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El ajedrez de Macri

El ajedrez de Macri

El expresidente Mauricio Macri volvió a mostrar que a pesar de no haberse podido presentar como candidato a presidente por falta de apoyo interno y una gran imagen negativa, nunca quiere estar alejado de los focos. Como quien dice, si no la gana, la empata. Y por eso pretende colar a los suyos en el entorno del futuro Gobierno de Javier Milei. Por lo pronto, si bien no pudo poner a su pollo en el Ministerio de Justicia, tres fallos judiciales volvieron a dejar en claro que mantiene su poder residual en los ámbitos tribunalicios y aspira a renacer como el ave Fénix desde la vicepresidencia de Boca Juniors, a como dé lugar. Sin embargo, la alianza que a las apuradas estableció en el llamado «Pacto de Acassuso» continúa haciendo crujir al espacio político conformado por su partido junto con el radicalismo y la Coalición Cívica. Los chispazos en el encuentro de gobernadores de Juntos por el Cambio (JXC) que se desarrolló en el Club Alemán de Equitación de la Ciudad de Buenos Aires lo manifiestan.
El armado del gabinete de Milei es, a días de la asunción presidencial, escenario de fuertes disputas por sectores de poder dentro del Gobierno del líder de La Libertad Avanza. Allí, el tema judicial fue uno de los primeros en los que Macri quiso meter baza. Autopercibido como el real ganador de la segunda vuelta al haber abrazado la causa Milei al final de la primera vuelta de forma abierta y presumiblemente antes tras las sombras, una de sus principales preocupaciones era cuidarse las espaldas con el cambio de Gobierno, para lo cual pugnaba porque el futuro ministro de Justicia fuera Germán Garavano, el articulador del sistema judicial que armó entre 2015 y 2019.
Pero Milei se decidió por Mariano Cúneo Libarona, a quien conoce de su paso por la Corporación América. Es interesante ver cómo se fueron desplegando las fichas desde que trascendió ese nombre, el mismo 20 de noviembre. El penalista, hábil conocedor del entramado judicial, se apuró a conseguir una reunión con los cuatro integrantes de la Suprema Corte y sacarse una foto «de familia» junto con Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz, Juan Carlos Maqueda y Ricardo Lorenzetti. Proeza importante habida cuenta del encono que hay entre los miembros del cuarteto que forma el más alto tribunal de justicia argentino. Y toda una señal del calibre de Cúneo Libarona. Quería evitar zancadillas como las que se vieron en los primeros días en el mundo Milei por el reparto de cargos en el gabinete entre leales de LLA y los nuevos mejores amigos de JxC y el PJ cordobés, que dejó en el camino a Carolina Píparo, solo por mencionar un caso.

Casualidades permanentes
Hubo tres fallos que por simultáneos no habilitan a creer en casualidades. Uno es el de la Cámara que integran Mariano Llorens y Pablo Bertuzzi, con la disidencia de Eduardo Farah, que revocó el sobreseimiento de Cristina Fernández de Kirchner en la causa que para los medios es de la «ruta del dinero K». Otro el de Casación que con la firma de Guillermo Yacobucci y Mariano Borinsky y la disidencia de Ángela Ledesma, confirmó los sobreseimientos de Macri y de la cúpula de la Agencia de Inteligencia durante su mandato, Gustavo Arribas, Silvia Majdalani y otros miembros de la AFI, en la causa por el espionaje a los familiares de los marinos muertos con el hundimiento del submarino ARA San Juan.
La frutilla del postre sería la decisión de la titular del Juzgado Civil Nº11 Alejandra Abrevaya de suspender las elecciones en Boca Juniors. En un principio programadas para el sábado 2 de diciembre, ya habían sido pasadas al domingo 3 por una presentación de la DAIA que sostenía que los boquenses de fe judía no podrían ir a votar por el shabat. Una catarata de fallos en contra de la actual gestión del club habían irritado al candidato a presidente, Juan Román Riquelme, que se presenta acompañado por el actual mandatario del club, Jorge Amor Ameal. Desde una orden para revisar las estructuras del estadio de la Bombonera por supuestas deficiencias a la clausura temporal luego del partido que perdió el seleccionado argentino contra Uruguay el 17 de noviembre.
Esta vez, Abrevaya, cercana al PRO, tomó le denuncia de la oposición –el exministro de Cambiemos Andrés Ibarra, quien tiene a Macri como candidato a vice– sobre irregularidades en la inscripción de socios con derecho a voto. Entre las razones que esgrime la magistrada, señala que hubo inscripción de socios en varios sábados y domingos, lo que de por si indicaría alguna maniobra sospechosa. Pero como los abogados del club aclararon, esos días eran fines de semana este año, pero no el 2021, cuando ocurrieron esos hechos. Una gaffe increíble.

Choques en el Club Hípico
Ese mismo día, los gobernadores cambiemitas –son cinco de la Unión Cívica Radical, tres del PRO y otros dos de aliados provinciales– se juntaban en el exclusivo club hípico porteño para debatir su rol en esta nueva etapa. Si Macri quiere lucir como el poder detrás de Milei, los gobernadores navegan en una coalición en la que muchos dirigentes aspiran a cogobernar mientras que otros se aferran a que la ciudadanía los puso en la oposición. Y habida cuenta de que Milei no tiene espalda en el Congreso para aplicar sus medidas más disruptivas y desagradables, quieren hacer valer esa necesidad a la hora de negociar con el Gobierno central.
Ahora la disputa es por los fondos que el actual Gobierno les sacó al reformar la ley de impuesto a las ganancias, pero si los recortes avanzan hacia la obra pública, como prometió el presidente electo, temen perder la fuente de las ofertas electorales a sus votantes: agua, cloacas, pavimento, servicios. En ese encuentro se tiraron con de todo y cuando arreciaban las reyertas, los legisladores radicales Facundo Manes, Jorge Rizzotti y Fernando Carbajal dejaron el recinto en protesta cuando la diputada electa Silvana GIudici, cercana a Patricia Bullrich, reclamó «cogobioerno ya». Se entiende, su jefa aceptó sin chistar –y sin consultar con Macri– su probable regreso al Ministerio de Seguridad.
Los mandatarios provinciales pretenden que quien acepta un cargo lo haga a titulo personal, sin comprometer al conjunto. Saben que los efectos de un programa económico tan drástico como el anunciado los termine por afectar en sus votantes, pero básicamente, en sus finanzas. Milei también había prometido poner fin a la coparticipación federal.
«Nosotros no cogobernamos. Pero es bueno que algunos dirigentes que quieran ayudar lo hagan, porque es mejor un Gobierno sólido con buenos dirigentes, que un Gobierno débil. Pero eso no nos compromete ni obliga como garantes», dice el comunicado que firmaron Jorge Macri (CABA), Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco), Ignacio Torres (Chubut), Gustavo Valdés (Corrientes), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Carlos Sadir (Jujuy), Claudio Poggi (San Luis), Marcelo Orrego (San Juan) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe). Es un texto que trabajosamente intenta un camino intermedio entre todas las aspiraciones de JxC. Un espacio que ya perdió al partido de Elisa Carrió y que da la impresión de estar pegado con alfileres. Seguramente a la espera de como se desenvuelvan los acontecimientos.

En la Boca del lobo
La candidatura de Macri en Boca Juniors puede ser interpretada como una estrategia para regresar al lugar desde donde construyó su imagen política, entre 1995 y 2007. Pero también desde donde articuló el frente judicial. En el club de la ribera dejó como presidente a Daniel Angelici, uno de sus más destacados operadores en los tribunales. Allí tuvieron su lugar bajo el sol los fiscales Carlos Stornelli y Raúl Plee, entre otros miembros destacados de un sistema que lo liberó de inconvenientes por actos realizados durante su gestión y en cambio se encarnizó sobre la expresidenta y varios de los integrantes de su Gobierno, como Cristina Fernández volvió a denunciar en sus redes sociales.
Riquelme, de hablar más bien parco toda su vida, dio una extensa conferencia de prensa tras la suspensión de los comicios en la que desnudó la relación hostil que tiene con Macri desde que él fue jugador del equipo –recuérdese el gesto de las manos haciendo de Topo Gigio– y que se continúa en veredas enfrentadas por presidir el club. «Hace 23 años que nada me sorprende de esta gente (…) Hace 23 años que hay una persecución a mi familia. No pasa nada, ya se acostumbraron (pero) da un poquito de tristeza porque amo a mi país, nací en Don Torcuato y voy a morir en Don Torcuato, pero da tristeza que tus hijos cada vez que salgan les digas: “Tené cuidado que no te paren, que no te pongan algo en el auto”», dijo el excapitán del equipo que ganó la final de la Copa Intercontinental al Real Madrid en el estadio Bernabeu, el 28 de noviembre de 2000.
«Cuando ellos gobiernan tienen un poder para comunicar muy grande y les hacen creer al país que son perfectos. Si ellos gobiernan las cosas están bien y si no gobiernan está mal», concluyó Riquelme, tras definirse como apolítico. Su campaña se basa en oponer su propuesta a la de un grupo que solo pretende privatizar al club y utilizarlo para su carrera política.

Revista Acción, 1 de Diciembre de 2023

Acuerdos de ayer y hoy

Acuerdos de ayer y hoy

La idea de convocar a un Gobierno de unidad nacional no es nueva en el candidato del oficialismo, Sergio Massa. Ni siquiera es nueva en ese espacio: la vicepresidenta Cristina Fernández viene insistiendo en que la única forma de poner fin al bimonetarismo y diseñar un proyecto de país sólido es mediante fuertes consensos entre las fuerzas políticas. Pero el ministro de Economía viene delineando ese concepto desde que se puso el traje de competidor en la interna de Unión por la Patria y lo repitió luego de las PASO, cuando quedó claro que la UCR tiene más espalda de la que ellos mismos pensaban y que en la capital argentina los votantes de Martín Lousteau quedaron muy cerca de haber desbancado al representante del PRO, Jorge Macri.
La coalición de la UCR y el partido del expresidente Mauricio Macri fue útil para derrotar a Daniel Scioli en 2015, pero nunca dejó de ser agua y aceite. Y el triunfo en la primaria de Patricia Bullrich desnuda algunas de esas contradicciones, en un escenario en el que el rival por derecha, Javier Milei, desafía varios de los pilares sobre los que se construyó el partido fundado por Leandro Alem.
Hubo tiempos en que no resultaba extraño escuchar en charlas de café que los problemas del país se podían arreglar muy fácil: «Basta con que los políticos se pongan de acuerdo para salir adelante». La frase podía sonar a inocente o incluso «a-ideológica», pero encerraba el imaginario de un ciudadano común que solo aspiraba a que la dirigencia le facilitara la vida mientras él o ella cumplían su parte con la sociedad. Era la esperanza con la que los argentinos vivieron el retorno de la democracia, hace justo 40 años, pero la realidad mostró que esa virtud no es tan fácil de conseguir.
Y no es que a nadie se le haya ocurrido, ni siquiera se trata de que no se hayan registrado algunas coincidencias básicas desde 1983. El «Nunca más» era seguramente la más sólida. Otra fue la respuesta de la oposición peronista durante el Gobierno de Raúl Alfonsín ante el levantamiento de los militares «carapintadas» de Semana Santa de 1987. El «Usted es el comandante en la batalla, somos uno solo en esta pandemia» del radical Mario Negri al presidente Alberto Fernández de marzo de 2020 es quizás el más reciente ejemplo de unidad nacional. Aunque duró poco. Hubo otro, espontáneo y por lo tanto mucho más revelador, durante el mundial de fútbol de Qatar, que culminó con 5 millones de personas en las calles celebrando alegre y pacíficamente el triunfo del seleccionado argentino. Pero pronto «diferencias insalvables» volvieron a enturbiar las relaciones.

Un poco de historiaEn momentos críticos de la historia nacional hubo dirigentes que trataron de tender puentes para «salir adelante». Se podría ir hasta el principio de la Argentina como país, pero para no hurgar tan lejos, la ley electoral que permitió la llegada del primer Gobierno radical a la Casa Rosada, entre el que luego sería presidente, Hipólito Yrigoyen, y Roque Sáenz Peña, en 1912, podría inscribirse en esta somera lista desde el siglo XX. Otro radical, Ricardo Balbín, llegó a negociar una fórmula presidencial con Juan Domingo Perón en 1972, según confirma quien fuera secretario del PJ, Juan Manuel Abal Medina, en un reciente libro de memorias. En épocas más recientes, el Pacto de Olivos entre Alfonsín y el entonces presidente Carlos Menem, que llevó a la reforma constitucional de 1994, fue otro momento de coincidencias. Varios testigos de aquellas discusiones, que se llevaron a cabo fuera de los focos, mostraron las dificultades y las amenazas que se cernían sobre el sistema democrático. Algunos años antes esos dirigentes habían tenido que acordar la entrega adelantada del poder en medio de la hiperinflación. El mismo Alfonsín sería clave para otro pacto con un sector de la oposición peronista que lideraba Eduardo Duhalde, en 2001, cuando el país estallaba por los aires durante el gobierno de Fernando de la Rúa. De ese compromiso participó también la Iglesia Católica, entonces comandada por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio. Hay que decir que De la Rúa había llegado al Gobierno con la Alianza, que integraban movimientos de centroizquierda en los que había peronistas disidentes del menemismo, militantes del socialismo y el comunismo e independientes que en la interna habían apoyado a su vice, Carlos «Chacho» Álvarez. Los emergentes de esos incendios fueron primero Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández. El radicalismo había quedado malherido y parecía en vías de extinción, y Néstor Kirchner sabía que para consolidar su proyecto tenía que ampliar su espacio político: había llegado con apenas el 22% de los votos y enfrente tenía al propio Menem, que había obtenido el 24%. Si no hubo balotaje fue porque el expresidente sabía que detrás de Kirchner iría todo el rechazo a su figura, que era mucho. Pero esa contradicción permanecía dentro del PJ.

Transversalidad

Así se explica la fórmula del Frente para la Victoria de 2007, con Cristina Fernández y el que había sido gobernador mendocino por la UCR, Julio Cobos. Esa coalición, dentro de una estrategia llamada «transversalidad», terminó abruptamente en julio de 2008 cuando el vicepresidente votó contra la resolución 125, de retenciones móviles a productos agropecuarios. Vale recordar que el primer Gabinete de Fernández estaba conformado por Lousteau en la cartera de Economía, Graciela Ocaña en Salud y Florencio Randazzo en Interior.En 2015, el que era jefe de Gobierno de CABA, Mauricio Macri, también tentó al radicalismo en una coalición, que tenía como objetivo derrotar al kirchnerismo. Pero había otras opciones y en la Convención de la ciudad entrerriana de Gualeguaychú, la UCR tuvo que decidir entre una alianza con Sergio Massa, que había fundado el Frente Renovador tras distanciarse de Cristina Fernández, o con el alcalde porteño. Esa vez se acordó apoyar al ganador de una interna entre Macri y el mendocino Ernesto Sanz. Consecuencia: Macri derrotó en segunda vuelta a Scioli, pero una vez en la Casa Rosada no dejó conformes a los radicales, que siempre se sintieron excluidos de las grandes discusiones. Los argentinos se enfrentan ahora con situaciones críticas que hacen creer que la historia en estos lares tiene recurrencias dramáticas insalvables. Quizás esas recurrencias sean la mejor explicación al fenómeno Milei, con lo que tiene de retrógrado y amenazante para la convivencia democrática. Como Cristina Fernández y Sergio Massa, muchos dirigentes entienden que de este laberinto solo se puede salir con grandes coincidencias que demuestren las virtudes de la democracia. De hecho, la candidatura del líder del Frente Renovador dentro de Unión por la Patria es una señal en ese sentido. Y la invitación a esos sectores radicales que no se sienten cómodos al lado de Bullrich y en Juntos por el Cambio debería ser algo más que una estrategia de campaña. Podría ser un puente para lograr coincidencias históricas que terminen con la inflación, consoliden una moneda nacional, terminen con la dictadura del FMI y demuestren que la democracia permite comer, educar y tener salud. 

Revista Acción, 8 de Octubre de 2023

Recalculando

Recalculando

A medida que se acerca la hora de la verdad, las estrategias de campaña de cada uno de los tres espacios que quedaron perfilados para un eventual balotaje tuvieron que reciclarse a las apuradas. Se debe recordar que la noche del 13 de agosto fue particularmente sorpresiva para todos: si bien el escenario de tres tercios estaba en los cálculos, nadie veía en el horizonte que la pole position sería para Javier Milei. Una de las más afectadas fue, seguramente, Patricia Bullrich, que descontaba un triunfo importante sobre su rival en la interna de Juntos por el Cambio (JxC), el alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta. Bullrich ya se veía poniéndose la banda presidencial el 10 de diciembre como lideresa de la oposición al kirchnerismo, que parece ser el objetivo instalado como la gran utopía del 2023. Luego de los primeros momentos de incertidumbre, en los que Bullrich fungía como la oposición, tuvieron que barajar y dar de nuevo.
El temperamento corrosivo de la exministra de Seguridad de Mauricio Macri podía haber dado dividendos en JxC, pero ahora ese «modelo cowboy» se muestra representado por Milei, que supera con creces la amenaza de recortes que Bullrich garantizaba con su pasado durante la gestión de Fernando de la Rúa. El líder de La Libertad Avanza incluso no tiene empacho en despotricar contra la justicia social como fuente de todo mal.
Lo que queda claro es que desde el 14 de agosto Milei es la estrella de los medios y hasta su vida sentimental forma parte de la campaña electoral. Son más de 7,1 millones de votos que tienen sus razones para inclinarse por una propuesta que centra gran parte de su discurso en la inestable situación económica, algo que ninguna de las coaliciones mayoritarias pudo resolver en los últimos dos turnos presidenciales. 
Su gran desafío es mantener –cuando no incrementar– ese flujo de votos, algo que no tiene asegurado. Su propuesta de estabilizar la crisis mediante una dolarización parece haber prendido en una parte de la sociedad, a pesar de las dificultades que generaría y de que no tiene el apoyo de la mayoría del empresariado, que aún recuerda lo que significó la convertibilidad; pero de allí se pudo salir.
También en el oficialismo tuvo su impacto la sorpresa de Milei, ya que Sergio Massa aparecía en los sondeos como el ganador individual de la PASO y su esperanza era construir desde allí una candidatura con aspiraciones. Massa casi no circuló por los medios en los primeros días –salvo un reportaje en C5N y otro en Crónica TV para dar sus razones de la devaluación–, pero se mostró discutiendo con los funcionarios del FMI por el desembolso, que en el organismo dejaron –no inocentemente– para después de las PASO. Luego se mostró con el presidente Lula Da Silva en Brasil por un acuerdo para pagar importaciones con yuanes.

Tabla de salvación
Bullrich mostró gruesas fallas a la hora de pretender explicar cómo piensa combatir la inflación, eliminar las restricciones cambiarias y quitar las retenciones, todo al mismo tiempo y sin llegar a un estallido. La supuesta solución que llegó a JxC vino del lado de Carlos Melconian, un siempre aspirante al Ministerio de Economía de cualquier Gobierno. El extitular del Banco Nación del macrismo viene llevando sus planes a todos los espacios políticos –se llegó a reunir con la vicepresidenta Cristina Fernández– y ahora entiende que es su momento, mientras que en JxC lo ven como la tabla de salvación. Bullrich necesita mostrar algún plan que parezca razonable y, además, retener a los votantes de Rodríguez Larreta y los de la Unión Cívica Radical. Menudo desafío luego de haberlos castigado por «blandos».
La apuesta por Melconian no es solo por tratarse de un personaje mediático con verborragia suburbana que tiene presencia en las pantallas desde hace décadas. Detrás de este nativo de la localidad bonaerense de Valentín Alsina hay un conglomerado de empresas nacionales que son las mismas que en su momento apoyaron a Domingo Cavallo.
De hecho, ocupa el mismo cargo que otrora llevó a la fama al mentor de la convertibilidad en el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea, nacida durante la dictadura cívico-militar en la provincia de Córdoba bajo el empuje del empresario Piero Astori. Con solo nombrar los apellidos que se unen detrás del sello se percibe cómo se juegan esas fichas: preside la fundación María Pía Astori, la secundan Marcos Brito y Sergio Oscar Roggio, y ocupan cargos Sebastián Bagó y Adrián Alberto Urquía, por mencionar a algunos.

¿Problema regional?
Por el lado de Milei, a la euforia inicial le siguió una temporada de calma. Quizás cumple así con el teorema del exdiputado Raúl Baglini y ante la posibilidad de un triunfo en octubre su discurso se va haciendo más moderado. Ya dio algunas señales de que sabe que deberá negociar con esa «casta» que afirma despreciar y anunció que su ministro del Interior sería Guillermo Francos, quien cumplió tareas con Cavallo, con Daniel Scioli en el Banco Provincia de Buenos Aires y hasta hace unos días con Alberto Fernández como representante argentino en el BID.
Donde Milei despierta más incertidumbre es en política exterior. Su anuncio de que no mantendría relaciones con «países comunistas» –léase China– y romper con el Mercosur generó la réplica del ministro y candidato Sergio Massa en el Consejo de las Américas. «Si no le vendemos a China ni a Brasil ¿de dónde creen que se pueden sacar los dólares para dolarizar?».
Milei también recibió alfilerazos de Lula da Silva, del presidente colombiano Gustavo Petro y del mexicano Andrés Manuel López Obrador, que advirtieron sobre lo ocurrido con Hitler, que tomó el poder en un contexto de alta inflación y descrédito social y provocó una tragedia. Saben que su llegada a la Casa Rosada crearía una situación insostenible a nivel regional.
Lo que genera también preocupaciones en la clase empresarial, que de buena gana aplaude las reformas laborales y sociales que promete el creador de LLA, es que saben que sus intereses estarían en riesgo ante un escenario como el que ahora avizoran.
Massa, en tanto, no la tiene fácil. Le resulta evidente que el FMI juega para la oposición, cualquiera que sea, y busca todas las alternativas para poder entrar al balotaje. Se siente más cómodo contra Milei, al que le tiró algún centro desde Washington cuando dijo que fue el único que no vapuleó al país en su visita a la sede del organismo tras las PASO: palo para «un exministro de JxC» que habría pedido que bloquearan todo apoyo el Gobierno. En Brasil, Da Silva le recomendó dejar de salir a buscar dólares y enfrascarse en sumar votos. Sus recorridas por el interior del país y sus encuentros con gobernadores y dirigentes políticos afines apuntan a eso.

Revista Acción, 5 de Septiembre de 2023

Un lugar en el mundo

Un lugar en el mundo

Que el mundo está en un acelerado proceso de cambios geopolíticos es innegable. Y que en Ucrania se juega el futuro de la configuración del siglo XXI tampoco. La moneda está en el aire, pero el multipolarismo ya es una realidad y en ese escenario, con las elecciones argentinas en el horizonte, el papel que jugará el país también es clave. Datos a tener en cuenta: el crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) al Gobierno de Cambiemos –que incluso en la gestión de Donald Trump reconocieron que era para apoyar a Mauricio Macri como socio en su embestida contra Venezuela– es una atadura que condiciona cualquier política económica y exterior. Las frecuentes visitas de la jefa del Comando Sur, Laura Richardson, y otros altos dignatarios del actual Gobierno de Estados Unidos son también un llamado de atención, si se tiene en cuenta la ofensiva antichina de la Casa Blanca y el mensaje explícito de la generala por los recursos naturales de la región.
En ese contexto, ni bien las tropas rusas cruzaron la frontera en 2022, los diputados del PRO Waldo Wolff y Gerardo Milman promovieron un viaje a Varsovia, capital de Polonia, para «ponerle el cuerpo a la paz» en Ucrania y contra Rusia.
En tanto, a principios de este mes, en otra conmemoración de la gesta de Malvinas, volvieron a aparecer voces que postulan no ya la inconveniencia de reclamar por la soberanía sino incluso cuestionan los derechos que le caben a la Nación en esos territorios. En este embrollo, a aquel viejo inventario sobre la decadencia argentina centrada en los 80 años de populismo, se le agrega que ese período coincide con la postura argentina en la Segunda Guerra Mundial que, entienden estos sectores de la derecha, condenó al país por no haber secundado a las potencias aliadas en contra de la Alemania nazi desde el primer día.
Para Eric Calcagno, exembajador en Francia y ex senador, no hay dudas de que Argentina debe respetar su vieja tradición de neutralidad, posición que se mantuvo en las dos guerras mundiales –en ambos casos decididas por gobiernos conservadores– «y que potenció Arturo Illia al no haber aceptado participar en la invasión a República Dominicana» en 1965.
Por su parte, Juan Tokatlian, vicerrector de la Universidad Di Tella y master en Relaciones Internacionales por la Universidad Johns Hopkins, señala que «resulta difícil pensar que tenga algún dividendo para cualquier gobierno que surja en diciembre alinearse estrictamente con Occidente o ir a un hiperoccidentalismo», y se explica: «Ocho de cada diez dólares de exportación argentina en 2022 fueron a países no occidentales», y para más claridad, con India hoy día el comercio es cuatro veces superior al que se realiza con Francia.
Fuentes de las Fuerzas Armadas, por otro lado, informan que hay un sector importante –aunque silenciado– que se mostraría mucho más dispuesto a sostener decididamente a Rusia y a los países del grupo BRICS (que integran además Brasil, India, China y Sudáfrica) con un sencillo argumento: «Ellos apoyan nuestra soberanía en Malvinas y del otro lado están el Reino Unido y la OTAN, que tiene una base militar en nuestras islas». De todas maneras, la cuestión Malvinas no parecería que vaya a integrar el eje de ninguna campaña. Así lo entiende Tokatlian. «En otra circunstancia la decisión del Gobierno de haber dado por finiquitado el acuerdo Foradori-Duncan hubiera despertado debates, artículos de prensa, comentarios, pronunciamientos de varios partidos en la línea de alguno de sus líderes que se han manifestado con un relativo desdén frente al tema o con el convencimiento de que es un reclamo innecesario. No sucedió nada de eso. El tema se cerró a los dos días», deduce.
Calcagno, a todo esto, recuerda las consecuencias de una sociedad plena –«relaciones carnales» se las llamó en los 90– con Estados Unidos. «La vez que intervenimos en una guerra en la que no teníamos nada que ver, como fue la del Golfo (1990), importamos problemas, como los atentados a la embajada de Israel y la Amia». Y completa: «Apoyar a EE.UU. no nos deparó la prosperidad. Eso es algo fáctico».
El problema más grave es cómo encontrar resquicios para esquivar las ataduras a que obliga el FMI, donde la posición de Washington es determinante. Es que, si bien del organismo forman parte todos los países del BRICS, con solo el voto contrario de EE.UU. se puede bloquear cualquier acuerdo. Aunque es cierto que la influencia de ese país mermó. De las sanciones contra Rusia dictadas junto con los países europeos no participan más de 40 naciones sobre 193 que integran la ONU. «América Latina nunca ha tenido una tradición de respaldar sanciones económicas y en este caso ha actuado como lo hizo históricamente», detalla Tokatlian. Tampoco se sumó el Sur Global.
Otra posibilidad sería que en vista de que China e India ya tienen envergadura como para discutir el rol de cada uno en el Fondo, se cambien las reglas de juego. «EE.UU. no quiere que se revean las cuotas de votos porque perdería su posición dominante –reseña Calcagno– por eso no solo hay que pedir que se actualice sino abrir otras oportunidades, otras ventanas, como la de los BRICS, donde los métodos de financiamiento y comercio son distintos y se realizará en otras monedas que no son el dólar».
La cuestión es si la dirigencia que asuma el 10 de diciembre estará a la altura de estos tiempos complejos.

Revista Acción, 13 de Abril de 2023