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La pobre empatía de los ricos

La pobre empatía de los ricos

En marzo de 2012 los psicólogos sociales Paul Piff y Dacher Keltner presentaron un paper en la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos muy revelador sobre el comportamiento de los millonarios. En concreto, estos investigadores de la Universidad de California en Berkeley querían determinar qué clase social tiene más probabilidades de mentir, engañar, robar, cuál tiene mayor empatía con los más vulnerables.

El primer ejercicio fue relativamente sencillo: se pararon en un muy transitado cruce de avenidas de la ciudad y encontraron que los conductores de automóviles de lujo -tanto varones como mujeres- eran más proclives a sobrepasar a los otros automovilistas sin esperar su turno en la fila. También descubrieron que esos mismos conductores acostumbraban con mayor frecuencia a adelantarse a los peatones que intentaban cruzar.

En otro análisis -que resumió Daisy Grewal en la revista Scientific American– los investigadores analizaron a un grupo de personas a las que les dijeron que se compararan con quienes estaban mejor y peor que ellos. Luego les mostraron objetos tan apreciados como…chocolates. Podían llevarse los que quisieran de un frasco a condición de que los que sobraran iban a ser entregados a chicos de un colegio cercano.

“Los que pensaban que tenían mejor posición que los demás se llevaron más y dejaron menos para los niños”, destacaron los expertos.

Otro estudio consistía en sondear la respuesta de un grupo de personas ante dos videos. En uno, alguien explicaba cómo construir un patio, en el otro había niños enfermos de cáncer. Los “conejillos de indias” de menores ingresos y educación mostraban mayor compasión ante los pequeños que el resto.

Al mismo tiempo, Piff y Keltner anotaron que las personas más ricas tendían a estar más de acuerdo con afirmaciones como que la codicia es moralmente aceptable y está justificada porque es beneficiosa para la sociedad, como decía Gordon Gekko, el personaje de la saga Wall Street.

¿Qué explicación dieron los científicos? En principio, que la riqueza y la abundancia les dan una sensación de libertad e independencia de la que carecen los menos favorecidos en el reparto de riquezas.Un año más tarde, en 2013, el economista francés Thomas Piketty sacudió la estantería con su libro El capital en el siglo XXI, donde presenta con datos e información verificada algunas cuestiones claves del modelo economico que rige en el mundo. Y entre ellas destaca que el capitalismo actual está conformado por un grupo cada vez más reducido de millonarios -el 1% de la sociedad-  que no constriuyeron su fortuna. Simplemente la heredaron.

Y con esa herencia, adquirieron comportamientos egoístas extremos sin la menor empatía por los demás. Simplemente no pueden ni les interesa comprender a ese mundo que pulula fuera de sus castillos.

El ejemplo de este tipo de personaje a nivel internacional es sin dudas Donald Trump. Pero huelga recordar también que si algo caracterizó a la gestión que dejó la Casa Rosada el 10 de diciembre pasado es la abrumadora mayoría de herederos, desde el presidente para abajo.Hay una línea que une las actitudes de aquel rugbier violento contra un portero de su edificio de la localidad de Vicente López con el empresario de Vicentin que salió a pasear en su yate en plena cuarentena, el surfer escapó de la escolta policial para irse a Pinamar y el habitante de un country que llevaba a la empleada doméstica en el baúl del auto.

Todos ellos muestran una resistencia visceral a los controles e identifican en el Estado a esa institución que solo cobra impuestos y debe vigilar, pero a los de abajo. Pueden llegar a argumentar que nadie les regaló nada, pero en realidad todo les vino servido desde la teta. Y como todo lo tuvieron servido, no solo carecen del sentimiento necesario para comprender al que sufre, tampoco creen que deben rendir cuentas de sus actitudes individuales.

El ser humano es el más desvalido de los animales de la Tierra, el que más necesita de los demás para poder sobrevivir hasta desenvolverse por las suyas. Sin embargo, la riqueza -o la aspiración a parecer rico- como en ese trabajo de Piff y Keltner, brinda la sensación de que no se necesita de nadie más.

De eso se trata el gran debate en estos tiempos de cuarentena. De quien sabe que necesita de los otros y de quien cree que se basta por sí mismo.

Uno de los ideólogos locales de esta posición individualista en la Argentina seguramente es el economista Roberto Cachanosky, quien venía agitando desde hace varios días la necesidad de que “los políticos” recorten sus ingresos y pretende aprovechar la volada para hacer una profunda reforma del Estado. Fue el que puso una cifra -6.000 millones de dólares- que según dice, se ahorraría bajando sueldos en la función pública.Por esos días de consecuente lucha de tinte libertario- hay que remarcar que siempre estuvo de ese lado de la vereda- el hombre también despotricaba contra las limitaciones a la circulación de personas decretada por el gobierno nacional.  Para ello, en una cuenta muy activa que maneja en la red social del pajarito, recurrió a la Constitución nacional y recomendó releer a Juan Bautista Alberdi.

Antes había salido en defensa del joven surfer.

Como muchos que cacerolean para exigir la baja de salarios a la dirigencia política y otros tantos “traviesos” que buscan el modo de burlar las disposiciones sanitarias , esta línea de pensamiento se basa en el argumento de que un ciudadano es libre de hacer lo que le venga en gana y nadie tiene derecho a impedirlo. Que ellos son fuertes y atléticos y si los apuran, alimentan la certeza de que después de todo, si se contagian es su problema. Algo así dice Jair Bolsonaro.

Ante una pandemia como la del coronavirus, no se trata de que un individuo decida hacerse el valiente o el rebelde sin causa, sino de que el Covid-19 puede arrastrar a los que están cerca. Es cierto que estamos todos en el mismo bote, pero como insinuaba aquel viejo chiste de Quino, no todos quieren remar y algunos tratan de hacerle agujeros de puro mal criados, como dirían las abuelas.

Tiempo Argentino, 1 de Abril de 2020

Bolsonaro dice que la cuarentena puede llevar a un caos «como en Chile»

Bolsonaro dice que la cuarentena puede llevar a un caos «como en Chile»

Si hay en el mundo dos gobernantes que reman contra la corriente frente al Covid-19 son el brasileño Jair Bolsonaro y el estadounidense Donald Trump. No porque sean los únicos que plantean medidas diferentes a las recomendaciones de cuarentena total de la OMS sino por el fervor con que privilegian la economía por sobre la salud de los seres humanos. Y argumentan que la población en riesgo, por edad o condiciones preexistentes, debe resignarse a la muerte.

En el caso de Bolsonaro, el escenario que plantea con la cuarentena es de un caos con saqueos en supermercados, parecido al de Chile desde octubre. Y lanzó una velada amenaza contra las instituciones democráticas. Lo que no puntualizó, entre otras cosas, es que lo que llama “caos chileno” es una masiva protesta contra un sistema económico-político instaurado durante la dictadura que reclama, entre otras cosas, una nueva constitución. Será porque Pinochet para este ex capitán del Ejército brasileño es un modelo a copiar.

«No podemos perder a Boeing. No podemos perder a algunas de estas empresas», dijo Trump a la cadena Fox, su aliada mediática, desde la Casa Blanca. «Si perdemos estas compañías, estamos hablando de cientos de miles de empleos, millones de empleos».

Para rematar, dijo que “mucha gente está de acuerdo conmigo, nuestro país no está diseñado para cerrar, puedes destruir un país de esa manera”.

El vicegobernador de Texas, Dan Patrick, que cumple 70 años en unas semanas, le dio una vuelta de tuerca al argumento. «Volvamos a trabajar, a vivir, seamos inteligentes. Y los que tenemos más de 70 años, ya nos cuidaremos, pero no sacrifiquemos el país, no lo hagamos, no sacrifiquemos el gran sueño americano».

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, le puso en la mesa de debate de qué se trata esta disputa: “Mi madre no es sacrificable”.

Trump enfrenta el coronavirus de un modo más laxo que lo que pide la OMS y piensa volver a la normalidad el 12 de abril pase lo que pase, pero choca con gobernadores como Cuomo que exigen medidas más drásticas en vista de que ya tiene 25.000 casos registrados en su distrito y teme una explosión como ocurrió en Italia.  De hecho, Estados Unidos es el tercer país con más enfermos detectados -más de 54.000, con alrededor de 700 muertes- detrás de China e Irán.

Bolsonaro habló en cadena el martes y criticó el cierre de escuelas y tildó de demagogos a los gobernadores de San Pablo y Río de Janeiro -que son de partidos aliados en su momento a su proyecto político- al tiempo que calificó al coronavirus, nuevamente, de una “gripecita”.

«Debemos volver a la normalidad. Algunas autoridades estatales y municipales tienen que abandonar el concepto de tierra arrasada. La prohibición de transportes, el cierre del comercio y el confinamiento en masa», dijo.

«En el mundo los más afectados son los mayores de 60 años, ¿por qué cerrar escuelas?”, dijo. Y tras despotricar contra el cierre de shoppings e iglesias, dijo los medios difunde histeria y pánico. Además aseguró que tiene provisiones suficientes de cloroquina, un medicamente contra la malaria que aún no está prescripto contra el Covid-19.En Brasil ya había más de 2200 contagiados con Covid-19 y 46 muertos. Pero el servicio de inteligencia estatal, la ABIN, en un informe que se filtró al portal The Intercept, prevé un escenario poco alentador, con una proyección de 5571 muertes hasta el 6 de abril. (Ver acá).

También consigna la ABIN (la AFI brasileña) que “Corea del Sur, Irán y China consiguieron cambiar la dirección de la recta (ascendente de contagios) probablemente después de adoptar medidas de contención”. El director de la agencia es el general Augusto Heleno, quien también fue contagiado con el virus. 

En el habitual cruce con periodistas a la salida de la residencia presidencial de la Alvorada, Bolsonaro fue mucho más drástico en defensa del camino elegido para combatir el virus.»Las empresas no están produciendo nada. No tienen cómo pagar a su personal. Y si la economía colapsa, no habrá cómo pagar a los funcionarios públicos. El caos está ante nosotros», dijo, ofuscado.

«¿Qué debemos hacer? Poner a la gente de nuevo a trabajar. Proteger a los ancianos, a quienes tienen problemas de salud. Pero nada más fuera de eso. De lo contrario, lo que sucedió en Chile puede ser una minucia al lado de lo que puede acontecer en Brasil». Agregó que ese caos puede representar un desafío para la estabilidad política, e increpó a los trabajadores de prensa: «¿Brasil puede salir de la normalidad democrática que ustedes defienden tanto? Nadie sabe lo que puede suceder en Brasil”.

La pelota quedó picando, aunque señaló que no sería él quien una ruptura democrática,— Jair M. Bolsonaro (@jairbolsonaro) March 25, 2020 «¿Qué debemos hacer? Poner a la gente de nuevo a trabajar. Proteger a los ancianos, a quienes tienen problemas de salud. Pero nada más fuera de eso. De lo contrario, lo que sucedió en Chile puede ser una minucia al lado de lo que puede acontecer en Brasil». Agregó que ese caos puede representar un desafío para la estabilidad política, e increpó a los trabajadores de prensa: «¿Brasil puede salir de la normalidad democrática que ustedes defienden tanto? Nadie sabe lo que puede suceder en Brasil”.

La pelota quedó picando, aunque señaló que no sería él quien una ruptura democrática.

Tiempo Argentino, 25 de Marzo de 2020

Estados Unidos, China y el mundo que la pandemia nos legó

Estados Unidos, China y el mundo que la pandemia nos legó

Cada cataclismo sanitario dejó cambios persistentes en la civilización. Después de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1871, la clase alta porteña, que vivía en el sur de la ciudad, se trasladó a los barrios del norte, desde entonces un signo de distinción aristocrática, y se extendieron los servicios de agua y cloacas.  El Renacimiento europeo no se puede explicar sin la peste negra, que mató a la tercera parte de la población del continente. A su término, otro mundo nació de aquellas cenizas.

Cuando el pico máximo del coronavirus aún no llegó a la Argentina y ni siquiera se sabe si lo hizo en Europa, las primeras consecuencias ya se hicieron ver en la economía mundial. El FMI estima que, en el mejor de los casos, el PBI andará este año en un 2,5%, lo que se considera al borde de una recesión.

Las bolsas más importantes se desplomaron estrepitosamente en las últimas semanas a medida que el Covid-19 hacía estragos en Italia, España, Francia y Alemania. Este viernes tuvieron una recuperación tras fuertes inyecciones de dinero tanto en Estados Unidos como en la UE. Pero sería una solución parcial para una crisis que la pandemia no hizo sino adelantar, aseguran los gurúes.

Especialistas como el estadounidense Tom Luongo venían advirtiendo sobre la situación en el mercado de los “repos”. Se llama así a esa masa de dinero a corto plazo que los bancos piden a sus pares para cubrir erogaciones puntuales. Desde fines del año pasado las entidades vienen retaceando ese tipo de préstamo. “Es que no confían en la solidez de sus pares”, indican los que saben. A ese lugar la FED, el Banco Central de EEUU, destinó cerca de 300 mil millones de dólares en setiembre pasado.

La FED agregó 1,5 billones la semana pasada para repos de hasta tres meses. “Esta es una señal de que el problema no tiene fin”, dice Luongo, quien augura que lo único que se hizo fue patear la pelota para junio.

Jeromey Powel, titular de la FED, anunció ahora la inyección de 500.00 millones para la compra de valores del Tesoro y de otros 200 mil para valores respaldados por hipotecas de agencias.

En ese mismo lapso, el Banco Central Europeo, comandado por nuestra conocida Christine Lagarde, emitió 750.000 millones de euros para la compra de deuda pública y privada. Otra forma de poner dinero en los bolsillos de los más ricos. El Banco de Inglaterra aumentó su deuda pública hasta 645.000 millones de libras. El interés bancario se acerca a 0% en todos lados. Y el petróleo, la otra variable a tener en cuenta, sigue en baja y llegó a unos 27,38 dólares el barril, tras pisar los 24 el miércoles.

Más abajo de los 50 dólares, la producción del fracking estadounidense no es rentable y la autosuficiencia energética de ese país se convierte en un sueño. Aún no se verifica una suba tras el anuncio de Trump de que llenaría las reservas estratégicas comprando casi 80 mil millones de barriles, lo que en teoría debería sostener el precio.

En este contexto, y cuando los mercados caen por el temor al día después del virus pero fundamentalmente porque cada uno de los motores económicos del planeta están prácticamente detenidos por una cuarentena global, muchos hablan de otro “momento Minsky”.

Se llama así a un colapso generalizado -como el de 1929, por acaso- que podría marcar el final de un ciclo, sin perspectiva de lo que se viene en el futuro. Lleva el nombre del economista Hyman Minsky, quien definió a los banqueros, comerciantes y agentes financieros como habituales incendiarios que ponen a la economía entera en llamas.

La Casa Blanca, en tanto, no se cansa de dar señales de que no le preocupa jugar con fuego. Y mientras Trump busca definir al causante del Covid-19 como “Virus chino”, para escándalo de científicos y alarma de los bien pensantes, el Pentágono comenzó a desplegar unas 20.000 tropas para el ejercicio militar Defender-Europe 20 a desarrollarse con la OTAN entre abril y junio.

No es un simple ejercicio de entrenamiento en un posible campo de batalla contra el enemigo que se plantean los analistas militares de Washington, esto es, Rusia.  Es -según el experto Manlio Dinucci, del centro de investigación Global Research, de Canadá- un plan de acción para probar sobre la marcha el estado de los caminos y puentes de la región ante una posible contienda.

Dinucci muestra un informe del Parlamento Europeo de febrero pasado donde se destaca que “desde la década de 1990, las infraestructuras europeas se han desarrollado solo para uso civil”. El plan consiste en modificar las estructuras que no estén adaptadas al peso y las dimensiones de los vehículos militares. Para ello llevaron tanques Abrams de 70 toneladas de peso.

Hay temores de que soldados de EEUU pueden desparramar el virus o, al revés, contagiarse en su paso por cada lugar. Por lo pronto, el teniente general Christopher Cavoli, el máximo oficial del ejército de los EE. UU. en Europa, se puso en cuarentena después de una conferencia de prensa. Como medida precautoria, dijeron los voceros de la OTAN.

Mientras tanto, Trump profundiza su guerra con China. Que empezó siendo comercial, adquirió un tinte bacteriológico -o virulento, para ser más exactos- y nadie sabe en qué puede terminar. Luego del parate de estos primeros meses del año por el Covid-19 y en medio de las acusaciones cruzadas sobre el origen del virus, todo indica que lentamente reanuda la marcha de su economía. Las presunciones apuntaban a que China, por medios pacíficos, sería la potencia predominante al finalizar esta década, algo que Trump se propone evitar o al menos demorar. El cierre total de fronteras para combatir la pandemia es un golpe en el corazón de la globalización. ¿Lo será también hacia un futuro pacífico?

Tiempo Argentino, 21 de Marzo de 2020

Trump se mete de lleno en la guerra del petróleo

Trump se mete de lleno en la guerra del petróleo

Donald Trump decidió lanzarse sin tapujos en la guerra del petróleo declarada por Rusia y Arabia Saudita, y anunció la compra de crudo con la excusa de que «el país necesita llevar las reservas estratégicas a su máximo, como medida precautoria ante la pandemia de coronavirus». La realidad es que el precio del barril se desplomó estrepitosamente esta semana hasta un punto en que la producción mediante la técnica del fracking, que generó el milagro de que EE UU se autoabastezca de combustible, deja de resultar viable. La compra apresurada ordenada por la Casa Blanca está destinada a sostener el valor del, por ahora, principal insumo energético del mundo capitalista para que sea rentable en territorio estadounidense.

Este 9 de marzo fue un «lunes negro» para el sistema financiero internacional, con especial impacto en el mercado petrolero. Ese día el denominado Brent se desplomó un 24,1%, la mayor caída desde la Guerra del Golfo en 1991, hasta un mínimo de 34,36 dólares por barril. La explicación fue el «no» de Rusia a una reducción en la producción propuesta por Arabia Saudita en la reunión de los países petroleros que se desarrolló en Viena la semana anterior.

La organización que nuclea a los productores es la OPEP, integrada por 14 naciones, entre ellas Iran, Irak, Venezuela, Nigeria y el país que lleva la voz cantante, el reino saudita. Del otro lado hay otros diez grandes productores que mantienen como su abanderada a Rusia.

El gobernante árabe, el príncipe Mohamed bin Salman, pretendía incrementar los recortes negociados en 2017 para sostener el precio del barril por arriba de los 50 dólares. Esperaba un acuerdo para bajar otro millón y medio de barriles en forma coordinada. Pero los representantes de Vladimir Putin dijeron que tenían el mandato de defender los mismos niveles de producción.

En el marco de la crisis por el coronavirus, esta caída del petróleo se sumó al desplome de las bolsas en todo el mundo ante la perspectiva de menor actividad económica global.

El costo de producción en Arabia Saudita ronda los 18 dólares y los rusos aseguran que aguantan un precio de entre 25 y 30 dólares por varios años sin que su economía se resienta. En esta puja por ver quién tiene más espaldas, lo que ocurre no tiene estrictamente que ver con costos y precios de venta sino con el destino que tienen los ingresos por este comercio. Para los sauditas, un precio por debajo de los 80 dólares genera un déficit fiscal que sólo pueden sustentar mediante créditos. Putin aprendió de la crisis de 2014, Rusia diversificó su intercambio exterior y no es tan dependiente de los recursos petroleros.

En todo caso, los dos contendientes patearon un tablero que llevó los precios a valores que no se veían desde 2007, con la consecuente pérdida para las grandes multinacionales y todos los negocios derivados del crudo. Pero si hay un jugador que queda descolocado es Estados Unidos, que desde hace una década se lanzó a la explotación de yacimientos debajo de una capa de piedra.

Meses atrás, Trump se ufanó de que EE UU ya no dependía de la importación de combustible. Sin embargo, parece haber cometido dos errores: uno es que el dólar es la principal moneda de reserva y comercio internacional, no por el oro que pueda acumular el Tesoro, sino porque es la que se utiliza para la compra-venta de petróleo. Los países que se quisieron escapar de esa cadena –la Libia de Khadafi, Irán, Siria, Venezuela, la misma Rusia– recibieron castigos ejemplificadores.

La monarquía saudita, en cambio, tiene carta blanca para cometer los mayores atropellos con tal de seguir vendiendo exclusivamente en dólares. Y tenía la promesa de Washington de que el petróleo de esquisto sólo se iba a vender dentro de las fronteras. Ese compromiso, se olfatea, podría no haber sido respetado a rajatabla.

En todo caso, la pelea Riad-Moscú abrió una grieta por la que se coló un viento de preocupación para las multinacionales energéticas, muy ligadas tanto a Trump como los demócratas. La respuesta del gobierno de EE UU no se demoró en llegar.

Este viernes, Trump ordenó la compra de «grandes cantidades» de crudo para reponer la Reserva Estratégica de Petróleo. Mediante esa operación se podrían retirar del mercado hasta 77 millones de barriles y mantener el precio a niveles tolerables para las empresas que explotan mediante la técnica del fracking.

Esa reserva estratégica fue creada en los años ’70 a raíz de la crisis petrolera más grande de la historia y tiene una capacidad de 713,5 millones de barriles enterrados en cuevas subterráneas a lo largo de la costa del Golfo. «Vamos a llenarlo hasta la cima, ahorrando a los contribuyentes estadounidenses miles de dólares, ayudando a nuestra industria petrolera», dijo el presidente.

Desde Moscú, en tanto, el gobierno de Putin respondió que es poco probable que en el corto plazo reanuden conversaciones con los sauditas para acordar una reducción conjunta. Habrá que ver qué sucede hasta el 1 de abril, cuando vence el convenio por el cual hace tres años se había bajado la producción en 1,2 millones de barriles.

En todo caso, esta es una guerra que recién comienza. 

Tiempo Argentino, 15 de Marzo de 2020