por Alberto López Girondo | Oct 15, 2009 | Sin categoría
Si hay galardones teñidos de intereses políticos, la designación de la sede de los Juegos Olímpicos o los premios Nobel son seguramente de los más significativos. Así puede interpretarse esta recompensa cruzada entre la elección de Río de Janeiro para las Olimpíadas del 2016 y de Barack Obama como máximo exponente de la Paz, casi en simultáneo.
El presidente norteamericano había pugnado, sin éxito, para que su Chicago albergara a los deportistas más destacados del planeta. Pero Lula Da Silva se dio el gusto de festejar lo que podría ser el corolario de su paso por la presidencia de Brasil. Tras dos gestiones, deja a su nación entre las potencias del siglo, y como frutilla de postre, consiguió la sede del mundial de fútbol de 2014 y llevar los juegos a las playas cariocas en 2016.
El Comité Olímpico es el escenario donde se disputan las presiones de cada país para mostrar su importancia en el concierto de las naciones. No por nada en 1916 y en 1936, las Olimpíadas se desarrollaron en Berlín. Con Hitler en el poder, la capital alemana le había ganado la partida a Barcelona y apenas un mes antes había comenzado la guerra civil española cuando Jesse Owens amargaba la vida al canciller nazi.
Se recuerdan los juegos de 1980, en Moscú, por el boicot del «mundo occidental» contra la Unión Soviética. Favor que devolvieron los países del mundo socialista cuatro años más tarde, en Los Ángeles. En 1992, cuando se celebraban los 500 años de la llegada de Colón a América, el turno sí fue para la capital catalana. La España de entonces ingresaba así al «mundo desarrollado». Beijing 2008 fue otro reconocimiento explícito.
«Ha llegado nuestro momento. Entre las diez mayores economías del mundo, Brasil es la única que aún no ha sido sede de unos Juegos. Para nosotros es una oportunidad para crecer en autoestima, fortalecer las conquistas recientes y estimular otras», agradeció Lula.
Mordieron el polvo Juan Carlos, el rey de España, propulsor de la candidatura de Madrid, y Obama. Para el presidente afronorteamericano, la revancha llegaría a los pocos días, con el premio creado por el inventor de la dinamita. Por su contribución a la Paz, según el Parlamento noruego.
Mejor dicho: por la contribución que el mundo espera de él.
Revista Acción, 15 de Octubre de 2009
por Alberto López Girondo | Abr 1, 2009 | Sin categoría
La delgada línea Durand
“¿De qué forma un pequeño país como Afganistán -una cabra entre leones, un grano de trigo entre dos ruedas de molino-, puede permanecer sin ser reducido a polvo?”, se preguntó alguna vez Abdul Rheman Khan, quien fundó la dinastía Barakzai en 1880 y a regañadientes tuvo que aceptar la partición de su reino, en 1893. El dilema continúa a pesar de aquella delgada línea que dibujó sir Henry Mortimer Durand para fragmentar un territorio refractario al expansionismo europeo.
La línea Durand, 2400 kilómetros de frontera artificial, no consiguió en más de un siglo separar a la población originaria, en su absoluta mayoría pashtunes. De origen ario y lengua persa, profesan el islamismo en su rama sunnita. Se calcula que hay unos 20 millones a ambos lados de ese trazo imaginario entre Afganistán y Pakistán. Son nómades y mantienen tradiciones milenarias, por eso adhirieron al movimiento talibán e ignoran minuciosamente ese extenso límite político.
La situación “se está deteriorando” porque el terrorismo “expandió su fortaleza e influencia”, advirtió hace algunas semanas el general David Petraeus. Con la pompa del caso, entonces, el presidente Barack Obama logró implicar a la Otan en una nueva ofensiva sobre territorios donde florecen, dijo, Osama Bin Laden y Al-Qaeda.
Los países de la alianza anunciaron el envío de más tropas para “combatir el flagelo”. Hablaron de Afganistán, pero aludían también a Pakistán, otro espacio recortado por los británicos luego de la Segunda Guerra mundial, a expensas de la India.
Nicholas Shmidle, un estudioso estadounidense que vivió entre 2006 y 2007 en Pakistán, tiene en imprenta un libro sobre sus experiencias. En un adelanto para la revista Foreign Policy sugestivamente titulado “Guía de Pakistán para idiotas”, reconoce lo poco que pudo entender de esa compleja situación en dos años. Igualmente explica: “los Pashtun son una nación que comprende cualquier lugar donde los Pashtun puedan vivir”. Y admite que luchan en defensa propia contra quienes pretenden someterlos, como lo han hecho por siglos. Tal vez por eso la CNN abrió una oficina en Islamabad, ante los que se prevén tiempos difíciles en países donde abundan ojivas nucleares e inestabilidad política.
Revista Acción, Abril de 2009
Comentarios recientes