Giancarlo Summa es periodista y politólogo. Colaboró en las campañas de Lula da Silva en 2002 y 2006 y fue director de comunicación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Brasil, México y África Occidental. En Buenos Aires presentó una obra colectiva coordinada junto con Mónica Herz, El desorden del mundo. La extrema derecha contra el multilateralismo en América Latina, editado por la UNSAM.
-Tengo mis dudas de si la ONU sirvió de mucho en estos más de 80 años, salvo esporádicamente.
-Yo pienso que la ONU tuvo un papel importante al organizar un lugar de encuentro y de diplomacia sobre temas diversos. Funcionó mejor en algunos periodos y ahora está una crisis como nunca se vio antes. También organizó una visión del mundo que hasta hace diez años funcionaba. La Declaración Universal de Derechos Humanos, las convenciones de Derechos Humanos, los acuerdos globales de la OIT sobre trabajo. Todo eso era una referencia civilizacional. Fue muy fuerte en el proceso de descolonización de África. En América Latina las luchas por los Derechos Humanos no hubieran sido posibles de no existir el marco de lo que es aceptable o no.
-Pero después algo pasó.
-Yo digo que en 2015 fue el Canto del Cisne. Ese año la ONU aprobó por unanimidad el acuerdo de París sobre cambio climático y la agenda 2030 con los objetivos de desarrollo sostenible, que era una cosa aspiracional: combatir el hambre, educación para todos, reducción de la desigualdad, igualdad de género. Todos los países firmaron. Hoy hay gobiernos como el de Trump y oposiciones como Vox en España que denuncian a esta agenda como un globalismo estúpido que quiere subvertir los valores nacionales. El 2016 fue el año del Brexit, primera elección de Trump y en Brasil el golpe parlamentario contra Dilma Rousseff. Fue el año en que se abrió la caja de Pandora. Pero mirando en perspectiva (yo entonces no me di cuenta), el año del quiebre en realidad fue 2008, la gran crisis financiera internacional a la que los gobiernos dieron malas respuestas.
-Salvaron a los bancos.
-Salvaron a los bancos y no a la gente. Eso llevó a la quiebra del acuerdo mínimo de confianza en los representados y los representantes. Impactó en la política, porque en los últimos 20 hubo un aumento sin precedentes en la concentración de riqueza en las manos de pocos. Los milmillonarios.
-El famoso 1% de la población.
-El 1% funciona bien como eslogan, aunque es mucho menos, tal vez el 0,1. Pero son los que dominan el planeta, tienen más recursos que los gobiernos.
-Una interpretación dice que la disputa de la actualidad es entre el capitalismo atlántico y el indopacífico.
-También hay milmillonarios allí.
-Sí, pero el Estado mantiene el control.
-En todo caso, el resto del mundo funciona con este arreglo: tú tienes microélites en cada país con sus intereses económicos y los gobiernos hacen lo que les sirve a esas élites.
-Si esas élites tienen más poder que los gobiernos era natural que la ONU se fuera diluyendo.
-Hubo algunos momentos de fricción evidente, por ejemplo, en toda la cuestión ambiental, donde tenemos a los grandes productores de combustibles fósiles, que además hacen que los gobiernos se pongan a su servicio y le den subsidios que se cortan a los pobres. Cuando la ONU empezó a estructurar una respuesta, abogando por un cambio de la matriz energética, varios Estados sabotearon ese acuerdo. Los estados hoy son una especie de instrumentos al servicio de intereses de las élites.
-Como un departamento administrativo de las élites.
-Un sociólogo inglés, Michael Mann, habla de las cuatro patas del poder social. El poder político, el poder económico, el poder militar y el poder cultural. Otros hablan del poder de las redes internacionales, la circulación de ideas, la información. Un error muy básico de los gobiernos progresistas fue concentrarse sobre la dimensión política. Lo que importa es las elecciones, sin atender las otras dimensiones del poder. Las élites, mientras los gobiernos hacen lo que ellos quieren, no necesitaban del control político. La novedad de estos diez años es que hay élites que acaban apoyando a la extrema derecha.
-En el 2015-2016 Donald Trump y Mauricio Macri, que forman parte de las élites, también llegaron al gobierno.
-Mi impresión es que ante esa placa tectónica que estamos viendo, ellos sintieron que los mecanismos de ese poder tradicional no eran suficientes. Y la forma de garantizar la continuidad del modelo de concentración de la riqueza era con una disminución de los espacios posibles de democracia, para evitar el peligro de que las cosas no fueran en la dirección que querían. Creo que en eso estamos.
-Quizás este documento de Palantir viene a ser como la frutilla del postre de todo esto.
-Probablemente cuando ellos llegaron a esa conclusión lo codificaron a partir de algo que ya está en curso. No es el Qué hacer de Lenin lo que vamos a hacer, sino lo que ya hicimos, una constatación.
-Sí, Palantir no es IA sino recopilación y estrategias con los datos que ya estaban. Entonces, ¿qué puede hacer una democracia para no fallecer en el camino?
-La articulación de los intereses del capital rentista financiero y los de la extrema derecha funcionan a nivel transnacional. Superan las fronteras. La respuesta democrática tradicionalmente intentó concentrarse en lo nacional, lo que hoy es una batalla perdida antes de empezar el combate. En ese sentido la única cosa que positiva que hemos visto en varios años fue en el encuentro progresista que se desarrolló en Barcelona (el 16 y 17 de abril pasado). No es la revolución, pero es la primera vez en años que diferentes fuerzas progresistas, democráticas, se encuentran para por lo menos empezar a hablar.
-¿El Foro Mundial Social de Porto Alegre desde 2001 no era eso?
-Es interesante, porque Porto Alegre funcionó hasta que se implementó la llamada “Marea rosa”.
Foto: Agencia de Noticias NA
-¿Hasta que Lula llegó al gobierno?
-Lula, Néstor. La izquierda consideró la discusión sobre la movilización social y la lucha por la equidad solo hasta que llegaron al poder político, sin entender la dimensión más completa del poder. La derecha hace de otra forma. En los últimos 25 años la extrema derecha realizó más de 2500 reuniones transnacionales, algunas más chiquitas, otras más grandes. Y cuando se hace la reunión de la CPAC o del Foro Madrid van los presidentes junto con los líderes de partidos, influencers, movimientos sociales. Porto Alegre funcionó y fue importante en la gestación y hasta que se llegó al gobierno, pero el gobierno es solo una parte del poder. Esto la derecha lo sabe de forma mucho más sofisticada que nosotros.
-Ellos nacieron en esa vereda.
-Exactamente, y hasta pocos años atrás no necesitaban tener a los suyos en el gobierno. Ahora, algo cambió para ellos también. Mi hipótesis es que ante esta crisis entre el viejo equilibrio y el nuevo equilibrio, el desorden actual, ellos quieren tener e la mano sobre el poder: el poder militar, el poder represivo, el poder de la fuerza.
-¿Por qué?
-Para la derecha, la cuestión de la violencia siempre fue central. El monopolio del uso de la fuerza es la violencia simbólica, la motosierra es simbólica pero práctica también, como las bombas de Trump sobre Irán. Son dos dimensiones del mismo fenómeno. Es bueno poder controlar quién utiliza directamente la fuerza, tal vez sea eso. En el 2008, quién sabe si pasaron cosas que todavía nosotros no sabemos. Pienso en si los gobiernos hubieran decidido salvar a los pueblos y no a los bancos. Un gran riesgo.
-Sí, además la crisis de 2008 no se solucionó nunca.
-Nunca. Porque no es solucionable, hay un exceso de capital circulando en el mundo, hay plata que no se sabe dónde colocar.
Donald Trump estaba cómodamente acodado en su escritorio en la presentación de su plan para abaratar los medicamentos cuando la corresponsal en la Casa Blanca de la PBS, la televisión pública estadounidense, lo sacó de eje. “¿Usaría un arma nuclear contra Irán?”, preguntó Liz Landers. «No, no lo necesitamos. ¿Para qué lo necesitaría? ¿Por qué una pregunta tan estúpida?», soltó, para agregar que sin ese tipo de armamento “hemos aniquilado por completo a Irán sin ella”. Si la bomba atómica fue el as en la manga de toda potencia que se precie de tal para mostrar poder desde que Estados Unidos devastó las poblaciones de Nagasaki e Hiroshima en agosto de 1945, la respuesta del presidente de EE UU no permitiría respirar tranquilo. Ya se sabe como las gasta el hombre.
Pero puede ser que ahora haya un nuevo chiche que suena definitivo, la Inteligencia Artificial aplicada a fines militares. No por casualidad debe ser que Palantir publicó esta semana un documento que resume los 22 puntos centrales de la tesis esbozada en el libro de Alex Karp y Nicholas W. Zamiska: La República Tecnológica: poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente. No será casualidad, seguramente, que se afincara en Buenos Aires el otro fundador de la temible tecnológica, Peter Thiel, y se reuniera este viernes con Javier Milei para armar estrategias que no suenan como muy compatibles con la democracia, según se desprende del pensamiento explícito del dúo Thiel-Karp.
Lo de Trump, desde que se embarcó en una guerra contra Irán de la mano de Israel, no anda para nada bien, y se nota en respuestas como las que le dio a PBS. Porque el contexto indica otra cosa de lo que las palabras intentan señalar. Por ejemplo, el martes, cuando vencía el alto el fuego mediado por Pakistán, Trump anunció una extensión indefinida, no sin antes amenazar con las peores calamidades y asegurar que tomó la decisión a la espera de que culminen las divisiones internas que atribuye a Teherán. “¡A Irán le está costando muchísimo definir a su líder! ¡Simplemente no lo saben! La lucha interna entre los intransigentes, que han sufrido grandes derrotas en el campo de batalla, y los moderados, que no son nada moderados (¡pero se están ganando el respeto!), es una locura”, chicaneó desde su red Truth.
El magnate se montó sobre varios artículos daban cuenta de diferencias entre el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní con el presidente del Parlamento, el poder ejecutivo y el judicial. La desmentida provino del primer mandatario, Masud Pezeshkian, de Mohammad Bagher Ghalibaf y del titular del poder judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei. “Todos somos iraníes y revolucionarios, y con la férrea unidad de la nación y del gobierno, con plena obediencia al líder supremo de la revolución, haremos que el agresor se arrepienta de sus actos”, respondieron, para concluir: “Un solo Dios, un solo líder, una sola nación, un solo camino”. En los hechos, Irán no envió a ningún representante a la reunión que ese día se debería haber realizado en Islamabad y si el vicepresidente JD Vance estaba por viajar, se tuvo que volver para no pasar vergüenza. El viernes, Trmp dijo que había cancelado el viaje de su yerno Jared Kushner y de su amigo inmobiliario Steve Witkoff, los dos negociadores de los que Irán no quiere ni cerca.
Foto: captura
El tono de esos mensajes, como acostumbra, suena altanero, pero si se rasca un poco, se nota que no tiene mucho para alardear, porque Irán sigue sin estar pidiendo la toalla, y más bien aprovecha el impasse para rearmarse. A decir verdad, lo mismo están haciendo Israel y Estados Unidos. Entre las reglas no escritas en cualquier guerra, se sabe que un cese el fuego es la excusa para recomponer el material destruido en la previa y dar descanso a los guerreros. Porque ya nadie duda de que la guerra se reanudará en breve. De hecho, el Pentágono ya envió unas 50 mil tropas y hay tres portaaviones que, afirma, se están acercando al teatro de operaciones.
Palantir, mientras tanto, pone en negro sobre blanco lo que piensan Thiel y Karp, sus directivos belicistas, supremacistas y prosionistas germano-parlantes. “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso. La élite ingenieril de Silicon Valley tiene una obligación afirmativa de participar en la defensa de la nación”, señala el punto 1. El mensaje tiene un destinatario, Dario Amodei, fundador de Anthropic, que desarrolló Claude, la IA que se considera más avanzada en occidente y que a principios de marzo entró en la lista negra del Pentágono porque se negó a que fuera utilizado para la vigilancia masiva y el manejo autónomo de armamento.
Palantir es una plataforma que recopila datos y actúa en consecuencia. La devastación de la población y los asesinatos selectivos en Medio Oriente son obra de ese sistema perverso que, por decir algo, fue la herramienta para eliminar al ayatola Ali Jamenei y las cúpulas política, militar y científica de Irán. Lo que no podía prever el chiche tecnológico era que el líder religioso había establecido varias capas sucesorias para seguir el programa de guerra simétrica que viene llevando a cabo. Tampoco que la certeza de la muerte no implica, para los chiítas, un freno su la voluntad de persistir.
Los 22 Mandamientos
El punto cinco de los 22 Mandamientos de Palantir especifica: “La pregunta no es si se construirán armas de IA sino quién las construirá y con qué propósito”. ¿Qué propósito puede tener un arma que no sea destruir al enemigo, no? El séptimo es aún más claro: “Si un marine de EE UU pide un rifle mejor, deberíamos construirlo; y lo mismo aplica para el software”.
Pero donde no quedan dudas sobre el carácter que la plataforma creada por Peter Thiel y Alex Karp representa es en la implicancia de la IA para la supremacía militar. Ítem número 12: “La era atómica está terminando. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre IA está a punto de comenzar.” Con semejante herramienta, es natural que en la tecnorepública (¿o tecnomonarquía?) que plantea, se recuerde que “al menos tres generaciones-miles de millones de personas, sus hijos y ahora sus nietos. Nunca hayan conocido una guerra mundial”. Qué mejor entonces que proponer el rearme alemán y japonés, en el apartado Nº 15. O decir puntualmente -sin eufemismos, cosa que quizás deba valorarse- que “ciertas culturas e incluso subculturas . . . han producido maravillas.
Otras han demostrado ser mediocres, y peor, regresivas y dañinas”.
En ese marco, el subtítulo número 22 es un digno cierre a este catálogo de iniquidades. “Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco. Nosotros, en América y más ampliamente en Occidente, hemos resistido durante el medio siglo pasado definir culturas nacionales en nombre de la inclusividad. Pero ¿inclusión en qué?”.
La pregunta que se hacen muchos en este complicado momento para la humanidad, con una escalada bélica sin precedentes en Medio Oriente contra Irán, pero esencialmente contra China, es cómo va a responder el gigante asiático ante las continuas amenazas de Donald Trump y el gobierno de Israel. Facundo Muciaccia -magíster en Historia Económica por la UBA, fundador del CEDI (Centro para el Desarrollo Integral) y autor de Tianxia. Todo lo que hay bajo el cielo. Globalización con características chinas, de ediciones Ciccus- puede dar algunas respuestas, basadas en la concepción del mundo de esa civilización milenaria.
-¿Qué diferencia al globalismo occidental del concepto de Tianxia?
-Tiene muchas similitudes con Rodolfo Kusch. Hay una articulación en cuanto al pensamiento situado y el “estar siendo”, con la construcción cultural en términos de comprender que el otro enriquece mi acervo cultural. No imponer mi mirada, si total todos estamos dentro del mismo barco, para decirlo mal y pronto. Ellos se plantean “yo no quiero importar una teoría anglosajona y que la realidad china se meta en esa teoría, sino utilizar ciertas cuestiones de esa teoría que enriquezcan, pero que funcionen en el esquema de la mirada China del mundo”. El concepto es que tiene que haber siempre un anclaje cultural. La discusión china es en la cultura china, pero comprendiendo que tiene que dialogar con diferentes civilizaciones.
Foto: Edgardo Gómez
-Pero el nombre chino para esa nación es Zhongguo, País o Imperio del Centro. Eso en occidente suena a la pretensión de una dominación mundial.
-Yo tengo dos preguntas, ¿cuántas bases militares de China hay fuera de China? Segundo. ¿Cuántos procesos de dominación hizo China con otros países? No hay datos sobre eso porque no existió, lo que sí existió es una filosofía donde China tiene dos objetivos importantes. El concepto de Tianxia te permite pensar un mundo en armonía. Un mundo en que también hay conflicto, hay consistencia entre el conflicto y la armonía, donde se pueden resolver las cuestiones de lo cercano a lo lejano. Podemos tener más cercanía o más lejanía, pero todos estamos acá dentro. Entonces, tenemos que tener algún grado de consenso en la gobernanza mundial. Los proyectos que uno está viendo ahora de China de La comunidad de Futuro Compartido, la Iniciativa global de la Franja y la Ruta, la Civilización ecológica, todo eso está anclado en este concepto de pensar que todos podemos ser parte de ese cielo. Eso es Tianxia, “todo lo que hay bajo el cielo”.
-Algunos sectores se plantean, «bueno, pero ante tantos conflictos actuales ¿China qué hace? ¿Por qué no intervino en Venezuela? ¿Cuándo va a intervenir en Irán?
-¿Les parece que no intervino? Los chinos tardan en reaccionar en algunas cuestiones, pero cuando toman una decisión reaccionan firmemente. Lo que pasó en Venezuela podría haber sido la Tercera Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque Venezuela está loteada. El sector ruso, el sector chino, un sector norteamericano. Lo que hizo Estados Unidos es recuperar parte de su sector, pero no se metió en el proceso ruso ni el chino. Hay un cierto acuerdo y el régimen político chavista sigue. Ahí hubo una intervención diplomática fuerte, porque eso no se hizo de la noche a la mañana, fueron casi cinco meses de negociación. Siempre los portavoces de la diplomacia china tienen un mensaje concreto de “respetemos el multilateralismo, respetemos la autodeterminación de los pueblos, esto genera desequilibrios”.Hay que saber leer esas cosas también. Los chinos tienen otra concepción del tiempo, no es todo inmediato. Sobre Irán tiene un posicionamiento claro. Irán es parte del proceso de la ruta. Yo estuve en China en julio pasado y cuando discutía por la guerra de los 12 días, me planteaban “nosotros estamos a favor de quien no quiere la guerra”. ¿Y quién no quería la guerra? Irán.
-Sí, pero hace unas semanas Israel bombardeó un puente del ferrocarril que va de Teherán a Xinjiang.
-Y lo van a reconstruir.
Foto: Edgardo Gómez
-Entiendo que mis preguntas parten de una perspectiva occidental. Y la perspectiva occidental quiere un posicionamiento fuerte, pegar un golpe en la mesa. Ellos no lo hacen.
-Lo hacen de otra manera, más sofisticada. Ejemplo, “te voy a pegar donde duele. Voy a cambiar el proceso de negociación de monedas con Brasil». La economía más grande de Sudamérica dentro del hemisferio occidental bajo la influencia norteamericana va a negociar en yuanes, no en dólares. Ejemplo, “te voy a cortar la compra de bonos”. Ejemplo, “vos me vas a bloquear el estrecho de Ormuz y van a pasar 20 barcos míos”. Y pasaron 20 barcos. Hay que entender que los chinos son una civilización y tienen otro grado de respuesta. No es porque sean mejores que nosotros, pero tienen 5000 años. Y esto ya lo vieron en blanco y negro y en colores. Conocen el poder anglosajón. Conocen cómo se manejan las potencias occidentales. Acumularon la fuerza necesaria para darse estas discusiones.
-Pero el puente fue destruido por los israelíes, que luego se jactaron de haberlo hecho.
-Pero Israel es el proxy de Occidente. ¿Cómo respondió China? Irán bombardeó once países, con inteligencia china, con armamento ruso, con capacidades instaladas propias de innovación de bajo costo. ¿Alguno le tiró un tiro? De los once países, ¿alguno le tiró un tiro? ¿Por qué? Porque no son tontos, pierden todos. Si Arabia Saudita tira un tiro se le rompe el acuerdo estratégico que tenía con China .
-Claro, China había logrado un acuerdo de Arabia Saudita con Irán.
-Irán trata de respetar eso, como puede, pero la discusión en este momento es muy compleja. Porque occidente no tiene la capacidad armamentística de relevo de lo que utiliza como municiones, porque es muy caro, por ende poco eficiente y en cambio los muchachos (Irán) están mostrando cierta eficiencia política. ¿Qué están demostrando? Si Irán puede hacer esto, imaginate en Ucrania. No es una discusión económica o geopolítica solamente, es una discusión civilizatoria cultural. Es “loco, se terminó tu cuestión de que todos tenemos que hacer lo que vos querés con tus cánones particulares”. Y eso se ve en lo económico.
-¿Qué hay de la Cumbre de Trump con Xi Jinping, que iba a ser el 30 de marzo?
-Tengo una leve percepción. Trump quiere resolver rápidamente por su debilidad y ellos hacen que se exponga cada vez más. Yo creo que estamos yendo a una política internacional regionalizada de áreas de influencia muy fuerte.
–¿Cómo que a lo que charlaron Trump y Putin en Alaska le faltaba la discusión con Xi Jinping? ¿Sos partidario de esa teoría de que Trump pensó que se mandaba un golpe en Irán e iba con otras cartas a Beijing?
-No, yo creo que Trump es como un jugador compulsivo. Como todo negociador, te la pone arriba, te la baja, te la pone arriba, te la baja, te la pone arriba, hasta que encuentra un punto que le sirve. Y no lo está encontrando ahora. Porque una cosa es Venezuela, que está en una región de paz, por algo fue tan limpia la extracción (de Maduro). Irán es otra cosa. Irán es la tumba de los imperios. A mi me parece que esa discusión con los iraníes es civilizatoria. Ellos tienen la misma concepción que los chinos. No es una cuestión de plata. Es una cuestión de cómo nosotros con el orgullo nacional podemos sostener nuestra forma de vida cultural, porque son persas, son 90 millones y tienen una economía y un desarrollo tecnológico bastante interesantes. «
Seminario de geopolitica
El Centro de Estudios para el Desarrollo Integral llevará a cabo un seminario de Introducción a la Geopolítica Situada, que se realizará en los próximos tres martes en el Espacio Taura, calle Alsina 685 CABA.
Son encuentros presenciales el 21, el 28 y el 5 de mayo a las 18 horas y estarán dictados por Facundo Muciaccia y Gustavo Martínez, directores del CEDI. Son cupos limitados, la inscripción está abierta.
Alguien propuso en la red X, con buen criterio, que deberían cambiarle el nombre a «Estrecho de Schrödinger». Por eso de que parece estar abierto y cerrado al mismo tiempo. La última novedad es que Irán volvió a establecer el control militar en Ormuz luego de que Donald Trump hubiera afirmado mantendría el bloqueo naval “únicamente sobre Irán”, algo que Teherán considera un acto de piratería. El viernes, el canciller iraní había publicado que “en consonancia con el alto el fuego en el Líbano” que había firmado Israel, se declaraba abierto el paso marítimo “por la ruta coordinada tal como ya anunció la Organización de Puertos y Asuntos Marítimos de la República Islámica de Irán”. Ante este nuevo cierre, unos 20 barcos listos para la travesía daban un giro de 180 grados, mientras India y el Reino Unido denunciaban disparos de la Guardia Revolucionaria contra buques con esas banderas.
La situación en esas regiones es bastante incierta, básicamente porque el magnate inmobiliario embarra la cancha cada vez que abre la boca y su palabra tiene cada vez menos valor. Si algo le faltaba a Donald John Trump -DJT, como le gusta firmar en Truth– es haberse travestido esta semana en Jesucristo y de haber doblado la apuesta contra el papa León XIV. Una demasía que le granjeó rechazos de la grey católica, de los grupos evangélicos que lo apoyan ciegamente y hasta de los musulmanes, para quienes Isa ibn Maryam (Jesús, el hijo de María), al igual que para el cristianismo, es el Mesías, por lo que tuvo que bajar la imagen creada con IA.
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Para colmo, cada día le va peor con sus aliados ideológicos. A la pérdida de acólitos del movimiento MAGA y la derrota aplastante de Viktor Orbán en Hungría a pesar de su apoyo y el del vicepresidente JD Vance, le sumó el rechazo de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien se aleja del guerrerismo estadounidense y forma parte, quién lo diría, de una suerte de alianza “independentista” dentro de la OTAN junto con el socialista español Pedro Sänchez. Claro, siendo Roma la sede de la Iglesia Católica, no podía dejar pasar lo que sonó a insulto trumpiano en la figura del pontífice nativo de Chicago.
El cruce con Robert Francis Prevost comenzó con declaraciones del obispo de Roma en las que cuestionaba “la amenaza contra todo el pueblo de Irán”. Trump, que no había sido mencionado, dijo que el papa “es débil en materia de delincuencia y pésimo en política exterior”. La réplica no se hizo esperar: “No tengo miedo a la Administración Trump, yo proclamo la paz”. Días después, León XIV pisó suelo argelino para una gira por África que lo llevaría luego a Camerún, Angola -donde llegó este viernes- para culminar en Guinea Ecuatorial el miércoles. En su primera escala, Prevost, de la orden agustina, estuvo en Anabá, la antigua ciudad de Hipona, donde San Agustín, aquel bereber pecador y converso -en ese orden- fue obispo y murió en el año 430. En Argel, el pontífice firmó el libro de oro en la Gran Mezquita en señal del acercamiento interreligioso con los musulmanes.
Fuera de este debate quizás “para la gilada”, Trump muestra, sin querer, que Teherán maneja los tiempos en una guerra de la que intenta salirse, pero sin pagar los costos de una aventura criminal fallida. Una de las condiciones iraníes a la que la delegación que encabezó JDV en Islamabad le dio un portazo hace una semana fue el alto el fuego en Líbano. A pesar de que la versión oficial decía que la mesa de diálogo forzada por China en Pakistán seguía firme, la información de que EE UU sigue enviando tropas a la región y que el portaaviones USS Gerald Ford volvía luego de reparaciones en Creta, hace presagiar que la tregua que vence este martes no sea sino el preparativo para una nueva ofensiva. Esta vez con las botas en el suelo.
Lo llamativo fue el posteo de DJT sobre avances en las negociaciones con Irán. Tras afirmar que el “polvo nuclear” creado por bombardeos de los B-2 serían enviados a EE UU, escribió una frase que resuena como un ultimátum a quien según sus detractores lo lleva de las narices a la guerra. “Israel no volverá a bombardear Líbano. Estados Unidos se lo prohíbe. ¡Ya basta! (Enough is enough)”. Habrá que ver qué tanto respeto le tiene Benjamin Netanyahu a la prohibición de la Casa Blanca…
Foto: Li Yuanqing / Xinhua
Un artículo que publica en el Wall Street Journal apela a fuentes oficiales para confirmar: “el ejército se prepara para abordar en los próximos días petroleros vinculados a Irán e incautar buques mercantes en aguas internacionales, extendiendo así su ofensiva naval más allá de Oriente Medio”. El profesor de Ciencia Política de la Universidad de Chicago Robert Pape considera que “estamos en un punto de inflexión: que Estados Unidos retroceda e Irán emerja como el cuarto centro de poder mundial a corto plazo o que roduzca una escalada para evitar que eso suceda”. Y concluye: “Trump se dirige hacia la escalada”.
Mientras tanto, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, el hombre fuerte de la dirigencia persa hoy día, se tomó su tiempo para desmentir a Trump. Entre otras cosas dice: “Si continúa el bloqueo, el estrecho de Ormuz no permanecerá abierto/ El tránsito en el Estrecho de Ormuz se realizará según la ‘ruta designada’ y con ‘permiso de Irán’/ La apertura o cierre del estrecho y las regulaciones que lo rigen lo determinará el Mando (iraní), no las redes sociales/ La guerra mediática y la ingeniería de la opinión pública son una parte importante de la guerra, y la nación iraní no se ve afectada por estos trucos”.
Lo más impactante es el tono del mensaje, con palabras, según los que conocen, tomadas del Corán. Ghalibaf puntualiza que Trump miente y le espeta: “Con estas mentiras no lograron la victoria en la guerra y, con toda seguridad, en las negociaciones tampoco llegarán a nada”. «
Sánchez, jugado contra la guerra
Y de pronto Pedro Sánchez coronó su aspiración de ser líder del progresismo internacional con una cumbre en Barcelona a la que convocó a los presidentes Claudia Sheinbaum, Lula da Silva, Gustavo Petro, Cyril Ramaphosa y al gobernador bonaerense Axel Kicillof. No sólo eso, de un día para otro terminó coincidiendo con la italiana Giorgia Meloni en que la OTAN está en terapia intensiva y con pronóstico reservado, luego de los embates de Donald Trump desde el otro lado del Atlántico.
A días de la estrepitosa derrota de Viktor Orbán, el llamamiento de Sánchez a tomar acciones en defensa de la democracia frente a las guerras, la desigualdad y la propagación de la desinformación sonó a blasfemia en la ultraderecha hispana del partido Vox.
«Vemos ataques al sistema multilateral, un intento tras otro de impugnar las reglas del derecho internacional y una peligrosa normalización del uso de la fuerza y dentro de nuestras sociedades crece la desigualdad y la desinformación», dijo el español, quien intenta convencer a sus pares regionales para salirse del corset estadounidense y crear un ejército europeo. Con slo eso se ganó la enemistad de Trump, que en España cuenta con la simpatía del partido Vox.
La maldición de abril se volvió a repetir para el Gobierno libertario. En febrero de 2024, cuando recién estrenaba su mandato con una devaluación brutal que licuó ingresos a toda la población, Javier Milei avisó que los peores meses serían los dos siguientes, aunque anticipó «una especie de V: tocaremos fondo para luego rebotar». En mayo, tanto el presidente como el ministro Luis Caputo aseguraron: «Lo peor ya pasó» y prometieron un crecimiento inexorable porque el fenómeno de la inflación estaba en vías de extinción. Incluso en diciembre de ese año el entonces vocero Manuel Adorni se permitía un posteo en X con el texto «Inflación en Argentina Q.E.P.D.» cuando el Indec marcó 2,4% para noviembre.
Los mismos mensajes de «autoayuda» fueron expelidos por Luis Caputo en 2025 y hace unos días, en el foro de la Cámara de Comercio de EE.UU. en Argentina (AmCham), cuando el IPC de marzo volvió a dar un respingo y trepó al 3,4%, octavo mes de incremento desde el ahora idílico 1,9% de agosto pasado. «A partir de abril vamos a ver una desaceleración de la inflación muy importante y mayor crecimiento», dijo. No prometió ver una luz al final del túnel, fue más ambicioso: «Los próximos 18 meses serán los mejores de las últimas décadas».
El actual ministro de Economía también integró el gabinete de Mauricio Macri y contrajo (adecuado verbo para indicar algo como una enfermedad) la primera deuda con el FMI del siglo XXI, siendo titular de la cartera de Finanzas. Fue en su segundo discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso que el entonces mandatario nacional recurría a la misma muletilla. «Lo peor ya pasó y ahora vienen los años en los que vamos a crecer. Las transformaciones que hicimos empiezan a dar frutos, a sentirse».
Luego, se recuerda, «pasaron cosas». Esas mismas promesas se suceden con funcionarios que utilizan el mismo recetario para combatir una inflación que, a pesar de que la sociedad volvió a aceptar mayoritariamente el argumento de que «esta vez sí», no cesa de padecer las consecuencias de ajustes sobre ajustes sin fin.
Gracias por comprender que éste es un esfuerzo que hacemos entre todos, trabajando juntos. Gracias por marcar el camino y elegir la verdad, aunque a veces incomode. Gracias por entender que las cosas llevan tiempo, que no hay atajos ni soluciones mágicas.
Habrá que decir que con los mismos que armaron el paquete de deuda no podría esperarse algo demasiado diferente, habida cuenta de que en la caja de herramientas solo tiene una motosierra. A tal punto que otra vez el FMI tuvo que agudizar un salvataje, de 1.000 millones de dólares, y que nuevamente el apoyo del secretario del Tesoro de EE.UU. facilitó empréstitos del Banco Mundial y avales para hacer frente a vencimientos de deuda. O sea, se repiten augurios que, con la baja reiterada de ingresos fiscales por la brutal contracción económica, solo decantan en más recortes presupuestarios donde duele más. Ejemplo: los servicios de PAMI, una obra social que está en la mira porque «es un seguro para autos que siempre chocan», como dijo alguna vez la actual senadora Patricia Bullrich, o de acuerdo al ministro de Salud Mario Lugones, es inviable porque cubre a más de cinco millones de ciudadanos que se empecinaron en vivir más de 80 años. Para colmo, hay unos 6.000 que superan los 100 años. O sea, nacieron cuando, según Milei, comenzó la decadencia argentina.
Para Lugones, los jubilados del Pami mayores de 80 años son "una carga muy grande".
Advirtió como un problema que haya más de un millón de octogenarios en la obra social. Sin precisiones del giro de fondos de Caputo: "Me dijeron que estaban pagando". https://t.co/4FItALRRUkpic.twitter.com/d2OWSNyNoo
— La Política Online | Argentina (@LPOArg) April 16, 2026
Y mientras el Adorni-Gate, el $Libra-Gate y el caso Andis dan pasto a investigaciones periodísticas y judiciales, aparecen nuevos beneficiados con generosos créditos del Banco Nación. Eso, sumado a la constatación de que Adorni disfrutó de más de un fin de semana de vacaciones lujosas, dan cuenta de una nueva casta, aunque las antiguas dinastías no se quedan afuera.
Paso a comentarles algo así se atragantan con la comida ahora al mediodía 😄
Resulta que Nazarena Menem HIJA de Lule Menem(el mano derecha de Karina Milei), HERMANA de Sharif Menem (el que ligó el suprecrédito del Banco Nación), SOBRINA de Martín Menem (el presidente de la… pic.twitter.com/Uzy4Bev1Zo
Carrera por el 2027 Causaron cierto revuelo las palabras de Milei en el encuentro en la AmCham cuando sugirió que el plan que lleva adelante no tiene giro y señaló, ante una audiencia integrada por empresarios del sector que Mauricio Macri definió como Círculo Rojo, que «si no nos acompañan, no pasa nada, nos volvemos a casa».
Más allá de las críticas que despertó la frase, por eso de que ellos se pueden ir e incluso conseguir conchabo en la actividad privada, pero el tendal de víctimas de sus proyectos no tendrá los mismos privilegios de los que circularon cerca de la Casa Rosada estos años, denota un cierto registro de que no perciben que está garantizada la reelección, como creían hace un par de meses.
Los datos duros reflejan un rechazo cada vez mayor a la figura de Milei, que ya promedia en todas las consultoras en más del 50% y algunas más del 60% de repudio a su gestión. Donde más preocupación tiene el Gobierno es en las redes sociales, un territorio que lo llevó al triunfo en 2023 y sustentó hasta ahora las extravagancias tanto del presidente como de sus acólitos. Un estudio de la consultora Zuban Córdoba revela un escuálido volumen de las métricas digitales y hasta la indiferencia ante las réplicas de los trols a sueldo del Estado.
Siempre decimos que el contexto manda. Es jerárquico. El de hoy, respecto de todo lo relativo a Milei, se ubica en estos tres parámetros. 1. El volumen de sus métricas digitales han decaído. 2. Las intervenciones para desviar el foco, no solo son ineficaces sino que generan…
— Gustavo Córdoba (Emocionalidad importante) (@gustavolcordoba) April 15, 2026
Por eso hay quienes ya se prueban el traje y se peinan para la foto de las elecciones del año que viene. Es lo que intenta el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, el primo del expresidente, quien mientras 150 intendentes de todo el país y de todos los partidos marcharon al Ministerio de Hacienda a reclamar por los recortes presupuestarios y la no aplicación del impuesto a los combustibles para obras públicas en los distritos, sigue con su estrategia de mostrarse feroz con los sectores más vulnerables de la sociedad. Un arma que calca del oficialismo nacional, pensando que es por ese lado que cruzará la Plaza de Mayo para calzarse la banda residencial.
De tal manera que a los desalojos impiadosos que el alcalde porteño exhibe gozoso en las redes, se apunta para competir con el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, el opositor que se vislumbra a esta altura como de mayor chance. Lo hizo primero con la decisión de privilegiar la atención en salud para los ciudadanos con domicilio registrado en la Ciudad de Buenos Aires. Ahora, con la extensión de ese bloqueo tan particular a todas las áreas y servicios de CABA a los bonaerenses, que desde ahora serán ciudadanos de segunda en la Capital Federal de la nación que integran y cuya bandera prometen defender, respetar y amar en 4º grado de la escuela primaria.
«Durante años, la Ciudad se hizo cargo de lo que otros no hacen. La incompetencia del otro lado de la General Paz la pagaban los porteños con sus impuestos. Se terminó», escribió, con gesto solemne, en X.
Durante años, la Ciudad se hizo cargo de lo que otros no hacen.
La incompetencia del otro lado de la General Paz la pagaban los porteños con sus impuestos.
Se terminó.
Firmé un decreto para darle fuerza legal a una política que ya aplicamos en salud: PRIORIDAD PARA LOS… pic.twitter.com/rz2JiG787M
Si esperaba respuesta del mandatario provincial, se quedó con las ganas. Kicillof no lo subió al ring y la réplica vino de sus ministros, el de Desarrollo de la Comunidad, Andrés Larroque, y su mano derecha y titular de Gobierno, Carlos Bianco. Uno ironizo: «¡Qué tipo con ‘coraje’ sos, Jorge Macri!». El otro le sugirió encontrar «dónde disponer sus residuos». La orgullosa y exclusiva Ciudad de Buenos Aires genera unas 7.000 toneladas diarias de basura que van a parar al Complejo Ambiental Norte III del CEAMSE, en la localidad bonaerense de José León Suárez.
Kicillof, a todo esto, había viajado a España para mantener encuentros con dirigentes socialistas y participar en Barcelona de la Movilización Global Progresista, un foro del que participan, entre otros, los presidentes Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Claudia Sheinbaum (México), junto con el anfitrión, Pedro Sánchez. Milei, por su parte, iba a Israel, invitado por el primer ministro Benjamin Netanyahu. Allí recibirá una medalla del presidente israelí, Isaac Herzog, por su «incansable apoyo» a ese país y su compromiso «con los familiares de las víctimas» de los ataques del 7 de octubre de 2023. El martes 21 se convertirá en el primer mandatario extranjero en encender la antorcha con que se inaugura la celebración de la fundación del Estado de Israel.
Cuando el 24 de febrero de 2022 el presidente Vladimir Putin anunció el inicio de una Operación Militar Especial para “desmilitarizar y desnazificar” Ucrania, los medios de Occidente afirmaron muy rápidamente que se trataba de la primera guerra en Europa desde 1945.
Sin embargo, el 24 de marzo de 1999, la OTAN comenzaba el bombardeo de Belgrado, que duraría hasta el 10 de junio, la “frutilla del postre” para una sangrienta guerra civil en los Balcanes que se había iniciado cuando se disolvía la URSS. El 9 de agosto de ese mismo 1999, en Moscú, empezaba la primera gestión de Putin, quien se dedicaría a construir su liderazgo –que no abandonaría hasta hoy– y a reconstruir el de Rusia como gran potencia mundial. Mientras tanto, Estados Unidos, que se había convertido en el “Gran Hegemón”, avanzaba en su proyecto de ser el imperio global del siglo XXI. ¿Casualidades?
En lo que va de este siglo, se produjo el ataque a las Torres Gemelas, la emergencia de los países de Brics y, fundamentalmente, de China como la única potencia capaz de rivalizar cara a cara con EE.UU.; las desastrosas invasiones de Irak y Afganistán, la era de la vigilancia global y de los ejércitos mercenarios privados, una profunda crisis financiera de la que el mundo no se restablece, un período virtuoso de integración sudamericana y una operación de limpieza étnica israelí en Palestina. Todo eso en el marco de un lento, pero persistente, derrumbe del imperio estadounidense y de sus principales armas: el dólar y el liderazgo militar.
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Los atentados ya no son obra de «grupos terroristas de izquierda», como en la mitad del siglo XX
Hasta las elecciones del 5 de noviembre de 2024, en Estados Unidos, era perceptible una unidad de criterios dentro de la OTAN, y durante la última parte de la administración de Joe Biden, el reloj del apocalipsis comenzó a acercarse velozmente a la medianoche; esto indicaría el fin de la humanidad. El aplastante triunfo del extravagante magnate inmobiliario Donald Trump pareció dar vuelta todo. Pero no pasó mucho tiempo para el regreso de esa peligrosa “normalidad”.
Los cuatro años de su primer mandato y los cuatro de su travesía por el desierto fuera de la Casa Blanca le ensenaron que no iba a tener mucho tiempo para concretar sus planes, los cuales se basan en el lema de “Hacer Grande Nuevamente a EE. UU.” (MAGA, en inglés) y recuperar la “era dorada” con guerras arancelarias, mucho maltrato sobre todo a los aliados, una rearticulación de su aparato imperial y un objetivo bastante explicito de que el resto del planeta pague la astronómica deuda pública generada por décadas de guerras inútiles. Y perdidas.
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Pero el 13 de junio de 2025, Israel lanzó sus primeros ataques contra el aparato científico nuclear de Irán. Unos días más tarde, Trump era otro: ordenó destruir la base de enriquecimiento de uranio de Fordow, a un centenar de metros bajo la superficie. En ese preciso instante, sus principales apoyos dentro del movimiento MAGA –desde el ideólogo ultraderechista Steve Bannon hasta el periodista Tucker Carlson– le bajaron el pulgar. Trump se había rendido a la voluntad del lobby israelí y al “Estado profundo” contra el que se había comprometido a luchar.
Las preguntas claves serán: ¿Cómo se llegó a esto? ¿Es posible evitar otra catástrofe? Y para los que vivimos en esta parte del mundo, ¿cómo afectará a la Argentina y a América Latina una Tercera Guerra Mundial, con la amenaza de gobiernos, como el de Javier Milei, que se acoplan sin fisuras a lo que se decida en el Salón Oval y a las ansias expansionistas del Gobierno de Israel? ¿La guerra se dará entre lo que queda de Occidente y Rusia-China o los Brics –al que renunció el gobierno argentino no bien asumió Milei, en diciembre de 2023– serán el enemigo?
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El sueño de Armagedón
En 1994 el historiador británico Eric Hobsbawm publicó La edad de los extremos: El corto siglo XX. Una profunda revisión del período que va de 1914 a 1991. Es decir, desde la Primera Guerra Mundial hasta la disolución de la Unión Soviética y la caída en simultáneo del bloque del “socialismo realmente existente”, como recalca el académico, cuya tumba está ubicada en el cementerio de Hightgate, en Londres, a pocos metros frente a la de Karl Marx. Vaya deseo póstumo.
Cuando se cumplieron tres décadas de esa publicación, y en medio de dos guerras de consecuencias impredecibles, en Ucrania y en Medio Oriente, hay algunos párrafos de aquel trabajo memorable de Hobsbawm que despiertan todas las alertas. Fundamentalmente si se tiene en cuenta que la Organización del Tratado del Atlántico Norte bate parches de una escalada contra Rusia mientras Israel no cesa en su estrategia de demolición de Palestina, lo que arrastra al mundo a una nueva conflagración, esta vez con el riesgo cierto de un holocausto nuclear.
“¿Por qué, pues, las principales potencias de ambos bandos consideraron la primera guerra mundial como un conflicto en el que solo se podía contemplar la victoria o la derrota total? –dice Hobsbawm, para responderse–. La razón es que, a diferencia de otras guerras anteriores, impulsadas por motivos limitados y concretos, la primera guerra mundial perseguía objetivos ilimitados. En la era imperialista, se había producido la fusión de la política y la economía. La rivalidad política internacional se establecía en función del crecimiento y la competitividad de la economía, pero el rasgo característico era precisamente que no tenía límites”. ¿Suena a algo actual? Pues claro. Pero sigue.
“De manera más concreta, para los dos beligerantes principales, Alemania y Gran Bretaña, el límite tenía que ser el cielo, pues Alemania aspiraba a alcanzar una posición política y marítima mundial como la que ostentaba Gran Bretaña, lo cual automáticamente relegaría a un plano inferior a una Gran Bretaña que ya había iniciado el declive. Era el todo o nada. En cuanto a Francia, en ese momento, y también más adelante, sus aspiraciones tenían un carácter menos general pero igualmente urgente: compensar su creciente, y al parecer inevitable, inferioridad demográfica y económica con respecto a Alemania. También aquí estaba en juego el futuro de Francia como potencia de primer orden”. Si se cambian los nombres de los países –o mejor dicho de los bloques– por Estados Unidos-Unión Europea y Rusia-China-Brics, el resultado da que hay dos trenes a punto de chocar y nadie parece dispuesto a evitarlo.
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¿Cuándo se empezó a gestar esta nueva guerra europea? Una respuesta podría ser, parafraseando a Hobsbawm, que mientras se diluía la URSS y el centro de Europa volvía a quedar huérfano de un poder central que aglutinara a pueblos y culturas al borde del abismo desde hace siglos. Se diría que son aguas revueltas desde la caída del Imperio Romano Germánico que terminó con la invasión napoleónica, en 1806. O de los imperios zarista y otomano, desparecidos entre 1914 y 1918. Pueblos surgidos de los restos imperio romano con una fuerte impronta cristiana, en permanente rechazo al mundo musulmán y la cultura eslava. Y no nos olvidemos, también del mundo judío, porque si hay otro foco de incendio ese es el Medio Oriente.
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El contexto en el que están sumergidas las grandes potencias tiene mucho de ese pasado que no cesa de irse, sumado a iniquidades cometidas por Occidente en todo el planeta desde 1991, como recalca Vladimir Putin. Lo que no debería sonar a una apología del presidente ruso. Se anotan para entender las razones esgrimidas en el juego geopolítico que se desarrolla en ese territorio clave de Eurasia y la apuesta por revitalizar el estatus de superpotencia de Rusia.
Ese porfía se exterioriza con más ímpetu desde 2021, aunque desde 2014 Putin venía advirtiendo que para Rusia, Ucrania es la línea roja de la que no aceptará moverse. Es decir, así como Rusia solo puede contemplar la victoria o la derrota total, lo mismo ocurre con la OTAN, Estados Unidos, el Reino Unido y los socios en la Unión Europea. Tampoco China se bajaría a esta altura del sendero que la lleva a dejar atrás el “siglo de la humillación”.
Este bien podría ser otro capítulo de una guerra cuyo prólogo se produjo entre 1914 y 1918, hubo un capítulo entre 1939 y 1945 y el ¿epílogo? está ahora en sus albores. No por casualidad se trata de los mismos escenarios y con, básicamente, los mismos actores: el imperio anglosajón llevando de la mano a la OTAN, y ahora nuevos jugadores internacionales, que se unen en el grupo Brics+ y que participan en ese mundo multipolar que busca consolidar un lugar bajo el sol.
Esos locos peligrosos
Si España fue en 1936 el laboratorio de pruebas de nuevos artefactos bélicos, en Ucrania, como poco antes en Siria, prueban la más reciente generación de maquinarias creadas para la destrucción humana. El temor es que el experimento culmine con la aplicación de la energía nuclear con fines criminales, como Estados Unidos hizo en Nagasaki e Hiroshima en agosto de 1945. El temor es que ya no tenga vigencia la estrategia de disuasión nuclear de la Guerra Fría, eso que el matemático húngaro-estadounidense John von Neumann llamó Destrucción Mutua Asegurada, cuyas siglas en inglés se escriben MAD, literalmente “loco”. Es decir, si la URSS y EE.UU. tenían capacidad nuclear como para eliminarse mutuamente, había que estar loco para ir más allá de la amenaza verbal. Y funcionó –a pesar de algunos sofocones como la crisis de los misiles en Cuba en 1962– mientras la Unión Soviética estuvo en pie.
¿Qué tan locos están los líderes de primer este cuarto del siglo XXI? ¿Qué tan dispuestos irían a todo o nada para mantener la supremacía? ¿Qué tan racionalmente podrían actuar cuando en la sociedad de la nación todavía más poderosa –aunque en decadencia– hay grupos cada vez más numerosos e influyentes que no le temen al Armagedón sino todo lo contrario: lo buscan con desesperada fe religiosa para comenzar un nuevo mundo mejor, para terminar con el Mal en la Tierra? ¿Exagerado? Veamos.
Un artículo de 2004 de la revista The Atlantic que firma James Mann recuerda que durante el gobierno de Ronald Reagan, y en el marco de una creciente paranoia ante la posibilidad de que estallara un conflicto nuclear con la Unión Soviética, dos burócratas de alta escuela que serían determinantes en este siglo, Dick Cheney –vicepresidente de George W. Bush– y Donald Rumsfeld –secretario de Defensa de esa administración– diseñaron un programa clandestino para establecer líneas sucesorias en caso de que un ataque acabara con la cúpula política de la nación. Se lo llamó Plan Armagedón y luego de los atentados a las Torres Gemelas, el 11S de 2001 y con Cheney y Rumsfeld en el poder, se puso en marcha para esconder a Bush y establecer una cadena de mandos con la orden de que las agencias federales activaran una sede alternativa fuera de Washington y personal preparado para lo que fuera.
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El fin de los tiempos
Armagedón es un término, según los que saben, que deriva del hebreo Har Megiddon, literalmente Monte Megido, a unos 90 kilómetros al norte de Jerusalén. Allí, según el Libro del Apocalipsis, se desarrollará la batalla final entre el bien y el mal, entre Dios y las fuerzas del mal.
La idea del Armagedón ocupó libros y films de Hollywood del género de terror, pero subrepticiamente fue creciendo por debajo de la superficie en la sociedad estadounidense y se extendió a gran parte de América Latina mediante una formación religiosa evangélica sionista.
Se trata de una teología que en líneas generales sostiene que la creación del Estado de Israel –o el Reino de Israel en términos bíblicos– es una señal de que está en marcha el reloj del Armagedón y se acerca la segunda llegada de Jesucristo. Cosa que ocurrirá cuando se construya el Tercer Templo de Jerusalén.
Luego de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, un grupo de presión llamado Cristianos Unidos por Israel (CUI) que asegura contar con 10 millones de miembros –eso dice Adam Gabbatt en The Guardian)–, y otras tantas iglesias evangélicas de Estados Unidos manifestaron su apoyo irrestricto a Israel. “De acuerdo con la tradición cristiana de la Guerra Justa, también afirmamos la legitimidad del derecho de Israel a responder contra quienes han iniciado estos ataques, ya que Romanos 13 otorga a los gobiernos el poder de portar la espada contra quienes cometen actos tan malvados contra vidas inocentes”, dicen en un comunicado.
John Hagee, telepredicador y fundador de CUI, había profetizado unos meses antes, en diciembre de 2023: “Dios se está preparando para defender a Israel de una manera tan sobrenatural que dejará sin aliento a los dictadores del planeta Tierra, pero estamos viviendo en la cúspide de la mayor serie de eventos sobrenaturales que el mundo haya visto jamás”.
En marzo de ese mismo año, la documentalista noruega Tonje Hessen Schei presentó su último trabajo, codirigido por el estadounidense Michael Rowley, Praying for Armageddon (Orando por el Armagedón), al que denominó un “thriller político” que revela la fusión entre el cristianismo evangelista y la dirigencia política de Estados Unidos. “No creo que muchos estadounidenses se den cuenta de que el tipo de lobby oculto del Armagedón del fin de los tiempos… tiene un poder político real. Constituyen la columna vertebral del Partido Republicano”, afirma la autora en un reportaje con Deadline, una revista online dedicada al cine. En entrevistas con los involucrados y con expertos en el asunto, el film muestra el modo en que esos grupos buscan el fin de los tiempos y una nueva creación.
“Imagínese no solo creer que el mundo está llegando a su fin, sino también querer que suceda. Con ansias. Luego, vayamos un paso más allá e imaginemos a personas con esa mentalidad diseñando la política y las relaciones exteriores estadounidenses para lograr exactamente lo que buscan: el apocalipsis”, dice el crítico Matthew Carey en esa misma publicación.
La base bíblica sobre la que se sostiene esta teogonía está en el Antiguo Testamento.
(…)
Estos sectores basan su interpretación en los textos sagrados para enarbolar su visión extrema del mundo. O en otro sentido, no es el cristianismo ultra el único credo con una visión definitiva y fatal del momento histórico. Durante las últimas décadas la palabra fundamentalismo parece remitir en los medios solo al extremismo musulmán. Yihadistas, talibán, grupos como Al Qaeda, Boko Haram o Daesh son chivos expiatorios fáciles para medios y mandatarios de todo el mundo occidental a la hora de atribuir responsabilidades sobre hechos violentos. Los atentados ya no son obra de “grupos terroristas de izquierda”, genéricamente hablando, como en la segunda mitad del siglo XX.
Así, hay estados descriptos despectivamente como “teocráticos” porque basan la autoridad de su gobierno en el poder de Dios o de un sacerdote que interpreta la voluntad de Dios. El ejemplo que sale de inmediato es Irán, donde si bien hay un sistema político elegido por el voto popular, la palabra del imán tiene un peso determinante como líder espiritual de la nación.
Israel se jacta de ser la única democracia realmente existente en el Medio Oriente. Pero en julio de 2018 el parlamento –Knesset– aprobó una polémica ley que declara al Estado de Israel como “la nación-estado del pueblo judío, en el que éste ejerce su derecho natural, religioso e histórico a la autodeterminación”. Y agrega que ese derecho a la autodeterminación es “exclusivo del pueblo judío”.
Eso no es todo. La Biblia, para los colonos israelíes –que no cesan de ocupar tierras fuera de las fronteras previas al año 1967 en Cisjordania y cometen tropelías amparados por el estado y sus fuerzas militares– funge de escritura notarial de las parcelas que quieran utilizar para su provecho, desplazando violentamente a los pobladores originarios palestinos que ostentan derechos legítimos.
Para bellum
¿Sería apenas una teoría conspirativa la que lleva a inquietarse ante un Armagedón nuclear? ¿Habrá que creer que son solo bravuconadas propias de películas de terror o teorías de mentes afiebradas?
En diciembre de 1987 y en el marco de los nuevos tiempos que asomaban en la URSS, el jefe de estado soviético, Mijail Gorbachov, firmó con el 40º presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, el Tratado INF (Siglas en inglés para Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio) que puso fin a los misiles balísticos y de crucero con un alcance de entre 500 y 5.500 kilómetros.
En abril de 2010 el entonces presidente de Rusia, Dmitri Medvedev, y el 44º presidente de EE.UU., Barack Obama, firmaron el Start III (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas, en inglés) o New Start, por el que se comprometieron a reducir su arsenal atómico en dos tercios. En la práctica fue presentado como el broche final a la Guerra Fría.
El 20 de octubre de 2018, el 45º presidente, Donald Trump, anunció que retiraría a su país del Tratado INF tras acusar a Rusia de no haber cumplido fielmente sus términos. Suspendió su participación en febrero de 2019, un día después, Vladimir Putin hizo lo propio. El Tratado perdió vigencia en agosto de 2019. En febrero de 2023 el presidente ruso suspendió la participación de su país en el START III porque “Rusia debe estar preparada para probar armas nucleares si Estados Unidos lo hace primero”.
La Parabellum es una pistola semiautomática diseñada a fines del siglo XIX por el austríaco Georg Luger, de allí que se haya hecho popular bajo el nombre de Luger. Producida desde 1900 por la fábrica alemana de armas Deutsche Waffen und Munitionsfabriken (DWM), fue utilizada por las fuerzas del Reich hasta 1945. Hoy es un objeto de culto. El nombre original proviene de una sentencia de los tiempos del imperio romano: “Si vis pacem, para bellum”, si quieres la paz, prepárate para la guerra.
A este axioma acudió el presidente francés, Emmanuel Macron, el 14 de marzo de 2024, a horas del inicio de una nueva elección presidencial en Rusia. “Si Europa quiere la paz, debe prepararse para la guerra”, dijo, una frase luego repetida por el presidente del Consejo europeo, Charles Michel. “Francia ya está involucrada y, por lo que parece, está dispuesta a estarlo más”, le respondió Putin. ( )
El 20 de agosto de 2023, el New York Times informa que en ese mismo mes de marzo el presidente Joe Biden había firmado una actualización de la llamada Guía de Empleo Nuclear, que se fija como objetivo “preparar a Estados Unidos para posibles desafíos nucleares coordinados de China, Rusia y Corea del Norte”. El diario agrega que el documento tiene un nivel de clasificación como ultrasecreto tan alto que “no hay copias electrónicas, solo una pequeña cantidad de copias impresas distribuidas a unos pocos funcionarios de seguridad nacional y comandantes del Pentágono”.
¿Cuántas armas nucleares hay en poder de cada país? Imposible saberlo con certeza, porque el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no controla a todos los jugadores de este peligroso deporte y la paranoia es el peor consejero en estas cuestiones. Se sabe que Israel, por ejemplo, tiene entre 90 y 200 artefactos sin declarar y por lo tanto sin verificación externa, pero también en junio de 2025 llevó al mundo al borde del abismo en la que Trump pretendió vender como una “guerra de los 12 días” cuando se lanzó a destruir el proyecto nuclear iraní.
(…)
Salvo el “pequeño detalle” de que ahora hay armamento atómico, no ocurre nada que no haya sucedido poco antes del asesinato del archiduque Francisco Fernando, el 28 de junio de 1914, como nos recuerda Hobsbawm. Si todos se arman tan abierta y provocativamente, tarde o temprano van a terminar usándolas. Mientras tanto, vayamos a rastrear en ese pasado reciente y no tanto en busca de entender cómo llegamos a esto y qué consecuencias puede tener para un país como Argentina, que con el gobierno de Javier Milei adscribe como ninguno en una región tradicionalmente de paz a los postulados de Estados Unidos y de Israel.
☛ Título:Cerca del apocalipsis
☛ Autor: Alberto López Girondo
☛ Editorial: Ciccus
☛ Edición: 2025
☛ Páginas: 280
Datos del autor
Alberto López Girondo es editor de la sección Mundo del diario Tiempo Argentino de Buenos Aires desde 2010 y redactor-columnista en la revista Acción, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.
Fue docente en la escuela de periodismo TEA y editor del canal Noticias del extinto portal El Sitio.com. Fue subeditor de la sección Policiales del diario PERFIL (año 1998), secretario de Redacción del diario La Prensa (1994-1997) y redactor en Página/12 (1988-1994).
Fue colaborador free-lance en las revistas Veintitrés, Tercer Sector, Tres Puntos, La Maga, El Periodista, El Observador, Somos, Crisis y El Equipo, y coordinó la tarea periodística de la revista Colección Deportiva.
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