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Bachelet contra el expansionismo israelí en Cisjordania: «La anexión es ilegal, punto»

Bachelet contra el expansionismo israelí en Cisjordania: «La anexión es ilegal, punto»

La alta comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la chilena Michelle Bachelet, no pudo ser más clara y concreta: “La anexión es ilegal. Punto”.  Del mismo modo, el secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres repudió el anuncio de Benjamin Netanyahu de que este miércoles llevará a cabo el plan de anexión de la tercera parte de Cisjordania contemplado en el llamado Acuerdo del Siglo, ese proyecto unilateral para el conflicto de Medio Oriente que promueve el presidente Donald Trump. ¿Cumplirá su promesa el primer ministro israelí? A esta altura es una incógnita, porque su socio político y con quien se reparte la jefatura de gobierno, el actual ministro de Defensa, Benny Gantz, dijo que hay preocupaciones más urgentes en este momento, “como el coronavirus”.

El tablero regional es bastante complejo. Netanyahu armó junto con Gantz una extraña coalición de gobierno para no ir por cuarta vez a elecciones en poco más de un año. Como ninguno de los dos logró mayoría parlamentaria en las anteriores ocasiones, y para romper con la parálisis gubernativa, llegaron a una solución salomónica: se rotarán en el gobierno cada 18 meses. Gantz, que es militar y comandó las fuerzas armadas israelíes, ocupará la cartera de Defensa.

La inusual coalición tiene entre sus grandes diferencias la cuestión de los asentamientos ilegales en territorios palestinos, una política que viene de antes del primer gobierno de Netanyahu (entre 1996 y 1999) pero que se afirmó desde su segundo mandato, en 2009. Gantz no es partidario del expansionismo, aunque no puede oponerse tan drásticamente a una cuestión consumada por décadas. Netanyahu, en tanto, obtiene la mayoría de sus votos entre los colonos beneficiados por esa estrategia de expulsar a palestinos de sus tierras.

El actual premier, a la vez, tiene del otro lado del Atlántico a un socio como tal vez nunca Israel tuvo desde su fundación, en 1948. Donald Trump presentó el año pasado su plan de paz, como suele hacer todo en su vida, como la gran solución a los problemas de Medio Oriente. Pergeñado por su yerno, Jared Kushner, la propuesta no fue consultada con los palestinos y cayó como un balde de agua fría en quienes esperan que se cumpla con las disposiciones de la ONU en relación a la creación de dos estados en Palestina y de reconocer sólo las fronteras de 1967.

El primer paso en relación al plan Kuchner-Trump fue el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel. Y ahora este anuncio de que Netanyahu quiere avanzar en la anexión. Una razón es que el coronavirus representa un distractivo de suficiente peso como para pensar que el mundo podría mirar para otro lado.  Otra es que a esta altura no está garantizada la reelección de Trump y el demócrata Joe Biden no apoyaría una jugada tan provocadora. Más bien, Barack Obama ya había manifestado su hartazgo del expansionismo israelí.

Por otro lado, salvo el gobierno de Emiratos Árabes Unidos, que viene tejiendo negocios con empresas israelíes y Egipto y Arabia Saudita que tienen una entente de décadas con Tel Aviv, la noticia no es bien recibida por ninguno de los países árabes. El rey de Jordania fue el más explícito, al sentenciar que una movida semejante puede llevar a un conflicto masivo. Es entendible la postura de Abdullah, ya que suele su país ser el que recibe las oleadas de inmigrantes palestinos acosados por las guerras, la persecución y el hambre.

Ni que decir que la Autoridad Nacional Palestina, representada por Mahto que a mud Abbas, ni siquiera acepta hablar con Trump sobre un proyecto que a todas luces les resulta descabellado. Bachelet, entonces, puso todas estas cuestiones en un par de declaraciones de una dureza extrema. “Toda anexión es contraria al derecho internacional. Sea el 30 %  (de Cisjordania, como establece el plan de Kushner) o el 5 por ciento”.

La dos veces presidenta de Chile -una nación con una gran población de origen palestino muy instalada en las instituciones sociales y políticas- alertó que las consecuencias de esa medida no se pueden predecir. Para ser más específica, Bachelet dijo que la anexión de los territorios de las 132 colonias ilegales «perjudicará gravemente la perspectiva de una solución de dos Estados, reducirá las posibilidades de retomar negociaciones, y perpetuará las graves violaciones de los derechos humanos y del derecho humanitario internacional, de los que hoy somos testigo”.

Además, de producirse la anexión «las colonias -ya una violación evidente del derecho internacional- seguramente se expandirán, aumentando las disputas existentes entre las dos comunidades». Luego analizo que en un contexto semejante, los palestinos serán sometidos a una mayor presión para salir de la zona anexada y comunidades enteras serán expuestas a un alto riesgo de traslado forzado. No olvidó considerar que sin dudas habrá mayores restricciones del derecho a la libertad de movimiento a medida que los «centros de población palestina se conviertan en ‘enclaves'».

La interna política israelí, por lo pronto, está al rojo vivo por estas horas. Netanyahu, como respuesta a la declaración de Gantz sobre la falta de oportunidad para poner en marcha la anexión justo este miércoles, respondió que no era una decisión que estuviera en las manos del ministro de Defensa. Lo que generó un chisporroteo en el partido Azul y Blanco, del general, donde entienden que la respuesta del primer ministro es una humillación que no debería perdonarse.

Gantz no está solo en el rechazo, el canciller Gaby Ashkenazi también entienden que no es momento para lanzarse a una aventura de imprevisibles consecuencias. Hay que entender que son responsables de dos áreas claves en vista de lo que se viene. El sector militar y el de las relaciones exteriores, donde repercutirán las presiones por esa decisión.

Tiempo Argentino, 29 de Junio de 2020

Trump, en picada: entre la pandemia y el riesgo de otra guerra civil

Trump, en picada: entre la pandemia y el riesgo de otra guerra civil

Donald Trump avanza en su camino al 3 de noviembre chocando contra una realidad que le hace temer por su futuro electoral. Hace apenas tres meses su tránsito hacia un nuevo período presidencial parecía despejado, un poco porque sabe cómo captar el interés de su público y otro poco porque la oposición demócrata estaba empantanada en sus propias contradicciones. Ahora, su forma de enfrentar la pandemia, más las protestas generalizadas contra el racismo policial, hicieron crecer en las encuestas a su máximo desafiante, Joe Biden. Para colmo, el libro de John Bolton muestra desde el riñón republicano un hastío contra el mandatario cuando más necesita juntar apoyos para lo que se viene. Recuerda a aquella frase de Perón: “Dios me libre de mis amigos, que de mis enemigos me libro yo”.

Esta semana no fue la más feliz para el empresario inmobiliario, inquilino de la Casa Blanca desde el 20 de enero de 2017. Fue claro el fracaso en la convocatoria a su lanzamiento de campaña en Tulsa, donde sus asesores le dejaron decir que esperaba un millón de asistentes y apenas cubrió un tercio de un estadio cerrado, el Oklahoma Center, con capacidad para 19 mil personas. Culpó de esa escasa asistencia a los manifestantes “radicales” que llenaron las calles contra la violencia institucional, y a los medios. Pero quizás también influyó un dato de estos días sobre el coronavirus. Cuando avanza el verano boreal y se esperaba que el Covid-19 se fuera diluyendo por la temperatura, muchos estados que iban abriendo sus economías comprobaron un recrudecimiento de contagios y plantean una marcha atrás.

Desde los Centros de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) advirtieron además que la cifra de infectados, oficialmente en 2,5 millones de personas, podría superar los 20 millones. La estimación, confiaron a periodistas acreditados, se basa en la cantidad de casos detectados, multiplicados por la tasa de anticuerpos que revelan las pruebas serológicas, que ronda un promedio de 10 a 1.

Mientras, las protestas antirracistas no cesaron y cuando se cumplía un mes del asesinato del afroamericano George Floyd en Minnesota, el jueves la Cámara Baja, controlada por los demócratas, aprobó un proyecto de ley que prevé una profunda reforma policial en todo el país.

El lema que ahora usa Trump para esta nueva etapa de su campaña electoral es «Ley y Orden». El mismo de la campaña de Richard Nixon en 1968, y se agrega al que usó en 2016, MAGA (Hacer a EE UU grande nuevamente, según sus siglas en inglés). En un eslogan consolida, sin decirlo explícitamente, su búsqueda de apoyos dentro del espacio supremacista blanco, la base más fiel de su electorado.

Por eso respondió con una orden ejecutiva que incrementa las penas para quienes destruyan estatuas y monumentos a personalidades esclavistas. Y espera que el Senado, de mayoría republicana, aborte el proyecto de reforma policial de la oposición, que va contra un DNU previo que se limitaba a recomendar la adopción de “los más altos estándares profesionales para servir a sus comunidades”. Trump rechaza “los esfuerzos radicales y peligrosos para eliminar, desmantelar y disolver nuestros departamentos de policía».

La pelea del presidente contra un establishment asentado en décadas de coalición bipartidista se profundizará más de aquí a noviembre. Trump representa un modelo de América aislacionista, la vereda de enfrente del globalismo. Donde ambos modelos coinciden es que al sur del Río Bravo está el patio trasero del imperio.

Este enfrentamiento hizo recordar a algunos analistas un libro de Kevin Phillips, consejero electoral de Nixon. En The Cousins’ Wars: Religion, Politics and the Triumph of Anglo-America (Las guerras de los primos: religión, política y el triunfo de Anglo-américa), Phillips analiza el modo en que un pequeño reino de los Tudor se convirtió en la potencia hegemónica del planeta al cabo de casi cuatro siglos y tres guerras civiles. La primera guerra es la de Oliver Cromwell contra el rey Carlos I, entre 1642 y 1651; la segunda, la independencia de EE UU, de 1775 a 1783; y la tercera, la Guerra de Secesión, entre 1861 y 1865. El francés Thierry Meyssan y el brasileño Pepe Escobar plantean que las movilizaciones tras el asesinato de Floyd y las disputas en torno de las políticas de Trump pueden ser la antesala de una cuarta guerra civil.

El argumento gira sobre el siguiente punto: al caer la Unión Soviética, EE UU tuvo que inventarse un enemigo que permitiera nuclear a la ciudadanía, como lo había hecho la Guerra Fría hasta 1991. Una mística semejante surgió tras el oportuno ataque a las Torres Gemelas en 2001. Trump eligió como enemigo exterior a China.

En cuanto a la política policial, el que mejor explica el momento es Charles Blow en una columna en The New York Times, donde puntualiza una confesión de John Erlichman –muy cercano consejero de Nixon implicado luego en el caso Watergate– a Harper’s Magazine en 2016, sobre la guerra a las drogas, nacida entonces.

“La campaña de Nixon en 1968, y la Casa Blanca de Nixon después, tuvieron dos enemigos: la izquierda antiguerra (de Vietnam) y los negros. Sabíamos que no podíamos hacer ilegal estar en contra de la guerra o a los negros, pero al hacer que el público asocie a los hippies con marihuana y a los negros con heroína, y luego criminalizar las drogas fuertemente, podríamos perturbar a esas comunidades. Podríamos arrestar a sus líderes, allanar sus hogares, romper sus reuniones y vilipendiarlos en cada noticiero de la noche. ¿Sabíamos que estábamos mintiendo sobre las drogas? Por supuesto».  «

Nada peor que un ex asesor

El libro del ex asesor en Seguridad John Bolton sigue causando escozor en el presidente. Si bien ya se conocían los principales tramos de “La sala donde ocurrió: memorias de la Casa Blanca”, un tramo interesante son las profusas menciones que hace a los avatares de la cumbre del G20 de Buenos Aires, en 2018. Bolton había llegado al cargo en abril de ese año y salió despedido en setiembre de 2019, por lo que ese encuentro en la capital argentina fue el evento más importante en su corto paso por la Casa Blanca.

En página 158 (tiene 570) Bolton cuenta pormenores de una bilateral con la canciller alemana Angela Merkel sobre el deseo de EE UU de abandonar el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio, con Rusia. La alemana regañó al presidente porque no habían tenido conversaciones para arreglar las cosas y de todas modos, pidió 60 días antes de anunciar cualquier medida. Cosa que se hizo el 2 de agosto, “¡Un gran día!”, se exalta Bolton.

Tras contar la entretela de discusiones con Recep Erdogan, (cuestiona el “bromance”, la tendencia de Trump a relaciones demasiado cercanas con líderes autoritarios) y de cómo impactó la muerte de George Bush (p) justo el 30N, el ex asesor se interna en lo más trascendente: el cara a cara con Xi Jinping, Se atribuye una influencia que seguro le queda grande. “Discutimos (con el asesor chino Yang Jiechi) cómo estructurar la reunión y mi contribución a la paz mundial fue sugerir que Xi y Trump, cada uno junto a siete ayudantes, cenaran el 1 de diciembre”. Y agrega: “(El representante de Comercio Robert) Lighthizer pensaba que un «acuerdo de libre comercio» con China sería casi suicida, pero (el secretario del Tesoro, Steven) Mnuchin estaba entusiasmado por su éxito en lograr que China aceptara comprar más soja, productos agrícolas y minerales, como si fuéramos un proveedor de productos básicos del Tercer Mundo para el Reino del Centro”. La traducción literal del nombre chino para la denominación de su país es Zhongguo, Reino del Centro.

Tiempo Argentino, 28 de Junio de 2020

Trump arremete contra las protestas antirracistas tras una balacera en Seattle

Trump arremete contra las protestas antirracistas tras una balacera en Seattle

La campaña electoral estadounidense de este año seguramente pasará a la historia como una de las más encarnizadas y en la que amplios sectores de la sociedad se plantan frente a la dirigencia política del modo más desafiante. No es que hasta el asesinato de George Floyd el clima fuera sosegado. Más bien, si algo cree que necesita Donald Trump es agitar las aguas para consolidar tropa propia frente a la elección de noviembre y limar a como dé lugar al candidato demócrata, Joe Biden, vicepresidente con Barack Obama y hasta hace dos meses peleando la interna de su partido con el progresista Bernie Sanders. De tal manera que el mismo día en que su ex asesor en seguridad nacional, John Bolton, presentaba oficialmente el libro en el que espera vengar las humillaciones que sufrió en su paso por la Casa Blanca (Ver acá), el presidente salió a cruzar fuerte a los movimientos de protesta contra la violencia policial. Y específicamente apuntó a los grupos promotores de Zonas Autónomas -fuera de la vigilancia policial- y contra los grupos que derribaron ya varias estatuas de esclavistas considerados héroes nacionales en varios distritos.


En dos tuits de las últimas horas, Trump descargó su ira contra un puñado de manifestantes que estaba armando una barricada en la capital estadounidense, a unas 20 cuadras de la Cas Blanca. “Nunca habrá una «Zona Autónoma» en Washington, DC, mientras yo sea su Presidente. ¡Si lo intentan, se encontrarán con una fuerza seria!”, vociferó.

There will never be an “Autonomous Zone” in Washington, D.C., as long as I’m your President. If they try they will be met with serious force!

— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) June 23, 2020Y luego anunció fuertes medidas contra los que tiren estatuas como medida de protesta, una movida que resulta un claro intento de modificar de raíz los componentes básicos de la ideología supremacista en ese país.

«He autorizado al Gobierno Federal a arrestar a cualquier persona que destruya o destruya cualquier monumento, estatua u otra propiedad federal en los EE. UU. Con hasta 10 años de prisión, según la Ley de Preservación del Monumento al Veterano u otras leyes que puedan ser pertinentes. …», escribió el mandatario.

I have authorized the Federal Government to arrest anyone who vandalizes or destroys any monument, statue or other such Federal property in the U.S. with up to 10 years in prison, per the Veteran’s Memorial Preservation Act, or such other laws that may be pertinent…..— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) June 23, 2020

A principios de junio un grupo de manifestantes se instaló por varios días en Capitol Hill, un barrio de Seattle muy transitado que funge de centro cívico. Como la situación se ponía tensa, la jefa de la comisaría, Carmen Best, informó a sus superiores la conveniencia de abandonar el local para evitar posibles choques con los manifestantes.

Fue entonces que se instaló lo que la principio se denominó CHAZ (por Capitol Hill Autonomus Zone) y luego CHOP (Capitol Hill Occupied Protest). Se juntan en esta utopía no tanto lo que fue la Comuna de Paris, en 1871, como la confluencia de ideas que se potencian en la contracultura estadounidense, desde el hipismo al movimiento punk, con tintes anarquistas en una ciudad que ya en 1999 tuvo en vilo al mundo en las protestas contra la Cumbre del Milenio de la OMC.

Fueron aquellas unas manifestaciones sorprendentes por lo multitudinarias contra el proyecto neoliberal globalizador. Irónicamente, ahora la protesta se enfrente a un presidente que, desde el conservadurismo más salvaje,  hizo mucho para terminar con la globalización.

La idea de Zonas Autónomas fue expresada a principios de los 90 del siglo pasado por el poeta anarquista Peter Lamborn Wilson (Hakim Bey) en un libro que impactó en el movimiento anarquista y contracultural que venía del punk, TAZ, The Temporary Autonomus Zone(La Zona autónoma Temporaria). Allí se plantean tácticas para la ocupación de espacios temporales fuera del control estatal y donde no haya jerarquías.

Ya en los primeros días de las protestas por el crimen de Floyd el presidente Trump venía lanzando sus dardos contra alguno de los grupos que se manifiestan en las calles de todo el país, como Antifa.  Se trata este de un movimiento antifascista que aparece como la contracara de los sectores ultraderechistas como alt-right, que con Trump alcanzaron su auge en EEUU. Con la misma denominación, en la década del 30 apareció un movimiento Antifa (Antifaschistische Aktion) en el momento en que el nazismo iba creciendo hasta llegar al poder en 1933.

La cultura hippie de los años 60 tuvo un componente de autonomía y rechazo a los estados autoritarios que ahora fructificó luego de casi 4 años de Trump, de un racismo exacerbado desde las instituciones como no se veía desde esa misma época. En 2011 un grupo también numeroso de manifestantes se instaló en la capital del mundo financiero del planeta en lo que fue el Occuppy Wall Street, contra la avidez de los bancos que luego de la crisis de 2008 siguieron recibiendo ayuda estatal.

Estas semanas, luego de Seattle, surgió otra Zona Autónoma en Portland, Oregon, que fue desactivada por la alcaldía local, luego de haber aceptado reducir el presupuesto para la policía y comprometerse a una purga de sus elementos racistas.  El alcalde, Ted Wheeler, demócrata, fue duro en condenar la movida y luego de haber ordenado despejar el área declaró: “No quiero que se establezca una zona autónoma en Portland, creo que es una distracción del movimiento más amplio, que es apoyar y elevar las voces negras en nuestra comunidad».

Diferente fue la actitud de su colega de Seattle, la alcaldesa Jenny Durkan, que incluso recibió airadas quejas de Trump por no haber ordenado un desalojo contundente del CHOP. Pero algo sucedió este fin de semana que hizo variar el clima político. De un modo que aún no tenía explicación, se registró una balacera en la zona autocontrolada por los manifestantes y al cabo resultaron tres personas heridas y un joven de 19 años murió.

Como era de esperarse el dato se viralizó del peor modo abonando miles de noticias sin comprobación sobre supuestos saqueos y aprietes a comerciantes del lugar para pagar por protección. Y dando a entender que en CHOP era una banda de forajidos irracionales capaces de matarse entre sí. Así fue que este lunes Durkan anunció que iba a ver el modo de despejar el área.

«No debería haber un lugar en Seattle donde el Departamento de Bomberos y el Departamento de Policía no puedan ir», dijo en una conferencia de prensa. Pero al mismo tiempo, en un tuit reveló la cautela con la que piensa manejar la cosa.

«La jefa (de policía) @carmenbest me ha dejado claro que, a corto plazo, nuestro Departamento de Policía necesitará la Comisaría del Este para garantizar la seguridad pública y responder adecuadamente a más de 100,000 llamadas al 9-1-1. En un futuro cercano, SPD regresará pacíficamente al Precinto Este», tuiteó Durkan.

Las horas de ese distrito en el que el dólar dejó de ser la moneda corriente desde el 8 de junio y las transacciones se hicieron en bitcoins, estaban contadas. Pero la mecha ya había encendido en Portland y hasta en el DC, en las propias narices de Trump.

Tiempo Argentino, 23 de Junio de 2020

Estados Unidos y China, cada vez más cerca de caer en la trampa de Tucídides

Estados Unidos y China, cada vez más cerca de caer en la trampa de Tucídides

Que China está llamada a ser la potencia hegemónica del siglo XXI es una elucubración de analistas de todos los pelajes desde hace décadas. Y que Estados Unidos va perdiendo influencia es cada vez más evidente, más allá de que sigue siendo la principal potencia militar y se mantiene a la cabeza en tecnología e informática. Pero los últimos escarceos entre Washington y Beijing muestran hasta qué punto están cada vez más cerca de caer en eso que un historiador llamó la “trampa de Tucídides”.  

¿De qué se trata?

Tucídides es considerado padre de la historiografía moderna. Hombre del siglo de oro ateniense, más que relatar, puso en contexto la Guerra del Peloponeso. Y la conclusión es que una potencia emergente crece hasta que se convierte en un desafío para el imperio dominante. Así ocurrió entre la Liga de Delos (Esparta) y la del Peloponeso (Atenas), hasta desembocar en la guerra que se desarrolló entre el 431y el 404 A de C.

Para Graham Allison, de la Universidad de Harvard, autor de un libro muy ilustrativo de 2015, (Con destino a la guerra: ¿es posible que EE UU y China escapen de la trampa de Tucídides?) en la abrumadora mayoría de situaciones similares de los últimos 500 años, el resultado fue una guerra. Pero ese podría no ser necesariamente el caso entre China y EE UU. El tema es cómo evitar una hecatombe entre dos potencias nucleares altamente desarrolladas.

Por lo pronto, a medida que se acercan las elecciones estadounidenses, Donald Trump asume una posición cada vez más beligerante en una estrategia destinada a poner como enemigo al gigante asiático (ver columna). Más allá de la guerra comercial que desató a poco de llegar a la Casa Blanca, el coronavirus le planteó un desafío: luego de desoír las recomendaciones científicas, necesita exculparse sobre las consecuencias tanto sanitarias como económicas. Y en eso está, con teorías conspirativas en las que hizo caer a la OMS, de la que anunció el retiro (ver columna).

Coherente con su línea de abandonar toda organización globalista, Trump también retiró a su país de los acuerdos climáticos, de los tratados comerciales del Atlántico y del Pacífico y este jueves anunció que sancionará y prohibirá el ingreso al país de cualquier funcionario de la Corte Penal Internacional (CPI) que pretenda investigar crímenes cometidos por tropas estadounidenses en Afganistán.

Esta medida se choca con el discurso de defensa de derechos humanos que pretende esgrimir para el resto del mundo. En tal sentido, la revuelta en Hong Kong que se inició el año pasado y la ley de seguridad anunciada en Beijing hace algunas semanas le dio un argumento a lo países occidentales y básicamente a la Casa Blanca para hablar de violación a la democracia y la soberanía sobre una ex colonia que tiene un estatus especial desde 1997.

La espuma inicial se fue acallando al punto que el HSBC, uno de los bancos más grandes del planeta y símbolo del sistema financiero internacional de capitales británicos, firmó una petición aceptando las nuevas reglas de juego.

Mientras Trump enfrenta en su propio territorio fuertes reclamos contra el racismo, Xi Jinping recorrió estos días la región autónoma de Ningxia, con mayoría de población de la etnia hui y se comprometió una vez más a terminar con la pobreza. ”Todos los grupos étnicos son parte de la gran familia de la nación china y ningún grupo étnico debe ser dejado atrás en la lucha contra la pobreza”.

China también dio un paso importante para limar asperezas con India, la nación que seguramente en breve será la segunda potencia del mundo, y con la que mantiene conflictos limítrofes heredados de la colonización británica (ver columna). Durante el fin de semana pasada, altos mandos militares de ambos países se encontraron en un puesto en el Himalaya para poner fin a algunas semanas de choques entre fuerzas de seguridad.

Otra muestra de que EE UU pierde influencia es que a pesar de las presiones y amenazas del inquilino de la Casa Banca, la Unión Europea no está tan dispuesta a ser furgón de cola de una aventura bélica. Y tras una reunión del Alto Representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, con el canciller chino, Wang Yi, el español aseguró que el bloque pretende una relación «realista» con China.

“Está claro que China tiene una ambición global, pero no creo que esté jugando un rol que ponga en duda la paz mundial. No tienen ambición militar, ni participan en conflictos armados», añadió.

POTENCIAS EN PUGNA

PBI (datos de 2019): China, U$S 12 billones  – EE UU U$S 19 billones

Producto per cápita: China U$S 9000 – EEUU U$S 58 mil

Deuda sobre PBI: China 50% – EE UU 104%  

Déficit fiscal: China 4,6% – EE UU 5,6%

PBI para Salud: China 9,07% – EE UU 22,55%

PBI para Defensa:  China 5,5% – EE UU 9,01%PBI por Educac PBI por Educac

Tiempo Argentino, 14 de Junio de 2020