El 18 de abril de 2009, en la V Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, Hugo Chávez le regaló a Barack Obama un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. El flamante inquilino de la Casa Blanca buscaba un acercamiento con la región y se presentaba como un nuevo rostro, más amigable, de Estados Unidos. El venezolano lo quería ilustrar sobre el drama de lo que desde Washington se quiere ver como un simple patio trasero. Por gestos como ese, a fin de ese año Obama recibió un Premio Nobel de la Paz. El domingo pasado, el colombiano Gustavo Petro respondió a las amenazas de Donald Trump con una invitación a que dejara de ser “grosero e ignorante de Colombia” y leyera Cien años de soledad, la magistral obra de Gabriel García Márquez, Nobel de Literatura 1982. Pero todo indica que el empresario inmobiliario sigue a pie juntillas un verso de otro uruguayo, Alfredo Zitarrosa, y piensa que, si “un batallón es para batallar”, un Departamento de Guerra es para hacer una guerra. Y a eso se está lanzando en el Caribe con un resultado tan preocupante como incierto.
La ofensiva contra el gobierno de Nicolás Maduro, al que la administración Trump acusó de liderar un cartel del narcotráfico, sigue lineamientos que ya había iniciado Obama en marzo de 2015 cuando declaró a Venezuela «una amenaza para la seguridad de Estados Unidos” y aplicó sanciones a sus líderes políticos. O sea, nada nuevo bajo el sol. Pero ahora se agregó a esta puja el mandatario colombiano: el viernes la Casa Blanca impuso sanciones contra Petro, su esposa, Verónica Alcocer, su hijo Nicolás y el ministro del Interior, Armando Benedetti. Los imputa de tener vínculos con el narcotráfico y los incorporó a la llamada Lista Clinton, un catálogo que elabora la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), una dependencia del Departamento del Tesoro, que está a cargo de Scott Bessent. El «virtual virrey de Argentina», como califican algunos analistas, dijo, sin aportar ninguna prueba, que «desde que Petro llegó al poder, la producción de cocaína en Colombia se ha disparado a su nivel más alto en décadas, inundando Estados Unidos y envenenando a los estadounidenses».
La inscripción de Petro en la lista negra se produce a semanas de que en la Asamblea general de la ONU hubiera fustigado el genocidio en Gaza con el apoyo implícito de EE UU y dijo: “No hay raza superior. No hay pueblo elegido de Dios. No lo es ni Estados Unidos ni Israel. El pueblo elegido de Dios es toda la humanidad”. No sólo eso, junto con Roger Waters llamó a los soldados del ejército estadounidense a que “no apunten con sus fusiles contra la humanidad”. Lo que le valió el retiro de la visa si quisiera volver a cruzar las fronteras. Desde entonces el enfrentamiento no hizo sino escalar.
Así, a cada nueva lancha con presuntos narcotraficantes que las fuerzas de EE UU bombardearon cerca de las aguas territoriales venezolanas, el colombiano respondió que los asesinados eran pobres que a lo sumo transportaban minucias o humildes pescadores y destacó que, en algunos casos, se trató de colombianos y trinitenses, no de venezolanos como informan desde Washington. Además, puntualizó que los verdaderos narcotraficantes “viven en Nueva York, París, Madrid y Dubái. Muchos tienen ojos azules y cabello rubio, y no viven en los barcos donde caen los misiles. Viven junto a la casa de Trump en Miami”. En paralelo, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, se encargó de ordenar la reapertura de la base de Roosevelt Roads, en Puerto Rico, en la que se entrenan tropas destinadas a alguna posible incursión en Venezuela, y ordenó el traslado del portaaviones Gerald Ford (ver aparte), el mas grande de la flota, en una peligrosa provocación contra el gobierno de Maduro, el de Petro y, por si quedaran dudas, de Lula da Silva en Brasil.
La pregunta puede parecer trivial, pero ¿cuánto habrá influido en este encono que el Nobel de la Paz de 2025 fuera para la opositora María Corina Machado y no para Trump? Lo concreto es que parte del resentimiento con Petro se relaciona con que el mandatario desnuda la falacia de los argumentos de Trump.
Este mismo viernes, Petro convocó a una Marcha por la Paz, la Democracia y la Soberanía Nacional que a la vez sirva para establecer un poder constituyente hacia una reforma de la Carta Magna. “Creí que nos podíamos ayudar francamente (con Trump), sin trampas, pero hasta yo mismo tuve que darme cuenta de que la excusa de la lucha contra las drogas es en realidad un programa de control colonial sobre los países de América Latina», dijo a la multitud. «El señor Trump ataca al líder colombiano que más se ha opuesto al narcotráfico, sediento de poder político y de sangre en Colombia”, agregó.
Para Petro, la Casa Blanca se alía con las verdaderas mafias del narcotráfico, entre las que incluye a la oposición de derecha, y en su cuenta de X reveló ayer que “Verónica Alcocer está separada de mí hace años, la perjudican gratuitamente. Ya la oligarquía colombiana había dado orden de procesarla y a mi hijo de abrirle varios procesos. Es su estrategia electoral”.
Vale recordar que Bill Clinton y el entonces presidente Andrés Pastrana firmaron en 1999 el llamado Plan Colombia, un acuerdo que entre otros ítems, se vendió como una estrategia para luchar contra el narcotráfico y poner fin al conflicto armado, con miles de millones de dólares en «ayuda militar». El plan incluyó la instalación de siete bases militares. El 16 de septiembre pasado, EE UU retiró la certificación de Colombia como aliado en la lucha contra las drogas y un día después Petro anunció que dejaría de comprarle armas. «
Los otros desafíos de Donald
Como para demostrar que el principal obstáculo para que se cumpla un alto el fuego que Donald Trump como el que había logrado el 13 de octubre es Israel y no la residencia islámica, esta semana, mientras el vicepresidente JD Vance pisaba suelo israelí, la Knesset aprobó en primera lectura la anexión de Cisjordania. La postura de Vance fue contundente: «Fue algo estúpido. Es algo puramente simbólico, un truco, y personalmente algo insultante». Ya en julio pasado, el parlamento había aprobado una moción -como esta, no vinculante- para declarar que “Judea y Samaria (como se denomina a esa región en la Biblia y pretende la derecha israelí) son una parte inseparable de la patria histórica del pueblo judío”. Ahora, puntualiza que Israel puede aplicar sus leyes y su soberanía sobre los asentamientos que desde 1967 viene construyendo de manera ilegal en Cisjordania «para establecer el estatus de estas áreas como parte inseparable» del estado israelí.
Este cruce que bien puede ser interpretado como un desafío a la Casa Blanca de los partidos que acompañan a Benjamin Netanyahu en el gabinete, es apenas una de las guerras en las que Trump pretende que lo vean como un pacificador. En la otra, Ucrania, tampoco las tiene todas consigo y en este caso los europeos parecen ser los que intentan impedir un encuentro con Vladimir Putin en Budapest, como se había hablado luego de la última charla telefónica entre ambos mandatarios del 16 de octubre.
Europa, mientras tanto, parece definitivamente haber perdido el rumbo y al tiempo que la UE emitió el paquete número 19 de sanciones contra Rusia entre las que incluyó a empresas chinas que comercian con el país euroasiático, el ministro de Relaciones Exteriores alemán intentó mantener reuniones en Beijing. Según informó la agencia germana dpa, Johann Wadephul decidió suspender el viaje porque no había conseguido que ningún funcionario de relevancia lo recibiera. Algo le quisieron decir.
Una característica de Donald Trump y en general de los ultraderechistas que pululan por estos días es su poco apego a la verdad y, por extensión, a las palabras. Y así como un día dicen una cosa, se pueden desdecir sin la menor vergüenza, una definición que no figura en ninguno de sus diccionarios. Habrá que reconocérsele al actual presidente de Estados Unidos, sin embargo, que en junio de 2023 sí había sido sincero al explicar por qué acusaba a Joe Biden de ser blando en el Caribe. “Cuando me fui (enero de 2021), Venezuela estaba a punto de colapsar. Nos hubiéramos apoderado de ella, nos hubiéramos quedado con todo ese petróleo”, dijo en una conferencia de prensa en Carolina del Norte.
Ahora, en cambio, de la mano de su secretario de Estado, Marco Rubio, apela a la retórica tradicional de EE UU y no solo condena a la cúpula del gobierno bolivariano -sin pruebas- de liderar un cartel de la droga, sino que inició una ofensiva contra barquitos a los que imputa servir para el tráfico de narcóticos a Estados Unidos. Por si fuera poco, declaró haber autorizado a que la CIA realice operaciones encubiertas contra las autoridades venezolanas. Como si hubieran hecho algo diferente en América latina a lo largo de toda su existencia.
La última: haciéndose eco de un artículo del The New York Times donde se afirma que los más altos funcionarios de Venezuela acercaron la propuesta de alejar a Nicolás Maduro del poder y establecer nuevos acuerdos comerciales entre Caracas y Washington, Trump se pavoneó de que “Maduro ha ofrecido todo porque no quiere joder a EE UU”. Mientras tanto, ya sumarían 27 las víctimas de los ataques de la principal armada del planeta contra lanchones indefensos en el Mar Caribe.
Para tener una idea del escenario en que esto se desarrolla, digamos que el presidente colombiano, Gustavo Petro, se convirtió en uno de los más lúcidos en plantear el rechazo a una posible intervención militar como la que viene amenazando el empresario inmobiliario. “EE UU no combate al narcotráfico en el Caribe. Trata de robarse el petróleo de Venezuela a costa de la vida de inocentes, como los pescadores de Trinidad y Tobago o incluso colombianos asesinados por los gringos”, declaró. Petro sostiene, con una dosis de realismo impecable, que los argumentos contra Maduro son tan falaces como los que se usaron contra los jefes de estado de Irak y Libia, donde dejaron países arrasados para extraer el petróleo sin trabas. Lula da Silva también se opone a cualquier tipo de operación contra Caracas. «Ningún presidente de otro país puede opinar cómo va a ser Venezuela o Cuba», dijo el líder brasileño en un acto del Partido de los Trabajadores. Algo similar expresó la mexicana Claudia Scheinbaum.
La recién designada Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, también mostró claramente sus cartas estos días. En un video con Donald Trump Junior, el primogénito presidencial, la flamante Nobel promete: “vamos a darle una patada el gobierno y privatizar todo. Olvídense de Arabia Saudita, tenemos más petróleo, gas, minerales, tierras, tecnología, a horas de EE UU”. Esto tal vez haga olvidar a Trump padre el disgusto que tiene por haberle birlado el galardón que tanto apreciaba. Otra de la opositora: felicitó al primer ministro israelí, Benjamin Netanytahu, por «sus decisivas acciones en el transcurso de la guerra» en la Franja de Gaza. La información surge del gobierno de Israel y es la respuesta al mensaje de felicitación de que el primer ministro le enviara cuando se anunció el premio. El tema Venezuela es tan intrincado que el Partido Popular de España, que desde siempre usa el nombre del país a modo de latiguillo-sinónimo de lo peor, busca congraciarse de la designación, olvidando que Machado suele hablar en videoconferencia y reconocerse en Vox, el partido ultraderechista.
Pero la operación militar contra Venezuela tampoco parece caer del todo bien en el Pentágono. Así, el Jefe del Comando Sur, el almirante Alvin Holsey, anunció su renuncia tras poco menos de un año en el cargo. También según el New York Times, el hombre decidió acogerse al retiro en desacuerdo con el cariz que están tomando las cosas en el Caribe y en rechazo a las directivas que el secretario de Guerra, Pete Hegseth, les disparó el 1 de octubre a todos los altos mandos. Ni lerdo ni perezoso, Petro le ofreció trabajo. «Me gustaría que me asesorara en temas contemporáneos que llenan, de nuevo, de esclavitud el Caribe. Mafias, como piratas, se apoderan de sus islas, controlan pueblos, asesinan. Quiero liberar el Caribe de las mafias y creo que la asesoría del almirante, sería bienvenida», dijo. «
Hay varios términos populares para caratular a esos personajes que se arrastran por la vida sin la menor dignidad con tal de obtener alguna ventaja. El diccionario de lunfardo de Oscar Conde define a olfa como apócope de olfaturista, una forma anticuada quizás de “olfateador”, por el que olfatea con ahínco ¿qué cosa? ¿Dónde y cómo sacar tajada, trepar?
Así parece interpretarse la acción que realiza alguien adulador, obsecuente, alcahuete, acomodaticio, arrastrado, genuflexo. Conde, que es profesor de latín y griego, diría que genuflexo viene a flexionar las rodillas (genu). Se entiende el porqué. Otra palabra, claudicar, tiene más o menos el mismo sentido, sin embargo aquí se podría decir que quien claudica al menos hizo algún intento por conseguir algo pero no tuvo la debida persistencia, o el coraje necesario. Es claramente una agachada, por eso del latinazgo “claudius”, renguear.
Tanto prolegómeno para puntualizar que la política internacional del gobierno de Javier Milei ensayó con particular énfasis todas y cada uno de estos sinónimos de «olfa». Desde ofrecerse como faldero sin discusión de las decisiones, caprichos o brutalidades de Estados Unidos e Israel. Con Benjamin Netanyahu podría decirse que hay continuidad, pero con la Casa Blanca, siguió como perro fiel a Joe Biden como ahora a Donald Trump. Aunque es cierto, con el empresario inmobiliario comparte algunas cuestiones ideológicas más profundas, como el extremismo político y social.
Así fue que expulsó de la cancillería a Diana Mondino solo porque el país había mantenido la línea de la democracia argentina de rechazar el bloqueo estadounidense a Cuba. Hizo a los argentinos partícipes de la vergüenza de ser los únicos que acompañaron a Israel y Estados Unidos en varias de las votaciones de la ONU y de hecho, en noviembre pasado, ni siquiera eso. Fue el único país que levantó la mano en contra de una resolución en favor de los derechos de los pueblos indígenas. Podía haberse abstenido, pero no, quería ser más papista que el papa en ese espacio ultra del que se pretende exponente.
La cosa ahora es más compleja. Era obvio que Milei iba a ser enemigo de Nicolás Maduro y el gobierno bolivariano en general. Si decía lo que decía de Lula da Silva o Gabriel Boric, que no le iba a dejar al venezolano. De modo que lo de declarar al Cartel de los Soles como organización terrorista es apenas un paso más hacia la degradación de la Argentina como país con una política exterior autónoma, o por lo menos digna.
La única razón que expone el comunicado oficial del gobierno es que se trata de un grupo criminal trasnacional encabezado por Maduro y Diosdado Cabello “según un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos publicado en marzo del 2020”. O sea, si ellos lo dicen no se discuta más.
Dijimos que el olfa, el obsecuente, el arrastrado, etc, espera alguna ventaja. Y quizás Milei o quienes participaron de esta operatoria –la ministra de Seguridad, el de Justicia y el de Relaciones Exteriores– la hayan tenido o la tendrán en el futuro. ¿Pero Argentina? ¿Y la región latinoamericana y caribeña, que se autodefinió como Zona de Paz? Porque hay que decirlo todo: el objetivo de Estados Unidos es apropiarse de los recursos venezolanos, como no ocultan los jefes del Comando Sur y el propio Trump, por las buenas o por las malas. ¿Los argentinos avalan eso? ¿Hasta dónde llega la claudicación de la dirigencia? ¿El mismo país que auspició el No al Alca ahora aceptará sin cuestionar el Sí a todo, mi amo?
“La gente quiere ir para adelante”. La frase del exembajador argentino en la OEA, Carlos Raimundi, sonaba entrecortada en el celular desde Caracas, donde asistió a la jura de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. Podría ser esa una buena síntesis de lo ocurrido en el país caribeño estos últimos días en que los medios internacionales batieron parches sobre una suerte de rebelión popular que encumbraría al candidato conservador Edmundo González Urrutia para coronarlo como primer mandatario. Nada de eso ocurrió, como se indica en esta edición, más allá de algunas operaciones mediáticas de escaso éxito de la lideresa de ese espacio opositor, María Corina Machado. La tranquilidad en las calles que cuentan los observadores más reflexivos se corrobora, irónicamente, por las críticas feroces contra la oposición encumbrada en la dupla González-Machado que, insólitamente, surgieron de cuentas de X claramente identificadas con el gobierno de Javier Milei que -al mejor estilo del presidente argentino- llegaron a escribir que “la oposición venezolana es lo peor que existe en la humanidad”.
Y tiene su sentido ese posteo de la cuenta en la exTwitter de @ElTrumpista, quien este viernes agrega algunas certezas que comparte el oficialismo bolivariano, sin dudas. “No hay plan, nunca hubo plan, los ilusionaron y les mintieron de nuevo. (…) El ‘presidente’ ni siquiera está en Venezuela y no tiene poder para ninguna decisión del país. Es un chiste”. Y cierra ese de tantos mensajes posteados, siguiendo esa línea de la derecha, que “el presidente -dictador- es Maduro. Le duela a quien le duela”. En otro texto dice: «El mensaje sin ningún contenido de María Corina dejó en claro que es una estafadora más del pueblo venezolano. Igual que Capriles, igual que Guaido».
Suena raro porque Maduro había dicho en su discurso de asunción que “la extrema derecha, liderada por un nazi sionista, un sádico social llamado Javier Milei, al imperio norteamericano, cree que le puede imponer un presidente en Venezuela”. Los cruces de Maduro con Milei y viceversa eran esperables desde que el paleolibertario llegó a la presidencia. Se potenciaron con el otorgamiento de asilo a un grupo de opositores en la embajada argentina, la posterior suspensión de relaciones diplomáticas y se acrecentó tras la detención del gendarme argentino Nahuel Gallo cuando intentó ingresar de manera irregular a ese país, el 8 de diciembre pasado.
Que la oposición que sostuvo la candidatura de González Urrutia en julio pasado es reconocida en el exterior como la única es fruto de una operación mediática que llevó a la cúspide de ese espacio a los sectores más ultras, más cercanos a Milei que a una derecha moderada. Un dato a tener en cuenta es que hay cinco de 23 Estados gobernados por opositores: Zulia, Nueva Esparta, Cojedes y Barinas, el distrito de nacimiento de Chávez. Además, 125 de 310 alcaldías también están en manos de opositores, lo que permite a quienes hablan de dictadura, bromear con «lo extraño que resulta una dictadura con tantos opositores al mando de distritos claves».
Los cuestionamientos a González Urrutia, que como se ve salen de quienes celebrarían la expulsión de Maduro a como dé lugar, tienen su fundamento en que el discurso con el que se presenta se choca con la realidad de que se encuentra cada vez más aislado, aunque ciertos reconocimientos tardíos parezcan decir lo contrario. Llegó a EE UU con la intención de tener su foto con Trump, pero se fue con una junto a Joe Biden. Dijo que volvería al país para asumir con un puñado de expresidentes latinoamericanos, pero no lo intentó, aunque por cierto, el gobierno había ordenado su detención. Se sabe que hubo una operación para ingresar en alguna embajada en el exterior para juramentar «en territorio venezolano», pero eso tampoco ocurrió.
Frente a sus seguidores, en Caracas, Corina Machado dijo que le pidió que no volviera. Finalmente, González envió un mensaje en el que dijo estar en algún lugar «muy cerca de Venezuela» y que volverá «en el momento propicio». Y lanzó un video dirigido a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. «Como comandante en jefe ordeno al alto mando desconocer órdenes ilegales que les sean dadas por quienes confiscan el poder y preparen mis condiciones de seguridad para asumir el cargo», dijo. Ese alto mando juró obediencia a Maduro este mismo viernes.
Luego de esa ceremonia de asunción, Maduro asistió al cierre del Gran Festival Mundial Antifascista al que asistieron más de 2000 representantes de agrupaciones políticas, sociales y culturales de más de 125 países. Allí insistió en que su lucha es la que inició Hugo Chávez en 1999. La etapa que se viene es la de una reforma constitucional, como prometió, para darle más poder a los estamentos comunales. Esto implica que habrá elecciones de constituyentes y antes de fin de año, de gobernadores y alcaldes. Quizás estos chisporroteos de González-Machado sean los últimos de esa dirigencia como representantes de la oposición. Que logró multitud de apoyos en el exterior en una estrategia de «a todo o nada», que tuvo momentos violentos, pero que en el interior no logró cambiar un clima de optimismo y de ganas de estar en paz, por el mayor crecimiento económico de estos dos años (9% en el año que pasó) y la baja de la inflación, que en 2014 cerraría en 85%. Bastante menos que el 195% del 2023. «
Soberanía alimentaria en cifras
Según estadísticas oficiales, en 2008 Venezuela importó 43 millones de botellas de whisky escocés, consolidando su lugar de primer importador de ese licor del mundo. Eran esos, aún, tiempos del boom de los precios del petróleo y el país caribeño importaba la casi totalidad de los insumos básicos para su economía y hasta dilapidaba fortunas en productos suntuosos. Eran años, también, en que Hugo Chávez hacía acuerdos con instituciones argentinas como el INTA y el INTI para desarrollar la producción local y sostener la soberanía en alimentos como en tecnología. Se llegó a importar hasta el 85% de los alimentos de primera necesidad.
Cuando del otro lado se tiene a un enemigo que en su caja de herramientas solo tiene sanciones económicas, aparecen crisis, como las que sufrió el país fundamentalmente desde la muerte de Chávez, en 2013. Pero bien dicen que toda crisis es una oportunidad, si es que se sabe y se puede aprovechar.
Datos oficiales de este año, que resaltó Nicolás Maduro de manera insistente, indican que Venezuela produce el 97 % de los alimentos que consume, un hito que no se registró en los últimos 120 años de la historia del país. Según la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines (Sviaa), la producción de maíz, uno de los cultivos más emblemáticos, aumentará un 2,2% en 2024 respecto al año anterior, alcanzando 1.360.000 toneladas.
Los especialistas atribuyen estos logros a la acción de la Gran Misión AgroVenezuela (GMA), que comenzó en 2011, y de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Y destacan que rubros específicos como el café, la banana, el queso blanco, la mandioca, la zanahoria, las carnes de vaca, pollo y cerdo, la producción local alcanza el 100 por ciento.
“La autosuficiencia en estos rubros no solo garantiza la seguridad alimentaria, sino que también reduce la vulnerabilidad del país a las fluctuaciones de los precios internacionales de alimentos”, puntualiza un informe oficial. El impacto de estos cambios se refleja también en que se frenó la migración hacia las ciudades al crearse oportunidades económicas en áreas marginadas.
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