Hace exactamente medio siglo, entre el 6 y el 25 de octubre de 1973, se produjo una guerra feroz tras un ataque sorpresivo de fuerzas árabes contra las posiciones israelíes, que coincidió con dos acontecimientos sagrados para los pueblos que habitan en los territorios de Medio Oriente: la celebración de Yom Kippur y el mes del Ramadán. Para los libros de historia, cualquiera de esos dos nombres sirve para mencionar a esa contienda, llamada a ser trascendente no solo porque fue una gran derrota para los palestinos, una gran demostración de poderío militar de Israel y creó las condiciones para un notable cambio estratégico, sino porque trastocó el mercado del petróleo de un modo crucial para las economías del mundo.
Como entonces, las luchas geopolíticas atraviesan este nuevo conflicto. En aquel momento, plena Guerra Fría, los dos contendientes globales eran Estados Unidos y la Unión Soviética, y el Medio Oriente una de las aristas de esa puja en todo el planeta. Esa vez, el conflicto se inició cuando tropas egipcias y siras cruzaron sus fronteras hacia Israel. El apoyo de Washington a Tel Aviv era clave desde la creación del Estado de Israel, y Moscú brindaba su respaldo tanto a El Cairo como a Damasco.
En ese contexto, los países árabes productores de petróleo anunciaron como represalia un fuerte incremento en el precio del oro negro, que pasó de 3 dólares el barril a 5,75 en un día, más de un 90 % en 24 horas. La Organización de Países Exportadores de Petróleo, (OPEP), redujo la producción un 25% y empujó a las corporaciones a buscar el preciado elemento en otras regiones. Mientras tanto, la cultura de los países del entonces llamado Primer Mundo cambió radicalmente: ya no se podía dilapidar combustible sin consecuencias dramáticas para cada economía. Ya nada fue igual.
Lo concreto es que Estados Unidos –diríase mejor su secretario de Estado, Henry Kissinger- logró maniobrar como para que Egipto abandonara su alianza estratégica con la URSS y tendió a un acercamiento a Occidente, que culminó en acuerdos de paz con Israel en la residencia de Camp David, ya con Jimmy Carter en el poder, entre el líder egipcio Anwar Al Sadat y el primer ministro israelí Menachem Begin, en 1978. Ambos ganaron el Premio Nobel de la Paz por esta acción. Como parte de esos acuerdos, Israel devolvió la península de Sinaí, tomada en 1967. Sadat fue asesinado por soldados egipcios durante la celebración del 8 aniversario de aquella incursión en territorio israelí, en 1981.
Detrás de esta nueva escalada también está la sombra de Washington y de Moscú, aunque no aparecen hasta ahora de un modo tan directo. Tras la disolución de la URSS quedó en pie una Federación de Rusia con menos territorio e influencia ideológica, pero con su enorme poderío nuclear y una recuperación a nivel militar que se fue haciendo más evidente desde que el gobierno de Vladimir Putin puso todas las fichas para sostener a Bachar al Asad en Siria en 2011, tras la embestida de la llamada Primavera Árabe que impulsaba la administración de Barack Obama. Una posible extensión del conflicto podría derivar ahora en una guerra a escala local de imprevisibles consecuencias que se sumaría a la situación en Ucrania.
Un dato no menor es que Rusia integra junto con Brasil, India, China y Sudáfrica el grupo BRICS, de naciones que disputan el podio de las potencias dominantes con Estados Unidos. En la última cumbre, en agosto pasado en Johannesburgo, decidieron ampliar la membresía a otros seis países. Entre ellos está Argentina, pero también –y no se trata de casualidad o de simpatías personales- Etiopía, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Egipto e Irán. Juntos suman alrededor del 80% de las reservas de petróleo internacionales y también tienen el control de los principales pasos para el transporte del fluido: Los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb y el Canal de Suez.
El gobierno saudita ha sido un tradicional aliado de Washington y el principal sostén del dólar por su comercio petrolero en esa moneda. Pero esa fe monetaria y estratégica viene declinando y ahora está en el lugar de socio no confiable. Aun así, mantiene negociaciones para normalizar sus relaciones con Israel, al tiempo que dio un batacazo al reanudar sus lazos con Teherán. Irán sigue siendo el enemigo más claro para los israelíes, por eso estuvo entre los primeros gobiernos en brindar su apoyo a Hamas en esta ofensiva de 2023.
Según indican varios analistas, la guerra en Ucrania desvió recursos que estaban destinados a Israel, y eso puede haber inclinado la balanza en Gaza a favor de una incursión sorpresiva. Pero no se debe olvidar que el primer ministro Benjamin Netanyahu llegó nuevamente al poder de la mano de los partidos más extremistas, lo que exacerbó los ánimos entre árabes e israelíes. Otro dato es que la embestida del primer ministro contra el poder judicial renovó fisuras en la sociedad que quizás solo una guerra puede cauterizar.
El primer ministro Benjamin Netanyahu anunció que Israel “está en guerra” y que ordenó una “amplia movilización de reservistas” para repeler los ataques y las incursiones que desde temprano realizaron milicianos de Hamas desde la Franja de Gaza. Se trata de una ofensiva que tomó por sorpresa al gobierno, según afirman las autoridades israelíes, en el día de Yom Kipur y cuando se cumplen 50 años de esa otra guerra que dio pie a cambios profundos en la distribución del poder regional (ver aparte). Pero en este caso, la campaña en Gaza que el jefe de Estado israelí promete devastadora, le puede servir para consolidarse hacia su frente interno, para la formación de un gobierno de emergencia nacional, junto a su exsocio político, Benny Gantz de Unidad Nacional, y Yair Lapid, del partido Yesh Atid. Señal de que la contienda no se prevé corta. E incluso se sirve para hacer olvidar el controvertido proyecto de reforma judicial que lo enfrentó con gran parte de la sociedad.
El apelativo que se le dio a los operativos ya es un indicador de cómo y desde dónde se plantea este momento palestino. El grupo islamista que tiene el poder en Gaza, Hamas, nombró a la operación Tormenta de Al Aqsa. Hasta anoche se llevaban arrojados más de 5000 cohetes sobre territorio israelí, con un saldo de más de 500 muertos en total y cerca de dos millares de heridos.
Desde que Netanyahu volvió al poder en diciembre de 2022 –con el apoyo de partidos de la derecha supremacista- los ataques contra la población árabe fueron cada vez más frecuentes, ante el rechazo de gran parte de la sociedad israelí, que apuesta a la convivencia democrática y tampoco quiere un sistema judicial a la medida de la derecha. El último incidente en la mezquita de Al Aqsa, de Jerusalén, un lugar sagrado para los musulmanes, fue en agosto pasado. En esa ocasión el imán Ekrima Sabri calificó a la arremetida de fuerzas israelíes contra los fieles que realizaban la oración como «parte de la guerra religiosa para evacuar Al-Aqsa». Y señaló que terminaría siendo contraproducente porque no haría más que incrementar la voluntad de los palestinos de acudir a ese templo y defender sus creencias.
La contraofensiva israelí, operación Espadas de Hierro, según prometió el premier, será muy dura y de acuerdo a lo que publicó en su cuenta de la red X, «el enemigo pagará un precio que nunca ha conocido (…) y se limpiarán los asentamientos de los terroristas que se han infiltrado» en territorio israelí. Imágenes de milicianos circulando por las calles de las ciudades de Ashkelon, Sderot, Be’ery y Ofakim se sumaban a videos donde aparecían tomando tanques Merkava o llevando rehenes. Algunas fuentes indican que Hamas habría capturado al general de brigada Nimrod Aloni, excomandante de la División Gaza. Las Fuerzas de Defensa de Israel y la Policía libraban combates casa por casa, informaron las autoridades. Mientras tanto la Fuerza Aérea realizaba incursiones en la Franja indiscriminadamente.
Abu Hamza, portavoz las Brigadas Al-Quds, que intervienen en la operación de Hamas, dijo en un comunicado de este sábado que “con una serie de operaciones detrás de las líneas enemigas, nosotros la Resistencia hemos creado un shock histórico y resonante” contra Israel.
Las fuentes oficiales israelíes hablan de ataques sorpresivos en un día consagrado a la religión. El general de brigada retirado Meir Elran investigador principal y jefe de programas del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Tel Aviv, se refirió a la inoperancia de los servicios de inteligencia. «Yo diría que ha habido un gran fracaso del Mossad y luego en los servicios de inteligencia en Israel», refleja la agencia rusa Sputnik. Elran, sin embargo, reconoce que «(Hamas) ha estado intentando engañarnos y ocultarnos esto. Y aparentemente tuvieron éxito. Esto demuestra que en Oriente Próximo, puede pasar cualquier cosa. Incluso cosas que no se pueden predecir». Eli Maron, ex jefe de la marina israelí, terció en el asunto: «Todo Israel se pregunta: ¿Dónde está el ejército israelí, dónde está la policía, dónde está la seguridad?»
Foto: Oren ZIV / AFP
Rechazos y condenas
La explosiva situación convulsionó al mundo, que teme una escalada que agregue más leña al fuego de la guerra en Ucrania. A la condena del gobierno argentino (ver aparte) se le unieron expresiones de todos los rincones del planeta. “Brasil condena la serie de bombardeos y ataques terrestres perpetrados en Israel desde la Franja de Gaza» y expresa sus condolencias «a las familias de las víctimas y su solidaridad con el pueblo de Israel», destacó el gobierno de Lula da Silva. A cargo de la presidencia temporal del Consejo de Seguridad de la ONU, Brasil convocó a una reunión urgente para tratar de resolver la situación por la vía pacífica que se realizaría este domingo.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, el general de cuatro estrellas Lloyd Austin, afirmó que está «siguiendo de cerca los acontecimientos en Israel” y juró que el compromiso de EE UU “con el derecho de Israel a defenderse sigue siendo inquebrantable”. Netanyahu había establecido buenas relaciones con Donald Trump -que incluso ordenó trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén en su mandato- y había sido particularmente hostil con la gestión de Barack Obama.
Con esta nueva administración demócrata tampoco tiene buenas relaciones y hasta hay quienes consideran que el exorbitante apoyo a Ucrania justifica la apatía de la Casa Blanca ante los problemas israelíes. Aunque para Trump, la cosa pasa por otro lado: «Trajimos tanta paz a Oriente Próximo con los Acuerdos de Abraham… sólo para ver cómo Biden los va mermando a un ritmo más rápido de lo que nadie podría creer. (…) Israel tiene todo el derecho a defenderse con fuerza aplastante. Por desgracia, los dólares de los contribuyentes estadounidenses han ayudado a financiar estos ataques y muchos medios dicen que vienen de la Administración Biden”.
El coordinador Especial de la ONU para el proceso de paz, Tor Wennesland, también condenó el hecho y dijo que “estos acontecimientos han provocado horribles escenas de violencia y muchas muertes y heridos israelíes, y se cree que muchos de ellos fueron secuestrados dentro de la Franja. Estos son ataques atroces contra civiles y deben cesar de inmediato”. El jefe de Gobierno alemán, Olaf Scholtz, no estuvo tan lejos de esta interpretación de los hechos. «Estamos profundamente conmocionados por el lanzamiento de cohetes desde Gaza y la escalada de violencia. Alemania condena estos ataques de Hamas y está del lado de Israel», dijo.
Algo similar sostuvo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen: “Condeno inequívocamente el ataque llevado a cabo por los terroristas de Hamas contra Israel. Es terrorismo en su forma más despreciable. Israel tiene derecho a defenderse contra tales atroces ataques”. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, se solidarizó a su turno con los israelíes y consideró que “el derecho de Israel a la protección en un conflicto militar con Palestina está fuera de toda duda”.
En aquellas regiones, la cancillería de Emiratos Árabes Unidos pidió en un comunicado “el ejercicio de la máxima moderación y un alto el fuego inmediato para evitar repercusiones graves”, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Sameh Shukri, dijo que había mantenido una reunión con el titular de la política exterior de la Unión Europea, Joseph Borrell para coordinar acciones tendientes a lograr un cese de hostilidades. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan dijo algo parecido: «Pedimos a las partes que actúen con moderación a la luz de los acontecimientos en Israel esta mañana y que se mantengan alejadas de medidas impulsivas que aumentarán las tensiones».
Foto: Jaafar Ashtiyeh / AFP
La otra mirada
Pero hubo otras formas de entender lo que está ocurriendo en Medio Oriente. Así lo planteó el presidente colombiano Gustavo Petro, recordando su intervención en la última Asamblea General de la ONU. “Quizás fui el único presidente del mundo en denunciar en Naciones Unidas cómo se trataba con hipocresía por parte de los grandes poderes mundiales la ocupación rusa de Ucrania y la ocupación israelí de Palestina. Propuse dos conferencias internacionales de Paz para resolver ambos conflictos y encontrar la paz”, escribió en su red X.
En esa misma plataforma, Dmitry Medvedev titular del Consejo de Seguridad ruso y ex presidente de la Federación de Rusia, escribió: “Los enfrentamientos entre Hamás e Israel en el 50º aniversario de la guerra de Yom Kippur son un acontecimiento esperado. Esto es en lo que deberían ocuparse Washington y sus aliados. El conflicto entre Israel y Palestina dura desde hace décadas y Estados Unidos es el actor clave”.
El presidente Mahmoud Abbas indicó por su parte que había ordenado a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina «proteger a los palestinos en todas partes» y agregó que “el pueblo palestino tiene derecho a defenderse de cualquier agresión por parte de los colonos y las fuerzas de ocupación israelíes». “Consideramos que Israel es el único responsable de la actual escalada debido a sus continuas violaciones, la última de las cuales son las repetidas incursiones en la Mezquita de Al-Aqsa”, dice la cancillería de Qatar, coincidiendo con Ismail Haniyeh, jefe de la dirección de Hamas. Hezbollah, por otro lado, dijo que esta ofensiva es «un mensaje claro a los árabes y el mundo islámico, y especialmente a aquellos que luchan por un acuerdo de normalización.»
Foto: SAID KHATIB / AFP
Dos víctimas argentinas y un sinfín de condenas
Un comunicado de la embajada argentina en Israel lo confirmó: “Lamentamos informar el fallecimiento de Rodolfo Fabián Skariszewski, compatriota que residía en Moshav Ohad, Israel”. Lo llamaban Rody, había nacido en Río Cuarto, Córdoba, hace 56 años y vivía en Moshav Ohad, al sur de Israel, cerca de la frontera con Gaza. Casado y con tres hijos. Uno de ellos lo halló muerto y luego comentó: “Salió a pasear con el perro y ya no volvió”. Trabajaba en computación. Luego se conoció una segunda víctima: Abi Korin. El mayor de tres hermanos, vivía en Israel desde hacía muchos años y trabajaba como encargado de un edificio.
Repercusiones La cancillería argentina emitió bien temprano un comunicado en el que “deplora y condena (…) los ataques armados (…) y las acciones terroristas de Hamas sobre el territorio israelí” y llamó a poner fin a la violencia en esa región. El presidente Alberto Fernández ordenó reforzar la seguridad de las instituciones judías con efectivos de Gendarmería, Seguridad Aeroportuaria y la Agencia Federal de Investigaciones. Y la vocera Gabriela Cerruti informó que el gobierno «puso a disposición del gobierno de Israel la inmediata ayuda humanitaria». Sergio Massa, a su vez, señaló: «Condenamos enérgicamente los ataques terroristas que está sufriendo el Estado de Israel». Más tarde, también por las redes, Cristina Fernández, expresó: “Las imágenes de televisión nos devolvían violencia, muerte y desolación en territorio de Israel (….) Y luego invocó a «dar cumplimiento a las Resoluciones de Naciones Unidas, a los acuerdos de paz y a recuperar los ámbitos de negociación sobre el conflicto entre Israel y Palestina». La DAIA, por su parte, respaldó a Israel y expresó sus condolencias “a las familias de los israelíes asesinados, brega por el pronto retorno a sus casas de quienes han sido secuestrados por Hamas y expresa su apoyo absoluto al Estado Israel para que ejerza su defensa a fin de garantizar el bienestar de sus ciudadanos».
Benjamin Netanyahu quiere dar pelea hasta último momento para no tener que volver al llano luego de 12 años en el poder. Por eso juega todas las fichas a que su ahora principal alfil, el presidente de la Knesset, Yariv Levin, demore la convocatoria parlamentaria para darle el voto de confianza a la coalición de unidad que sostiene al ultraderechista Naftali Bennett como primer ministro. Cada segundo, espera, juega a su favor para quitarle apoyos al frágil acuerdo logrado por el conductor televisivo Yair Lapid con el único objetivo de sacarlo del medio.
La alianza liderada por Lapid, que aceptó ser primer ministro recién en 2023 a cambio de conseguir los votos que faltaban para destronar a Netanyahu, está integrada desde el nacionalismo extremo de Yamina (Bennett) a un frente de unidad árabe, que por primera vez integrara un gobierno israelí, el laborismo y sectores del centro.
A quebrar esta endeble sociedad política apunta Netanyahu, que les advierte que será un giro a la izquierda o considera peligroso haber negociado con el Raam, de Mansur Abbas, la reforma de una ley que regula las construcciones y la legalización de poblaciones beduinas del Néguev.
El apuro de sus opositores en mucho y Netanyahu, un viejo zorro de la política, sabe el riesgo que corre a la intemperie, con tres causas por corrupción que podrían llevarlo entre rejas. Por un lado, apuesta al temor por un gobierno tan contradictorio que paralice el país y por el otro, cree que ganó puntos entre la población luego de la ofensiva de mayo contra Hamás, en Gaza, que lo muestra como alguien decidido a defender a Israel a cualquier precio. Quizás fuera un buen argumento de cara a nuevas elecciones, pero en estos dos años los israelíes fueron cuatro veces a las urnas y no logró formar un gobierno fuerte en un sistema parlamentario donde nadie tiene diferencias definitorias desde hace mucho en esa nación.
Levin, un abogado que es traductor del árabe y habla español con cierta fluidez, fue agente de inteligencia y es uno de los más encumbrados dirigentes de Likud, el partido de Netanyahu. Como para patear la pelota afuera, avisó que antes de llamar al plenario del congreso, quiere ver los acuerdos firmados para establecer la coalición. Le respondieron que los acuerdos serán públicos porque son transparentes pero que los harán conocer cuando ellos decidan. Y pretenden destronar a Levin como paso previo e imprescindible para asumir el gobierno. “El Estado de Israel necesita un gobierno de unidad que funcione para rescatarlo de este caos”, dijeron el viernes.
Todo indica que este mismo lunes Levin llamará al plenario. Las presiones internas no son pocas y desde el exterior las noticias son que, en términos criollos, “le picaron el boleto” al actual primer ministro. Así puede interpretarse el mensaje de AIPAC (el Comité Estadounidense de Asuntos Públicos de Israel), el principal grupo lobista proisraelí en EE UU, que el jueves felicitó al dúo Lapid-Bennett “por haber reunido a una coalición amplia y diversa, que abarca el espectro político de los partidos sionistas y árabes, para formar un gobierno israelí pendiente de la aprobación de la Knesset”.
“Esperamos fortalecer aún más el vínculo entre Estados Unidos e Israel, mientras las dos democracias trabajan en estrecha asociación para promover nuestros intereses y valores compartidos”, agregó el comunicado de AIPAC. A renglón seguido, el secretario de Estado, Antony Blinken, recalcó que “el presidente (Joe) Biden ha trabajado con todos los gobiernos israelíes en todos los lados desde la primera ministra Golda Meir a principios de la década de 1970”, para rematar que “en las democracias, los gobiernos cambian. Trabajaremos con cualquier gobierno que surja”.
Desde el lado palestino, en cambio, no ven con buenos ojos a una gestión de Bennett, a la que califican como “tan violentamente racista como todos los gobiernos israelíes anteriores”. Es que a la derecha de Bennett no hay nada. Aunque su designación preocupa también a los hasta ahora aliados de su causa, al punto que el Shin Bet, el servicio de seguridad interna, informó que puso a efectivos de la Unidad 730 para “proteger la continuación del orden democrático y asegurar a las personas”.
Algunas de las operaciones de ablande a la coalición consistieron, por lo que se trasluce, en amenazas tanto a Bennett como a la parlamentaria de su partido Ayelet Shaked, nominada para un cargo en el Consejo de Justicia.
Luego de once días de ataques que costaron la vida de 243 palestinos –incluidos 66 niños– y 12 israelíes, la etapa que viene es la de la reconstrucción de Gaza, donde resultaron destruidas al menos 17 mil viviendas y quedaron no menos de 90 mil desplazados. Y ahora es donde aparece la otra cara de una situación demasiado repetida: la reconstrucción. Que no será fácil, aunque beneficiosa para empresas que puedan realizar estas tareas con la correspondiente autorización. Y en este punto no es difícil percibir que detrás de la gestión del presidente egipcio Abdelfatah Al-Sisi para lograr el cese el fuego hay también un interés en participar en este proceso.
Enfrentado a Hamas, el gobierno de El Cairo fue clave para convencer a los actores principales de esta tragedia de que había que poner fin a los enfrentamientos. Joe Biden aplaudió esa gestión con una frase esclarecedora: “Extiendo mi sincero agradecimiento al presidente al-Sisi y a los altos funcionarios egipcios que desempeñaron un papel tan crítico en esta diplomacia”.
Como una historia repetida, al otro día comenzaron a llegar anuncios de ayuda humanitaria y para la reconstrucción de los daños generados por los continuados ataques de las fuerzas armadas y la aviación más avanzada de la región. Este viernes, 13 camiones con carga de las agencias de la ONU cruzaron por Kerem Shalom con material valuado en U$S 18 millones en alimentos, productos médicos desechables y vacunas, según la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCAH). China ofreció también vacunas y un millón de dólares en insumos humanitarios. El propio Biden dijo que Estados Unidos haría un aporte sustancial, y aunque anunció “un gran paquete”, todavía no fue dimensionado el aporte.
Egipto, por su parte, informó que destinaría 500 millones de dólares para ayuda a Gaza, pero a renglón seguido señaló que esos fondos serán para que empresas egipcias colaboren con futuros planes de reconstrucción. Se lo comunicó personalmente al presidente francés Emmanuel Macron y al rey jordano Abdullah en sendas rondas como parte de las negociaciones de paz.
Este operativo israelí fue el de mayor magnitud y capacidad destructiva desde 2014, cuando durante más de 50 días resultaron destruidas unas 11 mil viviendas y dañadas unas 160 mil. Aquella vez la ONG británica Oxfam calculó que se necesitaría un siglo para volver la zona al estado anterior a los combates. En esa ocasión, además, a instancias de Robert Serry, un diplomático holandés ungido negociador por la ONU, se estableció el llamado Mecanismo de Reconstrucción de Gaza (GRM, por sus siglas en inglés) para regular y vigilar las entregas de material.
Desde el triunfo legislativo de Hamás en Gaza, en 2006, Israel profundizó un bloqueo fronterizo para evitar, según Tel Aviv, que el ala armada de ese movimiento islámico pudiera recibir armamento o insumos militares. Sucede que los principales elementos para la reconstrucción edilicia son el cemento y el hierro, que en la calificación de seguridad, tienen “doble uso”, civil y militar.
Al cabo de un par de años, el GRM recibió gran cantidad de críticas porque generó un sistema burocrático que encareció los productos elementales que necesitan los gazatíes y creó un enorme mercado negro. Por las mismas condiciones físicas de ese territorio, que además está cercado, los principales proveedores resultaron compañías israelíes. Entre ellas se destacó la Nesher Israel Cement Enterprises, que tanto vende en su país como en la Franja y a colonos que ocupan asentamientos en Cisjordania. Creada en 1925, la empresa se jacta en su página web de haber hecho realidad el sueño de Benjamin Ze’ev Herzl, el fundador del sionismo, que afirmaba: “El plan para construir una patria para el pueblo judío debe tener en cuenta también la fundación de una fábrica de cemento hebrea”.
Por el contrario, para los habitantes de Gaza, “el objetivo del GRM fue evitar que Hamas obtuviera el cemento”, según recordaba Maher al-Tabbaa, miembro de la Cámara de Comercio de Gaza. A través de los túneles de la zona de Rafah, en la frontera sur de Gaza, cruzaron toneladas de cemento provistas por una fábrica propiedad del Ejército egipcio. Esos pasadizos suelen ser un objetivo de los ataques israelíes. Pero también hubo empresas locales que pudieron meter baza, como la Salah Elamassi Company, que reconoce haber prosperado en estos años.
Pero no todas la pasaron bien. Es el caso de una, cuyo dueño, identificado solo con las iniciales A.H. sufrió un bloqueo denunciado a principios del año pasado por Gisha, una organización israelí que protege los derechos de los palestinos. Las autoridades le informaron a la ONG que la firma había sido suspendida en el esquema GRM sin mayores precisiones. Gisha recurrió a la Corte de Justicia. Había un problema de faltante de bolsas de cemento registradas en sus operaciones que la empresa aclaró luego de esa presentación y pudo recuperar su permiso.
Recursos ante la corte de La Haya
Funcionarios de la oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas (ACNUDH) reclamaron que se respete el alto el fuego en Gaza pero, al mismo tiempo, exhortaron a que la Corte Penal Internacional (CPI) investigue ataques contra la población civil y otras “graves violaciones de los Derechos Humanos”.
Los expertos de esa entidad señalaron que los desalojos forzosos de familias palestinas que viven en Sheikh Jarrah y Silwan, en la Jerusalén Oriental ocupada, fueron la chispa que desencadenó un nuevo conflicto entre Hamás y el gobierno israelí, que sin embargo justifica la escalada en los cohetes lanzados desde la Franja.
La ACNUDH destaca en un informe que más de 450 edificios fueron destruidos por los ataques, entre ellos hospitales, centros de salud, una planta desalinizadora de agua y la torre Jala, donde tenían oficinas las agencias Assiated Press (AP) Al Jazeera, AFP y BBC. El dueño del edificio, Jawad Mehdi, considera también que el ataque contra ese lugar es un crimen de guerra.
“El propietario de este edificio, que es palestino, ha ordenado a sus abogados que presenten una denuncia por crímenes de guerra ante la Corte Penal Internacional”, dijo el abogado Gilles Devers en un comunicado. “Escuchamos que esta torre pudo haber sido destruida porque albergaba a miembros de una organización armada. Esto es algo que negamos totalmente después de estudiar el caso”, agregó Devers. “El derecho internacional establece que solo se puede dañar la propiedad civil si se utiliza con fines militares, y ese no fue el caso. Por eso lo decimos hoy ante este tribunal y en esta denuncia”.
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