por Alberto López Girondo | May 16, 2016 | Sin categoría
Honduras fue el primer ensayo en América Latina de golpe institucional, en junio de 2009. Luego vendrían el derrocamiento de Fernando Lugo en Paraguay, en 2012 y ahora el impeachment a Dilma Rousseff en Brasil.
Las consecuencias de esos golpes se perciben en el plano económico y político, con la vuelta del neoliberalismo. Pero también en los Derechos Humanos. Eso lo sabe bien Salvador Zuñiga Cáceres, quien para protegerse de persecuciones políticas emigró a la Argentina en ese 2012 y acá recibió la noticia de que su madre había sido asesinada, en marzo pasado.
No es que Honduras haya sido un territorio especialmente apacible históricamente. Pero durante el corto período de Manuel Zelaya hubo un soplo de aire fresco que permitía avizorar un futuro mejor para ese país centroamericano. Hasta que una artera jugada judicial-legislativa despojó al mandatario de su cargo y tropas militares lo expulsaron a Costa Rica.
La reacción de los países latinoamericanos fue contundente y el Brasil de Lula da Sliva jugó un papel clave. Barack Obama –que había asumido en enero de ese año– y especialmente su secretaria de Estado Hillary Clinton, también, pero para el otro lado..
Zuñiga es hijo de la militante social y ambientalista Berta Cáceres. La mujer luchaba al frente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) contra la construcción de la represa hidroeléctrica de Agua Zarca, en tierras ocupadas por la comunidad lenca y desde aquel aciago 28 de junio arreciaron las amenazas contra su vida. En este contexto decidió que lo mejor para sus hijos era el exilio. Salvador y una hermana vinieron para la Argentina y el joven estudia medicina en la UBA con la esperanza de volver a su patria para servir a la comunidad.
No se equivocaba Berta Cáceres: el 2 o el 3 de marzo pasado, no se sabe bien, un grupo de sicarios entró en su casa y la acribilló a balazos. Una persona que estaba en la vivienda, el mexicano Gustavo Castro, salvó la vida porque se hizo el muerto y es el principal testigo del homicidio. Con protección diplomática pudo escapar de Honduras. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) no pudo salvar la vida de Berta, quien había acusado a Hillary Clinton –ahora perfilada como candidata a la presidencia de EE UU– por la extrema violencia desatada en Honduras desde el golpe.
El crimen de esta mujer -que había recibido en 2015 el Premio Goldman, el máximo reconocimiento mundial para activistas de medio ambiente- mereció el repudio de organizaciones sociales y personalidades de todo el mundo, desde los presidentes de Nicaragua, Venezuela, el secretario de la OEA, hasta los actores Leonardo DiCaprio y Mark Ruffalo.
«En el libro Decisiones difíciles, Hillary dice que lo de Honduras era un proceso necesario -señala Zuñiga ante Tiempo- y ahí se hace evidente su apoyo al golpe y su responsabilidad en la violación de Derechos Humanos. EE UU nunca dejó de apoyar al ejército y la policía con el pretexto de las maras y de la violencia. Así militarizó diferentes lugares de Honduras y el territorio del pueblo lenca.
–¿Directamente lo hacen tropas estadounidenses?
–No directamente pero dan apoyo financiero. En Honduras está la segunda base más grande de Latinoamérica, Palmerola. Históricamente desde allí se intervino en Nicaragua, Guatemala y El Salvador, países que sufrieron conflictos armados intensos. Desde Honduras siempre apoyaron a las dictaduras de países vecinos. Hace poco le preguntaron a Hillary Clinton sobre su mirada en perspectiva del rol que había cumplido en Honduras y reiteró que era algo necesario y llegó a decir que para garantizar la seguridad en Honduras debía hacerse algo similar al plan Colombia. Se sigue fomentando golpes de Estado disfrazados de institucionalidad que desatan violaciones a los Derechos Humanos.
–¿Qué es lo que saben del asesinato de tu madre?
–Ella había recibido amenazas y estuvo detenida varias veces. La CIDH había pedido protección para ella, pero evidentemente el gobierno no se la dio. Luego del crimen dijeron, primero que era un caso de robo, luego que era una pelea dentro de la organización, y luego que fue un homicidio pasional.
–Pero hay detenidos.
–Sí, y son hombres vinculados con amenazas y con las empresas constructoras de la represa. Pero no nos dejan participar del proceso judicial, no nos dejaron poner un perito en la autopsia. La idea es que todo termine en esos cuatro detenidos, no seguir hacia los máximos responsables. Nosotros pedimos investigación independiente y justicia verdadera.
Tiempo Argentino
Mayo 15 de 2016
Foto Mariano Martino
por Alberto López Girondo | May 9, 2016 | Sin categoría
El extravagante Donald Trump finalmente está a las puertas de la nominación a la presidencia de EE UU por el Partido Republicano. Una campaña sazonada con todos los condimentos que cualquier experto en marketing político hubiese impugnado le dieron suficiente peso específico en las primarias como para imponerse contra todos los precandidatos e incluso contra el establishment partidario. Pero ahora deberá enfrentar no solo a su contrincante demócrata –todo señala a la ex primera dama Hillary Clinton- sino a los rebeldes republicanos que no confían en el magnate inmobiliario. Pero también al poderoso lobby militar-industrial, que teme que sus primeros esbozos en política exterior le quiten su principal sustento, que es la agresiva expansión de los antecesores en la casa Blanca, como George W. Bush y el Nobel de la Paz Barack Obama.
Así podría explicarse la animadversión que despertó en las principales espadas republicanas, que primero intentaron reforzar la candidatura de Marco Rubio o Ted Cruz. Ante el fracaso de esas opciones, ahora aparecen voces que proclaman alguna propuesta salvadora por fuera de la estructura partidaria. Por lo pronto, ya varios altos dirigentes del PR anunciaron que no piensan apoyar la aspiración de Trump.
Es lo que informaron los voceros de la familia Bush, una de las aristocracias republicanas, quienes desde las páginas de un diario tejano dijeron que no participarán en la campaña. El líder republicano en el Capitolio y ex candidato a vicepresidente, Paul Ryan, miembro del ala derechista, también tomó distancia, lo que motivó una réplica feroz del polémico empresario.
«No estoy preparado para sostener esa candidatura, es necesario unificar al partido», declaró Ryan. «Yo no estoy preparado para apoyar la agenda de Ryan», respondió Trump. Quien fuera el aspirante a la presidencia por esa fórmula en 2012, Mitt Romney, fue aún más lapidario: «Es un embustero, un fraude.»
Pero también hay rechazo desde los think tanks estratégicos ligados al PR. «Trump sigue siendo radiactivo de los principales estrategas de seguridad nacional del partido, que advierten que su enfoque «incoherente» de los asuntos del mundo y podría resultar peligroso para EE UU», detallan Hannah Allam y Nicholas Zazulia, sobre un análisis realizado por 121 miembros del equipo de expertos en seguridad nacional del PR.
Thierry Meissan, el fundador de la Red Voltaire, acota en tal sentido que en un discurso ante el The National Interest, una revista nacida del riñón del Nixon Center que alberga a sobrevivientes del equipo de Henry Kissinger, Trump deslizó su planteo sobre la política exterior estadounidense. «Haber tratado de exportar por la fuerza el modelo democrático occidental y haber querido imponerlo a pueblos que no están interesados en ese modelo ha sido un error fundamental», declaró entonces, para alarma de los belicistas que pululan en los despachos de la secretaría de Estado. Es para Meissan el ataque más duro desde los tiempos de John Kennedy a las apetencias del complejo militar industrial.
El dato es que Clinton, que fuera titular de esa cartera en el primer gobierno de Obama y parte del segundo, no sólo obedece –al decir de Bernie Sanders, su rival demócrata en la inerna– a las necesidades de Wall Street sino a los deseos de la industria bélica de su país. Aparato ávido de dinero y a la vez creador de mano de obra.
En ese contexto se puede entender que Trump, empresario mediático al fin y alejado de los circuitos de la política tradicional, sea una amenaza para esos sectores por su concepción radicalmente diferente de los manejos de la cosa pública. Hay quienes lo comparan con Silvio Berlusconi y Nicolas Sarkozy por su carácter de outsider del mundo político.
La pregunta es, teniendo en cuenta los conflictos bélicos en que incursionaron los Clinton, tanto Bill en la presidencia como Hillary en el ministerio, quién es el candidato más conveniente para las necesidades de los países al sur del río Bravo. Y quizás la promesa de Trump de construir un muro en la frontera con México sea la mejor noticia para los latinoamericanos, a pesar del discurso xenófobo del candidato.
Tiempo Argentino
Mayo 8 de 2016
por Alberto López Girondo | May 1, 2016 | Sin categoría
Los líderes de Izquierda Unida, Podemos, el PP y el PSOE deberán enfrentar las urnas nuevamente ante la imposibilidad de formar gobierno durante cuatro meses. España inmersa en una grieta cada vez más profunda.
Si hace 80 años Antonio Machado pudo decir “una de las dos Españas ha de helarte el corazón”, estos días podría hablarse sin temor de una grieta española, representada en una crisis política que por primera vez desde la Constitución de 1978 obliga a convocar nuevos comicios porque ninguno de los partidos tradicionales –el conservador Partido Popular y el socialdemócrata Partido Socialista Obrero Español, PSOE– pudo formar gobierno.
Es que al calor de la crisis económica y tras la incursión de Podemos, un grupo de agrupaciones políticas fueron ampliando el sector contestatario al llamado “Régimen del ’78”. Fue así que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, acuñó una frase que resultó certera: “El PP y el PSOE son parte de una casta”. Y fuera de esa casta que se reparte cargos y prebendas del Estado, queda la mayoría ciudadana, víctima de ajustes permanentes y convidada de piedra en las grandes decisiones. Así lo expresaron aquel legendario 15 de Mayo de 2010 en la Puerta del Sol de Madrid que, si bien en ese momento pareció inocuo porque las elecciones las ganó el PP, fue el punto de partida para esta movida política que puso en jaque al bipartidismo en diciembre pasado y que llevó a la alcaldía de las ciudades más importantes del país a dirigentes surgidos de una marea de alianzas progresistas.
Los medios de comunicación dieron entonces un giro hacia la estigmatización de todo lo que oliera a cambio, incluidos todos los gobiernos latinoamericanos que comulgan con la nueva izquierda española. El batacazo lo dio Podemos, que amenazó con destronar al PSOE como el partido alternativo luego de haber dejado atrás al tradicional Izquierda Unida, que por estos días cumplió 30 años de vida. De haberse aliado en diciembre, hubiesen obtenido un caudal de bancas suficientes como para forzar un gobierno común. Ahora lo intentarán en los comicios que se deberían desarrollar el 26 de junio. En la derecha, las cartas se reparten entre el PP y Ciudadanos. Pero esta nueva agrupación ya había acordado con el PSOE, y no les alcanzó para formar gobierno.
Como un ejemplo de este momento, el gobierno de Mariano Rajoy aprobó en 2015 una ley que limita las libertades civiles para protestar, la “ley mordaza”. Un incidente producido en febrero pasado ilustra hasta qué nivel están alterados los ánimos en esa sociedad, hasta no hace tanto modelo para los formadores de opinión criollos. El 5 de febrero un grupo de títeres de Granada terminó preso luego de un espectáculo al aire libre en el barrio madrileño de Tetuán.
La nueva política cultural de la alcaldesa de Madrid, la ex jueza Manuela Carmena, que llegó al poder por una alianza de izquierda, es promover que los propios ciudadanos o los movimientos locales planifiquen sus propias actividades culturares. Los titiriteros Alberto San Juan y Gloria Muñoz partipicaron de esta movida con una obra para adultos. Pero muchos dejaron que sus niños permanecieran ante el tablado. En un momento del acto, el personaje, una bruja, es castigada por un policía, que luego le coloca un cartel y le saca una foto. El cartel decía Gora Alka ETA. En vasco podría traducirse como, “viva el alcalde”, pero resulta un juego de palabras con Al Qaeda y ETA. El espíritu de la obra es denunciar que las autoridades no sólo estigmatizan y persiguen a muchos ciudadanos, sino que llegan a “sembrarles” pruebas para detenerlos como terroristas.
Un padre se quejó del contenido de la obra, llamó a un policía que ordenó detener el acto y un fiscal pidió el procesamiento de los artistas bajo las mismas leyes que ellos condenaban: apología del terrorismo. Pasaron unos días en prisión y ahora enfrentan cargos que los podrían llevar a cuatro años entre las rejas. El escándalo mediático fue tal que ahora, según revela Gonzalo Cardone, del grupo Hilando Títeres, “hemos encontrado problemas para las contrataciones” en algunos distritos.
¿Por qué el problema? “Luego del escándalo que se armó hemos visto que si el que contrata es alguien que tiene un cargo político, no quiere arriesgar. Si es un gestor cultural, que ya conoce a los artistas, no tiene problemas”.
Esto es que por las dudas, los que arriesgan su futuro político prefieren cuidarse en salud. Una forma de censura muy afín a la ley mordaza.
Tiempo Argentino
Abril 30 de 2016
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