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Las guerras ajenas

Las guerras ajenas

Son febriles estos días para François Hollande, el presidente francés, que intenta armar una fuerte coalición internacional para combatir a Estado Islámico (EI). Ya había reforzado su amistad con el británico David Cameron y había intentado lo propio con el estadounidense Barack Obama. Ahora se fue hasta Moscú para sumar a Vladimir Putin a ese equipo de estrellas.

El viaje de Hollande representa no sólo la intención de convencer al jugador que cambió el esquema que se venía desarrollando en Siria al iniciar ataques contra la oposición a Bashar al-Assad, sino que busca tranquilizar los ánimos luego del derribo de un avión ruso en territorio turco. Y además, se posiciona como un líder global en momentos en que Estados Unidos no tiene capacidad de respuesta tras los fracasos en Irak y Afganistán.

El tablero regional se viene complicando en las últimas semanas, y todo se aceleró tras la decisión de Putin, acordada con Obama aunque no en forma pública, de atacar desde el aire a los yihadistas en Siria. Allí hay un conglomerado de agrupaciones financiadas desde países occidentales más Turquía y Arabia Saudita que se enfrentan al régimen de Damasco. Pero también figura en la lista de enemigos el EI, que con el tiempo mostró toda su barbarie en la amplia región que controlan en parte de Siria y de Irak y ya dieron muestras de su capacidad de daño en París el 13N. Aliados yihadistas también han golpeado en países africanos y amenazan en otras naciones europeas.

Para complicar más la situación, el martes aviones turcos dispararon contra un caza ruso, elevando al máximo la tensión entre Ankara y Moscú. Al correr de las horas primó la cordura y no hubo que lamentar más incidentes que las protestas airadas del gobierno de Putin y una tenue condolencia –que no disculpas– del presidente Tayyip Erdogan.

La incursión de Rusia en el conflicto era previsible y sólo cabía apostar a cuándo y cómo se produciría. Como se sabe, en Siria está la base militar de Tartús, la única fuera de territorio ruso y un puesto clave para la estrategia militar de aquel país. Integra junto con Crimea, donde está la base de Sebastopol, dos ejes fundamentales para señalar la determinación de Moscú –o fundamentalmente de Putin– para recuperar el rol de potencia que Rusia tiene desde hace más de tres siglos. No iba a dejar sin ayuda a Al Assad y menos ante la perspectiva de una sucesión surgida de la guerra civil notoriamente anti rusa como es fácil de prever si los grupos opositores logran su objetivo.

El bloque occidental, sin embargo, pretendía que Rusia sólo atacara a EI, convertido en el enemigo número uno en los papeles. Putin, en cambio, no hizo distinciones y no dejó de tomar como objetivo a los vehículos que circulaban sobre los territorios controlados por los yihadistas.

El ataque sobre el avión SU24 es entendido por no pocos analistas como una respuesta de la OTAN perfectamente planificada, un mensaje inocultable de que nadie juega con chiquitas en ese escenario peligroso. Los atentados del 13N, a su vez, muestran una escalada de imprevisible final. Por un lado, sumieron a la población de Francia y la mayoría de los países europeos en el terror, como se proponían los autores. Y fomenta respuestas calcadas de las que en Estados Unidos provocó la caída de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001. Es decir, se amplían las capacidades de vigilancia de los organismos estatales en detrimento de las garantías civiles de los ciudadanos.

El escándalo que se armó cuando el analista de la CIA Edward Snowden reveló el programa de espionaje de la agencia NSA es apenas la punta de un iceberg que no será sino ampliado luego del golpe en París. Así lo adelantó el gobierno de Hollande, que ya avisó al Consejo de Europa que «algunas de las medidas introducidas tras los atentados en París probablemente implicarán una derogación de las obligaciones derivadas de la Convención europea de los Derechos Humanos». O sea, que en aras de la seguridad, se sacrificarán algunas de las mejores creaciones de Occidente.

Por otro lado, en un encuentro del premier galo con un grupo de periodistas que buscaban explicaciones de lo que significa la frase «Francia está en guerra», Manuel Valls señaló que «El control de fronteras exteriores es esencial para el futuro de la Unión Europea (…) Europa debe encontrar soluciones para que los inmigrantes sean tomados a cargo en los países vecinos de Siria. Si no, Europa va a poner en cuestión la forma de controlar eficazmente sus fronteras (…) Nosotros debemos evitar una amalgama que es insoportable», se explayó. Hollande desmintió a las pocas horas que la administración socialista estuviese pensando en cerrar fronteras, pero el sincericidio de Valls seguramente no tardará en verificarse.

Putin, mientras tanto, prosiguió con su respuesta diplomática contra el gobierno turco y amenaza con represalias económicas. Ya su canciller Sergei Lavrov había indicado que la inquina de Moscú no era con los turcos sino con sus autoridades. Lavrov es el mismo que cuando estalló la revuelta contra el gobierno ucraniano, que terminó con la renuncia del presidente Viktor Yanukovich, dijo que los europeos parecían aficionados por no haber sabido que la respuesta rusa sería recuperar Crimea.

Ahora el gobierno de Putin directamente acusó a Ankara de estar apoyando al EI y además, de ser el principal comprador del petróleo que se produce en las zonas controladas por los yihadistas. Cuando se pregunta cómo se financia la organización, no hay más que analizar que se sigue extrayendo petróleo en esas regiones y que es llevado en camiones hacia compradores no revelados. Pero hay otro detalle: es muy fácil saber quién compra, porque cada gota del combustible tiene elementos característicos en cantidad y calidad que son particulares de cada sitio, como arenas y azufres varios, sin ir más lejos. Hace algunas semanas el gobierno estadounidense preguntó de dónde salían las camionetas Toyota que los milicianos del EI muestran en las fotos que cuelgan en la Web. Porque son todas nuevitas. O sea, que si se quiere ir al hueso, es fácil encontrar las huellas de quienes financian, abiertamente o no, a los grupos terroristas. Alguien compra el petróleo, alguien vende camionetas, así de sencillo.

Hay otra pata de este intríngulis y es quiénes ingresan a esos grupos como militantes. El Papa Francisco dijo lo suyo al pisar suelo kenyata en su gira africana. «La experiencia demuestra que la violencia, los conflictos y el terrorismo que se alimenta del miedo, la desconfianza y la desesperación, nacen de la pobreza y la frustración», evaluó, punzante.

No sólo Francia tiene el cuchillo entre los dientes en estos momentos. Y el derribo de un avión podría ser una formidable excusa para iniciar una Tercera Guerra Mundial a las puertas de Europa. Allí mismo donde comenzó la primera. Turquía forma parte de la OTAN y por lo tanto un ataque a su territorio merecería respuesta de sus socios militares. Pero Turquía no logró nunca entrar a la Unión Europea. Siempre se buscaron excusas para dejar al país mirando con la ñata contra el vidrio. Y los turcos se quejan: «¿somos buenos para pelear pero no para ser miembros del mismo club?»

Hay voces que desde el nuevo gobierno argentino, y el propio presidente lo dijo con insistencia, reclamaban reinsertarse en el mundo. La canciller designada, Susana Malcorra, es una mujer con experiencia en la actividad privada, como es el perfil mayoritario de la futura administración local, y acredita varios años en la ONU, por lo que conoce los botones que hay que tocar ante cualquier emergencia.

El riesgo de entrar a ese mundo en crisis es grande, porque podría implicar la compra de una guerra que Argentina no provocó ni tiene nada que ganar con ella. Seguramente ahora estas palabras suenen a exageradas. Pero la experiencia de las relaciones carnales fue dramática para el país, y no solamente en el plano económico.

Tiempo Argentino
Noviembre 27 de 2015

Ilustró Sócrates

La democracia muerta en Europa

Si hay alguien que entendió claramente de qué venía el juego entre Grecia y la Eurozona fue el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis. Economista y docente de prestigio en su país, Gran Bretaña y Australia, Varoufakis pronto encontró rechazo en su par germano Wolfgang Schäuble, que reclamó expulsarlo de las reuniones conjuntas. Tenía dos buenas razones: no es fácil embaucarlo porque sabe de lo que habla. Pero lo peor es que publicó en su twit todo lo que se discutía puertas adentro, y eso es particularmente irritativo para las «fuerzas oscuras» de la troika.
En un reportaje a la publicación británica New Statesman, Varoufakis tira un puñado de frases que desnudan el trasfondo que llevó al premier Alexis Tsipras a convertirse en la contracara de lo que prometía. «Los ‘poderes reales’ son como temías…»; «quizás los países endeudados simplemente deberíamos dejar de celebrar elecciones»; «nuestra Eurozona es un lugar muy inhóspito para la gente decente».
La pregunta que se hacen todos quienes apoyaron a Syriza y le habían dado crédito al último discurso antes del referéndum del 5 de julio es: ¿Por qué Tsipras se entregó tan rápidamente? ¿Es que no tenía opciones? Mejor aún: ¿Para qué la consulta popular?
Que la deuda griega es impagable se sabe desde hace cinco años. Las comparaciones con la Argentina del 2001 no son posibles, pero es bueno recordar cómo Néstor y Cristina respondieron ante las amenazas de los acreedores: doblando la apuesta. Así demostraron que cuando hay voluntad política se puede mucho más de lo que parece.
¿Tsipras pensó que podía correr a Schäuble con un referéndum demoledor? Para eso faltó la última puntada, doblar la apuesta. Pero pidió a Varoufakis que diera un paso al costado y después llevó al parlamento una serie de recortes que mostraban sus temores. Era muy probable que en ese contexto desde Bruselas le respondieran que no era suficiente.
A Grecia se le pide disciplina fiscal y económica. Pero en realidad se le exige simplemente disciplina, acatamiento, humillación. ¿Por qué Tsipras no aceptó ofertas de ayuda que le hizo Vladimir Putin? ¿Por qué no aceptó convites de los BRICS de hace unos días?
Grecia tiene mucho más en común con el mundo europeo oriental que con el occidental. Desde la religión ortodoxa hasta los caracteres con que escriben. ¿Es que no quería convertirse en la Ucrania del Mar Egeo? Varoufakis dice que en sus cinco meses de gestión le vio la cara al poder real. Y que esos «poderes oscuros» son como se los imaginaba. ¿Tsipras entendió que los griegos no se querían ir del euro ni de Europa? ¿Comprendió que la democracia ya estaba muerta y fue un gesto inútil convocarla hace apenas diez días?

Tiempo Argentino
Julio 14 de 2015

Las batallas del siglo XXI

En setiembre pasado, el papa Francisco visitó el cementerio de Fogliano Redipuglia, cerca de la frontera con Eslovenia, donde descansan los restos de miles de caídos en el frente nordeste de Italia durante la Primera Guerra Mundial. Fue su modo de recordar el centenario de una disputa que dejó unos 20 millones de muertos, pero que no sería la última gran batalla por el control del mundo. Desde ese lugar, el pontífice argentino advirtió que hoy puede hablarse de «una Tercera Guerra Mundial». Una simple observación del mapa de puntos críticos que pueden envolver al mundo en una nueva y fatal conflagración le da la razón a Jorge Bergoglio, con el agregado de que en algunos lugares calientes del planeta, incluso, la amenaza es nuclear.

En los últimos meses el riesgo de una gran contienda similar a las dos que vivió el siglo XX se extiende peligrosamente en algunas regiones críticas del globo. Pero a diferencia de la Primera y la Segunda Guerra, cuando era posible determinar los bandos enemigos, hoy todo resulta más difuso. Porque por un lado aparece el extremismo identificado como Estado Islámico (EI), que controla amplias regiones en Irak y Siria y sumó a otro grupo terrorista, Boko Haram, de Nigeria. Conocido en algunos distritos como ISIS, por las siglas en inglés para Estado Islámico de Irak y el Levante, o DAESH, por su acrónimo árabe, aboga por la construcción de un califato de tipo medieval en zonas de población árabe, regido por una interpretación radical del Corán, y cobró notoriedad en todo el mundo tras la difusión de una serie de videos en los que sus milicianos muestran atrocidades pocas veces vistas, desde degüellos hasta quema de personas, en una expresión de tétrico marketing del horror. Son también designados genéricamente como yihadistas, porque defienden el concepto de «guerra santa» para imponer la sharía (ley islámica), pero como no son un estado constituido, están al margen de la ONU y la única sanción posible sería la aniquilación a manos de fuerzas coordinadas bajo su amparo. Algo que Estados Unidos viene pretendiendo imponer desde que tras el retiro de sus tropas en Irak se fue conformando este descalabro generalizado en la región.

El otro punto de gravedad superlativa es Ucrania, que desde el derrocamiento de Viktor Yanukovich en febrero de 2014 potenció viejas rencillas nacionales y provocó en primer lugar la reincorporación de la región de Crimea a la Federación Rusa un mes más tarde y luego una guerra civil en el este ucraniano, donde la población es mayoritariamente prorrusa. El oeste del país se alinea con la Unión Europea, aunque sus espadas en el terreno son militantes ultraderechistas que apelan a métodos violentos aprendidos del fascismo. Tampoco ellos tienen demasiado apego a las normas de convivencia internacionales.

Dada la relativa cercanía de ambos escenarios y teniendo en cuenta que tanto en Crimea como en la ciudad de Tartus, Siria, hay bases militares rusas, es dable entender que Rusia –y especialmente su presidente, Vladimir Putin– sea en realidad el verdadero enemigo para los estrategas del Pentágono.

La parábola de Obama

Con la llegada de un hombre negro al poder en Estados Unidos en 2009, una nueva señal pareció alumbrar desde Washington, luego de las controvertidas invasiones a Irak y Afganistán que había iniciado George W. Bush. En esta certeza, Obama fue ungido con el premio Nobel de la Paz a fines de ese mismo año.

Poco antes había lanzado desde El Cairo un discurso que parecía alentador. «He venido aquí a buscar un nuevo comienzo para Estados Unidos y los musulmanes en todo el mundo, que se base en intereses mutuos y el respeto mutuo…», dijo el presidente demócrata ante un auditorio que lo contemplaba complacido en el aula magna de la Universidad Islámica de Al-Azhar.

A tal punto llegaba el sesgo pacifista que en julio de 2009 Obama viajó a Moscú para decirles a los mandatarios rusos –Dmitri Medvedev, presidente, y Putin, primer ministro– que «ningún país puede afrontar los desafíos del siglo XXI por su cuenta, ni imponer sus condiciones al mundo. Es por eso que Estados Unidos busca un sistema internacional que permita a las naciones perseguir sus intereses en paz, sobre todo cuando esos intereses sean divergentes; un sistema donde se respeten los derechos universales de los seres humanos, y se rechacen violaciones a esos derechos; un sistema en el que tengamos con nosotros los mismos estándares que aplicamos a otras naciones, con derechos y responsabilidades claras para todos».

Parecía un giro de 180 grados con respecto a la política beligerante que predominaba en ese país. En mayo de 2010 Obama presentó su primera Estrategia de Defensa Nacional. La Ley de Reorganización del Departamento de Defensa de Goldwater-Nichols, de 1986, obliga a que cada presidente eleve un informe anual al Congreso sobre el rol militar que su gestión le asigna a Estados Unidos en el mundo. Obama siguió la misma línea que había abierto en El Cairo y Moscú un año antes. Mencionaba allí ese esperanzado discurso en la capital rusa y agregaba su compromiso con «nuestros amigos y aliados en Europa, Asia, América y Oriente (…) incluyendo a China, India y Rusia, así como naciones cada vez más influyentes como Brasil, Sudáfrica e Indonesia».

Eran los tiempos en que el retiro de tropas de Irak y Afganistán tenía fecha firme y la Casa Blanca necesitaba acuerdos con el resto de las potencias para garantizar la paz. También eran los tiempos en que Estados Unidos padecía una crisis económica y financiera que asfixiaba sus recursos, como reconocía en aquel documento que ahora parece histórico. A sus aliados de la OTAN no les iba mejor, y además era notorio el crecimiento de las potencias emergentes que terminarían uniéndose en el BRICS, y de otros países latinoamericanos que poco a poco iban alcanzando mayores grados de libertad respecto de Washington.

Lo que parece un análisis económico geopolítico es el punto de partida para el segundo informe de Estrategia de Defensa Nacional, que Obama presentó en febrero pasado. Allí hay un profundo cambio en la concepción geopolítica. Ya la administración demócrata no habla de crisis y economía de esfuerzos sino más bien informa que crecieron el empleo y el PBI y China sigue siendo amigo de Estados Unidos, pero ahora Rusia es una amenaza, lo mismo que los grupos fundamentalistas que crecieron bajo el amparo de sus propias políticas en relación con el mundo islámico. «El extremismo violento y una amenaza terrorista en evolución plantean un riesgo persistente de ataques contra Estados Unidos y nuestros aliados. La escalada de desafíos a la seguridad cibernética, la agresión por parte de Rusia, los impactos de aceleración del cambio climático y el brote de enfermedades infecciosas dan lugar a preocupaciones acerca de la seguridad global».

Pero el cambio más dramático está expuesto en la siguiente frase: «Cualquier estrategia exitosa para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense y avanzar en nuestros intereses de seguridad nacional debe comenzar con una verdad innegable, Estados Unidos debe liderar. Un liderazgo estadounidense fuerte y sostenido es esencial para un orden internacional basado en normas que promuevan la seguridad global y la prosperidad, así como la dignidad y los derechos humanos de todos los pueblos. La pregunta no es si Estados Unidos debe liderar o no, sino cómo debe hacerlo».

Luego detalla las ventajas de acciones conjuntas y señala cómo su gobierno lidera con más de 60 socios «una campaña mundial para degradar y en última instancia derrotar a Estado Islámico en Irak y Siria» y cómo «hombro con hombro con nuestros aliados europeos, estamos haciendo cumplir duras sanciones a Rusia para imponer costos e impedir futuras agresiones».

¿Qué pasó entre un informe y otro? ¿Cómo fue que el Premio Nobel de la Paz se involucró en una escalada que potenció a grupos extremistas sin mucho apego por las formas y los valores que Estados Unidos dice sustentar? ¿Cómo fue que Rusia de pronto se convirtió en un enemigo de fuste, reviviendo los peores momentos de la Guerra Fría?

Luego de aquel discurso de El Cairo, comenzaron en el norte de África levantamientos populares, fomentados desde redes sociales, que se conocieron como la Primavera Árabe. Los gobiernos autocráticos de Túnez, Egipto y Yemen alineados con Occidente tuvieron que irse ante las protestas masivas y luego de brutales represiones. También debieron enfrentar este tipo de cuestionamientos mandatarios para nada proestadounidenses, como los de Libia y Siria.

Pero el tablero internacional no daba para revoluciones democráticas, y prontamente tomaron el poder otros «amigos». La caída de Muammar Khadafi en Libia llevó el caos al país, que se desmembró en bandos tribales, algunos de ellos vinculados con extremistas islámicos.

El caso sirio es más complicado y revela hasta qué punto algunas acciones políticas solapadas despiertan resultados demenciales. Porque el presidente Bashar al Assad es heredero de una dinastía que gobierna a nombre del partido Baas, socialista moderado y laico en una región subyugada por el fundamentalismo religioso. Para derrotarlo, la coalición de la que hace gala Obama en su documento al Congreso no dudó en apoyar a los grupos yihadistas más fanatizados. Cuesta creer que esos milicianos se hayan desbordado en pos de un califato sin que quienes los financiaron –entre los cuales está en primer lugar Arabia Saudita– lo hayan podido prever. Ya había pasado en Afganistán a fines de los 80, cuando para combatir la intervención soviética, desde la CIA entrenaron a los talibán, que luego demostraron ser un grupo fundamentalista y retrógrado. Allí nacería, según el discurso oficial, el grupo Al Qaeda, que ahora dejó su lugar protagónico a EI.

En muy poco tiempo, EI tomó parte del territorio de Irak y Siria. La intentona de Obama de sostener una coalición internacional contra el gobierno sirio, como antes lo había hecho contra Khadafi, tropezó con la negativa de Putin, de nuevo presidente, en setiembre de 2013. La base de Tartus y la tradicional alianza con Al Assad eran un sólido motivo, pero también la necesidad de poner freno a Estados Unidos luego del affaire libio. Obama, entonces, se fue «con la cola entre las patas» pero no es casual que al poco tiempo el grupo yihadista se extendiera como una mancha de aceite.

Las fronteras de Irak, creadas artificialmente por los británicos tras la desaparición del Imperio Otomano en 1922, incluyen población chiíta, sunnita y kurda. Las dos primeras son interpretaciones divergentes y enfrentadas del Islam, los últimos, una nación en busca de un Estado propio. Los kurdos, reprimidos en Irak, Siria y Turquía por décadas, ayudaron a las tropas estadounidenses a derrocar a Hussein y lograron un estatus autonómico con la nueva Constitución. Pero el débil acuerdo entre sunnitas, chiítas y kurdos en Irak se fue quebrando por la propia inoperancia de los amañados ganadores de las elecciones preparadas por los invasores.

El primer ministro chiíta, Nuri al Maliki, tuvo que dejar el poder casi expulsado por Obama ya que se había transformado en un factor irritativo para la mayoría sunnita, lo que fue alimentando el crecimiento de los yihadistas. Si a esto se suma que los territorios ganados por EI o disputados con kurdos y tropas siras son ricos en petróleo que los grupos extremistas no dudan en vender –a comerciantes que tampoco dudan en comprar– se puede tener un panorama de lo que está en juego en la región. También así se entiende la necesidad de Washington de acordar con Irán para que el régimen chiíta persa colabore en la estabilidad regional, a pesar de la fuerte oposición del gobierno israelí, que mantiene a Teherán como amenaza a su existencia. Hace unos días, el secretario de Estado, John Kerry, tuvo la osadía de reconocer que cualquier solución en Siria, luego de cuatro años de una guerra civil sin haber podido expulsar a Al Assad, pasaba por negociar con el líder. Recibió quejas desde Gran Bretaña y Francia, pero también desde su propio gobierno, que se apuró a desmentir al funcionario demócrata.

Nigeria, el país más poblado de África y sexto exportador mundial de petróleo, también sufre los embates de un grupo yihadista, Boko Haram (que algunos traducen como «la educación occidental es un pecado»), que saltó a la fama cuando en abril de 2014 secuestró a más de 200 chicas de una escuela de Jibik. Con un esquema mediático igualmente tenebroso, hace semanas anunció que había decidido someterse a los dictados del califa Abu Bakr al-Baghdadi, de EI, quien prontamente aceptó la promesa de lealtad de los nuevos vasallos.

La oferta de asociación de Ucrania con la Unión Europea (UE) que recibió el presidente Yanukovich en noviembre de 2013, alentó a los sectores proeuropeos de ese país, en muchos casos herederos de una tradición que se puede rastrear hasta la invasión nazi, cuando se aliaron al enemigo de la Unión Soviética. La caída de la URSS y el resurgimiento como nación autónoma de Ucrania no había hecho sino potenciar esa división entre el occidente y el oriente ucraniano, ligado por lazos étnicos y culturales con la Federación Rusa.

También hay que tener en cuenta que en Crimea está la base naval más importante de Rusia y que allí, a mediados del siglo XIX, se consolidó el nacionalismo ruso en la guerra contra las potencias imperiales francesa y británica. La península había sido incorporada administrativamente a Ucrania por el líder soviético Nikita Kruschov en 1954 pero la base de Sebastopol quedó luego en alquiler dentro de una región «rusificada». El rechazo de Yanukovich a la ue despertó protestas masivas en Kiev en febrero de 2014. Con la plaza Maidan tomada por opositores, y tras la muerte de al menos 70 manifestantes, el presidente renunció y el poder quedó en manos de prooccidentales. Unos días más tarde los pobladores de Crimea votaron reincorporarse a Rusia, que inmediatamente aceptó la vuelta del estratégico territorio desde donde se controla el acceso al Mediterráneo por el Mar Negro. Tras las quejas diplomáticas de rigor, la comunidad internacional consintió la nueva situación. Un poco porque reconoció lo que implicaba para los rusos, y otro poco porque en el ajedrez, a veces se deben cambiar alfiles. Y ya tenían a uno de los propios en Kiev. El problema es que las regiones de Donestk y Lugansk, en el este, también votaron por volver a la Federación Rusa. Cierto es que dependen incluso comercialmente de las relaciones con Moscú, pero no es un dato menor que temen una limpieza étnica de parte de las bandas fascistas que pululan en Kiev. Desde entonces, una guerra civil larvada se desarrolla en esa parte del país. Paralelamente, EE.UU. y la UE impusieron sanciones a Rusia por lo que consideran una actitud agresiva al dar apoyo a los «rebeldes» del este.

Un acuerdo de última hora en febrero pasado entre Putin y los mandatarios de Francia y Alemania con el actual presidente ucraniano, el empresario Petro Poroshenko, logró una débil tregua que frenó el deseo de Obama de atacar en lo que sin dudas sería el estallido de la Tercera Guerra Mundial, a las puertas de Moscú. Para Estados Unidos esa sería una nueva guerra fuera de su propio territorio y una enorme posibilidad de negocios para su industria bélica. Para Europa sería una batalla devastadora en sus narices. Ya bastante tienen con los más de 20.000 millones de euros que llevan perdidos por las sanciones económicas.

 

Peligro atómico

El presidente Barack Obama apura un acuerdo de los 5+1 (los países con derecho a veto del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania) por el plan nuclear de Irán. Cada una de esas naciones –Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia– es una potencia nuclear y lo que se busca es la firma de un documento que permita un control internacional sobre el desarrollo atómico del país persa. ¿Quién se opone a este arreglo? Israel y sus aliados internos en el Congreso estadounidense, la mayoría republicana. Para el gobierno de Benjamin Netanyahu, Irán es una amenaza a la seguridad de Israel. Y un Irán con potencial atómico, un peligro letal que se debe exterminar. Pero los 5+1 quieren acordar controles. El riesgo nuclear es real y concreto y mucho más si no hay certidumbre y verificación externa, lo que despierta paranoias que ponen en riesgo de extinción a la humanidad en su conjunto. Sucede que Israel tiene artefactos atómicos, pero como oficialmente nunca los declaró, tampoco se someten a control. Según un informe de la Federación de Científicos Estadounidenses (FAS por sus siglas en inglés), Israel es potencia atómica desde 1967 y hoy tiene 80 cabezas nucleares listas para disparar. Poco en comparación con Estados Unidos (4.764) y Rusia (4.300), pero es el único país de Oriente Medio con ese tipo de armamento, con el telón de fondo del nunca resuelto conflicto en Palestina.

Otros focos de tensión bélica en el mundo coinciden con potencial nuclear de alguna o las dos naciones en conflicto. Es el caso de la India y Pakistán, que mantienen un enfrentamiento por Cachemira. India tiene 120 cabezas nucleares, Pakistán 110.

China tiene una vieja rencilla con Japón por las islas Senkaku. Oficialmente los japoneses, que padecieron los dos únicos ataques con bombas atómicas contra un territorio poblado en la historia de la humanidad, no cuentan con ese tipo de artefactos mortíferos, aunque son aliados férreos de Estados Unidos. China tiene según la FAS 230 ojivas. Beijing reivindica el control de la isla de Taiwán, donde en 1949 se refugió el gobierno derechista de Chan Kai Shek y también recibe el apoyo estadounidense para mantener su independencia. Los chinos, finalmente, rivalizan y mantienen rencillas fronterizas con la India, pero en este caso como ambos integran el grupo BRICS, podría sostenerse que conservarán sus diferencias en sordina. Corea del Norte, por su parte, sigue estando en las pesadillas de los estrategas del Pentágono desde 2012, con sus 10 cabezas nucleares que según su gobierno, podrían alcanzar objetivos hasta en Washington.

Caos y petróleo

Desde que Muammar Khadafi fue asesinado en octubre de 2011 tras 42 años en el poder, Libia se fue sumiendo en el caos. El líder libio fue enemigo declarado de Estados Unidos durante toda su vida y un fuerte apoyo para movimientos de liberación de todo el mundo. En los últimos años había tenido acercamientos con gobiernos derechistas de Europa, como con el italiano Silvio Berlusconi y el francés Nicolas Sarkozy. Eso no impidió que el mandatario galo fuera uno de los más encendidos gestores de la alianza que lo derrocó, que, aparte de los países de la OTAN, incluyó a muchos enemigos internos de Khadafi.

Hoy, en Libia, hay dos gobiernos. Estados Unidos, Francia, Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes reconocen al que tiene sede en la ciudad de Tobruk, en el este; Gran Bretaña, Turquía y Qatar apoyan al gobierno islamista moderado de Trípoli. En el caso de Londres, eso le garantiza petróleo sin cortapisas. Pero en el medio de todo esto también está el avance de EI, que en este clima es casi un elemento de racionalidad, valga la paradoja. La ue, también aquí, busca intervenir. Hay mucho combustible en disputa para dejarlo en manos yihadistas.

En Yemen, luego de la renuncia en 2011 de Alí Abdalá Saleh, quedó en el poder Abdo Rabu Mansur Hadi. Con la promesa de escuchar las históricas reivindicaciones de cada uno de los sectores, mantuvo el orden durante algunos meses. Pero un grupo rebelde chiíta, los hutíes, aceleró el paso para que se cumpliera la palabra empeñada. Hoy día controlan la capital y gran parte del país y el mandatario pidió ayuda a la ONU. En Yemen, EI usa su táctica de atentados terroristas como amenaza contra los hutíes. En Túnez también se hacen fuertes los yihadistas, como para mostrar su intención de construir un califato donde hace un siglo reinaban los turcos.

 

Revista Acción

Marzo 30 de 2015

Miguel Ángel Barrios: «Venezuela es la frontera real con Estados Unidos»

Miguel Ángel Barrios: «Venezuela es la frontera real con Estados Unidos»

En un contexto regional altamente complejo, no viene mal una mirada geopolítica de lo que ocurre en el sur del continente, desde Venezuela, pasando por Brasil y Argentina. «Estamos viviendo un cambio de época», dice Miguel Ángel Barrios, doctor en Educación, en Ciencias Políticas, asesor del Centro de de Estudios Estratégicos para la Defensa, con una serie innumerable de artículos sobre el tema y cursos dictados para fuerzas armadas de varios países latinoamericanos. Barrios escribió uno de los capítulos de Geopolítica y estrategia suramericana, un «insumo estratégico» editado por la Universidad de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, e impulsado por Rafael Correa.

«A nivel general podemos destacar tres o cuatro ejes –abunda Barrios– el epicentro político del mundo se ha desplazado hacia el Pacífico; en segundo lugar la crisis del petróleo como generador y motor de una economía-casino mundial; en tercer lugar: el declive relativo de los  Estados Unidos y la emergencia de nuevos poderes continentales que generan un mundo multipolar y en cuarto lugar: la gran posibilidad de América Latina de a través del Mercosur, de la Unasur, y de la CELAC de materializar la Patria Grande por la cual lucharon nuestros libertadores».

–¿Cuáles deberían ser las hipótesis de conflicto en el marco de la Unasur?

–En principio hay una Escuela de Defensa que todavía está en etapa de elaboración de programas. A eso apunta el libro. Lo concreto es la guerra por los recursos: tenemos que generar hipótesis de confluencia. Estados Unidos viene avanzando y muy fuertemente con el apoyo de Canadá, inclusive de México, en querer policializar a las fuerzas armadas para crear una conjunción entre Defensa Nacional y Seguridad Interior. Hoy el peligro es a categorizar a cada uno de nuestros países como «estados fallidos»; áreas sin gobierno, áreas afectadas por catástrofes naturales para instalarse allí a través de misiones humanitarias o de ONG, para ir realizando lo que siempre ha hecho Estados Unidos, dividir para reinar. Porque ellos necesitan tranquilidad en el «patio trasero» para apostar todas sus fuerzas en Eurasia, donde se juega el poder mundial en la lógica de ellos.

–¿Cómo entra en este análisis la reanudación de relaciones de Estados Unidos con Cuba?

–Yo pienso que es un punto de inflexión. (Barack) Obama ve que no hay otra posibilidad que ante la presión interna y el lobby externo del empresariado norteamericano negociar con Cuba para levantar el bloqueo. Cuba está ante una gran oportunidad histórica de volver a Martí. Eso implica la latinoamericanización de Cuba. Ya hemos visto que Cuba ha presidido la CELAC, está participando activamente en las negociaciones de paz con las FARC. Es decir que Cuba, luego de la caída de la Unión Soviética y tras la muerte de Hugo Chávez, tiene la posibilidad de reinsertarse como siempre lo fue en la Patria Grande, siendo éste un hecho paradigmático de la nueva política internacional. Esto a Cuba y exige a los latinoamericanos a un reencuentro histórico, por eso la figura de Martí cobra una gran importancia. Porque Martí ha sido el último libertador de América Latina y el primero que anuncia la emergencia del poder norteamericano en 1895.

–Usted dio cursos en Venezuela para miembros de las Fuerzas Armadas. ¿Cómo ve la situación allá?

–La situación es preocupante porque Venezuela es la frontera real con Estados Unidos. Venezuela tiene una particularidad geopolítica única: es latinoamericana, es sudamericana y es caribeña simultáneamente. Y el que descubrió eso fue Chávez. Hay un saboteo permanente a través de los paramilitares vinculados a Uribe y de los grupos económicos vinculados a los Estados Unidos contra el gobierno. Es una provocación activa, lo que se está tratando de realizar en Venezuela es un golpe blando, para ir luego contra Brasil y contra el Río de la Plata. La muerte de Chávez produjo gran vacío, pero al mismo tiempo hay que destacar la unidad entre Fuerzas Armadas y pueblo a través de algo que acá todavía nos cuesta entender, pero que en Venezuela es cotidiano como es el concepto de la Defensa Integral. Hay cinco componentes: el Ejército, la Fuerza Aérea, la Armada, la Guardia Nacional –que vendría a ser la Gendarmería– y las Milicias Populares. Por supuesto que se vive una crisis económica que no podemos dejar de reconocer y hay un problema de formación de precios de los grandes monopolios, pero al mismo tiempo decir que Venezuela se está cayendo a pedazos es una difamación tremenda.

–El gobierno de Dilma Rousseff en Brasil está sufriendo embates mediáticos y judiciales.

–El resultado de la segunda vuelta  mostró que en Brasil todavía hay fuerzas que históricamente no están compenetrados con la visión de integración. Si ganaba la oposición, el Mercosur quedaba destruido. Llama poderosamente la atención que una vez que ganó Dilma, de un hecho de corrupción que pudo haber existido en Petrobras hacen un problema de política mundial. Evidentemente es un ataque sincronizado que está habiendo contra América Latina en el cual no es ajeno también el gobierno argentino, independientemente de que hay que diferenciar la causa AMIA y la muerte de Nisman de la cual, por supuesto, todos nuestros dolores y condolencias. Pero evidentemente, como está comprobado a través de Wikileaks, Nisman respondía a las directivas de la Embajada de los EE UU, entonces todo aparece como un movimiento sincronizado de ataque hacia América Latina del que estar muy atento, que empezó en Venezuela. Tiene que ver con la doctrina del general Gene Sharp, quien ha escrito un libro sobre cómo ir generando procesos de desestabilización a partir de generar incredulidad en el sistema político, saboteando el sistema político, no a través de los golpes de Estado clásicos sino de lo que se llama «golpe blando». Hay un movimiento sincronizado del imperio. Lo dijo John Kerry el año pasado en la comisión de relaciones exteriores de la Cámara de Senadores: «América Latina debe ser el patio trasero nuevamente de los Estados Unidos». No se debe escapar nuevamente como ocurrió con los procesos de integración de Unasur.

–¿Cómo se implementaría ese proyecto?

–El 6 de febrero pasado la Casa Blanca presentó su Segunda Estrategia de Seguridad Nacional (ESN). Algo menos de cinco años después de su Primera ESN, y con dos años más de presidencia, Barack Obama quiere reafirmar el papel de EE UU en un sistema-mundo en transición hacia un nuevo «orden» mundial. En 2010, los EE UU, estaban en el pantano de dos guerras perdidas: Afganistán e Irak, con una grave recesión, un desempleo que superaba el 10% y un déficit de un billón de dólares. Siguiendo las categorías del Pentágono, un Imperio fallido. En el 2015 si uno mira superficialmente se encuentra ante un EE UU supuestamente más potencializado internamente, con la reducción del déficit, con mejores cifras macroeconómicas, y la reducción del desempleo a un 5,5% actual con la creación de más de once millones de puestos de trabajo. Pero esto es un engaño geopolítico, una falsedad estratégica en la que no debemos caer, la nueva ESN reafirma la centralidad de EE UU como nación Indispensable frente a las «amenazas» mundiales. La crisis de Ucrania y la «agresión rusa» como llama el documento, es un fracaso de lo planificado en 2010, ya que allí hablan de la cooperación con Rusia, tal vez pensando en quebrar la dupla Medvedev y Putin, lo que no ocurrió. Además, la aparición de un actor en la política internacional como el Papa Francisco, latinoamericano y partidario de un sistema multipolar y de la Patria Grande como lo deja en claro en su primer Encíclica «El Evangelio de la Alegría» y la irrupción de (Alexis) Tsipras en Grecia, son la demostración elocuente de que la historia fluye, y de que no es un tablero electrónico manejado desde un comando. En esta visión multidimensional de la seguridad, el documento expresa la obsesión de no perder en ningún campo de acción, y en especial en el cibernético.
 

Tiempo Argentino
Febrero 21 de 2015