La semana del 14 al 21 de febrero fue la más catastrófica para Javier Milei desde que llegó a la presidencia, pero las repercusiones del escándalo que provocó su tuit de apoyo a la criptomoneda $LIBRA todavía resultan imprevisibles.
Para decirlo de otro modo: nadie sabe hasta dónde pueda afectar a su Gobierno la fallida promoción de una criptomoneda que en pocas horas defraudó en cerca de 300 millones de dólares a unas 44.000 personas –según palabras del primer mandatario, mayormente del exterior– y puso a los dos puntales más firmes de su gestión, su hermana Karina y el funcionario sin cartera Santiago Caputo, en el ojo de fuertes tormentas, y a él mismo ante miles de denuncias como partícipe necesario de una colosal estafa.
En paralelo, el caso desnudó una inédita pelea en el barro entre periodistas afines en grado diverso al oficialismo y dirigentes políticos no alineados con el kirchnerismo.
Se podrá decir, «¿qué tiene que ver el kirchnerismo con este entuerto?». Por lo que se sabe, con la «criptocrisis», nada, pero como excusa para el control de daños de las derechas se diría que bastante.
El estallido del escándalo $LIBRA dejó por primera vez sin respuesta al Gobierno, metidos como estaban gran parte de sus personeros en la «recomendación» de invertir en la criptomoneda que habría de solucionar los problemas de financiamiento de las pymes. Incluso protagonistas de la extrema derecha quedaron en las redes sociales literalmente con sus partes al aire cuando la cotización del etéreo instrumento se desplomó en pocos minutos.
Desde el sábado 15 un festival de memes y brulotes les hizo perder por primera vez a los libertarios la supremacía del discurso mediático. A todo esto, Milei dejó de participar durante el fin de semana en lo que hasta ahora perecía su entretenimiento favorito, lo que reveló el impacto que causó el caso. Toda la estrategia oficial se centró en una entrevista que se vería por el canal TN el lunes 17 con Jonatan Viale, uno de sus hombres de confianza en los medios.
Cursos y academias Y acá comienza otro capítulo de esta saga. A lo largo de poco más de una hora de entrevista, Milei fue dando su versión del escándalo, alegando inocencia en un tema en que hasta ese viernes trágico era un experto, al punto de que dio cursos en una «academia» –recordó– de uno de los implicados en la maniobra, Mauricio Novelli. Todo iba bien hasta que el periodista Ari Lijalad mostró un recorte del video publicado en YouTube –que luego fue borrado en una inmediata edición– en el que, oh calamidad, ante una pregunta de Viale, Santiago Caputo se cruza ante la cámara, le dice algo al oído a Milei y acuerdan de que debía suprimirse ese tramo para no complicar la estrategia judicial del presidente.
Dos cosas llamaron la atención: el gesto de sumisión del periodista, pero también el de Milei. La catarata de críticas por la falta de ética profesional del entrevistador atravesó todos los canales de difusión conocidos hasta ahora.
Los dardos más envenenados partieron de algunos que hasta no hace tanto compartían espacios con el hijo de Mauro Viale en el canal LN+. Por caso, Eduardo Feinman afirmó que fue «una vergüenza, un bochorno, ver a alguien que se mete en el medio de una nota y un periodista que no sabe qué hacer». En el exterior dio para la pulla en los medios más importantes.
El debate que se generó a nivel local incluyó a todos y hasta algunos tan cercanos al poder como Feinmann se permitieron dar cátedra de moral. La respuesta de Viale fue feroz y mostró hasta qué punto algunos sectores del periodismo están enlodados por su cercanía con el poder. Para defenderse, Viale fue al ataque y acusó a Feinmann y a otros que lo acompañaron en su paso por LN+ de haber recibido sobres de un candidato «que sacó el 11% de los votos» en 2023.
No es que Viale no haya pedido disculpas por el incidente Caputo, incluso se permitió criticarlo al aire, pero el daño ya estaba hecho. A modo de explicación, dijo que había aceptado la interrupción porque no quiere dañar al Gobierno, aunque reconoció que fue un error; pero de su argumento se prendió prontamente Milei en esa repetida estrategia de patear la pelota a la tribuna. O, mejor dicho, cambiar de tema bajo una montaña de otras cuestiones. «La Justicia debería investigar, según lo dicho en TN, si el exprecandidato a presidente que sacó 11 puntos usó recursos de los porteños para su campaña presidencial y/o para ensuciar y calumniar al resto de los candidatos, ensobrando a todo aquel que esté a la venta», escribió el mandatario.
Ayer a la noche Jonatan Viale reveló tener conocimiento de algo que advierto desde 2021: existe vínculo directo entre los políticos corruptos y los periodistas ensobrados. La justicia debería investigar, según lo dicho en TN, si el ex precandidato a presidente que sacó 11 puntos…
Fue entonces que Horacio Rodríguez Larreta, habitualmente calmo y civilizado, salió a la palestra. «¿Tanto te preocupa la criptoestafa @JMilei? Te lo digo en buen porteño: me hinchaste las pelotas. Se terminó mi paciencia con vos y tu ejército de trols pagados con la plata de todos los argentinos. Hace años que soporto tus insultos y tus mentiras» y amenazó con demandas judiciales. También Feinmann prometió judicializar el entredicho con Viale.
Mientras tanto, la causa central de todo este escándalo quedaba a cargo de María Romilda Servini, que derivó la investigación en el fiscal Eduardo Taiano. Al cierre de esta columna no se sabía de ninguna acción judicial en torno al hecho central, la criptoestafa que, sin embargo, se supone que sí habrá de avanzar en Estados Unidos, donde todo indica que hubo no pocas víctimas en cuanto a sumas considerables de dinero.
Cumbre Mientras se desarrollaban estos acontecimientos, Milei viajó a una cumbre en Washington de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), el foro ultraconservador donde lucen los gurúes de ese espacio retrógrado, como Steve Bannon, Elon Musk y la estrella del evento, el presidente Donald Trump. En otra muestra del arte de «hablemos de otras cosas», antes de irse de Buenos Aires, el inquilino de la residencia de Olivos firmó un decreto que declara al Banco Nación como sociedad anónima y logró –misterios de la política vernácula– que senadores radicales que habían firmado una iniciativa para formar una comisión investigadora del escándalo de la criptomoneda se bajaran de su propia presentación y terminaran bloqueando el proyecto. También obtuvo aprobación la suspensión de las PASO y el juicio en ausencia. ¿Otro misterioso milagro de La Libertad Avanza?
Filtración. Un video sin editar mostró el contubernio entre el periodista Jony Viale, Milei y el asesor Caputo durante la entrevista televisada.
Foto: Captura
Un caso llamativo fue el de Cristina Pérez, que salió vibrante a denunciar que tenía información de que en el Gobierno de los hermanos Milei hay quienes reciben coimas. Pero la pareja del ministro de Defensa Luis Petri no dejó de cuestionar a quienes pretenden hacer juicio político a Milei porque son «Alí Babá y los 40 ladrones». A esta línea se sumaron los trols oficiales con una línea muy clara: embarrar la cancha, culpar de todos los males al kirchnerismo y defender al proyecto paleolibertario a como dé lugar.
Hasta Mauricio Macri, que aprovechó la voleada para criticar al entorno presidencial, termina entendiendo que cualquier trapisonda es válida con tal de que el peronismo no regrese a la Casa Rosada; eso sí, con gesto compungido y desgarrándose las vestiduras en nombre de la ética.
Con ese mismo entorno que aparece involucrado en las criptodenuncias, Milei viajó a Estados Unidos y esperaba una reunión clave con Trump, como la que ya tuvo con Kristalina Georgieva y el dueño de la red X, de Starlink y de Tesla, Elon Musk. No se sabe qué dirá sobre el presidente ucraniano, a quien esta semana Trump tildó de dictador por no llamar a elecciones y culpó de haber «iniciado una guerra que no se podía ganar».
Volodímir Zelensky fue invitado especial a la asunción de Milei y en junio pasado Petri firmó la incorporación de Argentina al Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania (UDCG, en inglés), una coalición internacional de 54 países de ayuda humanitaria y militar al país de Europa del Este.
Mañana, cuando se cumplan tres años del inicio de lo que Rusia denominó Operación Militar Especial para desmilitarizar y desnazificar y en Occidente se caratuló copiosamente como “invasión no provocada e injustificada” a Ucrania, el principal y más sostenido apoyo de Kiev, Estados Unidos, presentará en Naciones Unidas un proyecto de resolución que “conduzca a una paz duradera” en esa parte del mundo, anunció este sábado el secretario de Estado, Marco Rubio. Los detalles del plan probablemente ni siquiera los conozcan los aliados atlánticos occidentales, pero el canciller estadounidense lo define como histórico y la Casa Blanca insta a que reciba el apoyo de todos los miembros del organismo creado al fin de la Segunda Guerra Mundial. No sólo eso, mientras senadores republicanos presentaban un proyecto para retirarse de la organización internacional, Rubio afirmó que “la opinión del presidente Trump (es) que la ONU debe volver a su propósito fundacional, consagrado en la Carta de la ONU, de mantener la paz y la seguridad internacionales, incluso mediante la solución pacífica de las disputas”.
Este anuncio es el corolario de diez jornadas frenéticas en las que fueron desplegadas con precisión las cartas para este nuevo juego en el tapete geopolítico mundial. Comenzó con el secretario de Defensa, Pete Hagseth, diciéndoles a los capitostes europeos y al presidente Volodimir Zelenski: “queremos una Ucrania soberana y próspera. Pero debemos empezar por reconocer que una vuelta a las fronteras anteriores a 2014 es un objetivo irreal (…) No debe haber un Misk 3.0”. El ex presentador televisivo agregó que “Estados Unidos no considera que la adhesión de Ucrania a la OTAN sea una salida realista a un acuerdo negociado”, y rechazó cualquier posibilidad de enviar tropas a Ucrania. Siguió horas después el vicepresidente JD Vance en la Conferencia de Seguridad de Munich, en las que se metió directamente en la elección que hoy se disputa en Alemania, dando su apoyo al partido ultraderechista AfD.
Bastó que Washington informara sobre una cumbre de alto nivel en Riad entre representantes rusos y estadounidenses convocada para el martes 18 para que Emmanuel Macron organizara una contracumbre en Paris en la que pretendía replicar a las ya evidentes amenazas contra la política de seguridad europea desarrollada desde la disolución de la Unión Soviética al amparo de EE UU. El presidente francés, que pretende liderar la UE en soledad ante la carencia de un par con espaldas en Alemania –hasta saberse quién será ungido jefe de gobierno– escribió en sus redes sociales: “Rusia debe poner fin a su agresión, y esto debe ir acompañado de garantías de seguridad sólidas y creíbles para los ucranianos. De lo contrario, existe el riesgo de que este alto el fuego termine como los acuerdos de Minsk”. Olvidando que los acuerdos firmados en 2014 y 2015 en la capital bielorrusa fueron burlados por los mandatarios de entonces de Francia y Alemania, precisamente, de allí el mensaje de Hagseth.
En Arabia Saudita hubo consenso entre Rubio y el experimentado Sergei Lavrov en la necesidad de reanudar relaciones diplomáticas normales entre Moscú y Washington. “Debe ponerse fin a este período anómalo”, dijo el ministro de Exteriores ruso. Los europeos difundieron en su sistema de medios afines el malestar por no haber sido invitados a Riad. Lo propio hizo Zelenski. El que puso los puntos sobre las íes fue Putin, cuando en una reducida charla de prensa alguien le preguntó sobre el pánico en los países occidentales por no haber sido sentados a esa mesa de negociaciones. “El objetivo y el propósito de estas negociaciones era la reanudación de las relaciones ruso-estadounidenses. ¿Alguien se ha puesto en la cabeza de actuar como intermediario entre Rusia y Estados Unidos? Suena como una exigencia un poco desmesurada”.
Podría decirse que el remate a toda esta polémica salió de un posteo de Donald Trump en la cuenta que tiene en la red de su propiedad, Truth. Primero escribió que Zelenski tuvo tres años para llegar a un acuerdo de paz y no lo hizo. En otro mensaje, extenso como acostumbra, fue más lapidario (las mayúsculas son de él): “un comediante modestamente exitoso, Volodimir Zelenski, convenció a los Estados Unidos de América de gastar 350 mil millones de dólares para entrar en una guerra que no se podía ganar, que nunca tuvo que comenzar, pero una guerra que él, sin los EE UU y Trump, nunca podrá resolver”, empezó, como para calentar motores.
Luego desgranó puntualmente qué pretende:
“Estados Unidos ha gastado 200 mil millones de dólares más que Europa, y el dinero de Europa está garantizado, mientras que Estados Unidos no recibirá nada a cambio”.
“Zelenski admite que la mitad del dinero que le enviamos. Se niega a tener elecciones, está muy bajo en las encuestas ucranianas y lo único en lo que era bueno era manipular a (Joe) Biden ‘como un violín’. Un dictador sin elecciones, Zelenski mejor que se mueva rápido o no le quedará ningún país”.
“Europa no ha logrado traer la paz y Zelenski probablemente quiera mantener el “gravy train” (diríamos por acá, “curro”) en marcha. Amo a Ucrania, pero Zelenski ha hecho un trabajo terrible, su país está destrozado y millones han muerto innecesariamente”.
Le faltaba a la administración del empresario inmobiliario dar otro palazo “antes de que los eunucos bufen” (Roberto Arlt dixit). Será mañana, cuando celebre a su manera el tercer aniversario de la guerra. Con un plan de paz del que mucho aún no se sabía. Pero que no consideraría siquiera las fronteras ucranianas de 1991 ni una adhesión a la OTAN. «
Gaza: otro intercambio
Hamas liberó este sábado a seis rehenes israelíes en la Franja de Gaza, marcando el cierre de la primera fase de intercambios con Israel en el marco de los acuerdos de cese el fuego. Cinco de ellos fueron entregados en Rafah y Nuseirat, mientras que el sexto, Hisham al Sayed, fue liberado en solitario y sin retransmisión pública. Según confirmó el Ejército israelí, Al Sayed, de 37 años y de origen beduino árabe israelí, padece esquizofrenia y fue entregado al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Gaza antes de ser trasladado a las fuerzas de seguridad israelíes. Los otros liberados son Eliya Cohen, Omer Shem Tov y Omer Wenkert, quienes fueron exhibidos públicamente antes de ser entregados a la Cruz Roja en Nuseirat. También fueron liberados Tal Shoham y Avera Mengistu, quienes fueron entregados en Rafah.
Como parte del acuerdo Israel debe liberar a 620 presos y detenidos palestinos, entre ellos 24 mujeres y niños de Gaza. Además, será excarcelado Nadel Barghouti, quien lleva 45 años en una prisión israelí y es el reo con más tiempo encarcelado en Israel.
Del total de liberados hasta ahora, 445 fueron detenidos en Gaza tras el ataque de Hamas del 7 de octubre, mientras que 97 con altas condenas serán deportados a terceros países. También se incluyen 43 prisioneros de Cisjordania y Jerusalén Este y 11 arrestados en Gaza antes del inicio del conflicto.
El próximo jueves, Hamas y otras milicias palestinas deberán entregar a Israel los cuerpos de cuatro rehenes fallecidos.
De tanto creerse que los tiempos de Europa eran infinitos, que ahora Donald Trump y Vladimir Putin se pongan a rediseñar el mundo sin convidarlos a la mesa les produce un escozor inimaginable a las clases dominantes de esa beligerante península de Eurasia. Pero eso es lo que ocurrió estos días en que se comienzan a ver los albores de algo así como un Yalta 2.0. La otra pata en un supuesto trípode de gobernanza planetaria sería China, ya no el alicaído Reino Unido de Winston Churchill. Ni algún otro aspirante con ínfulas coloniales. De allí que en los corrillos de la geopolítica se murmura que está en marcha “el siglo de la humillación europeo”, un remedo de esa centuria del imperio chino derrotado y sometido por Occidente desde las Guerras del Opio hasta la revolución de 1949.
Habrá que ver con qué se despacha el secretario de Estado Marco Rubio este lunes en el anunciado plan de paz para Ucrania que sin dudas discutieron en Riad el martes pasado con Sergei Lavrov. Y habrá que ver hasta dónde EE UU va cumplir a largo plazo lo que pueda arreglar ahora. Pero hay datos interesantes. El plan será presentado en la ONU con el agregado de que se reconoce la importancia de respetar la Carta de fundación del organismo internacional. O sea, ya no más “el mundo basado en reglas”.
De todas maneras, conviene no olvidar el medio millar de acuerdos con las comunidades originarias de América del Norte desde el 1800 que quedaron en papel mojado. Y también tener en cuenta un viejo debate en las élites estadounidenses desde su fundación sobre si intervenir en la política internacional o quedarse de este lado de los mares. Por ejemplo, Washington demoró su participación en la Primera Guerra Mundial para no romper la tradición de dejar que los europeos se rompieran los cuernos entre ellos.
En la Segunda, en cambio, la estrategia fue esperar antes de apostar a ganador: solo enviaron tropas cuando era evidente que la URSS derrotaría al nazismo ¿Qué diferencia hay con este momento, a tres años de la guerra en Ucrania? Trump quiere una paz con Moscú porque sabe que la OTAN ya perdió. Y ahora en un posteo en su cuenta de Truth culpa a Volodimir Zelenski de haber metido al imperio en una guerra que no podían ganar y haberse birlado miles de millones de dólares.
Para no dejar dudas, dejó una frase decisiva: “Esta guerra es mucho más importante para Europa que para nosotros (…) Tenemos un gran y hermoso Océano como separación”. Nada que no hubiera podido decir Woodrow Wilson en 1916. Ni que James Monroe no les hubiera avisado en 1823 sobre eso de que América no es para los de otro continente.
A todo esto, los europeos no son los únicos que quedaron pedaleando en el aire. Lo de Zelenski es complejo: Jugó todas las fichas a Joe Biden y ahora Trump lo llama dictador porque su mandato venció hace 280 días y no convocó a elecciones. Para colmo, Elon Musk publicó en su red X que asesinó al periodista chileno-estadounidense Gonzalo Lira, preso en una cárcel ucraniana desde mayo de 2023 y hallado muerto en su celda en enero de 2024.
Lo de Javier Milei, en cambio, es patético. Zelenski fue uno de los invitados especiales a su asunción, el 10 de diciembre de 2023, y el paleolibertario y su ministro de Defensa, Luis Petri, celebraron unirse al Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania en junio del año pasado. Fin.
Antonella Bundu es florentina, de madre italiana y padre sierraleonés. Fue candidata a alcaldesa de Florencia en 2019 y aún no sabe si buscará postularse a las elecciones regionales en 2026 como parte de Sinistra Progetto Comune (SPC). Pasó por la redacción de Tiempo en un descanso de su extensa recorrida por Sudamérica como parte de unos meses “sabáticos” dedicados a aprender lo que le faltaba de esta parte del mundo. Podría seguirse su derrotero en Facebook, en la que hizo un pequeño diario de viaje por Venezuela, Chile, Argentina desde San Martín de los Andes hasta las Cataratas de Iguazú y Montevideo. En Buenos Aires descubrió que el barrio donde se alojó, San Telmo, “nace como un barrio de africanos”. Del otro lado del río se quedó con las ganas de ver al Pepe Mujica, pero disfrutó de las comparsas y se sorprendió de que “el Black Nod (leve inclinación de cabeza con que se saludan los negros) está vivo en Montevideo”.
–Viviste en Liverpool, en la ciudad de los Beatles.
–Viví allí durante tres años, entre los 17 y los 19, en el barrio de Croxteth, en una época, en los ‘80, de grandes revueltas. Ahí es donde empezó mi activismo político. Esa era más una lucha de clases que de raza o de género. Ahora yo lo veo todo interconectado, empezando por la raza, después por el género, luego la lucha de clases. En Liverpool estuve estudiando y trabajando. Croxteth era pobre, sí, pero sobretodo era negro, aunque también había alguna gente blanca pobre. Había un instituto llamado Charles Watson, por un tipo linchado en el siglo XIX. Yo venía de una escuela relativamente buena en Sierra Leona y al final aprobé para inscribirme en la Universidad de Manchester. Dentro de esta institución había una biblioteca de libros negros.
–¿Libros negros?
–Libros negros, o sea autores afrodescendientes o que trataban de ellos. Era un cuartito con libros tirados, y me los dieron así, sin orden, ni alfabético, ni nada. Creo más bien que me dieron una tarea por darme trabajo. Como autodidacta trataba de poner por género, orden alfabético, por lo tanto era una biblioteca, pero casi nunca venía nadie a llevarse los libros. También hubo un taller de Historia Negra, con el que básicamente recorrimos el barrio entrevistando a personas que habían llegado a finales del siglo XX. Había gente que había venido del Caribe y que ahora eran ciudadanos británicos, pero en ese momento eran de antiguas colonias que habían crecido en la zona y habían visto todos los cambios que se habían producido en Croxteth. Si parabas un taxi y decías «voy a Croxteth», no te llevaba. Pero si eras parte de esa familia, estabas tranquilo, protegido. A veces venían desde afuera para ver, como si fuera un zoológico y luego también estaba la policía, los nigger hunting, los llamaban así porque estaban a la «caza de negros».
Es entonces que Antonella reconoce que de Beatles hubo poco. “La única vez que vi todo Liverpool fue una vez con unos amigos en uno esos autobuses de dos pisos que daban vueltas por la ciudad”. Una de las razones para no salir del barrio era justamente el barrio, aunque si recuerda que por entonces Liverpool era “un gran centro de la música”. Pero comenzó a extrañar su mundo, de gente mucho más cálida, y de su familia. Y así volvió a una Italia también inmersa en manifestaciones estudiantiles. “Era la época del Partido de las Panteras, con huelgas, marchas, casi un pequeño 68 francés, con la ocupación de universidades”. Fue a poco de una gran movida por el asesinato de un sudafricano, Jerry Maslo, al que no le habían otorgado el derecho al asilo pese a que huía del apartheid. Ese era un derecho sólo otorgado entonces a los europeos del este. El alcalde socialista, Giorgio Morales, detonó una crisis cuando ante una manifestación de vendedores ambulantes que denunciaban persecuciones dijo “hay demasiados senegaleses”. El resultado fue una gran huelga de hambre en Piazza del Duomo en Florencia “donde está el Baptisterio. Dormimos en la plaza, en la calle. Después de cinco días el alcalde dimitió y le dieron la oportunidad a los vendedores de tener un lugar donde vender. Este fue un ejemplo muy temprano de cuales eran las luchas, la universitaria, la sindical y ahora ya no es así, ahora es muy difícil”.
–¿Por qué? ¿Qué cambió?
–Hay una clara fragmentación, en los partidos políticos de izquierda está el hecho de no poder mantenerse unidos. Nosotros (SPC), pensamos que debe haber continuidad, no te puedes juntar sólo para las elecciones. Pero tampoco puedes sacrificar algunas de tus creencias. Para mí, hay que tener un sentido, una dirección, ser fiel a eso.
–Hablemos un poco de la empresa recuperada GKN.
–GKN está en Campi Bisenzio, en los alrededores de Florencia. Originalmente era de Fiat, que pasó a ser Stellantis (por la fusión con Chrysler y luego Peogeot-Citröen). Hacían autopartes y en 2021 pasa a la multinacional Melrose. Esta es una empresa cuyo lema es “comprar, mejorar y vender”. O sea, invierten, especulan, toman el dinero del estado y luego cuando se van dejan primero un monstruo ecológico, porque son lugares que quedan contaminados. El 9 de julio de 2021 los trabajadores se encontraron con que los habían despedido por mail. Entraron al edificio y ya no salieron. Los trabajadores están sindicalizados en la FIOM, pero el colectivo de GKN es muy fuerte. Los conocí porque siempre nos veíamos en manifestaciones de otros trabajadores en crisis. Habían logrado un propio contrato interno con condiciones laborales que superaban a otras empresas. Cuando pasó fue como si quisieran dar un ejemplo. Les cortaron la electricidad y pusieron paneles solares, hicieron de todo y siguen en la lucha.
–¿Y la situación judicial?
–El juzgado laboral anuló dos veces el despido. Siguen empleados pero el dueño no les paga. Nosotros con otros hemos hecho escritos y presentaciones en la región, porque la planta no produce desde el 2021, pero le dan los caminos, el agua, tiene todo, entonces el municipio puede pedir la expropiación. Mientras tanto, muchos de los 422 trabajadores se han marchado. Y entiendo, porque yo también, yo también si no me pagan un mes… Por eso ahora quedan unos 120 que resisten. En base a todo esto, el año pasado hicimos una cooperativa. Yo soy parte del consejo de administración de esta cooperativa por acciones, con socios financieros y socios trabajadores. Con nuestros socios financieros hemos recaudado 1.300.000 de euros. El gobierno dice: «si tienes un plan de reindustrialización y puedes aportar un millón , aportaremos otro». Se ha realizado el plan junto con las grandes universidades italianas, que han puesto a disposición a su gente.
–¿Para producir qué cosas?
–Paneles fotovoltaicos, producimos paneles solares y bicicletas de carga. La ley regional no sólo habla de expropiación, sino que dice que se forman consorcios donde hay público y privado. La fábrica es muy grande, así que, por un lado, está nuestra operación, como un condominio. Todo esto está regulado dentro de esta ley.
–¿Qué es el Festival Internacional de Working Class?
-Ahora en abril es la tercera edición. Lo hicimos dentro de la fábrica, vinieron escritores suecos, de todas partes. Escritores trabajadores, ¿no? Hicieron una obra que recibió el Premio Ubu de teatro en 2023, El capital, un libro que aún no hemos leído, por la compañía Kepler-452.
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