En el proyecto de ley de reforma laboral que el Gobierno acaba de enviar al Senado de la nación se juegan varias partidas al mismo tiempo, pero es apenas el prólogo de una catarata de iniciativas que la Casa Rosada espera aprobar, durante las sesiones extraordinarias, para tapizar un 2026 que muchos catalogan, sin más, como de consolidación del «cambo de régimen».
Para comenzar: el hecho de que una normativa como la que presenta el Ejecutivo proponga cambios impositivos implicaría, según el reglamento, que debe hacer su camino legislativo primero por la Cámara Baja, como indicó el diputado Esteban Paulón en una carta documento dirigida al jefe de Gabinete.
El legislador socialista supone que la maniobra del oficialismo obedece «al capricho de Patricia Bullrich de “capitalizar” su posible aprobación». Razones no le faltan. Bullrich integró el Gobierno de la Alianza que en mayo de 2000 había logrado la aprobación de la Ley 25.250 promulgada por el entonces presidente Fernando de la Rúa a fin de ese mes. Se trató, básicamente, del mismo planteo actual, pero con otro bozal. Ella, en esa ocasión, era secretaria de Política Criminal y Asuntos Carcelarios y en octubre pasaría al Ministerio de Trabajo en reemplazo de Alberto Flamarique, a esa altura inmerso en el escándalo de lo que se llamó Ley Banelco, por el pago de coimas para que los congresistas aprobaran el proyecto.
Otro que volvió para cumplir un viejo sueño es Federico Sturzenegger, que en marzo de 2001 asumió como secretario de Política Económica de esa gestión, elaboró el plan del Megacanje y renunció en noviembre, dos días antes de que el ministro Domingo Cavallo decretara el corralito. Eso no le evitó haber sido procesado por ese negociado con los bonos soberanos, cargo del que fue sobreseído en 2015. Bullrich y Sturzenegger volvieron a las grandes ligas inmaculados, primero durante el Gobierno de Mauricio Macri y ahora con Javier Milei. Habrá que decir que no abominaron de su vocación de manejar la represión una y las finanzas el otro. En el caso del «Coloso», como lo llama Milei a Sturzenegger, con un empecinamiento por mostrarse un adalid de la libertad irrestricta de mercados, sin importar sus consecuencias.
En cuanto a la reforma laboral, el ministro de Desregulación publicó un extenso texto en su cuenta de la red X donde explica las «maravillas» de la ley que se pretende aprobar en tratamiento exprés. Dos cosas sobre eso: la primera es que ese proyecto ya era viejo cuando el Gobierno de Carlos Menem intentó uno similar, como analizaba en 1993 el genial Tato Bores, un sagaz observador de la realidad que no pierde vigencia.
Trabajo registrado La otra cuestión es que, si la zanahoria es que así se creará trabajo, habrá que decir que cada uno de esos momentos de la historia argentina desmiente rotundamente ese aserto. De hecho, la ley Banelco fue derogada en 2004 y con reglas «obsoletas» fueron creados más de 3 millones de puestos trabajo hasta 2015. Por otro lado, en una entrevista de Radio Con Vos, uno de los que diseñaron ese proyecto, el abogado Julián de Diego, se sinceró ante la periodista Noelia Barral Grigera: «No creo que modificando la legislación laboral vaya a haber creación de puestos de trabajo registrado», dijo.
El abogado Julián de Diego defendió los cambios en la normativa pero dijo que no habrá más empleo sin "una etapa de crecimiento económico sustentable". https://t.co/1Y9jtZh7rvpic.twitter.com/bu0lY6d0R4
El economista neoliberal Fausto Spotorno, del estudio de Orlando Ferreres, también admitió que la ley no va a crear empleo genuino. «Lo que genera trabajo es el crecimiento económico», dijo ante Romina Manguel. Una respuesta clásica de analistas de otro palo, curiosamente. Cierto que luego dijo que una ley podría ser incentivo para inversiones, las que en última instancia son las que podrían desarrollar el mercado laboral. ¿Entonces?
Quien quiera leer el proyecto completo, lo puede encontrar acá.
Un buen «despiece» se puede hallar en este hilo de tuits de Luis Campos. El investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma señala en primer lugar que no se trata de una simple reforma, sino que son tres, «una que transfiere recursos multimillonarios del trabajo al capital; otra que debilita la acción colectiva; y otra que fortalece la disciplina laboral en los lugares de trabajo».
1. ¿En qué consiste la reforma laboral? En realidad, son tres reformas. Una que transfiere recursos multimillonarios del trabajo al capital; otra que debilita la acción colectiva; y otra que fortalece la disciplina laboral en los lugares de trabajo. Vamos con un hilo largo
Reglas de juego Dos argumentos, incluso complementarios, podrían explicar por qué en cada Gobierno conservador –elegido democráticamente o no– se intenta flexibilizar, modernizar, reformar o como pinte en cada etapa llamar al cambio de reglas de juego. Reglas que remiten al primer peronismo, consolidadas en la Ley de Contrato de Trabajo que data del tercer Gobierno de Perón, sancionada en septiembre de 1974, unos meses después de su muerte y modificada a poco de instaurarse la dictadura cívico-militar.
Una explicación viene del historiador Juan Carlos Torre y habla del «impulso igualitario» que se adentra en las raíces de la nacionalidad, según el destacado del columnista Marcelo Falak. «Esa actitud que tienen los argentinos de ser y sentirse iguales. Quienes detentan un estatus social superior no encuentran en los de más abajo la mirada huidiza y obsequiosa, tan característica de las sociedades jerárquicas, sino la mirada franca y dirigida a los ojos».
Élite Otra interpretación del ansia por modificar la ley que empoderó a los trabajadores y a los sindicatos y que va en línea con lo anterior apareció en una entrevista para el diario La Nación al director del capítulo argentino del Índice de Calidad de Élites (EQx), que elabora la Universidad de St. Gallen, Suiza. Tras definir a «élite» como a esos grupos coordinados de personas con algún grado de influencia en la sociedad, desde empresarios y políticos a deportistas, periodistas y profesionales destacados, Pablo San Martín –el entrevistado– certifica: «La élite argentina es profundamente depredadora. Su principal característica es que pone el foco en el flujo de efectivo inmediato y no en el valor patrimonial de sus activos a largo plazo». Y agrega: «Hoy somos el peor país de América Latina, cuando de chico me tocó vivir la Argentina de los premios Nobel. Sería razonable pensar cómo se lograba eso y cómo volvemos a hacer de la Argentina un lugar transitable».
Estas cuestiones, si se quiere histórico-culturales, definen no solo las relaciones laborales en Argentina, sino que eslabonan en el ADN de una sociedad que añora el progreso colectivo y que fue ejemplo en cuanto a niveles de educación y salud pública, otros ámbitos de la puntillosa destrucción mileísta. Una sociedad que conoció tiempos mejores y ve ejemplos de otros países con un dejo de nostalgia. Sin ir más lejos, el Gobierno de la mexicana Claudia Sheinbaum aprobó a principios de mes una reforma laboral que contempla el aumento del salario mínimo, que trepa un 154%, y la disminución progresiva de la jornada laboral hasta llegar a 40 horas semanales para 2030. Todo consensuado con el empresariado.
Dos buenas noticias para el pueblo de México: el aumento al salario mínimo para 2026, que significa 154 por ciento de incremento al poder adquisitivo; alcanzará para dos canastas básicas.
También informamos la reducción gradual de la jornada laboral de 48 a 40 horas durante el… pic.twitter.com/XQwtguKXd4
Así como las marchas en defensa de la universidad pública fueron masivas, es de esperar que la que la CGT organiza para el 18 de diciembre, y a la que se van sumando las dos CTA y otras organizaciones sindicales, sociales y políticas, también lo sea. El apuro en tratar el tema en extraordinarias tiene mucho de necesidad de aprovechar el relajo normal del verano para que la sociedad trague los licores más amargos. Vieja estrategia también de los Gobiernos conservadores desde el retorno de la democracia.
En la tarde del 13 de diciembre de 1828 fue fusilado en la estancia El Talar, de la localidad bonaerense de Navarro, el gobernador Manuel Críspulo Bernabé Dorrego. Tenía 41 años y hacía trece días había sido destituido por el general Juan Galo de Lavalle, un héroe de la guerra contra el Imperio del Brasil pero “una espada sin cabeza”, como lo recuerda la historia. Las razones para el asesinato, el primero de la serie de barbaries que a nombre de la civilización cometieron las fuerzas antipopulares, fue que Dorrego era una amenaza para consolidar el proyecto de los unitarios.
Era demasiado querido por las clases bajas del campo y el pobrerío de la ciudad, razón muy fuerte para el desprecio. Además había sido el líder de la oposición contra Bernardino Rivadavia y, como tal, había rechazado los términos de la paz que habían negociado con el emperador sus enviados a Río de Janeiro. Pero hay otro condimento para la eliminación de semejante personaje: tuvo una visión geopolítica peligrosa para los intereses de la oligarquía del puerto y para el imperio británico, del que soñaban formar parte un día.
Sabía de qué venían las revoluciones americanas y había participado en los ejércitos del Norte, con Manuel Belgrano y José de San Martín, pasó por Chile, pero habrá que decir que cometió el error histórico de haber luchado contra las fuerzas de José Gervasio Artigas por orden del Directorio. En cierto sentido se reivindicó al rechazar la política del Supremo Juan Martín de Pueyrredón de arreglar con el imperio portugués en 1815 para atracar al caudillo oriental, lo que le valió el destierro, en 1816. Exiliado, Dorrego recibió cobijo del líder haitiano Alejandro Pétion, adalid de la independencia de ese país. Luego se trasladó a Baltimore, Estados Unidos, donde llegó a editar un periódico en castellano.
Vuelto a Buenos Aires, se convierte en gobernador de la provincia de Buenos Aires, entre el 29 de junio de 1820, y septiembre de ese año. Pero ya encabeza el movimiento federal y ejerce el periodismo en El Tribuno, donde promociona las ideas republicanas cuando todavía había quienes buscaban algún monarca desocupado para poner al frente de las Provincias Unidas. Puntualmente se opuso al centralismo rivadaviano plasmado en la Constitución de 1826, y defendió el derecho a voto de los «criados a sueldo, peones jornaleros y soldados de línea».
Cuando estalla la guerra contra Brasil también estuvo contra los rivadavianos, que habían cedido a la voluntad imperial pesar de que las tropas rioplatenses lograron triunfos resonantes en la batalla naval de Juncal y la de Ituzaingó, ambas en febrero del ’27. En agosto, Dorrego es elegido gobernador y en noviembre firma un convenio con un jefe de mercenarios contratados por el emperador Pedro I, Federico Bauer. Sabía que los alemanes no cobraban desde hacía meses y ensayó una estrategia de alto vuelo para instaurar una república al norte de Rio Grande. Si había que hacer un estado tapón, prefería allá lejos para mantener el control de las dos orillas del Plata. No era mala idea. Mantuvo también contactos con movimientos republicanos en Pernambuco.
El tema de los mercenarios es interesante. Pedro se había casado con la archiduquesa de Austria, María Leopoldina de Habsburgo. La gran idea entonces fue atraer a migrantes alemanes para poblar el sur de Brasil y mantener el control de la Banda Oriental. Y ya que estaban, si tenían antecedentes como soldados, servirían para cubrir cualquier eventualidad. Entre ellos había un tal Auguste Bullrich, capturado en Ituzaingó y traído a estas tierras como prisionero. El hombre se quedó, hizo fortuna y dejó un legado muy interesante.
El contrato de Dorrego con Bauer está en el Archivo General de la Nación y dice, entre otras, cosas, que tampoco cobró de los porteños y que habían decidido unirse a las huestes nacionales por el “tratamiento y comportación de este soberano” (por el Emperador), “siendo que a los soldados alemanes -sus compatriotas- los habían por la fuerza obligado a hacerse soldados de un tirano en vez de honrados lavradores (sic)”.
Dice el documento que el proyecto elaborado con el malogrado gobernador era:
«1º) Terminar la guerra que existía con la República. 2º) Desembarazar a sus compatriotas de la tiranía de aquel Emperador. 3º) Proclamar al Brasil livre e independiente para siempre».
Se entiende mejor que Dorrego era algo más que un caudillo populista.
La administración de Donald Trump acelera a fondo para terminar su Estrategia de Seguridad Nacional modelo 2025 (NSS-2025 en inglés) mientras crecen las criticas dentro y fuera de Estados Unidos y la oposición le juega fuerte con nuevas revelaciones sobre su tóxica amistad con el finado empresario sexual Jeffrey Epstein. El capítulo donde quiere poner todas sus fichas -el Corolario Trump de la Doctrina Monroe- es el Caribe, donde vuelve a amenazar con un ataque por tierra contra Venezuela, que contará por cierto con el beneplácito de la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado.
Esta semana, casi cuando en la capital noruega la hija de opositora venezolana recibía el galardón que alguna vez tuvieron desde Carlos Saavedra Lamas y Adolfo Pérez Esquivel hasta Henry Kissinger y Barack Obama, fuerzas estadounidenses tomaban por asalto un petrolero en aguas internacionales frente a Venezuela. El gobierno de Nicolás Maduro lo definió como un acto de piratería, para Trump, fue un operativo coordinado contra “un petrolero enorme, muy grande, el más grande jamás incautado”. El buque había sido sancionado en 2022 acusado de integrar una flota que transportaba crudo iraní, “delito” grave para el gobierno de EE UU (Joe Biden entonces) por las sanciones establecidas contra el país persa.
Corina Machado, mientras tanto, se dirigía a Oslo en un operativo también coordinado por EE UU, aunque el encargado de hacer el traslado, un veterano comando, Bryan Stern, jura que no tiene relación con Washington. Sin embargo, la empresa que dirige está formada por efectivos retirados con formación en operaciones especiales e inteligencia y, además, el viaje fue parte por tierra, pero luego en lanchas rápidas. Como las que el secretario de Guerra, Pete Hegseth, califica de “narcolanchas” y ordena destruir sin miramientos. La operación se llamó Dinamita Dorada, por el inventor del explosivo que donó su fortuna para los premios que tienen su nombre, y por la medalla de 18 kilates que simboliza la condecoración.
El premio lo recibió Ana Corina Sosa y a las pocas horas se presentó su madre, explicando que no habían podido llegar a tiempo por las vicisitudes vividas para la partida de Venezuela. Entre los fundamentos para haber elegido como figura por la paz de este año, el comité adujo que “Machado lucha por una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”.
Este sábado María Corina se reunió con el rey de Noruega, Harald V. Ya había dicho que si ella llegara al poder entregaría las riquezas venezolanas a empresas privadas, y por supuesto, a EE UU, como sueña la Casa Blanca, y pidió el apoyo de Trump para poner fin al gobierno venezolano. Cosas como esa le achacan Maduro y la Justicia venezolana, que la inhabilitó para cargos públicos por 15 años.
Este viernes, Trump insistió en la inminencia de un ataque a Venezuela por tierra contra “gente horrible que está trayendo drogas” a EE UU. «Hemos eliminado el 96% de las drogas que ingresaban. Y ahora estamos empezando por tierra, y por tierra es mucho más fácil, y eso va a empezar a suceder”, indicó.
El rechazo a semejante amenaza viene de gobiernos como el de Colombia o el de Brasil, pero también dentro de su territorio. El economista estadounidense Jeffrey Sachs, promotor en su momento de las políticas liberales que aplicaron Boris Yeltsin en Rusia y Domingo Cavallo en Argentina. “A los pocos días de la publicación de la NSS, EE UU incautó descaradamente un barco que transportaba petróleo venezolano en alta mar, aduciendo que el buque había violado anteriormente sanciones estadounidenses contra Irán. La incautación no fue una medida defensiva para evitar una amenaza inminente. Tampoco es ni remotamente legal incautar petroleros en alta mar debido a sanciones unilaterales de EE UU. Sólo el Consejo de Seguridad de la ONU tiene esa autoridad. Por el contrario, la incautación es un acto ilegal destinado a forzar un cambio de régimen en Venezuela. Se produce tras la declaración de Trump de que ha ordenado a la CIA llevar a cabo operaciones encubiertas dentro de Venezuela para desestabilizar el régimen”, dice en un artículo que reproduce el portal Other News.
A todo esto, representantes demócratas publicaron este viernes fotos del actual presidente rodeado de mujeres junto con el “suicidado” Epstein. En alguna se ve la imagen de Trump en un envoltorio para preservativos con la frase “soy enoorme”. En otras fotos están Bill Gates, Bill Clinton, el entonces príncipe Andrés, el ideólogo ultraderechista Steve Bannon, el cineasta Woody Allen y el exsecretario del Tesoro Larry Summer. Andrés fue desheredado y Summers reconoció sus culpas, el resto ni mu. Buenas razones las del mandatario estadounidense para iniciar alguna guerra, por si no bastaran las cuestiones económicas y geopolíticas.
Petro pide un Relator Especial para investigar la intervención de EE UU
El presidente colombiano, Gustavo Petro, anunció en su cuenta de la red X que solicitará a la ONU la creación de la figura de Relator Especial para atender los casos de intervención militar irregular de Estados Unidos en los mares del Caribe y el Pacífico. El propósito de tal medida sería una investigación sobre violaciones a los derechos humanos cometidas por las fuerzas estadounidenses en esa región, hechos que incluso desataron críticas en el Congreso estadounidense.
Para el mandatario colombiano, Estados Unidos viola el Derecho Internacional disparando misiles a pequeñas embarcaciones en el mar. «No es aceptable de ninguna manera que la lucha contra el narcotráfico incluya violaciones a derechos humanos como el asesinato sistemático por funcionarios públicos», advirtió el mandatario.
Petro recomendó la conformación de un comité internacional de juristas y recordó que Colombia logró aprobar en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que la lucha contra las drogas no involucre violaciones de derechos humanos.
En el marco de lo que la Casa Blanca denomina una nueva política antidrogas, Estados Unidos desplegó tropas en aguas del Caribe desde septiembre pasado y ya produjo más de 20 bombardeos a lanchas presuntamente cargadas con drogas, dejando más de 80 muertos.
La publicación del mandatario colombiano se dio como respuesta a la noticia de que el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, consideró «inaceptables» los ataques de Estados Unidos, a los que calificó de «operaciones extrajudiciales».
Este anuncio de Petro también es posterior a la amenaza que le lanzó del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al afirmar que «será el siguiente» en su supuesta campaña contra el narcotráfico, que actualmente se centra en la Venezuela de Nicolás Maduro. En tal sentido, Petro siempre catalogó a esos operativos como un intento de derrocar a Maduro y apropiarse de las riquezas de Venezuela
Contradictorio como siempre, Trump hizo una distinción. «Colombia tiene al menos tres fábricas de cocaína. Es un país diferente. No estamos contentos con eso. Pero lo estamos deteniendo», afirma.
Petro, a su turno, aseguró que hay «indicios» de que ciudadanos colombianos viajaban en una de las embarcaciones atacadas en el Caribe y calificó las operaciones como «un acto criminal e ilegal», exigiendo a Washington la identificación de las víctimas y toda la información sobre los bombardeos.
Javier Milei y su experimento anarcocapitalista llega a los dos años en el poder con la sensación de que ganó un campeonato en el que sus detractores no lo creían capaz de pasar siquiera la primera ronda. Cualquiera que haga un corte del espacio-tiempo del pasado miércoles podría decir que como por arte de magia el partido violeta es la primera minoría en la Cámara de Diputados, capeó el temporal económico que se le desató en la previa a las elecciones del 26 de octubre y parece tener el camino despejado para cumplir con su programa de liberalismo extremo de «ejemplo mundial».
Habrá que recordar, sin embargo, que estos «éxitos» se basan en préstamos de corto alcance y condicionalidades quizás irreparables. Verbigratia: la cantidad de legisladores que pegaron el salto repentino a La Libertad Avanza luego de haber ganado la banca con otros colores –predominantemente amarillo, el complementario en la escala cromático-política– tranquilamente pueden pegar otro salto en cuanto los vientos cambien. El salvataje de la administración Trump ante los desaguisados del ministro de Economía argentino plantean el riesgo de embarcar al país en los disparates más peligrosos de la Casa Blanca, sobre todo a nivel regional. Pero quién se pondría a pensar en esas nimiedades cuando todo parece un suave camino a la gloria y aparece el viejo anhelo de los presidentes en circunstancias como esta de la reelección.
Para entender la película desde el 10 de diciembre de 2023 sería bueno reparar en dos fotos. La de la asunción de Milei, con un escenario a espaldas al Congreso con invitados del talante de Jair Bolsonaro, Volodimir Zelenski y Viktor Orban, a la sazón, expresidente de Brasil, actual jefe de Estado ucraniano con mandato cumplido y primer ministro de Hungría. El primero terminó preso con una sentencia de 27 años por intento de golpe contra Lula da Silva, el segundo presionado para firmar un acuerdo lastimoso con Rusia. El único que sigue incólume es el húngaro, gran amigo del ruso Vladimir Putin.
Dos fotos El miércoles 3 de diciembre, un Milei sosegado y bastante diplomático asistió al Parlamento nacional para la jura de los nuevos diputados. Dejó atrás 24 meses de insultos de baja estofa contra enemigos «culturales» como podrían ser los sectores más cercanos al kirchnerismo y hasta de ese grupo de gobernadores y legisladores ávidos de transfundir gobernabilidad. Todo ese clima se fue tensando a lo largo de este año y se calmó luego de los comicios de medio término, con un resultado que dejó ganador al oficialismo con algo más del 40% de los sufragios contra alrededor del 35% de los peronismos. O sea, una diferencia que si no fuera por el discurso mediático –un gran logro, también prestado– sería considerada como ajustada.
En el medio de estas dos fotos, la película fue de ajustes perpetuos contra los menos favorecidos en la escala social, apenas dibujados por estadísticas «creativas» que disimulan el impacto real de una inflación que no cesa, pero sirvió para alimentar la esperanza de que ese flagelo que castigó a la población con fuerza en el último tramo de la gestión de Alberto Fernández acabe. Y la consecutiva represión contra los jubilados que cada miércoles se repite con mayor ferocidad.
Este panorama da cuenta de otro ámbito al que el mileísmo pretende llevar la disputa ideológica. El de su «batalla cultural», que no es sino el regreso a épocas arcaicas tanto en las relaciones laborales, la justicia social y hasta los roles y las identidades sexuales. Cierto que el cambio de época se da en el occidente mayoritario. La verborrea de Milei tiene su cuño en Donald Trump, como en Bolsonaro y la ultraderecha española de Vox. El patrón de desprecio por el otro y el ensalzamiento de la brutalidad no tienen correlato en la historia moderna desde la entreguerra europea. Tanto que una reivindicación del nazismo hasta generaría atención mediática. Basta ver la cobertura de los ataques tanto verbales como físicos a los discapacitados.
Palazos Un ejemplo de esta degradación se pudo ver este jueves en la represión a las protestas de trabajadores del INTI contra la disolución del Servicio Argentino de Calibración y Medición (SAC). Un agente acusó a un manifestante de ñoqui. El hombre le recordó que ellos verificaban la seguridad de los chalecos antibalas. El policía se retiró con una sonrisa nerviosa.
Policía libertario le dice "ñoqui" a trabajador del INTI que le responde que ellos analizan los chalecos antibalas que usa la policía. El policía se ríe y se va. 💀pic.twitter.com/nFlJ4aFYOL
Los efectivos que dispararon contra el fotógrafo Pablo Grillo, o los que gasearon a una nena de 10 años o los que tiraron al piso a una señora de 87 años también actúan imbuidos de ese espíritu de tropas de ocupación que les viene de arriba. Un problema social a largo plazo, porque la pérdida de derechos que ellos defienden a los palazos los va a afectar cuando les toque la jubilación, o un despido, o la baja de salarios les resulte incompatible con la vida digna.
Más allá de estas elucubraciones, tranquilamente se podría afirmar, como ya alertaba desde el año pasado el sutil analista Marcelo Falak en el portal Letra P, el plan de Milei encaja en un proyecto encarnado con fuerzas de ocupación para cambiar irreversiblemente el rumbo del país en el futuro. Un proyecto para el que la destrucción del Estado nacional es indispensable, siempre que otro Estado exterior saque las papas del fuego.
En esa ocasión se refería a la política exterior, que le costó el cargo a su primera canciller, Diana Mondino, por haber aprobado una votación en la ONU que mantenía la tradición democrática argentina de oponerse el bloqueo a Cuba. Fue el inicio. Luego se profundizaría la sumisión a las políticas de Estados Unidos e Israel, al punto de que en no pocas ocasiones son los únicos tres países en sostener alguna votación específica, como ocurrió con una resolución contra la tortura. Otra tradición argentina se tiró por la borda cuando la ofensiva militar en el Caribe comenzó a poner en riesgo a Venezuela y a Colombia en una política de presunto combate al narcotráfico de Trump. Da la casualidad de que la Doctrina Drago, que enorgullece a la historia diplomática argentina, fue la respuesta de nuestra cancillería –a cargo entonces de Luis María Drago– ante amenazas de potencias coloniales para cobrar manu militari deudas del Gobierno venezolano de Cipriano Castro en 1902. La adhesión automática a los deseos estadounidenses puede llevar, temerariamente, a colaborar en una posible intervención armada contra el país caribeño, un territorio que se autoproclamó «zona de paz» en 2014.
Escena repetida. La acción violenta contra manifestantes y trabajadores de prensa que cubren las protestas fue una constante en los últimos dos años.
Foto: Getty Images
La caída de Mondino, alguien del «palo» neoliberal desde los albores del mileísmo, fue uno más en una catarata de expulsiones y deserciones de estos dos años. Algunos, marcados por disidencias que en aras de mantener la «infalibilidad neopapal» del presidente, resultarían inadmisibles. Otros, por serias desavenencias con sus políticas. El segundo canciller, Gerardo Werthein, y el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, se fueron en este contexto de manoseos fruto de internas entre el monotributista Santiago Caputo y Karina Milei.
La hermana presidencial apareció en el centro de una investigación por presuntas coimas en la Andis (Agencia Nacional de Discapacidad). Un hecho que sumado al escándalo por la criptomoneda $Libra, en otro Gobierno hubiese dejado un olor a cala muy perceptible y, sin embargo, luego del 26 de octubre, quedó prolijamente acomodado debajo de la alfombra. Los mismos comunicadores que sostuvieron al Gobierno hasta poco antes de esa crucial elección, aparentaron correrse estratégicamente a un costado y, con el resultado puesto, acudieron prestos en ayuda del ganador. Lo mismo ensayaron gobernadores que ya habían apoyado al Gobierno desde el 2023. El Decreto 70/23 quedó vigente por falta mayoritaria de ganas para rechazarlo, lo mismo ocurrió con la llamada Ley Bases. Dos amplias reformas de la Constitución sin mayor debate electoral. Esa misma falta de discusión, gracias a una suerte de aletargamiento social, producto de una oposición que no alcanza a fijarse un horizonte de discusión política por sus propias contradicciones, avizora un 2026 con el camino despejado para la nueva etapa de reformas, el viejo sueño húmedo de las élites económicas de sellar el futuro del país de manera definitiva. Y sin justicia social ni derechos humanos a la vista.
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