Brasil es grande incluso en masacres cometidas por fuerzas policiales y de seguridad. Y a su manera sigue el lema positivista de su bandera: Orden y progreso. Aunque ese orden tenga tanto de inexplicable caos. No es de ahora que el horror por lo ocurrido en las favelas de Penha y Alemão estremece y remite a las organizaciones que fueron creciendo desde hace décadas en sus cárceles más feroces.
Por estos días se recordó una matanza reflejada en una tremenda película de Héctor Babenco, Carandirú, de octubre de 1992, en la Casa de Detenção, el nombre oficial del penal paulista. En esa matanza -111 presos desarmados asesinados sin misericordia- está el origen del Primer Comando Capital (PCC), como agrupación contra el maltrato, en agosto de 1993. Esto que se decía de Orden puede verse en el Estatuto del PCC, una suerte de Constitución de una de las bandas “fuera de la ley” que se mantienen en Brasil como parte de la organización nacional.
Vale la pena leer el corpus elaborado a fines de 1992, cuando Mizael estaba preso en Taubaté, San Pablo. El pobre idealista fue asesinado por otros presos, encabezados por Ricardo Alexandre Lúcio, Gordo, en febrero de 2002. Triste fin para el hombre que había escrito como artículo 9º: “El partido no tolera las mentiras, la traición, la envidia, la avaricia, la calumnia, el egoísmo ni el interés personal, sino más bien: la verdad, la lealtad, la integridad, la solidaridad y el bien común, porque somos uno para todos y todos para uno”.
Un dato interesante de estos pasos iniciales del PCC es que el Fiscal General de San Pablo en octubre de 1992 era Michel Temer, luego secretario de Seguridad de ese Estado y con los años vicepresidente de Dilma Rousseff y protagonista en agosto de 2016 del golpe institucional que lo depositó en el Planalto. WikiLeaks había revelado que Temer era informante de la CIA.
En 2006 hubo otra matanza también en San Pablo. Fue cuando las autoridades decidieron el traslado de centenares de presos a la cárcel de Presidente Bernardes, a 589 kilómetros de la ciudad, donde también había estado un capo de Comando Vermelho, ahora en boga por esta nueva “chacina”. Entre los trasladados estaba Marcos Willians Herbas Camacho, Marcola, uno de los líderes del PCC. Hubo un levantamiento generalizado en la ciudad y al cabo de varios días habían quedado unos 150 cadáveres. Se había cumplido el artículo 9º, que los que estaban afuera debían ayudar a los de adentro. El traslado era visto como una violación de los Derechos Humanos del recluso.
En un artículo de junio de 2006 para la revista Acción, del IMFC, el autor de esta nota escribió algo que guarda actualidad sobre el origen de esa organización que logró vencer al tiempo: “Corría el año 1969 y para imponer su rigor contra las agrupaciones revolucionarias de izquierda, la dictadura militar no tuvo mejor idea que equiparar la protesta política con el delito liso y llano mediante la Ley de Seguridad Interior. En consecuencia, los militantes sociales fueron alojados junto a detenidos comunes para rebajarles la moral y someterlos a la misma degradación que a los delincuentes ordinarios. (…) Pero la condena resultó al revés de lo previsto. Y los reclusos por delitos “civiles” aprendieron lo que era la solidaridad, la disciplina, la mística y la fe revolucionaria de los que habían sido arrestados por sus ideas. También tuvieron verdaderas lecciones de economía política y tácticas de guerra urbana. Se dice que algunos de aquellos aprendices alojados en la Galería B del presidio de Ilha Grande, más conocido como “La caldera del diablo”, comenzaron a reclamar por sus derechos y formaron el Comando Vermelho. El éxito de esta organización en sus inicios, según cuentan los reclusos con más memoria, fue que logró unificar la lucha contra los abusos de las autoridades penitenciaras al tiempo que puso un freno a los ataques, violaciones y robos entre detenidos”.
La visita de Javier Milei a la Casa Blanca dejó la vergonzosa sensación de que el país está en manos de un grupo de enajenados dispuesto a entregar el país por un puñado de dólares para aguantar hasta el 26-O y que el diablo nos lleve. O, peor aún, que todo sí está saliendo de acuerdo al plan, pero que el plan siempre fue convertir a la Argentina en un protectorado. Y que cada paso no fuera otra cosa que la consecuencia de un plan fríamente calculado para el coloniaje, como de alguna manera deslizó Carlos Heller, diputado y columnista de este diario.
En cualquier caso, no habría que caratular al presidente como un loquito suelto. Como se dice en Hamlet, hay método en esa locura. Un método nocivo para el país, pero método al fin.
A poco de aterrizar, entrevistado por Eduardo Feinmann en el canal A24, el mandatario explicó lo que entiende por estrategia geopolítica.
“Dije (en la campaña) que iba a ser aliado de EE UU y de Israel y eso hice”.
“Somos un aliado incondicional de EE UU, es una cuestión de ordenamiento geopolítico”.
“Trump vino a poner en orden una cosa que estaba totalmente desequilibrada”.
“Ese mundo va a tener bloques. Un bloque es el que está alineado con EE UU, otro va a estar alineado con China y el otro con Rusia”.
“Los aliados son esos con los que usted sabe que va a contar siempre. Ellos deciden quiénes son sus aliados. Esa es la parte que ellos (los críticos) no entienden”.
Ahora vayamos a lo finito: esa es la geopolítica de Trump y explica cómo se mueve el presidente estadounidense, pero no implica que sea un análisis certero ni mucho menos adecuado para nuestro país. El empresario inmobiliario busca romper la alianza que sellaron Vladimir Putin y Xi Jinping y Beijing el 5 de febrero de 2022 en los juegos Olímpicos de Invierno de Bejing, 19 días antes del inicio de la operación militar en Ucrania. Si no impedir la sociedad de Rusia-China fue un error de Joe Biden, como cuestiona Trump, su voluntad no será suficiente. Sobre todo porque los estadounidenses no se caracterizan por cumplir los acuerdos que firma. Sino jamás se hubiese llegado a esta guerra.
La otra parte de la geopolítica de Milei es su férrea amalgama con el pensamiento de los paleolibertarios argentinos, que se disemina desde el patriarca de los Benegas Lynch, el primer Alberto, que trajo al país las ideas de la Escuela austríaca. Ese ALB es abuelo de Berty y padre del fundador de la ESEADE, la «academia» que le otorgó el título honorífico del que el presidente quiere jactarse como si hubiera sido fruto de una sesuda tesis de investigación.
Ese espacio considera que los militares de los ’40, con Perón a la cabeza, eran pro nazis y en lugar de hacer como Brasil, que envió tropas a favor de los aliados, esperó hasta lo último para declarar la guerra a Alemania. Así explican que Brasil despegó por el apoyo estadounidense. Que claro que existió.
Esos paleolibertarios están convencidos de que ese pecado capital impidió que Argentina fuera como Australia o Canadá. Pero que no digan que no se intentó: el tratado Roca-Runciman de 1933 convirtió al país, como dijo el entonces vicepresidente, Julio Argentino Roca hijo, “desde el punto de vista económico, una parte integrante del Imperio Británico». La dictadura también lo intentó, enviando expertos en aberraciones a hacer el trabajo sucio por EE UU en sus guerras contrarrevolucionarias en Centroamérica. ¿Se acuerdan cómo terminó la historia en Malvinas?
Para Donald Trump, los aranceles resultan ser la continuidad de la guerra por otros medios. Y le acaba de declarar la guerra no sólo a Brasil, con la excusa de defender a su amigo Jair Bolsonaro, sino a sus principales socios estratégicos, a los que prometió aplicar tarifas de entre 30 y 40% desde el 1 de agosto si no se doblegan a sus demandas. En este marco, el 50% contra el gigante sudamericano no representa tanto más que el 35% que anunció para Canadá, el 30% a la Unión Europea y México, el 25% a Japón y Corea del Sur o, puntualmente, el 200% contra productos farmacéuticos australianos. El caso de Brasil tiene otro aditamento geopolítico: esta semana se realizó en Río de Janeiro la XVI Cumbre de los BRICS, donde los países que integran ese bloque avanzaron en la discusión, entre otras “menudencias”, del sistema de comercio mundial, la desdolarización y la condena del uso coercitivo de medidas unilaterales, como precisamente esta amenaza Trump. No olvidaron en el documento final la situación en los territorios ocupados de Palestina y Gaza. Y en todos estos aspectos, el anfitrión de ese encuentro fue figura descollante, aun teniendo que lidiar contra un frente interno tortuoso.
Habrá que decir que esta guerra de Trump se plantea como una nueva batalla de la que anunció desde el día que regresó a la Casa Blanca, en enero pasado, cuando en su discurso inaugural abundó en loas al 25º presidente, William McKInley, que “hizo a nuestro país muy rico, a través de aranceles y talento”. McKinley, también, fue expansionista (Cuba, Puerto Rico, Guam, Filipinas) y murió baleado por un joven anarquista en 1901, pero esa es otra historia.
Habrá que decir igualmente que tal vez la primera guerra contra los BRICS fue la de los Doce Días contra Irán, comenzada por Israel el 13 de junio pasado y culminada luego del bombardeo de EE UU a la planta nuclear de Fordow y la réplica persa en la base de Al Udeid, en Qatar. Esta segunda etapa, en cuanto al gobierno de Lula, resulta una defensa burda e irrespetuosa del exmandatario brasileño, imputado por el intento de golpe de estado de enero de 2023. Mientras Trump habla de una caza de brujas, el Supremo Tribunal Federal analiza la detención del exmandatario por riesgo de fuga y el gobernador de San Pablo, Tarcisio Gomes de Freitas sugiere que si lo dejan viajar, Bolsonaro soluciona el tema directo con Trump.
Foto: Xinhua
El inquilino de la Casa Blanca, en tanto, fue muy activo estos días en cartas publicadas en su red Truh Social a los jefes de Estado de una veintena de naciones avisando de qué venía la cosa. La titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, respondió -sumisa- al anuncio de las tarifas para la región que “la UE prefiere invariablemente alcanzar el acuerdo con EE UU mediante negociaciones, lo cual muestra nuestra adhesión al diálogo, a una asociación transatlántica estable y constructiva”. El mes pasado, el primer ministro australiano, Anthony Albanese, pasó un papelón cuando intentó una bilateral con Trump y lo dejaron pagando. El premier canadiense, Mark Carney, que ganó la elección con la promesa de que no cederá a la presión de convertirse en el 51º estado de EE UU, cuando la cumbre del G7 en la ciudad de Kananaskis dijo que habían iniciado conversaciones para llegar un acuerdo antes del 9 de julio, la fecha tope que se había fijado Trump. Pero este viernes el empresario inmobiliario recurrió en una misiva pública al argumento del tráfico de fentanilo a través de las fronteras par aplicar el 35% de tasa. Lo mismo le dice a la presidenta mexicana, Claudia Scheinbaum, aunque le hace precio: 30%.
Lula, por su parte, tiene pocas chances de ir a negociar a Washington, aunque quisiera. Cosa difícil porque implicaría aceptar términos que el exdirigente metalúrgico no está dispuesto a hacer. Sus primeras menciones al hecho destacaron que Trump “esta muy mal informado” sobre los cargos contra Bolsonaro, al que llamó “aquella cosa cobarde” que preparó el golpe cuando Lula recién asumía su tercer mandato. Por otro lado, si bien es cierto que los aranceles impactarían de manera importante, EE UU representa el 12% de las exportaciones brasileñas, “menos de la mitad de las ventas a China”, destaca a la cadena CNN el economista André Perfeito. El ministro de Agricultura y Ganadería, Carlos Favaro ya adelantó que Brasil buscará mercados alternativos para sus productos en Oriente Medio y el sur de Asia. Ventajas de estar en los BRICS.
Los medios argentinos ya comenzaron a hacer evaluaciones sobre el impacto que podría tener en el país el golpe arancelario contra el Brasil de Lula. Por el incremento de ofertas brasileñas hacia este lado de la frontera, pero también por la posibilidad que se le podría abrir a la Argentina en el mercado estadounidense. No es de descartar que Javier Milei busque avanzar en las migajas geopolíticas que vislumbra, como es el sueño húmedo de las elites que representa. Es decir, ser la cabeza de puente del imperio angloestadounidense en América del Sur en lugar de Brasil, que ocupó ese lugar desde la Segunda Guerra Mundial, cuando de este lado Juan Perón pugnaba por la integración y mayores grados de independencia. Milei, que espera ansioso una carta de Trump, hizo los deberes en la cumbre de Mercosur con el intento de petardear la integración.
Las denuncias de Francesca Albanese que Israel y EE UU no quieren oír
La Casa Blanca anunció el miércoles sanciones contra la relatora especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, a la que acusa de haber llevado a cabo una «campaña de guerra política y económica» contra Estados Unidos e Israel que «ya no será tolerada». Fue el secretario de Estado, Marco Rubio, quien dio el aviso, mediante un comunicado en el que fustiga «sus ilegítimos y vergonzosos esfuerzos para impulsar la acción del Tribunal Penal Internacional (TPI) contra funcionarios, empresas y ejecutivos estadounidenses e israelíes». No sólo eso, Rubio se justifica en que «ni Estados Unidos ni Israel son parte del Estatuto de Roma», por lo que la abogada italiana comete «una grave violación de la soberanía de ambos países». Y en esa bolsa mete como antecedente la recomendación de las órdenes de arresto del TPI contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa Yoav Gallant que La Haya dictó en mayo de 2024. ¿Cuál es el pecado de Albanese? Investigar, recopilar información sobre crímenes cometidos por tropas israelíes en el marco de la ocupación ilegal de ambos territorios y especialmente de la ofensiva desatada tras los ataques de grupos islamistas el 7 de octubre de 2023. El pasado 3 de julio, en una intervención en el Consejo de Derechos Humanos, en Ginebra, Albanese denunció que «Israel es responsable de uno de los genocidios más crueles de la historia moderna». Y agregó: “la situación en los Territorios Palestinos ocupados es apocalíptica”, para luego dar una lista de corporaciones que no solo son partícipes necesarios en las matanzas sino que se benefician directamente del genocidio. En su informe, nombra a más de 60 empresas involucradas en el apoyo a los asentamientos israelíes y las acciones militares en Gaza. Entre ellas, IBM («que permite a Israel la recolección y almacenamiento de datos biométricos de los palestinos», dice) y Microsoft, que facilita su tecnología en operaciones militares. Amazon y Google colaboran en programas de gestión y Palantir suministró inteligencia artificial a las FDI. Las firmas más obvias son las de provisión de armamento y equipamiento, como la estadounidense Lockheed Martin, que fabrica los aviones de combate F-35, y FANUC Corporation de Japón. También figuran las petroleras BP y Chevron, las entidades financieras BNP Paribas, Barclays, Allianz y los fondos Blackrock y Vanguard, que, dice Albanese “han canalizado miles de millones de dólares en bonos del tesoro y hacia compañías directamente involucradas en la ocupación y el genocidio israelí”.
Aziz Salmone Fall, politólogo, cineasta y activista senegalés-egipcio, se siente cercano al país por más de una razón. Aquí murió un sobrino, Massar Ba, en circunstancias no esclarecidas del todo; es la patria de Ernesto Guevara; y aquí surgieron proyectos como el peronismo. Docente en las universidades UQAM (Quebec en Montreal) y McGill, también de Canadá, fue invitado a una conferencia en la Universidad Nacional de Avellaneda en el marco de la celebración del Día de la Organización de la Cooperación del Sur (OCS), y desde su alojamiento porteño se sorprendió por la concentración de símbolos de la aristocracia en el Cementerio de la Recoleta y con una estatua al líder del MPLA y primer presidente de Angola, Agostinho Neto, justo enfrente.
“La cuestión en todo el mundo -reflexiona- es que estamos pasando de un período monopolista a uno oligopólico, donde la ostentación de la plutocracia y los oligarcas prevalece cada vez más. En Argentina es un microcosmos de la brutalidad del sistema mundial”.
-¿La brutalidad?
-Se trata de una violencia estructural basada en el eurocentrismo. Es una mezcla de problema psicocultural pero también político y económico. Hay un pequeño estrato de la población que quiere seguir siendo europeo.
-Borges decía que se sentía como un europeo en el exilio.
-Esta la creencia de que siguen siendo europeos, mientras los propios europeos están cambiando.
-En Buenos Aires y las grandes ciudades sí, pero en el resto del país no es tan así.
-Hay un estrato en el centro de la burguesía que quiere parecerse a Europa. Es lo que (el peruano Aníbal) Quijano llama colonialidad. Es más complejo que el colonialismo porque si el colonialismo desaparece, este culturalismo no va a desaparecer. Borran el hecho de que la clase media y la población pobre también vinieron de Europa y son la gran mayoría blanca, pero cuando son pobres, se les considera como negros. Cuando se habla con afrodescendientes dicen eso, que sus colegas son los argentinos pobres.
-¿Que cambió en Europa?
-Cuando se une con una moneda común y el espacio Schengen surge una Europa diferente al fantasma y la narrativa que existe en Argentina. Es una aceptación más abierta de la inmigración incluso europea, con la integración del Este y las demás antiguas colonias como constitución de una Europa moderna. El argentino todavía mira a otro latinoamericano como inferior. Durante la Guerra de Malvinas, todo el sur global apoyó a la Argentina viendo que Gran Bretaña había atacado a uno de los nuestros. No fue algo ingenuo. Sabíamos que era una estrategia militar. Sin embargo, la Argentina no se siente parte de ese sur global. El espíritu de la nación Argentina moderna es el peronismo. Es nacionalista y cree que el desarrollo es posible a partir de la sustitución de importaciones, pero imbricado en eso persiste una creencia eurocéntrica no admitida. Es algo difícil porque es una creencia de este país. Y la izquierda argentina está muy ligada a eso.
-¿Eso implica que la izquierda argentina es eurocéntrica?
-No, no. Digo que parte de ello es inconsciente y es un problema psicológico. Creciste creyendo que somos europeos en el exilio. Entonces, incluso si eres peronista, es un problema inconsciente y psicológico. Parte de la izquierda no admite que esto es así. Cuando a mis camaradas de izquierda de la Argentina les digo que mi hijo se llama Che ellos se ríen y les digo: «Mira, el Che fue a hacer la revolución a otra parte, no acá”.
-¿Creés posible que sectores mayoritarios de la Argentina acepten incluirse en un proyecto del sur global?
-Argentina está llamada a ser líder del sur global. Y el rechazo del gobierno de Milei a participar en el BRICS nos permiten analizarlo. El proyecto BRICS tiene el potencial de crear un espacio multipolar, pero la realidad es que estamos en un espacio pluripolar, y si Argentina y Brasil aceleran su integración, junto con Chile, pueden ser una potencia industrial ecológica increíble.
-El proyecto de Perón, Getulio Vargas y Carlos Ibáñez del Campo, la alianza ABC.
-Una gran idea. Pero Argentina debe aceptar la realidad geográfica, su realidad histórica y asumir el rol de liderazgo para no dejárselo a Brasil.
-¿Por qué no?
-El liderazgo natural de Brasil se debe a su tamaño. Tu tienes un potencial de inteligencia y de know how y eso sigue siendo importante. Pero si las élites siguen creyendo que Argentina es una provincia de Estados Unidos, una colonia dentro de la colonia, es un callejón sin salida. La realidad del nuevo sistema mundial es que tienes el potencial del Pacífico a partir de la posición de Chile, de ahí se podría generar una transformación y desvincularse, que es una palabra muy importante.
-¿Desvincularse del sistema global?
-Puedes permanecer siendo capitalista, pero hay que hacer una desvinculación selectiva de parte del mercado y esto tiene que ver con poder ser autosuficiente en términos de alimentación, ser capaz de tener tu propia moneda, tu propia tecnología y defensa militar. Pero si mantienes, como en Argentina, el vínculo con el norte, siempre estarás en ajuste estructural por el Fondo Monetario, por el Banco Mundial. Países que se han desvinculado en la historia -Estados Unidos de Gran Bretaña, Alemania, Japón, China o incluso Suiza- lograron construir su propia economía y reconectarse más tarde en el sistema de mercado mundial.
-El problema son las élites argentinas.
-Argentina no es Israel, pero está la idea de que así como Israel es Europa en Oriente, Argentina es Europa en Latinoamérica. Canadá tiene en su moneda una imagen del rey británico, pero mantiene un alma nacional. En Argentina ese alma nacional se ve solamente cuando llega el fútbol. ¿Cómo es posible que ese alma nacional aparezca solamente con el fútbol y no en la economía? Mi sueño es ver la misma reacción que cuando Perón estaba en prisión y la gente vino a rescatarlo.
-Este año se cumplen 80 años de ese momento.
Foto: Pedro Perez
-Sí, son ciclos. También se cumplen 80 años del fin de la Segunda Guerra, del sistema de las Naciones Unidas. No es nada, para nosotros, los africanos, no es nada. Yo soy africano y naturalmente soy optimista. Pero ese optimismo tiene que trasladarse a una conciencia social, a una conciencia histórica y a un compromiso que falta, especialmente de la izquierda. Porque hoy el fascismo internacional está mucho más unido que la izquierda.
-¿Cómo se ve a Perón en África?
-Somos de una generación que tuvo la gran suerte de aprender de Raúl Prebish y de Perón. Pero también de las escuelas de dependencia, Fernando Henrique Cardoso, Günder Frank, Celso Furtado. Un corpus de dignidad soberana y coraje. Pero el problema fue la concepción del desarrollo. No se entendió que la acumulación necesita una desvinculación.
-El kirchnerismo fomentó una asociación con Brasil y Venezuela para desvincularse de esos mercados.
-Fue un intento muy valiente pero el momento histórico no fue favorable. África, por ejemplo, estuvo totalmente sujeta al ajuste estructural. Solo parte de Asia pudo escapar, China. Estos intentos se hicieron en un momento de gobernanza gerencial tecnocrática, donde el margen de maniobra para esta desconexión era pequeño porque el capital global se movía hacia la financiarización. Fue suicida que los países latinoamericanos fueran solos. Ésa es una de las explicaciones también del fracaso de la izquierda latinoamericana.
-¿Qué pasa con África? ¿Cuál es el futuro del Sahel?
-Mientras ustedes experimentaban el progreso de la izquierda, África colapsó. El fin de apartheid fue un compromiso de la burguesía negra. Pero hemos adoptado una política de ajustes estructurales autoinfligidos. Sudáfrica, que se suponía que sería la locomotora, se descarriló del proceso. Luego, la explosión de la Unión Africana tras el asesinato de (Muhammar) Khadafi cometido por la OTAN y Francia generó una proliferación de armas a las fuerzas yihadistas instrumentalizadas por el Pentágono y Francia. Los militares de Burkina Faso, Mali y Niger entienden el síndrome del piromaníaco y el bombero.
-¿Cómo es?
-Los gobiernos occidentales crearon inestabilidad para prevalecer como padrinos geopolíticos, porque perdieron la capacidad económica para evitar la cooperación de África con China. He dado 25 años de mi vida con una red de 22 abogados en defensa de Thomas Sankara, que lideró la última revolución en África Occidental y que es imitada en África. (El domingo pasado) debería haber estado en Burkina Faso para la inauguración del mausoleo de Sankara. Fui el responsable de pedir la exhumación de su cuerpo para un estudio forense. No fui porque puse como condición que se realice la extradición de Blaise Compaoré, el jefe de Estado que mató a Sankara, desde Costa de Marfil, donde está protegido por Francia y Françafrique. Compaoré es responsable del yihadismo en la región. Las Juntas tienen un discurso nacionalista populista en los tres países. Han cortado relaciones con la antigua potencia neocolonial, Francia y EEUU, se relacionan con Rusia y restringen los derechos humanos, los partidos políticos, las democracias, con el pretexto de la guerra. La pregunta ahora es por qué no hablan con auténticas fuerzas revolucionarias progresistas.
Thomas Sankara, asesinado en octubre de 1987.
-¿Por qué?
-Hay dos posibilidades. Una es porque no pueden abrir un nuevo frente atacando Compaoré, Françafrique, Francia y Costa de Marfil. Otro motivo es que son usurpadores de un discurso panafricanista para perpetuarse en el poder a través de la guerra. No puedo decir cuál es, pero ahora en nuestro propio movimiento estamos divididos. Algunos dicen que tenemos que apoyar al Sahel y acelerar el proceso de integración y otros dicen que no hay razón para detener la democracia y dejar que sólo los militares controlen los estados.
Foto: Pedro Perez
-¿Cuál es el papel de Rusia?
-Ucrania apoya a las fuerzas yihadistas y Rusia a la AES (Alianza de Estados de Sahel). Rusia es un territorio enorme, muy rico y apetecido por los europeos. Desde los tártaros, de Napoleón, de Hitler. Pero al fin de la Ia Guerra Mundial hubo otra guerra, cuando todos los europeos atacaron a Rusia, en 1918 y 1919. Esta es la verdadera II Guerra Mundial.
-Contra la Revolución.
-Contra los bolcheviques. Los rusos nunca olvidan eso. Nunca. La Unión Soviética fue un aliado natural de África durante la descolonización. Gracias a Cuba y Rusia cayó el apartheid. En 1991 los rusos estaban divididos y los de Yeltsin querían unirse a Europa. Otros, nacionalistas pero no progresistas, querían permanecer como rusos. La crisis de Ucrania es una guerra proxy de la OTAN. La nueva Rusia, la Rusia de los oligarcas, se vuelve compleja con la crisis en República Centroafricana, desestabilizada por Francia y una parte del régimen se alía con los mercenarios rusos. Los nuevos estados panafricanos van a sobrevivir solamente si Rusia los apoya. Aparte de esto, el capitalismo necesita la guerra cuando está en crisis. Y muchos quieren una África sin africanos. La África de los recursos, de los oligopolios.
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