La Ciudad de Buenos Aires amaneció este 19 de marzo como tomada por fuerzas de ocupación. Las estaciones de trenes y subtes emitían mensajes intimidatorios del Gobierno nacional contra la marcha de los jubilados y las requisas en los accesos a la capital argentina y las amenazas de la ministra de Seguridad mostraron un operativo de represión más receloso que una semana antes. A tal punto que fueron colocados vallados en torno al Congreso, desplegados inhibidores de señal en puntos de encuentro de manifestantes y se prohibió la circulación de drones en los alrededores del palacio legislativo y la Casa Rosada. El Gobierno no quería que imágenes como las del ataque contra el fotógrafo Pablo Grillo y la jubilada Beatriz Blanco resultaran los íconos de una nueva jornada de protesta en la que, además, se jugaba la aprobación en la Cámara Baja del DNU que representa una carta blanca para un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) del que se desconocen los detalles, pero se descuenta que será oneroso para varias generaciones de argentinos.
El operativo tuvo tanto gusto a ofensiva represiva contra un creciente rechazo a las políticas oficiales que hasta un exfuncionario del PRO como Pablo Avelluto, exministro de Cultura de Mauricio Macri, se vio en la obligación de advertir sobre el rumbo de la Argentina de Javier Milei.
Un día antes, una cumbre de capitostes del Gobierno se llevó a cabo para delinear los pormenores del operativo. Fueron de la partida Patricia Bullrich, lo que revela que lo ocurrido la semana anterior tuvo consecuencias pese a la reivindicación oficial, el ministro sin cartera Santiago Caputo, los jefes de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) –Sergio Neiffert y su segundo, Diego Kravetz– junto con los titulares de las Secretarías de Justicia y Transporte. Caputo, el hombre gris del Gobierno, había posteado en su cuenta de X personal –se sabe que tiene varias con nombres ficticios, además de manejar un batallón de trols para «difundir» el apoyo a Milei– mensajes preocupantes para los que creen en los valores de la democracia y el respeto por los derechos civiles.
«El socialismo no se discute, se erradica. La casta no se reforma, se destruye. Los enemigos del progreso no se convencen, se eliminan. Y no vamos a parar hasta que el último de ellos desaparezca», anotó, desafiante.
El socialismo no se discute, se erradica. La casta no se reforma, se destruye. Los enemigos del progreso no se convencen, se eliminan. Y no vamos a parar hasta que el último de ellos desaparezca.
Pueden entenderse como bravuconadas para atemorizar ante lo que se avizoraba como una marcha multitudinaria tras el rechazo que provocó la brutal represión del 12-M. En esa línea se mostró la presencia de miembros de la SIDE en tareas para las que la ley no los autoriza. La propia Bullrich se encargó de postear sus mensajes pretendidamente intimidatorios al tiempo que ofreció una recompensa para quienes denuncien a supuestos «violentos». Cómo sería el clima que los medios de comunicación proveyeron de cascos y máscaras antigases a los periodistas que cubrían la protesta.
Marcha o violencia: no es lo mismo.
Alterar el orden público y la vida democrática es un delito federal. Si hay violencia, alejarse. Las Fuerzas actuarán. pic.twitter.com/GpUNe2RvJp
Adentro del Congreso, mientras tanto, se expresaba otra imagen del deterioro en que las instituciones fueron cayendo y que legisladores de este Gobierno no hicieron sino profundizar. Comenzó la votación para la aprobación del DNU 179/25 con recriminaciones por un audio que se filtró del presidente de la Cámara Baja, Martín Menem, llamando a los diputados libertarios a tener una sesión «nada pacífica» con tal de lograr la aprobación del misterioso texto.
Miércoles. La manifestación de cada semana de los jubilados frente al Congreso.
Foto: NA
Hoy como ayer Las diferencias que se traslucen entre el puñado de legisladores oficialistas son tan marcadas que se repitieron escenas de comedia vergonzantes como las de los diputados que la semana pasada se habían enfrentado a trompis ahora amigados y hasta con la oferta de un «pico» de Lisandro Almirón a Oscar Zago y su voto para la presidencia de la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo. Hubo otro choque de la diputada de LLA Marcela Pagano contra el titular de la Cámara, Martín Menem, quien habrá que reconocer que aprendió muy rápido las peores bribonadas de la «casta» parlamentaria. Pagano, de paso, confirmó que los famosos audios eran reales y culpó a Menem por ignorar su nombramiento como presidenta de la Comisión de Juicio Político.
La sesión trató la autorización al Ejecutivo para contraer nuevo endeudamiento con el FMI, en consonancia con el crédito de 2018 que «consiguieron» los mismos personajes ahora estrellas de esta gestión, Luis «Toto» Caputo a la cabeza, con los mismos condimentos de tantas crisis anteriores en el país: fin abrupto de la bicicleta financiera, evaporación de las reservas y riesgo de una crisis terminal de régimen.
Por lo pronto, los senadores de Unión por la Patria avisaron que «firmar un nuevo acuerdo en una clara violación de la legislación vigente en la Argentina (por la Ley Guzmán), no solo acarreará su absoluta nulidad, sino que como fuerza política, no reconoceremos como válida y sujeta a obligaciones por parte del Estado Argentino».
Un primer análisis podría decir que al igual que hace siete años, el Gobierno acude al Fondo para ir a las próximas elecciones legislativas en mejores condiciones. Como se dijo entonces, que el organismo financie en cierto modo la campaña electoral del oficialismo a costillas de toda la sociedad. La cuestión es si el FMI aceptaría un nuevo crédito fuera de las reglamentaciones internas que pusieron en el candelero al staff en aquella ocasión y con tanta flojedad de papeles en el deudor.
El Gobierno, a todo esto, logró un triunfo pírrico: el enigmático acuerdo recibió el apoyo de 129 «defensores de la República», entre ellos el bloque de la Coalición Cívica –referenciado en Elisa Carrió–, los «radicales con peluca», el «apoyo crítico» de Miguel Pichetto y los suyos y, por supuesto, el PRO en pleno. Se opusieron Unión por la Patria y la izquierda y hubo 13 ausencias. Luego, la sesión quedó sin quorum para tratar la prórroga de la moratoria previsional.
El colofón de una jornada de tensión extrema fue que la marcha se registró sin mayores incidentes, aunque con las limitaciones que impuso el desmesurado operativo que, en aras de aplicar el protocolo que impide el corte de calles… cortó buena parte del macrocentro porteño, y quedó flotando la pregunta de quién realmente organizó este operativo y cómo quedará parada la ministra de Seguridad. Hubo, sí, varias escamaruzas cuando los manifestantes detectaron a infiltrados, que fueron corridos oportunamente, y alguna que otra provocación de parte de efectivos policiales. Pero nadie osó tocar las piedras que sospechosamente colmaban los volquetes dispuestos al azar en la zona.
Quedó, a todo esto, una imagen simbólica de esta jornada tan particular, cuando un policía quitó por arriba de un vallado la bandera argentina que portaba un manifestante y la arrojó despectivamente al piso. Una flagrante violación al artículo 222 del Código Penal, que castiga con prisión de uno a cuatro años a quien «públicamente ultrajare la bandera, el escudo o el himno de la Nación o los emblemas de una provincia argentina». Quizás, a su modo, fue la expresión de lo que 129 diputados habían hecho dentro del recinto.
Vallas donde vayas. Un megaoperativo intimidatorio rodeó la plaza y las calles adyacentes.
Habrá que convenir que aburrirse en Argentina cuesta mucho trabajo, aunque de ahí a disfrutar hay un paso demasiado largo. Esta semana no fue una excepción y a las viejas rencillas entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel se le sumaron los choques con el fundador del PRO, Mauricio Macri, al cabo de dos derrotas aplastantes contra el Gobierno en el Congreso: con el DNU que otorga abultados fondos reservados a los espías vernáculos y la fórmula para la actualización de las jubilaciones.
Si hubiera que graficar este momento, tal vez el que mejor lo ilustre sea el de las chicanas extrañamente afectuosas entre el jefe del bloque de senadores peronistas Frente Nacional y Popular, el formoseño José Mayans, con Villarruel. Fue durante el tratamiento de la reforma previsional. Mayans, con ese tono campechano que lo caracteriza, venía argumentando que «Milei cree que entiende más de economía que los 20 zorros que tiene atrás, entre ellos Cavallo, Caputo. Todos ellos forman parte de un clan», dijo, y tomó carrera para lanzar, con mirada cómplice: «Él es un pobrecito. Es un jamoncito, diría la vicepresidenta. ¿Verdad?». La compañera de fórmula de Milei respondió, quién sabe, sorprendida: «Gracias por el favor, Mayans. Gracias por traerme a colación. Un amigo».
Aludían a esa vez en que Villarruel calificó en el canal TN a Milei como el «jamoncito» de un sándwich que la tiene a ella de un lado, mientras del otro está la hermana, Karina Milei.
En esa ocasión también sobrevolaba el debate público un aumento en la dieta a los senadores y desde las granjas de trolls calificaron con sorna a la vicepresidenta de «bicha cruel». Esta vez la diputada Lilia Lemoine fue la que salió fuerte en sus redes.
Villarruel, a su vez, arrojó un dardo contra los críticos de este nuevo aumento de dieta de los senadores.
Como Presidente del Senado convoqué a sesión especial el jueves a las 10 para que los senadores debatan sobre el aumento de sus sueldos. De frente y en forma pública. Nominalmente y exponiendo sus posiciones. Así terminamos con las sobreactuaciones que parasitan a la política… pic.twitter.com/7aZlwgS6l0
Es que un día antes, Milei había fustigado el incremento salarial en cuestión.
EL AUMENTO DE SUELDO DEL SENADO ES UNA TRAICIÓN AL PUEBLO ARGENTINO
Los sueldos del Poder Ejecutivo se encuentran congelados desde el 10 de diciembre. No hubo aumento de sueldo para Ministros, Secretarios o Subsecretarios. Tampoco para mí, que además renuncié a mi jubilación de…
Espacio revuelto Esta fractura quizás irreversible deja al aire las feroces diferencias, no solo entre Milei y Villarruel, sino dentro del propio espacio de La Libertad Avanza, un «rejunte» electoral que pudo servir en su momento para salir a la cancha, pero que ahora no muestra unidad de criterio. Para una agrupación que apenas tiene 38 diputados y 7 senadores, mostrar enfrentamientos internos equivale a una especie de suicidio político. Más aún, porque se trata de un sector que construyó un lugar bajo el sol en base a exteriorizaciones de violencia verbal incontenible contra los que se cruzan en el camino.
El incidente con la visita a los genocidas en la cárcel de Ezeiza dejó profundas esquirlas dentro de LLA. La primera en cuestionar la forma en que algunos legisladores aparecieron en el penal para visitar, entre otros, a Alfredo Astiz, fue la santafecina Rocío Bonacci. La segunda que lanzó un traumático cruce de facturas contra el presidente de la Cámara Baja y titular de la bancada de LLA, Martín Menem, fue la diputada mendocina Lourdes Arrieta. Lemoine, otra vez, fue protagonista de los más feroces agravios contra la joven hija de un cabo primero acusado de torturar a soldados en Malvinas, conocida por haber ido a una sesión con un patito kawaii en la cabeza. Lemoine la acusó de estar «desequilibrada mentalmente» y de «no tener los patitos en fila».
La cuestión entre los dos integrantes de la fórmula que ganó el balotaje pasa por otra sociedad armada cuando quizás no pensaban que podrían estar uno en la Casa Rosada y la otra haciendo sonar la campanita en el Senado. La semana pasada, en un acto que Villarruel, como hija de un oficial de alto rango no se hubiera querido perder, faltó al acto de entrega de los despachos y sables a los nuevos generales, almirantes y brigadieres de las Fuerzas Armadas. Dijo que no la habían invitado. Al otro día, en el aniversario de la muerte de José de San Martin, en Mendoza, alegó haber tenido presión baja. No era la primera vez que su salud fallaba en el momento oportuno.
Milei se jacta de ser el primer liberal −o anarcocapitalista− en haber llegado al Gobierno por los votos. Y es cierto, cualquier otra política cercana a Von Friedrich Hayek o Milton Friedman por estas tierras fue producto de un golpe de Estado y por un giro copernicano de quien llegó al sillón de Rivadavia con otras promesas.
Hay un pariente de los Benegas Lynch, José Benegas, que se define como libertario y en el libro Lo impensado: el curioso caso de los liberales mutando al fascismo, analiza la para él inexplicable alianza de algunos movimientos populistas de derecha que aplican políticas neoliberales mediante contenidos religiosos, que según interpreta, lleva a un proyecto neofascista. Villarruel, en este análisis, sería la raíz católico/militar que le daría lustre a un plan neoliberal. Algo como en la dictadura pudo hacer José Martínez de Hoz con Jorge Videla. Pero ni el dictador ni su ministro de Economía tenían vínculos con las mayorías. De hecho, detestaban al «populacho», en palabras de las oligarquías argentinas. Por primera vez hay un liberal/libertario que se apoya en las masas, aunque sus políticas no muestren que las ama.
De la unión de los liberales con los nacionalistas católicos no salió un catolicismo liberal sino un fascismo virulento. Uno de los padres mintió.
Lo que desde los rincones liberales le cuestionan a Milei es que sus políticas no son verdaderamente liberales. Así lo entienden algunos de sus excolegas, como Diego Giacomini y Carlos Maslatón.
Llevan 8 meses imponiendo una política económica estatista, dirigista, antiliberal de inflación reprimida, generando un país carísimo en dólares con recesión fabricada que todo lo destruye y se reúnen para darse manija con el desastre que desarrollan como si ello pudiese alterar… pic.twitter.com/rMPNM4QWhH
Puede ser que abran el paraguas para no asimilar a Hayek o Friedman a las consecuencias del plan Caputo/Milei. En todo caso, Macri también quiere jugar en ese partido. Y por un lado apoyó el voto contra el DNU de los espías en Diputados y dejó el camino libre para la reforma previsional en el Senado. Lo que le granjeó −por eso de los trolls− violentos epítetos de los más conocidos.
Macri tomó nota y «dio la orden» de aceptar el veto presidencial a la ley previsional.
La mayoría de los senadores que ahora expresan su preocupación por los ingresos de los jubilados son los mismos que se opusieron con vehemencia al cierre y venta de empresas del Estado deficitarias y llenas de corrupción. Hay que recordar, también, que esos mismos senadores…
Una vuelta que no impidió que lo siguieran «atendiendo» desde las redes.
Se lo dedicamos a los que no lograron en 4 años lo que nosotros logramos en 1 mes y cancherean gestión. El déficit fiscal 0 no se toca. Y que lo llore Mayans, Lousteau y Macri. Las epocas del Partido del Estado se acabaron porque La Libertad Avanza. https://t.co/D30KbmXvCV
«Si tomo su tuit significa que no maneja la tropa», opinó Milei sobre el giro del ingeniero, en una entrevista. Y agregó: «O la tropa no tiene magnitud del daño que está haciendo».
Podría decirse que el rechazo en el Senado al mega DNU con que Javier Milei inauguró su gestión en diciembre pasado estaba cantado. Y que esa muerte anunciada en gran medida fue provocada por las continuas agresiones que el presidente le destina sin el menor recato a la dirigencia política, a los gobernadores y hasta a sus propios aliados. Si para los «biempensantes» la sociedad argentina viene sufriendo una grieta desde hace muchos años, más que motosierra lo que La Libertad Avanza instaló fue una topadora que desde su granja de trolls no duda en atacar incluso a su vicepresidenta por no seguir las instrucciones que bajan «desde el Cielo». Y en este áspero transitar, el oficialismo arrastra a los argentinos en una vorágine que golpea a la economía, a la sensibilidad y a los valores democráticos conseguidos en estas cuatro décadas. El voto de 42 senadores contra el DNU 70/23, que modifica de un plumazo más de 80 leyes constitucionales, le puso un freno –aunque por ahora circunstancial– a las aspiraciones de uniformidad y acatamiento que pretende Milei. Sin embargo, el presidente libertario no entierra la iniciativa. Ahora habrá que ver qué sucede en la Cámara Baja, por más que ya gran parte de sus reformas están vigentes. Especialmente tras los aumentos indiscriminados en salud, educación privada y alquileres. Lo que sí deja el claro el debate en la semana de los Idus de Marzo mileísta es la fractura expuesta entre el primer mandatario y la vicepresidenta Victoria Villarruel. Los mensajes que le propinó Milei resposteando amenazas e improperios de todo calibre en las redes sociales –una mecánica de comunicación muy afín al gusto presidencial– fueron devueltos con cierta elegancia y una sonrisa enigmática de su compañera de fórmula. La pregunta es: ¿había necesidad de semejante agresión por haber incorporado el tratamiento del DNU en la sesión del jueves 14?
Trasfondos Los conocedores de los manejos legislativos se desgañitaron explicando que Villarruel no tenía otra opción que dar vía libre al debate porque así lo pide el reglamento. De modo que la opción política hubiese sido negociar la aceptación de los más díscolos o la abstención, cuando se sabía que habría quorum para tratar varias iniciativas en la orden del día, entre ellas la que preocupaba en la Casa Rosada. Pero entre Milei y Villarruel se produjo una fisura desde las primeras horas que se fue profundizando muy velozmente. La designación de la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio en los ministerios de Seguridad y Defensa golpeó directamente en las aspiraciones de la vicepresidenta. Ultraconservadora y descendiente de una familia de militares, hija de un teniente coronel retirado que participó en la Guerra de Malvinas y también fue procesado por delitos de lesa humanidad, había arreglado como parte de su alianza con los libertarios que ella manejaría esa área. Es verdad que el mismo día del triunfo, en la segunda vuelta, sus más cercanos seguidores mostraron una bandera con un logo diferente al de la agrupación ganadora que integró. La represalia bien podría haber sido cerrarle la puerta sin explicaciones, como ya se hizo costumbre en el Gobierno, que cultiva prolijamente el destrato a quienes desplaza de su cercanía. Luego fue ostensible la presencia de la vicepresidenta en actos provinciales, como en Jesús María, Córdoba, o la Fiesta de la Vendimia, en Mendoza. Un artículo del Financial Times destaca la frase de un entrevistado que despertó aún más recelo: «Creo que hay que observarla atentamente; ella está lista para lo que sea», dice, laudatorio. El diario es tal vez el más influyente del mundo de las finanzas internacionales. Y el trasfondo de la cobertura –que se publicó en la primera semana de enero, cuando entraba en vigencia el DNU– era resaltar que, a diferencia de Milei, ella podría garantizar las mismas reformas pero con el consenso político y también militar que necesitan las corporaciones y los organismos como el FMI. Cuando ya era inevitable el tratamiento del decreto, la Oficina del Presidente de la Nación (OPRA), otra de las modas traídas de Estados Unidos por la actual gestión, emitió un comunicado en el que percibe el rechazo como una amenaza al Pacto de Mayo que Milei pretende firmar con los gobernadores, y lanza una indudable chicana: «Esperamos que el Poder Legislativo no se deje cautivar por el canto de sirena de quienes pretenden anotarse victorias de corto plazo». Ella, con la misma sonrisa de vendedora de perfumes con que defiende el rol de las Fuerzas Armadas en la dictadura y busca reivindicaciones para los condenados por violaciones a los derechos humanos, respondió en un video a los ataques de trolls –alguno llegó a pedir que la colgaran en Plaza de Mayo– luego de un nuevo comunicado con el logo de la OPRA posterior al rechazo que afirma: «En su discurso del estado de la Nación, el presidente planteó dos alternativas: el acuerdo o la confrontación. Ha llegado el momento en que la clase política decida de qué lado de la historia quiere quedar. «Mi compromiso con Argentina y Javier Milei es inclaudicable», respondió Villarruel, para luego apelar a un recurso que todavía parece rendir frutos: denigrar al Gobierno anterior y a la dos veces presidenta. «Yo no me voy a convertir en Cristina Fernández de Kirchner, no me voy a convertir en aquello que vinimos a cambiar», dice Villarruel, para concluir marcando la cancha en la línea que les gusta a los inversores. «El Senado es la casa de las provincias y es un poder independiente de la República Argentina (…) No hay Gobierno sin institucionalidad, por eso la política tiene que trabajar para la gente. No hay progreso sin libertad».
Futuro impredecible ¿Cómo seguirá la historia? Es una incógnita. Los rumores de que la apuesta real de Mauricio Macri no era Milei sino ella circulan desde que tras la primera vuelta el expresidente se lanzó en ayuda del expanelista televisivo. El distanciamiento de Macri con Patricia Bullrich por la presidencia del PRO y la posible fusión con LLA no hacen sino exacerbar estas divergencias. Los antecedentes de la historia argentina en torno a disputas entre los dos máximos cargos ejecutivos –uno con el poder de «la lapicera» en la mano y el otro con el «serrucho» entre las sombras– no son nuevos. Desde la recuperación de la democracia, los relatos de intrigas entre Raúl Alfonsin y Víctor Martínez eran moneda corriente en la prensa de la segunda mitad de los años 80. Carlos Menem se llevó a las patadas con Eduardo Duhalde y luego con Carlos Ruckauf; Fernando de la Rúa y sus hijos-consejeros hicieron lo posible para sacarse de encima a «Chacho» Álvarez, sin ver que estaban cavando su propia fosa. Ya en este siglo, la desconfianza de Néstor Kirchner hacia Daniel Scioli era también evidente, para no hablar de las diferencias de Cristina Fernández de Kirchner con Alberto Fernández. Ahora, en esta etapa se juega otra partida. El Gobierno de LLA cumplirá sus primeros 100 días de gestión recién este martes. Se supone que debería estar disfrutando aún de una luna de miel con la sociedad. En cambio, se dedicó a emprender un viaje plagado de turbulencias. En las antípodas de aquel libro de Dale Carnegie, Cómo ganar amigos.
Argentina sigue sumida en una tempestad desde el 10 de diciembre que por previsible no deja de asombrar. Lo que nadie avizora es hasta dónde las «fuerzas del cielo» podrán arrastrar a la población que padece ya los primeros efectos de medidas económicas que se parecen más a castigo por atrevimientos pasados que a un plan para mejorar la vida de los habitantes. O por lo menos, la vida de las grandes mayorías, porque los beneficiarios del «caputazo» y del programa libertario no solo están cosechando sus mieses, sino que además, desde todo el mundo, se acercan para ver en qué nuevo negocio se pueden meter ahora que pintan ofertas de temporada a nivel privatizaciones, concesiones graciosas o eliminación de «molestas reglamentaciones» sobre la actividad privada. Lo que va quedando claro para quienes creyeron que las advertencias eran parte de una campaña electoral es que este plan no cierra sin represión, y que la ministra de Seguridad no volvía a su cargo para sumar CV a su historial como funcionaria.
La avenida del centro La aprobación en general con 144 votos favorables y 109 en contra se logró tras arduas negociaciones en las que el oficialismo dejó de lado más de la mitad del contenido original y llevó adelante un tratamiento inédito por las irregularidades cometidas desde que el proyecto se trató en las comisiones. Así, con el respaldo de las bancadas del Pro, Innovación Federal, la mayoría de los integrantes de la UCR y Hacemos Coalición Federal, junto con el bloque Independencia, el oficialismo alcanzó la aprobación en general. Aliados para el ajuste y el avance de un modelo neoliberal a ultranza que ya se está aplicando sobre el pueblo argentino. Javier Milei envió para su tratamiento en el Congreso de la Nación, en este nuevo intento refundacional de un gobierno recién asumido, una megaley que con el pomposo nombre de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos pretendía el aval para reformar mediante 664 artículos un centenar de leyes votadas a lo largo de la democracia argentina por representantes del pueblo en cada ocasión durante todos estos años. Para alcanzar el apoyo en general bajó una gran cantidad de artículos aunque queda por ver qué ocurrirá en el tratamiento punto por punto. Las dilaciones para avanzar hacen presumir que todavía no cerraron los acuerdos necesarios con las bancadas predispuestas a negociar. Ciertamente, al candidato de La Libertad Avanza lo votó el 56% de los argentinos en balotaje, pero su dotación de legisladores no le garantiza el respaldo del Congreso a menos que acuerde con aliados y amigos. Algo que, con la ayuda del PRO, del bloque Hacemos Coalición Federal, sectores importantes del radicalismo y desprendimientos de Unión por la Patria, como los tres diputados tucumanos que responden al gobernador Osvaldo Jaldo, fue sumando trabajosamente. Por ahora. Porque si bien en esa avenida del medio o «Centrão», como se lo bautizó en Brasil a ese gran centro político acuerdista con el gobierno de Jair Bolsonaro, siempre hay lugar para uno más, no es menos cierto que los apoyos están prendidos con alfileres. Los «centrones» son dirigentes a los que irónicamente se conoce como «dadores de gobernabilidad» y que, a pesar de haber soportado y seguir soportando todo tipo de denuestos y acusaciones del propio presidente, insisten en «darle las herramientas que necesita para sacar al país del abismo», como suelen repetir. Cómo será que el diputado por el PRO, Nicolás Massot, protestó por el bulling oficial que sufren quienes necesita el Gobierno para aprobar la ley y habló de «carpetazos y campañas de desprestigio». Si eso hacen con los amigos… Quizás por eso cada línea del proyecto conllevó ásperos cabildeos en el mayor de los secretos. Fue todo tan desprolijo que en las primeras sesiones hubo denuncias de que el despacho en comisión que había logrado el oficialismo había sido cambiado entre gallos y medianoche y no era el que se llevó al plenario inaugural.
Hotel infinito El matemático alemán David Hilbert inventó una figura para explicar el concepto de infinito. Habla de dos empresarios turísticos que se fijan el objetivo de construir el hotel más grande del mundo. Como siempre podía ser que un competidor hiciera uno más grande, se decidieron por uno infinito. Cuando ingresara un nuevo pasajero, simplemente se le daba la primera habitación y el resto de los alojados debían pasar de la que ocupaban a la siguiente. Siempre había lugar para uno más. Para eso era infinito. Algo así pensó el hasta ahora embajador argentino en Brasil, Daniel Scioli, anunciado como nuevo secretario de Turismo, Ambiente y Deportes. Se suma a las huestes de LLA con otros que quedaron de la gestión anterior, como la secretaria de Minería, Flavia Royon, y el titular del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), Marco Lavagna. La explicación del exmotonauta fue que conoce a Milei desde hace años y que tiene una profunda amistad con su ministro del Interior, Guillermo Francos, a la sazón, representante argentino ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con Alberto Fernández hasta hace nada.
Violencia institucional. El accionar de las fuerzas de seguridad en la Plaza del Congreso dejó como saldo decenas de heridos.
Foto: Télam
Los diputados tucumanos Agustín Fernández, Gladys del Valle Medina y Elia Fernández de Mansilla, tres de los cinco de la provincia por UxP, ya habían anunciado su voto favorable a la Megaley, despertando la furia de sus pares en el Congreso. Se dijo entonces que lo habían hecho luego de conseguir que el Gobierno nacional sacara del proyecto la parte que afectaba a la industria azucarera. Las provincias en manos de mandatarios del PRO o de la UCR, por su parte, también pulsearon para sacar del plan original lo que pudiera dañar sus arcas o a producciones locales, como era el caso de las retenciones. Así consiguieron que el ministro de Economía, Luis Caputo, bajara el paquete fiscal completo de la iniciativa primigenia. Punto para la Liga de gobernadores opoficialistas.
Palos y negocios Si las primeras marchas en contra del paquetazo económico del gobierno libertario parecían haberse encaminado en un tira y afloje dentro de todo civilizado, entre el modelo antipiquete de Patricia Bullrich y el derecho a la protesta, las fuerzas de seguridad federales se despacharon con una ordalía de gases, balas de goma y palos contra los manifestantes que cuando comenzaba a sesionar el Congreso se dieron cita frente al histórico edificio porteño. La represión fue desembozada, indiscriminada y, sobre todo, injustificada. Fue un intento de demostrar fortaleza de una ministra que hace del marketing su razón de ser. Ese raid de gendarmes, policías federales y efectivos de Prefectura Naval dejó un saldo de decenas de heridos, entre ellos, 25 trabajadores de prensa lesionados con balas de goma. La casta, para el gobierno de Milei, no solo son los jubilados, ciudadanos de a pie o militantes que estaban en las cercanías, también los fotoperiodistas y camarógrafos de todos los medios, incluso de alguno que apoya la gestión de Milei. A todo esto, el presidente había pasado el día posteando en la red X mensajes violentos y hasta amenazantes. Lo mismo hizo en su cuenta personal el titular de Economía y la canciller Diana Mondino. No se recuerda en la historia democrática argentina un jefe de Estado o encumbrados miembros de un Gabinete con ese nivel de agresividad. Esa es la esencia del modelo libertario que quieren imponer a los argentinos. Esos ejemplos derraman hacia abajo: un gendarme lució en su chaleco antibalas el emblema de Gadsden, una bandera que viene de la historia estadounidense, al punto que algunos la atribuyen a Benjamin Franklin. Representa las ideas libertarias, fue retomada por grupos antiestatales de EE.UU. en las últimas décadas y creció con el grupo Tea Party, y militantes de Trump que tomaron el Capitolio la lucían como estandarte. Milei retuiteó un post en X de alguien que resaltó ese hecho, mientras que Bullrich se comprometió tibiamente a sancionar al agente. Está obligada a hacerlo porque las reglamentaciones de los agentes de seguridad les impiden tener consignas partidarias en sus uniformes. Habrá que ver qué hace. La otra actividad de Milei tuvo que ver con el mundo financiero. Por un lado, la directora ejecutiva del FMI dijo, mientras el Congreso era un hervidero, adentro y afuera, que no se estaba negociando un nuevo acuerdo por la deuda que el gobierno de Mauricio Macri –con Caputo como protagonista– contrajo en 2018. Un día antes, el directorio había aprobado un desembolso de US$4.700 millones y había festejado las «políticas ambiciosas» de esta administración, aunque alertó por una recesión del 2,8% para este año. Ese mismo día se anunció que el primer mandatario había tenido una reunión virtual con el mandamás del fondo de inversiones BlackRock, Larry Fink, y que el hombre más poderoso del sistema financiero occidental vendría en mayo para analizar inversiones en el país. En los mentideros políticos se dijo, con cierta dosis de verosimilitud, que espera meter baza en privatizaciones a precio de ganga. Junto con el dueño de X y Tesla, Elon Musk, tiene intereses en el litio. Otro con el que habló fue el fundador de Tinder, Sean Rad. Se informó que planean una reunión de emprendedores del mundo tecnológico en Buenos Aires. La plataforma que creó Rad es útil para encontrar pareja. En estos algoritmos navega el país del tórrido verano.
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