Seleccionar página

Pedro Páez Pérez: Por qué conviene apostar por América Latina

Se conocieron con Rafael Correa cuando eran estudiantes. Pero no por compartir aula, sino porque ambos eran dirigentes estudiantiles. Luego, Pedro Páez Pérez, doctor en Economía por la Universidad de Texas y máster en Desarrollo y Políticas Públicas por la Flacso, ocupó los más altos cargos en el área económica con el presidente ecuatoriano. Fue Ministro Coordinador de Política Económica y Plenipotenciario para temas relacionados con la Nueva Arquitectura Financiera Regional. Desde ese lugar, participó íntimamente en el diseño del Banco del Sur –que se fundó oficialmente en Buenos Aires el último día de gestión de Néstor Kirchner, 9 de diciembre de 2007–y de la «moneda común pero no única», el Sucre. Ahora, a cargo de la Superintendencia contra los Monopolios ecuatoriana, habla con Tiempo Argentino a su paso por Buenos Aires de las ventajas para cualquier inversor en apostar al lugar más seguro del mundo, que es Latinoamérica, de los nuevos paradigmas económicos y de soberanía popular, en una verdadera clase de economía alternativa.

–¿Cuál es la diferencia entre el Banco del Sur y el BID o cualquier banco de desarrollo tradicional?–Una diferencia es que se trata de impulsar necesidades básicas, prioritarias para el continente, para la construcción de la Patria Grande más allá de que sea, entre comillas, deficiente desde los criterios financieros. Nosotros creemos que es necesario sentar los fundamentos de lo que tiene que ser la nueva integración latinoamericana…–¿Quiere decir que perdería plata?–No necesariamente, pero la lógica del flujo de caja cortoplacista que exigen los proyectos de desarrollo y la banca comercial no se ajustan a los ciclos productivos, y lo que necesitamos es crear las condiciones generales que permitan un sistema de integración más profundo, lo que requiere de lógicas diferentes. Esa es la primera gran parte: poner primero lo primero. Un concepto nuevo de soberanía supranacional que no está en contradicción con la soberanía nacional, como en el caso europeo, sino un reforzamiento de la soberanía nacional con la construcción de una soberanía popular al nivel del territorio, de la comunidad. Y en ese sentido es que está planteado el tema de la alimentación, de la salud, de la energía, del conocimiento, recursos naturales, la infraestructura, es decir el tema de la soberanía popular. La segunda gran diferencia es que el BdS está propuesto como un instrumento de construcción de soberanía desde la perspectiva democrática. El BdS es el instrumento financiero de los órganos representativos electos democráticamente. No es el BID o el Banco Mundial, que le dicen «mire, me parece que este proyecto no le conviene, o nuestro proyecto de prioridades es este, o tiene que cumplir primero con estas condiciones», sólo por decir algunos casos que pueden plantear. Las negociaciones de lo que es prioritario hacerse en cada uno de los países las deciden en el Consejo de Ministros, que tienen las rendiciones de cuentas que corresponden en cada país. Y eso pasa a ser financiado por el BdS como un proyecto continental.–La pregunta es de dónde sale el dinero.–La propuesta del banco no es lo que pueda financiar por sí solo, sino que sienta en la mesa de negociaciones a los demás bancos, incluyendo el BM y al BID y entidades nacionales o privadas. Es un concepto anterior de un banco de inversión. Ahora lastimosamente se tiene la idea de que un banco de inversión es Goldman Sachs, y esos son bancos especuladores. El BdS es un banco que se encarga de organizar el financiamiento de los proyectos de inversión, que los deciden los órganos democráticamente elegidos. Esto cambia radicalmente la lógica de la dictadura financiera que ha estado imperando en nuestro continente. –¿Quiénes son los que están frenando la concreción del BdS?–Es claro que hay intereses de la vieja arquitectura financiera, asustados por la existencia no sólo del banco sino de la propuesta de la Nueva Arquitectura Financiera, que incluye la moneda regional, el Sucre, y la necesidad urgente de tener una alternativa regional al FMI sobre la base de los recursos propios del continente (ver recuadro). Son gente muy hábil que aparece inclusive financiando proyectos a nivel de organizaciones sociales, de ONGs, de investigación, con agenda posmoderna y hasta con ropajes marxistas. Esto no nos debería sorprender, la habilidad de quienes han conservado el poder les permite tener una ductilidad muy… sutil, digamos. Ellos, primero quisieron ignorar, luego cuando ya estuvo posicionado en los movimientos sociales, lo ridiculizaron, y cuando vieron que esto iba en serio han tratado de secuestrarlo para desnaturalizarlo. El proceso actual es esa disputa por convertir el BdS en un banco insignificante, porque hoy no tiene un musculo financiero en dólares como la banca tradicional de desarrollo. Así, sería un BID chiquito ¿qué sentido tendría? Por eso quieren cambiar el concepto que se ha venido trabajando durante todo este tiempo, con esos tres pilares: banco de desarrollo de nuevo tipo, una red de seguridad financiera alternativa al FMI y una moneda común pero no única. –¿Qué es esa moneda “común pero no única”? –Sucre refiere a Antonio José de Sucre, el prócer de la independencia, el que comandó las tropas en la batalla final de Ayacucho. El acrónimo salió de un desayuno entre Chávez y Correa: Sistema Unitario de Compensación Regional. El Sucre inaugura un frente de batalla nuevo en el plano de la soberanía monetaria, que además es un tema muy poco tratado por la economía ortodoxa y por los propios economistas críticos. Para poner un ejemplo que decía el otro día Adolfo Pérez Esquivel: EE UU y la Otan tienen 1100 bases militares en todo el mundo. La evidencia muestra que esas 1100 bases no pueden ser financiadas con la partida presupuestaria que aparece en la discusión en EE UU. Buena parte del financiamiento viene de la Reserva Federal, del señoriaje, que es el privilegio que tiene EE UU de imprimir la cantidad de dólares que les dé la gana, porque el resto del mundo valida esa emisión de dólares que desde 1971 no tiene ningún respaldo. Tanto las aventuras militares de EE UU como el salvataje sin límite a los bancos que han llevado a esta crisis se dan por ese monopolio. Por ejemplo, si un importador de Argentina quiere comprarle a un exportador de Colombia, tiene que contratar primero a un banco que compre en el mercado de divisas local los dólares para hacer la transacción con un banco corresponsal en EE UU, pasar por un mecanismo privado monopólico que se llama Swift, a través de la Reserva Federal, hacia el banco agente del banco del exportador, ese banco le gira al banco colombiano en dólares y recién ahí el vendedor recibe su paga en Colombia. Estamos hablando de mayores costos porque ninguno de ellos es filántropo, mayores trámites, más tiempo. El Sucre corta los intermediarios, es una conexión directa entre los bancos centrales de los dos países.–¿Cómo sería esa misma operación en Sucres?–Si es que Argentina y Colombia estuviesen en el Sucre, que por ahora sólo funciona dentro de los países del ALBA, lo que tendrían es una conexión directa intranet entre el Banco Central de Argentina y el de Colombia, que contacta a los operadores financieros del exportador y del importador y ya está hecho. En el caso del Ecuador ni siquiera hace falta que sean bancos, pueden ser cajas de ahorro, cooperativas locales.–¿Yo compro en pesos?–Ese es un problema de cada país. Opera como un convenio entre bancos centrales y entonces los bancos se abren una tarjeta de crédito recíproca por seis meses al cabo de los cuales se cambia la diferencia a dólares. En el momento en que se hace la exportación el país recibe una cuenta, una acreditación real en Sucres, que son títulos que inmediatamente pueden ser comerciados. El pago dependerá de lo que negocie, si será en dólares o moneda local. Es un diseño totalmente nuevo para condiciones nuevas y utilizando al máximo las nuevas plataformas informáticas, que ya tienen todos los países de América Latina y son no sólo homologables sino que han sido provistos por la misma firma. –¿No terminaría como el euro?–El euro fue la locura de poner el carro delante de los caballos. Se sacrifica en el altar de la moneda todas las otras políticas. El euro está diseñado para robar soberanía, capacidad de decidir a cada uno de los países y ponerlo bajo la dictadura monetarista, algo simplemente insostenible. Lo que estamos haciendo en América Latina un poco marca la pauta. Supongamos que Colombia le compra a Argentina 1000 millones y Argentina le compra 3000 millones a Colombia. La suma es de 4000 millones de una demanda totalmente artificial que está impactando sobre el mercado regional de divisas, porque EE UU no participa de esas negociaciones. Sin embargo estamos todo el tiempo en esa necesidad de comprar los dólares y esa demanda incide sobre las decisiones de inversión inclusive de un ahorrista común y sobre los precios internos, debilita el manejo de la economía fiscal y el sistema financiero. En lugar de comprar los 4000 millones nosotros decimos “paguemos solamente la diferencia”, con lo que habría que comprar nada más que 2000 millones de dólares. Un alivio significativo sobre el mercado local de divisas. En el caso del Sucre, las transacciones van y vienen durante seis meses y el ahorro es todavía mayor.  Con esto estamos aumentando la capacidad de decisión nacional, pero además como ya no toca manipular las tasas de interés para lograr un objetivo cambiario, también estamos dando más grados de libertad, más soberanía en la política monetaria y financiera. Por otro lado, podemos tener un manejo de las tasas de interés más estables, el servicio de la deuda para los hogares, las empresas y el Estado sería más bajo. El diseño es totalmente distinto del euro, porque nosotros estamos fortaleciendo la soberanía nacional y la soberanía popular, familiar, de los distintos actores sociales y al mismo tiempo construyendo un nuevo espacio de decisión que no existía, que es el espacio supranacional que ojala sea pronto Unasur y Celac. El continente se va constituyendo en un espacio nuevo de decisiones de ejercicio de la soberanía, que es precisamente por lo que pelearon los Libertadores de hace 200 años.  «  

Una nueva arquitectura financiera

“La tercera pata de esta Nueva Arquitectura Financiera Regional es el Fondo del Sur, que es un sistema  y una red financiera, un nuevo tipo de operación de los bancos centrales para poder reciclar todos los recursos propios. Sólo en reservas monetarias internacionales, tenemos cerca de 800 mil millones de dólares. La teoría de las reservas dice que hay que ponerlas en un lugar seguro por cualquier contingencia interna. ¿Cuál es el lugar seguro? ¿EE UU, Europa?… hombre, hasta el JP Morgan Chase, con todas las ventajas que le dieron para que dibuje su contabilidad, ahorita parece que está perdiendo plata.  ¿Cómo puede decirse que el activo libre de riesgo está en EE UU? Hasta el BID tuvo que reconocer que perdió un quinto de su capital por inversiones especulativas ¿Qué hace un banco de desarrollo poniendo su plata en el casino del señor Maddox? ¿Acaso no hay otras prioridades en América latina? En la teoría del Portafolio se supone que hay una compensación entre la rentabilidad y el riesgo que se corre. Pero poner las reservas en el Norte es un riesgo gigantesco, porque Europa no se salva y además las tasas están cerca de 0,25%, apenas más del 0 por ciento Como inversionista y desde la perspectiva del capital, si hay algun área libre de riesgo en muchos sentidos inclusive en el geopolítico, es precisamente América latina. Y nosotros no estamos aprovechando la coyuntura y el potencial enorme que tiene. Necesitamos crear condiciones y movilización de recursos propios, y para poder avanzar en la inversión productiva sostenible necesitamos trabajar con las monedas nacionales de los países hermanos. Necesitamos crear incentivos para que los países que están dando un préstamo en su moneda nacional tengan un complemento de los países que están tomando el préstamo, cosa de que el problema de la balanza de pagos pueda ser sostenible. Hay que hacerlo lo más pronto, posible así podemos liberar recursos que ahora están puestos debajo del colchón para reciclarlos a través a proyectos productivos.”  

El desequilibrio del euro

–El euro se basa en una construcción teórica que no tiene ningún fundamento porque la teoría de las zonas monetarias óptimas se basa en la noción del equilibrio general, cosa que no ha sido probado ni matemáticamente ni doctrinariamente. –Pero las universidades siguen formando economistas en la otra línea, que son los que luego hablan desde los medios sin inmutarse a pesar de lo que indica la realidad de esta crisis mundial.–Eso forma parte de una trasformación epistemológica y axiológica. Pero también es un tema de valores, hombre. En muchos casos hay mala fe, pero otros simplemente están prisioneros de una epistemología antigua y de un lavado de cerebros del pensamiento único neoliberal que se basa sobre una situación absolutamente insostenible. Toda la teoría neoclásica tiene como presupuesto que existe un equilibrio general. León Walras, a finales siglo XIX, hace una construcción matemática de un sistema de ecuaciones lineales en que demuestra que si los precios se construyen con ecuaciones lineales es posible tener una solución, pero no demuestra que haya una solución. El hecho de que exista desempleo, que no haya un trabajo para todos los que están buscando trabajo, te demuestra que no existe el equilibrio.–Pero ese no parece un problema para esos economistas.–Ehhh, ahí viene el tema del oportunismo teórico. Te encoges de hombros y dices «si no me conviene me hago el opa, como si no existiera el problema». Sobre esa base se ha construido todo, y por eso es que se desmorona todo este sistema.  

Tiempo Argentino, 16 de Diciembre de 2012

Mariano Rajoy en el laberinto del ajuste

La llegada de Mariano Rajoy al gobierno hace justo un año estuvo enmarcada en ese proceso de caída libre, que se inició con la explosión de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos pero que repercutió de un modo letal en la península, habida cuenta de que el modelo que el neoliberalismo presentaba como exitoso se basaba en la cultura «del ladrillo» con fines especulativos. Y al estallar la burbuja nada había detrás de qué agarrarse.
El PSOE, que había tenido notorios avances en materia social con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa en 2004, se fue enmarañando en soluciones a la crisis financiera pergeñadas en Bruselas que terminaron por poner en controversia hasta las raíces del Estado de Bienestar que representaba el socialismo democrático ibérico.
Hubo una semana clave en su gestión, con una cadena de hechos simbólicos que dejaron entrever el futuro español: a mediados de mayo de 2010, el principal grupo de medios, propietario del diario El País, uno de los emblemas de la España posfranquista, dejaba su mayoría accionaria en manos de un grupo inversor con capitales de Estados Unidos. El anuncio se hizo el mismo día en que el juez Baltasar Garzón era suspendido por el Supremo Tribunal a raíz de su intento de juzgar los crímenes del franquismo y Zapatero anunciaba el primer recorte presupuestario para reducir el déficit fiscal. Fue como un tiro en el pie.
Un año más tarde las protestas y el incremento en la desocupación lo obligaban a adelantar los comicios. Que fijó para el 20 de noviembre: justo el día en el que se cumplían 36 años de la muerte del Caudillo. Ganó, como todos los pronósticos anunciaban, el líder del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy, quien asumió su cargo el 21 de diciembre, con promesas de llevar adelante un plan económico que sacara al país de la encrucijada. Un regalo de Navidad que finalmente luego de un año demostró no sólo que era un programa de recortes sin fin, sino que además, tenía como trasfondo la restauración conservadora de España.

Todo peor
En este año de gestión, las variables de la economía no paran de empeorar, a lo que se suman las respuestas que van tomando diferentes sectores de la sociedad ante las escasas perspectivas en un plazo previsible. Así, las calles de las principales ciudades del país son el reflejo de las tensiones que se acumulan. De manera que, entre reclamos de discapacitados por los recortes en el sistema sanitario y una votación que podría encaminar hacia un referendo independentista en Cataluña, terminaba el período para un amplio y «generoso» blanqueo de capitales que, como suele suceder, beneficiaba largamente a los que evadieron sus responsabilidades fiscales en detrimento de los que o no tienen más remedio que pagar los impuestos o consideran que es una obligación moral hacerlo, que no son pocos en ninguna parte del mundo.
En tal sentido, incluso, el gobierno de Rajoy tocó –a pedido de Bruselas– una de las variables que desencajó otro clavo en la maquinaria económica. Aumentó el IVA de 18 a 21%, lo que repercutió negativamente en el índice de precios de setiembre. Por ley, el gobierno tenía que incrementar las jubilaciones y pensiones en una cifra equivalente, pero no lo hizo «por cuestiones presupuestarias».
El IVA es más fácil de cobrar que otros impuestos porque en algún momento de la cadena económica siempre hay alguien que termina aportando, por más mecanismos de evasión que se inventen. Por otro lado, reducir ingresos a los jubilados es casi un deporte para economistas neoliberales, como bien lo saben los retirados argentinos que lo padecieron en tiempos no tan pretéritos. El problema, como marcaron los dirigentes de las dos principales centrales obreras españolas, Comisiones Obreras (CCOO) y la UGT, es que con una desocupación que supera holgadamente el 25% y mantiene a casi 5 millones de personas sin trabajo, hay miles de familias que viven del sueldo del jubilado.
A todo esto se suman los recortes, en general en el sistema de salud, que pusieron primero la mano en el bolsillo de los beneficiarios porque obligan a un copago de servicios que hasta abril eran gratuitos, y se dejaron afuera del sistema de protección a extranjeros e ilegales. Con decir que hasta las ambulancias de los traslados deben pagarse no hace falta agregar mucho más. De allí la masividad de la manifestación de discapacitados que el 3 de diciembre llenó las calles céntricas de la capital española en reclamo por lo que también ellos perdieron en este año.

Regiones alzadas
Pero no sólo de variables económicas se trata el modelo que viene desarrollando el Partido Popular desde que recuperó el poder a fines del año pasado. Así es que a principios de diciembre la noticia era el rechazo de Cataluña al proyecto de reforma educativa que lleva adelante Madrid de la mano del ministro José Ignacio Wert, que mediante la reforma de la ley educativa, con el archiconocido propósito de adecuar la enseñanza a un mundo que necesita jóvenes preparados en nuevas especializaciones, impone como idioma prioritario el castellano en todo el país.
Sobre llovido mojado: a pocos días de una elección clave en Cataluña que abre paso –aunque no tan velozmente como pretendían sus impulsores– a un referendo independentista, el remarcado centralismo madrileño se parece bastante a una provocación. La región más rica de España sufre recortes y la sociedad protesta porque aporta casi el 20% de los ingresos totales de de la administración central y recibe un poco más del 14%. Según la perspectiva catalana, allí reside el colosal déficit que llevó a la región a pedir salvataje a Madrid y a ser la segunda región más endeudada del país.
La ola independentista podría arrastrar al País Vasco, que tiene viejos reclamos independientistas aunque no tan teñidos de aroma impositivo porque logró en su momento lo que se llama el sistema de concierto, que le permite recaudar y girar al gobierno central una cuota para la coparticipación. Para el resto de las comunidades, el sistema es más parecido al argentino: el Estado nacional recauda y luego distribuye. Con el adicional de que lo hace con un prudencial retardo, que se alarga mucho más en tiempos de crisis.
Tampoco para Rajoy son buenas épocas en política exterior. Al principio de su gestión, el canciller José Manuel García-Margallo declaró con un tono nacionalista que el nuevo gobierno iba a luchar por el Gibraltar español. El peñón es para España una espina clavada en el corazón de su orgullo. Y a pesar de tratados y acuerdos que permitieron construir una organización como la Unión Europea, al igual que en Malvinas, los británicos se niegan a hablar de soberanía con sus vecinos amparados en el Tratado de Utrecht de 1713. El ímpetu nacionalista de García Margallo a poco del tercer centenario de aquella afrenta se fue opacando a medida que el primer ministro, David Cameron, también buscó untarse de una pátina patriótica en medio de ajustes presupuestarios ordenados desde Bruselas y con la mano rigurosa de los alemanes. Así que un viaje oportuno del príncipe Eduardo de Inglaterra y su esposa, Sophie Rhys-Jones, sirvió para apaciguar las cosas y sólo quedó el reclamo de que los pescadores españoles puedan seguir su faena en aguas que los ingleses consideran suyas, como hasta entonces.

Cuestión de códigos
La recuperación argentina de la petrolera YPF también fue un golpe al orgullo herido de los españoles. Al menos así lo entendieron los medios de comunicación y el gobierno, que primero amenazó con las peores consecuencias por el desafío. Pero andando el tiempo la temperatura fue bajando tanto en los despachos oficiales como en la ex compañía matriz, Repsol, que ahora decidió hacer reclamos económicos más que imponer trabas políticas. Mucho no pueden alardear los empresarios hispanos en vista de la detención del que fue el titular de la principal cámara patronal del país, nada menos que por lavado de dinero y ocultamiento de bienes para evitar hacerse cargo de millonarias deudas de su empresa Marsans. Gerardo Díaz Ferrán fue en su momento presidente de la privatizada Aerolíneas Argentinas y tanto de este lado del Atlántico como del otro, siempre tuvo micrófonos a mano para protestar por el «despojo» al que lo habría sometido el gobierno argentino cuando nacionalizó la compañía de bandera sin pagarle nada en retribución, argumentando que el español había vaciado la línea de bandera.
Cierto es que la España que tomó Rajoy no estaba en su mejor momento. De otro modo la derecha no se habría alzado con el triunfo electoral aquel 20N. Pero el PP no hizo más que empeorar los índices económicos, con lo que justificó la aplicación de una política de shock que aceleró el desguace del Estado de Bienestar y abrió la posibilidad de terminar de destruir todo lo que de progresismo dejó Zapatero tras su paso por la presidencia del gobierno. Además lo hace con verdadero deleite.
Por ahora el PP no puso el foco en la reforma de la ley del aborto, una de las promesas electorales, ni en el matrimonio gay. Pero sí reformó el Código Penal para endurecer aún más las de por sí impiadosas penas (que para los delitos más graves pueden llegar hasta 40 años). Además, introduce la figura de la «Prisión permanente revisable», que en teoría permite reducir condenas a cadena perpetua, pero luego de haber pasado no menos de 25 años entre rejas.
Añade luego la llamada «Custodia de seguridad», una medida por la que se suman hasta 10 años más de prisión a un preso que haya cumplido su condena cuando el tribunal sentenciador crea que se trata de un individuo de «especial peligrosidad».
Mientras tanto, y a pesar de que crece exponencialmente la cantidad de víctimas de desalojos por deudas hipotecarias impagas (ya hay más de 350.000 familias que lo perdieron todo en estos 4 años) no hubo acuerdo para cambiar la legislación que reglamenta la dación en pago, es decir, que el banco o el acreedor se quede con la propiedad del deudor, que de este modo se liberaría de su compromiso. Esto es, si al momento de entrar en mora la propiedad vale menos que cuando el incauto la compró, la diferencia se le sigue computando como deuda. En una sociedad con crisis laboral, eso significa que deberá pagar hasta el fin de sus días.

Revista Acción, 15 de Diciembre de 2012

El miserable acoso de los caranchos

En más de una ocasión, el presidente venezolano Hugo Chávez declaró, con tono grave, que la revolución lo había tomado por completo. «Ya no me pertenezco», sostuvo varias veces, a modo de confesión. Era la forma de expresar que un líder de su estatura, al comando de un proceso político como el que encarnó desde el intento de acabar con el neoliberalismo del gobierno de Carlos Andrés Pérez, hace 20 años, no podía darse tiempo para otra cosa.
No era nada nuevo, en realidad. Ninguno de los grandes protagonistas en la historia de la humanidad fueron otra cosa que hojas en los vientos que habían desplegado o a los que se habían sumado para dejar la huella de su paso por este mundo.
En estas horas es cuando se hace más patente esa frase y la certeza de que cada uno de los venezolanos y de los latinoamericanos que rezan por la salud de Chávez enfrentan un momento crítico. Las imágenes que las agencias de noticias envían de militantes o ciudadanos comunes haciendo vigilias con los ojos vidriosos y los labios apretados para contener el llanto, certifican que el bolivariano representa mucho más que el cargo que ocupa. Es la mayor esperanza de cambio para un país habituado a las injusticias sociales más espeluznantes, con millones que padecían dramáticas escaseces sentados sobre pozos de petróleo que a otros enriquecían.
La Venezuela de hoy no es el paraíso. Para eso le falta bastante. Pero si a lo largo de 14 años y 17 sufragios las grandes mayorías siguieron apoyando el proyecto chavista, en elecciones absolutamente limpias, algo será que habrá cambiado para los que menos tienen. Sin embargo, la presencia de Chávez sigue siendo determinante para la continuidad del modelo y para acallar esas voces opositoras que en representación de privilegios perdidos no hacen más que golpear con cizaña sobre las heridas de un hombre que lucha contra un mal todavía más poderoso que la ciencia.
Es cierto lo que dijo el ecuatoriano Rafael Correa: «Todos somos necesarios, pero nadie es imprescindible.» También es verdad que la revolución debe seguir sin Chávez, pase lo que pase. Como quien dice, que este proceso de cambios necesita ponerse los pantalones largos, tanto en Venezuela como en el resto del continente, que también pide por Chávez porque sabe que es un poco rezar por sí mismos.
Mientras tanto, la derecha y los poderes fácticos más retrógrados se regodean vivando al cáncer, el único que parece en condiciones de derrotar al militar venezolano, ya que no pueden con él en las urnas.
Así es que algunos periodistas que alcanzaron su cuarto de hora de fama enviando informes presuntamente surgidos desde el cuerpo médico que atiende a Chávez, se refriegan las manos como diciendo «no me digan que no les dije que lo de él era grave». Henrique Capriles, que este domingo se juega a conseguir en la gobernación de Miranda una segunda oportunidad para liderar a la oposición tras el fracaso en la presidencial, ya se encargó de recordar que «el liderazgo de una persona no se transfiere… (aunque) yo veo que quienes no tienen nada que ofrecerle a nuestro estado se aprovechan del problema». Cosa de ver si de ese modo puede revertir encuestas que lo dan como perdedor también con el candidato oficial Elías Jaua.
Otro periodista venezolano, Andrés Cañizález, hablando de la proliferación informativa actual sobre la salud presidencial, a las que contrapone con escuetos comunicados antes de las primeras operaciones, dice en La Nación: «¿Cuántos venezolanos habrían votado por Chávez sabiendo que en verdad no estaba curado?»
«Ahorita no tenemos quién dirige este país, y el que ahora está encargado (por el vicepresidente Nicolás Maduro), él llora en la televisión para armar un drama, para que la gente vaya a votar porque pobrecito Chávez. O sea, es doloroso. Entonces, no sabemos si esa enfermedad es para eso o es porque de verdad el señor está enfermo», deslizó sin ruborizarse, la abogada María Alicia Altuve, según reproduce un cable de la agencia The Associated Press.
Esta teoría de que el agravamiento de la enfermedad de Chávez no es más que un montaje publicitario para ganar este domingo ya fue publicado en Buenos Aires por alguno de los diarios más influyentes de la derecha. El mismo que sostiene que la situación económica en Venezuela no atraviesa por su mejor momento y coteja la política en relación al dólar con la de Argentina (dos modelos pero el mismo cepo cambiario, equiparan). Recuerdan mucho a los caranchos que se posan sobre una presa vencida para despedazarla. Y con mirada canchera dicen «ahora los quiero ver».
Desde este lado, son muchos los que le reclaman a Chávez, como contrapartida, no haberse cuidado más una vez que le detectaron la enfermedad. El mismo mandatario bolivariano recordaba que Fidel Castro casi lo conminó como un padre a que se revisara de «esas molestias» en la pelvis que terminaron siendo el primer tumor.
Y es aquí donde aparece esa diferencia entre un hombre que ya no se pertenece y confía en una inmortalidad imprescindible pero inexistente. «¿Qué necesidad tenías de dar ese multitudinario discurso antes de las elecciones bajo semejante lluvia?», le recriminan. Los mismos que podrían reprocharle a Néstor Kirchner por haberse expuesto en el Luna Park un par de días después de una cirugía cardiovascular. «Yo tampoco me pertenecía», repetiría el argentino. ¿Qué necesidad tenía Evita? ¿Y Perón en el ’73? ¿Y el Che, cuando todo le indicaba que no se podía? ¿Y Dorrego, poco antes de ese 13 de diciembre final? Si tuvo ocasión de escapar…
Estos son momentos dramáticos para Venezuela y para la región. Pero también para la vida de un hombre que ahora se muestra en toda su dimensión humana. Es un tipo común que alguna vez entendió que una sociedad injusta debe ser cambiada. Y que si él no lo hacía, ¿quién? Entonces puso todos los huevos en una sola canasta, sin guardarse nada.
Ahora cabe a la dirigencia que se formó a su lado y se consolidó en estos años de gobierno mantener la antorcha ardiendo mientras Chávez se recupera con toda la tranquilidad que necesita para volver al ruedo. Claro que no se la van a hacer fácil, y los caranchos hurgarán en miserias y diferencias para intentar una división que les permita revertir los avances logrados desde 1999.
Por lo pronto, ya dicen –a modo de cuestionamiento de sus debilidades– que Maduro no pasó por una universidad. Y que alguna vez se ganó la vida conduciendo un ómnibus. Los mismos «sesudos» argumentos que se escucharon sobre Evo Morales cuando estaba por asumir: que sólo acreditaba una pobre escuela primaria. Y que es indio.
La presencia de Correa en La Habana y el anuncio de que también podrían viajar el uruguayo José Mujica y el peruano Ollanta Humala, certifican todo lo que representa Chávez para este tiempo latinoamericano, tan auspicioso en el camino de la construcción de una Patria Grande.
Beneficioso incluso para los caranchos, incapaces de percibir que si esta oportunidad se pierde, ni ellos habrán de sobrevivir. En un páramo nadie tiene con qué alimentarse.
(En memoria de mi viejo, Constantino, que se jubiló de colectivero después de pasar por la línea 7, la 91 y la 44, cuando todavía era color celeste).

Tiempo Argentino, 14 de Diciembre de 2012

Los nuevos desafíos del Mercosur

La integración no es nada fácil. Bastaría con recordar las dificultades con que se topó Simón Bolívar cuando intentó un Congreso Panamericano en Panamá para debatir la forma de organizar la unidad de las ex colonias españolas en América.
El también llamado Congreso Anfictiónico fue convocado hace hoy exactamente 188 años por el libertador venezolano. Apenas 48 horas antes de la batalla de Ayacucho, que puso fin al dominio español en el continente el 9 de diciembre de 1824. Un laborioso triunfo militar alcanzado con tropas de todos los rincones de Sudamérica –rioplatenses de ambas orillas, chilenos, peruanos y de la Gran Colombia– al mando de Antonio José de Sucre. Y que se considera la primera experiencia de integración regional, cuando todavía no se hablaba de Patria Grande.
Uno de los mayores impulsores de esa unión, sino el que más, fue el tucumano Bernardo de Monteagudo, autor del Ensayo sobre la necesidad de una federación general entre los estados hispano-americanos y plan de su organización. Fue él quien sembró la iniciativa en Bolívar. Pero no llegó a ver concretado su sueño porque caería asesinado en Lima, unas semanas más tarde, el 28 de enero de 1825.
Algunos atribuyen a este crimen el retraso y hasta la escasa asistencia de delegaciones latinoamericanas, que se encontraron en el convento de San Francisco, de Panamá, el 22 de junio de 1826. No estuvieron representados Bolivia (no llegó a elegir delegados a tiempo por disputas menores), el Río de la Plata (en guerra con el imperio del Brasil), Chile (la dirigencia desconfiaba de Bolívar) ni Paraguay (José Gaspar de Francia no había querido reunirse con el libertador tras la independencia de Bolivia y entonces no fue invitado).
Corrió mucha agua debajo de los puentes regionales desde entonces. Pero algunos de los problemas son los mismos: Paraguay otra vez quedó al margen de una convocatoria de unidad. Una que se hace en Brasil, ahora una república democrática y sin esclavos, y a la que se integra como miembro pleno Venezuela y que abre el juego para que se incorporen Bolivia y Ecuador. Cosa de ir alcanzando aquel sueño de Monteagudo, Bolívar y de tantos otros que siguieron «arando en el mar» hasta ahora.
En el caso del Paraguay de estos días, fue suspendido del club sudamericano luego del golpe contra el presidente Fernando Lugo. Pero antes, un congreso dominado por la derecha más retrógrada venía rechazando el ingreso de Venezuela alegando que Hugo Chávez no es democrático. Con lo cual demoró varios años la ampliación del Mercado Común del Sur, con todo lo que significó desde el punto de vista simbólico pero también económico. Con el país caribeño, el bloque regional suma 275 millones de habitantes, un PBI que lo ubica en el quinto lugar entre las economías del planeta y casi el 20% de las reservas probadas de petróleo en el mundo. La respuesta regional fue entonces incorporar a Venezuela en contradicción con las reglas que pedían la aprobación de las legislaturas de todos y cada uno de los países.
La escandalosa destitución de Lugo no hizo sino demostrar que el resto de las naciones habían sido rehenes de un grupo de senadores dinosáuricos que, sin embargo, son dignos representantes de una clase dirigente que nunca modificó los patrones de conducta social con los que se manejan desde la dictadura stroessnerista y antes.
No hace falta más que ver el tratamiento que le dan tanto las autoridades de facto de Paraguay como los medios –todos alineados con el golpe, obviamente– a esta nueva reunión en la que el país queda mirando «con la ñata contra el vidrio».
«Los neodictadores bolivarianos son inconmovibles en su posición ideológica: porque ellos piensan que aquí se produjo un ‘golpe de Estado’, creen preciso castigar a los paraguayos por ‘rebeldía contumaz'», dice un editorial del ABC Color, uno de los más feroces, que alimenta un nacionalismo elemental pero, quién sabe, efectivo para rechazar esta integración regional.
«La alternativa que tiene nuestro país es que sus autoridades sigan aceptando vivir de rodillas, inclinando siempre la cerviz ante nuestros poderosos vecinos al precio de dádivas, o que alguno de los gobernantes que surja de las elecciones decida intentar encarar con firmeza la defensa de los altos intereses de la República para devolverles la dignidad manoseada por mandatarios que se proclaman nuestros ‘amigos’ pero que andan con el cuchillo escondido bajo el poncho», dice otro brulote en el que se resalta el «atolladero en el que arbitrariamente nos ha metido la reactualizada Triple Alianza de antaño».
El problema es que el Mercosur, nacido no casualmente por el Tratado de Asunción hace dos décadas, es la mejor herramienta para revertir el proyecto ultraliberal de aquella nefasta alianza del emperador Pedro II de Brasil, el dictador oriental Venancio Flores y el fundador de La Nación y de la historiografía oficial de los argentinos, Bartolomé Mitre, a la sazón presidente.
Los voceros del régimen paraguayo también adelantaron que rechazarán el ingreso de Bolivia y Ecuador. No ahora, que no forman parte de la mesa de decisiones, claro, sino cuando vuelvan al redil regional, luego de las elecciones de abril de 2013. Y si es que resultan comicios limpios y no ocurre el tan temido «fraude patriótico» que pronostican Lugo y los sectores de la izquierda.
Mientras tanto, los intereses internos más ligados al capital internacional concentrado siguen apostando a destruir lo que de progresista pueda aportar un Mercosur que busque el desarrollo de sus ciudadanos y no sólo de las multinacionales. Y desde la Unión europea no pierden ocasión de darles una pequeña ayudita.
«Somos fundadores del Mercosur, queremos permanecer en el Mercosur y queremos mejorar el Mercosur», había dicho el canciller paraguayo, José Félix Fernández Estigarribia, tras sugerir la «generalizada insatisfacción» en el organismo ante lo que llamó «el proteccionismo argentino».
Fuentes de la UE, que tiene en carpeta la firma de un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, se quejaron ayer por la demanda que presentó Argentina en la OCDE contra el proteccionismo europeo. «No contribuye a crear un buen ambiente» para la negociación entre Bruselas y el Mercosur, deslizaron los europeos.
«El Mercosur como un ejercicio de integración comercial tradicional está en su fase final», declaró en tono lapidario Rubens Barbosa, quien como funcionario participó en la formación de Mercosur y ahora dirige el Consejo Superior de Comercio Exterior de la poderosa Federación de Empresarios de San Pablo.
El desafío es demostrarles a todos que se equivocan.

Tiempo Argentino, 7 de Diciembre de 2012

Un bloque a la medida de Washington

Cuando en abril de 2011, poco antes de entregar el gobierno, Alan García logró cristalizar la Alianza del Pacífico (AP), muchos creyeron ver en esta iniciativa del peruano una zancadilla a su sucesor, Ollanta Humala. Porque el bloque que nacía, conformado por Chile, Perú, Colombia y México, nacía de la unión de gobiernos teñidos de una notoria impronta neoliberal. Andando el tiempo, la AP se dio el gusto en la última Cumbre Iberoamericana de Cádiz –escuálida por la ausencia de tres mandatarios del Mercosur como Cristina Fernández, José Mujica y Hugo Chávez, pero también por la suspensión de Paraguay tras el golpe contra Fernando Lugo– de mostrar sus credenciales al mundo y de incluir, como miembro observador, precisamente a España, que ante la crisis terminal de su modelo económico busca alternativas hasta debajo de las piedras y ahora mira de otro modo a América Latina.
De este modo, la AP fue la cara visible de un modelo de integración regional, en detrimento del Mercosur, que sólo mantuvo presencia con la brasileña Dilma Rousseff, tratada con algodones por los españoles porque, de paso, y a sabiendas del rol que Brasil está alcanzando entre las potencias económicas, también le podría servir para superar su encerrona.
Estos actos protocolares desnudaron, así, una crisis subterránea en la región que hasta no hace mucho se jactaba de haber construido, más allá de las diferencias, un organismo como Unasur que podría cobijar todas las tendencias de los países sudamericanos hacia un destino común, que no podría ser otro, se suponía, que sumarse a la sociedad comercial representada por Mercosur.
Pero sucede que el mercado común nacido en Asunción en 1991 representa una visión del mundo relacionada con un parque industrial bastante desarrollado pero fundamentalmente una producción agropecuaria de gran importancia para el mundo.

Dos miradas
La dificultad para juntar los dos océanos, como sugieren conocedores del tema, entre ellos, el argentino Alberto Sosa, miembro del Instituto Argentino de Geopolítica (IADEG), se basa en que el eje del Pacífico tiene una mayor producción de minerales y se ubica como punto clave en el área de mayor crecimiento de las últimas décadas y es llamado a convertirse en el centro económico mundial para el resto del siglo. O sea que hay dos miradas diferentes sobre cómo insertarse en los mercados internacionales.
De hecho, la AP representa a países que tienen tratados de libre comercio entre ellos, con Estados Unidos y también con la mayoría de las naciones del mundo. Chile es el caso más paradigmático, pero México y Colombia no le van en zaga. De allí la posibilidad más concreta de avanzar hacia otras políticas de integración, como la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.
Más puntualmente, Chile y Colombia son fuertes en los servicios y energía, México es un importante centro regional de producción con acceso directo a la economía mas grande del mundo, y Perú ostenta niveles récord de crecimiento económico y alto nivel de producción de materias primas.
Los números fríos dicen que los 4 países tienen 205 millones de habitantes, reúnen el 35% del PBI de Latinoamérica y exportan más de la mitad de bienes de toda la región. Si se lo computara como un solo país, representaría la novena economía del planeta, con pautas similares en cuanto al rol que debe tener el Estado. Por otro lado, para integrar la AP se requiere la plena vigencia del Estado de derecho, de la democracia y del orden constitucional.
Porque todos sostienen a rajatabla una economía de libre mercado y un sistema de multipartidismo que, por ejemplo, llevó a que esos países morigeraran el castigo de Unasur a la dirigencia paraguaya por el golpe contra Lugo como así también a mantener en el último encuentro de ministros de Defensa continentales en Punta del Este las posiciones más cercanas a lo que pretende el Pentágono para su patio trasero.
No por nada la mitad de los miembros del grupo tienen una fuerte injerencia de tropas de EE.UU. en planes armados con la excusa del combate al narcotráfico, como el plan Colombia y el plan Mérida. O sea, son territorio de libre tránsito también para uniformados con la bandera de las barras y estrellas en el brazo izquierdo. Y el Paraguay de hoy no está demasiado alejado de esa «amistad» con los uniformados estadounidenses.
Cabeza de puente

A diferencia de lo que ocurría en el mundo hispanohablante en la edad de oro del Consenso de Washington, Piñera dijo que «hoy día América Latina puede ser una plataforma para proyectarse al mundo del Asia Pacífico». Y luego se ofreció como puente para el mercado español hacia los países asiáticos.
Es que el bloque se propone firmar un tratado de libre comercio con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), una alianza de 10 países de «la otra orilla» entre los que se cuentan Indonesia, Tailandia, Vietnam y Singapur.
En Cádiz, todo un símbolo, Piñera, el peruano Humala, el colombiano Juan Manuel Santos y el mexicano Felipe Calderón firmaron una declaración conjunta en la que aseguran, entre otras cosas, que durante el 2013 reducirán los aranceles internos en un 90% y que ya no habrá que tener visa para que los ciudadanos viajen de un país a otro.
«Nuestra meta es lograr que a comienzos del próximo año más del 90% de los bienes puedan circular libremente sin ningún arancel entre nuestros países», abundó Piñera.
La cita sirvió también para dar la bienvenida oficial a 5 países que se incorporaron como observadores: España, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Uruguay. Costa Rica y Panamá continúan con su estatus inicial de candidatos a miembros plenos en cualquier momento.
Mientras tanto, de este lado de los Andes, todavía resuenan los ecos de la renuncia de Samuel Pinheiro Guimarães, alto representante del Mercosur, que pegó un portazo antes de la cumbre de Mendoza donde se formalizó la suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela. El brasileño alegó entonces falta de apoyo para sus proyectos de integración que denominó «Mercosur x 9», que incluían, entre otras cosas, la convocatoria a Bolivia, Ecuador, Guyana y Surinam.
Guimarães, un diplomático de carrera en Itamaraty con un bagaje de experiencia y vocación integradora que lo ubica como uno de los propulsores de Mercosur desde sus orígenes, percibía que el eje Argentina-Brasil estaba perdiendo la partida en el armado de la unidad regional tras la muerte de Néstor Kirchner y el recambio de Lula da Silva por Dilma Rousseff en Brasil. Pero por lo que se ve, su sonoro alejamiento no logró despabilar a la «alianza atlántica» sudamericana.

El neogolpismo
Guimarães denunció luego ante la prensa (ver recuadro) el «neogolpismo» en Sudamérica, «impulsado por las clases tradicionales hegemónicas que, ante la victoria (electoral) de candidatos progresistas, construyen una teoría según la cual (estos presidentes) fueron elegidos pero no gobiernan democráticamente, hacen políticas populistas, están en contra de la libertad de prensa».
Como para sopesar esto que se dice, conviene tomar en cuenta un artículo del vocero del «latinoamericanismo» proestadounidense afincado en Miami, Andrés Oppenheimer. El periodista nacido en Argentina describió en el Miami Herald a la Alianza del Pacífico como una muy auspiciosa entidad para la defensa del mercado libre y la democracia. «Los 4 miembros del nuevo bloque (…) tienen ante sí una oportunidad de oro. Sigo siendo respetuosamente escéptico sobre la Alianza del Pacífico, pero mucho menos que con respecto a los otros bloques comerciales y políticos que han surgido recientemente en la región, porque arranca con bases más concretas». Si él lo dice.

Revista Acción, 1 de Diciembre de 2012

Katiuska Blanco, la biógrafa de Fidel

Comenzó su carrera como corresponsal de guerra en Angola, siguiendo los pasos de algunos históricos revolucionarios cubanos. «Pienso en hombres como el Che –dice–, que hizo como guerrillero una labor tremenda y al mismo tiempo con su diario hizo una labor periodística. Fue él quien fundó Radio Rebelde en la Sierra Maestra. Pero antes del Che también habíamos tenido otros combatientes, por ejemplo, los de la independencia de Cuba, que fundaron el diario Cubano Libre. Otro antecedente fue Ernest Hemingway. Para nosotros, en la carrera de periodismo en Cuba, Hemingway era una personalidad venerada». Lejos ya de las trincheras africanas, Katiuska Blanco está escribiendo la biografía del líder de la Revolución Cubana casi mano a mano con él. Fidel Castro Ruz, guerrillero del tiempo es un trabajo de «largo aliento», que en los primeros dos tomos «apenas» llega hasta el 1º de enero de 1959, cuando los barbudos combatientes llegaron a La Habana para sellar el fin de la dictadura de Fulgencio Batista y el triunfo de la revolución.
–¿Angola era una opción natural para una joven periodista en ese momento?
–No resultaba tan extraño querer hacer periodismo de calidad en una contienda bélica. Además, la participación cubana en Angola era solicitada por el pueblo angoleño contra la invasión sudafricana. No era cualquier lugar sino la Sudáfrica que venía del apartheid. Por lo tanto, también tenía desde el punto de vista social, una razón de peso, profunda y también de lucha contra la discriminación racial. Por otro lado, yo recuerdo que cuando estaba en tercer año de la universidad había tenido lugar en Cuba el Sexto Pleno de la Unión de Periodistas de Cuba, presidido por Fidel. Junto con eso hubo una reunión de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba que enmarcó de alguna manera lo que después él llamó «avanzar por el camino correcto». Fue tan importante para Fidel la retroalimentación que recibió de los intelectuales y de los periodistas que eso definió, de alguna manera, un rumbo distinto en el desarrollo de la revolución. Se llamó también la etapa de la «rectificación de errores». Esto fue en 1985. Yo me gradué en 1987, pero pude participar como estudiante de tercer año de periodismo en encuentros como delegada por la universidad. Ahí tuve la oportunidad de conversar con el Comandante, de hacerle unas preguntas sobre el tema de la orientación…
–¿Era la primera vez que estaba con él?
–No, yo no lo cuento como la primera vez que estuve con Fidel porque él presidía la mesa y yo estaba como una delegada más en una sala del Palacio de las Convenciones. Pero sí creo que le mencioné el hecho de que a veces llegábamos al quinto año de la carrera y no teníamos muy definido el medio en el que íbamos a ir a trabajar. En Cuba tú terminas la universidad y el Estado te emplea. Yo pensaba que había que buscar la manera de que el estudiante supiera con cierta antelación en qué medio iba a estar para que pudiera profundizar los conocimientos específicos de ese medio.
–¿Y qué ocurrió?
–Le hablé del Congreso, porque allí se acordó que los jóvenes graduados tuvieran una especie de entrenamiento después de la carrera. Para ese entrenamiento se escogía a los que habían tenido mejores resultados y también a los más integrales. En Cuba, la selección de los mejores no la hacen los profesores ni los profesionales sino que los propios estudiantes son quienes eligen a los que están indicados en el escalafón, que no incluye sólo los resultados sino que es una discusión de la asamblea estudiantil. Recuerdo que me gradué el 16 de julio de 1987, el 3 de agosto comencé un curso de cámara de cine y de cámara fotográfica en los estudios fílmicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el 3 de setiembre terminamos el curso y el 13 nos montamos en el avión y nos fuimos para Angola.
–No hay muchas mujeres corresponsales de guerra. ¿Cómo fue esa experiencia en África?
–Estuve un año en escenarios de guerra. En Angola no siempre se trataba de una guerra convencional de estas que salen en las películas, sino que allí se la conocía como «la guerra de las minas», por las minas antipersonales y antitanques. No presenciamos una guerra común aunque sí había emboscadas en los caminos y demás. Por supuesto había que ir armados a todas partes. Uno iba con un arma de defensa personal, una pistola, porque era un oficial. Todos los estudiantes de periodismo en Cuba en esa etapa tenían entrenamiento militar y salíamos con el grado de tenientes. Era una guerra aburrida y al mismo tiempo no lo era, porque había hostigamiento. Escribí hace mucho tiempo una crónica titulada El sur en la memoria o algo así. Porque el sur era el territorio del espanto. Allí pasaban cosas tremendas. Estaba la invasión sudafricana pero también estaba el Movimiento Unita, apoyado por Estados Unidos y Sudáfrica. No voy a decir que no tuve temores, porque el que diga eso está mintiendo, pero el temor más grande que sentía era pensar en que a mi mamá y a mi familia les llegara una mala noticia. El sufrimiento que iba a causar si a mí me pasaba algo. Aunque a veces siento que era un amuleto para el grupo y que donde yo iba no pasaba nada.
–¿Era así?
–Creo que sí porque no me ha ocurrido nada. Y eso que fui a lugares difíciles. Estuve en un avance hacia un lugar que se llamaba Techipa, que los cubanos decían «Techipa te chupa» por lo malo que era. Hubo allí hostigamiento de E5 y E6, un tipo de artillería donde los proyectiles penetran en los refugios. Si no están bien construidos el proyectil penetra y se expande. Entonces, había que hacer los refugios con gruesos troncos, tierra, gruesos troncos, más tierra y así sucesivamente para que no causaran daños. Tuve compañeros que cayeron en esta guerra.
–¿Todos los días tenía que escribir algo?
–Sí, casi siempre. Aunque yo era muy joven, estaba recién graduada, y las fotos me salían muy mal. A veces mis trabajos no se publicaban. Todavía hoy digo que primero me muero antes que publicar de nuevo aquello que escribí porque era muy elemental. Las crónicas de Angola tenían el mérito de exaltar el valor de los jóvenes cubanos, que estaban allí cumpliendo una tarea de solidaridad muy grande.
–Todavía no llegamos al momento en el que conoció a Fidel.
–Al regreso de Angola comencé a trabajar en el periódico del partido, el Granma. Me tocó cubrir en muchas oportunidades actos oficiales, encuentros y recorridos con Fidel. Yo atendía las secciones Juventud, Familia, Educación y demás. Había escrito un trabajo que se llamaba La secundaria básica. El eslabón más débil. Fidel empezó a preguntar sobre esa parte de la educación, sobre el desarrollo de la secundaria básica en Cuba, porque era el nivel con mayores dificultades, no sólo en Cuba sino en el mundo entero. Fidel me consultó y yo respondí algo que había escrito, que había estado investigando, hablando con maestros y demás. Y de pronto me dijo: «¿Tú eres docente o especialista en secundaria?». Le dije que era periodista de Granma. Luego me preguntó mi nombre, y cuando le dije Katiuska, quiso saber cuándo me pusieron ese nombre. «Creo que el día en que nací», le contesté, en 1964. Y le conté la historia de por qué me llamaba Katiuska (ver Un nombre…). Luego pasaron años sin verlo hasta que fui a una expedición de la juventud que reeditaba el viaje del Granma. Fuimos a México e hicimos la trayectoria marítima del Granma…
–¿Quiénes hicieron ese viaje?
–Eran jóvenes cubanos. Yo iba como periodista. Con las crónicas que escribí para el periódico, ampliadas, se publicó el libro Después de lo increíble. Los compañeros de la juventud, a fin de año, me dicen: «Katiuska, envíanos dos ejemplares que ese va a ser el obsequio de la juventud cubana a Fidel y a Raúl por el aniversario del triunfo de la revolución». A los pocos días, en enero de 1993, Fidel me convocó al Palacio de la Revolución y en un momento me dice que le habría gustado hablar conmigo antes de que el libro se publicara para contarme lo sucedido. En ese momento comenzó una extraordinaria evocación de aquellos hechos. Lo vi varias veces más hasta que en 1996 me invitó a ir a Birán (su lugar de nacimiento).
–¿Eso es lo que narra en Guerrillero del tiempo?
–Claro. Es la etapa en la que empiezo a trabajar, primero como periodista y después como investigadora, en la oficina del vocero de la Cancillería cubana. Al mismo tiempo que hacía mi trabajo investigaba sobre la vida de Fidel, la genealogía, el ambiente, la vida en Birán.
–¿Se fue dando la idea del libro o lo tenía como proyecto?
–Primero se dio a raíz de que él me invitó a ir a Birán. Fidel me dijo: «Vamos y después con eso tú haces lo que quieras». Alguien que estaba al lado mío me dijo: «Deberías hacer algo de largo aliento». Yo me quedé con aquella frase, que para mí es muy poética por la musicalidad de las palabras. Me pregunté: ¿Qué será largo aliento? ¿Una crónica de 4 cuartillas, de 15? ¿Un reportaje de 100 páginas? Y cuando hablé con Guillermo Cabrera Álvarez, un maestro de periodistas en Cuba, me dijo: «Katiuska, haz un libro sobre Fidel en Birán. Si cuentas el lugar donde vivió, la gente que lo rodeó, lo que lo marcó, estás contando a Fidel, estás narrando el perfil de Fidel». Así empezó. Ese libro se publicó en 2003 y se llamó Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz. No lo escribí pensando en hacer una biografía, pero de alguna manera, fui siguiendo a Fidel.
–¿Recogió testimonios de gente del lugar, de familiares…?
–Entrevisté a prácticamente todos los hermanos de Fidel en Cuba. A la hermana mayor, Angelita; Agustina Castro, su hermana menor; entrevisté a Raúl cuando faltaban pocos días para terminar el libro, porque me faltaba nada más su testimonio para tener determinadas precisiones. Porque las cronografías, los estudios en las oficinas en las que investigaba casi siempre eran sobre Fidel. Yo me preguntaba dónde está Raúl en toda la historia de Fidel. El libro se hizo con eso, con indagaciones, revisando los diarios de la época, incluso antes de que Fidel naciera. Porque el libro empieza con un capítulo que se llama «Ángel», que es la narración de la vida del papá de Fidel, desde que nació en España.
–¿En qué lugar de España?
–Una aldea gallega llamada Láncara, en la provincia de Lugo. En España, Castro no es cualquier cosa. Si buscas en las enciclopedias encuentras «la cultura castreja». Castros eran los asentamientos humanos de los celtas en España. Y sobre los vestigios de las ruinas de los celtas se edificaron los castillos romanos. En un determinado momento los nombres de las familias es «del castro tal o cual» hasta que el Castro terminó siendo un apellido. Los castros existen en toda España, pero Galicia es donde hay mayor número. Estos castros celtas tenían una característica: el gran desarrollo de las edificaciones defensivas y su capacidad de resistencia. Para nosotros esto tiene un doble simbolismo. Porque Cuba ha resistido y ha desarrollado una capacidad muy grande de defenderse. Nunca fue un país agresor, por el contrario, fue invadido, ocupado y colonizado.
–Asombrosa coincidencia, ¿no?
–Esta investigación propició, de alguna manera, que comenzara a trabajar en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, creada por la guerrillera Celia Sánchez Manduley. Ella comenzó guardando en su mochila papelitos de la contienda o de la guerrilla y cuando éstos ya no le entraban, los dejaba en custodia de campesinos. Así se conservaron todos los documentos del Che, de Fidel, los partes, los mensajes, las comunicaciones, las órdenes que emitían. Todo eso se le debe a Celia.
–¿Cómo surge la idea de hacer una biografía de Fidel?
–Creo que Fidel tenía esa idea desde hacía bastante tiempo. Nosotros conversábamos mucho. Ya para 2009 habíamos trabajado en conjunto en cosas que él quería que yo velara en lo que respecta a la edición de libros, enmiendas y todo eso.
–¿Ya había salido el libro de Ignacio Ramonet sobre Castro?
–Sí, ya estaba publicado. A veces nos pasábamos seis meses sin conversar y otras conversábamos una semana seguida.
–Da la sensación de que cuando se enfermó, se apuró en dejar testimonio.
–Sí, en aquel momento a Fidel le preocupaba cumplir la palabra dada a Ramonet y terminar el libro. Se había dado cuenta de que al transcribir había habido errores de comprensión y entonces había habido datos que presentaban errores. Él quería leer el libro, revisarlo y que quedara una cosa bien hecha. Además Ramonet le había insistido mucho para que lo hiciera y él, por cuestiones de trabajo, no había podido. Creo que Fidel tenía esa gran preocupación porque conocía el riesgo que corría.
–Fue cuando emprendió la tarea de esta biografía que usted escribió.
–Claro. Lo que me conmovía era que más que preocupado por su vida o por vivir o morir, era el rigor y la seriedad que debía tener ese testimonio. Eso es una cosa propia de un hombre que no le tiene temor a la muerte. A partir de una de esas conversaciones que teníamos me dijo: «¿Por qué no me preparas un cuestionario inquisitorio?». Empecé a preparar un buen número de preguntas y fuimos articulando los capítulos. Yo le iba enviando los cuadernillos y él los revisaba. Nunca hizo una enmienda en las preguntas. Que las podría haber hecho porque después de todo, ¿Qué soy yo al lado de un hombre de la dimensión de Fidel? Siempre digo y he repetido cuando me preguntan «¿por qué a ti?”», que eso demuestra la humildad de Fidel. Porque podría haber aspirado a que alguien consagrado, no sólo en Cuba sino a nivel internacional, fuera el destinatario de la narración de su historia.

Revista Acción, 15 de Noviembre de 2012