuras de la economía y de la política.
–Es cierto. Muchos de los gobiernos progresistas han establecido vínculos con empresarios corruptos especialmente en medios de comunicación, a sabiendas de que se metían en un problema, pero aparecían como aquellos que los podían apoyar y contrabalancear la hegemonía mediática. Y muchos quedaron atrapados en esto, no solo en el tema comunicacional.
–A Lula lo acusaron de haber llevado en aviones oficiales a empresarios para que hagan negocios.
–Todos los gobiernos tratan de exportar y de llevar a sus empresas nacionales a todos los rincones del planeta para que hagan negocios. Lo hacen todos, el tema es si eso indica corrupción o favorecer a unos en desmedro de otros. Para mí no es condenable ni implica que el presidente está recibiendo una dádiva por llevar a un empresas determinada a hacer negocios. Lo cierto es que hay algo que no está resuelto y excede mi capacidad de análisis sobre la relación del mundo empresarial y gobierno en todo el mundo.
–No es un tema exclusivo de los países de la región como sostiene cierta prensa.
–Exactamente. Los alemanes, que tantas veces se presentan como los más honestos, han estado involucrados con muchas de sus empresas en escándalos de corrupción. Ni que hablar de la historia nefasta de empresas privadas vinculadas con los campos de concentración. Pero el caso es que en los gobiernos progresistas eso es un problema, porque ¿con quién hace negocios un gobierno? Y…con los que están.
Múltiples identidades
–¿Cómo fue que, siendo sociólogo, se interesó por la política internacional?
–Tiene mucho que ver con mi historia familiar. Mis padres escaparon del nazismo, por lo tanto desde la vivencia personal lo internacional –aunque no dicho de esta manera– estuvo en mi casa desde mi nacimiento. Nací en la Argentina pero en mi casa primero se hablaba alemán, el castellano lo aprendí después. Lo alemán, lo judío, Europa, tuvieron un vínculo muy fuerte conmigo. Crecí en un ámbito latinoamericano en la década del 60 y principios del 70. La revolución cubana y el proceso de Salvador Allende en Chile me influyeron mucho. Después, por motivos personales, me fui a vivir a Israel, donde estuve 11 años, lo que me dio una visión muy amplia del espectro del mundo. Me fui a Israel no exiliado de la dictadura, me fui en 1973 porque quería vivir esa experiencia. Y estar parado en el Oriente Medio, en un lugar que es el cruce de civilizaciones, fue determinante. Me metí de lleno en lo que pasaba en el mundo árabe y fui absorbiendo culturas y lo internacional se fue introduciendo en mi carne profundamente. Volví a fines del 84 y recuperé mis raíces latinoamericanas. Pero al poco tiempo vuelve a irrumpir Oriente Medio cuando Saddam Hussein invadió Kuwait (en 1990) y debí seguir esos temas. También tengo un vínculo muy particular con España que se fue dando con los años, sin tener sangre española. Pero lo español forma parte de nuestra identidad y yo tengo múltiples identidades. Madrid y Barcelona, Andalucía, son nuestras. Tengo una visión muy cosmopolita que tiene que ver con mis raíces. Podría vivir mañana en Tailandia y me pondría a aprender tailandés.
–¿Cuantos idiomas sabe?
–Bien, hablo cinco, en otros me manejo. Me manejo con el italiano o el portugués pero no soy tan arrogante para decir que lo hablo. No daría una conferencia en portugués y sí lo podría hacer en francés. Estudié chino y árabe en varias oportunidades. Pero no es cierto eso que se dice por ahí que hablo once idiomas, a esa cifra no llego ni con los idiomas que estudié.
Revista Acción
Abril 15 de 2016
La foto es de Horacio Paone
por Alberto López Girondo | Jul 19, 2015 | Sin categoría
Doctorado en la Universidad de Stranford, tres veces becario Fulbright y docente en varias instituciones del Norte, James Cockcroft afirma que aprendió mucho más en 1956 en las calles de Cuba, donde coincidió con la llegada del mítico Granma y fue detenido por la policía de Batista porque lo creyó un agente de la guerrilla. Ese momento dramático le sirvió para saber lo que ocurría en la isla y también para aprender el idioma y la historia de los pueblos latinoamericanos. Un derrotero que lo llevó a enfrentarse al macartismo en su propio país, del que tuvo que emigrar para no ser perseguido. Ahora vive en Canadá, recorre asiduamente la región y lleva ya escritos 50 libros, lo que le permitió mantenerse económicamente cuando los claustros universitarios se le cerraban. En su paso por Buenos Aires en el marco de la Red de Intelectuales por la Humanidad contó a este diario cómo ve las cosas en la región, a horas de que EE UU y Cuba reabran sus embajadas, tras más de medio siglo de congelamiento de relaciones.
-¿A qué atribuye este acercamiento de Obama con Cuba?
-El 17 de diciembre de 2014, un día histórico, Obama dijo que había entendido que Estados Unidos se había aislado a sí mismo en este medio siglo de bloqueo a Cuba y que era momento de comenzar una nueva etapa de relaciones amistosas. Pero a la vez implementó más sanciones a Venezuela y la declaró una amenaza a la seguridad estadounidense, eso hay que tenerlo en cuenta. De todas maneras hay que decir que las clases dominantes de EE UU se dieron cuenta de que se pierden oportunidades de comerciar con la isla y de explotar el petróleo de Cuba, que lo tiene. Obama también apeló a esta estrategia económica.
-Pero también son otros tiempos en la región, ¿no?
-Es cierto que son otros tiempos, y hubo una reacción de las bases y de los gobiernos y ya sabemos lo que pasó en la Cumbre de Panamá. Fue Martí quien tuvo una visión de que los americanos del sur debían unirse para poder responder ante los del norte. Para poder construir Nuestra América sin diferencias. Para esto es importante el papel de los movimientos sociales, gracias a los cuales a la región llegó una democracia limitada. Pero esa lucha permitió la llegada de Hugo Chávez y luego la unificación de los estados, un proceso desigual pero indetenible. De ahí con este cambio de estrategia del imperialismo del norte, que había practicado el terrorismo con miles de muertos, 3400 por lo menos, y miles de heridos y discapacitados.
-Obama tuvo mucho consenso cuando lo eligieron en 2008 como una esperanza de cambio tras varias décadas de neoliberalismo. ¿Qué pasó luego, o siempre fue un bluff?
-Siempre fue un bluff, como lo es cualquier candidato que venga de los partidos políticos. En Estados Unidos un candidato debe pasar una prueba, una investigación, por parte de la clase dominante. Alguno de esos nombres son del establishment conocido y la mayor parte no, como un comité ejecutivo no oficial. Es secreto, pero todo el mundo que estudia la historia de las elecciones en Estados Unidos se da cuenta de eso. Hay una expresión: «Hay que pasar la inspección.» Significa ser aprobado como persona en quien la clase dominante puede confiar. Desde el principio muchos de nosotros nos dimos cuenta de que todos son finalmente un bluff, pero muchos apoyaron con su voto dos veces a Obama. Porque era el menor de los males. La primera vez porque creyeron el 10% de su promesas pero en la segunda… En todo caso Obama es un producto de los grandes poderes económicos, de las compañías de seguros, representa todo lo malo de liberalismo. Con la crisis de 2008 secuestró el dinero nuestro y salvó a los grandes bancos y no salvó al pueblo. Él apoya los Derechos Humanos en todo el mundo pero no los tenemos en EE UU. Obama dice que las relaciones con América Latina nunca han sido mejores pero lo dice ahora cuando sucedió la derrota en la cumbre de Panamá. Yo creo que en la segunda elección votaron a Obama como el menor de los males, sí, y también porque pensaban que podía usar su lugar para ciertas áreas de interés común como la salud, de la comunidad negra, pero todos los han criticado por su fracaso en cumplir con sus promesas de cambio. Muchos atacan a Obama por ser un presidente negro por adentro pero blanco para afuera.
-¿Por qué no hay un progresismo influyente en EE UU?
-Desde hace muchos años el partido Demócrata está secuestrado por el ala derecha. En los ’50 y ’60, durante la guerra fría, aún en esa época de macartismo y persecuciones, el Partido Comunista de Estados Unidos apoyó a los demócratas, pero el ala izquierda no existe más, ahora todo está bajo la mirada del neoliberalismo. Hay dos candidatos principales en las próximas elecciones que podríamos decir progresistas, que son el senador independiente de Vermont, Andrews Sanders, autoproclamado socialista, y senadora por Massachussetts Elizabeth Warren, una mujer que tiene ideas no de izquierda pero sí a la izquierda de Obama. Pero no la tienen fácil. Aparte de que es imposible pasar las primarias con un discurso progresista.
-Entre los candidatos republicanos hay dos hispanoparlantes (Ted Cruz y Marco Rubio) y la esposa de otro (Jeb Bush) es mexicana, pero ninguno representa a estos momentos de América Latina. ¿Qué pasa con la cultura en Estados Unidos?
-Están aprendiendo aceleradamente a hablar en castellano (risas). Tú sabes que los blancos serán una minoría de la población dentro de 20 años. Hay un sistema electoral de racismo y aislamiento de minorías de color por parte del resto de la sociedad-y por ley en algunos casos todavía-, sobretodo con los migrantes latinoamericanos y la comunidad árabe, sean islámicos o no. Todo ese sistema de control se fortalece con el Tea Party y la ultraderecha y con ciertos sectores conservadores en el mismo Partido Demócrata. Y esta ultraderecha no se limita al Tea Party, incluye a sectores medios y aprovecha el reclutamiento de gente pobre, de distintas comunidades, para decir tenemos negros, tenemos hispanos, somos lo bueno para el país. «
La trampa de la llamada «sociedad civil»
«Hay que tener cuidado en estos momentos con un concepto que circula», advierte James Cockcroft, «como es el de ‘sociedad civil’. Acuérdate de los encuentros de los más ricos del mundo en Davos y cómo reaccionaron ante una serie de protestas en las calles y luego al nacimiento de los foros sociales mundiales. Trataron de atraer a todos los movimientos sociales de la llamada sociedad civil. Sucede que en Davos se dan cuenta de que ya nadie les cree y que Davos está muerta y que ese consenso tampoco funciona en los estados donde dominan los ricos. Pero tampoco funciona el militarismo en todo el planeta ni el espionaje a cada ciudadano o gobierno como se reveló. Se dan cuenta de que crecen los movimientos sociales, que crece el Mercosur, Petrocaribe, la Celac. Y entonces decidieron detrás de escena -hay mucho escrito sobre esto- continuar apoyando a las ONG, los programas de Usaid, Free for Democracy, Ned, para penetrar, cooptar, pagar a movimientos sociales y extender toda esa ofensiva a la sociedad civil. En el caso de América Latina, el Banco Mundial dijo que hay que invertir en los pobres y eso fue una trampa para incorporar a los pobres a un sistema de producción con mano de obra barata. Ese tipo de programa mentiroso se encuentra en toda la sociedad civil. Todo se llama sociedad civil. Cuidado con esto.»
«En mi país he sido declarado como un gringo antigringo»
–Usted se tuvo que exiliar a Canadá, ¿verdad?
–Nací en Estados Unidos (hace 80 años, NdR), pero como muchos estadounidenses del tiempo de la Guerra Fría tuve que escapar por la falta de libertad de expresión, del racismo y del sexismo que veía por todas partes. He sido declarado como gringo antigringo.
–¿Qué consecuencias le trajo su actitud política?
–Muchas consecuencias. Hubo dos macartismos, uno de los ’50 y otro del ’68, de los ’70 que sigue hasta ahora. Los luchadores intelectuales y no activistas sobrevivieron a la persecución. Yo lo experimenté porque fui activista, pero logré algunas posiciones durante todos aquellos años de los ’70 y ’80. Logré ser miembro de una de las facultades de sociología más reconocida en todo el país, donde se llegó a enseñar a teóricos marxistas o de otras tendencias, la Rutgers University de Nueva Jersey. Éramos un puñado de profesores que sufríamos presiones, cada año trataron de echarme y activistas de movimientos sociales me defendieron. Finalmente el abogado del sindicato de profesores me propuso aceptar un arreglo económico y renunciar para mantener mi reputación. Con otro compañero también harto de la persecución escribimos libros. Desde entonces recibí invitaciones para ser profesor visitante distinguido en facultades de EE UU y de otras del mundo, incluso América Latina y Europa. Para defenderme económicamente tuve que escribir, soy autor de 50 libros.
–¿Cómo se interesó por América Latina?
–Yo era un joven, digamos, rebelde, poeta además. Estaba de turista en Cuba, en un pequeño pueblo del Oriente, cerca de Santiago. Habían pasado unas pocas semanas de la llegada del Granma, el histórico barco donde llegaron Fidel y sus compañeros. Yo no sabía ni una palabra de español y no sabía que hubo una rebelión, ni que había estado de sitio, pero cuando vi en los periódicos fotos de jóvenes mutilados por militares y la policía me di cuenta de que algo muy grande estaba pasando. La policía de Batista me detuvo y me puso en una celda toda una noche sin explicación.
-¿Cómo fue?
-Estaba caminando por la calle cuando llegaron a secuestrarme a la cárcel local. Yo no podía defenderme en español pero me soltaron y yo seguí camino a Santiago, donde esta vez me detuvo una patrulla militar. Ellos creían que yo estaba haciendo algún tipo de espionaje para los compañeros de Fidel. Decían que habían matado a todos y que tenían que eliminar a los que quedaban en las calles. Que yo estaba para entregar mensajes a Fidel, lo que era una estupidez. Pero me salvé gracias al pueblo cubano y allí aprendí español pero también la historia de Cuba. La juventud cubana me había recibido como un amigo. Y entonces me dijeron muy secretamente «Fidel vive» y me encomendaron que llevara el mensaje a la comunidad cubana en el Bronx, en Nueva York. Recordé un teléfono y les dije «Fidel vive, la destrucción de la guerrilla es una mentira de la prensa». Me fui a México a escribir mi tesis de doctorado. Así me hice militante y me fui metiendo en las luchas populares. «
Tiempo Argentino Julio 19 de 2015
La foto es de Tiempo Argentino
por Alberto López Girondo | May 5, 2015 | Sin categoría
Si algo dejó la VI Cumbre de las Américas de Panamá fue la comprobación de que Estados Unidos ya no puede imponer su voluntad sobre el resto de los países del continente como solía hacerlo hasta hace 10 años. Lo supo Barack Obama, quien en su último encuentro como mandatario estadounidense debió aceptar no solo que Cuba existe, sino que debía hacerse cargo del reclamo de los gobiernos latinoamericanos para una nueva relación con los vecinos a los que despectivamente su secretario de Estado, John Kerry, todavía llama «patio trasero».
Como una parábola perfecta para el inquilino de la Casa Blanca, en su primera participación en este encuentro de presidentes, en 2009, recibió de Hugo Chávez un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, libro clave de Eduardo Galeano para entender el despojo que durante siglos padecieron los pueblos al sur del Río Bravo. En Panamá, varios de sus colegas le recordaron en diferentes tonos y sin mencionarlo explícitamente que América Latina había cambiado. Como para que la muerte de Galeano, unos días más tarde, sonara a cierre de una etapa que ya parece irreversible para la región.
Esta serie de rondas de jefes de Estado americanos, que comenzó en Miami en 1994 para poner en marcha el proyecto neoliberal expresado en el Consenso de Washington, viró 180 grados en Mar del Plata en 2005. Allí, al enterrar el Área de Comercio de las Américas (ALCA), frente al propio George W. Bush, la integración latinoamericana comenzó a andar.
Hay varios acontecimientos que no se pueden entender sin ese paso inicial. En principio, sería justo preguntarse hasta qué punto la crisis que se desató primero en Estados Unidos y que luego se extendió a Europa no tuvo su origen en la clausura de ese proyecto pensado para beneficio de la economía estadounidense en detrimento de los pueblos latinoamericanos.
Es más evidente, en cambio, que la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) hace 8 años, y luego la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es la consecuencia más directa e irrefutable de este avance. En ambos casos, las organizaciones cumplieron un rol destacado en defensa de la democracia y del estrechamiento de lazos entre los pueblos sin la participación de los países sajones, Estados Unidos y Canadá. Un hecho del que tomaron en cuenta los estrategas de Washington para decidir que Obama diera un paso que los 10 presidentes que lo antecedieron no se atrevieron a dar: sentarse a conversar con el gobierno de la Revolución Cubana para intentar restablecer relaciones diplomáticas.
Esta nueva era convirtió la OEA, el organismo del que había sido expulsada Cuba en 1962, en una cáscara vacía. Lo mismo que las cumbres presidenciales. ¿Qué sentido tiene un encuentro de jefes de Estado de países que poco y nada tienen en común, salvo que comparten la región con la principal potencia económica y militar del planeta?
El sentido se lo dieron en Panamá los líderes regionales que le pusieron al presidente estadounidense «los puntos sobre las íes», como se dice popularmente. Fueron categóricos especialmente Rafael Correa, Daniel Ortega y Evo Morales. Obama se ausentó en dos ocasiones, una cuando Nicolás Maduro le reclamaba por haber calificado a Venezuela como una «amenaza a la seguridad de Estados Unidos». La otra cuando habló Cristina Fernández, que hizo una encendida defensa de la dignidad cubana para soportar el embate norteamericano durante más de 60 años pero que también habló de Malvinas, otra causa latinoamericana contra un aliado de Washington.
A los pocos días, Obama envió al Congreso la recomendación de retirar a Cuba de la lista de naciones patrocinadoras del terrorismo. Y prometió hacer lo necesario para levantar el embargo. No las tiene fácil el presidente de los
Estados Unidos con un Legislativo opositor en el último tramo de su gestión. Sobre todo porque la voz cantante entre los republicanos la tienen representantes extremos del Tea Party, como Marco Rubio y Ted Cruz –precandidatos a suceder a Obama en 2017– e Ileana Ros Lehtinen, de origen cubano.
Se entiende entonces el pedido de Raúl Castro de creer en las buenas intenciones de Obama.
Revista Acción
Mayo 1 de 2015
por Alberto López Girondo | Dic 19, 2014 | Sin categoría
En política internacional –al igual que en la vida en general, aunque esto es más discutible– conviene no creer que las casualidades existen. Durante las últimas semanas fueron corriendo en paralelo un puñado de situaciones que no podrían asociarse al azar. Por un lado, la crisis en la frontera rusa fue generando una serie de sanciones contra el gobierno de Vladimir Putin, al que se acusa de intentar rehacer el imperio zarista. Mientras tanto, persiste el acoso al gobierno de Nicolás Maduro, que también fue sancionado por la administración de Barack Obama por lo que considera una violación de los Derechos Humanos.
En otro tablero de esta partida de ajedrez, el precio del petróleo se seguía desplomando en una operación de la que no es ajena la Casa Blanca, principal apoyo político y militar de Arabia Saudita. Es que la Organización de Países Productores de Petróleo, OPEP, fundada en 1960 a instancias del gobierno venezolano de Rómulo Betancourt, no pudo acordar una reducción en la producción del crudo ante la negativa del reino saudí. Integrada, entre otros, por venezolanos y saudíes, la OPEP cuenta entre sus miembros a países como Libia, Irak, Irán, Ecuador y Nigeria. En 1973, la organización fue clave en la crisis del petróleo que disparó los precios en boca de refinería al doble.
A pesar de las diferencias ideológicas y económicas, durante décadas hubo marcos para el acuerdo entre un rey Abdalá bin Abdelaziz en Riad con un Saddam Hussein en Bagdad, Muhammad Khadafi en Trípoli, los ayatolás en Teherán y hasta un Hugo Chávez en Caracas. Esta vez, la negativa de Arabia Saudita a disminuir la extracción para que los precios no caigan le dio un golpe mortal a la propuesta encabezada por el presidente Nicolás Maduro. La propuesta funcionaría si todos se pliegan, si de las arenas saudíes sigue fluyendo el líquido, además de que no se evitaría la caída se reducirían aún más los precios del principal ingreso venezolano.
Como se entiende, la jugada también perjudica a Irán, Libia e Irak. Pero sucede que en estos dos últimos países hay grupos irregulares (como el EI en el caso iraquí) que venden por su cuenta y sin intervención de ningún Estado establecido. Pero este escenario golpea sobremanera a Rusia, que no integra la OPEP pero es el tercer productor mundial y obtiene del oro negro su principal ingreso, junto con el gas, también devaluado por la caída de precios.
Circula la idea de que la baja tiene como objetivo lesionar el naciente negocio del fracking, con lo cual resultaría a salvo la sospecha sobre Estados Unidos, que se coló entre los top ten productivos precisamente a través de esta nueva técnica en territorio propio. Pero no parece un buen argumento puntual: cualquier dumping es inicialmente una pérdida para el que lo realiza, pero con suficientes espaldas, a la larga destruye a los competidores. Nadie duda del aguante que tiene quien maneje la maquinita de fabricar dólares.
Y aquí viene la otra cuestión: ayer Putin tuvo que salir a señalar que los rusos deberán soportar dos años de crisis por la debacle de la economía. El rublo se desplomó un 30% en lo que va del mes y como el mandatario explicó, la poco diversificada economía de ese país impide evitar una caída semejante porque muchos productos que se podrían elaborar en Rusia deben importarse, y en moneda dura. Para Putin, las sanciones son responsables de esta crisis en parte, y otra parte lo es el derrumbe del precio del petróleo.
La economía venezolana también sufre el embate de esta pérdida en su principal activo, que es el crudo. Hay otro país que hace fuerza por ingresar a las grandes ligas de productores y que sufre las consecuencias de otra crisis que afecta a su empresa de bandera. En Brasil arreciaron estos días las denuncias por corrupción en Petrobras que amenaza a funcionarios del gobierno, opositores y empresarios privados y además, arrastraron a la baja sus acciones a un nivel histórico, a pesar de los yacimientos marinos que multiplicaron sus reservas en los últimos años.
Tras la derrota electoral de los demócratas en la elección de medio término de noviembre pasado, el gobierno de Obama intentó quitarse de encima la resaca a las apuradas. La iniciativa de legalizar a millones de inmigrantes indocumentados fue una, rechazada por la oposición republicana. Los medios más influyentes, léase The New York Times en primer lugar, venían insistiendo en el carácter retrógrado de mantener el bloqueo económico a Cuba, mientras denunciaban operaciones encubiertas a través de la USAID para desestabilizar al gobierno de la revolución.
La frutilla del postre parecía el informe del Senado –todavía controlado por los demócratas– sobre las bárbaras torturas cometidas por la CIA en cárceles ilegales e incluso en Guantánamo. Desde esa base en la isla de Cuba salieron seis presos con rumbo a Montevideo, en el marco de un acuerdo con el gobierno de José Mujica para encontrar dónde llevar a acusados de terrorismo nunca juzgados ni condenados por los delitos por los que estuvieron detenidos. Pero faltaba algo más.
Mujica había pedido a cambio de aceptar a los presos de Guantánamo un gesto de Obama para levantar las sanciones a Cuba, que ya llevan 53 años de vigencia. Parecía un pedido que caería en saco roto. Pero inesperadamente el miércoles, en ¿coincidencia? con el cumpleaños de Jorge Bergoglio y con la sesión en la capital entrerriana de los presidentes del Mercosur, Obama y Raúl Castro anunciaron un intercambio de presos y la apertura de negociaciones para reanudar las relaciones diplomáticas, suspendidas cuando Fidel Castro declaró que Cuba marchaba al socialismo. Por la misma fecha en que un grupo de aventureros con apoyo de la CIA intentaba una invasión a la isla en Playa Girón.
«Estos 50 años de aislamiento no han funcionado, es momento de cambiar de postura. No creo que debamos de hacer lo mismo durante otras cinco décadas y esperar un resultado distinto», dijo Obama en su discurso. Fue una de las tantas frases con las que trató de edulcorar el fracaso de este medio siglo. La política que buscaba aislar a Cuba, reconoció el inquilino de la Casa Blanca, terminó por aislar a Estados Unidos. Las últimas votaciones en la ONU para levantar el bloqueo –188 a favor de Cuba y dos a favor de Estados Unidos– son la prueba más evidente, analizó Obama.
La reunión presidencial de Paraná estalló en alegría. Era un triunfo no solo de los cubanos, que resistieron las peores presiones durante más de cinco décadas, sino de los latinoamericanos, que cada uno a su manera fueron desandando un camino sinuoso iniciado durante los años 60 por dirigencias teñidas de un anticomunismo cerril cuando no de una obsecuencia venal con los mandatos de Washington.
Pero la cumbre del Mercosur no olvidó tras este gesto arriesgado de Obama –los anticastristas antediluvianos abundan en Estados Unidos– de rechazar las sanciones que paralelamente su administración había aprobado contra Venezuela.
Para Cuba se inicia un período de expectativas favorables. La reapertura de relaciones permitirá despejar un flujo de inversiones latentes que se demoraban por las restricciones y las sanciones establecidas en el paquete de leyes que sustentan el bloqueo, y que castigan también a terceros países que negocien con la isla.
Castro aleccionó en su discurso sobre la necesidad de aprender «el arte de la convivencia» entre naciones con perspectivas y sistemas diferentes. Y le aclaró a Obama que lo principal, que es el bloqueo, no está resuelto. Y que tiene cómo sortear lo que seguramente será un rechazo del congreso republicano a levantar la cincuentenaria medida, algo sobre lo que el presidente estadounidense ya había anunciado avances.
Los demócratas, en tanto, despejan el camino hacia la posibilidad de un nuevo período demócrata, en las elecciones de 2016. Con un tercer Bush en la gatera –Jeff, ex gobernador de Florida– el camino de Hillary Clinton suena menos dificultoso Obama cumple con promesas hechas a la comunidad hispana en su campaña. No cerró Guantánamo, pero fue liberando presos. No levantó el bloqueo, pero fue quien más avanzó en ese sendero. No logro una ley de inmigración, pero facilitó la legalización.
Al mismo tiempo, libera tensiones en el agitado «patio trasero» latinoamericano en vista de los frentes abiertos en Ucrania, Siria, Irak e Irán. No conviene creer que una potencia es capaz de dar una puntada sin nudo y menos si un discurso presidencial termina con un «todos somos americanos». En castellano.
Tiempo Argentino
Diciembre 19 de 2014
Ilustró Sócrates
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