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Temer quiere seguir con su reforma retrógrada a pesar de la contundente huelga general

Los graves incidentes registrados al finalizar la primera huelga general en los últimos 21 años de historia del Brasil dejaron un saldo provisorio de 60 detenidos y decenas de heridos, entre ellos un estudiante de 33 años, golpeado con una cachiporra en la cabeza por la policía de Goiás y que peleaba por su vida en el Hospital de Urgencias de Goiana. La represión a las manifestaciones y los incidentes con grupos aislados se hicieron sentir sobre todo en Río de Janeiro y San Pablo, la capital económica del país, donde la policía reprimió con intensidad el intento de algunos centenares de manifestantes de ir a escrachar a Michel Temer en su casa. No estaba, ya que desde la destitución de Dilma Rousseff ocupa la residencia presidencial en Brasilia.

La huelga fue masiva y las principales ciudades del país amanecieron con una calma solo atravesada por movilizaciones que preanunciaba lo que para Vagner Freitas, el secretario de la CUT –la central obrera creada por Lula da Silva en los 80 y que fue la base para su crecimiento político– fue un éxito total y el inicio de un movimiento popular que ponga freno a las políticas neoliberales que un gobierno con la credibilidad por el piso quiere imponer sin la menor sensibilidad política.

No se necesita demasiada perspicacia para aventurar que realmente los tiempos se aceleran en el gigante sudamericano, inmerso en una crisis económica, pero con una base política indudable. Dilma fue exonerada del poder en agosto de 2016 luego de meses de acoso desde los medios y de un Congreso que fue tensando la cuerda a pesar de que muchos de los legisladores llegaron a su banca mediante acuerdos con el PT, el partido que también creó Lula da Silva y que le permitió llegar al Planalto en 2003.

Esa coalición, esquiva a dar respaldo en tiempos de vacas flacas, es ahora el único sostén de Temer, que cuenta según la última encuesta de Ipsos con un 87% de rechazo popular, la segunda peor imagen entre los políticos, detrás del detenido por corrupto Eduardo Cunha, el hombre que abrió el impeachment contra Dilma en la Cámara baja.

Sucede que las principales espadas destituyentes están implicadas en el escándalo Lava Jato e incluso el propio mandatario de facto enfrenta la posibilidad de un juicio político por las denuncias de haber recibido coimas de Odebrecht que hicieron ejecutivos de la misma empresa.

Se entiende que la respuesta de Temer, ante la masiva huelga, haya sido que las reformas laborales resistidas en las calles son necesarias para luchar contra la recesión y que las piensa debatir en el único y limitado espacio que le queda. «El trabajo a favor de la modernización de la legislación nacional continuará, con debate amplio y franco, realizado en la arena adecuada para esta discusión: el Congreso Nacional», dijo, sin inmutarse.

Esta orfandad evidente del mandatario alentó a la ex presidenta, que calificó a la huelga del viernes como «un símbolo de valentía, un momento de esperanza y de resistencia: 35 millones de brasileños cruzaron los brazos para fortalecer la democracia en Brasil».

Lula, su mentor y el único líder político con aspiraciones reales para ganar las presidenciales de 2018, también celebró la movida. «Es una satisfacción saber que el pueblo está tomando conciencia. La gente se quedó en casa porque no quiere que le quiten los derechos (…) adhirieron las amas de casa, el trabajador y el pequeño comerciante», dijo.

«Destruir derechos no mejora la vida a nadie. Para resolver el problema es necesario incluir a los más pobres en la economía, pero el gobierno lo único que sabe hacer es cortar, ajustar, siempre por lo más delgado», insistió Lula, para repetir que se piensa postular el año entrante y que solo violando la Constitución podrán evitarlo.

Luego abundó: «Esa gente quiere volver a la esclavitud, al tiempo de antes de Getulio Vargas». Y no se equivoca.La reforma que pretende Temer, que ya había logrado aprobar el trabajo tercerizado, por el cual las empresas están en condiciones de convertir a empleados con derechos en prestadores de servicios sin ningún beneficio.

Ahora se pretende agregar-como una ferozy despiadada burla ante el 1 de mayo- una flexibilización amplia que volvería a las 12 horas continuas de trabajo sin retribución especial y baja los derechos a la indemnización justa, vigentes desde 1943. Al mismo tiempo busca aumentar la edad para la jubilación a 65 años los hombresy 62 las mujeres.

La reforma es tan brutal que la huelga encontró adhesión hasta en la iglesia brasileña, a caballo de una carta del Papa Francisco contra esta dosis extrema de neoliberalismo que ni siquiera la dictadura militar, con la suma del poder público entre 1964 y 1980, se atrevió a imponer. Así fue que un centenar de obispos, con parte de las iglesias evangelistas, se sumaron a las protestas. «Reformas de tal importancia no pueden ser implementadas sin una extensa discusión», destacó Leonardo Steiner, obispo auxiliar de Brasilia, en una entrevista que publicó la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil.

¿Las polémicas leyes serán aprobadas en el Senado? El ministro de Justicia, Osmar Serraglio, no dudó en desafiar a la oposición al tildar a los que adhirieron al paro –que calificó de fracaso– de «vagos y perezosos». Y en declaraciones al portal UOL señaló que la protesta «al contrario de intimidar, motivará a los parlamentarios a observar que la gran mayoría de la sociedad está absolutamente de acuerdo con lo que está ocurriendo (…) la expectativa es que efectivamente arreglemos y corrijamos este país».

Pero el apoyo a esta embestida contra los derechos laborales no será tan lineal como se dio en Diputados. Lo confesó Antonio Imbassahy, ministro de la Secretaría de Gobierno, al diario paulista O Estado. «Hay un tipo de inquietud» en aumento de»parlamentarios de la base oficialista que no están conformes» con el rumbo que toman los acontecimientos. Tanto es así que el jefe del PMBD en la Cámara alta, Renán Calheiros –clave también el juicio contra Dilma–, consideró que las resistidas normativas «no pasarán» en el Senado porque «solo interesan a la banca, son rechazadas en peso por la población» y además, “avergüenzan a la base del propio Gobierno». A algo más de un año de elecciones no todos aceptan digerir vidrios con tanta facilidad.

Tiempo Argentino
Abril 30 de 2017

Las figuras que barren con los partidos tradicionales

El balotaje entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron no tomó por sorpresa a los encuestadores. Era una posibilidad prevista en los sondeos, aunque de todas maneras despertó los más diversos análisis acerca de cómo fue que alguien considerado un outsider como el exministro de Economía de François Hollande y una expresión marginal de la ultraderecha xenófoba hubieran desplazado a los partidos tradicionales de Francia. Y algunos se preguntaron si es que finalmente desaparece la tradicional lucha electoral entre socialistas y conservadores, izquierda y derecha. Los ejemplos de lo que ocurre en España con Podemos, lo que pasó con Syriza en Grecia y el fenómeno Donald Trump en EE UU o antes con Evo Morales, Rafael Correa, Néstor Kirchner y hasta Hugo Chávez en Latinoamérica marcan una tendencia. Pero no todos son tan ajenos a la política y no siempre terminan representando valores o intereses tan diferentes de los partidos tradicionales.

Marine Le Pen es hija del fundador del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen, que ya en 2002 «asustó» al llegar a balotaje con el gaullista Jacques Chirac. En aquel momento el ultraderechista había pasado la primera ronda con poco más del 16% de votos ante una izquierda atomizada. Su hija, en cambio, fue forjando un discurso en defensa de los trabajadores y de las tradiciones en un contexto de deslocalización de empresas, pérdida de puestos laborales, fuerte inmigración y pérdida de la capacidad de decisión de París en favor de la Unión Europea. Empezó en esta campaña sumando voluntades desde hace una década y ese 21,3% del 23 de abril fue ganado cara a cara con las víctimas de las políticas neoliberales.

Macron en cambio, es exponente de una generación que supo hacer dinero en el mundo de las finanzas al punto que es socio de la banca Rothschild y a los 39 años disfruta de una fortuna que creció desde 2008, cuando comenzó la crisis económica más grave del sistema capitalista desde 1930. Tuvo la perspicacia de darse cuenta de que hacía negocio al aceptar la cartera de Economía de un gobierno socialista en caída libre y mucho más al dejarlo cuando Hollande se dio cuenta de que no podía aspirar a una reelección. Macron fundó entonces En Marche! Sus enemigos lo acusan de no tener firmeza ideológica y lo llaman «Monsieur al mismo tiempo»–promete flexibilidad laboral y al mismo tiempo defender los derechos laborales, dice que las 35 horas semanales no sirven para defender el ingreso pero asegura que no las va a tocar– pero por eso mismo le ven grandes posibilidades conformar un nuevo frente de centroderecha.

El candidato disruptivo, en realidad, era Jean-Luc Melenchon, fundador del Movimiento Francia Insumisa, con una fuerte influencia de la izquierda latinoamericana. Seguramente una de las dificultades electorales que tuvo provino de su apoyo al gobierno de Venezuela en un momento en que los medios culpan al chavismo de casi todos los males. Aun así, logró un 19,6% de votos. Si el socialismo, con un escaso 6,4%, hubiera aceptado sus términos hubiese pasado cómodamente al balotaje y la UE no debiera temer un Frexit por un posible triunfo de Le Pen.

Algo parecido le pasó a Bernie Sanders en la interna demócrata. Era el candidato que representaba los valores de un laborismo aggiornado en contra del sistema pergeñado por el establishment en torno de los tratados comerciales. Pero no logró atravesar la dura capa conservadora que gobierna al partido desde los 90 y muchas de sus banderas terminaron en las manos de Donald Trump. Aunque claro, con intereses diametralmente opuestos. Sanders también plantea una visión muy cercana a los gobiernos latinoamericanos de los últimos años.

Es que desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, una corriente de rechazo al neoliberalismo comenzó a tomar fuerza en la región, a caballo, además, de la crisis económica. Chávez rompió con el bipartidismo y creó una opción de poder que ahora sufre el embate de los dos movimientos tradicionales unidos con otro grupo de dirigentes que si algo tienen en común es su «antipopulismo».

Similares salidas se dieron en Bolivia, con el dirigente cocalero Evo Morales, y en Ecuador, con el economista Rafael Correa. Puede decirse que ambos surgieron de la crisis del sistema partidario, pero de hecho lograron una estabilidad política inédita para la historia moderna de esas naciones. La llegada de Néstor Kirchner al gobierno en 2003 tiene similitudes con la elección francesa. Incluso en el resultado cercano de los cuatro candidatos más votados en medio de un descomunal descrédito en la dirigencia. El santacruceño rompió con los viejos esquemas, habrá que ver qué pasa en Francia.

Tiempo Argentino
Abril 30 de 2017

La CGT en su grieta

El paro organizado por la CGT casi a regañadientes el 6 de abril dejó consecuencias aún imprevisibles en el movimiento obrero. Fue evidente, tanto para los acuerdistas como para los más confrontativos dirigentes gremiales, que algo se había roto en aquel convulsionado final de la marcha del 7 de marzo, la primera de la saga de rebeldía popular de ese mes esquivo para el gobierno nacional. Y las secuelas son más nítidas a lo largo del cuarto mes del año, cuando desde Balcarce 50 ya se dieron los primeros pasos para delinear la campaña electoral hacia las legislativas de octubre. Las señales son de endurecimiento en todos los frentes, entre ellos el laboral.

Esto sucede mientras la inflación y los despidos se profundizan y todavía gran parte de los gremios ven demorada o planchada la discusión paritaria, que había puesto su foco en el resultado del conflicto docente para ver dónde pararse y ahora se encamina hacia un escenario de acuerdos por sector que remarcará aún más las diferencias entre los distintos rubros de la economía.

En ese marco de rebote oficialista, luego de la marcha del 1A, los sindicalistas enrolados en la sede de la calle Azopardo enfrentaron los encontronazos internos más graves y quizás decisivos para la trabajosa unidad que en agosto pasado llevó a la conformación de un pacto de delicado equilibrio a través del triunvirato integrado por Héctor Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña.

En aquella ocasión, hubo un «triunfo» político en la repartija de poderes del massismo, ya que dos de los tres secretarios generalas eran cercanos al diputado Sergio Massa, un sector de buen diálogo con el gobierno que percibe a la CGT como uno de los pilares de la gobernabilidad del sistema.

La única verdad
Pero la realidad suele llevarse mal con las elucubraciones políticas. La falta de respuesta a las demandas de la sociedad comenzaron a extenderse hacia representantes de la oposición para que pongan freno o muestran firmeza para exigir los cambios que la situación requiere.

Así fue que la CGT terminó embretada en el difícil lugar de contener las demandas al tiempo que reclaman soluciones a las autoridades. Los distintos desplantes del oficialismo terminaron por forzar definiciones que en la práctica no hacen sino exponer las diferencias internas en la central obrera.

El 20 de abril quizás fue una fecha clave para explicar el futuro de la CGT. Ese día, dos de los exponentes más conspicuos del massismo, ambos diputados por el Frente Renovador, Facundo Moyano y Daer, cruzaron espadas en una tensa reunión del Consejo Directivo.

El enfrentamiento no era nuevo, ya que en el Congreso habían mostrado sus diferencias cuando se votó la reforma a la ley de ART. El día de la marcha, Daer quedó muy mal parado por las dudas que mostró durante su discurso ante el reclamo de definir fecha para el paro por parte de la multitud agolpada frente al escenario armado cerca del Ministerio de la Producción.

Reforma y transparencia
Este nuevo round Moyano-Daer levantó polvareda porque fue a grito pelado y no fue posible ocultar que en la pelea entraron posiciones políticas tanto como rencillas personales y hasta celos por la exposición ante los medios del hijo del líder camionero y actual presidente de Independiente.

Facundo Moyano dijo luego públicamente que, como lo viene haciendo hace tiempo, reclamó modificar un punto clave en los estatutos gremiales, el que permite la reelección eterna de los dirigentes. «Democracia sindical es limitar los mandatos, y así la renovación se da de manera natural», sostuvo hace tiempo.

Este debate generó el encendido rechazo de los viejos dirigentes, acostumbrados a que ese reclamo proviniera normalmente de sectores políticos o de la izquierda. Fue así que le retrucaron su excesiva exposición mediática y sus frecuentes apariciones con Susana Giménez o Mirtha Legrand.

Para el gobierno, el final de la marcha del 7M y el paro del 6 de abril fueron la muestra definitiva de que la CGT ya no era un buen colchón para amortiguar las demandas sociales. Si hace ocho meses la unidad podría ser una buena noticia porque siempre es mejor tener al movimiento obrero bajo un mismo paraguas, sobre todo si se pueden mantener las riendas sobre la cúpula, la comprobación fáctica de que no habían podido controlar la rebeldía popular fue el detonante para iniciar un nuevo camino en las negociaciones con el movimiento obrero. Con socios así mejor hacer las cosas solo, o en todo caso, únicamente con los amigos.

De allí la escalada del oficialismo hacia la «necesidad de transparentar» la vida gremial y las denuncias solapadas de corrupción a través de los medios y periodistas amigos. Las recomendaciones del ministro Jorge Triaca, publicadas en el Boletín Oficial como disposición del Ministerio de Trabajo, encontraron pronta respuesta de uno de los triunviros, Juan Carlos Schmid, en una columna publicada en el bisemanario Perfil. Allí el titular del gremio de balizadores y de la estratégica Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) recordó la ofensiva de Raúl Alfonsín ni bien asumió la presidencia, en diciembre de 1983, con la ley que proponía su flamante ministro de Trabajo, Antonio Mucci, para reformar las normativas para la elección sindical. Fue el primer fracaso legislativo del mandatario, cuando aún conservaba todo su empuje tras el notable triunfo electoral.

Otra unidad
Mientras tanto, las dos centrales nacidas como CTA avanzan hacia la reunificación, programada para setiembre de 2018, cuando venzan los mandatos de los actuales secretarios generales Hugo Yasky y Pablo Michelli. En ese sector, que se partió durante el período kirchnerista a raíz del apoyo del dirigente docente al gobierno de Cristina Fernández, aseguran que están llevando a cabo acciones en común a modo de «prueba de convivencia» que les permita volver a confiar mutuamente luego de haberse enfrentado desde 2010.

No escapa a esta lógica de unidad frente a lo que consideran el «demonio macrista» los lazos que vienen tejiendo con algunos gremios pertenecientes a la CGT, pero que se muestran descontentos con el rumbo que viene tomando la cúpula de esa central. Se sabe que hay reuniones de acercamiento entre Sergio Palazzo, de bancarios; el metalúrgico Francisco Barba Gutiérrez y el secretario de Curtidores, Walter Correa, entre otros. Palazzo viene azuzando a los menos condescendientes con el gobierno desde la Corriente Sindical Federal para la creación de «un frente que tienda a modificar la realidad actual que ha impuesto este gobierno.

Revista Acción
Abril 25 de 2017

El accidentado viaje de un médico vietnamita que puede llevar a la quiebra a United

David Dao estaba cómodamente sentado en la ubicación correcta de su vuelo de United Airlines de Chicago con destino a Louisville cuando desde los altoparlantes de la aeronave pedían que se liberaran cuatro lugares para que pudiera viajar personal de la empresa que tenía que tomar servicios en la misma ciudad, del estado de Kentucky.

Luego de asumir que el reclamo no tenía por qué ir dirigido hacia él, Dao ensayó todas las formas del disimulo. No cedió cuando la voz del comandante de vuelo afirmaba que en virtud de las disposiciones vigentes la empresa tenía derecho a solicitar esos lugares y que incluso estaba decidida a recompensar el buen gesto con 800 dólares de premio.

Mucho menos cedió cuando le dijeron que luego de un sorteo –no fue posible encontrar voluntarios- se había sacado “el número de la suerte”. Ahí más que disimulo, dijo a los empleados de United que no se pensaba bajar.

La situación fue tomando más espesor y lo comenzaron a sacar a empellones entre tres, para luego arrastrarlo por el pasillo de la aeronave. El hombre se aferraba empecinadamente a lo que pudiera con tal de no dejar su lugar, comprado legalmente. La violencia de los empleados fue creciendo y el resto del pasaje hizo lo que se hace en estos días cuando un acontecimiento sale de lo común: tomaron los celulares y filmaron todo para subirlo luego a las redes sociales.

Así se vio la tremenda acometida de auxiliares de seguridad contra Dao, quien aseguraba que no podía bajar porque es médico y tenía que atender pacientes en Louisville. Los anteojos cruzados en mitad de la cara y la sangre chorreando desde su boca conmovieron de inmediato a cientos de miles de cibernautas, que viralizaron la escena y despotricaron contra la empresa.

Se habló del maltrato, de racismo porque el viajero expulsado del avión es asiático. Para el vocero de United, Óscar Muñoz, Dao se había comportado de modo beligerante ante una situación que está especificada en los protocolos de vuelo de acuerdo a la categoría de cada boleto. Los medios amigos –United es un excelente anunciante- recordaron que es usual la sobreventa de pasajes y que no suele haber problemas porque la recompensa de la aerolínea suele ser muy conveniente.

Nada de eso ayudó a recomponer la imagen y las acciones de United bajaron en picada en la bolsa de Nueva York al punto de que el valor de la empresa bajó la friolera de 1000 millones de dólares. Si eso fue malo, tal vez lo peor fue el bullying al que la sometieron sus competidores con tal de rebanarle mercado a la segunda más importante aerolínea estadounidense.

La Royal Jordanian, por caso, dijo en su cuenta de Twitter: «Estamos aquí para mantenerlo #unido. Arrastrar está estrictamente prohibido». Otra transportadora del mundo árabe, Emirates, le dijo en un video al representante de United que dio la cara: «Bueno señor Muñoz, según TripAdvisor, el sitio de viajes más grande del mundo, no sólo somos una aerolínea de verdad… somos la mejor aerolínea».

La empresa dio entonces otro paso en falso al deslizar al Louisville Courier-Journal un carpetazo sobre Dao. Según este informe, que también se viralizó, David Dao es efectivamente un médico de Elizabethtown, Kentucky, de origen vietnamita y 69 años, pero en 2000 le retiraron la licencia por traficar analgésicos como Hydrocodone, Oxycontin y Percocet con autorizaciones falsas a cambipo de favores sexuales.

Luego de pagar sus deudas con la sociedad, volvió a ejercer su profesión y desde el punto de vista legal, tiene ahora todo en regla. Pero para arrojar un poco más de lodo sobre su imagen, la información periodística recordaba que mientras estuvo “fuera de circulación”, participó del circuito internacional de póker y en un subcampeonato de 2009 se llevó más de 1770.ooo dólares.

A las imágenes de Dao se sumó esta nueva polémica que también repercutió sobre la aerolínea. Aunque fuera cierto el pasado que se le endilgaba al médico, la cuestión de fondo es que lo sacaron a empellones de un avión a pesar de haber pagado su pasaje en tiempo y forma.

Por supuesto que hay una demanda judicial del frustrado viajero, que en el forcejeo, además, perdió dos dientes. Aún no trascendió la cifra reclamada, pero a esto se agrega una nueva polémica. ¿El David Dao bajado a patadas del Boeing de United es David Duy Anh Dao o David Duc Thanh Dao?

Joel Chistofer, editor en el diario de Louisville, reconoce que la cosa se les fue de control, pero asegura no haber errado en la identificación del David Dao que esperaba viajar a esa ciudad desde Chicago el domingo 9 de abril pasado.

El caso puede llevar a la empresa a nuevas turbulencias, como la que para la misma época que el Dao mencionado por el Louisville Courier-Journal perdía la licencia la llevó a solicitar su quiebra preventiva por no poder pagar una deuda de1000 millones de dólares. Lo mismo que perdió en estos días tras el penoso incidente del que el señor Muñoz no se cansa de pedir disculpas.

El proceso de bancarrota terminó en 2006 cuando finalmente United anunció que tras haber eliminado 24.000 puestos de trabajo y haber reducido el tamaño de la flota un 19 por ciento -añadiendo 35 destinos con menos aviones, lo que explicaría la sobreventa- había recuperado el empuje que necesitaba para competir.

Tiempo Argentino
Abril 17 de 2017

 

En defensa de ese librito de tapas azules que regalaba Chávez

El saldo de la violencia en Venezuela es abrumador y las imágenes que recorren el mundo hace unos días servirían para demoler a cualquier gobierno. El gran enigma es cómo puede terminar este proceso de hostigamiento que el chavismo vive desde febrero de 1999, cuando Hugo Chávez asumió la presidencia. Y si la ofensiva opositora no esconde debajo del poncho algo más que lo que denuncia el gobierno.

Todavía las imágenes de Chávez jurando su mandato inaugural se pueden ver en YouTube. «Juro delante de Dios, de la Patria, de mi pueblo, sobre esta moribunda Constitución», decía el joven militar, vestido de austero traje civil para la ocasión.

La reforma constitucional había sido promesa electoral y fue el primer logro de este presidente que forzó tantos avances para la población empobrecida de ese país riquísimo en petróleo. Y que también fue clave para integración regional. La Constitución de Venezuela es un librito de tapas azules que cabe en la palma de una mano y que Chávez regalaba orgulloso a quien lo fuera a visitar.

Garantiza derechos fundamentales y establece para el Estado obligaciones que los sectores más reaccionarios nunca quisieron aceptar. En ese sentido, no hay diferencia con las oligarquías del resto del continente, siempre reacias a respetar derechos y garantías y menos a un rol activo para el Estado, más allá de tareas de seguridad y control social.

La historia argentina, con la derogación por bando militar de la Constitución de 1949 tras el golpe a Perón; las leyes máximas de la dictadura brasileña –que en 1967 puso fin al Estado Populista de 1946 y en 1980 impuso la actual– y la reforma pinochetista de 1980, con resabios que aún hoy limitan la democracia en Chile, son muestras de que la derecha no solo aspira a quedarse con las riquezas del país. También quiere instrumentos que le garanticen un despojo sin consecuencias. Por algo en Paraguay no quiere una reforma, aunque sirva para la continuidad del empresario Horacio Cartes. Por eso en Honduras volteó a Manuel Zelaya, que pretendía un referéndum constitucional, aunque lo hubiese perdido.

El hostigamiento a la revolución bolivariana no cesó desde el primer momento y se recuerda la escalada previa al golpe del 11 de abril de 2002, que por unos días alejó del poder a Chávez. Aquella ofensiva siguió en 2003 y luego con un paro petrolero promovido por la burocracia directiva de PDVSA.

Fue entonces que Néstor Kirchner convenció a Chávez de someterse a un referéndum revocatorio, una figura establecida en la Constitución que con tanto orgullo regalaba. En la consulta de agosto de 2004 participaron como observadores, entre otros expresidentes, Raúl Alfonsín, Eduardo Duhalde y James Carter. Chávez obtuvo más del 62% de los votos.

Desde entonces el chavismo avanzó en la concientización de la propia fuerza, con la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y dentro de las fuerzas armadas en defensa esa perspectiva revolucionaria. Pero la muerte de Chávez fue un mazazo muy fuerte para Venezuela y para toda la región. Por su carisma y también por su audacia para enfrentar las dificultades.

El triunfo de Mauricio Macri les devolvió a las oligarquías regionales el empuje que habían perdido en este siglo. El empresario argentino puso la mira en Venezuela y su presencia sirvió de paso para alentar el golpe contra Dilma Rousseff. Lo demás es historia de estos días.

La Asamblea Nacional, en manos de la oposición desde diciembre de 2015, buscó la destitución parlamentaria de Nicolás Maduro a imagen y semejanza de lo ocurrido en Honduras, Paraguay y Brasil. Luego profundizó el desabastecimiento como contra Salvador Allende en el Chile de 1973. Si no hubo un golpe con todas las letras fue por la tarea del chavismo entre los sostenes populares e institucionales de la revolución. Es que la Constitución fue pensada para impedir este tipo de chirinadas.

Pero cuando miles de personas enardecidas salen a las calles –por más que efectivamente sean instigadas por fuerzas fascistas y formen parte de una monumental operación mediática y de inteligencia internacional– cualquier gobierno se interna en un laberinto. Resulta difícil, por ejemplo, condenar la represión del gobierno macrista en Argentina y mirar para otro lado en Venezuela, aunque los protagonistas sean de sectores opuestos. El peligro, además, es que en estas circunstancias cada muerto se lo van a cargar al chavismo.

¿La salida a ese peligroso encierro sería el llamado a elecciones? Maduro abrió esta instancia el miércoles, ante una masiva manifestación oficialista en Caracas. El riesgo, en este caso, sería que la MUD no reconociera el triunfo chavista, como ya intentó en 2013 cuando Maduro ganó por escaso margen a Henrique Capriles. Y como sigue insistiendo la oposición en Ecuador. Se sabe, la derecha solo tolera la democracia cuando le sirve para mantener los privilegios.

El desafío de la hora en Venezuela es cómo sostener los avances de la revolución bolivariana sin más derramamiento de sangre. Para lo cual es preciso defender las instituciones establecidas en ese librito de tapas azules. El camino recorrido por la Revolución Sandinista, en sus buenas y malas, puede ser un espejo en que mirarse.

Tiempo Argentino
Abril 23 de 2017

Trump deja hacer y el Pentágono prueba sus armas en Afganistán

El lanzamiento de «La madre de todas las bombas» sobre un complejo de túneles de Estado Islámico en Afganistán puede ser interpretado como una nueva muestra del papel que Donald Trump quiere representar en este período de las relaciones internacionales: el de cowboy impredecible. El ataque, sorpresivo, como el de una semana antes sobre una base siria con 59 misiles Tomahawk, marca también el nuevo protocolo de funcionamiento del controvertido presidente en relación con el Pentágono. Y si Barack Obama quería mostrar su absoluto control sobre lo que hacen las fuerzas armadas, Trump en cambio, felicita a «los mejores militares del mundo» y los deja hacer. De allí el tardío bautismo de fuego de esta superbomba diseñada y fabricada en 2002 por el Laboratorio de Investigaciones de la Fuerza Aérea (AFRL por sus siglas en inglés) con el único objetivo de «convencer» a Saddam Hussein de la conveniencia de rendirse sin dar pelea y que nunca se había llegado a utilizar. Y que, como queda claro, los militares ardían en deseo de probar en un campo de batalla.

Este repentino giro bélico de la administración Trump genera además las interpretaciones más diversas, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. La visita de Rex Tillerson de este miércoles a Moscú, incluida su entrevista con el presidente Vladimir Putin, sirvió para descomprimir un poco la tensión creada por el bombardeo en la base de Jan Shayrat, en respuesta a la matanza con gas sarín en la provincia de Idlib, y que los medios y gobiernos occidentales atribuyeron a Bashar al Assad.

Si Trump quería mostrar que no es «amigo de Rusia», podía ser una buena forma de despegarse de ese mote que le endilgaron desde antes de ganar la presidencia. En principio, las primeras encuestas para testear la reacción del ciudadano medio de Estados Unidos le dieron un amplio apoyo al gobierno.

Pero en los medios y en los sectores políticos más reactivos a Trump, el debate pasó por otro lado. Así, el Washington Post publicó que el recurso de los misiles podría acercar al mandatario hacia una causal de juicio político, ya que tiene acciones en Raytheon, la empresa fabricante de los misiles lanzados en Siria. Sobre todo en vista de que en la Bolsa de Nueva York, la cotización de la firma trepó en un par de días casi un 2%, en un rubro que también creció proporcionalmente en los tableros de la NYSE desde que Trump anunció un incremento en el presupuesto de Defensa.

El argumento del conflicto de intereses que desliza el Washington Post se choca con la realidad histórica de que desde 2001 es cada vez más evidente el paso de funcionarios a empresas privadas ligadas a la guerra o a sus consecuencias. Los más conocidos son los del vicepresidente de George W Bush, Dick Cheney, y de su secretario de Estado, Donald Rumsfeld, ligados a Halliburton y a Lockheed Martin, multinacionales altamente beneficiadas con contratos por miles de millones de dólares en Irak.

El caso de la superbomba es diferente, ya que es un producto típico de tecnología estatal desarrollada puertas adentro de la Fuerza Aérea. Nació como una actualización y ampliación de la bomba BLU-82, «Daisy cutter», utilizada en la Guerra de Vietnam. El laboratorio AFRL tiene en su haber varios proyectos ultrasofisticados y es una avanzada en el desarrollo de artefactos bélicos desde el Pentágono.

Estados Unidos emergió de la Segunda Guerra como la principal potencia económica del mundo, y desde el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón, el amo militar del planeta. Sin embargo, en 1949 la Unión Soviética dio la sorpresa al probar su propio artefacto nuclear. Desde entonces, el riesgo de un Armagedón fue creciendo a medida que más países ingresaron a ese selecto club, lo que convirtió a ese tipo de ingenios letales en políticamente inútiles: si uno lo tiene, puede amenazar, si lo tienen muchos, el mundo se termina.

De allí la importancia disuasora de tener un arma que tenga una alta capacidad destructiva pero no las consecuencias que produciría el uso de armamento atómico. Fue la idea básica para desarrollar la GBU-43/B. Massive Ordnance Air Blast (Explosión aérea de artillería masiva), con un altísimo poder de fuego pero un escalón antes de la bomba que se lanzó sobre Hiroshima en 1945. La sigla en inglés, MOAB, remite y no por casualidad, a Mother of all battles, la madre de todas las batallas, en referencia a una frase de Hussein que hizo historia en los primeros días de la invasión a Irak.

Afganistán, por otro lado, es un escenario adecuado para semejante intervención, ya que la situación permanece estancada desde hace años y crecen las voces dentro de EE UU que reclaman reconocer que la guerra no se pudo ganar. Y una guerra que no se gana, se sabe, es porque se pierde. El antecedente de Vietnam todavía pesa en el orgullo de ese país y quizás Trump pudiera ser el más indicado para reconocer una derrota, como Richard Nixon lo fue en los ’70 para proponer la rendición en el sudeste asiático. De ser así, la MOAB podría ser como el brillo agónico de una supernova. Más aun pesa la certeza de que son varios los imperios que no pudieron conquistar Afganistán a lo largo de la historia. El último que chocó fue la Unión Soviética, que aceleró su inesperado final con la invasión de 1979, que culminó con un fiasco. Y, para sumar otro detalle, los túneles destruidos por la MOAB habían sido construidos durante la ocupación soviética por los talibanes, que entonces tenían apoyo estadounidense.

Por otro lado, la coincidencia de estos acontecimientos tanto en Siria como en Afganistán y el encuentro de Trump con el presidente chino Xi Jinping y el de su canciller con Putin debería entenderse como la concreción de una entente para el reparto del poder mundial. Una suerte de Conferencia de Yalta en pequeña escala.

A nadie escapa que los ataques de los últimos días fueron anunciados previamente a ambos líderes, que reaccionaron con una mesura incomprensible si el contexto fuera de escalada bélica. Y que en ambos casos, Washington se involucra en el combate al Estado Islámico y el extremismo islámico, un objetivo común con Moscú y también con Beijing, que en la provincia de Xinjiang enfrenta la resistencia de la población uigur, de fe musulmana. «

Terrorismo de exportación

La persecución al Estado Islámico tanto en Siria como en Irak y Afganistán deja como consecuencia, según analistas, la extensión del terrorismo hacia Europa. De acuerdo con esta caracterización del conflicto, si los yihadistas, que pretendían crear un Estado en los territorios que llegaron a ocupar, son perseguidos, darán golpes en otros lugares para demostrar una posición de fuerza que los hechos no parecen corroborar.

Así se interpreta el atentado con un camión que arremetió contra los transeúntes en Estocolmo la semana pasada. El presunto autor del ataque, Rajmat Akilov, de origen uzbeco, habría sido reclutado por EI en Suecia, donde había emigrado y trabajaba en la construcción.

El domingo pasado, dos ataques reivindicados por EI en iglesias coptas de Alejandría y Tanta dejaron un saldo de unas 45 personas muertas. Los atentados se produjeron a tres semanas de la primera visita del papa Francisco a Egipto que, de no mediar cambios, será el 28 y 29 próximos.

Este retroceso del EI, que en muy poco tiempo llegó a ocupar el 20% del territorio sirio y el 47% de Irak, se da luego de que Washington comenzó a retraerse en la región en el marco de las presidenciales de 2016. Eso podría contarse como prueba del apoyo a esos grupos extremos con tal de derrocar a Bashar al Assad. Según el expremier iraquí Nuri al Maliki, el EI también tenía detrás a Arabia Saudita, Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.

Tiempo Argentino
Abril 16 de 2017