El 9 de diciembre de 2022 cientos de miles de argentinos salieron a las calles a celebrar el pase a semifinales del seleccionado de fútbol masculino en la Copa del Mundo de Qatar. Fue el día de las orejas de Topo Gigio de Lionel Messi al técnico neerlándes, Louis Van Gaal, y del «¿Qué mirás bobo?» al goleador Wout Wehgorst. Tiempos de volver a ilusionarse con un equipo que, llegado al certamen con perfil bajo, había perdido el primer partido y se fue afianzando paso a paso. Tiempos en que se viralizaba una versión de «Muchachos» del grupo La Mosca que hablaba de «los pibes de Malvinas que jamás olvidaré». Tiempos en que los muchachos del barrio porteño de Villa Luro celebraban ritualmente cada triunfo en la puerta de una mujer de –ahora– 78 años con un «Abuela lalala» basado en la melodía de Go West de Pet Shop Boys. La llegada a Buenos Aires del equipo nacional llevó a las calles a algo así como cinco millones de personas que se sumaron a los festejos en un clima de jolgorio y armonía social conmovedor.
Un año después asumía la primera magistratura Javier Milei, que había ganado el balotaje con promesas de motosierra y combate a la casta. A los dos años, el presidente sopla la primera velita de su gestión con una sorprendente adhesión, mientras sus acólitos y los medios afines celebran alegres los ajustes feroces y barren debajo de la alfombra la soberanía en las islas del Atlántico Sur. Y el mismo día en que se anuncia la eliminación de los remedios gratuitos para jubilados, tratan de ver a quién le endilgan la membresía del senador entrerriano que contra la voluntad de quienes lo votaron por Unión por la Patria levantó la mano a favor de todo lo que necesitó el Gobierno: fue uno de los que asistió al asado en la Quinta de Olivos tras los vetos presidenciales y fue detenido en Paraguay con 200.000 dólares no declarados.
Se le atribuye al expresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, la «Estrategia del loco», una forma de enfrentar al bloque soviético en plena guerra de Vietnam consistente en hacer creer que estaba tan loco como para no dudar en desatar un ataque nuclear en la península asiática. Según el historiador Zachary Jonathan Jacobson, el método «convenció» a los líderes de la URSS y de China de que mejor no desafiar al inquilino de la Casa Blanca, pero a la vez justificó la necesidad de aumentar sus arsenales atómicos, por las dudas.
Rompan todo Desde la publicación del libro El loco, del periodista Juan Luis González, se conocen detalles de la vida del diputado que había ganado su banca en base a su fama como un panelista de televisión, de verba encendida y violenta. Su historial de hijo golpeado y de víctima de bullying en su infancia aglutinó a su alrededor a jóvenes que en alguna medida se identificaron con él. El momento social, económico y político también ayudó a convertir a Milei en referente del deseo de «romper todo» porque para muchos todo estaba mal.
Pero el discurso del líder de La Libertad Avanza se centraba en terminar con la inflación y, genéricamente, con «la casta»: una capa de la población que según él disfrutaba de privilegios y sometía al resto a la miseria. Milei era el hombre que, sin antecedentes partidarios, no dudaría en avanzar como topadora contra los que robaban el futuro.
Como para las grandes mayorías nombres como Friedrich Hayek, Murray Rothbard y Milton Friedman no dicen gran cosa, logró colar en el discurso publico el mensaje de que esos teóricos tenían la llave para salir de los problemas que el país arrastra desde hace décadas. Y de que eran lo nuevo, a pesar de que esas políticas ya estuvieron en vigencia con mayor o menor profundidad desde el golpe de 1955 de la mano de los exministros Álvaro Alsogaray, José Alfredo Martínez de Hoz, Roberto Alemann, en sucesivas dictaduras, y más acá, durante las presidencias de Carlos Menem y Mauricio Macri. Fracasos todos ellos que los defensores de esos modelos atribuyen a que el remedio para todos los males no fue seguido al pie de la letra el suficiente tiempo.
Como sea, si al principio de sus incursiones televisivas Milei llegó a decir que se conformaba con poner sobre el tapete los debates sobre el rol del Estado, las regulaciones y la apertura de los mercados, algo estrictamente económico, luego avanzó hacia lo que llama su «batalla cultural». Esa batalla emprendida por el libertario pasa por el bullying contra cualquier postura que no sea la del anarcocapitalismo del que se dice el principal impulsor a nivel mundial. Así, desde Horacio Rodríguez Larreta hasta los presidentes de Brasil, México, Colombia, Chile son comunistas irredentos. Lula Da Silva respondió a su turno que no le resulta insultante que lo llamen comunista o socialista. Lo curioso es que a Milei sí le irrita que le digan nazi o fascista.
Contra la casta Ese sistema de victimización forma parte del protocolo de la ultraderecha internacional, que precisa forzar una nueva interpretación de la historia. En el caso del argentino, para construir una nueva cultura necesita arrojar por la ventana la conciencia social y política construidas desde el primer gobierno democráticamente elegido, el de Hipólito Yrigoyen en 1916.
Para esa «nueva Argentina» con que sueña –y que remite a la vieja oligarquía que tuvo que ceder poderes con la ley Sáenz Peña de 1912– cada logro popular es un obstáculo. Desde la ley de educación pública y gratuita 1420, de 1884, la reforma universitaria de 1918, la ley de salud 13012, de 1947 y los derechos laborales y sociales consagrados por las reformas constitucionales desde 1949 –anulada por bando militar– a la de 1994.
No es el caso insistir con la violencia verbal de la que hace gala el presidente contra quienes no piensan como él ni de las amenazas contra la convivencia civilizada que plantean los que pretenden formar el «brazo armado» de LLA. Ni siquiera los cruces fuera de lugar contra mandatarios de casi todo el mundo o de la política exterior contraria a los intereses del país y que destruye los códigos de relación con los vecinos. Sí vale la pena mencionar qué jirones de esa «firmeza de convicciones» dejó en el camino.
Debió aceptar que con Lula Da Silva no tiene más remedio que arreglar, como lo hizo en el G20 y ahora en el Mercosur. Que con China no tiene más remedio que arreglar, porque es el gran jugador en la economía mundial, por muy cercano que se quiera mostrar con Donald Trump.
Por otro lado, comprobó las ventajas de acordar con sectores políticos que hasta ayer nomás eran «ratas corruptas» para aprobar las leyes con las que espera modificar el presente y cristalizar el futuro de los argentinos. La sociedad, en tanto, a dos años de aquel festival de unidad y armonía que fueron los festejos del mundial, descubre que la «Abuela lalala», los jubilados, los trabajadores y los «pibes de Malvinas», entre otros, forman parte de la casta sometida a la acción de la motosierra.
Si algo va quedando claro es que las relaciones exteriores de la Argentina desde la llegada de Javier Milei al Gobierno se deslizan en una pendiente de imprevisibles consecuencias para el país. El discurso ante la 79ª Asamblea General de la ONU fue apenas un bosquejo de lo que desde el primer día de su gestión está desarrollando el presidente anarcolibertario, con el mismo ímpetu de un elefante en un bazar. Aunque en algunos temas la realidad se impone. El anuncio de su viaje a la cumbre de la CELAC en China quizás no sea un punto de inflexión, pero es lo que más cerca estuvo hasta ahora.
En Nueva York, Milei leyó tramos de un discurso que era calcado del que en una vieja serie televisiva, The West Wing, daba el personaje del presidente de Estados Unidos, Josiah Bartlet, interpretado por Martin Sheen. El que descubrió el plagio fue el columnista de La Nación, Carlos Pagni, y lo replicó en sus redes el centenario medio creado por Bartolomé Mitre.
El día que Javier Milei “plagió” en la ONU al personaje de la serie The West Wing
¿Plagio, homenaje o un gesto de audacia diplomática? Tal vez hayan sido las tres cosas juntas: Javier Milei usó en su primer discurso ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones… pic.twitter.com/YoW41q0GKC
Sin embargo, lo mas peligroso no fue ese desliz, sino asegurar que «la República Argentina va a abandonar la posición de neutralidad histórica que nos caracterizó y va a estar a la vanguardia de la lucha en defensa de la libertad». La neutralidad atravesó gobiernos desde el de su admirado Julio Argentino Roca, conservadores como Roque Sáenz Peña y Victorino de la Plaza o radicales y peronistas. El punto, como resaltó el columnista Eric Calcagno en Tiempo Argentino, es que no ser neutral implica ser Estado beligerante. Y la adhesión acrítica de Milei al gobierno de Benjamin Netanyahu en Israel, cuando se extrema la situación en Medio Oriente, pone al país ante un escenario trágico para una nación en la que conviven desde hace décadas importantes comunidades musulmanas y judías.
Vuelta en el aire El caso de China es si se quiere grotesco. Hace un año, en plena campaña electoral, Milei daba cuenta de una fanatizada profesión de fe anticomunista. Un año después, ante la conductora televisiva Susana Giménez dijo que se había sorprendido con los chinos, que habían resuelto velozmente el problema puntual del ahogo financiero argentino, que se reunió con el embajador chino en Buenos Aires «y al otro día nos destrabaron el Swap». Este giro en el aire también fue reflejado en la cuenta de X de La Nación.
Más allá de que el mandatario no resiste el archivo, lo que dice da también para otra reflexión. Si China es un «socio muy interesante» porque, detalló, «no exige nada», ¿quiénes son los otros socios a los que alude y qué le exigen? Por un artículo del corresponsal de Infobae en Washington se sabe que en aquellos lares no cayó nada bien este acercamiento con Beijing, que había comenzado días antes con el anuncio de que la hermana presidencial, Karina Milei, viajaría a Shanghai en busca de inversiones.
Los guiños al Fondo Monetario Internacional, la Casa Blanca y a la jefa del Comando Sur, la generala Laura Richardson, habían rayado la obsecuencia. Sin embargo, los vencimientos de deuda de 2025 suponen el riesgo de un nuevo default y a los que cortan el bacalao en occidente no se les cayó una moneda.
El viaje a la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) también tiene su espesura. Porque el inquilino de la Quinta de Olivos también acusó en Nueva York a organizaciones supranacionales «de corte socialista» de pretender «resolver los problemas de la modernidad con soluciones que atentan con la soberanía de los estados-nación y violentan el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad de las personas».
Cambio de idea. Karina Milei, Diana Mondino y Luis Caputo con el canciller chino Wang Yi en Nueva York.
Foto: @ChinaEmbArg
El desinterés con que el Gobierno nacional trata a sus socios del Mercosur –ni siquiera fue a la reunión en Paraguay en julio– y el rechazo a la membresía en el grupo BRICS y a Unasur, decididas ni bien juró el cargo, no presagiaban que la CELAC fuera santo de su devoción. Pero, o se trata de una imposición para «ir al pie» en Beijing, o de un firulete para rendirle tributo a Xi Jinping sin que se note tanto.
De todas maneras, a nivel regional, la Casa Rosada se entiende con los gobiernos más ranciamente conservadores y se enfrenta con los progresistas. La última movida fue la ausencia de representantes argentinos en la asunción de Claudia Sheinbaum en México. El antecesor, Andrés Manuel López Obrador, había conformado con el colombiano Gustavo Petro y el brasileño Lula da Silva un trípode –odioso para Milei– que la exalcaldesa de la Ciudad de México sin dudas prolongará. Ahí, en los papeles, el paleolibertario no tiene nada que jugar. Pero nunca se sabe.
Como tampoco se sabe lo que puede ocurrir en Bolivia, donde el conflicto entre el presidente Luis Arce y el líder del Mas-ISPS, Evo Morales, ya no tiene vuelta atrás. La semana pasada renunció el ministro de Justicia, Iván Lima, afirmando que desde el llano perseguirá como abogado a Morales en una causa en que se acusa al fundador del Estado Plurinacional de abuso de menores. El sucesor en el cargo, César Siles, corroboró la inhabilitación de Morales para una nueva candidatura presidencial, lo que en realidad es la pelea de fondo. El martes, el vocero presidencial, Manuel Adorni, posteó que se daba por finalizada la condición de refugiado a Morales que le había otorgado Alberto Fernández al asumir, en 2019.
Se ha dado por finalizada la condición de refugiado de Juan Evo Morales Ayma.
Evo Morales tuvo que huir de las hordas golpistas que lo buscaban para matarlo luego del golpe de Estado de noviembre de ese año y por muy poco pudo huir en un avión militar que le había enviado AMLO. Luego recaló en Buenos Aires.
La canciller Diana Mondino, mientras tanto, posteó un esperanzado texto por el acuerdo entre el Reino Unido y la isla de Mauricio para la devolución del territorio colonial del archipiélago de Chagos.
La larga disputa entre Gran Bretaña e Islas Mauricio llegó hoy a una conclusión, y los mauricianos lograron recuperar su territorio de Chagos. Este hito implica terminar con la última colonia inglesa en África.
Celebramos este paso en la dirección correcta y terminar con…
Diez días antes había negociado con el sucesor de Cameron, David Lummy, retomar vuelos semanales desde San Pablo a Malvinas con una escala mensual en el aeropuerto de Córdoba, como una manera de limar rispideces entre Buenos Aires y Londres.
El Reino Unido le brindará apoyo financiero y se compromete a inversiones en infraestructura en Mauricio. Pero en una de las islas, Diego García, la cosa será diferente: Allí funciona una siniestra bese en la que EE.UU. alojó presos sin causa ni proceso acusados de integrar la organización Al Qaeda desde el 11-S de 2001. La base seguirá en manos de EE.UU. por otros 99 años. Es un punto estratégico en medio del Océano Índico, clave para controlar la circulación en esas regiones en disputa con China y la India, dos de los países fundadores de los BRICS. De la misma importancia geopolítica que Malvinas.
Un voluminoso informe elaborado por Mario Draghi, considerado el “salvador del euro” como presidente del Banco Central Europeo -2011 a 2019, tras la crisis de 2008- y de la Italia siempre a punto de estallar, entre 2021 y 2022, busca salidas a lo que reconoce que es una rápida decadencia del continente ante el avance de China y Estados Unidos y en medio de una guerra en sus fronteras que, entre otras, cosas, implicó un aumento descontrolado de los precios de la energía. La solución pasa, dice, por inversiones de unos 800.000 millones de euros anuales en sectores clave, casi tres veces más que el Plan Marshall al fin de la Segunda Guerra Mundial. En otro escenario el documento sería un plan de acción que el resto de la UE aplicaría sin más ya que tambiè establece estrategias de defensa continental, pero las últimas movidas de los jefes de gobierno de España e Italia, más el díscolo primer ministro húngaro Viktor Orban como titular del Consejo Europeo, demuestran que a la hora de los bollos, los europeos miran hacia Beijing con mucho más cariño que el exvicepresidente de la banca Goldman Sachs.
Este lunes, mientras en Bruselas Draghi presentaba oficialmente el material -titulado “El futuro de la competividad europea”, dos tomos, uno de 69 páginas donde delinea estrategias y el otro de 338 con “análisis y recomendaciones”- en la capital china Pedro Sánchez mantenía una reunión bilateral con Xi Jinping y luego viajaría a Shanghai, donde acordó inversiones para relanzar la industria española. “Hoy me he reunido en Shanghái con los presidentes de Chery, SAIC Motor y Hunan, tres grandes compañías chinas de la cadena de valor del coche eléctrico con planes de inversión en España”, publicó el presidente del Gobierno en su cuenta de X, en la que se alegró de haber firmado un Memorando de Entendimiento con la empresa Envision para “el desarrollo de una planta de producción de electrolizadores que generaría más de 1.000 puestos de trabajo directos e indirectos”.
Semanas antes, su par italiana, Giorgia Meloni, también había ido a China en busca de una tabla de salvación al margen de la UE. La dirigente ultraderechista recordó entonces al presidente chino las antiguas relaciones entre ambos países cuando se cumplieron los 700 años de la muerte de Marco Polo, “Li Madou, según el nombre mandarín del viajero veneciano”. A fines de 2023 Meloni había desestimado la participación de Italia en la Ruta de la Seda, un acuerdo que databa de diez años antes. Pero por eso de que realidad mata relato, el 30 de julio de este año negoció un plan trienal que fomenta una asociación estratégica entre los dos países e impulsa el crecimiento del sector automovilístico de Italia, una de las industrias más estratégicas de la península.
Este dato resulta revelador: Meloni pudo acceder al gobierno italiano en octubre de 2022, luego de elecciones adelantadas porque en el Parlamento su partido, Hermanos de Italia, fue uno de los que le quitó el apoyo a Draghi, que debió irse del Palacio Chigi con el rabo entre las piernas. El tecnócrata había llegado en julio de 2021 como un personaje apartidario que podría resolver una crisis política y económica recurrente de un modo diríase que aséptico. No se puede decir que haya buena onda entre ambos, de hecho Draghi la catalogó unos días antes de tener que dejar el cargo de ser uno de “los títeres a sueldo de los enemigos”. En ese momento, Meloni se mostraba más cercana a Vladimir Putin de lo que se toleraba en Bruselas. Con su viaje a China cuando era inminente la presentación publica del Informe Draghi demostró, además, de qué juega.
Sánchez también movió sus fichas en un entorno fronteras adentro bastante ríspido, con el acuerdo fiscal con Cataluña tensando las cuerdas con los propios fantasmas ultraconservadores, quizás más cercanos de la boca para afuera de Meloni de lo que ahora aparecen.
Habrá que decir por cierto que el estudio había sido encargado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cuando Draghi se quedó sin empleo y que el hombre, de 77 años, se lo tomó en serio y el texto desmenuza las razones financieras, económicas y hasta geopolíticas para la debacle de la UE. Del mismo modo, se debe señalar que la presentación del material estaba programada para junio, luego de las elecciones al Europarlamento, donde la ultraderecha dio un batacazo en casi todos los países y la propia Von der Leyen debía refrendar su cargo en una disputa continental precisamente con Draghi. Por abril pasado, el economista adelantaba en un discurso ante la Conferencia de Alto Nivel sobre el Pilar Europeo de Derechos Sociales algunas tesis plasmadas en su informe. Como que “seguimos una estrategia deliberada de reducción de los costes salariales en relación con los demás que, al combinarla con una política fiscal procíclica, el efecto neto fue únicamente debilitar nuestra propia demanda interna y socavar nuestro modelo social”. Y agregó en esos días que “invertimos menos en tecnologías digitales y avanzadas que Estados Unidos y China, incluida la defensa, y sólo contamos con cuatro empresas tecnológicas europeas entre las 50 primeras del mundo”. Y advertía que “a falta de una actuación estratégica y coordinada, tiene sentido que algunas de nuestras industrias reduzcan su capacidad o se deslocalicen fuera de la Unión”. Ahora el planteo tuvo un marco más específico.
Las materias primas clave y Argentina
El Informe Draghi hace especial énfasis en el aumento de los costos de la energía desde el inicio de la guerra en Ucrania, pero lejos de hacer alguna autocrítica, más bien acompaña el enfoque de Von der Leyen y atribuye la situación a la “militarización de Rusia”, término que repite un puñado de veces en el texto. Indica, al mismo tiempo, que “la reducción del suministro por gasoductos desde Rusia” lleva a que se compre un 22% más de gas envasado, a mayor precio, pero nada dice de la clausura y luego detonación de la tubería del Nord Stream de septiembre de 2022, que la fiscalía alemana ahora atribuye a agentes ucranianos. Lamenta, sin embargo, como un hecho del que no hubiera intervención humana, que “Europa ha perdido repentinamente a su proveedor de energía más importante, Rusia”.
Reconoce, eso si, que este incremento en los precios afecta de modo dramático a la economía y propone, como medida urgente, coordinar las compras para conseguir mejores precios por el volumen de adquisiciones en el mercado. Y bajar un cambio en cuanto a las exigencias ambientales. “Si Europa no logra ser más productiva, nos veremos obligados a elegir. No podremos convertirnos de inmediato en un líder en nuevas tecnologías, un modelo de responsabilidad climática y un actor independiente en la escena mundial. No podremos financiar nuestro modelo social. Tendremos que reducir algunas de nuestras ambiciones, si no todas”, dice claramente.
Hay un par de menciones a la Argentina en el documento. En la primera, pone a nuestro país en la lista de naciones que ponen restricciones a la venta de materias primas críticas para la cadena de suministros. Draghi habla, además del litio, del estaño, el titanio, el platino y el cobalto. “Entre los países con mayor incidencia de restricciones a la exportación se incluyen China, la India, Rusia, la Argentina y la República Democrática del Congo”, puntualiza. La otra mención es cuando habla de asociaciones estratégicas, también sobre materias primas. Ahí Argentina comparte escenario con Canadá, Ucrania, Kazajistán, Namibia, Chile, Zambia, Congo y Groenlandia.
La guerra en Ucrania, aun antes del ingreso de las primeras tropas rusas al territorio del Donbas, ya se desarrollaba tanto en los campos de batalla como en los escritorios de los burócratas, por lo menos desde 2014, cuando el golpe contra Viktor Yanukovich y la incorporación de Crimea a la Federación Rusa. Esta semana, al tiempo que Moscú lanzó una ofensiva en todos los frentes y amenaza con terminar con los últimos focos de resistencia ucranianos en el sudeste del país, se desató un festival de sanciones económicas.
Se trata esta vez de un nuevo paquete -el 14º- de la UE contra Rusia; de castigos en EE UU contra empresarios rusos que desarrollaron el antivirus Kaspersky, que además fue prohibido; y de Japón, contra firmas chinas que hacen negocios con Rusia. Todo esto en un contexto en que se va consolidando el grupo de países destinados a destronar a Occidente, los BRICS, que la semana pasada mostraron sus cartas en la Cumbre por la Paz que se llevó a cabo en Suiza: El documento final de apoyo a Ucrania no contó con las firmas de Rusia, China -ausentes- Brasil, India, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que reclamaron que el diálogo incluya a todos los actores de este drama.
Por estos días también expiró el acuerdo firmado en 1974 entre el gobierno de Richard Nixon y el entonces rey Fáisal bin Abdulaziz por el cual EE UU garantizaba la protección del reino, la venta de armas y mirar al costado con cualquier cosa que ocurriera en ese extenso territorio de Arabia Saudita a cambio de que vendieran todo el petróleo que producen -que no es poco- en dólares y con ese monto cuantioso compraran bonos del Tesoro. Tres años antes Washington había salido del rígido esquema de convertibilidad de su moneda con el oro atesorado en Fort Knox y que regía desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y en octubre de 1973 había estallado la Crisis del Petróleo, con el aumento descomunal del crudo a raíz de las sanciones de los países productores a los gobiernos que habían apoyado a Israel en la Guerra de Yom Kippur. El secretario de Estado de esa administración, el inefable Henry Kissinger, fue el artífice de esa solución creativa que sostuvo la solidez del dólar como arma tan mortífera como una bomba nuclear desde entonces y que, ahora, puede poner en riesgo la existencia del dólar como moneda de reserva y comercio internacional.
De hecho, los países BRICS vienen construyendo una red de comercio en monedas locales y con instrumentos alejados de los pergeñados en esta parte del mundo, mientras se fortalece el yuan como divisa alternativa.
Un golpe al dólar atenta contra la estabilidad de Estados Unidos y la economía mundial, pero mucho más a su capacidad de imponer sanciones contra sus enemigos. Es lo que ocurre desde que Vladimir Putin ordenó la operación contra Ucrania, el 24 de febrero de 2022, que lejos de significar un castigo provocó un desenganche de las naciones “rebeldes” de los actuales sistemas. De necesidad hicieron virtud, y no les va nada mal.
En el encuentro del G7 en Apulia, Italia, los países más industrializados de Occidente acordaron tomar los ingresos generados por los bienes rusos congelados desde entonces para comprar armamento destinado a Ucrania. Este tipo de medida alteró de tal manera los mercados financieros internacionales que quizás terminen por afectar más la credibilidad del dólar y los bancos e instituciones del «mundo libre» que el comercio del oro negro en cualquier moneda que no sea la estadounidense. «Estos fondos provienen de los intereses por los bienes congelados y va a servir para comprar munición y defensas antiaéreas y va a ir directamente a la industria militar», indica una fuente militar citada por la agencia Europapress, que agrega que el único gobierno remiso a ese procedimiento es el de Hungría.
El presidente Kim Jong Un y Vladimir Putin durante la visita del último a Corea del Norte.
Foto: STR / KCNA VIA KNS / AFP
Putin, a todo esto, removió el avispero con su viaje a Corea del Norte, donde firmó acuerdos de defensa mutua con Kim Jong-un. El documento establece que en caso de agresión contra una de las partes de este acuerdo la otra responderá de manera solidaria. El pacto, como era de esperar, repercutió de manera negativa en Occidente y la respuesta inicial es seguramente la de Japón y las autoridades de Corea del Sur pidieron explicaciones al embajador ruso en Seúl.
Beijing, por su parte, salió al cruce de las sanciones contra sus empresas y el vocero de la cancillería, Lin Jian, aseguró: «tomaremos todas las medidas necesarias para salvaguardar firmemente nuestros derechos e intereses legítimos y legales”. Se refería al derecho de China de “mantener operaciones comerciales y económicas normales con Rusia basadas en la igualdad y el beneficio mutuo”.
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