En la elección de 2016, la amenaza de Bernie Sanders fue cauterizada por el establishment demócrata a través de una de sus más fieles representantes, Hillary Rondham, la esposa de uno de los barones del partido, el expresidente Bill Clinton. Esta vez, la apuesta pasó por instalar a Joe Biden, vicepresidente de Barack Obama, para destronar a Donald Trump. Pero Sanders está bastante más fuerte que hace cuatro años, Biden se cayó estrepitosamente en las dos primarias que se llevaron a cabo y ahora, un poco a la desesperada y otro por eso de que “billetera mata galán”, viene creciendo la candidatura de Michael Bloomberg, el hombre que ostenta el puesto número 12 entre los más ricos de EE UU. Con lo que el duelo de noviembre podría darse entre millonarios. Básicamente para bloquear el corrimiento a la izquierda que implicaría Sanders, declarado socialdemócrata. Más parecido a Suecia o Dinamarca que a Cuba o Venezuela, pero demasiado para que los sectores de poder en Estados Unidos duerman tranquilamente.
Bloomberg fue alcalde de Nueva York entre 2002 y 2013 y en ese período profundizó la política de represión ciudadana que con el slogan Tolerancia 0 había comenzado su antecesor Rudolph Giuliani. Si hay una diferencia entre Trump y Bloomberg, además de que el exalcalde tiene 17 veces más dinero que el actual ocupante de la Casa Blanca, es que no es un heredero. Es decir, hizo el dinero en base a su habilidad y no a partir del que recibió de sus padres.
Un trabajo elaborado por Forbes, la revista que computa las riquezas más grandes del mundo, destaca que Trump atesora 3100 millones de dólares, contra 60 mil millones de Bloomberg. A continuación recuerda que el aspirante hizo dinero con las terminales de información donde los inversores acostumbran mirar para decidir. Y que recién en 1992 –cuando él ya tenía 50 años- apareció entre los 400 más ricos, pues había superado el límite de 350 millones. “En ese momento, Trump estaba tratando de salvar su imperio después de que una ola de compras alocada lo llevó al borde del colapso”, recuerda. Trump recién superó ese escalón en 1996.
Para mostrar las aptitudes de cada uno, Forbes contabiliza el crecimiento de la riqueza de cada uno de ellos desde entonces. Trump incrementó su fortuna a una tasa anual de 8,8%, dos puntos más que el promedio del índice Standard and Poors 500. Pero el salto de Bloomberg fue estrepitoso: enriqueció a una tasa del 18,8% anual. La explicación quizás sea que apostó a la información y los medios mientras que Trump se mantuvo en el negocio inmobiliario y toda su intervención en los medios fue a través de un reality show en el que premiaba a emprendedores que mostraban sus destrezas para convertirse en magnates.
Ahora, para posicionarse frente a la caída de los “pollos” del partido demócrata tras los primeros caucus –donde Sanders aparece como favorito- puso unos 400 millones de dólares en publicidad, artículos pagos y apoyo a periodistas y medios de tv, radio, papel y digitales, según informa New York Times. Y ya está en los spots. Bloomberg fue demócrata hasta que en 2001 consiguió el apoyo de los republicanos para ganar en Nueva York. Se mantuvo con el partido del elefante hasta 2007, en que volvió a los demócratas. En ese vaivén se parece al que espera que sea su contrincante en noviembre. Trump fue republicano entre 1987 y 1999, luego acompañó a otro millonario con aspiraciones, Ross Perot; volvió al partido del burro, donde había iniciado su raid político, en 2001 y se fue definitivamente en 2009. Así obtuvo la nominación en 2016, contra todos los pronósticos.
En las elecciones de medio término, Bloomberg comenzó a mostrar su interés en incidir en el Congreso de EE UU y sacó de su bolsillo unos 100 millones de dólares para patrocinar a un puñado de legisladores demócratas que permitieron recuperar el control de la Cámara Baja a la oposición.
Ahora, a los 78 años, los vientos soplan a su favor. No hay candidatos «confiables» para impedir que Trump sea reelegido y todo lo que despunta es la siempre presente imagen de Sanders, que tiene la misma edad pero representa una postura ante el mundo diametralmente opuesta. Tanto como que plantea discutir la desigualdad social, salud y educación gratuita, impedir deportaciones, combatir del cambio climático, legalizar la droga y el control de las armas.
Todas ellas malas palabras para ese 1% de la población de Estados Unidos que ahora tiene casi tanta riqueza como las clases media y media alta juntas, según un artículo de nada menos que de bloomberg.com que firmaron Alexandre Tanzi y Michael Sasso.
Tanto Sanders como Elizabeth Warren y un extendido arco dentro del partido demócrata, entre ellas Alexandria Ocasio Cortez, vienen proponiendo un giro copernicano en el país. Pero la pelea de los dirigentes más idealistas se hace cada vez más cuesta arriba: En abril de 2014 la Corte Suprema de Justicia anuló los límites a las contribuciones para las campañas electorales.
Si Trump ganó hace cuatro años es porque tenía billetera para bancar la parada. Bloomberg tiene 17 veces más. «
Otra vez, la sombre de los espías rusos
Los demócratas se juegan una nueva parada en Nevada, donde volverán a competir por ver quién se enfrentará con Donald Trump el 3 de noviembre. Como se está haciendo casi un clásico, otra vez la supuesta injerencia Rusa vuelve a aparece en escena, como sucede desde que en 2016 Hillary Clinton perdió una elección que en el partido creían fácil.
Esta vez el sablazo vino desde el Washington Post, que publicó información aportada presuntamente por funcionarios estadounidenses que habrían sido informados por agentes de inteligencia de que los servicios rusos estarían operando en favor del socialdemócrata Bernie Sanders. El senador por Vermont salió prontamente al ruedo a exhortar a que Moscú se “mantenga al margen” de los comicios.
«Mi mensaje a Putin es claro: manténgase alejado de las elecciones estadounidenses, y como presidente, me aseguraré de que usted lo haga», dijo en un comunicado.
Sanders viene con viento a favor luego del fiasco del caucus de Iowa, donde todo indica que el programa cibernético para el conteo de votos fue bloqueado para no darle el triunfo, hasta las de New Hampshire, donde se impuso por el 26% del apoyo contra el Pete Buttigieg, que alcanzó el 24,4%. En Nevada los pronósticos le daban 15 puntos de diferencia.
Mientras tanto, el magnate Bloomberg se prepara para meterse en la pelea recién para el 3 de marzo, cuando se desarrolle el “supermartes” en el que en forma simultánea se realizan primaras en 14 estados. Ante el avance de Sanders y la caída del hombre de las elites demócratas, Joe Biden, el millonario, podría ser el único candidato potable para el establishment del país en un intento por destronar a Trump, envalentonado luego de que fracasó el impeachment en su contra en el Senado. Pero en un debate televisado entre todos los aspirantes, Bloomberg no fue lo brillante que necesitaría como para ingresar a la carrera cuando ya está comenzada.
Elizabeth Warren, la otra senadora de centroizquierda que pretende competir en noviembre, lo acribilló a preguntas sobre los acuerdos de confidencialidad que debieron firmar tres mujeres que trabajan en las empresas del exalcalde de Nueva York por comentarios del acaudalado precandidato.
«Realmente estoy harta de los multimillonarios, independientemente del partido, que piensan que las reglas no se aplican a ellos», insistió Warren ni bien pisó tierra de Nevada para esta ronda preelectoral.
Cuando hace algunas semanas el secretario de Estado Mike Pompeo desembarcó en el aeropuerto londinense de Stanstead iba a discutir varios asuntos de suma actualidad con el primer ministro británico Boris Johnson. El Brexit, que iba a ocurrir un par de días después, y la aprobación británica a que la empresa china Huawei participe -aunque en forma limitada- en el desarrollo de la red 5G del Reino Unido ocuparon la atención de los grandes medios. Sin embargo, hubo un tema que también fue parte de esas conversaciones y que finalmente terminó por explotar en la atención pública. La extradición de la esposa de un diplomático estadounidense que el año pasado mató en un accidente de tránsito a un motociclista de 19 años y huyó con protección oficial a EEUU y a la que el gobierno de Donald Trump se niega a extraditar para que se haga cargo de su crimen. Ahora la familia del chico, Harry Dunn, está indignada porque descubrió el motivo de semejante cobertura: Anne Sacoolas no solo es esposa de un espía sino que ella misma es agente de la CIA, según publicó el diario Dairy Mail. El escándalo resuena en los medios ingleses, donde la madre del muchacho reclama justicia entre lágrimas, mientras se difunde la imagen de la acusada caminando tranquilamente por las calles de su país.
“No sé cómo puede vivir consigo misma”, se la ve decir frente a cámara a Charlotte Charles, la mamá de Harry Dunn. El adolescente vivía con su familia en Charlton, cerca de Banbury, en Oxford, y circulaba habitualmente con su moto por la carretera de Croughton, Northamptonshire, donde hay una base de la Fuerza Aérea Real (RAF por sus siglas en inglés).
Allí la Fuerza Aérea de EEUU (USAF) administra un centro de espionaje conjunto entre las naciones británicas (esto incluye a Canadá y Australia) donde Jonathan Sacoolas estaba destinado como analista de la NSA. Es la misma agencia a la que pertenecía Edward Snowden, el agente que denunció cómo desde esa dependencia se hace espionaje electrónico en todo el planeta a través de dispositivos y plataformas en teléfonos y artefactos hogareños.
El 27 de agosto, como solía hacer, Harry iba tranquilamente por la ruta cuando fue atropellado por un Volvo XC90 que iba a contramano, conducido a toda velocidad por Anne Sacoolas. Viene a cuento recordar que en los países británicos los vehículos circulan por la izquierda, mientras que en EEUU y el resto del mundo lo hacen por la derecha.
El chico fue declarado muerto en el Centro de Trauma Mayor del Hospital John Radcliffe, de Oxford. Tenía lesiones calificadas como de Categoría 2, que requieren según los informes médicos, una atención urgente dentro de los 40 minutos del accidente. La ambulancia llegó a los 43 minutos. El servicio médico de East Midlands adujo que no tenían suficientes equipos para todas las emergencias.
La conductora del auto fue indagada y liberada de inmediato. Dos semanas más tarde, Anne Sacoolas salió del país con su marido, en una avión de la USAF. Según las autoridades inglesas, ella tenía inmunidad diplomática por el rango que ostentaba su esposo y nada podían hacer para bloquear su partida si los representantes de EEUU no se los permitía.
Durante todos estos meses, los padres de Harry lo intentaron todo para que la mujer fuera traída de vuelta al país y resultara procesada por el homicidio, pero nada lograron. Los pedidos de extradición chocaron con el rechazo de las autoridades estadounidenses. Ante la falta de respuestas en su país, los padres de Harry viajaron a Nueva York para pedirle a la mujer que coopere con la investigación judicial regresando al Reino Unido. Pero ni bien pisaron suelo estadounidense recibieron una invitación para ir a la Casa Blanca a entrevistarse con el presidente Donald Trump.
“Trump nos dijo que Anne Sacoolas estaba en la Casa Blanca y estaba dispuesta a reunirse con nosotros”, dijo la madre de Harry. “Dejamos muy en claro que, como lo hemos dicho todo el tiempo, nos reuniremos con ella y aún nos encantaría reunirnos con ella, pero tiene que ser bajo nuestros términos y en territorio británico”. Trump, según dijeron los esposos Dunn, fue evasivo a la hora de comprometerse a extraditar a la señora Sacoolas. Finalmente su gobierno rechazó todos los pedidos judiciales.
El caso parecía destinado al olvido cuando durante este fin de semana saltó a las tapas de los matutinos con la revelación de que Anne Elizabeth Goodwin, nacida en South Carolina hace 42 años y con tres hijos, era agente de la CIA y tenía un rango más alto en los servicios de inteligencia que su esposo, Jonathan Sacoolas. Y que además ya tenía varios incidentes de tránsito en su haber, aunque no se sabe si con resultado de muerte.
“Las cosas están empezando a encajar”, reflexiona Charlotte. Ahora entiende el por qué del bloqueo a la investigación judicial y a que la responsable de esa muerte se presente en los tribunales a hacer su descargo. El delito del que se la acusa, homicidio por conducir de manera imprudente, podría llevar una pena de hasta 14 años de prisión. Pero el proceso debería ventilar quién es Sacoolas y eso pondría en aprietos a toda una estructura del espionaje en que los británicos no quedarían muy bien parados.
Con todo lo que hicieron para evitar que el caso saltara a la luz, no hicieron más que incrementar la indignación pública.
Donald Trump tuvo su semana de gloria. Tan empoderado se sintió luego del aplastante triunfo en la interna republicana de Iowa del lunes y el cierre del impeachment en el Senado del miércoles que se animó a un tuit en el que desliza la posibilidad de una reelección eterna. Del otro lado, el vergonzoso proceso electoral de los demócratas en el primer test para seleccionar quién lo enfrentará en noviembre abre interrogantes preocupantes para la oposición.
En realidad, lo único sorprendente en la votación de la Cámara Alta que absolvió a Trump de los delitos de abuso de autoridad es que la lideresa parlamentaria demócrata, la experimentada Nancy Pelosi, continuara con el proceso a pesar de que era evidente que la mayoría republicana le daría el aval al presidente de su mismo partido.
Pero el juicio político tampoco tenía apoyo en las calles. La prueba más contundente es que en la primaria demócrata, el ex vicepresidente Joe Biden, que aparecía en las encuestas como favorito, cayó estrepitosamente a un cuarto lugar, muy por debajo de Bernie Sanders, Pete Buttigrieg y Elizabeth Warren.
No está de más recordar que el fundamento para abrir la causa contra Trump es que había maniobrado para que el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ordenara a la Justicia de su país investigar los negociados de Hunter Biden, hijo del candidato demócrata, en una empresa de energía.
Lo determinante no fue, analizado a esta altura de los acontecimientos, que Trump usara el poder de la principal potencia del mundo para una movida que podría enlodar al que parecía su principal oponente para seguir otros cuatro años en la presidencia. Lo que causó escozor en el establishment político de Washington fue que develara el revés de la trama que sustenta a gran parte de la dirigencia estadounidense: los negocios particulares armados bajo la protección de la bandera de EE UU.
(Foto: AFP)
Biden Jr. aprovechó el golpe contra el entonces presidente ucraniano Víktor Yanukovich, pergeñado por el Departamento de Estado en 2014, para encaramarse en el directorio de la empresa petrolera Burisma Hokdings, donde según denunció el propio Trump en la red Twitter, cobró 100 mil dólares al mes sin tener la menor experiencia en energía.
Que un político estadounidense o alguno de sus familiares haga negocios desde su cargo público no es novedad ni adentro de EE UU ni en el exterior. De hecho, se conoce como «puerta giratoria» al esquema de ingresar a una firma privada cuando se deja el cargo, para regresar luego cuando se vuelve a la función. Sin ir más lejos, muchos de los altos dignatarios del Partido Republicano, como el ex vicepresidente Dick Cheney o Donald Rumsfled, exsecretario de Defensa, son integrantes de grandes corporaciones militares. Por esa misma razón, nadie «saca los pies del plato» en Washington mostrando esas actividades reñidas con la moral, aunque no penadas por la ley.
Por eso el ataque de Trump contra Biden Jr. debe ser entendido como una guerra intestina dentro de los sectores del poder estadounidense. Es que desde que sorpresivamente el actual mandatario se presentó como candidato a suceder a Barack Obama, los representantes del statu quo buscaron la forma de bloquearlo.
Sus declaraciones eran rupturistas del régimen establecido entre los dos partidos políticos, más allá de los modales revulsivos que muestra desde que se hizo personaje popular como conductor de un reality televisivo. Eso amenaza al poder detrás de las sombras: el aparato militar industrial que –junto con Cheney y Rumsfled– extendió sus tentáculos en Irak y Afganistán con George W. Bush. Obama había llegado al Salón Oval con la promesa, en 2008, de retirar las tropas de esas regiones, pero no hizo más que incrementar la participación estadounidense de ese pantano. La imagen que utilizó Trump para presentarse fue que iba a «drenar el pantano» en ese y en otros ámbitos.
Con vaivenes y una política exterior zigzagueante, ni bien Trump llegó a la Casa Blanca fue denunciado por presuntamente haber recibido apoyo del gobierno ruso durante la campaña. Los demócratas nunca digirieron la derrota –Trump ganó en el colegio electoral, aunque en el voto popular tuvo 3% menos de apoyo que Hillary Clinton– y se aliaron con el llamado «estado profundo», para evitar un cambio de rumbo en la política exterior.
Si Trump pretendía negociar espacios de poder con Rusia y China, de movida debió demostrar que con Vladimir Putin estaba todo mal. En el caso de China, la guerra comercial forma parte de la otra pata de su estrategia: ponerle freno a la deslocalización de empresas hacia la potencia asiática para recuperar fuentes de trabajo dentro de EE UU.
Desde el punto de vista electoral, el enfrentamiento con el establishment, que también integran los medios hegemónicos, no le salió nada mal. Las encuestas de Gallup, la más influyente de las consultoras de ese país, indican que el apoyo de la población a las políticas de Trump ronda el 49%. Entre los republicanos la aprobación es del 94%, mientras que entre los independientes llega al 42%. Sólo el 7% de los demócratas habló positivamente del mandatario, una diferencia que refleja la «grieta» que aprovechó el exconductor de The apprentice, un programa en el que un puñado de empresarios competían por un premio de 250 mil dólares y un contrato para dirigir una empresa de Trump. La frase que lo hizo entonces famoso era «you are fired» (estás despedido), a los que iban quedando en el camino hacia la final.
Esa misma frase le espetó el jueves al teniente coronel Alexander Vindman, que fue director de Asuntos Extranjeros en el Consejo de Seguridad Nacional y atestiguó en su contra en el impeachement. En octubre pasado había pronunciado esa misma sentencia ante John Bolton, el belicoso jefe de esa dependencia. Bolton era uno de los testigos que querían presentar los demócratas en el Senado para enterrar a Trump. Pero los republicanos, que también leyeron las encuestas, le rechazaron esa posibilidad.
Trump saborea sus triunfos mientras ejerce su venganza sobre los que pretendieron quitarlo del camino. Pero en esta partida no está todo dicho. Los intereses en juego son monstruosamente grandes. «
Sin grieta sobre Venezuela
El canciller de Rusia, Serguéi Lavrov, de gira por Venezuela, cuestionó las sanciones económicas de Estados Unidos contra Caracas y la amenaza del gobierno de Donald Trump de sacar del poder por la «fuerza» a Nicolás Maduro. «Condenamos decisivamente todo tipo de métodos como chantaje, dictados, sanciones y otros pasos que van en contra y derrocan la carta de la ONU», dijo Lavrov desde el palacio presidencial de Miraflores.
En su discurso del Estado de la Unión, Trump avaló las políticas agresivas contra el gobierno bolivariano y presentó al diputado Juan Guaidó como el «presidente legítimo» de Venezuela. Fue el único momento en que demócratas y republicanos mostraron su acuerdo.
«La crisis alrededor de Venezuela procede de (…) una campaña grande con el fin de derrocar el gobierno legítimo, utilizando todas las opciones, como dicen los organizadores de esta campaña, incluso el uso de la fuerza», denunció Lavrov.
La guerra del gobierno de Donald Trump contra el gigante chino Huawei se trasladó a otro campo de batalla: el Reino Unido. Curiosamente en el momento en que los mandatarios de ambas naciones están más cercanos. Hace tres días Gran Bretaña comenzó formalmente el proceso de divorcio de la Unión Europea para el que aún faltan cuestiones legales y fiscales por resolver antes de fin de año. Pero en la práctica, ya no duermen en la misma cama que compartían desde hace 47 años. Y los “britons” necesitan el respaldo de sus primos americanos para capear el temporal que se avecina, sin respaldo continental. (Ver acá)
Sin embargo, unos días de días antes de la fecha cumbre del Brexit, el primer ministro Boris Johnson autorizó que la telefónica más cuestionada por Washington participara del despliegue de la red 5G en el país. Contraviniendo directivas de todos los funcionarios de Trump, que lanzan pestes contra Huawei desde que la administración republicana puso a la firma en la lista de enemigos por considerar que a través de sus aparatos y redes hace espionaje a favor de Beijing.
La participación del gobierno chino en Huawei es innegable y el fundador de la empresa, Ren Zhengfei, integró las fuerzas armadas de esa nación como ingeniero militar y recibió apoyo oficial para desarrollar su empresa.
Pero si de espiar se trata, las denuncias del ex empleado de la CIA Edward Snowden sobre los programas de espionaje utilizados por EEUU a través de su agencia NSA deberían también formar parte del debate político-mediático.
Algo de esto tienen en cuenta los representantes de la Unión Europea, que vienen debatiendo la participación de Huawei en la red continental de 5G. El miércoles pasado, Bruselas emitió directivas sobre seguridad que parecen tomar en cuenta ambas amenazas, la estadounidense y la china.
Entre las medidas clave, recomienda a sus miembros fortalecer los requisitos de seguridad para los operadores de redes móviles; evaluar el perfil de riesgo de los proveedores; aplicar las restricciones pertinentes para los proveedores considerados como de alto riesgo y garantizar que cada operador cuente con una estrategia de vendedores múltiples apropiada para evitar o limitar cualquier gran dependencia en un proveedor único y evitar la dependencia en proveedores considerados de alto riesgo.
«El conjunto de herramientas es un paso importante en lo que debe ser un esfuerzo continuo en el trabajo colectivo de la UE para proteger mejor nuestras infraestructuras críticas», dijo Margaritis Schinas, vicepresidente de Promoviendo el Estilo de Vida Europeo, según destaca un cable de la agencia de noticias china Xinhua.
La aprobación de Johnson, en tanto, es limitada. Permitirá que la empresa asiática construya parte de la red restringida a partes de infraestructura «no centrales» y mientras no tenga más del 35% de participación en el mercado.
Esa autorización, a horas casi del Brexit, despertó críticas dentro de su propio partido, el conservador. Para un grupo importante de legisladores “tories”, cualquier proveedor considerado de alto riesgo por el servicio de inteligencia británico debería ser eliminado de la cadena de suministro, señala el diario The Guardian.
Pero para el MI6, el famoso servicio de espionaje de la corona, que afirma haber investigado a Huawei en el pasado, ninguna de sus aplicaciones “representa un desafío que no podamos controlar”.
Del otro lado del Atlántico, el clima es bastante más hostil a la decisión de Johnson. Comenzando por el secretario de Estado, Mike Pompeo, que viene batallando desde mediados del año pasado para que Londres les diera un portazo a los chinos.
«Esto no es sobre una compañía (por Huawei); esto es sobre un modelo del Partido Comunista chino, que establece requisitos a estos negocios, diciendo lo que deben hacer, y no son solamente requisitos legales, son inversiones financieras importantes. Hay altos funcionarios en esta compañía que están vinculados al Partido Comunista chino», recalcó Pompeo desde la capital inglesa, donde comenzó una gira que se extiende hasta mañana y que lo llevó por Ucrania, Bielorrusia y Uzbekistán.
«El Partido Comunista chino representa la amenaza central de nuestro tiempo», denunció, como si estuviera en tiempos de la Guerra Fría y antes de 1972, cuando Richard Nixon viajó a Beijing pare entrevistarse con el líder de la revolución china, Mao Zedong.
El lobby contra Huawei – segunda en venta de celulares a nivel mundial, detrás de Samsung y adelante del Iphone de Apple- continuó con una carta firmada por 42 congresistas de EEUU enviada a la Cámara de los Comunes alertando sobre los riesgos de utilizar la tecnología china. La nota original fue publicada por el diario sensacionalista inglés Daily Mail y reproducida por medios argentinos. En ningún momento se indica quiénes son esos congresistas, aunque es fácil deducir quiénes podrían estar detrás de la movida mediática.
Los republicanos Marco Rubio, Tom Cotton, Mitt Romney y John Cornyn encabezan la iniciativa contra Huawei y ya estuvieron haciendo campaña contra la aprobación de Johson desde que la propuesta tomó cuerpo.
“Huawei es una malvada compañía de telecomunicaciones china dirigida por el Estado que busca dominar el futuro de las redes 5G. Es un instrumento de poder nacional utilizado por el régimen en Beijing para socavar a las empresas estadounidenses y otros competidores internacionales, participar en espionaje en países extranjeros y robar propiedad intelectual y secretos comerciales”, sostiene Rubio, un hijo de inmigrantes cubanos anticastristas que hace campaña contra cuanto gobierno popular aparezca en América Latina.
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