por Alberto López Girondo | Jul 22, 2018 | Sin categoría
El Valle de los Caídos, la monumental construcción que ordenó el dictador Francisco Franco en 1940 y donde están enterrados sus restos y los del fundador de la Falange Española, Primo de Rivera, reaviva el viejo debate sobre el pasado de esa nación, a 82 años de la sublevación militar contra la República que dio inicio a la Guerra Civil.
Desde que Pedro Sánchez llegó al poder, hace un par de meses, se propuso recuperar esa parte de la ciudadanía ideológica y sentimentalmente cercana a la República, viejos valores ciudadanos que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) dejó en el camino desde la Constitución de 1978 en aras del proceso democrático que se inició a la muerte de Franco.
Ese sector del ala izquierda del PSOE, a raíz de la crisis de 2008 y las políticas de ajuste que comenzó el entonces jefe de gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, se sumó a la masa crítica tras la movilización del 15 de Mayo de 2011 que construyó Podemos.
Ese partido fue clave para que Sánchez diera el zarpazo de la semana previa al 1 de junio. Ahora es la cantera que Sánchez busca tentar para fortalecerse y sostener su gestión, que llega luego de la peor elección en la historia actual del PSOE y por lo tanto, está a tiro de ser desplazado ante el primer tropiezo.
La propuesta de exhumar los cuerpos de los líderes fascistas es un viejo anhelo de la democracia. El monumento, inaugurado en 1959, aloja los cuerpos de ex combatientes franquistas y republicanos y fue presentado originalmente como un símbolo de la reconciliación. Pero no sólo es la tumba del dictador y su mentor ideológico sino que ostenta una cruz de 150 metros de altura que lo convierte en un memorial católico, cuando precisamente entre el bando que cayó en la contienda era mayoritariamente si no ateo, al menos anticlerical. Y por si esto fuera poco, fue construida por presos políticos como parte de su condena.
«Ninguna democracia puede permitirse monumentos que ensalcen una dictadura, la nuestra tampoco. Por eso quiero anunciarles que la decisión política de este gobierno es firme», dijo Sánchez hace unos días.
La réplica de la derecha ultramontana, que se puso de punta a medida que el proceso independentista catalán fue escalando, fue una marcha organizada por la Fundación Francisco Franco (FFF) el 18 de julio, cuando se cumplía el aniversario de la sublevación militar que terminaría encabezando el general fascista desde el norte de África. Y por cierto, cantaron «De cara al sol» con el brazo derecho extendido.
«Hoy comienza un nuevo alzamiento. El alzamiento de los españoles unidos frente a los españoles que quieren dividir, el alzamiento de los hombres de palabra frente a los poderes de las palabrerías. Hoy comienza la lucha de la verdad frente a la mentira, la lucha y encuentro de la felicidad frente a los que quieren implantar el sufrimiento, la lucha del amor entre españoles frente al odio de los intereses. Alzaros y triunfaréis. España, al final, siempre triunfará», dice una proclama del general Juan Chicharro Ortega, presidente de la FFF. Allí insiste en que «España se juega en estos momentos, una vez más, su existencia como nación cristiana».
Desde el propio PSOE, sin embargo, también hubo críticas al plan revisionista de Sánchez, aunque bastante más alambicadas. Y se entiende: por el gobierno español pasaron dos socialistas, Felipe González (1982-1996) y Rodríguez Zapatero (2004-2011), y nunca hubo un proyecto para exhumar a Franco.
El que salió en representación de ese «olvido» histórico fue Alfonso Guerra, ex vice jefe de Gobierno de González, licenciado en Filosofía y líder partidario de predicamento. «Aquí hay una serie de gente, por cierto jóvenes, que están todo el día boxeando con el fantasma de Franco. A mí Franco no me interesa; se murió hace tantos años… no tengo ningún interés», dijo, alzando protestas de familiares de al menos 140 mil víctimas de la dictadura que todavía buscan los cuerpos de los desaparecidos del franquismo.
Según las encuestas más recientes, el 56% de los españoles está a favor del traslado de la tumba del dictador, mientras que un 33,8 está en contra. La mayoría, además, está de acuerdo en ilegalizar a la FFF porque la percibe un riesgo contra la democracia.
Tiempo Argentino, 22 de Julio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 2, 2018 | Sin categoría
Pedro Sánchez protagonizó un sorpasso sin antecedentes en la historia del proceso democrático iniciado con la Constitución española de 1978. Renació desde la muerte política luego de haberse ido por la puerta trasera del PSOE en 2016, logró formar una coalición para expulsar mediante una moción de censura al conservador Mariano Rajoy, y prometió respetar esa Carta Magna y los atributos de la monarquía ante el rey Felipe VI sin biblia ni crucifijos, una tradición en estas cuatro décadas
Los medios españoles parecían ayer más sorprendidos por esta sustancial modificación a los oropeles religiosos que conllevaba el cargo de presidente del Gobierno de España que por la profundidad de la crisis política que detonó estos días, pero que se arrastra desde hace años.
Sánchez es un emergente del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008. Una burbuja que había crecido desde los tempranos años ’90 al calor de las promesas de riquezas sin fin del neoliberalismo.
La solución del entonces jefe de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, también del PSOE, fue seguir los consejos/imposiciones de la troika (FMI-Banco Central Europeo-Comisión Europea): ajustar presupuestos y recortar beneficios en salud y educación.
En ese contexto nacieron los movimientos de Indignados que el 15 de Mayo de 2011 se hicieron sentir en un lugar de Madrid que se había hecho centro exclusivo para los turistas, la Plaza del Sol. Esa movida fue el puntapié inicial para el nacimiento de Podemos por izquierda, y Ciudadanos por derecha, y el inicio de una lenta agonía de los partidos del régimen del ’78.
Pero el descontento social se manifestó, sin embargo, con un apoyo al Partido Popular, que regresó a La Moncloa en diciembre de ese año de la mano ¨y las tijeras¨ de Rajoy.
Desde entonces se fue disgregando la tenue unidad española sustentada, principalmente, en que aquella España de los ’90 lideraba los procesos neoliberales y de privatizaciones de América Latina, lo que fue un muy buen negocio para cada una de las regiones del reino.
La crisis desató los viejos fantasmas independentistas en 2014. Mientras tanto, iba avanzando en la Justicia la investigación por la financiación ilegal del PP, una causa conocida irónicamente como Gürtel, por lo que significa en alemán el apellido del empresario implicado en sobornos para hacer negocios, Francisco Correa. El caso llegó a la fiscalía del Estado en 2007 a raíz de una denuncia de un concejal del PP.
El clima de descrédito sobre toda la dirigencia creció con los nuevos hechos de corrupción que fueron asomando y hasta el rey Juan Carlos tuvo que abdicar para evitar males mayores a la corona.
Los mayores escándalos golpearon en el PP, algunos de manera casi cómica. Como ocurrió con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, cuando el portal eldiario.es reveló en abril pasado que había truchado las firmas de un master que presentó en su currículum para asumir el cargo en 2015. Días más tarde un sitio de derecha como el Ok Diario mostró un video de 2011 donde se la ve llevándose sin pagar una crema anti-age de un supermercado.
Ese video estuvo cajoneado siete años hasta ver la oportunidad de golpear en una de las delfinas de Rajoy. Sánchez «olió sangre» al percibir que el establishment ya no sustentaba al PP y él podía convertirse en el «mal menor».
El 24 de mayo pasado la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional emitió condenas de hasta 51 años a los implicados en el caso Gürtel, entre ellos el empresario y dirigentes y el tesorero del partido. Fue el guiño definitivo para el líder del Partido Socialista Obrero Español, que ni siquiera era diputado porque tras perder la interna de 2016 renunció.
Con 84 escaños sobre 350 curules tras su peor elección en la historia, el PSOE necesitaba sí o sí apoyo de otros sectores. Acudir a Pablo Iglesias, de Podemos, era de manual. La coalición Unidos-Podemos (UP) se había quedado con las ganas contra Cifuentes, que prefirió renunciar «antes de que la izquierda gane en la Comunidad de Madrid».
Pero con eso no alcanzaba y Sánchez convenció al Partido Nacionalista Vasco de que no iba a tocar el presupuesto aprobado una semana antes. Con los catalanes se comprometió a una mesa de diálogo y levantar la intervención que el PSOE había aprobado en octubre pasado.
La coalición que lo llevó al poder es débil. Por derecha apuestan a elecciones anticipadas, ya que hoy día Ciudadanos estaría en condiciones de sumar a descontentos del PP y lograr mayoría. Ambos partidos suman actualmente 164 votos en la cámara, cruciales para gobernar y también para impedirlo si quieren devolver la estocada a Sánchez.
La endeble sociedad de este viernes llega a 165 entre Unidos Podemos, nacionalistas vascos y catalanes, con intereses ciertamente diversos. Contra Rajoy sumaron aparte al Grupo Mixto, pero habrá que ver el día a día. Los medios hegemónicos ya azuzan grietas entre esos sectores y a la vez destacan la falta de biblia y crucifijos en la jura. Por algo será.
Tiempo Argentino, 2 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 2, 2018 | Sin categoría
Los vientos parecen soplar nuevamente a favor de los independentistas catalanes. Es cierto que la corrupción fue determinante para llevar a la caída de Mariano Rajoy. Pero la persistencia del conflicto con Cataluña y el empecinamiento de los dirigentes independentistas fue clave para minar el poder del exmandatario conservador. Sobre todo porque Rajoy nunca quiso sentarse a dialogar con el por ahora exiliado Carles Puigdemont ni con ninguno de los dirigentes del bloque separatista.
Ayer, al tiempo que Pedro Sánchez le prometía al rey que iba a respetar la Constitución de 1978, en Barcelona el flamante president de la Generalitat, Quim Torrá, tomaba juramento a los consellers, los ministros del gobierno catalán, con lo cual terminaba concretamente con la vigencia del artículo 155 de intervención del Poder Ejecutivo, dictado el 27 de octubre pasado con apoyo del PSOE, ahora en el poder en Madrid.
«Presidente Pedro Sánchez, hablemos, tratemos esta cuestión, tomemos riesgos, ustedes y nosotros», planteó Torra en un tramo de la ceremonia. «Tenemos que sentarnos en la misma mesa y negociar de gobierno a gobierno», abundó Torra. «Esta situación que vivimos ya no puede alargarse ni un día más».
El tono sonó firme pero tiene algo de conciliador, luego de que Sánchez pudiera hacerse del gobierno con apoyo de los catalanes en el congreso nacional. Torra, el plan B de los independentistas (ya que con mayoría parlamentaria no pudieron ungir a Puigdemont porque está procesado por la Justicia española y se refugió primero en Bruselas y ahora en un limbo jurídico en Alemania) asumió el cargo el 17 de mayo. En ese momento, este editor de 55 años desafió a Madrid nombrando a cuatro exministros de su predecesor que causaron especial irritación en la capital española, dos de ellos presos por el intento de secesión y otros dos escapados a Bruselas.
Sánchez, quiéralo o no, está obligado a buscar el diálogo con los catalanes para buscar vías de acuerdo sobre el entuerto histórico con la región más rica de España. Y Tora se lo ofreció en bandeja el viernes en el mismo acto con que puso punto final a la intervención.
Por eso entre sus primeras declaraciones, Sánchez ofreció «restablecer puentes» y «normalizar las relaciones». Pero planteó un punto que genera discordia y para Barcelona resulta contradictorio: «Este gobierno quiere que Cataluña esté en España, y escuchará a Cataluña».
En relación con el País Vasco, el otro territorio con ansias separatistas, para Sánchez el panorama viene más despejado. En abril pasado, Rajoy había consensuado con el PNV un presupuesto a medida de sus apetencias, con un 32% más de inversión que el año pasado, 509,05 millones de euros frente a los 385,67 millones de 2017. En ese momento los cinco votos del PNV eran indispensables para que el PP pudiera permanecer en La Moncloa. Ahora fue la moneda de cambio para la llegada de Sánchez y lo será para su permanencia, habida cuenta de la debilidad con que nace su gestión.
Tiempo Argentino, 2 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 2, 2018 | Sin categoría
Somos dos gobiernos en plena sintonía sobre política económica y exterior», dijo Mauricio Macri a Mariano Rajoy. «Es un ejemplo de liderazgo, honestidad y empuje», agregó, pletórico de entusiasmo, ese 10 de abril.
Parece mentira pero aún no pasaron dos meses de la gira del ahora exmandatario español, llamado con el fin de respaldar a su admirador en momentos cruciales para la gestión Cambiemos.
Rajoy venía a «animar a los empresarios españoles a invertir tras recuperar el país la normalidad y la seguridad jurídica», según editorializó el diario El País, que destacó entonces que el mandatario argentino «ha hecho un magnífico trabajo en lo económico y esto abre oportunidades».
También hablaron de Venezuela, el enemigo favorito cuando arreciaban las turbulencias en Madrid. A semanas para la reelección de Nicolás Maduro, y previendo el resultado, Macri adelantó: «No lo vamos a reconocer como presidente democrático ya que hace rato que no hay democracia» en ese país, y añadió que «estas elecciones no tienen ningún valor».
Por eso de que la venganza es un plato que se come frío, ahora desde Caracas pueden jactarse de que todos los que se meten con el chavismo terminan mal.
La última cumbre presidencial de las Américas, en Lima, comenzaba el 13 de abril. Maduro tenía la entrada prohibida por el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski con el raído argumento de «la grave situación» en Venezuela. El 23 de marzo, Kuczynski tuvo que renunciar por el escándalo Odebrecht. y fue él quien se quedó fuera de la Cumbre.
Algo similar le pasó al expresidente panameño Ricardo Martinelli, otro feroz antichavista, detenido el 12 de junio de 2017 en Estados Unidos.
Ahora tiemblaRajoy por la causa Gürtel. En su lugar asumió Pedro Sánchez, del PSOE. Es previsible que la relación de España con Venezuela cambie. El exjefe de Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero fue uno de los veedores que certificó la transparencia de los comicios en que Maduro fue reelecto.
El exlíder del PSOE había coordinado una mesa de diálogo en Santo Domingo entre el oficialismo y al oposición venezolana para la pacificación del país. Todo iba bien para firmar un acuerdo hasta que el 8 de febrero, sin embargo, la MUD se negó a firmar. «De manera inesperada para mí, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición. No valoro las circunstancias y los motivos, pero mi deber es defender la verdad y mi compromiso es no dar por perdido el lograr un compromiso histórico entre venezolanos», declaró Rodríguez Zapatero.
Tiempo Argentino, 2 de Junio de 2018
Comentarios recientes