por Alberto López Girondo | Nov 22, 2020 | Sin categoría
Que el modelo de negocios de los medios de información está en crisis no es novedad. Y cuánto más grandes son, como se dice en las esquinas de barrio, más ruido pueden hacer al caer. El caso de el grupo español Prisa, editor del diario El País y dueño de la cadena radiofónica SER entre otros negocios, puede ser emblemático.
Surgido a gran velocidad y montado sobre el éxito del periódico, el primero nacido en la España posfranquista, El País fue un modelo de periodismo para varias generaciones de españoles y de latinoamericanos. Su crecimiento explosivo desde los años 90 en esta región consolidó ediciones en México, Buenos Aires y a través de la web en portugués para Brasil. La radio es la de mayor audiencia y Prisa tiene emisoras en varios países, como la conocida Caracol, de Colombia. Los medios del grupo tradicionalmente reflejaron las posiciones del PSOE y recibieron no pocos beneficios de esta mancomunidad.
Pero los tiempos cambian y no solo fueron apareciendo medios influyentes ligados a la derecha y otros sin ligazón partidaria, sino que en los últimos años las noticias circulan de otro modo en la sociedad y hay una fuerte competencia de medios digitales. Que para colmo, resultan más creíbles.
Porque los medios tradicionales, en su intención de no perder audiencia ni publicidad, terminaron bajando la calidad de sus productos a niveles que muchas audiencias no toleran. El caso es que Prisa tuvo que renegociar su deuda ya varias veces desde la crisis financiera de 2008, cuando debía 3800 millones de euros. En agosto pasado los accionistas reconocían acreencias de 1000 millones de euros, lo que se reflejó en un desplome de sus acciones del 70%.
El 5 de noviembre pasado vendió la Editorial Santillana a la finlandesa Sanoma en 465 millones y consiguió refinanciar su deuda hasta el 2025. Esta semana desestimaron una oferta hostil del empresario Blas Herrero por 200 millones de euros por El País y la cadena SER.
Prisa informó que rechazó la oferta por exigua y que “continuará operando de acuerdo con su hoja de ruta definida a comienzos del presente ejercicio, en el desarrollo y puesta en valor de sus proyectos de educación y medios de comunicación, según se ha venido comunicando consistentemente al mercado”.
Herrero es catalogado por algunos medios españoles como un aventurero que aprovechó su cercanía al gobierno de Felipe González para quedarse con varias frecuencias radiales en regiones autonómicas a precio de ganga. Asturiano de nacimiento, Herrero tiene también una licencia en la nueva Televisión Digital Terrestre.
¿De dónde sacaría el dinero para quedarse con el diario y las radios? El periodista Rodrigo Ponce de León desliza en el diario.es que Ana Botín, la presidenta del Banco Santander, que mantiene un 4% claves de acciones en Prisa, es el bolsillo detrás de Herrero, “para hacerse con el control de la línea editorial de El País y la Cadena Ser”.
Tiempo Argentino, 22 de Noviembre de 2020
por Alberto López Girondo | Nov 15, 2020 | Sin categoría
Mientras grupos afines Donald Trump preparaban para ayer a la tarde la llamada “Marcha del millón” –que se realizó en Washington y, si bien no registró tal cantidad de adhesiones, sí fue masiva–, una manera de presionar para un recuento de votos que dé vuelta el resultado “oficial” de la elección, el presidente continuaba su enfrentamiento con el Pentágono a niveles nunca vistos en la historia reciente de Estados Unidos. El martes, Trump echó sin diplomacia al secretario de Defensa, Mark Esper y luego recibió un mandoble de Mark Milley, el jefe del Estado Mayor Conjunto, quien le avisó que los militares no participarán de ninguna intentona de permanencia en la Casa Blanca. «Somos únicos entre los ejércitos. No prestamos juramento a un rey o una reina, ni a un tirano o un dictador, no prestamos un juramento a un individuo. No prestamos juramento a una tribu o una religión. Hacemos un juramento a la Constitución”.
La pelea de fondo con los uniformados –lo que implica que es con el aparato militar industrial– es por el retiro de tropas de Afganistán y Siria. Fue una de las premisas del empresario al llegar al gobierno y no pudo conseguir que en cuatro años lo obedecieran, a pesar de que si se habla de Constitución, el presidente es el jefe de todas las Fuerzas Armadas. ¿Lo lograría ahora?
Hace unos días, Trump tuiteó “deberíamos traer al pequeño número de nuestros hombres y mujeres valientes que están sirviendo en Afganistán para Navidad”. El presidente firmó acuerdos con los talibán para una entrega ordenada del poder en ese país asiático. Pero la resistencia dentro del Pentágono es enorme. Milley nunca ocultó su desacuerdo. “Es un plan basado en condiciones y nosotros continuamos monitoreando esas condiciones”, dijo.
Aliados republicanos como el representante por Texas Ron Paul, un libertario –mentor de los radicalizados Tea Party– que suele argumentar con vehemencia en contra de las guerras en las que EE UU está empantanado desde principios de este siglo, pretende otra postura de Trump, aun a 66 días del cambio de gobierno.
“El presidente siguió una política exterior sensata, definiendo ‘EE UU primero’ como sacar a EE UU de guerras interminables y contraproducentes –escribió esta semana–. Pero no se puede seguir una política exterior de ‘EE UU primero’ si se pone a personas como Mike Pompeo, John Bolton, Nikki Haley, Mark Milley a cargo de llevarla a cabo. Simplemente no lo harán. Estamos viendo eso nuevamente cuando se trata de retirar nuestras tropas de la larga y estúpida guerra en Afganistán”.
Bolton, ex asesor de Seguridad, se tuvo que ir humillado, como Esper, y Pompeo, el secretario de Estado, inició ahora una visita a los jefes de Estado de la OTAN, de los primeros en reconocer el triunfo de Joe Biden. Milley ahora devuelve golpe a golpe a la espera del cambio de administración en Washington.
Los guiños de Biden no pueden ser más auspiciosos para los amantes de la guerra y ponen incómodos, antes de asumir, a los progresistas que esperan recompensas políticas por el apoyo para obtener los más de 78 millones de votos acreditados en las urnas hasta ahora.
No es de extrañar que de las 23 personas de su equipo de transición, según publicó en el portal In These Times (ITT) la periodista Sarah Lazare, haya un tercio que acreditan como “su empleo más reciente» a organizaciones, think tanks o empresas relacionadas directamente con la industria de armamentos. “Esas cifras pueden ser mayores –escribe Lazare– ya que ITT no pudo obtener cuál es la financiación de todos los empleadores de manera exhaustiva.
Entre los sponsors de los asesores de Biden que seguramente tendrán un cargo en su gobierno –si es que finalmente Trump se va del Salón Oval– figuran, de acuerdo a ese informe, “General Dynamics Corporation, Raytheon, Northrop Grumman Corporation, Lockheed Martin Corporation y otros fabricantes de armas y contratistas de defensa, así como de compañías petroleras”.
Conviene recordar a esta altura que Biden, como vicepresidente de Barack Obama, supervisó el desarrollo de las guerras en Afganistán e Irak, a las que apoyó como senador en 2002, y las de Siria y Libia. Y que Trump, a pesar de las órdenes impartidas, nunca logró “traer de vuelta a casa” a las tropas.
La primera orden sobre Siria fue de diciembre de 2018 y provocó la renuncia de Jim Mattis, el primer secretario de Defensa. Jim Jeffrey, diplomático ahora jubilado y enviado especial de Trump para la región con el mandato de monitorear el retiro de tropas, reconoció en una entrevista reciente que dibujaron el número de efectivos y le dieron largas a la operación tanto como pudieron.
“Siempre estábamos jugando el truco de los tres vasos –declaró Jeffrey sin inmutarse– para no dejar en claro a nuestro liderazgo (el presidente) cuántas tropas teníamos allí”. Reconoce que la cifra real es mucho mayor de las 200 que Trump acordó dejar allí en 2019. “¿Qué retirada de Siria? Nunca hubo una retirada de Siria”, reconoce.
Tiempo Argentino, 15 de Noviembre de 2020
por Alberto López Girondo | Nov 8, 2020 | Sin categoría
Queda claro que el sistema electoral estadounidense, útil para mantener los privilegios de las clases dominantes desde sus orígenes, cruje por todos los costados y cada vez se le hace más difícil “venderse” como modelo de democracia, lo que deja pedaleando en el aire a sus admiradores de todo el mundo. Le pasa a Jair Bolsonaro y las derechas regionales que acosan a Venezuela, Nicaragua, Cuba; a la UE, que pontifica en exrepúblicas soviéticas; a quienes fustigan a Irán, Rusia, China. Hasta Luis Almagro fue ridiculizado por su papel en Bolivia.
Porque una cosa es triunfar en las urnas y otra ganar en el colegio electoral. Salvo en la reelección de George W. Bush en 2004, desde 1988 los republicanos no tienen mayoría popular. Entre los demócratas, solo Barack Obama llegó a la Casa Blanca con más sufragios que su oponente. Incluso Bill Clinton, en 1992, tuvo minoría.
La lentitud del conteo habla de un sistema electoral diseñado para trabar el voto popular. Así hizo con los afrodescendientes durante 100 años. Creó salvaguardas para que la política sea una administración -por algo se denomina así a cada presidencia- y no un modo de incidir en la realidad.
¿Quería cambiar este sistema Trump? Él es un hijo rico que consolidó su fortuna con este modelo y en su gobierno favoreció a su clase como pocos en la historia de EE UU. ¿Lo haría Biden? Tendrá un Senado empatado y una leve mayoría en la cámara baja. Pero la gran pregunta es ¿por qué iba a querer cambiar? Es hombre de este sistema y llegó a la candidatura tras correr -con artimañas del mismo cariz- a Sanders en las primarias.En 2000, Bush ganó en la Corte tras semanas de controversia por votos dudosos en Florida. Asumió debilitado, pero a los 9 meses el atentado a las Torres Gemelas le granjeó el liderazgo. ¿Qué debería ocurrir para que EE UU recupere la imagen de pureza moral que los estadounidenses creen ver en el espejo? En 2000, Bush ganó en la Corte tras semanas de controversia por votos dudosos en Florida. Asumió debilitado, pero a los 9 meses el atentado a las Torres Gemelas le granjeó el liderazgo. ¿Qué debería ocurrir para que EE UU recupere la imagen de pureza moral que los estadounidenses creen ver en el espejo?
Tiempo Argentino, 8 de Noviembre de 2020
por Alberto López Girondo | Nov 8, 2020 | Sin categoría
Donald Trump jugaba tranquilamente al golf en su club de Virginia cuando se difundió un comunicado en el que no reconoce el triunfo de Joe Biden y promete dar batalla legal porque asegura que le robaron votos clave. Agrega, y es cierto, que el demócrata se apuró a declararse ganador, y que la nominación no partió de un organismo acreditado, sino de medios de comunicación. Más allá de cuánto apoyo pueda lograr con su reclamo, la dirigencia política estadounidense y los gobiernos de Europa y América Latina, incluido el argentino, no necesitaron mucho más para felicitar a Biden . O, como se dice, picarle el boleto. Pocas dudas caben de que el 20 de enero habrá un nuevo inquilino en la Casa Blanca.
La confirmación del resultado partió, como viene ocurriendo con el cómputo electoral, de la agencia Associated Press, sobre cuya infografía se colgaron los principales medios de todo el mundo para tener el escrutinio en tiempo real. Eso llevó a confusiones ya que AP computó desde el miércoles los 11 votos electorales de Arizona para Biden, cuando aún faltaban cientos de miles de sufragios. De hecho, al cierre de esta edición se había escrutado allí el 90% de los votos y la diferencia en favor de Biden era de 20.573. La incertidumbre alentó a bandas armadas que apoyan a Trump a ponerse amenazantes en condados como Maricopa –célebre por su ex sheriff Joe Arpaio, un xenófobo declarado que perseguía violentamente a inmigrantes– donde permanecieron armados con fusiles a las puertas del centro de conteo. Mientras tanto, el Comité Nacional Republicano inició una campaña para recaudar 60 millones de dólares que estiman necesarios para solventar todas las demandas judiciales.
Grupos de militantes civiles, en tanto, se concentraban para defender que todos los votos que llegaban por correo, de acuerdo a las reglamentaciones de cada estado. Esta es la estrategia de Trump para alegar fraude. La abrumadora mayoría de los votos postales favorecen a Biden y se entiende: en medio de una segunda ola de Covid-19, son el sector de la sociedad que cree que el virus sí existe y es necesario evitar aglomeraciones para no contagiarse.
Nadie debería sorprenderse con la actitud de Trump. Hace meses rechazó el voto adelantado o por correo y dijo que no reconocería ningún resultado adverso. En ese momento pudo parecer una bravuconada, pero ahora parece decidido a probar que no mentía. El caso es cuántos de quienes lo secundan están dispuestos a seguir hasta el final. En todo caso, el “trumpismo” es una fuerza con mucho caudal de voto y a pesar de críticas y graves errores de gestión, logró casi 71 millones de adhesiones, 4 millones más que Barack Obama en 2009, aunque 4 millones menos que Biden esta vez. La cuestión pasa por saber si Trump está dispuesto a liderar a este sector extremo.
Biden llega a esta instancia a punto de cumplir 78 años. Con una dilatada carrera política, el que fuera vicepresidente de Obama es un personaje del establishment. Sus biógrafos resaltan su entereza ante un destino trágico: apenas un mes después de haber ganado la banca para senador por Delaware, a los 29 años, su esposa Neilia y su hija de un año Naomi murieron en un accidente automovilístico. En 2015, el mayor, Beau, murió de cáncer. El año pasado el otro hijo, Hunter, apareció en una investigación por corrupción en Ucrania que pretendió explotar Trump.
Biden también se opuso al transporte escolar de niños negros a escuelas de mayoría de blancos; apoyó la nominación de un juez de la Corte que tenía acusaciones de acoso sexual; apoyó políticas de línea dura para combatir el delito que elevó la cifra de presos negros y de bajos recursos en las cárceles; votó a favor de la invasión de Irak en 2002. Y defendió la alianza de EE UU con Gran Bretaña en la Guerra de Malvinas. Sabedor de que EE UU es un país dividido, se comprometió a ser un presidente «para todos los estadounidenses, hayan votado por mí o no”. En tono bíblico, señaló también: «Es hora de que EE UU se una y es hora de la sanación».
Sabedor de que EE UU es un país dividido, se comprometió a ser un presidente «para todos los estadounidenses, hayan votado por mí o no”. En tono bíblico, señaló también: «Es hora de que EE UU se una y es hora de la sanación».
Tiempo Argentino, 8 de Noviembre de 2020
Comentarios recientes