La abdicación de Joe Biden no sorprende a nadie. Los medios, la dirigencia demócrata y hasta su familia venían pidiendo a gritos que se bajara de la contienda. Si algo hay para decir es que quizás, luego del atentado contra Donald Trump del 13 de julio, se contaban las horas para que el presidente diera el paso al costado que esperaban quienes pretenden que siga un demócrata en la Casa Blanca desde el 20 de enero de 2025. Su lamentable papel en el debate del 27 de junio fue solo uno más de sus malos momentos de los últimos tiempos, que se esparcieron despiadadamente en memes y reels en las redes sociales. Y la imagen del challenger emulando a los soldados tras la batalla de Iwo Jima, en marzo de 1942, se convirtió en un ícono ganador para cualquier publicidad electoral.
Podrá decirse que la estrategia de Trump roza lo inhumano, lo que se destaca fundamentalmente cuando se refiere a la salud del actual mandatario. Lo demostró en la campaña de 2020, cuando lo llamaba “Sleepy Joe”, dormilón. Y es de cajón que todos los cañones en lo que resta hasta el 5 de noviembre iban a estar enfocados en la senilidad evidente de Biden, y en el peligro que representaría para los estadounidenses confiar su futuro a una persona con particularidades que, además, se irán profundizando con el paso de los días.
Joe Biden, una decisión difícil.
Foto: Mandel Ngan / AFP
La vejez es una enfermedad que ataca a todos -los que llegan- pero en algunos se ensaña con mayor crueldad. Por otro lado, el cargo de presidente de una de las potencias nucleares más grandes del planeta, cuando se le avecinan desafíos que lindan con lo definitivo en Europa y Medio Oriente, genera un desgaste adicional. Lo mejor para la salud de Biden y de Estados Unidos seguramente será contar en la Casa Blanca con una persona en sus cabales y con la frialdad suficiente para hacerse cargo del cargo.
Se podrá argumentar que tal vez Trump tampoco sea la persona indicada, que es disruptivo, que en sus cuatro años al frente ya demostró intemperancia, creó enemistades adentro y afuera del país y que en los dos ámbitos mantiene amistades, además, que al establishment le irritan especialmente. Y que, además, tampoco es que sea tanto más joven que Biden. Son apenas cuatro años de diferencia, aunque por momentos da la impresión de que fueran más. Hábil, el empresario inmobiliario siempre busca hacer notar ese detalle como para parecer mucho más joven.
Donald Trump ahora se siente ganador.
Foto: Mathew Hutcher / AFP
Lo que revelan tanto la renuncia de Biden a seguir en carrera como el atentado en Butler, Pensilvania, en todo caso, es otro tipo de decrepitud peligrosa para la humanidad. La de un imperio que se debate contra ese tiempo que se escurre de entre los dedos, el del auge del imperio global omnímodo y sin oposición. Alguna vez ocurrió la caída del imperio romano, del español, del otomano, ¿por qué no le pasaría lo mismo al anglo-estadounidense?
Y lo saben, vaya si lo saben, de allí que en think tanks y organizaciones de toda laya se analicen estrategias para estirar lo más posible la preminencia de Estados Unidos y Europa, que se aferra como a un madero a esa estructura llamada Occidente, que ganó la Guerra Fría y ahora se ve amenazada en varios frentes simultáneos. Una estrategia es la de Trump, otra es la de los demócratas y el “estado profundo”.
Mientras en Ucrania y Medio Oriente se le desnudan cotidianamente esos rasgos de senilidad económica, militar y ética, Estados Unidos se debate entre un candidato que jura tener las cartas como para terminar con la guerra en un chasquear de dedos y otro que propone estirar el liderazgo occidental a como dé lugar a través de su vicepresidenta, Kamala Harris.
Foto: Elijah NOUVELAGE / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP
Habrá que ver qué tiempo es el que se viene, pero los aliados de Washington ya están rebobinando para ver cómo se habrán de acomodar desde el primer martes de noviembre.
La carrera por la presidencia de Estados Unidos ingresó en una etapa de incertidumbres y teorías conspiranoicas por igual, desde el atentado fallido contra Donald Trump del sábado pasado y las crecientes presiones para que Joe Biden baje su candidatura antes de que todo se termine de desbarrancar para los demócratas. Mientras este jueves el Partido del Elefante nominó su fórmula para volver a la Casa Blanca en Milwaukee, las principales espadas del Partido del Burro recurrieron con mayor ímpetu a sus medios más cercanos, como The Washington Post y The New York Times, para “sugerir” la conveniencia de que la convención demócrata del 19 al 22 de agosto en Chicago postule a un candidato alternativo al votado en las primarias. Así, entre los aspirantes con supuestas posibilidades de triunfo se habla desde la vicepresidenta Kamala Harris a la esposa de Barack Obama, Michelle. Podría decirse que Trump a esta altura compite contra más de un fantasma: el que irá por el oficialismo y el de una posible conspiración del “estado profundo” contra el que se enfrentó en sus cuatro años de gobierno.
Militante trumpista en un acto de campaña
Foto: captura
Biden, que desde el debate presidencial es resistido por estrategas demócratas ante el preocupante desempeño que evidenció ese 27 de junio, dio esta semana nuevas muestras de deterioro cuando pareció confundir a una mujer con su esposa en un acto y en una entrevista, como no recordó el nombre de su secretario de Defensa, lo llamó “ese hombre negro”, por Lloyd Austin III. El miércoles, se anunció que estará recluido en la residencia presidencial porque se le detectó Covid-19. Pero se especula que es el paso previo a su renuncia o que en el interín se le esté realizando un estudio neurológico que determine la inconveniencia para ocupar el cargo por un nuevo período.
Las autoridades, en tanto, no alcanzan a explicar razonablemente qué fue lo que sucedió en Butler, Pensilvania, cuando un francotirador desde un techo cercano al escenario disparó contra Trump y mató a un espectador trumpista, el bombero Corey Comperatore. La imagen del expresidente con la oreja sangrante, rodeado de agentes de seguridad y con el puño derecho en alto, recuerda a los marines izando la bandera tras la batalla de Iwo Jima, en 1945. Lo que en un primer momento hizo dudar de si no se hubiera tratado de una performance perfectamente articulada. Pero en observaciones cuadro a cuadro sobre algunos de los videos se ve que el proyectil iba directo a la cabeza de Trump, que tuvo la buena fortuna de haber girado hacia su derecha. El impacto fue en la parte superior de la oreja.
Lo que se sabe del autor de la balacera es que se trata de Thomas Matthew Crooks, un joven blanco y registrado como republicano, de 20 años, quien utilizó un rifle semiautomático AR-15 que le pidió prestado al padre alegando que quería ir al polígono de tiro en su pueblo, Bethel Park, a unos 780 kilómetros de Butler. El arma es de venta libre, al igual que los cartuchos que compró en el camino, junto con una escalera metálica.
Las investigaciones posteriores no dieron con pruebas de que Crooks pertenecía a alguna organización terrorista o vinculada a alguna agencia estatal, aunque todavía estaban hurgando en su celular. Crooks trabajaba en un hogar de ancianos de Bethel Park, no tenía actuación en redes sociales, al menos con su nombre, y ni siquiera tenía una multa por cruzar en rojo. Sí se informó -una constante en EE UU, parece- que en el secundario había sufrido bullying. En la foto se lo ve con cara de nerd inofensivo.
Lo que no pueden explicar es por qué los agentes que vigilaban el acto no prestaron atención a los reclamos de gente del público que alertaban sobre la presencia de alguien en el techo de un depósito cercano. O cómo fue que una persona pudo estar allí con un arma larga sin que nadie hubiera hecho nada. De manera muy constante también en EE UU, Crooks fue eliminado por los agentes, de modo que no se podrá saber de su boca qué fue lo que pretendía hacer.
Pero se vislumbran otras fallas elementales en la seguridad, como que el personal apostado en el acto no era el más adecuado. El senador republicano Josh Hawley, por ejemplo, sostuvo en su red X que la mayoría “de los elementos de seguridad de Trump que trabajaron en el evento del sábado pasado ni siquiera eran del Servicio Secreto, (fueron) extraídos de la Oficina Nacional del Departamento de Investigaciones de Seguridad”. O sea, burócratas de escritorio y sin experiencia de calle. Por esa razón, desde la bancada de la oposición en la Cámara alta piden la cabeza de la directora del Servicio Secreto, Kimberly Cheatle, quien deberá presentarse en el Congreso este martes para rendir cuentas.
Foto: NA / Reuters
Este sábado, en tanto, Joe Biden posteó en la cuenta de la presidencia un recordatorio del 55 aniversario de la caminata de un humano sobre la luna, aquel 20 de julio de 1969, que dio pie por estas tierras al día del Amigo. “Como dijo el presidente Kennedy, (asesinado en 1963) era un desafío que no estábamos dispuestos a posponer y que pretendíamos ganar. Condujimos al mundo a la luna en 1969. Ahora, llevaremos al mundo de regreso”, escribió el mandatario, quizás a horas de anunciar un paso al costado.
55 years ago, an American became the first person in history to walk on the lunar surface.
As President Kennedy said, it was a challenge we were unwilling to postpone and one we intended to win.
Un tribunal ruso declaró al periodista estadounidense Evan Gershkovich culpable de cargos de espionaje y lo condenó a 16 años de prisión, informaron agencias de noticias rusas, en un caso que el medio para el que trabajaba, el The Wall Street Journal, calificó de farsa.
Gershkovich, un estadounidense de 32 años que se defendió diciendo que las acusaciones en su contra eran falsas, fue juzgado el mes pasado en la ciudad de Ekaterimburgo. Fue el primer periodista estadounidense arrestado por cargos de espionaje en Rusia desde la Guerra Fría, apuntó un informe de la agencia de noticias Reuters que publica NA.
Donald Trump criticó la condena y prometió sacarlo de la cárcel cuando sea elegido presidente, al tiempo que aseguró que el actual presidente, Joe Biden, «a menos que pague un ‘rescate de rey’», publicó en su red Truth Social. «Será un gran honor para mí liberarlo», agregó Trump.
Los fiscales rusos habían alegado que Gershkovich había reunido información secreta por orden de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) sobre una empresa que fabrica tanques para la guerra de Moscú en Ucrania, lo que él y su empleador negaron.
El 29 de marzo de 2023, agentes del servicio de seguridad del FSB lo arrestaron en un restaurante especializado en carnes de Ekaterimburgo, a 1400 kilómetros al este de Moscú. En ese momento, la vocera de la cancillería rusa, Maria Zajarova, señaló que Gershkovich podía haber escrito «sobre los bombardeos terroristas de ciudades rusas, en los que el régimen neonazi de Kiev ha estado involucrado en los últimos meses».
Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría y uno de los invitados de honor a la asunción de Javier Milei a la presidencia argentina en aquel caluroso 10 de diciembre pasado, se convirtió para los líderes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en el enemigo público Nº1. Y todo porque desde que asumió la presidencia pro témpore del Consejo de la Unión Europea, el 1 de julio, se propuso emprender, por las suyas ciertamente, una ronda de encuentros con los jefes de estado de Ucrania, Rusia y China para lograr una salida pacífica a la guerra en el este europeo. Para colmo, aprovechó la cumbre por los 75 años de la OTAN en Washington y mantuvo un encuentro con Donald Trump donde también hablaron de ese tema. En su cruzada, también puso en la mira de los más belicosos dentro de la alianza atlántica al mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, que dijo estar dispuesto a favorecer una nueva mesa de diálogo como la que pudo terminar con el conflicto hace dos años y fue frustrada por el entonces premier británico Boris Johnson.
Orbán, un ultraconservador que en abril pasado ganó por un poquito más del 54% de los votos su quinto periodo consecutivo, inició su gira en Kiev, donde se reunió con Volodimir Zelenski un día después de asumir el cargo rotatorio en la UE y le propuso declarar un alto el fuego para facilitar conversaciones con los rusos. El presidente (MC) ucraniano respondió unos días más tarde que la tarea de mediador le correspondería a alguna potencia mundial, como China o EE UU. En Moscú, el húngaro declaró que «la guerra Rusia-Ucrania, además de la pérdida de vidas y una terrible destrucción, amenaza con volver a dividir el mundo en bloques» y agregó que a Hungría «le interesa mantener relaciones económicas abiertas, pacíficas y dinámicas con todos los países del mundo».
La primera en poner el grito en el cielo esa vez fue la primera ministra estonia Kaja Kallas, quien aseguró que Orbán no representa a la UE. Luego salieron a pegarle en fila desde la líder del partido Socialdemócrata sueco, Magdalena Andersson, hasta el vocero del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, Sebastian Fischer, quien coincidió en la necesidad de derrocar a Orbán de la UE por el “gran daño” que ya ha causado “en 12 días” a la organización.
Es que al tiempo que en el documento final de la cumbre otanista pone en la mira a China por su rol de “facilitador decisivo de la guerra de Rusia contra Ucrania a través de su llamada asociación ‘sin límites’ y su apoyo a gran escala a la base industrial de defensa de Rusia”, Orbán se reunía en Beijing con Xi Jinping. El presidente chino declaró a la tevé de un modo si se quiere naïf, que «a todas las partes les interesa buscar una solución política mediante un pronto alto el fuego». Un mensaje que contrasta no sólo con el texto que firmaron los jefes de estado de la OTAN sino con la irritación que causa la tarea que se propuso el ultraconservador.
Orbán, a todo esto, subió un video a su cuenta de Facebook en el que afirmó: «La OTAN fue constituida hace 75 años para proteger la seguridad de sus miembros. Sin embargo, ahora parece haber abandonado su objetivo original, comportándose cada día más como una organización de guerra». En Telegram y X, en tanto, celebró su reunión con el candidato republicano en su residencia veraniega. «Misión de paz 5.0. Ha sido un honor visitar hoy al presidente Trump en Mar-a-Lago (Florida). Hemos hablado sobre las formas de hacer la paz. La buena noticia del día: ¡Lo va a solucionar!».
El compromiso de la OTAN de mayor inversión en la industria bélica y continuar sosteniendo a Ucrania con otros 40.000 millones de dólares parece haber preocupado a las cúpulas militares y los titulares de la cartera de defensa de Estados Unidos y de Rusia, Lloyd Austin y Andréi Bieloúsov, mantuvieron una conversación telefónica en la que, señala la agencia Sputnik, «discutieron cómo prevenir las amenazas a la seguridad y reducir el riesgo de una posible escalada». Un cable de Europapress informa que la portavoz adjunta del Pentágono, Sabrina Singh, confirmó la charla al destacar la importancia de «mantener las líneas de comunicación» abiertas en una situación como la actual. El líder turco, por su parte, declaró tras su intervención en la capital estadounidense, que si bien apoya la integridad territorial y la soberanía ucraniana, “he hecho hincapié en que no debe excluirse la diplomacia y que las negociaciones no significan rendición”, ratificando su postura de que “nunca se debe permitir que la OTAN se convierta en parte de la guerra” en Ucrania. Y volvió a ofrecer Estambul como sede para una nueva mesa de negociaciones.
Rodrigo Nunes pasó por la redacción de Tiempo horas antes de presentar su libro “Bolsonarismo y la extrema derecha global”, que editó Tinta Limón. Buena ocasión para hablar de similitudes y diferencias con el actual gobierno argentino. Uno que, habrá que reconocer, hace un año, era impensable de este lado de la frontera. “Nosotros también decíamos que algo como Bolsonaro no podía pasar en Argentina porque habían hecho los juicios a los militares”, reconoce este profesor del Departamento de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro.
-Ahora muchas cosas se replican, pero no todas: la bandera brasileña está identificada con el bolsonarismo. Milei se jacta de que muchos seguidores llevan la bandera de Israel. ¿Qué tipo de nacionalista es Bolsonaro?
-El bolsonarismo es una convergencia de distintos elementos que estaban ya presentes en la sociedad. Uno es el ultraliberalismo o libertarianismo de mercado, mucho más fuerte aquí, y esto quizás sea una diferencia incluso desde la capacidad de movilización de Milei. Se comprende que sea más importante en Argentina por la crisis económica y porque es el origen del personaje, mientras que Bolsonaro tiene el perfil de un capitán del ejército durante la dictadura. El libertarianismo económico en Brasil estuvo presente al final en las redes sociales, pero los que salían a la calle son los que se llaman patriotas. Ese título tiene más una identificación imaginaria con un período de la dictadura “en que las cosas andaban bien”, la gente sabía su lugar en la sociedad. Este es un elemento de identificación grande con la bandera y los símbolos nacionales, pero tiene que ver con el conservadurismo social, esto de la batalla cultural, que ahora Milei intenta traer.
-Para Bolsonaro entonces, Patria es orden social.
-Un orden que incluso justificaría ir más allá de la ley y de la propia Constitución. Para los patriotas que estaban sentados frente a los cuarteles tras la última elección, esperar al golpe era esperar que se afirmara el orden contra la misma Constitución . El orden son las relaciones tradicionales de poder en la sociedad brasileña.
-Por eso no se le perdonaron al PT cosas que se le perdonaron al bolsonarismo.
-La justificación psicológica es que todo es aceptable ante la amenaza existencial de una venezuelización por la decadencia de los valores morales. La retórica bolsonarista ha logrado construir que hay una amenaza comunista a los roles tradicionales de género, a la “tradicional familia brasilera”. La sensación de que la izquierda nos está quitando nuestro mundo y hay que luchar inmediatamente justifica todo.
-¿Qué componente del movimiento de Trump hay en el bolsonarismo?
-El bolsonarismo se inspira muy claramente en las estrategias de comunicación de la derecha norteamericana. Allí hay una vieja clase obrera blanca que se siente desplazada y abandonada y la extrema derecha logra presentarles como explicación que no han sido desplazados por la globalización, porque las fábricas se han mudado a México o China, sino porque vinieron los mexicanos, o se han dado privilegios a los gays o a las mujeres o a los negros o lo que sea.
-Hay una frase en tu libro relacionada con la pandemia, la idea de que no hay suficiente lugar en la Tierra para todos. El “que se mueran los que se tengan que morir” que Milei aplica en relación con el hambre de grandes sectores sociales.
-Existe la constatación de la fuerza inercial de los cambios subjetivos tras cuatro décadas de ajustes neoliberales, y en particular lo que llamo “solidaridad negativa”: “esto que me pasa a mí le tiene que pasar todos y no quiero saber que nadie tiene alguna ventaja que no tengo yo”. Es una lógica sacrificial que se expresa de manera muy clara durante la pandemia. Yo creo que era el vicegobernador de Texas que dijo “la gente está preocupada por su vida, pero hay cosas más importantes que la vida, la economía”.
-Una lógica militar, diría.
-Lo que está por detrás es la competencia de mercado, que se combina con esta lógica sacrificial con un horizonte de expectativas decrecientes. Es el darwinismo social: uno compite y sobrevive o muere, y si muere es porque no tenía condiciones para competir.
– Si es por competir, los que están preparados para competir un mundo feroz son los bolsonaristas.
-Lo que nos lleva de vuelta a la idea del orden por encima de la ley. Al final el orden es la ley de la selva, gana el que tiene más fuerza. Creo que no está claro si el fenómeno de Milei es más bien electoral o es también un fenómeno político de más largo plazo como Bolsonaro. Por eso me parece interesante hablar del bolsonarismo, que es a la vez un fenómeno más amplio y más estrecho que la victoria electoral. Más estrecho porque no todos sus votantes podrían ser descritos como bolsonaristas. El hecho de que sea él la figura a la cabeza de esa convergencia fue un poco contingente. Podría haber sido otro.
-Milei ganó por un fuerte componente anti peronista que excede los desaciertos del gobierno anterior. Hay un concepto tuyo de “baja alta clase media”, esa parte de la sociedad de ingresos muy altos pero que temen perder lo que tienen. Sería el Medio Pelo que se siente más cómodo haciendo antiperonismo y ahora abomina del Estado ¿Pasó igual en Brasil?
-Lo que se imaginaba es que Bolsonaro sería más bien un estado-céntrico, porque fue varias veces votado en el Congreso como un defensor de los derechos de la familia militar, pero durante la campaña se encuentra con el elemento ultraliberal que había estado creciendo desde el principio del gobierno Lula con la creación de institutos y de formación de cuadros liberales y ahí entra Pablo Guedes, un tipo que estudió en Chicago al que nunca se lo tomó muy en serio porque era muy extremista. Pero en la política brasileña hay una fuerza política que se alimenta de su capacidad de sacarle plata al Estado, el centrão, que garantiza la gobernabilidad a quien sea, incluso ahora a Lula, y entonces exige un cierto nivel de presencia del Estado que impide que se vaya destruyendo todo. Milei está mucho más cerca de Thatcher, es mucho más ideológico a lo que era Bolsonaro, que al final es un oportunista.
-Marcás tres matrices discursivas en Bolsonaro: el militarismo, el emprendedorismo y el anti intelectualismo. El emprendedorismo acá es muy evidente y el militarismo en alguna medida también, por el nivel inseguridad en algunos lugares. Pero Milei quiere mostrarse como académico. Bolsonaro disfrutaba mostrándose poco preparado.
-Que Milei se presente como un intelectual no me parece enteramente incompatible con la idea de que hay un elemento anti intelectual en su base. Figuras semejantes a él, como Guedes, o la más importante, Olavo de Carvalho, también se presentaban como grandes intelectuales que no habían sido reconocidos por el establishment intelectual. El anti intelectualismo tiene que ver con la idea de que la prensa, la Academia, están todas controladas por la izquierda, que tiene todo bajo control y estamos bajo una dictadura de pensamiento.
-Se muestran como perseguidos y humillados.
-En una situación en que, por muchos motivos estructurales, mucha gente se siente humillada y perseguida.
-Uno se queda con la sensación de que no hay nada que se pueda hacer, que la izquierda no tiene cómo resolver el problema.
-Hay un tipo que yo sé que a Milei le gusta bastante que es el norteamericano Murray Rothbard.
-Uno de sus perros se llama Murray.
– Bueno, él escribió un librito donde dice “hay que aprender de los socialistas, que están ahí siempre con sus ideas hasta que aparezca la situación donde hay que presentarlas. Y el tipo de convicción, de determinación de alguien como Lenin es el que tenemos que tener nosotros los liberales”. Me parece que es el momento de aprender de los liberales lo que ellos habían aprendido de la izquierda. En la crisis del 2008, que todavía el sistema mundial no ha logrado resolver, la izquierda frecuentemente ha jugado el rol de defender el orden. Tras las protestas del 2013 se abre una oportunidad que el gobierno petista podría haber utilizado para repactar los acuerdos con la derecha. Pero muy claramente se identifica con el establishment y reprime a la gente que está en la calle. Cuando existen sentimientos antisistémicos muy fuertes, lo que hace la derecha es decir “si, tenés razón de estar ahí, de sentir que las cosas van muy mal, tienes razón de creer que hay que cambiar todo”. Reconocen y acogen estos sentimientos para inmediatamente desplazarlos hacia una explicación falsa o una causa imaginaria.
-¿El error de aquel gobierno fue no reconocer el problema?
-Hay que tener el coraje que ha tenido la extrema derecha de decir “si, hay mucho que cambiar”. En el libro yo planteo repensar el sentido del realismo político. Con la victoria de la extrema derecha se ve que el supuesto realismo de los políticos tradicionales no funciona más. Y no funciona porque se refiere a una realidad que no existe, define una realidad de un modo que ya no tiene resonancia con la mayoría de la gente.
Comentarios recientes