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Chile avanza hacia una Constitución con igualdad de género

Chile avanza hacia una Constitución con igualdad de género

Que Chile necesita una nueva constitución para terminar de enterrar esa que en 1980 consolidó el modelo neoliberal no es novedad. El resultado del plebiscito de este domingo muestra a las claras el amplio consenso para que la democracia chilena se dicte una Carta Magna sin tutelaje de las Fuerzas Armadas. Lo novedoso es que esta “ley de leyes” será escrita por igual cantidad de hombres que de mujeres. En un país forjado a sablazos desde 1973, ese detalle no es menor.

Los movimientos feministas que protagonizaron las manifestaciones que comenzaron hace justo un año están en posición de lograr que los principios rectores de la futura Constitución tengan una fuerte perspectiva de género, atendiendo a que, como dice Valentina Olivares Grey, militante feminista, “las mujeres y los cuerpos feminizados recibimos el doble o el triple de castigo” en una sociedad tan desigual como la chilena. Ahora el desafío es que cada uno de esos 78 asientos en la constituyente de 155 integrantes incorpore definitivamente ese mandato en la nueva normativa que se votará en abril de 2021.

Los temas en danza, a nivel superficial, van desde el acceso al aborto seguro, la paridad en la representación en el Congreso o los derechos de la comunidad LGBT. Pero buceando un poco más profundo, hay otras cuestiones fundamentales.

Olivares Gray integra la Asamblea Plurinacional Feminista y desde ese lugar sostiene ante Tiempo que en la futura Cartas Magna el tema de agenda primordial es “el derecho a una vida libre de violencia, porque es el que nos permite seguir vivas para conversar”.

Otro cuerpo de demandas, detalla, se relaciona con garantizar “un mínimo de dignidad en las condiciones de vida y de la población en general”. Esto implica “el reconocimiento del trabajo de cuidados, no solo de manera simbólica sino para reconocerlo como un trabajo”. El tema tiene su peso ya que la nueva constitución tirará por la borda el corset neoliberal que impuso la dictadura, por lo tanto el Estado pasará de ser subsidiario a ser garante, y las mujeres “deben contar con un sistema de seguridad social universal que incluya criterios de género, que reconozca las desigualdades que hay entre mujeres y varones”. 

Otra cuestión que no deberá soslayarse en el futuro ordenamiento legal chileno, dice Olivares Gray, es lo que ocurre en las llamadas “zonas de sacrificio”. En regiones donde se extiende el modelo extractivista “las mujeres han avanzado en muchas formas de organización y resistencia para hacer frente a la devastación que allí se genera a nivel ambiental y humano”.

En esos territorios se ven escuelas que cierran, “niños que se envenenan, familias que se quedan sin fuentes de trabajo y de ingreso y que se enferman de por vida”. Las mujeres son las que salen a enfrentar esta calamidad. Allí es justamente donde la aprobación sacó los mayores porcentajes del país este domingo, en algunos casos con cerca del 90%, recuerda Olivares Grey.

Colectivos feministas que militaron esta iniciativa chilena mostraron su alegría en las redes por el rotundo resultado a nivel nacional de este domingo.

Fronteras afuera de Chile, este Constitución paritaria fue celebrada en todo el mundo La ex senadora colombiana Piedad Córdoba celebró también que habrá también participación de pueblos originarios en la redacción.

También desde Colombia, el excandidato presidencial Gustavo Petro festejó el resultado.

Desde Argentina, Delfina Rossi, directora del Banco Ciudad, unió la lucha de las mujeres chilenas a la lucha por la reconstrucción de la Patria Grande.

Mercedes D´Alessandro, Directora Nacional de Economía, Igualdad y Género, sostiene a su vez que la salida a la crisis es con mas feminismo.

Tiempo Argentino, 26 de Octubre de 2020

Oscar Laborde: «La posibilidad de reconstruir una Patria Grande es que le vaya bien a Alberto Fernández»

Oscar Laborde: «La posibilidad de reconstruir una Patria Grande es que le vaya bien a Alberto Fernández»

«Se ratifica lo que escribí en Tiempo: hay una América Latina en disputa. Cuando en 2015 perdemos con Macri se abre una etapa. Muchos teorizaban que era un cambio de época, nosotros decíamos que era un momento en disputa. En estos años hay un hartazgo, una bronca, un enfrentamiento de los pueblos con los modelos neoliberales. Estos no son los ’90, cuando EE UU triunfaba sobre sus enemigos estratégicos e ideológicos. Parecía que el modelo era el capitalismo salvaje, el fin de la historia. Ahora hay alternativas. De hecho, Venezuela y Cuba subsisten por tener alternativa. También las tiene Argentina: Rusia, China, India, Vietnam… El año pasado, cuando ganamos las PASO, se desató una serie de luchas de los pueblos de América Latina: Ecuador, Chile, Colombia, Perú. Por el boleto, por el gas, por consecuencias del modelo neoliberal. No hay un cambio de época que se asimile a los 2000, pero hay pujas. La acumulación del hartazgo por los modelos neoliberales más el éxito de AF en Argentina generó un momento favorable». El diálogo con Oscar Laborde comenzó con una reflexión que no hace más que reafirmar un pensamiento de quien suele ser columnista en estas páginas. Fue por zoom desde La Paz, donde aún permanecía en su rol de presidente del Parlasur y coordinador de la Misión de Observadores de Mercosur en las elecciones bolivianas.

–¿Considerás ese 11 de agosto como un hito?

–Ni aquello era el avance irrefrenable de la derecha ni esto es el avance irrefrenable de los procesos populares. Pero sí son señales muy fuertes. Argentina es una gran referencia en América Latina. Se demuestra que ese avance de la derecha es reversible.

–En Argentina la derecha fue gobierno. Ahora no se banca no serlo y muestra poder y capacidad de manifestar, con visos desestabilizadores. En Bolivia también hubo manifestaciones en contra del resultado, a pesar del 55 por ciento.

–Esta derecha aprendió a ser más descarada y a veces parecería que exagera su brutalidad, su homofobia, su racismo, su odio a lo diferente, a lo indígena. Eso le dio resultado con Trump, con Bolsonaro, con Patricia Bullrich, con Macri. Representa una parte de la población. Su movilidad puede escalar hasta la provocación. Aunque en Bolivia, después de un 55 por ciento, con 25 puntos de diferencia…

–Pasa en muchos países donde ganan gobiernos que no son afines a la Unión Europea, la OTAN, a EE UU. Hay una estrategia de deslegitimar el voto popular. Se intenta lo mismo con las elecciones legislativas en Venezuela.

–Eso es el achicamiento de la democracia. Es la expresión de los cívicos bolivianos, de la juventud cochala, de la santacruceña. Ellos lo saben: es muy difícil ganar en condiciones de igualdad con los movimientos populares. Bolivia es la demostración: el MAS sacó 15 puntos más que antes.

...

–Ahora recupera su caudal histórico.

–El MAS logró sacar el 55% porque amplió la unidad. Los movimientos populares están comprendiendo que en América Latina tenemos la maldición del 40%. Cristina, Lula, Correa, Evo, Lugo eran la primera fuerza, pero luego si no ampliaban, no ganaban. La derecha aprende que tiene que violentar la democracia y también los movimientos populares aprenden que no hay que encasillarse en los líderes. Cristina no va de primera candidata. Evo acepta no participar. Correa impulsa una fórmula donde él no está. Podrían haber optado por desconocer al régimen, pero se responde ampliando: es una medida inteligente. En Bolivia no pudo prosperar el ajuste neoliberal por su propio fracaso y porque el MAS se amplió: volvieron dirigentes históricos como Quispe; cerró un acuerdo electoral sólido con la COB, que no apoyaba en los últimos gobiernos. Atrajo a un montón de gente que se le había ido. Y hubo autocrítica: Arce habla más de lo que no deben hacer de vuelta y se centra en la idea de volver mejores. Es la admisión de que no siempre es imprescindible que los líderes vayan y es importante que surjan nuevos, y que estén juntos. Por otro lado, las movilizaciones fueron determinantes en Ecuador y en Chile, donde no hay líderes ni partidos preexistentes que puedan capitalizar. Pero la movilización permitió que se modificara una Constitución “casi intocable”. En Argentina, en Brasil, en todos lados, las fuerzas populares siguen existiendo y son la primera fuerza. La inteligencia es saber salvar los escollos que te ponen violentando la democracia.

–Se supone que le van a dejar a Luis Arce un país arrasado, como sucedió en la Argentina de Macri. ¿Va a estar muy condicionado?

–Bolivia estaba muy bien económicamente cuando le dan el golpe a Evo. En un año no pudieron hacer tanto desastre como hicieron en Argentina, donde tuvieron cuatro años para retroceder derechos, endeudarse, general un déficit fiscal brutal… Todo retrocedió, pero no a los niveles del macrismo. Arce tiene planes muy modernos, es un economista brillante y tiene un sentido muy interesante de cómo adecuarse a cada momento. Y la primera fortaleza para gobernar es la votación. Muchos empresarios se dieron cuenta de que el MAS es un dato insoslayable. Trataron de hacerlo olvidar, dividirlo, perseguirlo: no pudieron. Volvió reforzado, con paciencia, con astucia y con unidad. Lo que no soslaya la puja interna. Hasta 2017 no nos apoyábamos entre nosotros y eso generó la maldición del 40% que nos provocó varias derrotas. Es un aprendizaje: el conflicto lo podés desarrollar al límite de la crisis.

–¿A riesgo de tener gobiernos más concesivos?

–Sí, pero no en el caso del MAS, que no compromete su hegemonía absoluta con los acuerdos de amplitud… Claramente: vos hacés acuerdos con sectores que sabés cómo piensan, que no es como vos pensás… Se cuestionó en muchos sectores la votación argentina en la ONU sobre Venezuela. Ahora, hablemos de todo: el gobierno de Alberto Fernandez reconoce a Maduro; en la fiesta su asunción, él optó por Jorge Rodríguez en lugar de Claver Carone; reconoció a Stella Lugo como representante de comercio… Y eso Venezuela lo sabe. ¿Qué se dice de la importancia que tuvo Alberto Fernández en el triunfo del MAS? ¿Hubiera ganado el MAS si Evo estaba en México? Bancar a Evo tiene un costo descomunal con los yanquis. Estoy convencido: en México hay muy poca comunidad boliviana, se hubieran comido todo el lawfare,  está cerca de los EE UU y Evo hubiera tenido hasta riesgo de vida. Alberto  lo bancó siempre a Evo. No hizo ninguna concesión. Por eso digo que tenemos que apostar a que le vaya bien: el camino crítico en la recomposición del movimiento popular y la posibilidad de reconstruir una Patria Grande es que le vaya bien a Alberto. Por el gran triunfo del MAS y por la articulación que van a hacer. Luis Arce piensa en un gran acuerdo con Argentina de explotación común del litio y de otras muchas cuestiones.

–¿Puede seguir Almagro al frente de la OEA?

–La OEA es una herramienta de los EE UU que colaboró a achicar la democracia y a promover la desestabilización en la región. Con lo cual, Almagro no puede estar a la cabeza de una organización que debería representar a todos los Estados. Está siendo absolutamente capcioso en el manejo, lo utiliza claramente para achicar la democracia, ayudar a los intereses de los EE UU y para producir desestabilización en la región. Si hubiérase permitido que el MAS asumiera como correspondía en noviembre del 2019, ¿cuántos problemas se habrían ahorrado, cuántos muertos, cuánta confrontación se habría evitado? Él es culpable. Lo dice Arce y con razón: debería renunciar. Hablo como jefe de una Misión de Observación. Todo el mundo sabe, entre los observadores, que la votación era correcta y que lo principal, lo que motorizó el golpe, fue la opinión de la OEA. Después, cuando se comprueba la mentira, ya estaba Áñez en el gobierno.

...

–Con ese antecedentes, ¿por qué no hubo fraude de la derecha?

–Porque el fraude es muy difícil. En los sistemas americanos se puede hacer una trampita, pero tergiversar toda una elección, 20 puntos, no. El golpe más burdo debe tener un pretexto, debe tener cierto respaldo de una parte de la población y cierto respaldo de la comunidad internacional. En esta, el MAS no gobernaba, Arce ni siquiera había cruzado un semáforo en rojo, y las Naciones Unidas fue factótum de la unidad con Coppal y la Unión Europea para equilibrar a la OEA. El 70% de la población pensaba que la OEA había sido partícipe en la resolución de la elección del  2019. La ONU ve esto y los propios empresarios ven que económicamente les fue muy bien con el MAS y que además tienen el respaldo de una gran parte de la población.

–¿Cuál va a ser el rol de Evo en su convivencia con el gobierno?

–Hablé mucho con él y está convencido, de antes del domingo: se instalará en Chapare para volver a su vida de antes de ser presidente. Va a estar en la parte de formación de cuadros. Va a ser una referencia.

–¿Cree que corre peligro, que pueda sufrir un atentado?–Puede ser. Pero él asume este rol que intentó hacer Lula: retirarse y opinar cada tanto, un rol superior al ejercicio cotidiano de gobierno. Creo que el papel de Evo en la presencia pública va a ser menor. Por eso le piden que no les de el argumento de que Luis Arce va a ser su títere. Porque los tipos siembran la idea de que te van a hacer quilombo aunque vos tengas razón. Imaginate, vuelve por la puerta grande acompañado por Alberto Fernández con una elección ganada con el 55% y es Gardel. ¿Se va a quemar peléandose con Arce? Creería que no.

Tiempo Argentino, 25 de Octubre de 2020

Del No al Alca al No al golpe

Del No al Alca al No al golpe

Para los latinoamericanos, el 11 de setiembre se recuerda el golpe de estado contra el gobierno democrático de Salvador Allende de 1973 y el inicio de una era de barbarie militar y de oscuridad para la democracia regional. En Estados Unidos el 11S rememora los atentados a las Torres Gemelas y el inicio de otro período de oscuridad democrática por la pérdida de derechos y garantías individuales a raíz de las Actas Patrióticas que el gobierno de George Bush aprovechó para instituir con el argumento del combate al terrorismo.

Los chilenos tienen ocasión de poner el último clavo en el ataúd del pinochetismo en un referéndum que sin dudas tendrá fuerte repercusión continental. Será el primer paso para terminar con la Constitución creada en dictadura para consolidar los privilegios de una casta que se benefició con el modelo neoliberal.

A diez días de la elección, el segundo debate presidencial en Estados Unidos mostró que esta vez Donald Trump y Joe Biden bajaron un cambio. Se tiraron con dardos envenenados, pero guardaron formas un tanto más civilizadas.

Entre el 1973 y el 2001 las sociedades latinoamericanas padecieron las políticas neoliberales más impiadosas. Con mayor o menor rigor, cada país intentó luego volver a la institucionalidad democrática. Pero a decir verdad, el neoliberalismo fue un corset del que los gobiernos no pudieron, no quisieron o no supieron como escapar.

En lo que va del siglo el partido viene disputado. Primero con Hugo Chávez en Venezuela, desde 1999, y luego con la retahíla de gobiernos “no alineados” en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Paraguay. Y finalmente con el No al Alca de 2005 en Mar del Plata.

El triunfo de Barack Obama pareció un cambio de rumbo en un imperio debilitado por guerras sin fin en Asia. Pero pronto el primer presidente no blanco en la historia de EEUU demostró que era más de lo mismo con otra piel. Trump fue una manera de ir por otro camino. El inquilino de la Casa Blanca no es el rostro horrible de Estados Unidos, solo pone de manifiesto lo peor de ese país y no se avergüenza.

Desde 2015 el partido viene inclinado a favor de las derechas y de los sectores pro estadounidenses. En algunos países por vía electoral, en otros por destituciones urdidas desde Washington -por la administración Obama- parecía que esos sectores se comían la cancha. Pero desde hace más de un año soplan otros vientos y el domingo pasado los bolivianos, como suelen hacer cada tanto, se plantaron y dijeron No al golpe.

Los padecimientos de América Latina este último lustro mucho tienen que ver con políticas digitadas por eso que Trump llama Estado Profundo. El aparato estatal que maneja las políticas a largo plazo del imperio más allá de quien se siente en el Salón Oval. Son esos sectores que pueden torcer rumbos presidenciales con un asesinato, como el 22N de 1963, o una destitución como el 9A de 1974.

El 3 de noviembre los estadounidenses someterán a plebiscito estos 4 años de Trump en la Casa Blanca. No es solo la gestión de un rico heredero caprichoso e impredecible lo que está en juego.

Para los ciudadanos políticamente correctos del mundo, Trump es casi una afrenta. pero a su manera fue exitoso. Si bien no pudo sacar del poder a Nicolás Maduro, como viene intentando el Departamento de Estado desde la era Obama, logró extender esa

ideología peligrosamente extrema en algunos discípulos de la región, como el brasileño Jair Bolsonaro. Lo intentó con los golpistas bolivianos, y algunos acólitos locales siguen el programa político de llamar al Covid-19 “virus chino”, de rechazar el barbijo y la cuarentena a nombre de la libertad y de romper con los tabúes de las buenas maneras. Y fundamentalmente en la práctica del bullying por sobre el argumento como mecanismo esencial en la lucha política.

En España el acólito más leal de Trump es el líder de Vox, el partido franquista, que forzó una moción de censura para voltear al gobierno de coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

“Tenemos que reconstruir a nuestro país como era antes de la plaga de China”, espetó Trump en el debate del jueves. Luego insistió en que si gana Biden, el país avanzará hacia el socialismo.

En el discurso ante el congreso, Santiago Abascal acusó a la coalición gobernante de estar aliados con el partido comunista de China, país al que, por otro lado, culpa por la pandemia. No logró más que votos que los propios. La derecha tradicional prefirió, en esta, mantener los pies dentro del plato. Pero la pelota sigue rodando.

Tiempo Argentino, 25 de Octubre de 2020

Un partido complicado

Un partido complicado

En los primeros días de junio de 2003, Néstor Kirchner se vio por primera vez con Lula da Silva. El argentino había asumido la presidencia el 25 de mayo; el brasileño, el 1º de enero. La sintonía fue total: hablaron de Racing y del Corinthians, de históricas rivalidades futbolísticas, de cómo armar un equipo competitivo.

Habían leído cómo venía el partido regional, y se armó equipo para construir un período virtuoso para las relaciones sudamericanas. Con Hugo Chávez fomentaron la integración sin distinción de ideologías. Lograron sentar a una misma mesa a Álvaro Uribe o Sebastián Piñera con Raúl Castro o el mismo Chávez.

Bajo ese calor alumbraron gobiernos como los del Frente Amplio en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Fernando Lugo en Paraguay.

Kirchner mostró su cintura política cuando logró impedir un conato bélico entre Colombia y Venezuela semanas antes de que asumiera Juan Manuel Santos, en agosto de 2007. Los acuerdos de paz con las FARC nacieron tras la amistad entre Santos y Chávez y el auspicio de Castro en La Habana. Ese fue un “centro” de Kirchner.

Creaciones como la Unasur mostraron de qué podía servir la unidad democrática cuando el intento secesionista del Oriente boliviano en 2008 y la rebelión policial contra Correa en 2010.

Kirchner tuvo un rol tan destacado que fue designado primer secretario general y la sede del organismo en Quito llevó su nombre. A la entrada lucía una estatua del mandatario argentino inaugurada en 2014. El imponente edificio representó los ideales de un puñado de gobernantes y de los pueblos latinoamericanos. Eso explica que la Unasur fuera el objetivo a destruir por los gobiernos de derecha.

Poco a poco fueron vaciándola, Mauricio Macri, el brasileño Michel Temer y el propio Piñera. No hubo acuerdo para elegir nuevo secretario general a principios de 2017, y el organismo quedó acéfalo.

La Argentina de Macri, Colombia, Chile, Perú, Paraguay y Brasil se alejaron de ese modelo de integración con un argumento bien explicado por Piñera: “Unasur fracasó por exceso de ideologismo”. El chileno propuso crear “un nuevo referente”, Prosur, supuestamente libre de ideologías, abierto a todos y “100% comprometido con democracia y derechos humanos”. Pero dejó afuera a gobiernos como el venezolano y tampoco condenó el golpe contra Evo Morales, aunque si cuestionó las revueltas populares en Ecuador y Chile de fines del año pasado. En sintonía con Washington.

En marzo de 2019, Lenin Moreno, en flagrante contradicción con su pasado reciente como vice de Correa, decidió sacar a su país de Unasur y destinar el edificio a la Universidad Indígena de Ecuador. Además, ordenó retirar la estatua de Kirchner aduciendo que “él no representa los valores y la ética de nuestros pueblos”, sin aclarar cuáles eran esos valores ni cuál habría sido el pecado del expresidente que recién entonces descubría.

A diez años de la muerte de Kirchner, la región sigue en disputa, tratando de remontar un partido complicado. Los bolivianos avanzaron en ese sendero, los chilenos, también. Quién sabe si en febrero los ecuatorianos abren la puerta al regreso de Kirchner al complejo de la Mitad del Mundo.

Tiempo Argentino, 25 de Octubre de 2020

La wiphala ganó por nocaut

La wiphala ganó por nocaut

En otros tiempos, cuando algún boxeador argentino buscaba el cinturón de campeón en cuadriláteros estadounidenses, se decía que la única forma de salir airoso era ganar por nocaut. Si al cosa venía por puntos, no había forma, porque el árbitro y los jurados estaban comprados.

Lo mismo ocurría este domingo en Bolivia. El binomio Arce-Choquehuanca tenía que noquear, porque todos los estamentos del estado de facto que la derecha intentó armar desde el golpe contra Evo Morales del año pasado estaban comprados. Por eso las dudas y los temores del MAS-IPSP.

Era grande el riesgo de un monumental fraude, de que buscaran la forma de embarrar la cancha para no entregar el poder si la diferencia era exigua o hubiera lugar a disputas voto a voto. Pesaba el antecedente de lo que había hecho la oligarquía boliviana y grupos paramilitares tras la elección de octubre de 2019, con el apoyo irrestricto de la OEA conducida por Luis Almagro. No olvidar que hubo quema de urnas, amenazas a legisladores, que atacaron sus viviendas particulares.

El ex canciller uruguayo debería ser considerado responsable directo de la violencia que se desató desde el 10N contra sectores populares, con cientos de muertos. De persecuciones, de detenciones ilegales, de políticas económicas perjudiciales para el pueblo boliviano, De cada acto de corrupción -que no fueron pocos- durante la gestión de facto de Jeanine Añez. Y todo por haber avalado un informe falaz sobre la transparencia de las elecciones que dieron el triunfo a Evo Morales y Álvaro García Linera. 

Este domingo quedó probado que hace hace 11 meses hubo un golpe de Estado en Bolivia. Los medios internacionales que aprobaron la movida contra el gobierno constitucional de Morales también tienen su cuota parte en esta calamidad que la ciudadanía boliviana vino a reparar con creces.

En los medios concentrados argentinos se nota el estupor por el resultado y también la indignación. Tenían un perfil tan sesgado que terminaron por creer lo que publicaban y la realidad ahora les golpea como un cross a la mandíbula. Entonces buscan el lado oscuro de la nueva era que se avecina en Bolivia.

Habida cuenta de que Evo Morales retornará sin dudas a su patria, es de augurar entonces que buscarán horadar la futura gestión  con cuestionamientos del tipo “hay un doble comando en el Palacio de Gobierno”. Ni qué decir de las dificultades que enfrentará el nuevo mandatario con la derecha golpista de la Media Luna de Oriente, que había encabezado la intentona secesionista de 2008, ingresó a la sede del gobierno el 10N con la Biblia en la mano y retiró la wiphala como un acto de desagravio a la población blanca y europea que integra.

Más allá de estas miserias, es bueno tener en cuenta que el regreso del MAS IPSP fue posible por las luchas populares y también gracias la conciencia democrática alcanzada por los bolivianos desde principios de siglo. Este modelo de madurez cívica es extensible también a Ecuador, donde finalmente las autoridades tuvieron que aceptar la fórmula Andrés Arauz-Carlos Rabascall para las presidenciales de febrero de 2021. Ya no es posible gobernar proscribiendo a las mayorías. Y ese es el mayor triunfo de estas horas.

Tiempo Argentino, 19 de Octubre de 2020

Se juega el futuro, no solamente el de los bolivianos sino también el de América Latina

Se juega el futuro, no solamente el de los bolivianos sino también el de América Latina

Entre las urnas y la dinamita. Las imágenes de aquella Bolivia de principios de siglo, cuando enardecidos trabajadores marchaban en reclamo de sus derechos tras la política de despojo de los sucesivos gobiernos de derecha, parecían un mal recuerdo hasta hace un año. Todavía algún memorioso se tope en algún pliegue de su memoria con la escena de aquel minero que cargado de cartuchos de TNT se inmoló frente al Palacio del Quemado en protesta porque le habían quitado la jubilación.

Tras aquella larga noche neoliberal en la que hasta los recursos del agua habían pasado a ser una mercancía más, vino un largo día protagonizado por los movimientos sociales y las comunidades indígenas, que fueron construyendo un Estado Plurinacional del que podrían aprender muchos países que son conglomerados de nacionalidades y no encuentran el modo de armonizar las diferencias. Los bolivianos también fueron construyendo un Estado más justo y con mejores oportunidades para todos.

No fue casual que ese proceso virtuoso coincidiera con la aparición de gobiernos progresistas en la región. Hasta tal punto lo es que difícilmente Evo Morales hubiera podido resistir las pujas secesionistas de la oligarquía de la rica Media Luna de Oriente en 2008 si no fuera por la existencia de la Unasur, que prontamente salió en defensa de la democracia.

Para la estrategia de la Casa Blanca, ningún gobierno que intente correrse de los dictados del Departamento de Estado puede respirar tranquilo. Así, siendo secretaria de Estado Hillary Clinton, se desarrolló el golpe contra Manuel Zelaya, en junio de 2009 en Honduras.

Hace algunos días se cumplieron diez años del intento de golpe policial contra el gobierno de Rafael Correa, en Ecuador. También allí la Unasur fue clave para evitar un golpe que amenazaba con ser sangriento. Pero nada pudo hacer para evitar la caída del presidente paraguayo Fernando Lugo, en 2012. Desde entonces, una sucesión de movidas destituyentes y el triunfo de candidatos conservadores fueron diezmando la institucionalidad regional. Esto sin olvidar el peso que tuvo para ese modelo de integración la muerte en 2013 de Hugo Chávez, el que la tuvo más clara desde que asumió el gobierno, allá por 1999.

El golpe contra Dilma Rousseff en 2016 no podría haberse producido sin el triunfo de Mauricio Macri en Argentina. Pero para redondear el giro pro estadounidense era necesario en Brasil sacar del medio a Lula, mediante una operación judicial que se deshilacha porque como todo esquema de lawfare, se caracteriza por la flojedad de papeles.

La traición de Lenin Moreno en Ecuador fue otro modo de torcer el rumbo latinoamericanista. Correa padece la misma ofensiva judicial que Lula, que Cristina Fernández, que la dirigencia del Mas de Bolivia. Por si con esto no alcanzaba, necesitaban asfixiar a la Unasur y a todo vestigio de integración horizontal entre los países del sur del Río Bravo.

En Argentina, hace un año, volvió al poder una coalición que va contra esa corriente derechista. Una semana antes del comicio nacional, en Bolivia el binomio Morales-García Linera ganaba en primera vuelta una nueva reelección.

La alianza entre Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador, el mandatario mexicano, tenía un asociado natural en Evo con quien podían reconstruirse las aspiraciones de soberanía regional.

Voltear a Morales antes del 10 de diciembre pasado era un imperativo categórico para los planes estadounidenses. Para rodear a la Argentina de Fernández-Fernández desde el primer día.

Este domingo en Bolivia se juega no solo el futuro de los bolivianos, sino el de América Latina. Eso lo saben muy bien en Washington y lo saben todos los mandatarios entregados a la Casa Blanca, comenzando por Luis Almagro. De allí los temores y desconfianzas sobre lo que pueda ocurrir De allí los temores y desconfianzas sobre lo que pueda ocurrir.

Tiempo Argentino, 18 de Octubre de 2020