por Alberto López Girondo | Dic 7, 2016 | Sin categoría
Foto: DIego Martínez
El vendaje en la mano derecha es la consecuencia no deseada de un partido de fútbol en Caracas con gente de la Cancillería. A Alfredo Serrano Mancilla, economista y académico español, director ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica. (CELAG) y asesor del presidente Nicolás Maduro, le gusta ir por el medio campo, pero no correr mucho. Dice que le gusta jugar al toque, como el Barça. Y eso que nació en la otra punta de España, en Cádiz. En esta charla con Tiempo analiza la crisis venezolana y la del Mercosur en el marco del triunfo de Donald Trump en EE.UU. y de la muerte de Fidel Castro en Cuba.
-¿Cómo interpreta la suspensión de Venezuela del Mercosur?
-Parece que hay una estrategia cada vez mas delimitada de las grandes potencias económicas internacionales de ir desintegrando cualquier bloque regional emergente, como ya han hecho con la Comunidad Andina de Naciones hace algunos años cuando la Unión Europea comenzó a tratar de país a país en lugar de bloque a bloque. En el acoso a Venezuela hay una intencionalidad de ir haciendo valer esta capacidad desintegradora.
-¿Qué puede pasar ahora con este organismo regional?
-Hace pocos días se aprobó un acuerdo complementario que era una de las exigencias-excusas que le ponían, eso debía terminar con los planteos jurídicos que se le hacían, pero es obvio que hay países que tienen la apuesta clara de expulsar a Venezuela alegando una cantidad de bobadas que casi no tienen sentido ni jurídico ni político. Un gobierno golpista como (Michel) Temer no puede presumir de dar lecciones democráticas en el marco del Mercosur, un gobierno como el de (Mauricio) Macri, que sigue manteniendo a Milagro Sala en la cárcel, no puede hacer ningún tipo de sugerencia democrática a un país como Venezuela. Mercosur es un bloque verdaderamente mucho más heterogéneo ideológicamente que hace unos años, lo que dificulta esa cuestión, pero no hay que olvidar que Mercosur tuvo como punto de partida un mercado común comercial, nunca fue como el Alba, la Unasur o la Celac, que tienen dimensiones políticas más fuertes. Qué ocurrirá con el Mercosur es muy difícil saber, porque si bien hay declaraciones de la canciller (Delcy Rodríguez) y del presidente (Nicolás Maduro) de que quieren estar en Mercosur, hay que recordar que cuando Venezuela entró se le aceptó la posibilidad de no suscribir tratados de libre comercio junto con el resto del bloque. Si Mercosur firmara un TLC con la Unión Europea, Venezuela tiene una cláusula que le permite no acabar en ese precipicio que sería para muchas economías. En eso fue muy cauteloso el comandante Chávez. Es más, me atrevo a decir que muchos empresarios en Paraguay, en Brasil y en Argentina estarían deseando acceder a un mercado interno como el venezolano, que sigue siendo muy jugoso a pesar de las dificultades económicas del país.
-¿Por qué no lograron acceder?
-Porque las propuestas de agresión política de sus gobiernos en estos últimos meses es contraproducente. Es muy contraproducente que (el presidente paraguayo Horacio) Cartes haga las declaraciones que hizo y que luego pida a escondidas que sus empresarios penetren en el mercado interno venezolano, lo mismo le pasa al señor Macri en Argentina. Los empresarios en ese sentido tienen intereses económicos muy pragmáticos y los gobiernos parecen que juegan por instancias más del Norte de sacar a Venezuela del mapa político.
-La situación política en ese país mejoró en estas últimas semanas, ¿es así?
-El dialogo es una iniciativa del propio gobierno con el apoyo de instancias internacionales como la presencia activa de Unasur, de ex presidentes de la región y del ex presidente español (José Luis) Rodríguez Zapatero. Todos han cumplido un papel relevante, han tenido una actitud positiva creyendo en el dialogo, respetando mucho la soberanía, no han sido injerencistas. La presencia final del Vaticano ha ayudado a que algunos sectores de la oposición que no querían ni estar, hayan cedido y me parece que eso ha rebajado mucho la tensión política y ha permitido canalizar el conflicto de cara al futuro, planteando mesas de diálogo en temas de política y economía.
-El diálogo revela que la oposición no tiene la homogeneidad que los medios intentan reflejar.
-Cuando uno elige un nombre lo que hace es mostrar al mundo de lo que carece. Llamar a la oposición Mesa de la Unidad Democrática es un desesperado intento de poner una etiqueta de lo que no son. La oposición en Venezuela es muy fragmentada y vienen de tradiciones históricas y políticas muy diferentes, hay gente de la ultraderecha fascista y otra que casi le da un codazo al de al lado para aparecer en la foto. Nadie acepta el liderazgo del otro, ni siquiera (Henrique) Capriles, que ha sido candidato en los dos últimos comicios. También está el presidente de la Asamblea, Henry Ramos Allup, el secretario de la MUD, Jesús Torrealba. A lo largo del diálogo se demuestra que no hay capacidad de ponerse de acuerdo, no han ido todos a la mesa y algunos siguen buscando la vía fascista. Todavía el partido más votado en las elecciones legislativas, aunque se perdió la mayoría, sigue siendo el chavismo, la oposición es infinitamente fragmentada y se nota.
-También parece un logro importante de Maduro que la OPEP tomara acciones para estabilizar el precio del petróleo.
-Nunca se ha valorado desde afuera el valor que tiene Venezuela en la OPEP, que no sólo es por la cantidad de petróleo que produce sino porque desde principios del siglo XXI (Hugo) Chávez tomó un rol clave en materia de la determinación soberana de los precios del petróleo por parte de los países productores y exportadores. Venezuela no sólo es importante cuantitativamente sino cualitativamente como marcador y eso hoy en día es clave. Venezuela ha sido de los países que han impulsado buscar espacios para entrar en un equilibrio en la cuota de producción de muchos de los países, como el caso de Arabia Saudita y la reinserción de Irán en el mundo petrolero después de los acuerdos nucleares con EE.UU. El precio del petróleo venezolano, que suele estar siete puntos por debajo del Brent, en 2014 era 88 dólares el barril en promedio anual, en el 2015 fue 44 y el primer trimestre del 2016 era 23. Hoy está en torno a 42 gracias a una política proactiva, soberana en materia de precios y ahora los ministros de los países de la OPEP discuten nuevas medidas en Viena con el agregado de Rusia, gran productor por fuera de la OPEP. Me parece que es casi irrefutable el papel que ha tenido el presidente Maduro. Pero siempre aparece opacado en los medios internacionales.
-¿Qué puede pasar en Venezuela y en la región con el triunfo de Trump?
-No hay duda que en la época de (Barack) Obama se han dado golpes de Estado muy fuertes, como Honduras, Paraguay, y ahora Brasil, más los intentos de derrocar a Chávez, a Maduro, a Correa, a Evo. No estoy exagerando y no creo que un futuro con (Hillary) Clinton hubiera sido mejor. Esto no niega que Trump tenga un papel muy agresivo en la política exterior en contra de la región latinoamericana, como lo mostró con México. En relación con Venezuela, después de un decreto que todo el mundo puede consultar de Obama declarando a Venezuela como un «enemigo amenazante», me parece que es difícil que Trump pueda redoblar esa apuesta. Seguramente la continuará y declarativamente pueda hacer algún tipo de disparate retorico. Venezuela es un país muy soberano, y con esto me quedo con cierta calma, sin que esto signifique que haya que estar tranquilo. No creo que en Venezuela puedan intentar hacer más de lo que ya hizo el señor Obama en el último tiempo.
-En relación con Cuba, sí podría haber un camino opuesto.
-La gran dificultad que tiene Trump, que parece que no le molesta, es tener que ir contra el mundo. Porque el mundo ha decidido ya hace años que el bloqueo es una locura, que la política es errada. Incluso la abstención de EE.UU. en la última votación demuestra que están en contra. Es difícil ir contra el mundo cuando hay un mundo que apoya y protege a Cuba en el sentido de las relaciones políticas y económicas, como China, Rusia, buena parte de Europa, buena parte de América Latina. Trump ha hecho declaraciones de que quiere desandar lo andado, habrá que ver cuánto puede echar atrás lo que se había avanzado con Obama, teniendo en cuenta que en ningún momento había levantado el embargo. O sea que Trump no tendría que volver a poner el embargo. A pesar de las buenas intenciones y de los acuerdos comerciales como la apertura de cuentas bancarias que se han ido produciendo en mínima medida, lo cierto es que no se levantó el embargo.
-¿Qué puede cambiar en el mundo con Trump?
-Creo que Trump retoma los viejos valores del nacionalismo-proteccionismo, lo cual no significa que no vaya a impulsar a sus trasnacionales con base y casas matrices en EE.UU. Muchas veces ha habido confusión, lo que Trump le está pidiendo al mundo es tener acuerdos comerciales desiguales de una manera clara. Es decir, que no penetren nada en EE.UU. y que EE.UU. siga penetrando en el mundo, lo cual es proteccionismo para un lado y libre comercio para el otro lado. Creo que esa es un poco la clave de la política exterior comercial de Trump y me parece que seguramente los grandes acuerdos como el transatlántico y el transpacífico seguramente van a estar condicionados por ese nuevo intento.
-Él dijo que el 21 de enero rompe el acuerdo TPP.
-Seguramente va a ser difícil predecir qué curso va a tener con las grandes marcas trasnacionales de EE.UU. Pero seguramente no va a permitir que esas grandes marcas internacionales no tengan los beneficios de los acuerdos de libre comercio que tienen afuera. Su problema es cuando estas grandes empresas no son productivas casa adentro. A nivel económico mundial reasulta interesante una nueva apuesta del señor Trump, más allá de las locuras políticas que va planteando. «
(Recuadro)
«No habrá antes y después de la muerte de Fidel»
-¿Qué cree que puede pasar en Cuba ahora que murió Castro?
-En los últimos años Cuba ha venido discutiendo los lineamientos de una nueva política económica. Se discutió mucho en todos los estamentos públicos, se ha discutido la aparición de los cuentapropistas con régimen tributario nuevo, están estudiando cómo reordenar los subsidios, el tema de la cartilla (de racionamiento), de las inversiones extranjeras directas, con nueva ley garantizando la soberanía que ha permitido la construcción del puerto Mariel, ha permitido entrada de capitales extranjeros con direcciones muy especificadas. En turismo han hecho grandes avances. No hay que pensar que va a haber un antes y un después de la muerte de Fidel. Va a seguir el modelo cubano garantizando soberanía hacia adelante, algo que parece innegociable. Cada vez que visito la isla y hablo con las contrapartes siento la maravillosa tranquilidad de que ellos tienen claro su estrategia de no negociar soberanía. Seguramente se tendrán que adaptar en algunos aspectos, lo han venido haciendo en los últimos años con este nuevo sujeto político que es el cuentapropista. Pero han sido muy inteligentes en ir reacomodándose a fenómenos económicos y políticos que estaban dándose por el propio proceso en la isla y en el mundo. El legado de Castro es muy vigoroso y Raúl tiene una calidad claveen materia económica y por mucho que digan que no hay cuadros, en Cuba lo que sobran son grandes cuadros políticos para seguir conduciendo la revolución hacia adelante.
Tiempo Argentina
Diciembre 4 de 2016
por Alberto López Girondo | Dic 5, 2016 | Sin categoría
La inauguración de la primera planta elaboradora de Coca Cola en la Franja de Gaza reaviva las tensiones entre Israel, el dueño de la franquicia de la popular bebida gaseosa –un palestino cristiano que tuvo que emigrar hace medio siglo y ahora es un millonario inversor con ciudadanía estadounidense- y la multinacional con base en Atlanta, en el estado norteamericano de Georgia.
El empresario Zahi Khouri ya había instalado varias plantas en territorio palestino desde hace 25 años. Al recibir un premio en Oslo el año pasado, Khouri destacó que “cuando volví a Palestina en 1991 para sentar las bases de la nueva economía palestina, uno de los logros que más me enorgullece fue convencer a The Coca-Cola Company para que abriera una empresa embotelladora en Palestina.
Hasta la fecha, la Compañía Nacional de Bebidas de Palestina sigue siendo la mayor inversión de capital no árabe en Palestina. Pensé que si The Coca-Cola Company reconocía Palestina, el mundo pronto seguiría”.
El reconocimiento al estado de Palestina fue creciendo en el mundo pero no por el papel que desempeñó Coca Cola, uno de los emblemas de Estados Unidos.
Cierto es que el apoyo en la Organización de Naciones Unidas aumentó y actualmente son más de 130 países, incluida la Argentina y el resto de los países latinoamericanos.
Pero si Palestina no es reconocida como estado miembro de la ONU -es apenas un estado observador- es por la negativa de Israel pero fundamentalmente de Estados Unidos. Esa situación representa una anomalía para las reglas que los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial se fijaron a formar la ONU, en 1945.
Es que si algo había quedado establecido entonces es que no se permitiría que ningún país ocupara territorialmente a otro por fuera de las fronteras reconocidas hasta entonces. La división de Palestina, que había sido protectorado británico desde la desaparición de imperio otomano en la Primera Guerra, quedó específicamente determinada en 1948 entre un estado judío en Israel y otro árabe palestino.
En 1967, tras la Guerra de los Seis Días, Israel ocupó militarmente Cisjordania y la Franja de Gaza, y desde entonces fue extendiendo colonias de ciudadanos israelíes en territorios a todas luces ocupados ilegalmente.
Es así que en noviembre de 2015 los países de la Unión Europea acordaron que todo producto que ingrese en el continente desde esas colonias debe tener una identificación que indique que proviene de asentamientos ocupados desde 1967 y no reconocidos como parte del territorio israelí. Lo que generó las consabidas protestas del gobierno de Tel Aviv. La ocupación Coca Cola se comenzó a fabricar en Israel en 1966.
No hubo demasiados problemas religiosos ya que desde 1935 el rabino Tuvia Geffen, vecino de la central de la firma en Atlanta, había determinado que era aceptada como bebida kosher. Fue una decisión complicada, cuenta la historia, porque tenía que encontrar la forma de aceptarla sí o sí en vista de que había sido adoptada como bebida de consumo masivo por la comunidad judía estadounidense.
La forma fue muy sencilla: Coca-Cola le aseguró al rabino Geffen que utilizarían exclusivamente el azúcar de caña durante la Pascua y se comprometió a no usar otro ingrediente que el sacerdote no consideraba kosher. Y asunto arreglado.
Para los árabes la cosa fue más complicada, ya que el apoyo estadounidense a las reclamaciones y a las posiciones más extrema de los sucesivos gobiernos de Israel llevó a que por grandes períodos hubiese un boicot contra la popular gaseosa.
Bloqueo en Gaza
Desde enero de 2008, y tras una serie de enfrentamientos que terminaron con una desigual cantidad de víctimas de uno y otro lado (el conflicto de 2014, sin ir más lejos, dejó un saldo de 35 veces más víctimas palestinas que israelíes, 2310 contra 66) Israel decretó un bloqueo total a la Franja de Gaza.
Cuando en 2010 una nave turca con activistas sociales quiso romper el bloqueo fue bombardeado desde una nave israelí y fueron muertos 9 militantes, generando un incidente de proporciones con el gobierno de Tayyip Recep Erdogan.
Gaza, para intelectuales y dirigentes incluso israelíes, es una cárcel de 365 kilómetros cuadrados, apenas más grande de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los palestinos no disponen siquiera de agua potable propia, la que es abastecida por una empresa privada israelí, ni de los servicios más esenciales, como la electricidad.
No pueden ingresar por las fronteras material de construcción con el argumento de que algunos de ellos pueden tener aplicación bélica. Y es muy restringido el ingreso de alimentos y venidas en general.
El millonario Khouri fue acusado en los últimos tiempos, sobre todo desde el anuncio de la planta de Coca Cola en Gaza, de compartir valores antisemitas con algunas organizaciones que plantean un boicot contra productos israelíes.
La explicación de esas instituciones es que promueven medidas económicas para forzar a que Israel reconozca y facilite la formación del estado palestino, lo que implica que abandone la ocupación de esos territorios.
Khouri fundó en 1998 la National Beverage Company (NBC), y para el 2006, tenía tres plantas de embotellado y siete centros de distribución en Cisjordania que empleaban a 400 trabajadores en forma directa y a otros 4,000 de manera indirecta. La sede central está en Ramallah.
El desafío más grande fue convencer a Coca Cola de hacer una fábrica en Gaza, donde emplearía a 120 personas con una inversión de 20 millones de dólares.
Boicot y algo más
Para cuando se anunció la instalación de la fábrica, la francesa Orange, de telecomunicaciones, también había anunciado una fuerte inversión en ese territorio.
El CEO de la empresa, Stephane Richard, primero se sumó a esos grupos de presión pero pudo más el lobby del gobierno de Benjamin Netanyahu y finalmente tuvo que recular. Khouri, en cambio, se llamó a silencio sin por ello haberse bajado de la inversión que, asegura, es con sus propios fondos ya que Coca Cola trabaja mediante franquicia.
«La instalación de nuestra nueva fábrica en Gaza muestra nuestro continuo compromiso para invertir y apoyar el progreso de las sociedades de todo el mundo», dijo arte el presidente de Coca-Cola, Muhtar Kent, al inaugurar la embotelladora gazebí.
Al otro día en su despacho recibió una carta del centro jurídico The Shurat Hadin de Israel. “Esa carta es una advertencia a la empresa Coca-Cola para que rescinda el contrato de franquicia que mantiene con la Compañía Nacional de Bebidas de Palestina, encabezada por Zahi Khouri, quien defiende abiertamente sanciones contra Israel,” amenaza el titular de la organización, Nitsana Darshan-Leitner.
El magnate está acusado de haber dado su apoyo al Movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (BDS por sus siglas en inglés), una de aquellas instituciones que reclaman el reconocimiento de Palestina y la devolución de territorios y que para los sectores más radicales de Israel son antisemitas..
BDS también pide indemnizaciones por los daños generados. En la Franja de Gaza, gobernada desde 2007 por Hamas, la organización política a la que Israel considera terrorista, viven casi 1,9 millones de habitantes.
El PBI fue en el 2008 de unos 6.641 millones de dólares, lo que dejaría un PBI de poco más de 6000 dólares anuales. Puede ser un potencial mercado para muchos productos y la apuesta de Coca Cola va en ese sentido.
La bebida de la “alegría” se fabrica en todo el mundo, y bien mirado no hay razones para que no tenga una embotelladora en ese castigado territorio. Habrá que ver cuáles serían las consecuencias para una marca que gasta el 25% de su presupuesto en políticas de marketing para que nada salpique su sacrosanta imagen.
tiempoar.com.ar
Diciembre 2 de 2016
por Alberto López Girondo | Dic 1, 2016 | Sin categoría
La victoria del millonario Donald Trump en las elecciones presidenciales sorprendió a los medios, los encuestadores y la dirigencia internacional. Todos habían apostado por la continuidad de los demócratas en la Casa Blanca y nunca imaginaron al controvertido magnate inmobiliario como presidente. Es cierto que Hillary Clinton obtuvo mayor cantidad de votos populares –superó al republicano por unos dos millones de sufragios– pero el sistema de elección indirecta favoreció al mediático personaje, que logró 290 electores contra 232. Números holgados que produjeron un escozor que recorre el mundo desde ese 8 de noviembre. ¿Es realmente el fin de la globalización, al menos tal como se desarrolló en esta etapa de la historia? ¿Será el comienzo de una nueva era de confrontaciones nacionalistas? ¿Es el regreso de lo que nunca se terminó de ir: la xenofobia, el racismo y el sexismo? ¿Es el fin del sueño del libre comercio?
Poco a poco Trump va despejando algunas de esas incógnitas. Asumirá el 20 de enero y la intranquilidad que despertó su nominación genera presiones dentro y fuera de su país. Por lo pronto, dio fuertes señales de que a algunas de sus promesas de campaña las piensa sostener tras la asunción. Así es que se rodea del ala de los republicanos que se consideran «halcones», si es que existen «palomas» en ese viejo partido cooptado por el Tea Party.
Las designaciones de Steve Bannon, un supremacista blanco, como estratega jefe del presidente generó rechazos, pero otros futuros miembros de su gabinete están tan corridos a la derecha como él. Jeff Sessions, declarado antiinmigrante, será fiscal general; el general retirado Michael Flynn, conocido por su oposición a la firma de los acuerdos nucleares con Irán, será asesor principal de Seguridad Nacional. El congresista Mike Pompeo será jefe de la CIA, mientras James Mattis, conocido enemigo de Irán que encabezó las invasiones de Afganistán e Irak, sonaba para la cartera de Defensa.
Castillo de naipes
La preocupación en el establishment internacional ante el posible triunfo de Trump era la misma que mantenía el partido Demócrata, que veía caerse como castillo de naipes una construcción que ya lleva más de dos décadas y que Obama había hilvanado pacientemente durante sus ocho años en el poder. Trump ganó la interna republicana y luego la presidencia con un discurso encarnizadamente opositor a los tratados de libre comercio y reclamando un nuevo rol para Estados Unidos en el mundo, no solamente el de gendarme de Occidente. Por un lado, es cierto que Flynn es antimusulmán, pero también es «amigo de Rusia» y promueve un acercamiento al gobierno de Vladimir Putin, algo diametralmente opuesto a la estrategia desplegada por los demócratas y por la Unión Europea en los últimos años.
Esto preocupa a los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que captaron el mensaje de que van a tener que hacer mayores aportes para la seguridad continental. El gasto militar mundial es una de las razones, sostiene el presidente electo, para la caída en el poderío estadounidense. Y él vino para «hacer grande otra vez» a Estados Unidos, según su lema de campaña.
Por eso, el secretario general de la OTAN, el noruego Jens Stolterberg, dijo desde Estambul en un encuentro del organismo –del que forma parte Turquía– que confía en que EE.UU. mantendrá sus compromisos con los europeos, pero que los miembros de la Alianza también deben cumplir su promesa de gastar al menos el 2% de su Producto Interno Bruto (Pib) en Defensa.
No son los únicos que tiemblan ante la posibilidad de que realmente Trump cumpla sus promesas. Durante la gestión de Obama se fueron gestando acuerdos internacionales como el Transatlántico y el Transpacífico que tienen como modelo el que Bill Clinton promovió con el Consenso de Washington en los 90.
En la última gira antes de entregar el bastón de mando, Obama manifestó este temor. En Grecia sugirió a los jefes de Estado europeos mantener la calma pero también exigir el cumplimiento de los acuerdos. Lo mismo hizo en la capital peruana, donde dirigentes de 21 países de la cuenca Asia-Pacífico se reunieron para fijar posición ante el cambio de guardia en la Casa Blanca. Pidieron, junto con Obama, respetar el libre comercio y los documentos firmados. Su futuro personal y el de las elites globalizadas dependen de ello.
Cuellos azules
El libre comercio fue bandera de lucha del neoliberalismo desde la caída del muro de Berlín, y a partir del 8N parece a punto de estrellarse contra un muro similar, ahora entre México y Estados Unidos. Trump supo interpretar la angustia de millones de asalariados blancos empobrecidos del cordón industrial del centro del país –Michigan, Illinois, Ohio, Pensilvania–que, tras el acuerdo con Canadá y México (el Nafta), vieron perder sus ingresos primero y luego su trabajo.
El único que parecía tomar en cuenta esta situación fue el senador por Vermont Bernie Sanders, que apostó a disputar la interna demócrata por izquierda con un mensaje que representaba a los trabajadores de cuello azul (por el overol). Pero aunque dio lucha, no pudo contra el aparato partidario, que domina el matrimonio Clinton. Trump derrotó a las estructuras partidarias republicanas a fuerza de correr el arco hacia posiciones temerarias en cuanto a lo racial pero efectivas a la hora de reflejar a esos amplios sectores que nada esperan ya de los mercados abiertos.
En julio, el cineasta Michael Moore –apoyaba a Sanders– había escandalizado con su lúcida percepción de que Trump podría alzarse con el triunfo. Dijo entonces que el empresario concentraría sus esfuerzos en cuatro estados: Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin, que forman el antiguo cinturón industrial de Estados Unidos tradicionalmente demócrata, y que trataría por todos los medios de no perder los enclaves típicos de los republicanos.
Son distritos que desde 2010 tienen gobernadores republicanos y que desde ese momento reformularon los límites de los distritos electorales para beneficiar a los votos del partido. Una mirada desprejuiciada habría previsto, como Moore, que allí los republicanos juntarían 64 electores clave para retomar el poder, fuera quien fuera el candidato.
Revista Acción
Diciembre 1 de 2016
por Alberto López Girondo | Nov 29, 2016 | Sin categoría
Como los medios hegemónicos y la dirigencia política jamás pensaron que Donald Trump podría llegar a la presidencia de EE UU, recién ahora se desayunan con algunos de los soportes ideológicos del polémico magnate inmobiliario. Sin embargo, más que fijarse en el componente racista, xenófobo y sexista del hombre que ocupará el Salón Oval durante al menos los próximos cuatro años –de no mediar una «catástrofe»– deberían haber reparado en un movimiento que lenta pero persistentemente fue creciendo al amparo de las redes sociales y de medios con mucho capital intelectual y monetario detrás, que fueron diseminando las ideas «paleoconservadoras» que ahora florecen y amenazan el sistema cultural de la primera potencia del mundo.
Uno de los personajes más influyentes es sin dudas Richard Spencer, creador del término altright, (derecha alternativa) y que escandalizó con el grito Heil Trump en la celebración del triunfo del millonario. Otro es Steve Bannon, al que el propio Trump designó como jefe de asesores de la Casa Blanca. Aquí nace entonces una cuestión de fondo: es cierto, tanto ellos como cientos de miles de estadounidenses son decididamente supremacistas blancos y coquetean con ciertos componentes culturales del nazismo –Spencer se «disculpó» del exabrupto diciendo que había sido una ironía maliciosamente tomada por los medios– pero, ¿qué características tiene esa derecha que alguna vez pudo desbarrancar en un atentado como el que en 1995 dejó 168 muertos en Oklahoma City?
Hay una larga tradición en EE UU de un conservadurismo individualista, sobre todo en el sur esclavista, que nunca dejó de añorar aquellos «viejos buenos tiempos» en que los negros solo tenían la obligación de trabajar en los campos de algodón y no podían aspirar a la presidencia del país.
Spencer, a los 38 años, dirige el National Policy Institute, un think tank de la derecha supremacista pero no neoliberal ni globalizadora (npiamerica.org) tras una veloz carrera académica y difusora en medios de la derecha estadounidense. El NPI se define a sí mismo como «una organización independiente dedicada a mantener la herencia, la identidad y el futuro del pueblo de ascendencia europea en Estados Unidos y alrededor del mundo». Creado por dos teóricos de esa línea como William Regnery y Samuel Todd Francis, el sitio muestra una profusa producción teórica y mantiene un portal de noticias como Radix Journal, que sirvió de apoyo a la campaña de Trump, aunque no de manera oficial.
«Hay un vínculo emocional entre el movimiento Trump y el altright, incuestionablemente. Pero, ¿hay un vínculo directo? –se preguntó Spencer en una entrevista–. ¿Estoy visitando a Donald Trump? No». De hecho, cuando trascendió lo del saludo nazi, Trump se apuró a declarar al New York Times que desautorizaba y condenaba a ese movimiento.
Samuel Todd Francis, quien murió en 2005 a los 58 años, fue uno de los fundadores del NPI y uno de los más influyentes de sus mentores. Es un conocido «paleoconservador», una forma de expresar a esos conservadores bien rancios que no solo buscan mantener los privilegios sino las tradiciones más arcaicas de la cultura occidental y cristiana.
Por eso definió a EE UU como un «país cristiano» y consideró a la inmigración no europea como una catástrofe para la pureza de la nación. Al mismo tiempo, atacó en su momento la invasión a Irak por considerar que fue una actitud ilegítima de un poder totalitario.
Estos paleocons no tienen los mismos objetivos que los neocons que pululan en el Partido Republicano desde Ronald Reagan y entre los demócratas desde Bill Clinton para llevar al mundo hacia una globalización que no benefició sino al poder financiero y las multinacionales. Y que perjudicó a millones de estadounidenses, de paso.
Lo interesante es, más allá de un primer juicio banal de que son supremacistas, xenófobos, islamofóbicos y sexistas, qué mundo imaginan y cómo piensan llegar a cumplir con ese «nuevo sueño americano».
Spencer escribió en reiteradas ocasiones que su meta en la vida es «crear consciencia entre europeos-estadounidenses» para fundar un «etno-estado» que albergue a toda «nuestra familia extendida y para toda nuestra civilización». Se declara no violento y jura que quiere lograr sus objetivos sin derramamiento de sangre, pero no alcanza a explicar de qué modo «convencerá» a hispanos y afrodescendientes de dejar el país en manos de los blancos europeos. Incluso plantea sancionar a empresas que abaraten costos salariales contratando personal de «etnias inferiores».
Al nombrar a Steve Bannon, Trump dio señales inequívocas de que esa línea no le cae del todo mal. Bannon dirigió durante años Breitbart News, otro portal de la altright afín a Spencer. Ante el NYT el futuro mandatario defendió la designación de Bannon. “Tratamos de traer la mejor gente, no necesariamente gente que sea políticamente correcta, porque eso no funciona”. Queda por ver qué implica esa incorreción política en términos de Derechos Humanos.
Oklahoma City, 1995, 168 muertos
Un estudio de la Universidad George Washington revela que el número de supremacistas blancos y autodefinidos como neonazis en la red Twitter se multiplicó por seis en los últimos cuatro años. Esta cifra supera ampliamente a los autodenominados sitios islámicos, destaca el informe. Los investigadores señalan que los seguidores de estas páginas ultranacionalistas pasaron de 3500 en 2012 a 22 mil en 2016.
Pero más allá de la novedad de que tengan a alguien cercano en la Casa Blanca, esos sectores tienen un peso importante en la cultura de ese país desde tiempos remotos. Y quizás no habría que ir tan lejos para encontrar algún antecedente.
El 19 de abril de 1995 una explosión derrumbó el edificio Alfred Murrah de la ciudad de Oklahoma, segando la vida de 168 personas.
Era el segundo año de mandato de Bill Clinton y el demócrata estaba en su mejor momento. ¿Quién podría haber causado la masacre, algún grupo terrorista? La respuesta no tardó en llegar: dos estadounidenses, Timothy McVeigh y Terry Nichols, habían sido prontamente identificados por el FBI como los autores materiales de la explosión. Cuando McVeigh fue detenido tenía una remera que decía «Sic sempertyrannis» («Así a todo tirano»), la frase que usó John Wilkes Boothal disparar contra Abraham Lincoln. El joven había querido atacar la sede de un edificio federal para manifestar su rechazo a un gobierno que consideraba despótico. Pero no era un anarquista, era un derechista individualista extremo. Fue ejecutado en 2001.
Tiempo Argentino
Noviembre 27 de 2016
por Alberto López Girondo | Nov 29, 2016 | Sin categoría
Alberto López Girondo
Informe: Manuel Alfieri
El mensaje de Raúl Castro fue breve y escueto. «Hoy 25 de noviembre de 2016, a las 22:29 horas de la noche, falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro.» La noticia se expandió con los tiempos que marca la época y se hizo viral en las redes de todo el planeta. Había dejado de existir, a los 90 años, el último líder del siglo XX. No solo comandante de una Revolución que se mantiene en pie desde el 1º de enero de 1959 a pesar del empeño de sus enemigos por destruirla, sino un estratega y fino analista sin par.
Se lo tildó de mito, y él se burlaba de esa definición. «Si se me considera un mito, es mérito de los Estados Unidos», dijo alguna vez, en ese tono mordaz que solía utilizar para referirse a las críticas más feroces que recibió a lo largo de su extensa vida. Una vida de la que se despidió podría decirse que en paz, luego de arreglar sus asuntos terrenales con la minuciosidad de la que había hecho gala desde sus tiempos juveniles.
Lo demostró en el gesto de pedir que incineraran sus restos, pero también cuando tras ser operado de urgencia por divertículos dejó el gobierno en manos de su hermano y se retiró a un segundo plano. «Que no se preocupen los vecinitos del norte, que no pretendo ejercer mi cargo hasta los 100 años», fue su último mensaje como presidente, el 26 de julio de 2006, cinco días antes de entregar el poder. Pero su cabeza siguió trabajando al máximo y nunca dejó de publicar en el diario Granma sus sesudas columnas de análisis sobre la realidad mundial en las que desglosó sus temores y advertencias por el futuro de la Humanidad.
Muchos escribieron sobre su vida, pero él mismo en persona participó en dos grandes testimonios donde cuenta esa que solo él podría saber y que en cierto modo son un legado escrito. Una es Fidel Castro: Guerrillero del Tiempo, con la periodista cubana Katiuska Blanco. La otra, más difundida, cien horas de grabación con el español Ignacio Ramonet, que se publicó como Fidel Castro: Biografía a dos voces; corregida de puño y letra por el propio Castro.
A Ramonet le haría algunas confesiones que, en el contexto de las dirigencias de varios países, revelan quién era el hombre que en la noche habanera del viernes dejó de existir. «Yo era hijo de terrateniente, no era nieto de terrateniente. Si hubiera sido nieto de ricos habría nacido ya en un reparto aristocrático», le dijo al exdirector de Le Monde Diplomatique.
Y aclaró a continuación: «Todos los compañeros con los cuales yo juego, en Birán (en la provincia de Holguín), con los que voy para arriba, para abajo, por todas partes, son la gente más pobre». Con ellos se acostumbró a compartir lo que había y lo que no. Deseos, sueños y esperanzas que lo hicieron abandonar la perspectiva de una vida de hombre rico para volcarse a la lucha por las reivindicaciones populares. A renunciar a esa herencia que sin dudas le resultó pesada por lo injusta.
Hay que decir que Fidel estudió en el Colegio de Belén, en la capital cubana, «la mejor escuela de los jesuitas de todo el país», según recordaba. Tras la Revolución, el edificio terminó convertido en el Instituto Técnico Militar. Como hermano mayor, se hizo cargo en aquella época de su hermano Raúl, ya que sus padres habían quedado en la finca de Holguín. Fue el otro tramo de la formación de un joven inquieto que quería saberlo todo y no tenía problemas en preguntar. Pero que también mostraba sus inquietudes sociales.
En 1950 se doctoró en Derecho en la Universidad de La Habana. Allí formó parte de la Federación Estudiantil Universitaria y participó en actividades revolucionarias como la sublevación contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en Santo Domingo, en 1947. Un año más tarde, durante un congreso universitario internacional, fue testigo del levantamiento tras el asesinato en Bogotá del candidato liberal a la presidencia José Eliécer Gaitán, un hecho que marcaría la historia colombiana y la de la región.
El «Bogotazo» se produjo al mismo tiempo que los gobiernos latinoamericanos, bajo fuerte presión de Washington, aprobaron la creación de la Organización de Estados Americanos, entre el 9 y el 30 de abril de 1948. La OEA fue una institución llamada a defender los intereses estadounidenses y de la que, cosas de la vida, sería expulsada Cuba en 1962 como una medida punitiva por el avance y consolidación de la Revolución que Fidel, su hermano Raúl y el argentino Ernesto Guevara habían instaurado tres años antes.
Contra la dictadura de Batista
A partir de 1949, Fidel comenzó a militar en el Partido del Pueblo Cubano, y en 1952 denunció al dictador Fulgencio Batista, un oscuro militar que con mano férrea dominaba en la isla como un baluarte del anticomunismo.
«Si existen tribunales, Batista debe ser castigado, y si Batista no es castigado: ¿cómo podrá después este tribunal juzgar a un ciudadano cualquiera por sedición o rebeldía contra este régimen ilegal producto de la traición impune?», se preguntaba Fidel, en un aviso implícito de lo que sería su futuro político. Efectivamente, los tribunales rechazaron la demanda, por lo que Castro entendió que la lucha armada sería la única vía posible para derrocar la tiranía.
Así fue que con su inseparable hermano Raúl y un grupo de idealistas emprendió el asalto al Cuartel Moncada, que le valió una sentencia de 15 años de prisión –de los cuales se hicieron efectivos sólo 22 meses– y el exilio a México. El asalto al cuartel fue un fracaso militar, pero no político: aquel acto dio una gran popularidad a sus protagonistas, acrecentada durante el juicio que las autoridades cubanas emprendieron contra Fidel, en el que el revolucionario se defendió a sí mismo y aprovechó para pronunciar un extenso alegato político que culminó con una frase destinada a ser histórica: «Condenadme, no importa, la historia me absolverá».
Una vez en México comenzó a armar el equipo que emprendería la travesía para volver a la isla con el objetivo claro de tomar el poder. Allí conocería a un médico argentino al que bautizaron como el Che y que formaría parte de la cúpula revolucionaria que entraría en La Habana tras la huida de Batista.
Allí, en México, organizó la expedición en un barquito muy poco preparado para cruzar el Caribe, llamado Granma (por el diminutivo en inglés para abuela, grandmother), que había sido comprado en forma clandestina en Tamaulipas a una empresa estadounidense. Era tan improbable que pudieran llegar a puerto que Fidel dijo entonces lo que podría interpretarse como una promesa, finalmente cumplida: «Si salgo, llego; si llego, entro; si entro, triunfo». El regreso de 1956 y la conformación de la guerrilla en Sierra Maestra fue el inicio de un camino que finalizó con la toma del poder poco más de dos años más tarde.
La Revolución
El triunfo militar puso a Fidel al frente del gobierno cubano, en el que fue primer ministro y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. «Esta vez, por fortuna para Cuba, la revolución llegará de verdad al poder. No será como en 1895, que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto, que intervinieron a última hora y después ni siquiera dejaron entrar a Calixto García, que había peleado durante 30 años, no lo dejaron entrar en Santiago de Cuba. No será como en el ’33, que cuando el pueblo empezó a creer que una revolución se estaba haciendo, vino el señor Batista, traicionó la revolución, se apoderó del poder e instauró una dictadura por once años. No será como en el ’44, año en el que las multitudes se enardecieron creyendo que al fin el pueblo había llegado al poder y los que llegaron al poder fueron los ladrones. Ni ladrones, ni traidores, ni intervencionistas. Esta vez sí que es la revolución», dijo Fidel.
Sin preludios, desde ese día de 1959 empezó a hacer realidad los proyectos de cambio que habían suministrado una base social a la Revolución: el más importante de todos, la reforma agraria, que expropiaba las grandes haciendas –muchas de ellas extranjeras– para dar medios de vida a los campesinos pobres. Confiscó todas las propiedades de más de 420 hectáreas de extensión. De forma simbólica, el primer campo en ser expropiado fue el de la propia familia Castro.
La nacionalización de los bienes de compañías estadounidenses en Cuba generaron los primeros chisporroteos con el gobierno de Estados Unidos, que hasta entonces no alcanzaba a comprender cómo manejar a esos díscolos guerrilleros barbados que habían desplazado a su hombre en La Habana. La Revolución también juzgó en tribunales revolucionarios a militares y colaboradores de la dictadura. Las medidas –criticadas por la prensa internacional– fueron defendidas por más de un millón de personas en una monumental muestra de apoyo el 21 de enero de 1959.
El enfrentamiento con la Casa Blanca era inevitable. Y mientras en 1961 el gobierno de la isla llamaba a una revolución general contra el imperialismo en Latinoamérica, a través de la «Primera declaración de La Habana», el presidente Dwight Eisenhower rompía las relaciones diplomáticas con Cuba, decretaba un embargo comercial destinado a ahogar la economía nacional y así forzar la retirada de Castro, ya que la economía cubana dependía casi totalmente de sus exportaciones a Estados Unidos, fundamentalmente de azúcar.
Ese mismo año, el sucesor de Eisenhower, John Fitzgerald Kennedy, no aflojó la presión, sino que la agudizó con la organización de un desembarco de exiliados cubanos armados en la bahía de Playa Girón, que fue repelido por el ejército revolucionario con el propio Castro a la cabeza. La fallida invasión, según coinciden muchos historiadores, habría dado origen a una conspiración contra Kennedy de los grupos más exaltados de cubanos exiliados y con apoyo de la CIA y el FBI que en noviembre de 1963 acabó con la vida del presidente estadounidense en Dallas. Para los cubanos, Playa Girón es el símbolo de la resistencia contra el imperio que busca recuperar su joya más preciada, donde se enseñoreaban los capos de la mafia a media hora de avión de Nueva York, 90 millas náuticas de Miami.
Tras esa ofensiva, Fidel proclamó el carácter marxista-leninista de la Revolución Cubana y, a través de la «Segunda declaración de La Habana», y alineó a su gobierno con la política exterior de la Unión Soviética. Al mismo tiempo, eliminó a los funcionarios liberales con los que se había aliado al llegar al poder y unificó a los grupos políticos que apoyaban este proceso en un único Partido Unido de la Revolución Socialista. Cuba fue el primer Estado socialista de Latinoamérica y sobrevivió incluso a la URSS, aunque a un precio que demuestra la voluntad, tanto de Fidel como de quienes lo acompañaron en el gobierno y del pueblo cubano.
Guerra fría
Un nuevo choque de La Habana con la Casa Blanca se produjo en 1962, cuando la URSS instaló en suelo cubano rampas de lanzamiento de misiles con las que podían alcanzarse objetivos en territorio de Estados Unidos. Descubiertas por el espionaje norteamericano, Kennedy reaccionó con un bloqueo naval a Cuba y la exigencia de retirada de las instalaciones.
La llamada «crisis de los misiles» estuvo a punto de hacer estallar una guerra nuclear entre las dos superpotencias, que fue evitada a último momento con la retirada del armamento soviético, a cambio de que no hubiese nuevos intentos de invasión en la isla.
En aquella biografía a dos manos, Fidel le manifestó a Ramonet su disgusto por la forma en que los soviéticos llevaron adelante aquellas negociaciones y por el modo en que dejaron afuera a los cubanos de una solución definitiva que además podría haber llevado a que EEUU entregara Guantánamo a los cubanos, una vieja aspiración que persiste hoy día.
«El reproche que hacía Fidel a (el líder soviético Nikita) Jruschev es que inicia las negociaciones sin informarle –recordó ayer el periodista español– Aunque en la negociación se estableció que EE UU nunca más intervendría militarmente contra Cuba, a pesar de eso, reprocha a los soviéticos haber conducido esas negociaciones mintiendo. Y él decía: cuando en una negociación uno de los negociadores empieza mintiendo, pierde su integridad moral y ética y, por consiguiente, no puede ganar esa negociación. Y los soviéticos empezaron negando que hubiese misiles en Cuba cuando sí los había. Castro decía que tenían que haber asumido que había misiles y que si Cuba se integraba a esa mesa de negociaciones se podía haber obtenido la restitución de Guantánamo».
Los grandes logros revolucionarios
En 1965, el Partido de la Revolución pasó a llamarse Partido Comunista de Cuba. Fidel asumió como secretario general. Poco más de una década después, en 1976, también fue nombrado presidente del Consejo de Estado, cargo que mantendría hasta 2008.
De la mano de Fidel, Cuba obtuvo logros sociales impensados para cualquier país de la región. De hecho, se convirtió en un modelo para el resto de las naciones subdesarrolladas en materias como Educación, Sanidad y Deportes. La tasa de alfabetismo alcanza hoy al 100% de los cubanos y el 95% de los chicos termina la escuela primaria. Todos los habitantes cuentan con acceso gratuito a la salud pública.
También emprendió una política redistributiva que favoreció a millones de cubanos que, hasta la estadía de Batista en el poder, vivían en la más profunda miseria. Según la CEPAL, sólo el 5% de la población está por debajo del nivel mínimo de consumo de energía alimentaria. El 95% de los cubanos cuenta con agua potable, a diferencia de lo que ocurre en otros países latinoamericanos, incluso Argentina.
Además, Fidel mantuvo una política exterior muy activa, basada en la lucha contra el imperialismo, con un papel destacado en el Movimiento de Países No Alineados y en la intervención militar cubana en África, en apoyo a los gobiernos socialistas de Angola y Etiopía.
Uno de los golpes más duros que recibió Fidel en este período fue la muerte del Che Guevara, que había dejado Cuba primero para colaborar con los grupos insurgentes de Angola, y luego había partido hacia Bolivia con la intención de iniciar un proceso similar al que había fructificado en la toma del poder en La Habana. El 9 de octubre de 1967 se confirma que esta vez la noticia de que el Che había sido muerto en la selva boliviana era cierta. Cuando Fidel anuncia la noticia públicamente, recuerda la carta con que el Che se despide al dejar su patria de adopción. La frase final también queda en la historia. «Hasta la victoria siempre». Es la misma con que Raúl terminó su anuncio de ayer.
Lo que vino después también fue un duro golpe para la Revolución. Desde 1985 la situación en la URSS, el principal sostén de la economía cubana, se fue degradando, hasta que el 26 de diciembre de 1991 se anuncia oficialmente la disolución de la Unión Soviética, el experimento socialista más grande en la historia de la Humanidad, iniciado en octubre de 1917 y que había derrotado al nazismo en la Segunda Guerra Mundial.
Muchos países que habían integrado la órbita soviética se habían ido desgajando del núcleo central de la URSS en esos años y otros lo hicieron con posterioridad. A pesar del peso específico que tenía para Cuba aquella pertenencia, a nivel económico y de seguridad exterior, el gobierno de Castro no se volcó masivamente a las ideas neoliberales que se habían impuesto hasta en Rusia. Comenzó la etapa más dura de la Revolución por lo que implicó para la población. Fue el «Período Especial», un proceso de resistencia a las consecuencias de un bloqueo de la principal economía del mundo y el imperio más grande en la historia humana sin renunciar a principios fundamentales de la Revolución Cubana.
El descongelamiento de relaciones con Estados Unidos y la reapertura de relaciones con el gobierno de Barack Obama fue obra de Raúl Castro, aunque es obvio que Fidel no era ajeno a esta política. Falta cumplir con el levantamiento del bloqueo y la devolución de los territorios de Guantánamo, un reclamo no solo cubano.
Fidel sobrevivió a 632 intentos de asesinato pergeñados por sus enemigos, capitaneados por los servicios secretos estadounidenses, y a once presidentes de EE UU. Fidel ya no está y en unos días tampoco estará Obama. Lo que viene es otra historia bien diferente. En ella, la herencia que deja Fidel será imposible de soslayar.
Tiempo Argentino
Noviembre 27 de 2016
por Alberto López Girondo | Nov 23, 2016 | Sin categoría
Howard Waitzkin nació en un pueblo de Ohio en un hogar empobrecido por la gran crisis del ’30, y por razones que todavía hoy no puede entender, pudo recibirse de médico y mantener su compromiso con la comunidad y con un concepto de la medicina cada vez más enfrentado en uno de los mayores negocios en esta etapa de la globalización.
También es un referente de la izquierda en su país, donde cultivó la amistad de Bernie Sanders, el precandidato del partido demócrata que, asegura, podría haberle ganado la presidencia a Donald Trump.
Tiene razones para criticar la gestión de Barack Obama y el que aparece como tal vez su único legado, el Obamacare, al que compara con el Plan Nacional de Salud que presentó el gobierno de Mauricio Macri. «Son propuestas elaboradas por el Banco Mundial para beneficiar al sistema privado de salud», asegura.
–Si es que Sanders le hubiera podido ganar a Trump, ¿por qué no ganó la primaria demócrata?
–Porque le robaron la elección. Porque hubo represión a los votantes, especialmente en California, donde a los sectores marginales no los dejaron votar, los sacaron de la lista, cerraron puestos de votación y se armaron enormes filas de gente para votar. Además, porque se vota en un día de semana, cuando los trabajadores no pueden asistir.
–¿Por eso se negaron a votar luego por Hillary Clinton?
–Ella es la representante de la clase capitalista. Más que Trump, verdaderamente. El grupo Bill Clinton-Obama está en la línea de políticos que básicamente son de la clase capitalista que usan el simbolismo de líderes progresistas, ¿quieres datos?
–A ver.
–La propuesta de Hillary Clinton para la reforma de salud es la que Bill Clinton presentó en 1993, es la misma estructura de la reforma colombiana de 1994, que es la propuesta del Banco Mundial. Fue elaborada entonces por la vicepresidenta de una empresa de salud que después Bill nominó para ser procuradora de Justicia, Zoe Baird, que era vicepresidenta de Aetna, una de las mayores empresas privadas de seguros de salud de EE UU (N de R, Baird no pudo asumir el cargo porque se reveló que había contratado para trabajos particulares a inmigrantes ilegales durante años). Hillary recibió más dinero de las empresas privadas de seguro de salud que su oponente republicano para la campaña.Una directiva de otra empresa escribió los detalles de la propuesta del Obamacare, y Obama recibió en 2008 tres veces más dinero de empresas de seguro de salud que John McCain. Ese plan es básicamente el del BM en relación al uso de los fondos fiduciarios de seguridad social y en él se basa el sistema que propone Macri.
–No queda claro entonces por qué los republicanos se opusieron.
–Por el manejo de símbolos. Fue una operación brillante manipular los símbolos para decir que Obamacare es creación de la izquierda, cuando lo es de la derecha. Trump tiene más o menos la intención de destruir el Obamacare a pesar de haber sido un negocio brillante. Nunca en la historia del seguro privado las empresas de salud habían ganado tanto dinero como con el Obamacare.
–Se lo presentó como revolucionario y la impresión es que los republicanos obligaron a hacerle muchas modificaciones.
–Realmente no. El único debate fue sobre el aspecto del plan público, en competencia con el sector privado. Es que el sector público queda cada vez más debilitado porque le sacan dinero. Pacientes con dolencias complejas como cáncer, enfermedades prevalentes graves o accidentes van al hospital público, el resto queda en el sector privado. Es lo que pide el BM, crear una competencia que en realidad termina en un apoyo del sector público al privado, porque cada paciente costoso no va a los privados. Hablaron de un mayor acceso a la salud, pero en EE UU quedan 30 millones sin seguro de ningún tipo. Y el plan más barato tiene copagos deducibles de 10 mil dólares al año que debe pagar antes de recibir cualquier beneficio. Eso es el Obamacare.
–¿Por qué cree que ganó Trump?
–El triunfo de Trump fue esperado, aunque Hillary tiene más votos populares, llegará a superar los dos millones. A Trump lo votó la mitad de la mitad de los votantes y menos por la participación de otros partidos. El 50% de los votantes lo hicieron por enajenación, por pérdida de confianza en el proceso electoral y por la represión de votantes, como en la primaria. Pero el Partido Verde recibió 2% de sufragios y el Libertario 5 a 7 por ciento. Además, el voto para Trump es una minoría que no incluye inmigrantes legales e ilegales y la gente que no se registra, que son millones.
–La pregunta en todo caso sería cómo pudo ser nominado por los republicanos.
–Trump es un fenómeno particular. Él representa el enojo y la enajenación de la clase obrera blanca en los estados del centro del país como Ohio, Indiana, Michigan, Illinois, Wisconsin, donde los trabajadores perdieron sus empleos por los tratados de libre comercio. Las fábricas se van para México y luego a China, Cambodia, Vietnam, India. Eso lo mostró muy bien el artículo de Michael Moore publicado hace cinco meses, donde predecía que Trump iba a ganar. Trump combina populismo, racismo y fascismo, y la parte verdadera de relacionarse con trabajadores que han perdido mucho a través de esos acuerdos elaborados con la participación activa del Partido Demócrata. Hay un aspecto verdadero en él, porque tiene relación con ciertos organismos de la clase trabajadora, apareció en fábricas de Michigan y dijo que si una empresa usa el TPP y el Nafta para reimportar algún producto va a poner impuesto de 45 por ciento. Y tiene razón.
–Obama llegó como esperanza hace ocho años, ¿traicionó a sus votantes?
–Hubo una esperanza sin escuchar sus palabras como candidato. Fue la primera vez en mi vida que voté a un demócrata por la presión de mi hija, la que ahora está con Sanders. Él dijo voy a mantener los acuerdos de libre comercio, voy a bajar el esfuerzo de la guerra en Irak, dijo que iba a cerrar la cárcel de Guantánamo. Pero él fue el candidato de Wall Street, recibió tanto dinero de su campaña que pudo rehusar el financiamiento público que le correspondía. Y fue financiamiento de aseguradoras de salud, de bancos, de Wall Street y de millones de contribuciones pequeñas con esperanzas de cambio. Siguió con las mismas políticas que Bush, tal vez cambió algo con Cuba, aunque por la posibilidad de aumentar las ventas.
–Qué puede pasar con los votantes de Sanders, ¿hay posibilidad para la izquierda en EE UU?
-Hay una enorme posibilidad pero no a través de elecciones. Hay una famosa frase de Emma Goldman, enfermera de salud pública y anarquista: «Si el voto sirviera para cambiar algo ya lo hubieran declarado ilegal.» Y es así. Las elecciones tratan de símbolos y aun por la izquierda o la derecha la estructura del sistema capitalista no cambia mucho. No soy exactamente leninista, pero estoy muy de acuerdo con la predicción de Lenin de que el imperialismo es la etapa superior de capitalismo y produce regularmente crisis fundamentales. La de 2008 fue ejemplo totalmente consistente con la predicción. Los dos métodos para incrementar ganancias hoy son primero la guerra permanente, eso que Naomi Klein llama capitalismo de desastre, creando guerras para destruir infraestructura y abrir la posibilidad de hacer negocios con la reconstrucción. El otro es crear ficción con instrumentos de finanzas como los paquetes de riesgo y de crédito. Es un capitalismo que depende del socialismo para los ricos. En cada crisis socializan a los bancos y las automotrices, como pasó con General Motors. En este contexto, en mi opinión tenemos que avanzar en las luchas populares. Y no seguir con esta orientación capitalista que no funciona y no va a funcionar. Sanders tiene razón de convocar al socialismo como una posibilidad para los sectores pobres y marginalizados. Él dice que no es para ganar elecciones sino para usar el proceso electoral en concientizar a la población que no tiene poder.
–¿Que va a pasar con Trump, es un desastre universal?
–¿Desastre universal? No, yo creo que es una gran oportunidad. Ya no hay Tratado Transpacífico de comercio. Con Hillary no podías esperar nada de eso. Es cierto que eso también se debe a nuestra lucha de años. Es una oportunidad a pesar de los riesgos de fascismo, racismo, sexismo, pero se puede avanzar y resistir el sistema del BM, del FMI y de la OMC. Hay manifestaciones de todas las ciudades importantes, más o menos como las de Ocuppy Wall Street, que fueron reprimidas por la policía de Obama. Mi propia hija está en las calles en protesta por el sistema electoral. No sé qué va a pasar pero garantizo que habrá lucha.
Recuadro
Un socialista en primera persona
«Soy de una familia de trabajadores con una vida muy precaria. Mis padres siempre vivieron así, con un enfoque sindicalista. Mi abuelo fue agricultor, trabajaba en su pequeño terreno para producir alimento en un pueblito de Ohio. El salió de Letonia resistiendo la conscripción para el ejército del zar, llegó a EE UU y comenzó a cultivar un terreno que perdió durante la Gran Depresión. Se dedicó a pintar casas, fue sindicalista, militaba por Eugene Debs, que durante cuatro elecciones nacionales fue candidato por el Partido Socialista y llegó a obtener 12% de los votos. Es una historia muy poco difundida que no enseñan los libros. Hay dos razones para que eso ocurra, la primera es el manejo de la hegemonía a través de los medios de comunicación, que crean en los trabajadores la expectativa del mejoramiento a través del capitalismo. Y también la represión: matan gente, encarcelan gente. Hay gente del Partido Comunista de EE UU todavía en el exilio. Debs fue encarcelado como candidato socialista, esa es la historia del manejo de la hegemonía y la represión. La mayoría de mis amigos de la juventud murieron en Vietnam o están en posiciones precarias. Yo, por razones que todavía no entiendo, tuve la suerte de tener consejeros, guías, que me permitieron llegar al mundo de la academia y la medicina a través de becas y mucho trabajo. Por razones que tampoco entiendo tuve la suerte de poder mantener mi perspectiva como cuando era joven, mantener la posibilidad de servir a mi propia comunidad. Sigo trabajando como académico más o menos jubilado, tratando de enseñar en lugares como Nuevo México, con muchos alumnos marginalizados, indios, latinos, pobres. Y como médico en clínicas comunitarias en el sector publico.»
Tiempo Argentino
Noviembre 20 de 2016
La foto es de Tiempo Argentino
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