por Alberto López Girondo | Jun 28, 2020 | Sin categoría
Donald Trump avanza en su camino al 3 de noviembre chocando contra una realidad que le hace temer por su futuro electoral. Hace apenas tres meses su tránsito hacia un nuevo período presidencial parecía despejado, un poco porque sabe cómo captar el interés de su público y otro poco porque la oposición demócrata estaba empantanada en sus propias contradicciones. Ahora, su forma de enfrentar la pandemia, más las protestas generalizadas contra el racismo policial, hicieron crecer en las encuestas a su máximo desafiante, Joe Biden. Para colmo, el libro de John Bolton muestra desde el riñón republicano un hastío contra el mandatario cuando más necesita juntar apoyos para lo que se viene. Recuerda a aquella frase de Perón: “Dios me libre de mis amigos, que de mis enemigos me libro yo”.
Esta semana no fue la más feliz para el empresario inmobiliario, inquilino de la Casa Blanca desde el 20 de enero de 2017. Fue claro el fracaso en la convocatoria a su lanzamiento de campaña en Tulsa, donde sus asesores le dejaron decir que esperaba un millón de asistentes y apenas cubrió un tercio de un estadio cerrado, el Oklahoma Center, con capacidad para 19 mil personas. Culpó de esa escasa asistencia a los manifestantes “radicales” que llenaron las calles contra la violencia institucional, y a los medios. Pero quizás también influyó un dato de estos días sobre el coronavirus. Cuando avanza el verano boreal y se esperaba que el Covid-19 se fuera diluyendo por la temperatura, muchos estados que iban abriendo sus economías comprobaron un recrudecimiento de contagios y plantean una marcha atrás.
Desde los Centros de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) advirtieron además que la cifra de infectados, oficialmente en 2,5 millones de personas, podría superar los 20 millones. La estimación, confiaron a periodistas acreditados, se basa en la cantidad de casos detectados, multiplicados por la tasa de anticuerpos que revelan las pruebas serológicas, que ronda un promedio de 10 a 1.
Mientras, las protestas antirracistas no cesaron y cuando se cumplía un mes del asesinato del afroamericano George Floyd en Minnesota, el jueves la Cámara Baja, controlada por los demócratas, aprobó un proyecto de ley que prevé una profunda reforma policial en todo el país.
El lema que ahora usa Trump para esta nueva etapa de su campaña electoral es «Ley y Orden». El mismo de la campaña de Richard Nixon en 1968, y se agrega al que usó en 2016, MAGA (Hacer a EE UU grande nuevamente, según sus siglas en inglés). En un eslogan consolida, sin decirlo explícitamente, su búsqueda de apoyos dentro del espacio supremacista blanco, la base más fiel de su electorado.
Por eso respondió con una orden ejecutiva que incrementa las penas para quienes destruyan estatuas y monumentos a personalidades esclavistas. Y espera que el Senado, de mayoría republicana, aborte el proyecto de reforma policial de la oposición, que va contra un DNU previo que se limitaba a recomendar la adopción de “los más altos estándares profesionales para servir a sus comunidades”. Trump rechaza “los esfuerzos radicales y peligrosos para eliminar, desmantelar y disolver nuestros departamentos de policía».
La pelea del presidente contra un establishment asentado en décadas de coalición bipartidista se profundizará más de aquí a noviembre. Trump representa un modelo de América aislacionista, la vereda de enfrente del globalismo. Donde ambos modelos coinciden es que al sur del Río Bravo está el patio trasero del imperio.
Este enfrentamiento hizo recordar a algunos analistas un libro de Kevin Phillips, consejero electoral de Nixon. En The Cousins’ Wars: Religion, Politics and the Triumph of Anglo-America (Las guerras de los primos: religión, política y el triunfo de Anglo-américa), Phillips analiza el modo en que un pequeño reino de los Tudor se convirtió en la potencia hegemónica del planeta al cabo de casi cuatro siglos y tres guerras civiles. La primera guerra es la de Oliver Cromwell contra el rey Carlos I, entre 1642 y 1651; la segunda, la independencia de EE UU, de 1775 a 1783; y la tercera, la Guerra de Secesión, entre 1861 y 1865. El francés Thierry Meyssan y el brasileño Pepe Escobar plantean que las movilizaciones tras el asesinato de Floyd y las disputas en torno de las políticas de Trump pueden ser la antesala de una cuarta guerra civil.
El argumento gira sobre el siguiente punto: al caer la Unión Soviética, EE UU tuvo que inventarse un enemigo que permitiera nuclear a la ciudadanía, como lo había hecho la Guerra Fría hasta 1991. Una mística semejante surgió tras el oportuno ataque a las Torres Gemelas en 2001. Trump eligió como enemigo exterior a China.
En cuanto a la política policial, el que mejor explica el momento es Charles Blow en una columna en The New York Times, donde puntualiza una confesión de John Erlichman –muy cercano consejero de Nixon implicado luego en el caso Watergate– a Harper’s Magazine en 2016, sobre la guerra a las drogas, nacida entonces.
“La campaña de Nixon en 1968, y la Casa Blanca de Nixon después, tuvieron dos enemigos: la izquierda antiguerra (de Vietnam) y los negros. Sabíamos que no podíamos hacer ilegal estar en contra de la guerra o a los negros, pero al hacer que el público asocie a los hippies con marihuana y a los negros con heroína, y luego criminalizar las drogas fuertemente, podríamos perturbar a esas comunidades. Podríamos arrestar a sus líderes, allanar sus hogares, romper sus reuniones y vilipendiarlos en cada noticiero de la noche. ¿Sabíamos que estábamos mintiendo sobre las drogas? Por supuesto». «
Nada peor que un ex asesor
El libro del ex asesor en Seguridad John Bolton sigue causando escozor en el presidente. Si bien ya se conocían los principales tramos de “La sala donde ocurrió: memorias de la Casa Blanca”, un tramo interesante son las profusas menciones que hace a los avatares de la cumbre del G20 de Buenos Aires, en 2018. Bolton había llegado al cargo en abril de ese año y salió despedido en setiembre de 2019, por lo que ese encuentro en la capital argentina fue el evento más importante en su corto paso por la Casa Blanca.
En página 158 (tiene 570) Bolton cuenta pormenores de una bilateral con la canciller alemana Angela Merkel sobre el deseo de EE UU de abandonar el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio, con Rusia. La alemana regañó al presidente porque no habían tenido conversaciones para arreglar las cosas y de todas modos, pidió 60 días antes de anunciar cualquier medida. Cosa que se hizo el 2 de agosto, “¡Un gran día!”, se exalta Bolton.
Tras contar la entretela de discusiones con Recep Erdogan, (cuestiona el “bromance”, la tendencia de Trump a relaciones demasiado cercanas con líderes autoritarios) y de cómo impactó la muerte de George Bush (p) justo el 30N, el ex asesor se interna en lo más trascendente: el cara a cara con Xi Jinping, Se atribuye una influencia que seguro le queda grande. “Discutimos (con el asesor chino Yang Jiechi) cómo estructurar la reunión y mi contribución a la paz mundial fue sugerir que Xi y Trump, cada uno junto a siete ayudantes, cenaran el 1 de diciembre”. Y agrega: “(El representante de Comercio Robert) Lighthizer pensaba que un «acuerdo de libre comercio» con China sería casi suicida, pero (el secretario del Tesoro, Steven) Mnuchin estaba entusiasmado por su éxito en lograr que China aceptara comprar más soja, productos agrícolas y minerales, como si fuéramos un proveedor de productos básicos del Tercer Mundo para el Reino del Centro”. La traducción literal del nombre chino para la denominación de su país es Zhongguo, Reino del Centro.
Tiempo Argentino, 28 de Junio de 2020
por Alberto López Girondo | Jun 21, 2020 | Sin categoría
Chile pasó muy velozmente de ser el modelo de estrategia contra la pandemia del coronavirus a convertirse en uno de los peores ejemplos del vecindario. Sin escalas. Aunque los mismos comunicadores que hasta hace poquito ensalzaban las virtudes del modelo “piñerista” ahora pusieron un piadoso manto de olvido para no hablar de una tragedia que, según las cifras disponibles a estas horas, costó la vida de más de 4000 personas y causó el contagio a bastantes más de 230 mil. En términos absolutos, esos números ubican a ese país en el noveno puesto mundial. En valores relativos, con 215 muertos por millón de habitantes, ocupa el lugar 15°. Pero la explosión hace temer que no tardará mucho en superar a Italia y España.
En el país trasandino se pasó de hablar de “inmunidad de rebaño” a plantearse la necesidad de recurrir a una cuarentena reforzada, una hibernación, en el distrito de la capital, Santiago, que como toda concentración urbana tiene la abrumadora mayoría de los casos. También, de una muy laxa política sanitaria para “no causar daños a la economía”, a una ley de estos días que sanciona con penas de hasta tres años de cárcel o un máximo de 12.230 dólares de multa a quienes violen la cuarentena.
Entre tanto, el Banco Central de Chile estimó que el PBI caerá entre el 5,5 y el 7,5%. “La mayor contracción registrada en 35 años”, reconoció el Informe de Política Monetaria de junio de 2020 del BCCh.
El presidente Sebastián Piñera, a todo esto, decretó una extensión de otros 90 días al llamado “estado de catástrofe”, que viene desde el 19 de marzo y que permite establecer toques de queda, restringir la libertad de circulación y reunión, y ordenar el acopio y almacenamiento de reservas de alimentos e insumos. Por si esto no escandalizara a tanto “constitucionalista” vernáculo, el gobierno anunció que analiza aplicar un sistema de seguimiento de celulares a través del GPS para “estudiar y controlar la movilidad de las personas durante la cuarentena para evitar la expansión del virus” por medio de una aplicación del Instituto Data Science de la Universidad de Desarrollo.
La información sobre la vigilancia informática fue brindada en una entrevista con radio Cooperativa por el nuevo ministro de Salud, Enrique Paris. Extitular del Colegio Médico chileno, Paris reemplazó en su cargo al polémico Jaime Mañalich, quien luego de varios meses de enfrentarse agriamente con sus detractores, renunció el sábado pasado luego de que trascendiera que las verdaderas cifras de contagiados y muertos por el Covid-19 habían sido dibujadas.
La forma de medir las consecuencias de la pandemia a nivel sanitario sufrió desde marzo varias modificaciones. Primero se contabilizó a los fallecidos como recuperados porque, según Mañalich, “ya no contagian”. Se fue variando la inclusión de asintomáticos, la definición de caso probable, el registro de recuperados, los fallecidos con resultado de análisis PCR en espera.
Esto, que huele demasiado a manipulación, hizo levantar la sospecha de una periodista chilena que está estudiando en Estados Unidos pero no pierde ni la conexión con su país ni el ímpetu investigativo. El 24 de abril pasado, Alejandra Matus publicó un informe en el que contrastó el promedio de fallecidos en los últimos cinco años con el total que daba el Registro Civil en estos meses. La diferencia entre marzo de 2020 y marzo de 2019 era de 932 muertos. “Un 11% más. El mayor salto en una década, solo comparable con el terremoto de 2010”, tuiteó entonces la periodista. Pero además, había 881 casos de personas entre 50 y 99 años, “un comportamiento atípico” que no podía atribuirse al clima.
La primera reacción del ministro Mañalich fue tildar al informe de “viroterrorismo”. Algo que Matus lamenta porque se trató de un estudio que implicó recurrir a fuentes de varias dependencias estatales y contrastar datos de un modo concienzudo. “No era una acusación directa para decir que Chile es el único país con sub reporte de personas fallecidas, se trataba de mostrar información que podía ser útil para pensar las políticas tan flexibles que se habían adoptado”, consideró Matus en una charla con Meritxell Freixas para el portal eldesconierto.cl.
El viernes pasado a última hora se conoció un dossier del Centro de Investigación Periodística (CIPER) que había terminado de derrumbar a Mañalich, ultra protegido de Piñera y los medios de información afines hasta entonces. Según el CIPER, el Ministerio de Salud reportaba a la OMS más fallecidos de los que se informaba oficialmente. Si a ese momento el número rondaba los 3100, la organización periodística decía que la cifra real superaba los 5000 y los contagiados eran muchos más que los 160 mil anunciados esos días.
El nuevo ministro se comprometió de inmediato a sincerar los datos y trató de explicar que no hubo un giro de 180 grados en la política del gobierno. «Las declaraciones (de su antecesor) no se pueden borrar, pero la estrategia que se implementó no avalaba la inmunidad de rebaño, (…) no fue la que el gobierno siguió y está desmentido por los hechos», insistió.
Ahora, cuando las camas de terapia intensiva están totalmente ocupadas y la explosión de casos no cesa, el diputado Andrés Celis Montt, del partido Renovación Nacional, de Piñera, propuso una idea sugestiva. “En vez de trasladar a pacientes críticos a Concepción, ¿por qué no utilizar los recintos hospitalarios de Argentina de las provincias cercanas? Como ustedes no están saturados, podríamos hacer un convenio de traslado hacia Buenos Aires, Córdoba y Mendoza», invitó. Autoridades mendocinas se apresuraron a rechazar la idea de recibir pacientes enfermos. En su propio partido buscaron aconsejarle el silencio. «
Contenedores, IFE y la memoria de 2019
«Se está gestionando la compra de dos containers congeladores, uno para Antofagasta y el otro para Calama; ya se mandaron las cotizaciones pero el servicio de salud ahora tiene que ver el tema de la compra», confirmó una funcionaria de Salud de la primera de esas localidades. Los contenedores son para paliar la crisis por la cantidad inesperada de fallecidos, ya que las comunas no dan abasto para superar esa cuestión. la crisis de la pandemia. Pocas horas después llegó la confirmación de la nueva conducción nacional, que dejó trascender que ese recurso se utilizaría en otras partes del país y que podría llegar a más de una decena los aparatos que finalmente se comprarían y distribuirían definitivamente.
Otra consecuencia del coronavirus fue que el gobierno central giró un proyecto al Congreso que establece un Ingreso Familiar de Emergencia, que no solamente se denomina del mismo modo que el establecido en la Argentina, sino que está pensado para que actúe del mismo modo sobre el 80 por ciento de la empobrecida sociedad chilena. La ley anterior se aplicaba sobre un porcentaje mucho menor de la población y además, ahora, prácticamente se duplica el monto por persona a unos 100 mil pesos chilenos (alrededor de 123 dólares).
Esta situación transcurre nueve meses después de los estallidos de octubre de 2019. Este jueves, justamente, se recordó el viernes 18 de octubre cuando millones de chilenos, a lo largo de todo el país protestaron en las calles, como corolario de una serie de reclamos populares que estallaron cuando un alza en la tarifa de los transportes en Santiago fue opuesta por centenares de estudiantes organizados que saltaron los controles. Las manifestaciones que luego se reprodujeron tuvieron jornadas de extraordinaria movilización y, más que eso, desde entonces, se modificó el entramado de las organizaciones sociales en todo el país, que la crisis de la pandemia pareció morigerar, aunque durante este tiempo se volvieron a realizar marchas, de menor concurrencia, claro, pero que también fueron reprimidas por los carabineros.
Tiempo Argentino, 21 de Junio de 2020
por Alberto López Girondo | Jun 14, 2020 | Sin categoría
El presidente mexicano denunció un plan de la oposición para revocarle el mandato tras las elecciones de medio término. El vocero presidencial Jesús Ramírez leyó los pormenores de un texto -del que no sería ajeno el gobierno de EE UU- en el que se detalla la estrategia para unificar a los diferentes grupos opositores para ir limando el poder de Andrés Manuel López Obrador y generar divisiones en su agrupación política, Morena, y en los comicios de 2021 lograr suficientes escaños en el Congreso que permitan forzar una revocatoria. Llamó la atención y se ofreció a la chanza el nombre elegido para la estrategia: Bloque Opositor Amplio.
Es que México es propenso al uso de siglas para sintetizar a los personajes. Así, el primer mandatario es AMLO. Cierto que hubo ciertas licencias y Felipe Calderón recibió el apelativo de FeCal. Pero que la oposición sea BOA da para entender la amenaza de asfixia que quieren representar.
Eso de intentar unir a la oposición de los gobiernos progresistas es una vieja técnica de Washington para sofocar a gobiernos incómodos por las buenas. Si no da resultado, queda el recurso de las malas.
En Venezuela fue esa la primera opción contra Hugo Chávez y luego contra Nicolás Maduro. Nació así la Mesa de Unidad Democrática, MUD, en 2008. En marzo pasado, tras varios fracasos y de que los antichavistas se fueran deshilachando, el diputado Juan Pablo Guanipa, vicepresidente de la Asamblea Nacional y portanto el segundo de Juan Guaidó, explicó una nueva convocatoria para reunirá los que quieren a Maduro fuera de Miraflores.
La llamó Comando Unificado y reuniría a partidos políticos y a sectores sociales opositores. No faltó nada para que le encontraran el brulote: Comando Unificado de La Oposición, CULO.
Los que están contra AMLO -el PRI y el PAN, que se habían alternado en el gobierno en los últimos 20 años- y los medios hegemónicos ningunearon el informe y lo calificaron de un invento del oficialismo. Sin embargo, la historia latinoamericana le da absoluta validez. Recordar solamente el Grupo A, conformado en el Congreso argentino contra el gobierno de Cristina Fernández en 2009. Allí se vio que lo más difícil de esa estrategia es mantener la unidad que propugna. Pero fue la base del frente Cambiemos.
Tiempo Argentino, 14 de Junio de 2020
por Alberto López Girondo | Jun 14, 2020 | Sin categoría
José Roberto Duque es periodista, historiador y se define como defensor del proceso chavista, pero con libertad como para moverse en toda la cancha. Acaba de publicar “Venezuela crónica. Cómo fue que la historia nos trajo hasta aquí”; un muy esclarecedor texto, imprescindible para entender el último siglo en la vida de esa nación caribeña. En 1917 se descubrió que literalmente flotaba sobre una maldición: las mayores reservas de petróleo del mundo, para bien y para mal.
Consultado por Tiempo, Duque analiza las razones por las cuales resiste Nicolás Maduro. O más bien, cómo es que el pueblo no se alza, como esperan la oposición y la alianza de derecha que quieren voltear al mandatario bolivariano. “Es usual comparar estas situaciones con el momento del Caracazo, el estallido gigantesco de febrero de 1989”, avanza para marcar la diferencia sustancial: “En ese momento era evidente que el sector empresarial y el gobierno nacional formaban una sólida alianza. Eran una sola entidad opresiva. Empresarios y Estado venezolano tenían un acuerdo que permitía el funcionamiento en un precario equilibrio, con negociaciones y acuerdos de altas cúpulas”. Y puntualiza, “era un Leviatán del poder inmenso de un Estado putrefacto contra el pueblo”.
Ahora, en cambio, “el pueblo no tiene contra quien estallar. El gran aliado del pueblo pobre de Venezuela es el gobierno, duélale a quien le duela”. Duque entiende que el gran factor aglutinante “es la verificación de que estamos ante un gobierno asediado desde muchos flancos. Incluso el pueblo antichavista es consciente de esa amenaza de las trasnacionales, los empresarios y los gobiernos más poderosos del mundo. Es algo que la gente tiene incrustado en el inconsciente colectivo, así haya algunos que no lo reconozcan”.
Sin embargo, está claro que los padecimientos de la gente de a pie son muchos y no es tan sencillo seguir a pesar de la escasez de elementos esenciales para lo que se define como una vida digna. “Hay quienes piensan todavía que si al pueblo pobre se lo somete a una presión suficiente no va a aguantar más y va a entregar el país a EE UU para que no nos sigan castigando. No cuentan con que el pueblo es una entidad resistente. La gente sometida a una situación que compromete su existencia apela a recursos extremos de sobrevida que pueden ser brillantes”.
Eso implica entre otras cosas renunciar sin reparos “a las aparentes mieles de la sociedad citadina y dirigirse a lo que dejó atrás en el campo hace tres o cuatro generaciones para ponerse a vivir como antes de que nos secuestraran en estas urbes de concreto”. Puede sonar romántico, pero Duque recuerda que los pobres de todo el mundo son los que siempre se llevaron el “coñazo” a lo largo de la historia, y que por lo tanto el malvivir es su situación normal. Y cuenta una anécdota personal.
“Al sitio donde estoy pasando la cuarentena viene mucha gente a cocinar con leña. Se hacen unas grandes sopas colectivas y cuando la gente se junta a comer surge la conversación de cómo era que vivía mi abuela, de cómo contaban que hacían las cosas en el pueblito donde vivían. Esa es una forma de regresar al campo, al menos espiritualmente. De regreso a formas precapitalistas de vida”.
Por cierto que el otro gran actor en este drama es la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). El historiador reconoce que también está dislocada, “porque hay elementos allí dentro que son de derecha y quisieran derrocar al actual gobierno”. Pero sostiene que entre los uniformados sobrevive un sentimiento nacional “que impide la entrega de los intereses del país, de algo tan abstracto como la soberanía, a un país depredador que viene a apoderarse de todo esto”. Y apunta como una jugada inteligente de Maduro el rodearse de los militares con liderazgo efectivo y capacidades operativas. “Puede haber generales que saben discursear, pero los que mueven tropa y consciencia dentro de la FANB son chavistas”.
¿Cómo juega la oposición en este embrollo? “Juan Guaidó y su grupo están en el centro de un espectro donde hay una derecha más extrema, instalada en Miami y que hace lobby por una intervención armada violenta con el uso de fuerzas internacionales”, responde Duque. Otro sector de la oposición es más moderado y participa en las elecciones, legitimando el proceso.
Para el escritor, sin embargo, el autodesignado presidente venezolano es quien más disfruta del momento, “Tiene en sus manos los ingresos de CITGO, la empresa norteamericana que distribuye gasolina en EE UU, y de otras compañías en Colombia y Europa”. El detalle es que “está aprovechando en términos pecuniarios de acumulación de recursos, más no de poder. Guaidó tiene un enorme capital en moneda, en activos, pero ese capital no se traduce en poder político”.
Por estas razones, el riesgo más grave para el gobierno bolivariano no es su frente interno, sino el exterior. “Hay 800 soldados norteamericanos que acaban de llegar a Colombia con un fin bastante difícil de explicarle a la opinión pública. Creo que esa es la principal amenaza”.
El horror de sus pesadillas, dice, es un tipo de invasión como a Panamá en 1989, “que secuestren o asesinen a alguno de los líderes fundamentales del chavismo y no nos den tiempo de reaccionar”.
En un escenario semejante, hay quienes avizoran persecuciones y ejecuciones sumarias. “Tampoco es que el chavismo va a esperar dócilmente que vengan a lincharlo. Habría una respuesta sangrienta y eso cumpliría la fantasía de algunos que andan clamando por una guerra civil”, culmina Duque.
Tiempo Argentino, 14 de Junio de 2020
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