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CGT: Tiempo de amagues

La CGT anunció una movilización para el 7 de marzo y un paro, sin fecha fija, para «la segunda semana» de ese mes. Se abrieron negociaciones a todo vapor en medio de los enfrentamientos internos dentro del sindicalismo. Debate por el perfil gremial.

Si algo mostró la masiva manifestación del 30 de abril de 2016 por el Día del Trabajador, es que el espacio del movimiento obrero podría convertirse en un baluarte de la oposición a las medidas más irritativas del gobierno de Mauricio Macri. El escenario de Paseo Colón e Independencia había juntado a las hasta entonces tres CGT y a las dos CTA en lo que se interpretó como el inicio de una escalada de reclamos por la pérdida de puestos de trabajo, poder adquisitivo y derechos laborales. Las más de 300.000 personas que habían ocupado de bote a bote las dos avenidas planteaban ese reclamo de combatividad que, sin embargo, se fue demorando en el tiempo.

En los meses subsiguientes, la caída de la actividad económica y la profundización de la crisis económica corrieron paralelas a negociaciones entre los distintos líderes sindicales y las autoridades. Como fruto de esas conversaciones, desde el gobierno decidieron abrir el grifo para pagar deudas con las obras sociales sindicales por unos 30.000 millones de pesos. El 22 de agosto se conformó finalmente el triunvirato para conducir una CGT unificada más por el espanto que por el amor. Héctor Daer, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid emergieron como las caras visibles de los sectores gremiales dentro de la central obrera cercana al peronismo.

Que no comulgaban en muchas de las iniciativas ni en las perspectivas frente al oficialismo era evidente desde antes de cerrar ese acuerdo. Pero hubo entonces una coincidencia que en sordina todos admitían: no convenía enfrentar drásticamente a un gobierno que había asumido pocos meses antes mediante el voto popular. Sobre todo ante un frente conservador que había llegado a la Casa Rosada enancado en los aires antipopulistas que destilaban los medios de comunicación.

Pero el inicio de 2017 trajo peores noticias. El aumento en el precio de los combustibles a mediados de enero y el tarifazo de la luz en febrero, que en nada contribuyen a la prometida baja en la inflación –41% en 2016, cerca de 2% en enero de este año– socavan cualquier intento de paz social que quiera ensayar una organización obrera, por más amigable que pretenda mostrarse. Más aún cuando los despidos en la actividad privada, con el añadido de la caída del consumo, golpean en el mismo sector asalariado que espera respuestas de la dirigencia y no la encuentra en la oposición política. Fue en este contexto que las CTA anunciaron la reunificación de la central, pero para 2018.

Shock eléctrico
El anuncio del ministro de Energía de un nuevo golpe al bolsillo de los argentinos, con subas de hasta 148% en la electricidad, fue difícil de digerir tanto para el ciudadano de a pie como para los empresarios pyme, que no logran despegar y ya computan miles de persianas cerradas desde diciembre de 2015. Las recomendaciones de Juan José Aranguren de reducir consumos de elementos ya esenciales para la vida en comunidad, como una computadora o un lavarropas, sin ir más lejos, generaron el punto de quiebre para convencer a los más realistas entre los dirigentes cegetistas de que algo tendrían que hacer.

Así fue que el 2 de febrero, en un debate áspero entre los distintos sectores que forman parte de la CGT, se anunció una movilización para el 7 de marzo y un paro general para la segunda semana de ese mes. La distancia a la movilización y la laxitud del anuncio de una huelga son síntomas no solo de la falta de consenso para enfrentar las medidas del gobierno, sino el deseo de negociar hasta última hora para que la sangre no llegue al río.

Se sabe que dentro del local de la Federación Naval donde se desarrolló el debate hubo pases de facturas. La división entre gremios de servicios y de la producción –por poner dos ejemplos extremos: metalúrgicos y trabajadores de estaciones de servicios– viven distintas etapas de esta realidad. Algunos tienen un día a día de despidos y suspensiones, los otros pueden capear mejor los temporales. Por otro lado, hay un grupo de gremialistas que fueron indispensables para sostener el modelo menemista en los 90, conocidos como «los Gordos» (entre ellos Carlos West Ocampo, de Sanidad; y Armando Cavalieri, de Comercio), que encabezan los grupos más afines a Macri y recibieron los mayores aportes a sus obras sociales. Como para devolver gentilezas a quienes rememoraron ese pasado, salieron a impugnar el acercamiento que gremios como la UOM y los albañiles tuvieron con los gobiernos de los Kirchner.

El secretario general de la Bancaria, Sergio Palazzo, hace tiempo reclama la elaboración de un programa de los trabajadores para enfrentar el embate contra derechos adquiridos. Radical de origen, Palazzo tiene buena llegada y sabe cómo moverse dentro de un mundo de tradición peronista como el de la CGT y les evoca asiduamente los programas combativos de La Falda y Huerta Grande en 1957 y 1962.

El gremio bancario logró aumentos en una paritaria corta con las cámaras que debía revisarse en mayo. El acuerdo no gustó en la Casa Rosada, que lo caratuló como un arreglo inflacionario y dio orden de no homologar al Ministerio de Trabajo. La puja llegó a la Justicia, que aceptó el pedido de amparo del gremio. Ahora es el turno de los docentes, que consiguieron que las provincias se sumaran a su reclamo de una paritaria nacional por área y no por distrito, como pretendían desde el Palacio Pizzurno. La oferta en la provincia de Buenos Aires era de un 18% con una cláusula gatillo si se dispara la inflación. Los gremios la rechazaron porque el año pasado se disparó la inflación pero el gatillo permaneció inmutable.

Revista Acción
Febrero 15 de 2016

Trump prepara una guerra de divisas

Trump prepara una guerra de divisas

«No puede ser embajador un señor que viene a destruir la casa», dijo de un modo categórico –y haciendo honor a su apellido– Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo. El «señor» en cuestión es Theodore Roosevelt Malloch, PHD en Economía Política Internacional por la Universidad de Toronto, docente y lobista en el Capitolio con un paso como diplomático en las Naciones Unidas en Ginebra, quien se ganó la enemistad de los organismos paneuropeos por decir que el euro podría colapsar en un plazo de 18 meses y que Grecia estaría a punto de salirse de la moneda común.

Tal vez finalmente no ocurra lo que Tajani y la propia canciller Federica Mogherini rechazan: que Malloch sea designado embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea. Pero en todo caso, el desatino del asesor presidencial fue suficiente como para erizar los pelos en un continente que todavía no digiere el Brexit. Y para alertar sobre el plan de Donald Trump de desatar una guerra de monedas que consume esa ambigua situación que crece larvadamente desde la crisis de 2008 en episodios puntuales.

Malloch, que no tiene prurito en decir lo que piensa –lo que atrae especialmente a Trump, otro incontinente verbal– se ufanó de que en su anterior paso por la diplomacia había ayudado a «hacer caer a la antigua Unión Soviética. Así que es probable que haya otra Unión que necesita un poco de amansamiento», señaló en referencia clara a la Unión Europea. Trump ya había dado muestras de incondicional apoyo al Reino Unido y al gobierno conservador de Theresa May en este momento crítico. Malloch explicó esa posición al decir que su presidente «no cree en las instituciones supranacionales». Algo que ya había demostrado con el retiro del Tratado Trans Pacífico y el anuncio de que piensa rever el que Estados Unidos mantiene con México y Canadá y de que reimpulsará la industria estadounidense a como dé lugar.

Precisamente otra de las formas para poner en marcha el programa que prometió en campaña es presentar batalla en el mercado de cambios. En el primer día en la presidencia denunció a China, con ese tono de indignado que lo caracteriza, como «un manipulador de divisas». En uno de sus ya masivos tuits, fue más contundente al decir que «si miran lo que hace China y lo que hizo Japón durante años, ellos juegan al jueguito de la devaluación, mientras que nosotros nos quedamos sentados como unos idiotas». Esto es, que las dos economías asiáticas fijan un valor arbitrariamente bajo a sus monedas para hacer más competitiva a su economía y beneficiar a su comercio exterior.

Por esa misma época otro de sus asesores, Peter Navarro, director del Consejo Nacional para el Comercio de Estados Unidos, disparaba sus dardos contra Alemania, país al que acusó de mantener un euro muy subvalorado «para explotar a sus socios comerciales de Europa y a los EEUU». Trump en persona dijo en una entrevista al británico The Times y al germano Bild que «si miras a la UE, es Alemania. Básicamente es un vehículo para Alemania», frase puntualmente repudiada por la canciller AngelaMerkel.

No resulta casual que el euro cayó levemente el viernes ante el dólar, que sigue animado por la promesa del presidente estadounidense de anunciar en pocas semanas una «fenomenal» reforma fiscal con rebajas de impuestos.

Para quienes piensan el valor de la divisa en función de los bienes o las reservas que garantizan su fortaleza, resulta difícil explicar cuál es el sustento real del dólar desde que en agosto de 1971 el presidente Richard Nixon suspendió la convertibilidad con el oro. No es osado decir que en gran medida se apoya en Estados Unidos como gendarme del mundo, pero sobre todo en que el dólar es la moneda en que se intercambian productos esenciales en esta etapa del capitalismo internacional, como el petróleo y los alimentos.

Desde este ángulo, se puede interpretar la invasión de Libia y la destrucción del Estado construido por Muhammar Khadafi desde 2011 y los ataques a los gobiernos progresistas latinoamericanos como una represalia. A partir de la crisis de 2008, China anunció la acuñación del yuan de oro y desde algunos países árabes exportadores se comenzó a manifestar la voluntad de reintroducir el patrón de oro. Khadafi pretendía emplear el dinar de oro para su comercio internacional. Mientras tanto, en América Latina los gobiernos de Venezuela, Brasil y Argentina –Lula da Silva, Cristina Fernández y Hugo Chávez, junto con los mandatarios de Bolivia y Ecuador– propugnaban el comercio intrazona en monedas locales o en un recurso financiero denominado SUCRE.

Ahora, Trump también amenazó con romper o al menos diluir el efecto de los acuerdos nucleares que habían firmado los cinco miembros permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania con el gobierno de Irán. La respuesta de estos últimos días de Teherán la dio el gobernador del Banco Central de la República Islámica, Valiollah Seifm, quien adelantó que desde el 21 de marzo dejará de utilizar al dólar como moneda de elección en sus informes financieros para avanzar paulatinamente hacia el intercambio en otras divisas. Irán tiene el 13% de las reservas de petróleo reconocidas por la OPEP y tuvo ventas en 2016 por 41 mil millones de dólares, lo que para los analistas es un volumen importante como para hacer ruido en esa guerra que se avecina.

El último año de gestión de Barack Obama no dejó buenas señales para su sucesor, que bien podría hablar de «pesada herencia». El país celebró sus 41 años ininterrumpidos de déficit comercial con una diferencia negativa en su comercio exterior de 502.252 millones de dólares, la mayor desde 2012. Mientras tanto, el dólar se fortaleció un 3,6% en relación a una canasta de seis monedas.

El diario mexicano El Financiero cita a Joachim Fels, asesor económico global de Pacific Investment Management, en una frase que ilustra claramente que las bravatas de Trump tienen también un contexto y buscan un objetivo en el mundo de las cosas concretas: «El nuevo gobierno estadounidense es menos propenso a tolerar la solidez del dólar y mucho más inclinado a usar el arma nuclear del proteccionismo.» Lo que abre las puertas a una abierta guerra de divisas que quizás el cálido intercambio telefónico del jueves con el presidente chino Xi Jinping –en el que se comprometió a respetar la política de «una sola China»– no alcance a disipar.

Tiempo Argentino
Febrero 12 de 2017

El estilo Trump irrita al establishment

El estilo Trump irrita al establishment

En Europa oriental adaptaron una vieja frase que en América Latina fue muy conocida en épocas no tan lejanas. “¿Por qué no hay revoluciones de colores en Estados Unidos? Porque allí no hay embajadas de Estados Unidos”. La referencia es a los movimientos sociales en países que habían pertenecido a la órbita soviética y que en poco tiempo cayeron en manos de élites prooccidentales a través de revueltas populares contra la dirigencia establecida, como la Revolución Naranja en Ucrania en 2004. Algo parecido piensa un fino ironista como el británico Karl Sharro, que se permitió dar la bienvenida al Estados Unidos de estos días al concierto de las naciones que en la primera década del siglo protagonizaron la llamada Primavera Árabe.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su estilo poco convencional irritaron al establishment cultural, político y mediático, y las manifestaciones populares en contra del intempestivo empresario podrían ser el nacimiento de un movimiento más profundo. Algunos sectores afines a Trump sospechan que detrás de esas movidas, que podrían llevar al derrocamiento del presidente, está la mano de los intereses del “estado profundo” y las multinacionales que no ven con buenos ojos el cambio de modelo que propone el flamante mandatario.

Los mismos que manejaron tras bambalinas revueltas antigubernamentales en regiones de interés estratégico para Estados Unidos, incluso, podrían haber metido la nariz en algunas de estas manifestaciones de rechazo a Trump. Las aguas están lo suficientemente confusas en el Norte como para aseverar algo así.

Por lo pronto, Trump trata con ese modo brutal que lo caracteriza de avanzar lo más posible antes de que se le pasen los 100 días de gracia que todo nuevo ocupante del Salón Oval tiene concedido. Por eso desde el progresismo ensayaron los Cien días de Resistencia para frenar el empuje conservador que amenaza con demoler valores que parecían incorporados al imaginario popular.

La designación de un juez para la Corte como Neil Gorsuch, antiabortista y al mismo tiempo partidario de la pena de muerte, fue uno de los ejemplos regresivos de la segunda semana de Trump en el poder. Los demócratas rechazaron esa designación por los antecedentes del magistrado pero por otras dos razones de peso: tiene 49 años, lo que implica que el tribunal contará con primacía ultraconsevadora por mucho tiempo. Además, porque a la muerte de Antonin Scalia, hace justo un año, los republicanos impidieron el tratamiento del candidato que había propuesto Barack Obama.

Ante esta realidad, y teniendo en cuenta que la aprobación de Gorsuch necesita del apoyo de senadores demócratas porque la mayoría oficialista no alcanza para cubrir los dos tercios requeridos para el aval, Trump intentó imponer la “Opción Nuclear”, que habilita en situaciones de extrema urgencia a cambiar las reglas de juego o así votarlo con el 50 por ciento.

Hubo trabas en el Congreso también para la designación del secretario de Estado, Rex Tillerson y de los titulares de Defensa y el director de la CIA, Mike Pompeo, entre otros. Los demócratas dejaron el recinto en un intento de demorar el procedimiento y negociar cambios. Pero finalmente, forzando la regla de que debe haber al menos un opositor en el recinto, el oficialismo impuso su voluntad. De paso, fue designada como número dos de la agencia de inteligencia Gina Haspel, que tuvo su cuarto de hora de fama en 2013 cuando fue removida de su cargo porque había autorizado el uso de la tortura en interrogatorios secretos en Taliandia. Trump ya había dejado claro que el tormento es efectivo para obtener información y dijo que no tiene drama en que se aplique.

La CIA, experta en desestabilizar gobiernos a lo largo y ancho del mundo, promete ser otro hueso duro de roer y no solo por el informe donde acusaban al gobernó de Vladimir Putin de haber hackeado cuentas de Hillary Clinton para beneficiar a Trump en la elección de noviembre pasado. Por eso crece la sospecha de que están maniobrando en todos los rincones para socavar a Trump. Se sabe que uno de los objetivos es el propio jefe, Pompeo, pero también el asesor de Seguridad Nacional, Mike Flynn, un general retirado al que vigilan por su frecuente trato con el embajador ruso, Sergei Kislyk.

En el Pentágono, donde el castigo físico no genera prurito alguno, Trump encontró una resistencia de consecuencias aún no mensuradas. Parte de su estrategia a nivel internacional se basa en un acercamiento a la Rusia de Putin, por eso puso de canciller a un ex CEO de Exxon que lo conoce personalmente, como Tillerson, y al propio Flynn. Pero este giro en la política exterior choca con los paradigmas de los generales de cinco estrellas asentados en el edificio de Arlington, ni qué decir de los fuertes intereses de la industria bélica.

Fue así que el comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa, Ben Hodges, desplegó tanques en la frontera ruso-polaca y disparó salvas tras anunciar que no era un ejercicio de entrenamiento sino un mensaje a Moscú. El detalle es que en la OTAN alentaron esta jugada porque Trump quiere que los europeos pongan más dinero en la defensa de su propio territorio.

En la UE también crece el descontento con las medidas proteccionistas que ya comenzó a implementar la nueva administración. El francés François Hollande ya se quejó públicamente del destrato “inaceptable” del nuevo presidente al viejo continente, en el contexto de que en breve, luego del Brexit, Gran Bretaña volverá a ser socio privilegiado de Estados Unidos, como acordaron Theresa May y Trump hace nueve días.

La llegada de Tillerson también alarmó al personal del departamento de Estado y ya son 900 los funcionarios que firmaron un memorando interno donde se critica la prohibición de ingreso a refugiados y ciudadanos de siete países musulmanes que el gobierno central dictó por Orden Ejecutiva la semana pasada. Esa polémica medida también fue rechazada por las autoridades de los estados de Nueva York, Massachusetts y Washington. La respuesta a los díscolos en el equipo que ahora comanda el petrolero fue tajante: “Los diplomáticos de carrera deben cumplir el programa (del presidente) o irse”, les espetó Sean Spicer, portavoz de la Casa Blanca.

El que decidió irse sin que lo echen fue el CEO de Uber, TravisKalanick, quien abandonó el Consejo de Asesores del presidente luego de que una enorme cantidad de pasajeros borró la aplicación de sus celulares porque vieron a la empresa como asociada de Trump.

Indemnizaciones en los links

El estilo prepotente de Donald Trump no es nuevo y nadie sabe qué consecuencias podrá tener para el mundo. Pero un juez de Florida le puso precio a un gesto desconsiderado para con los socios de un club de golf de ese distrito. La historia cuenta que en 2012 el magnate compró a precio de ganga un negocio que era deficitario del Ritz-Carlton Hotel y entre sus primeras medidas modificó sin previo aviso las reglas de membresía al luego bautizado Trump National Golf Club Jupiter.

La queja de algunos viejos socios se estrelló con un seco “si no les gustan las reglas, váyanse”. Cosa que decidieron hacer de inmediato, no sin antes reclamar por sus depósitos en un plazo de 30 días, como estaba establecido con los anteriores propietarios.

Trump se hizo el desentendido pero el juez Kenneth A. Marra les dio finalmente la razón y la empresa deberá devolver a los demandantes 4,85 millones de dólares más intereses por 925.010 dólares.

Tiempo Argentino
Febrero 5 de 2017

Se incendia el modelo de explotación forestal chileno

Se incendia el modelo de explotación forestal chileno

Los incendios forestales están devastando gran parte del bosque chileno y ya causaron once muertes desde que estalló la primera chispa, a principios de año. Hasta el momento, según cifras oficiales, se quemaron 577 mil hectáreas y ya hay 65 detenidos procesados por su responsabilidad en el hecho: en algunos casos son trabajadores de una empresa eléctrica que fueron apresados porque se los acusa de haber sido incompetentes al cortar. Pero hay otros que son acusados de haber provocado incendios intencionales, aunque no se brindó suficiente explicación para semejante accionar. La pregunta es si esto explica todo el drama que se cierne sobre Chile, que enfrenta pérdidas multimillonarias por el fuego que arrasó una población entera como Santa Olga, en El Maule, y en todo caso quién gana con esta calamidad provocada que mantiene en vilo a la sociedad.

El gobierno descartó de inmediato algún tipo de atentado terrorista. Una de las versiones que intentaban interpretar el suceso hablaban de que las mismas empresas madereras –una de las fuentes más importantes de ingresos del país luego del cobre y otros minerales– provocaban los siniestros para cobrar los seguros, o que había intereses inmobiliarios en cada una de las regiones comprometidas.

Nicolás Rojas Scherer es politólogo y en conversación con Tiempo descarta que los grupos Matte y Angelini –los mayores controladores de ese negocio y líderes mundiales en celulosa– puedan ganar más con el seguro que con la venta de materia prima o derivados. Pero sí ve detrás de esta catástrofe la mano invisible del mercado a través de un entramado que con los años fue consolidando monocultivos de pino y eucalipto en detrimento de los bosques nativos «lo que ha producido un deterioro en las condiciones climáticas y ecológicas del sur chileno».

En tal sentido, Rojas Scherer recordó que en cinco siglos de historia, Chile perdió más de 1000 kilómetros de bosques que «a la llegada de Diego de Almagro llegaban hasta Copiapó, bien al norte de Santiago». La desertificación y la indiscriminada explotación minera son consecuencia de este proceso. «Diría, arriesgando una frase polémica, que gran parte del desarrollo de Chile ha sido realizado mediante grandes incendios», señaló.

La investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia chileno Susana Gómez-González aprovechó un congreso que se desarrolla en Sevilla, España, para abundar en esa misma explicación. La experta analizó que esta ola de incendios se concentra en la zona costera de Chile porque precisamente allí el bosque nativo fue «muy fuertemente transformado» para crear plantaciones forestales, incluso con subvenciones oficiales, alentadas por una ley aprobada durante la dictadura, en 1974, y prorrogada en 2015.

Como consecuencia de esta liberalidad y entusiasmo inversor, se permitieron plantaciones intensivas de pinos y eucaliptos hasta el borde de las viviendas, lo que, puntualizó, aumenta la peligrosidad del fuego, que es lo que ocurrió en Santa Olga, una población dentro de las explotaciones madereras.

Otra científica, la bióloga neocelandesa Mary ThereseKalin Arroyo, investigadora de la Universidad de Chile, culpó con todas las letras a la implantación desenfrenada de pino y eucalipto en reemplazo de las especies autóctonas. «En mi país, Australia, se los llama árboles gasolina, porque producen un aceite altamente inflamable», dijo a medios chilenos. Al mismo tiempo, ese aceite impermeabiliza el suelo y no deja que la hojarasca se descomponga naturalmente, lo que aumenta el volumen de material combustible, con el agregado de que cualquier incendio se esparce a una velocidad sorprendente.

Eso es lo que detectaron los miembros de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), la institución destinada a la prevención y detección de desastres. En un total de 140 focos diferentes de fuego, los técnicos constataron que las llamas avanzaban a más de 4,2 kilómetros por hora, un ritmo similar al de una persona caminando rápido. Fernando Maldonado, jefe del departamento de Desarrollo e Investigación de la Conaf, declaró al diario La Tercera que en sólo diez horas nocturnas, uno de estos focos consumió 9000 hectáreas, equivalentes a 900 canchas de fútbol, en la Sexta Región.

Por ese motivo, alrededor de 110 organizaciones sociales de Chile y otras del ámbito internacional pidieron a las autoridades terminar con un modelo de explotación forestal y reclaman al gobierno por no haber tomado las medidas necesarias desde hace años, porque este no es el primer incendio, aunque sí quizás el de mayor envergadura.

Sucede que a las muy magnánimas leyes de la dictadura, el primer experimento de la Escuela de Chicago en un laboratorio real gracias al pinochetismo, se añadió que los gobiernos democráticos no tomaron suficientes cartas en un asunto en el que se mueven intereses monumentales. Así, sólo en estos incendios, la Corporación Chilena de la Madera (Corma) calcula pérdidas por más de 350 millones de dólares. Eso sin sumar las que sufrieron agricultores en sus plantíos o por losanimales afectados por las llamas y que no tienen una cámara que haga lobby por ellos.

Los escasos intentos de regular un negocio tan próspero chocaron en 2008 con el rechazo del Tribunal Constitucional contra aspectos sustanciales de la Ley de Bosque Nativo en favor de la Conaf, lo que maniató a un organismo que podría haber alertado y tomado medidas sobre esta catástrofe. Y que advierte que con el cambio climático, para 2020 en regiones como El Maule, centro de uno de los mayores dramas esta vez, podría haber semanas enteras con más de 40 grados de temperatura promedio, lo que implica el riesgo cierto de incendios espontáneos ante la menor chispa.

De todas maneras, Michelle Bachelet ya informó sobre la detención de unas 65 personas por su responsabilidad en los incendios. Lo que no dijo el gobierno es a qué intereses obedecería esa intencionalidad que al menos para el ya mencionado Conaf, que consignó fotos donde se podía ver a pequeños paracaídas destinados a provocar incendios esparcidos entre la vegetación, no fueron para nada casuales. «Acá hay una gente organizada que está provocando estos incendios. Estos incendios, bajo mi punto de vista, no tienen mucho que ver con el calor», denunció Carlos Valenzuela, el alcalde del distrito de Constitución, al que pertenece Santa Olga.

El 75% de los bosques chilenos, según cifras oficiales, son de pino, el 15% de eucalipto y apenas el 10% es nativo. Tanto el pino como el eucalipto están mejor adaptados para «renacer» entre sus cenizas, no así las especies locales. Cuesta poco imaginar qué tipo de vegetación habrá en esas regiones en poco tiempo.

Tiempo Argentino
Febrero 5 de 2017

Theresa y Donald, los herederos de Thatcher y Reagan

Nicholas Wapshott, biógrafo de Margaret Thachter, cuenta la afinidad que surgió en el primer encuentro de la entonces líder de la oposición conservadora británica con el flamante ex gobernador de California Ronald Reagan. Era abril de 1975 y la derecha mundial estaba digiriendo las ideas del economista Milton Friedman, aunque ya tenían incorporadas las de otro teórico neoliberal, el austríaco Friedrich von Hayek. Un lustro después inaugurarían una alianza indestructible, ella como primera ministro del Reino Unido y él como presidente de Estados Unidos, para llevar esas teorías a la práctica del modo más brutal. Unos años más tarde se incorporaría a ese dúo Mijail Gorbachov, quien encabezó el capítulo final de la Unión Soviética.

Con ese telón de fondo, Theresa Mayy Donald Trump recordaron aquellos momentos históricos en su primer encuentro, este viernes, de lo que pretenden como una nueva sociedad entre EE UU y Gran Bretaña que ponga fin a una globalización que, al decir de ella, provocó cambios en las sociedades que los habitantes, que “perdieron sus trabajos o han visto sus sueldos recortados (…) no recuerdan haber dado permiso para que ocurrieran”.

En su primera semana en la Casa Blanca el extravagante empresario estadounidense puso en marcha algunas de sus medidas más irritativas para el orden establecido: por orden ejecutiva (la versión estadounidense de los DNU) sacó a EE UU del Tratado Trans Pacífico (TTP), anunció el inicio de obras para levantar el muro en la frontera con México y humilló al presidente Enrique Peña Nieto comportándose como un pendenciero que quiere obligar a su vecino a pagar la medianera. Volvió a maltratar a la prensa y tiene en carpeta sendos decretos para recortar la financiación de organismos internacionales y de la ONU, además de promover la autorización de la tortura para el combate de los enemigos de EE UU.

Cuando sorpresivamente Trump ganó la elección por mayoría de electores, muchos de sus opositores confiaron en que sus estrafalarias propuestas de campaña no podrían ser implementadas porque el sistema tiene suficientes contrapesos constitucionales como para frenar cualquier exceso. No contaban con que Trump no les iba a dar respiro con decisiones que, para cuando reaccionen, ya van a estar en marcha.

Una de las consecuencias de su rápido accionar es que, también en contra del consenso diplomático gestado en la última década, abrirá el diálogo con el presidente Vladimir Putin. Luego de las denuncias de hackeo de espías rusos en la campaña electoral -la última y desesperada jugada de Barack Obama en defensa de su eje de política exterior- podría pensarse que Trump bajaría un cambio en esta ruta.

La designación de Rex Tillerson en el departamento de Estado había sido una señal fuerte del intento de seducción diplomática, habida cuenta de su amistad con el líder ruso. Pero en su presentación ante el Congreso para refrendar su designación, el ex CEO de la petrolera Exxon fue más bien ambiguo y no habló de levantar las sanciones sobre el gobierno de Putin.

Nadie duda de que Trump busca sino una alianza al menos una proximidad amigable con Moscú. En ese camino novedoso para la época, cuenta con el apoyo intelectual de Henry Kissinger, el ex secretario de Estado que en tiempos de Richard Nixon promovió el histórico encuentro del presidente con Mao Zedong. Ya hubo indicios claros de que Trump quiere dar vuelta a esa página de la historia y se puso en contacto con la dirigencia de Taiwán.

Si el ex actor de Hollywood fue un personaje clave para derrotar a la Unión Soviética, el nuevo inquilino de la Casa Blanca pretende encontrar una cuña para bloquear cualquier entente entre Rusia y China, que ya forman parte del ahora alicaído grupo BRICS y están llamados a integrar el terceto dominante en el futuro cercano.

Pero este cambio sustancial a la política ahora en marcha alteró los nervios del aparato industrial militar y el de inteligencia en el último tramo de la gestión Obama. Ni qué decir del departamento de Estado, donde al menos cuatro diplomáticos de carrera presentaron su renuncia para no quedar pegados a una administración que les cambia el paradigma tan drásticamente. «Esta es la mayor fuga simultánea de personal institucional que nadie pueda recordar», declaró ante el Washington Post el ex jefe de gabinete de John Kerry, David Wade. Se trata de cuatro funcionarios experimentados que habían pasado por gobiernos republicanos y demócratas pero dijeron “hasta aquí llego”.

Mientras tanto, dirigentes de los países que habían firmado el TTP -una asociación creada para aislar a China integrada por Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam- intentan ahora convocar a Beijing para no quedar en ridículo tras el retiro de EEUU. El boliviano Evo Morales aprovechó para pasarles factura: «Esos gobiernos de derecha quedaron sin proyecto político, sin programa, hasta sin patrón. Ahora está en problemas México con Estados Unidos, aunque firmaron tratados de libre comercio.»

Theresa May es la emergente del Brexit y no quiere a los inmigrantes. Trump, de la desindustrialización en amplias regiones de su país y desprecia a los mexicanos. Theresa y Donald son las dos cabezas más visibles de esta combinación explosiva de nacionalismo, xenofobia y antiglobalismo. Tal vez sean los que cierren el círculo abierto en 1975 cuando se conocieron Margaret y Ronald.

Tiempo Argentino
Enero 29 de 2016

Un video muestra la difícil geografía que deberá recorrer el muro de Trump

Un video muestra la difícil geografía que deberá recorrer el muro de Trump

Laura Poitras jugó un papel clave en la publicación de los miles de archivos que desenmascaró el ex consultor tecnológico Edward Snowden sobre la vigilancia global encarada desde las agencias estadounidenses de inteligencia. Porque la documentalista nativa de Massachusetts fue la única que se dio cuenta de la importancia de esos correos encriptados que enviaba Sonwden a periodistas del diario británico The Guardian, y que ninguno había valorado porque ni siquiera habían reparado en la importancia de mantener comunicaciones seguras en la web.

Autora de un puñado importante de documentales, -y considerada un peligro para la sociedad por sus posiciones políticas al punto que asegura haber sido detenida unas 40 veces en su propio país- fue con Citizenfour que en 2014 obtuvo un Oscar. Eran tiempos de corrección política en Hollywood en medio del escándalo por la filtración de semejante intromisión en la vida privada de ciudadanos y dirigentes políticos de todo el mundo que la cineasta fue galardonada por exponer el trasfondo del material top secret que Snowden había decidido compartir con el resto de la humanidad.

Citizenfour era el seudónimo que utilizaba el agente para comunicarse en forma segura.

Josh Begley, a los 33 años, tiene una larga carrera como desarrollador en la red Internet. Pero con una particularidad: la exposición de eso que los medios masivos no muestran y con un ángulo hasta artístico.

Tuvo también sus problemas con el orden establecido.

Fue cuando creó una aplicación para iPhone que permite rastrear cada ataque de aviones no tripulados de Estados Unidos en cualquier parte del mundo. Apple le rechazó el artilugio informático tres veces por considerarlo “crudo y censurable”. El contenido, sin embargo, era el de las operaciones militares que hace el gobierno estadounidense, no un invento del joven californiano.

Begley, entonces, creó Dronestream, una cuenta de Twitter que narra, también, cada ataque con drones desde el primero, en el año 2002. Finalmente, Apple aceptó la aplicación, Metadata+. Puede verse su inventiva y perspicacia política en su página web, https://joshbegley.com/.

Allí subió el jueves un video armado con 200.000 fotografías satelitales de Google Maps donde se puede ver la geográficamente complicada frontera entre Estados Unidos y México.

Dirigido por Begley y producido por Poitras, el documental tiene un título sugestivo, Best of luck with the wall, Buena suerte con el muro. Dedicado, obviamente, a la decisión del nuevo presidente de Estados Unidos de erigir una muralla para evitar el ingreso de mexicanos en su país.

Dura casi siete minutos pero vale la pena.

Tiempo Argentino
Enero 27 de 2017