por Alberto López Girondo | May 10, 2020 | Sin categoría
Si hay algo que Jair Bolsonaro no haría es recular en su postura de privilegiar la economía sobre la salud. Así lo demostró al participar de una marcha desde la sede del gobierno al edificio del Supremo Tribunal Federal (STF) para reclamar que la corte le permita poner fin a la cuarentena que dispusieron los gobernadores. Fue un apriete a gran escala con el objetivo de presionar al máximo órgano judicial y que tuvo el respaldo de ministros clave de su Gabinete, como el de Economía Paulo Guedes; el de Defensa, general Fernando Azevedo e Silva; y el jefe de la Casa Civil, general Walter Braga Netto. Por si esto no bastara, una veintena de empresarios acompañaron la movida.
Lo que preocupó a los togados no fue el despliegue que hizo el mandatario, sino la amenaza que significan las milicias fascistas que se apostaron frente al Palacio de Justicia para brindar el apoyo incondicional a Bolsonaro. Son, según la prensa brasileña, integrantes del Grupo 300, y realizan una suerte de entrenamiento militar cerca del edificio del STF gritando que mientras “los magistrados comen langostas, el pueblo pasa hambre” por la falta de trabajo debido al cierre de industrias decidido por gobiernos estaduales frente a la pandemia.
Brasil es el país latinoamericano con más cantidad de casos de Covid-19, medidos en cifras absolutas o relativas a la cantidad de población, con cerca de 150 mil contagiados y unos 10 mil muertos. La economía brasileña se desplomó, es cierto, pero lo mismo ocurre con la actividad en el resto del mundo. Y ya venía bastante golpeada por las medidas neoliberales desde la destitución de Dilma Rousseff.
Bolsonaro, que definió como “gripecita” al virus, se enfrenta con los gobernadores, algunos como el paulista o el carioca, que apoyaron su candidatura pero ahora deben lidiar con el drama de la pandemia. El STF defendió la potestad de los mandatarios estaduales para decidir las políticas sanitarias en base a la constitución federal. Es la excusa del presidente para alegar ante sus fanatizados seguidores que no lo dejan gobernar.
Este viernes, Joao Doria, gobernador de San Paulo, extendió la cuarentena en el distrito más poblado y poderoso de Brasil -y el polo industrial más importante de América Latina- hasta el 31 de mayo.
En paralelo, el STF autorizó una investigación sobre las bandas fascistas a pedido de la Procuraduría General de la República. Son los que la semana pasada marcharon pidiendo una intervención militar más directa aún y que, según se sabe, son financiados a través de una recolección de dinero a través de las redes sociales.
Los bolsonaristas están indignados con la Corte, que ya había bloqueado la designación del jefe de los espías brasileños al frente de la Policía Federal, para poder controlar investigaciones judiciales contra los hijos presidenciales. Ven al STF como la institución clave para frenar las transformaciones que Bolsonaro pretende para Brasil.
Y parte de verdad tienen, porque la dirigencia política no parece encontrar el modo de reaccionar ante una crisis que desde lo sanitario amenaza con destruir a la sociedad brasileña. Salvo las declaraciones contundentes de Lula da Silva contra Bolsonaro o un artículo que firmaron el expresidente Fernando Henrique Cardoso, el excandidato del PSDB y ex ministro de Relaciones Exteriores José Serra y los excancilleres Celso Amorim, Celso Lafer y Rubens Ricúpero, en el que rechazan “la violación sistemática por la política exterior actual de los principios rectores de las relaciones internacionales de Brasil definidos la Constitución de 1988”. Esto es, la subordinación de Bolsonaro a Estados Unidos.
EN AMAZONIA
Mientras en la Argentina se habían registrado 11 muertos en una jornada completa, en Brasil se produjeron 751 víctimas en igual lapso. Incluso se sospecha que la cantidad de fallecidos son muy superiores a los oficiales. En especial en el sur del país y en la zona de Amazonia: acusan 845 muertos, pero se sospechas que son varios miles.
Tiempo Argentino, 10 de Mayo de 2020
por Alberto López Girondo | Abr 26, 2020 | Sin categoría
La descomposición política de Brasil es de tal nivel que el adalid del uso malicioso de escuchas telefónicas, que torció una causa judicial para sacar de la carrera presidencial a Lula da Silva, se fue del gobierno que surgió de esa maniobra, mostrando mensajes de WhatsApp que comprometen a Jair Bolsonaro. Sergio Moro, el juez que aceptó gustoso ser ministro de Justicia del mandatario que había contribuido a instaurar tras la destitución de Dilma Rousseff, dejó el cargo luego de que el propio presidente echara al jefe de la Policía Federal. La medida era resistida por Moro desde hace un año y tiene como objetivo salvar a los hijos presidenciales.
Según explicó a la prensa, con ese rostro de prócer malhumorado que supo construirse el exjuez federal de Paraná, el presidente quería en ese cargo a alguien que le contara de qué iban las investigaciones. Algo que según el ahora exministro, es inadmisible para el funcionamiento de las instituciones. La defensa de Bolsonaro fue que Moro era un traidor y que él lo había defendido cuando el portal The Intercept comenzó a difundir los chats con los fiscales que perseguían a Lula en los que se revelaba la utilización de un procedimiento ajeno a las reglas institucionales para detener al líder metalúrgico y dos veces presidente.
Hay, que se sepa, dos fuertes razones para querer en la jefatura de la PF a alguien de confianza. Y ambas tienen el nombre de dos de sus hijos, Carlos y Flavio. Uno, porque la investigación por un coordinado ataque de fake news contra al Supremo Tribunal Federal lo hace responsable de una granja de trols conocida como Gabinete del odio. El otro, por sus vinculaciones con una banda de milicias parapoliciales que, entre otros delitos, no es ajena al asesinato de la concejala Marielle Franco y su chofer en una favela carioca.
La Policía Federal brasileña es un órgano auxiliar de la justicia. Es el equivalente del FBI en EEUU. Moro puso al frente a Mauricio Valeixo, un abogado que se incorporó a la PF en 1996 y al que conoce de Paraná. Fue un hombre clave en el caso Lava Jato, que terminó en condena para dirigentes políticos y fue determinante de la prisión de Lula. Al igual que Moro, Valeixo pasó por Washington, en su caso, como agregado policial, mientras que el exjuez hizo cursos de combate al lavado de dinero.
Carlos, concejal en Río de Janeiro, es el que posteó en Twitter una balacera al grito de Bolsonaro, el día que su padre hablaba en una marcha contra la Corte Suprema. El SFT frenó la intención de decretar el fin de aislamiento que la mayoría de los gobernadores ordenó para evitar la expansión de la pandemia, que ya se ha cobrado 3800 muertos y 55.000 contagios.
Flavio, senador carioca, está en la mira de la fiscalía de Río de Janeiro por un esquema de corrupción que le permitió incrementar su fortuna personal -ahora tiene hasta parte de una tradicional chocolatería – a través del desvío de fondos para una empresa constructora de miembros de la milicia. El testigo más comprometedor de esas intrigas, el ex agente policial devenido en mafioso Adriano da Nóbrega, apareció convenientemente ejecutado en febrero pasado. De su chofer, Fabricio Queiroz, el prestanombres que tenía cuentas bancarias difíciles de conseguir con su sueldo, no se sabe nada desde principios de año.
Bolsonaro padre quiere poner como jefe de la PF a Alexandre Ramagem Rodriguez, actual director de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), muy cercano a él desde aquella cuchillada durante la campaña electoral. Para el Ministerio tiene a Jorge Oliveira, actual secretario general de la presidencia, hijo de un capitán del Ejército y amigo de la infancia de sus hijos.
Muchos sostienen que Moro vio la oportunidad de salirse de un gobierno que viene en picada con una alta imagen que le permitiría postularse en las futuras elecciones. La dimisión del ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, también tenia esta lectura: el médico militar estaba en alza por su postura para el combate del coronavirus, totalmente contraria al dejar hacer del mandatario.
En todo este entuerto, es cada vez más claro que Bolsonaro ya es una molestia para los mismos que contribuyeron a su ascenso. Los militares que conforman áreas claves en su gabinete ya habían puesto al general Walter Braga Netto como jefe de la Casa Civil y virtual comandante de operaciones. Se dijo que era por el Covid-19, pero esta semana presentó el llamado Programa Pro-Brasil. Un Plan Marshall para salir de la crisis económica pero, básicamente, un proyecto más cercano al keynesianismo que a la Escuela de Chicago. Tal vez por eso en la presentación no estuvo presente Paulo Guedes, el ultra neoliberal ministro de Economía, ¿La próxima víctima de esta crisis?
Los uniformados no quieren quedar pegados a un fracaso sanitario del gobierno, que se sumaría al económico, desde antes de la pandemia. Para Bolsonaro, la tabla de salvación puede ser aceptar este cambio de rumbo en medio de la tormenta. Una vez, siendo capitán, fue expulsado del Ejército por no respetar jerarquías. Habrá que ver cómo sigue la historia.
7000 Millones de dólares de reserva vendió el Banco Central de Brasil para intentar frenar al dólar, que trepó en el mercado hasta 5,70 por real. Al asumir Bolsonaro, estaba a 3,80.
Tiempo Argentino, 26 de Abril de 2020
por Alberto López Girondo | Abr 12, 2020 | Sin categoría
Que Jair Bolsonaro ya no tiene el poder como para desprenderse de un ministro incómodo fue más que evidente este lunes, cuando se quedó con las ganas de despedir al titular de la cartera de Salud, Luiz Henrique Mandetta. Ese día quedó también expuesto el peso decisivo del jefe de la Casa Civil, el general Walter Braga Netto, en el rumbo del Brasil. Pero esas son apenas dos manifestaciones de un proceso que tiene como objetivo final desplazar al ex capitán de la primera magistratura con el menor daño posible a las Fuerzas Armadas. Y el que se peina para esa foto de liderazgo es el general Hamilton Mourao, el actual vicepresidente y sucesor constitucional. Un militar de gran formación histórica que -por lo que deja trascender en las redes sociales – aspira a ser la continuidad de una línea imperial que concrete el sueño de Brasil Potencia.
La crisis entre Bolsonaro y los militares que apoyaron su candidatura se fue profundizando en las últimas semanas. El presidente se puso tan en contra de las recomendaciones de la OMS para luchar contra el coronavirus que hasta la organización Human Right Watch lo considera un peligro para la humanidad. Ni qué decir de los 5700 alcaldes y 25 gobernadores que al igual que las federaciones de médicos y de sanitaristas que venían alertando sobre las consecuencias de no dictar un aislamiento obligatorio para impedir la diseminación del virus.
El empecinamiento de Bolsonaro y el sector fundamentalista evangélico en que sustenta sus raíces ideológicas lo lleva a tomar actitudes de “adolescente caprichoso”. Desde asegurar que el Covid-19 es apenas una gripecita hasta pasearse entre sus seguidores sin ninguna protección o, como hizo estos días, recorrer un shopping como si nada. Solo para desafiar a los médicos.
Si bien los sectores financieros, el gran capital y los medios hegemónicos apostaron fuerte por Bolsonaro como el único modo de frenar a Lula, ahora perciben que las actitudes del mandatario comprometen al propio sistema, por mas que estén de acuerdo con no frenar la economía. Por ello ahora no verían con malos ojos un reemplazo, aunque se conforman con el rol de “reina loca” que le dejaron entre Braga Netto, los presidentes de ambas cámaras legislativas y el Supremo Tribunal Federal (STF), que ya se plantó en declarar inconstitucional un posible levantamiento por decreto de la cuarentena que impusieron los gobernadores estaduales.
Mucho se habló de que se le hizo un “golpe blanco” a Bolsonaro. Y que el nuevo jefe de operaciones, Braga Netto, es el presidente en operaciones. Todo indica que no será tan fácil convencer al ocupante del Palacio del Planalto de que resigne el cargo. Pero el poder detrás del poder es sin dudas Mourao.
Hijo de un general de prestigio y padre de un economista neoliberal, Hamilton Mourao nació en la capital de Río Grande do Sul, un territorio que alguna vez soñó con separarse del imperio de Brasil y donde también nacieron Getulio Vargas y Joao Goulart. Fue elegido como vice de Bolsonaro, según Eduardo, uno de los hijos del presidente, porque “tiene cara de cuchillo en la calavera”. Pero desconfiaron de él desde el primer día en el cargo.
El perfil oficial de Mourao dice que es artillero y fue escalando dentro del Ejército, hasta ser representante de Brasil en una misión de paz en Angola en 1997 y agregado militar en la embajada en Venezuela, entre 2002 y 2004. Integra la Logia Masónica Grande de Oriente y como defensor del golpe militar de 1964, fue castigado durante la gestión de Dilma Rousseff por declaraciones contra el gobierno siendo jefe de un comando militar. Fue clave también una frase suya en 2018 para que el STF fallara por mantener a Lula en prisión e impedir que fuera candidato.
Para saber cómo piensa, no hace falta hurgar demasiado. Alcanza con mirar @GeneralMourao en Twitter. Allí, el mismo día en que Bolsonaro que atragantó con la permanencia de Mandetta, publicó que se cumplía un nuevo aniversario del triunfo de la armada imperial contra la porteña, al mando del almirante Brown, en la batalla de Monte Santiago, en la desembocadura de Río Santiago, en Ensenada, “asegurando la supremacía naval de Brasil en el Rio de la Plata, esencial para la victoria del Imperio en los conflictos con los dictadores de la región que ocurrieron a lo largo del siglo XIX”.
Semanas antes, el 3 de febrero, había recordado otra batallas en estas tierras, la de Caseros, cuando “la División del Brigadier Manuel Marques de Souza, el Centauro de Luvas, tomó por asalto a las fuerzas del dictador Rosas, una victoria de argentinos, uruguayos y brasileños para la independencia nacional, la democracia y la paz en la región”.
También celebró el cambio de guardia en la base Antártica brasileña, una tardía estrategia para poner un pie en el continente blanco inaugurada en 1984 en el mismo sector que reclama Argentina. El 31 de marzo pasado, recordó como hito la “intervención militar” de 1964. Luego de justificarla como una necesidad ante el desorden, la corrupción y la subversión, escribió que “con la elección del general Castello Branco se iniciaron las reformas que desarrollaron a Brasil”.
Convendría aclarar que no fue una elección sino un golpe de estado.
«A donde vayamos, irá Latinoamérica»
Alguna vez el expresidente de Estados Unidos Richard Nixon lanzó una frase que sería señera para los sucesivos gobiernos brasileños: “A donde vaya Brasil, irá América Latina”. Claro que ese lema tiene sus contratiempos, porque si sirvió para sostener el giro represivo de la región en los ’70, el Brasil de Lula fue también un pívot para la integración progresista en los primeros años del siglo XXI. Que Bolsonaro es un pro-estadounidense sin fisuras no es secreto para nadie. Tanto es así que llevó al extremo el negacionismo trumpiano del cambio climático y de los efectos del Covid-19. También exageró sus críticas a China, poniendo en riesgo al principal mercado para las exportaciones primarias de Brasil. Como sea, mientras un embate contra JB crece, el gobierno de Trump busca en alguna medida sostener a su amigo del sur acelerando una asociación económica. Se trata de una continuación del ALCA, abortado en Mar de Plata en 2005. El representante comercial de EE UU, Roberto Lighthizer, anunció en Washington que ambas administraciones avanzan hacia la formulación de un Acuerdo de Comercio y Cooperación Económica entre las dos naciones en el marco de conversaciones que comenzaron en 2016, con otros presidentes a cargo de los ejecutivos.
Tiempo Argentino, 12 de Abril de 2020
por Alberto López Girondo | Abr 5, 2020 | Sin categoría
Formalmente, el presidente sigue siendo Jair Messias Bolsonaro.
En la práctica, y a medida que el coronavirus se expande sobre la población, las decisiones políticas en Brasil corren menos por cuenta del excapitán del Ejército que por el general Walter Souza Braga Netto, ministro jefe de la Casa Civil desde el mismo día de su pase a retiro, el 29 de febrero pasado.
Si bien la información no es oficial, el tembladeral del gobierno federal a partir del negacionismo de Bolsonaro sobre los efectos del Codiv-19 -al que llamó “gripecita”- hacía prever que la situación del ultraderechista no era clara ni sostenible por el establishment brasileño.
Este descontento creció a raíz del enfrentamiento con los gobernadores que, ante la postura de Brasilia, fueron tomando por las suyas las recomendaciones de la OMS sobre aislamiento preventivo. Los más visibles fueron los cruces con el paulista Joao Doria y el carioca Wilson Witzel, dos aliados de Bolsonaro para las elecciones de 2018 que, si bien son de derecha, no comparten el fundamentalismo religioso del presidente. Y tampoco están dispuestos a comer vidrio.
Este miércoles DefesaNet, un portal creado por Nelson Francisco Düring -un periodista ligado a la industria militar con data normalmente certera sobre lo que ocurre dentro de los cuarteles- publicó que tras un acuerdo de la cúpula militar de la que habrían participado los nueve ministros militares del gobierno y el presidente de la república, se acordó que Braga Netto, en un cargo comparable a nuestro jefe de Gabinete, sería jefe de Estado Mayor del Planalto o, mejor dicho, el presidente operacional de Brasil.
Su misión sería comandar la crisis sanitaria y “arrojarse sobre las granadas” que a cada paso hace estallar el mandatario.
Bolsonaro -que cuenta con sus tres hijos como promotores de un ejército de trolls en las redes- privilegia mantener la actividad económica del país por sobre la opinión de la dirigencia política y las directivas de la OMS. Comparó estos días al coronavirus con una lluvia “que va a mojar al 70% de la población” y que en consecuencia matará a muchos brasileños. “Pero todos vamos a morir algún día”, filosofó.
Además de los gobernadores -que al unísono decidieron tomar medidas por su cuenta-, Bolsonaro está de punta con los presidentes de ambas cámaras del Congreso, a los que esta semana se sumó el Supremo Tribunal de Federal, cuando los magistrados establecieron apurar las denuncias contra el presidente por su actitud frente a la pandemia. Ya tiene denuncias de un grupo de abogados en el tribunal de La Haya por crímenes contra la humanidad.
El mandatario también puso entre sus enemigos al ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, un médico que intenta desde ese campo minado que es el Gabinete cumplir con la Organización Mundial de la Salud. Las diferencias entre ambos son públicas y una encuesta de Datafolha reveló que el 76% de los brasileños aprueba la gestión de Mandetta.
El dato alarmó al excapitán, que le pidió la renuncia el sábado pasado. Mandetta, según trascendió, está harto, pero desde la dirigencia política le dijeron que si se va, todo empeoraría. La respuesta ante el ultimátum del presidente fue que no iba a renunciar, que si se lo quería sacar de encima, que lo eche y asuma el costo político.
La solución
Como indicio del clima, la revista Istoé, una de las más influyentes en las capas medias de ese país, publicó este viernes una tapa con la foto a toda página del vicepresidente y una frase contundente: “La solución Mourao”. Este apoyo desembozado al general Hamilton Mourao en la edición del número 2621 del semanario coincide en forma y contenido con el de la portada de la edición 2382, del 29 de julio de 2015.
El título, con una foto al corte del vicepresidente, era “La solución Temer”. Un año después, Dilma Rousseff era destituida en un juicio político y reemplazada por Michel Temer.
La explicación de DefesaNet para calificar a esta movida excede la crisis sanitaria. “La prensa ansiosa de una crisis institucional -dice- junto con las oligarquías estaduales y la oligarquía del Congreso, no tiene el apoyo de los empresarios y del sistema financiero”. Y agrega: “Esto disparó el inicio de la crisis especulando contra el real y en la bolsa, y ahora percibe que el riesgo de un posible crash bancario por la total insolvencia de los clientes no puede ser descartado”.
La respuesta militar es encarrilar la situación hasta superar este momento con un estratega que ya mostró experiencia en situaciones límite. Fue coordinador general de la asesoría especial para los Juegos Olímpicos que se celebraron en Río de Janeiro en 2016 y dos años más tarde, con Temer en el gobierno, interventor en la Secretaría de Seguridad carioca, para combatir una ola de delitos en la excapital brasileña. En 2019 asumió como jefe del Estado Mayor del Ejército y hace unas semanas es jefe de la Casa Civil, para apagar otro incendio en esa cartera generado por Onix Lorenzoni. Lo definen como un lector del teórico prusiano Carl von Clausewitz, al que suele parafrasear: “La Política es la continuación de la Guerra por otros medios”. Lo definen como un lector del teórico prusiano Carl von Clausewitz, al que suele parafrasear: “La Política es la continuación de la Guerra por otros medios”.
Tiempo Argentino, 5 de Abril de 2020
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