por Alberto López Girondo | Oct 16, 2015 | Sin categoría
Según Barack Obama, las fuerzas militares afganas «han obtenido progresos» desde la invasión estadounidense, hace 14 años, pero «aún no son lo suficientemente fuertes» como para garantizar la seguridad el país, por lo que lejos de dejar el territorio, como era su promesa, Estados Unidos mantendrá unos 5500 soldados incluso después de dejar su cargo, en 2017. La incursión de tropas estadounidenses en la región, que se disparó luego de los atentados a las torres gemelas del 11S de 2001, no hizo sino profundizar el caos existente y el relato del presidente es apenas un gesto de reconocimiento de errores que no cometió personalmente, pero que tampoco hizo mucho por resolver.
Por lo pronto, este mes, Afganistán fue un dolor de cabeza para Obama y tuvo que salir a dar explicaciones en más de una ocasión por lo que llamó errores. No son pocos los críticos que, donde la Casa Blanca ve equivocaciones, interpretan políticas de fondo, prácticas perversas que se desarrollan en ese rincón del planeta desde el inicio de la ocupación.
El 3 de octubre el mundo se horrorizó al conocerse la noticia de que aviones de EE UU habían atacado en Kunduz un hospital que estaba a cargo de Médicos Sin Fronteras (MSF). El ataque duró varias horas y causó la muerte de 22 personas, 10 pacientes y 12 miembros de la organización. De inmediato la ONG presentó enardecidas protestas por la barbarie demostrada en el incidente, ya que aseguran haber indicado con suficiente antelación la ubicación del edificio en GPS y además, en el techo estaba pintado el logo correspondiente.
Al principio, voceros del Pentágono hablaron de un error, luego el tema fue creciendo en los medios –MSF pidió expresamente una investigación internacional bajo los postulados de los Convenios de Ginebra, puesto que los consideró un crimen de guerra- y el propio Obama primero pidió perdón y luego anunció una pesquisa, aunque interna y sin participación foránea.
Justo un par de días más tarde se anunció en Atlanta, Georgia, la firma del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), un acuerdo de libre comercio que nuclea a 12 países de la cuenca del Asia-Pacífico, un selecto club que excluye a China –más bien fue hecho para oponérsele-, representa el 10% de la población mundial y el 40% del PBI. Que además refuerza el mercado productivo de Estados Unidos en un momento crucial por la crisis económica internacional.
El TPP fue elaborado en el secretismo más profundo durante cinco años por un equipo de no más de tres personas por país y representantes empresarios, y sólo traslucieron algunos de sus detalles luego de una filtración del sitio WikiLeaks. Es curioso, pero el anuncio de la firma no implicó la publicación de la letra chica del documento, que según la administración de Obama, se hará en los próximos 30 días. «Los abogados están trabajando ahora mismo para terminar el texto y prepararlo para su difusión», explicó el representante de la casa Blanca, Michael Froman. ¿Qué anunciaron, entonces?
Para entrar en vigencia, el TPP deberá pasar por las legislaturas de los países firmantes, que por América Latina son Chile, Perú y México. En algunos distritos será un simple trámite, pero en otros nada está garantizado, más aun cuando aparece en la agenda como una estrategia armada al margen de la población de cada uno de los socios. En el caso de Estados Unidos, los republicanos lo aprueban con las dos manos levantadas, pero ya la precandidata presidencial y ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo que se opone. «Lo que sé es que a partir de hoy no estoy a favor de lo que he podido saber sobre eso», dijo en tono despectivo en una entrevista para la cadena pública PBS.
El TPP deja muchas hilachas perjudiciales para trabajadores, pymes de países menos desarrollados y hasta para los gobiernos de esas naciones, que quedarían a merced de tribunales comerciales secretos que, se descuenta, beneficiarán a las multinacionales y a los grandes inversores.
También despertó críticas porque la iniciativa tiene artículos que permiten limitar y castigar la libertad de expresión en Internet mediante la excusa de proteger los derechos de autor. Pero en el área que más polvareda levantó fue en la cuestión de los medicamentos.
Son muchas las instituciones que venían advirtiendo de los riesgos que involucra ese acuerdo para la salud ya que al incrementar el plazo de cobertura de las patentes industriales encarecerá el costo de los genéricos en tratamientos de toda índole y principalmente para los sectores más carenciados de la sociedad.
Al frente de estas protestas se había anotado precisamente MSF en un comunicado que firmó su directora, Judit Rius Sanjuan, asesora legal, a la sazón, de la campaña de Acceso de Medicamentos de la entidad en EE UU. «Médicos Sin Fronteras –dice el texto- expresa su consternación por la decisión que tomaron los países miembros del TPP de acceder a las demandas del gobierno de los Estados Unidos y de las farmacéuticas multinacionales que aumentarán el precio de medicamentos para millones de personas a través de la extensión innecesaria de monopolios y retrasando deliberadamente la baja de precios al impedir la competencia con medicamentos genéricos (…), el TPP pasará a la historia como el peor tratado para el acceso a medicamentos en países en desarrollo, que serán forzados a cambiar sus leyes para incorporar los abusivos protocolos de protección a la propiedad intelectual para las compañías farmacéuticas.»
En asuntos intrincados como este, las coincidencias no suelen abundar. ¿Esto quiere decir que el ataque al hospital de Kunduz podría ser una venganza o una amenaza por el rechazo de MSF al tratado TPP? No habría elementos para asegurarlo. Es cierto que la ONG de inmediato pidió investigar un crimen de guerra. Dijo, incluso, que hasta en las guerras hay códigos, que en el caso del centro de atención en esa localidad afgana habían sido violados. Pero no habló, al menos públicamente, de que una cosa tuviera que ver con la otra. Es cierto, también que las disculpas de Obama finalmente se produjeron, pero sonaron, como ironizó algún cercano al organismo, a la actitud de ese marido golpeador que tras una paliza le regala flores a su esposa con una tarjetita que dice «no quise hacerte daño».
Según un trabajo elaborado por Micah Zenko, investigador en el Council on Foreign Relations, un think tank estadounidense, en Afganistán por cada soldado hay tres «contratistas», la forma legal que reciben los mercenarios que trabajan para alguna de las empresas de seguridad con las que desde el gobierno de George W. Bush se privatizaron gran parte de las guerras que encara Estados Unidos.
La principal de esas empresas es DynCorp, que pertenece desde 2010 al fondo de inversiones Cerberus Capital Management, con sede en Nueva York. Con inversiones en todas las ramas de la economía, desde automotrices como en su momento Chrysler, o inmobiliarias, también tiene intereses en la industria bélica, por supuesto, y los tuvo en alguna farmacéutica de menor volumen, como Talecris Biotherapeutics. Entre sus directivos figura el ex vicepresidente de George W Bush, James Danforth «Dan» Quayle, y su ex secretario del Tesoro, John William Snow.
El TPP garantiza mercados y negocios para inversores de toda laya, y Cerberus es uno. Cualquier oposición representa una mala nueva y un enemigo que mejor no tener. DynCorp tuvo en su historial denuncias de todo calibre por las barbaridades cometidas por su personal en Bosnia, Colombia y Afganistán (principalmente en Kunduz, por escándalos sexuales en 2009).
¿Esto relaciona a los mercenarios con el bombardeo al hospital del MSF?
¿Es la primera vez que hay «errores» como este?
No, todavía se recuerda el ataque al Hotel Palestina de Bagad que causó la muerte de dos periodistas y otro en contra las oficinas de Al Jazzera en Kabul, ambos en 2001.
¿Obama tiene algo que ver con el ataque?
No hay pruebas de nada de esto, sólo cadenas de casualidades, sospechas con cierto fundamento. En todo caso, tal vez el reflejo de que el inquilino de la Casa Blanca está en un laberinto del que no le resulta fácil escapar.
Tiempo Argentino · 16 de Octubre de 2015
Ilustró Sócrates
por Alberto López Girondo | Oct 11, 2015 | Sin categoría
El peor atentado en Turquía se produjo a menos de tres meses de otro que había dejado un saldo de 34 muertos en cercanías de la estratégica ciudad de Kobane, bajo asedio de milicias del Estado Islámico, en la región kurda. El golpe en Suruç del 20 de julio no fue reivindicado por ningún grupo terrorista, ni siquiera por el EI, pero golpeó en el corazón de un conflicto que mantiene en vilo al país desde hace décadas y que parecía en vías de encontrar canales democráticos de resolución.
Poco antes, el 5 de junio, y a dos días de una elección crucial para el gobernante turco, Tayyip Recip Erdogan, una doble explosión había dejado un saldo de cuatro muertos en una manifestación del prokurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP) en Diyarbakir, considerada la capital no oficial del Kurdistán turco.
El detalle entonces fue que en el comicio del 7 de junio el AKP, el movimiento conservador que sustenta a Erdogan y a su primer ministro, Ahmet Davutoglu, por primera vez perdió la mayoría parlamentaria, con el agregado de que también por primera vez llegó al Parlamento el HDP, que logró cruzar la restrictiva barrera del 10% de sufragios necesarios para obtener una banca. Consiguió más de 6 millones de votos, un 13,2%, y 80 escaños en una asamblea de 550 diputados. Fue un duro golpe para Erdogan, que esperaba una amplia mayoría que le permitiera cambiar la Constitución con el objetivo de reforzar su poder.
Este nuevo atentado, en otra marcha pacífica de opositores y que al cierre computaba 95 muertos y 256 heridos, se produce a 22 días de la nueva cita con las urnas. Como el AKP quedó en minoría y no hubo acuerdo para designar premier, Erdogan llamó a nueva elección, que es como decir hacer borrón y cuenta nueva, con la esperanza de torcer la voluntad de los sectores de izquierda y prokurdos que apoyaron al partido de Selahattin Demirtaş y Figen Yüksekdağ. No necesita demasiado, sólo ese poco más de 3 puntos que superó la barrera del 10 por ciento.
Desde el gobierno acusan a grupos terroristas entre los que engloban, por supuesto, a PKK, el movimiento guerrillero kurdo que durante años fue epicentro de las luchas independentistas. Hace tiempo PKK llamó a la paz y casi al mismo tiempo que se conocía la noticia del atentado en Ankara salió a la luz un comunicado en que anunciaba un cese el fuego. Ligar al HDP con el PKK es un ejercicio muy sencillo para las autoridades turcas, que apelan al nacionalismo para consolidarse en este delicado momento político. Es algo similar a lo que en España hacen los sectores más conservadores con la ETA y la izquierda abertzale.
Hasta ayer, la fidelidad del electorado a HDP parecía sólida y los sondeos no le daban más votos a AKP que en junio. Habrá que ver cómo influye el doble atentado en la elección. Pero sobre todo, cómo detonará en la dramática situación de un país atravesado por la crisis en el mundo árabe que lo golpea de lleno por su posición geográfica y por los resabios de la pulverización del imperio otomano y de la conformación de la República kemalista.
Tiempo Argentino · 11 de Octubre de 2015
por Alberto López Girondo | Oct 9, 2015 | Sin categoría
En Brasil se las llama «pedaladas», literalmente pedaleo. En este lado del mundo ese procedimiento podría ser traducido como «bicicleteada». El sistema guarda ciertas similitudes con el que había sido aplicado alguna vez por el entonces zar de la economía local Domingo Cavallo, y en su interpretación más extrema se lo conoce como «contabilidad creativa». La versión más delictiva podría estar representada por el ejemplo de algunos grupos económicos que maquillaron cuentas con el propósito de obtener fondos frescos, aunque luego esos aportes terminaron esfumándose en el aire, como hizo la firma de energía Enron en los ’90, que quebró dejando colgados a accionistas, inversores y miles de trabajadores en todo el mundo.
El caso que implica a la gestión de la presidenta brasileña Dilma Rousseff, según el Tribunal de Cuentas de la Unión –un organismo de control administrativo de la Legislatura integrado por dos tercios de representantes elegidos por el congreso y el resto por el Poder Ejecutivo– sería una «grave ofensa» contra la ley de responsabilidad fiscal ya que, explicó el relator del TCU, Augusto Nardes, el gobierno retrasó pagos para programas sociales a los bancos públicos, con el objetivo de dibujar un déficit menor en el presupuesto de 2014. De paso, esa institución estatal desliza la sospecha de que el dinero se hubiera utilizado para fines más oscuros. El guante lo recoge el Tribunal Superior Electoral, que se propone investigar cómo se pagó parte de la campaña del oficialismo, con lo que les deja la puerta abierta a los opositores más extremos, que ven la oportunidad de, en caso de poder demostrar esas irregularidades, anular las elecciones que le dieron un segundo mandato a la primera mujer en llegar al Planalto en la historia de Brasil.
La cifra de esta presunta maniobra fue estimada por el TCU en el equivalente a 27.300 millones de dólares. La «pedalada» habría permitido reducir el déficit en las cuentas públicas en 1795 millones, indica el informe de 1400 páginas ¿Es dinero que se llevó la presidenta, lo utilizaron sus correligionarios del PT para provecho personal? Nada de eso, la falla consistió, de acuerdo a la presentación, en que el gobierno aplicó una medida que en la práctica le habría permitido obtener un «crédito oculto» de los bancos estatales sin el permiso del legislativo, algo que la ley no permite, violando ostensiblemente las disposiciones fiscales.
¿El gobierno niega totalmente la información que envió al tribunal? No, la oficina de prensa de la Presidencia respondió que «los órganos técnicos y jurídicos del gobierno tienen plena convicción de que hay motivos legales para el rechazo» del dictamen del TCU –es decir, para negar las acusaciones–, y agrega que el organismo sancionó maliciosamente al gobierno por las medidas que tomó en su momento para financiar «programas sociales como la Bolsa Familia y Mi Casa, Mi Vida». Y añade que lo que busca ahora el TSE, con este argumento, es convertirse en una suerte de «casación electoral», o sea, de ponerse como tribunal de alzada para anular la voluntad del pueblo expresada en las urnas.
La decisión del TCU es, para los grupos más golpistas dentro del sistema político brasileño, la frutilla del postre para iniciar finalmente un impeachment contra la mandataria y de paso sacarse de encima al vicepresidente Michel Temer, del PMDB, aliado del PT desde hace una docena de años. Acá es donde se juega un ajedrez de alto riesgo, porque el tercero en la línea sucesoria, el jefe de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, también del PMDB, es el principal sostén del juicio político, a pesar de estar obligado políticamente a defender a su gobierno. Sin embargo Cunha aparece comprometido con los presuntos sobornos en la petrolera Petrobras, al punto que las autoridades suizas corroboraron al procurador general de Brasil, Rodrigo Junot, que el dirigente político tiene cuentas por 2,4 millones de dólares a buen resguardo en bancos helvéticos. De modo que si el partido de Fernando Henrique Cardoso, el PSDB, que perdió en octubre pasado con su candidato Aecio Neves, quiere dar un golpe perfecto, no tiene más que forzar la renuncia de Cunha y «limpiar» a la fórmula triunfante en 2014.
Así se entiende que Cunha, más reflexivo que hace unos meses, cuando fue ungido titular de la Cámara Baja, ahora dice que aceptará el ingreso del dictamen del TCU que recomienda no aceptar la rendición de cuentas de 2014 por las irregularidades que detectó. Pero que el tratamiento no será antes de 2016: entre nos, cuando las aguas se calmen… Tanto para Dilma como para él, por supuesto.
El caso es lo suficientemente espinoso como para espantar a los sectores «biempensantes» de la sociedad. Es cierto que puede entenderse como un dibujo presupuestario, pero no constituiría un delito en la medida en que el dinero no desapareció. Sucede que por más que los entretelones del hecho sean poco cercanos al hombre común de cualquier esquina brasileña, los medios lo presentan de tal manera que suena a un escándalo similar al de la petrolera estatal. Los «malpensantes», incluso, que reprueban los planes sociales puestos en marcha por el gobierno de Lula da Silva desde 2003, pueden ver en este desliz una buena ocasión para echar por tierra con este resabio del «populismo» que permitiría, de paso, reducir el presupuesto. Empero, por enésima vez la oposición no dio quórum para debatir los recortes que Dilma envió al Congreso para cumplir con las medidas que le pide su ministro de Finanzas Joaquim Levy. Sabiendo que bloquear los recortes impide la gobernabilidad, tal como la entendió Dilma en esta gestión. Avatares de este momento en el principal socio de la Argentina.
Hurgando en los archivos de O Globo, la periodista Marlen Couto encontró que no es la primera vez que el TCU encontró irregularidades en cuentas de un presidente. El antecedente que aparece es de 1937, cuando el tribunal de la época que rechazó las cuentas del presidente Getulio Vargas en el presupuesto de 1936, por pagos cuestionados por cuenta del Tesoro y del Banco de Brasil. Esto fue en abril, en noviembre, y en un clima de inestabilidad creciente en que el dictamen del TCU era una cuestión menor, Vargas clausuró el congreso y dictó una nueva Constitución que le permitió gobernar hasta 1945, cuando fue destituido.
En ese lapso, construyó el denominado Estado Novo con el que consolidó un gobierno de corte populista-nacionalista, amplió derechos ciudadanos y a los trabajadores, y creó, entre otras cosas, Petrobras. La misma empresa que ahora aparece en el centro de las críticas contra el gobierno del PT, que «corrió el arco» del varguismo hasta donde llegó.
Vargas, reelegido en 1951, se suicidó el 24 de agosto de 1954. En su carta póstuma escribió:
«Más de una vez las fuerzas y los intereses contra el pueblo se coordinaron y se desencadenaron sobre mí. No me acusan, me insultan; no me combaten, difaman de mí; y no me dan el derecho a defenderme. Necesitan apagar mi voz e impedir mi acción, para que no continúe defendiendo, como siempre defendí, al pueblo y principalmente a los humildes (…) La campaña subterránea de los grupos internacionales se alió con grupos nacionales contra el régimen de garantía del trabajo. (…) Quise crear la libertad nacional en la potencialización de nuestras riquezas a través de Petrobras, mal comienza esta a funcionar cuando la ola de agitación crece. Eletrobras fue obstaculizada hasta el desespero. No quieren que el pueblo sea independiente (…)”.
Nada indica que Dilma tendrá ese mismo final, pero las presiones parecen ir en el mismo camino. La cuestión será si puede mantener el equilibrio.
Tiempo Argentino · 9 de Octubre de 2015
Ilustró Sócrates
por Alberto López Girondo | Oct 2, 2015 | Sin categoría
Dicen que «el que avisa no es traidor». Vladimir Putin podría esgrimir este argumento para justificar que el ataque aéreo en territorio sirio ordenado el miércoles no debería haber sorprendido a nadie. Lo venía avisando desde unos días antes y, por lo que traslucieron los rostros del presidente ruso y de Barack Obama en su encuentro del lunes pasado, se lo dijo al mandatario estadounidense en el cara a cara que mantuvieron en Nueva York.
La andanada de críticas que despertó la incursión rusa, que según su versión de los hechos se descargó sobre objetivos de Estado Islámico y grupos opositores a Bashar al Assad, no se hizo esperar. En primer lugar desde los medios, que denunciaron que se había bombardeado sobre población civil. Desde el gobierno de Obama señalan con insistencia en que no queda claro hacia adónde apunta la metralla de Moscú, dejando la sospecha de que incluso solo se descargó la metralla contra grupos opositores indiscriminadamente.
El presidente ruso detalló que fue de un «ataque preventivo», una respuesta a tono con el concepto aplicado por el ex presidente George W. Bush luego del 11S, y salió luego a explicar que se trató de una veintena de incursiones contra un centro de mando yihadista y un puñado de depósitos de municiones. De paso, se vio en la obligación de desmentir la información que circulaba a esa altura en los centros del poder mundial. «Las primeras versiones sobre bajas civiles se produjeron antes de que despegaran nuestros jets».
Más allá de la veracidad de denuncias y desmentidas, era de esperarse que cualquier ataque ruso iba a despertar críticas de toda calaña. Desde que comenzó la llamada Primavera Árabe, la región se convirtió en un hervidero. Como corolario, se produjeron cambios irreversibles en medio de una inestabilidad ya crónica, azuzada por la intervención directa o indirecta de las potencias europeas y organismos vinculados a los servicios de inteligencia de Estados Unidos.
De allí que lo que para algunos fue la esperanza de extender procesos democráticos en países que venían padeciendo dictaduras por décadas, terminó en la destrucción de instituciones políticas, sociales y políticas y su secuela de miles de muertos en guerras civiles. En ese marco agencias occidentales financiaron el crecimiento de grupos opositores a los regímenes que finalmente fueron destituidos. Pero en el caso concreto de Estado Islámico (EI), Isis o Daesh, según la denominación que se prefiera para los yihadistas, se fueron sumando sectores más radicalizados de la sociedad en esa aventura salvaje y demencial.
En su discurso en la Asamblea General de la ONU, primero en diez años, Putin reclamó una amplia coalición para «afrontar los problemas que enfrentamos todos, de acuerdo con la ley internacional». Recordó, en esa ocasión, que hace 70 años una alianza había dejado de lado contradicciones mayores que las actuales –eran los tiempos de FD Roosevelt y Stalin, por poner dos ejemplos- para unirse para derrotar a Adolf Hitler. Comparó en el estrado de la ONU a los nazis con los grupos islamistas radicalizados en su «odio contra la Humanidad», y destacó que «los países musulmanes tienen que jugar un papel clave en la coalición, más aún porque el EI no sólo representa una amenaza directa contra ellos, sino que además ataca a una de las mayores religiones del mundo por sus métodos sangrientos».
Luego agregó: «En lugar del triunfo de la democracia y el progreso, hemos conseguido violencia, pobreza y desastre social. Y nadie se preocupa por los Derechos Humanos, incluyendo el derecho a la vida».
Putin ya había establecido contacto con las autoridades de Irak e Irán para, junto con representantes del gobierno sirio, crear un centro de información en Bagdad para analizar la situación. Las potencias europeas están tratando de encontrar canales de diálogo para resolver la cuestión por la vía diplomática. Se miran en el espejo del acuerdo nuclear con Irán de los cinco miembros del Consejo Permanente de Seguridad de la ONU más Alemania. Consultados por la agencia The Associated Press, fuentes europeas revelaron que buscan una mesa en la que ingresen además de Gran Bretaña, Francia y Alemania, Rusia, China, Irán, Arabia Saudita y Turquía. Normalmente Estados Unidos es reacio a aceptar esas vías políticas cuando no puede mantener las riendas de la negociación, como parece ser el caso.
Por lo pronto, el secretario de Estado John Kerry se reunió de urgencia el miércoles con el canciller Sergei Lavrov en una oficina de la ONU. Al término del encuentro dijeron que habían acordado coordinar las acciones entre los jefes militares. Kerry y Lavrov, dicen quienes los conocen, tienen una «buena vibra» y hablan sin tapujos entre ellos. Pero de allí a que planteen en público el alcance de sus controversias hay un trecho muy largo.
Lo que divide profundamente a Estados Unidos y sus aliados de Rusia y Siria –y es un dato público- es que todos plantean como salida para la guerra civil en ese país establecer un gobierno de transición. Solo que para los «occidentales» ese régimen debería ser con Al Assad afuera del gobierno mientras que para los rusos, el actual mandatario debe ser garantía de cualquier acuerdo futuro. Y adentro.
No sería fácil para Putin «traicionar» a un socio de años, cuya familia mantiene lazos con Moscú desde la época de la Guerra Fría a través del padre del presidente, Hafez al Assad, quien gobernó hasta su muerte en el año 2000. En 1971 se construyó la base militar de Tartus, que es la única de la época soviética que Rusia mantiene fuera de su territorio, en el Mediterráneo. La otra gran base, desde la cual controla el mar Negro, es la de Sebastopol, en Crimea, la península que recuperó el año pasado tras al derrocamiento de Viktor Yanukovich.
En todo caso, si algo le podrían criticar a Putin sus más cercanos es no haber decidido la incursión mucho antes, cuando era obvio que las fuerzas occidentales no iban a cejar en su intento de sacar del poder a Al Assad y que para ello habían apoyado a grupos opositores con armas, entrenamiento y dinero. Para entonces, avanzado el año 2011, Putin ya le había dicho a Obama que no pensaba dejar en la cuneta a Al Assad y mucho menos abandonar su base militar.
Juntos acordaron en 2013 el desmantelamiento del arsenal químico de Al Assad, que había sido acusado de utilizar ese tipo de armamento prohibido contra sus enemigos. El gobernante también está acusado de llevar a cabo una matanza de opositores. En tal sentido, la Justicia de Francia abrió en estos días un proceso por «crímenes de guerra» contra el gobernante. La fiscalía de París analizó miles de fotografías de unas 11 mil víctimas de asesinatos y torturas entre 2011 y 2013, destacaron los medios galos.
Es cierto que el riesgo de los bombardeos rusos es que la situación se desmadre, de allí la preocupación de Kerry. Buscaba con Lavrov algún tipo de conexión para que, en primer lugar, no se terminen atacando entre los intervinientes, que no sería exactamente «fuego amigo» pero tampoco son dos sectores enfrentados militarmente. El peligro de atacar población civil también es alto. Pero si es por eso, este martes sin ir más lejos más de 130 civiles perdieron la vida en el distrito yemenita de Taez cuando aviones de la coalición que lidera Arabia Saudita lanzaron su cargamento mortal contra los invitados a un casamiento, según confirmaron autoridades de Yemen.
No es la primera vez que sucede en la región, con protagonistas diversos. Nada garantiza que algo así no ocurra en Siria para embarrar aún más esa cancha de por sí difícil.
Tiempo Argentino
Octubre 2 de 2015
Ilustró Sócrates
por Alberto López Girondo | Sep 25, 2015 | Sin categoría
Hablar en el Capitolio de poner fin a la pena de muerte y a las guerras suena a osadía. Porque no pocos de los congresistas que aplaudieron conmovidos y derramaron lágrimas frente al Papa Francisco reciben –legalmente, eso sí- fondos para sus campañas de proveedores del Pentágono y de servicios para las cárceles privadas de Estados Unidos. Sonaría a inocente pensar que el Sumo Pontífice ignora esos datos. Por eso sus frases alcanzan la real dimensión del desafío del Papa argentino.
«¿Por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad?», se preguntó en el congreso estadounidense. «Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas», dijo a la industria bélica. «Cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse de la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito», señaló a los empresarios penitenciarios.
Jorge Bergoglio causó impacto en Estados Unidos, donde desplegó su caudal de recursos para seducir audiencias y convencer a dirigencias poco propensas al entusiasmo. Por estos días, ese país será el centro de las miradas por el inicio de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas. Si esto dijo ante los legisladores norteamericanos, habrá que ver qué tiene bajo la manga para los líderes mundiales que se darán cita en el edificio de Nueva York.
Uno de los que asistirá –además de la presidenta argentina Cristina Fernández, en su última incursión en ese ámbito- será Juan Manuel Santos. El presidente colombiano dio un paso importante el miércoles al estrechar la mano del líder guerrillero Timoleón Jiménez, Timoshenko, para sellar el acuerdo alcanzado luego de casi tres años de arduas negociaciones entre su gobierno y las FARC. Despejar el tema más árido en el proceso de paz como es el de la justicia transicional y la reparación de las víctimas, abre el camino para un acuerdo final y definitivo de paz que ponga fin a más de 50 años de fratricidio en los seis meses que se pusieron como plazo.
«Esto demuestra la madurez que ha alcanzado este proceso», destacó Santos en la capital cubana. «Desde una perspectiva fundamentalmente restaurativa (este acuerdo) abre las posibilidades de ofrecer verdades halladas y plenas», añadió Timoshenko. «Aun quedan dificultades enormes por superar, pero tenemos la certeza de que serán vencidas. La paz en Colombia no sólo es posible; es indispensable», abundó a su turno Raúl Castro, el anfitrión para este proceso y el que celebró, mano sobre mano, los tres vestidos de color claro, las históricas coincidencias alcanzadas.
Tiene razón Castro al decir que falta un trecho difícil todavía. No es la primera vez en la historia colombiana que la paz parece posible y algo o alguien conspiran para boicotear la salida. El fabuloso negocio de las armas mueve miles de millones de dólares y alimenta una maquinaria productiva difícil de disolver. En pocas palabras, hay muchos que viven de la muerte en todo el mundo. Y Colombia no fue una excepción en este medio siglo largo de enfrentamientos feroces.
Por lo pronto, hubo un extraordinario apoyo al documento firmado el miércoles entre todos los dirigentes internacionales. Desde el gobierno de Obama hasta el de Noruega –uno de los dos garantes en la mesa de diálogo- pasando por la Casa Rosada, que mostró su satisfacción por la novedad.
El que rechazó de plano este avance fue el ex presidente Álvaro Uribe. En una andanada de tuits protestó con su latiguillo de siempre desde que comenzaron los diálogos, en noviembre de 2012. «Se ha aceptado que delincuentes responsables de atrocidades no vayan a la cárcel a condición de confesar sus responsabilidades criminales.»
El tema de la justicia es crucial para la construcción de una nueva Colombia. ¿Cómo se juzgan los delitos que puedan haberse cometido en estos años? ¿Quién se hace cargo de reparar el daño cometido? Si es que los guerrilleros tienen parte de culpa, sin dudas tanto el Ejército como las fuerzas de seguridad colombianas tienen su grado de responsabilidad. Mayor incluso porque contaron no sólo con el poder de fuego de un estado constituido sino porque desde fines del siglo pasado, a través del Plan Colombia, disponen de millones de dólares de apoyo en dinero líquido, armamento e incluso mercenarios pagados por Estados Unidos.
En el documento de La Habana, las FARC se comprometen a la «dejación de armas» al cabo de dos meses posteriores a la firma del acuerdo final, que sería, según los plazos establecidos, a más tardar el 23 de marzo de 2016. Uribe cuestiona este detalle en una batalla semántica. «En lugar de exigir entrega de armas, Gobierno ha aceptado la palabra dejación», tuiteó. «La palabra dejación equivale a que el terrorismo mantenga las armas y las use cuando quiera», y añade: «Gobierno no ha exigido entrega del dinero del terrorismo para reparar a las víctimas.»
El otro actor político en contra del acuerdo fue el director de la División de las Américas de la ONG Human Rights Watch, el chileno José Miguel Vivanco. El acuerdo «permitiría que los máximos responsables de los peores abusos puedan eximirse de pasar siquiera un solo día en prisión», señaló el polémico abogado, en una nueva muestra de rechazo al proceso de paz en su conjunto. Insólito en una organización que debería apoyar iniciativas para descomprimir conflictos y arribar a soluciones pacíficas, aunque Vivanco siempre estuvo en contra de varios aspectos del proceso de paz.
El sorpresivo viaje de Santos a Cuba se produjo a pocas horas de que Francisco terminara su visita a la isla. Nada es casualidad en política internacional, y menos a ese nivel. No se puede decir que el Papa haya hecho contactos con los negociadores en La Habana e incluso trascendió que no dio lugar a una entrevista que le habían solicitado los representantes de las FARC. Pero el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, aclaró los tantos: «Si ustedes recuerdan, el domingo el Papa hizo una llamada muy fuerte a que se encontrase una solución al problema.» Douglas Cassel, profesor de Derecho de la Universidad de Notre Dame y uno de los tres abogados del gobierno en La Habana le explicó a la agencia The Associated Press que «incluso sin estar físicamente en la sala, el Papa fue una presencia muy importante» en ese tramo del diálogo.
Santos mostrará en Nueva York el documento alcanzado luego de febriles 20 horas de debatir la letra fina por los negociadores y sus equipos de asesores. Desde su oficina de prensa se encargaron de recalcar que allí destacará que esta nueva realidad convierte a Colombia en un destino apetecible para inversores de todo pelaje porque les dará previsibilidad y garantizará confianza de cara al futuro.
La mano invisible del mercado necesitó de la mano no tan invisible del Papa argentino, que se convirtió en un catalizador de expectativas. No es milagro, mal que les pese a sus seguidores más fieles. Es simplemente conocer el revés de la trama y aprovechar que todos los implicados en un conflicto necesitan a alguien confiable para poder deponer extremismos sin aparecer renunciando a principios. Siempre en el marco del evangelio y no de alguna inclinación izquierdista como le endilgan los más retrógrados conservadores dentro y fuera del catolicismo.
Como dijo Nancy Gibbs la subdirectora de la revista Times -que lo tendrá de tapa por cuarta vez desde que fue ungido, en marzo de 2013- Francisco «hizo algo notable (en la iglesia): no cambió las letras, pero sí cambió la música».
Tiempo Argentino
Setiembre 25 de 2015
por Alberto López Girondo | Sep 11, 2015 | Sin categoría
Hace hoy 14 años el mundo se vio conmovido por los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York. Impresionantes imágenes transmitidas en directo por la televisión mundial con una audiencia verdaderamente planetaria que se daba cuenta de que algo importante estaba ocurriendo en vivo y en directo, en el corazón financiero, pero también el centro del poder de la potencia imperial más poderosa en los anales de la humanidad. Fue un acontecimiento que obligó a adelantar varias ediciones en todos los diarios, con profusión de fotografías y testimonios y las primeras evaluaciones sobre los atentados que cambiarían definitivamente el curso de la historia.
Todavía se recuerda al entonces presidente George W. Bush escuchando a uno de sus colaboradores en una visita a un colegio de Florida, entre azorado y sorprendido, o quizás sin poder dar crédito a lo que terminaba de oír. Que dos aviones de línea habían impactado en los edificios del Wall Trade Center. Desde entonces, el mandatario republicano abrió las puertas a una furiosa y violenta política de ocupaciones e intervenciones en el continente asiático. Primero en Afganistán y luego en Irak.
No viene a cuento aquí mencionar los diferentes momentos en cada una de esas intervenciones, pero sí recalcar que esa agresividad no sólo que no llevó la paz a ninguno de los territorios donde se asentaban los presuntos autores intelectuales del criminal atentado, sino que en estos 14 años todo fue para peor. Estadísticas que publica la CNN (http://edition.cnn.com/SPECIALS/war.casualties/) señalan que hasta marzo pasado se habían producido 3486 muertos y 20.117 heridos entre las tropas estadounidenses y de sus aliados europeos en Afganistán. En el mismo período hubo 4806 muertos y 32.246 heridos en Irak. Entre los civiles, la cifra que da el Instituto Watson, de la Universidad de Rhode Island (http://watson.brown.edu/costsofwar/costs/human/civilians) es de 210 mil muertos en forma directa para ambas naciones y otras 370 mil víctimas indirectas, mientras que anota 7,6 millones de desplazados y refugiados. El costo en dinero para los contribuyentes es de 4,4 billones de dólares (4 coma 4 más once ceros). Otras fuentes elevan todos y cada uno de estos guarismos, pero con sólo estos es suficiente para tener una idea de la tragedia.
Es así que el caos generalizado que existe en esa región –al que contribuyeron los ejércitos ocupantes tanto como los mercenarios que se desplegaron desde el inicio de las operaciones en esta vertiente de guerra privatizada que fomentó el presidente republicano- no se reduce a la sumatoria de las iniquidades cometidas sino que se continúa en las consecuencias para otros tantos miles de personas que ahora se manifiestan en forma de una ola humana tratando de huir hacia Europa.
La imagen de Aylan, el nene kurdo de tres años nativo de Siria, muerto sobre una playa turca, es apenas una pincelada de un problema que es humanitario, pero también toca todos los otros aspectos de esta nueva realidad que se comenzó a dibujar aquella mañana, mientras Bush visitaba una escuela primaria. Ese dibujo incluye, para los estrategas del Pentágono, el diseño de nuevos territorios donde, por ejemplo, los kurdos puedan tener su propio estado territorial, una reivindicación que tiene ya un siglo, desde que el Imperio Otomano se fue diluyendo en el marco de la Primera Guerra Mundial. También se plantea crear un país para los sunnitas y otro para los chiítas de Irak.
El miércoles, el presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, mostró la necesidad de recibir a 160 mil refugiados más en la Europa comunitaria mediante una fórmula matemática por la cual se reparte en forma más o menos equitativa -de acuerdo a riqueza y población- la cuota de migrantes que debería permitir cada país. Los argumentos de Juncker son demoledores: «(los refugiados) representan sólo el 0,11% de la población total de la UE», y reconoció que el número es mínimo si se lo compara con la oleada que llegó a Jordania y El Líbano, donde suma casi el 25% de su población, «y tienen un quinto de la riqueza de la UE».
Luego abundó en otras razones, como que casi todos en Europa alguna vez tuvieron que refugiarse en otras naciones. Ocurrió durante las guerras regulares que los reinos más beligerantes llevaron a cabo durante siglos. Argentina y muchos de los países latinoamericanos son testigos presenciales de esas calamidades porque se convirtieron en destino no sólo para italianos que escapaban de guerras y de la miseria, como de españoles que huían tras la derrota de la República, sino incluso de sirios y libaneses, conocidos popularmente como «turcos», cuando cayó definitivamente el régimen otomano. Y los recibieron con los brazos abiertos.
En Europa, en cambio, estallaron protestas y quejas entre los países orientales, los más reacios a recibir extranjeros. Quizás por odios ancestrales al mundo musulmán o porque padecen dirigencias demasiado inclinadas a la derecha racista y emparentados con lo peor del eurocentrismo. Olvidando que, como decía Juncker, algunos de los fugitivos recibidos en el extranjero escapaban de la represión luego de la llegada de los tanques soviéticos a Hungría en 1956.
Ayer, un grupo de diarios influyentes de Europa, entre los cuales están El País de España, Liberation de Francia, The Independient de Gran Bretaña y La Reppública de Italia, reclamaron a los distintos gobiernos decisiones solidarias en el mismo sentido que el reclamo de Juncker. Un pedido, el del titular de la CE, que por otro lado, todavía debe debatirse en Bruselas el 14 de septiembre.
Entre las mentes «sospechantes» circuló una explicación economicista para tanto edulcorado discurso. Sucede que entre los que pugnan por llegar a Europa hay profesionales con distintas preparaciones, con lo que podría ser muy útiles para bajar los costos laborales en un continente que padece desde hace décadas la «deslocalización» de empresas, muchas de ellas con destino final en China o los Tigres Asiáticos.
El dato destacado es que otras firmas se fueron de sus lugares de origen precisamente hacia las naciones del este europeo, que también tuvieron su momento de trabajadores muy preparados por el socialismo y dispuestos a trabajar por muy poco. La otra paradoja es que para la derecha francesa, hasta no hace mucho el temor era a los «plomeros polacos». Ahora ya hablan, y lo dice explícitamente el xenófobo holandés Geert Wilders, de que «esta es una invasión que amenaza nuestra prosperidad, nuestra seguridad, nuestra cultura y nuestra identidad».
Más allá de estas disputas que sin duda se acrecentarán en los próximos meses –si ya había grupos neonazis que atacaban a turcos en Alemania, ni qué pensar de lo que podría suceder de ahora en más- la canciller germana fue recibida con vítores por un grupo de refugiados apostados en una oficina de Migraciones de Berlín. La dura jefa de gobierno alemana deslizó allí la necesidad de contenerlos en su país, la potencia industrial más grande de Europa, mediante «una rápida integración de los solicitantes de asilo (…) para lo que hay que hacer posible una gestión rápida de su situación para que puedan trabajar», por lo que se comprometió a ponerlos «rápidamente» en contacto con las oficinas de empleo. Alemania debería recibir a 31.443 inmigrantes, la cuota mayor de la UE. Mientras tanto, el presidente Barack Obama anunció que su gobierno está dispuesto a recibir hasta 10 mil sirios para el año fiscal que comienza el 1 de octubre. Apenas un 0.003% sobre su población.
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