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Chispazos de la diplomacia libertaria

Chispazos de la diplomacia libertaria

La consigna central que emana del presidente Javier Milei y se disemina entre quienes forman parte de su Gobierno es llevar adelante la «batalla cultural», que se resume en fomentar los valores neoliberales-paleolibertarios contra viento y marea. La experiencia de este año de gestión es que quien no se suma a la cruzada queda fuera de juego de un modo no solo impiadoso, sino también embadurnado de las mayores diatribas en las redes sociales, duchos como son los trols «estadodependientes» en estas lides.

Sucede, a veces, que en esa necesidad de mostrar la fe oficialista se adoptan posiciones que generan rispideces innecesarias, incluso más allá de las fronteras. Como si no hubiera ya demasiados cruces por la pertinacia del propio presidente. Huelga recordar incidentes con Brasil, España, Colombia, México y así. Pero sumadas una a una, expresan el revés de una trama preocupante.

Hace algunos días el ministro de Economía, Luis Caputo, en una entrevista con Radio Mitre habló directamente de esa contienda que ahora pretende impulsar desde su cargo. Y en ese jaleo no se anduvo con vueltas. «La batalla cultural es clave», arrancó el «Messi de las finanzas», como le decía su exjefe, Mauricio Macri. «Mirá el ejemplo de Chile, el país de Latinoamérica que sacó de la pobreza desde los años 80 hasta el 2010 y descuidó la batalla cultural, esa que hoy da fuertemente Axel Kaiser». Ya que estaba, agregó que ese descuido cultural llevó a que «hoy lo gobierna un comunista que los está por hundir».

Veamos: alabar las políticas económicas chilenas de aquellos años es celebrar las que impuso a sangre y fuego la dictadura pinochetista. Axel Kaiser Barents-Von Hohenhagen, por su lado, es fundamentalmente un activista chileno que promueve los postulados de la escuela austríaca, esa que atrapa a Milei. En su anterior paso por la gestión pública, aquella vez que contrató el explosivo crédito con el FMI, Caputo no había explicitado el fondo de su pensamiento. Nada serio, pero en esta ocasión hasta defendió el libertarianismo con uñas y dientes.

La respuesta no tardó en cruzar las altas cumbres de los Andes, con una elegancia que no se destaca de este lado. Fue cuando el presidente Gabriel Boric, de gira por la Región de Ñuble, le recordó al presidente Milei –no cabía responderle a un ministro– que hay algo permanente y algo provisorio en la vida. Que «los 5.000 kilómetros de cordillera van a seguir allí cuando usted y yo nos vayamos». Que es necesario tener humildad, que son dos pueblos hermanos y que las instituciones continuarán más allá de cada uno. 

A los pocos días un helicóptero chileno cruzó la frontera unos pocos kilómetros y medios locales propensos al escándalo hablaron de «invasión». Primó la cordura y desde Santiago llegó un pedido de disculpas del canciller Alberto van Klaveren y desde Buenos Aires dejaron que las aguas se calmaran.

Para ese entonces crecía la tensión, de vieja data, con el Gobierno de Venezuela. Nicolás Maduro figura en los primeros lugares en la lista de enemigos de la batalla cultural mileísta, y desde Caracas no le esquivan a los epítetos. En marzo pasado, seis opositores al chavismo acusados por la fiscalía de conspiración e intento de desestabilización se refugiaron en la embajada argentina en Caracas. Recibieron el asilo político de Buenos Aires, pero nunca obtuvieron los salvoconductos para salir del país. El tema fue escalando y para agosto el personal diplomático argentino fue expulsado del país. Desde entonces, las relaciones entre Venezuela y Argentina las maneja la representación brasileña. En el edificio ahora flamea la bandera verde-amarelha. Y eso que el presidente Lula da Silva también es un comunista irredento, según Milei.

Estos días, uno de los asilados venezolanos, Fernando Martínez Mottola –colaborador cercano del autodesignado «presidente interino» (MC) Juan Guaidó– salió voluntariamente del edificio para someterse a la Justicia. Casi al mismo tiempo, un gendarme argentino fue detenido al querer ingresar a Venezuela, según declaró, a encontrarse con su esposa y su hijo de dos años, residentes en el estado de Anzoátegui.

La ministra Patricia Bullrich, que también es de verborrea fácil, había metido baza en el caso de los asilados y afirmó que enviaría a ocho gendarmes a custodiar la embajada. ¿Qué fue a hacer a Venezuela un gendarme con destino en el Escuadrón 27 de Uspallata, Mendoza, que cruzó a Chile y atravesó Colombia para ingresar por un paso de los llamados «calientes»?

El exembajador argentino, Oscar Laborde, mientras crecían los cruces entre Bullrich y las autoridades bolivarianas, intercedió para hacerle llegar a Gallo una carta de su madre, preocupada por la falta de novedades sobre él y por las Navidades. La respuesta de la Casa Rosada fue una denuncia por «traición a la patria» contra el exdiplomático, al que además de endilgarle el entorpecimiento de las negociaciones en curso con Caracas lo acusó de ser «agente al servicio de la dictadura de Maduro».

Laborde sostuvo que solo hizo una gestión en base a los contactos que logró en su gestión, que el Gobierno nacional ni siquiera había puesto un abogado para defender los intereses del gendarme ante la Justicia venezolana. La madre de Gallo llegó a Laborde por el dirigente social Juan Grabois, que, ante este entuerto, pidió –al igual que Laborde–, ser llevado ante los tribunales y defenderse allí de cada una de las imputaciones de manera pública.

Este viernes, el fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, informó en un comunicado que «el Sr. Nahuel Agustín Gallo ha sido detenido al haber intentado ingresar irregularmente a la República Bolivariana de Venezuela ocultando su verdadero plan criminal bajo el ropaje de una visita sentimental», y afirmó que el gendarme «se encuentra sometido a la respectiva investigación por su vinculación a un grupo de personas que intentaron desde nuestro territorio y con apoyo de grupos de la ultraderecha internacional ejecutar una serie de acciones desestabilizadoras y terroristas». Acusa de esa supuesta intentona «subversiva» a las autoridades argentinas y colocó en la lista de «personas de interés para la investigación» (sospechosos) a Bullrich y al canciller Gerardo Werthein.

El caso, acotación aparte, sirvió para limar aún mas, si cabe, la relación del primer mandatario con la vicepresidenta. Es que Victoria Villarruel, cuando estalló el incidente, publicó un posteo en su cuenta de X, que luego borró pero que Bullrich se encargó de recuperar, y que decía: «Jamás habría autorizado a un gendarme a ir a Venezuela. Lo que está ocurriendo es la consecuencia tristemente obvia, pero como no soy del área de Seguridad no opino de las sanciones y acciones que se deberían tomar. Saludos».

La otra pata de la «batalla cultural» muestra una coordinación impactante. Caputo alabando al dictador Pinochet cuando Milei firma los decretos 1107 y 1112/2024, que amplían las facultades de las Fuerzas Armadas, no es una casualidad. El primero de ellos establece los «Objetivos de Valor Estratégico» a defender y señala que la definición de cada uno de esos objetivos «será competencia exclusiva del Poder Ejecutivo Nacional».

El otro decreto afirma que serán consideradas agresiones a «la ejecución y consumación de un conflicto armado o guerra, que provengan de Fuerzas Armadas u organismos paraestatales extranjeros, de organizaciones terroristas u otras organizaciones transnacionales, o cualquier forma de agresión externa que sea incompatible con la Carta de las Naciones Unidas».

En conjunto, abren las puertas a la intervención de las FF.AA. en seguridad interior, a contramano de una conquista de la democracia que resulta incompatible con las políticas neoliberales, como lo fue hace medio siglo.

Revista Acción, 29 de Diciembre de 2024

EE UU con Trump: la etapa superior del expansionismo

EE UU con Trump: la etapa superior del expansionismo

El mensaje de Navidad de Donald Trump no podía ser más claro sobre su estrategia geopolítica para su segundo mandato, aunque como suele suceder en los medios, fue tomado para la sorna. Sin embargo, quizás fue la manifestación más sincera -aunque no digerible- desde que el empresario inmobiliario decidió encaminar sus pasos hacia la Casa Blanca, hace ya una década. En resumidas cuentas, amenazó con recuperar el canal de Panamá, incorporar a Canadá como estado numero 51 y comprar Groenlandia. ¿Son sólo provocaciones o hay algo detrás? Vayamos por partes.

“Feliz Navidad a todos, incluidos los maravillosos chinos, que están trabajando amorosa pero ilegalmente en el Canal de Panamá (donde perdimos 38.000 personas cuando se construyó hace 110 años), mientras se aseguran de que Estados Unidos gaste miles de millones en «reparaciones» sin tener absolutamente nada que decir sobre nada”, posteó el 25 de diciembre en su propia red social Truth. Luego chicaneó al primer ministro canadiense, llamándolo “gobernador” y agregó que si Canadá fuera el estado 51, “los impuestos se reducirían en más de un 60%, todas las empresas duplicarían inmediatamente su tamaño y los canadienses tendrían la mayor protección militar del mundo”.  Para completar, dijo que por razones de seguridad nacional, Estados Unidos necesita a Groenlandia “¡y allí estaremos!”.

¿Respuestas? Para el presidente panameño, José Raúl Mulino, “cada metro cuadrado del Canal de Panamá y su zona adyacente pertenece a Panamá y seguirá siendo así. La soberanía e independencia de nuestro país no son negociables”. Recibió el apoyo de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), y de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. La vocera de la cancillería china, Mao Ning, dijo que el Canal es una “vía acuática dorada para la conectividad entre países”, y agregó que su país “siempre ha apoyado al pueblo de Panamá en su justa causa por la soberanía sobre el Canal”.

Justin Trudeau, el primer ministro canadiense, guardó silencio. Una semana antes en un encuentro en Mar a Lago Trump ya lo había llamado gobernador y antes, había dicho que impondría aranceles del 25% para combatir el ingreso de fentanilo. Trudeau atraviesa una crisis tras la renuncia de su ministra de Finanzas, Chrystia Freeland. Este viernes, el reemplazante en la cartera económica, Dominic LeBlanc, y la titular de Relaciones Exteriores, Mélanie Joly, se reunieron con el futuro secretario de Comercio, Howard Lutnik, pero para hablar de los aranceles.

El primer ministro groenlandés, Múte Inequnaaluk Bourup Egede, respondió: “no estamos a la venta y nunca lo estaremos. No perderemos nuestra larga lucha por la libertad”. Y acá podemos avanzar en los detalles. La isla del Atlántico Norte, con una superficie poco menor que la Argentina continental, tiene apenas 60.000 habitantes. Formalmente pertenece al Reino de Dinamarca, pero desde 1979 fue alcanzó autonomía. Rica en minerales y con una ubicación estratégica fundamental, siempre estuvo en la apetencia de Washington y del mismísimo Trump, que en 2017 ya había propuesto comprarla. Vieja política estadounidense, que adquirió Luisiana en 1803 a Francia y Alaska en 1867 al imperio zarista.

Según recuerda el periodista indio Bharat Dogra, ya en 1946 Harry Truman había hecho una oferta que Dinamarca rechazó, aunque tuvo que aceptar en cambio la instalación de bases militares de EE UU. En 1970, el vicepresidente de Gerald Ford, Nelson Rockefeller, había insinuado una propuesta similar.

Michel Chossudovsky, fundador del Global Research, una ONG con base en Montreal, recupera el Plan Rojo de Guerra Conjunto del Ejército y la Marina de EE UU de 1930, que se proponía la invasión de Canadá. Aprobado por el presidente Herbert Hoover, fue actualizado por Franklin Roosevelt al estallar la II Guerra. Los que estudiaron el caso esa vez fueron el general Douglas MacArthur y el coronel Dwight Eisenhower. Pero había un plan anterior, de 1866, en la presidencia de Andrew Johnson, para ocupar territorios que limitaban con la “América rusa”. El Canal de Panamá también tiene lo suyo. Su construcción fue iniciada en 1881 por el empresario francés Ferdinand de Lesseps, que ya había construido en Canal de Suez. Los acuerdos fueron firmados con Colombia, ya que el istmo era parte de su territorio. Pero Estados Unidos le hizo la vida imposible al emprendedor incluso judicialmente y el proyecto quedó trunco hasta que Washington se garantizó la propiedad a perpetuidad de la vía, en 1904. Es que a esa altura Panamá se había “independizado” de Colombia. Milagros de la diplomacia. En 1977, el presidente Omar Torrijos firmó con Jimmy Carter un documento que devolvía la soberanía sobre el canal a partir de 1999. Contra eso quiere ir Trump. 

Talentos se buscan

Elon Musk y Vivek Ramaswamy, nominados para liderar la motosierra estatal en la gestión de Donald Trump en la Casa Blanca, dieron su primera sorpresa en un área en la que el presidente electo siempre dio su “batalla cultural”, el de la migración. Ambos dos, empresarios de “un muy buen pasar”, hijo de inmigrantes indios uno, nativo de Sudáfrica el otro, hablan de facilitar el ingreso de extranjeros rompiendo el consenso ultraderechista que logró armar Trump.

El argumento es razonable para un país que espera recuperar el impulso económico perdido en las últimas. Las empresas tecnológicas, como las de Musk, “casualmente”, necesitan contar con los cerebros más brillantes que el dinero pueda conseguir en todo el planeta. “Si quieres que tu EQUIPO gane el campeonato, necesitas reclutar el mejor talento, dondequiera que esté. Eso permite que todo el EQUIPO gane”, posteó el dueño de X en su plataforma. Para Ramaswamy, la idea es “traer, a través de la inmigración legal, al ~0.1% del talento en ingeniería como algo esencial para que EE UU siga ganando”. Esta incorporación se realizaría bajo el programa H-1B, que otorga visas especiales para trabajadores con especializaciones determinadas.

Tiempo Argentino, 28 de Diciembre de 2024

Apoyo desde el norte

Apoyo desde el norte

El presidente Javier Milei estaba a sus anchas en el encuentro de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC en inglés) que se desarrolló en Buenos Aires a principios de mes. Porque logró traer a la Argentina a ese foro ultraderechista con base en Washington y porque recibió el espaldarazo de dos de sus mentores más admirados: Donald Trump y Steve Bannon. El mandatario electo de Estados Unidos envió a su nuera, Lara Trump, una presentadora, productora de televisión y gestora de campañas políticas. Bannon está a otro nivel: es el verdadero estratega de la nueva derecha mundial, y para que no quedaran dudas sobre el lugar que le reserva al libertario local, le regaló un video en que afirmó: «Argentina es clave en la lucha global. El destino de los sudamericanos está en manos de Milei, (si él) no logra ejecutar este plan, todo el movimiento de Latinoamérica está en peligro». Qué más podría pedir el fundador de La Libertad Avanza.

Veamos entonces quién es este hombre de 71 años que se jacta de haber forjado, entre otras, las candidaturas de Trump en 2016, de Jair Bolsonaro en 2018 y Giorgia Meloni en 2022, pero que a través de una de las empresas en las que tuvo participación, Cambridge Analytica, forjó mediante noticias falsas y manipulaciones campañas en todo el mundo, incluso la de Mauricio Macri en 2015, según reveló una investigación promovida en el Parlamento británico.

Stephen Kevin Bannon nació en Norfolk, Virginia, EE.UU., en el seno de una familia de trabajadores de origen irlandés. Hizo la secundaria en la Escuela Preparatoria Benedictina de Richmond, un colegio militar católico exclusivamente masculino. El barrio donde se crio estaba frente a un astillero naval, de modo que su destino inicial estuvo vinculado a la armada. Así que a bordo de un destructor se lanzó a la aventura y estuvo como teniente de Navío en el Mar Arábigo y el Golfo Pérsico en 1979. Alguna vez recordó su malestar por cómo el Gobierno de Jimmy Carter manejó entonces la crisis iraní, que terminó con la Revolución Islámica que encabezó el ayatolá Ruhollah Jomeini.


Noticias sesgadas
En 1984 dejó la fuerza, luego asistió a la Escuela de Negocios de Harvard y realizó cursos en la Escuela Walsh del Servicio Exterior, donde alguna vez tomaron clases Bill Clinton, el rey Felipe VI y la exsecretaria de Estado Madeleine Albright. De casualidad pudo ingresar en Goldman Sachs, la banca de inversión más grande del mundo. Ya era un muchacho grande (rondaba los 30) cuando en una fiesta, whisky en mano, mantuvo una amena charla con un hombre que resultó ser un directivo de GS que, embelesado con Bannon, lo hizo entrar al plantel a pesar de que había superado la edad límite.

Se fue metiendo en el negocio cinematográfico porque supo conseguir financiación para proyectos de, por ejemplo, los estudios MGM, y de carambola, también, llegó a productor de programas como la comedia Seinfeld, de enorme éxito entonces y serie de culto hoy día. Inquieto, fundó la firma Bannon & Co y dejó el banco para buscar oportunidades donde se le presentaran. El mundo en el que circulaba ya era uno como para que dijera: «Provengo de una familia de demócratas obreros, católicos irlandeses, pro Kennedy y pro sindicalistas» que, ante el abandono que venían padeciendo, se inclinaban ahora por los republicanos. En su caso, cada vez más convencido de que tenía por delante una batalla cultural. Por algo había pasado por el tamiz benedictino, que con los años lo llevaría a tener fuertes diferencias con el papa Francisco.

Pero antes de eso, había incursionado en una empresa de videojuegos de Hong Kong en la que aprendió un secreto que luego sabría cómo explotar. Descubrió que muchos se metían a jugar no tanto para ganar como para canalizar sus energías destructivas. Vamos, para exhibir sin pudores el odio. Para 2007 fue miembro fundador de Breitbart News, un sitio de extrema derecha en el que potenciaría extravíos semejantes, pero también los argumentos para instalar sus ideas y su figura.

El recetario es relativamente sencillo: individuo y propiedad privada por encima de todo, Estado mínimo, impuestos mínimos, mercados sin restricciones, libre uso de armas, romper con los tratados internacionales y, sobre todo, «no tengas vergüenza de ser de derecha, di lo que piensas libremente». Nada que Milei no postule a capa y espada.

Milei. Según la nuera de Trump, es «un hombre dispuesto a desafiar al status quo».

Foto: Getty Images

Trump, a todo esto, lo tomó como asesor de campaña, en 2016. Las encuestas venían mal luego de un par de declaraciones que cayeron muy mal en el electorado. Competía con Hillary Clinton, la exsecretaria de Estado y esposa del expresidente demócrata. Bannon organizó la publicación de un libro de Peter Schweizer, un periodista también ligado a la ultraderecha, Cash Clinton, en el que hay abundante información –verídica, por lo demás– sobre el modo en que la candidata y su familia habían hecho su fortuna con la Fundación Clinton. Fue un éxito editorial y terminó de convencer a los republicanos remisos de votar por el empresario inmobiliario.


Bailando por un sueño
En pago, Trump designó a Bannon como consejero de Seguridad Nacional, el 20 de enero de 2017. Duró poco. El 18 de agosto tuvo que renunciar tras un escándalo por un ataque neonazi en Charlottesville. Fue acusado de haber recomendado a Trump que no se manifestara en contra del golpe de los supremacistas. En verdad, él nunca condenó el hecho.

Otra vez en el llano, fue procesado por algunos asuntillos contra el organismo recaudador de impuestos e indultado por Trump poco antes de irse. Luego sería nuevamente imputado, esta vez por fraude en la captación de donaciones para la construcción de un muro entre EE.UU. y México. En octubre pasado quedó libre luego de cuatro meses de prisión por haberse negado a una indagatoria de la Cámara de Representantes sobre la toma del Capitolio de 2021. Hasta ahora no se sabe que tenga lugar en el futuro gabinete de Trump, pero los vínculos entre ambos son florecientes.

En Buenos Aires, la nuera del electo –Lara Lea, esposa de Eric, el tercer hijo de Trump– bailó y cantó con la «esperanza argentina» de la derecha extrema para el patio trasero.

https://twitter.com/LaraLeaTrump/status/1864158121855218058

«Estamos tomando nota del recorte de regulaciones, de deshacernos de la burocracia. Eso es algo que el pueblo estadounidense también quiere que ocurra. Milei es un hombre dispuesto a desafiar al status quo», dijo la presentadora de la cadena Fox.

Revista Acción, 23 de Diciembre de 2024

Roberto Savio: «La idea de que un periodista fuera el dueño de un medio era algo extraño»

Roberto Savio: «La idea de que un periodista fuera el dueño de un medio era algo extraño»

Fundador en 1964 de la legendaria agencia cooperativa Inter Pres Service (IPS), Roberto Savio recorrió ahora, a los 90 años, territorios del cono sur que conoce de épocas oscuras, esta vez para presentar su libro Manual para el ciudadano global. Entre Chile y Uruguay, habló en Buenos Aires con Tiempo sobre cómo se construyó un medio esencial durante las dictaduras latinoamericanas.

“Todo el mundo se me vino encima porque la idea de que un periodista fuera el dueño de un medio era una cosa extraña”, dice Savio cuando cuenta de los orígenes de IPS. “O eran del Estado o del sector privado. Que periodistas se organizaran en base a su criterio profesional y a su misión en la sociedad se consideraba fuera de la profesión”.

-¿Y quiénes cuestionaban?

-En el sindicato me decían “esto no es ni socialismo ni capitalismo”. Yo decía que la cooperativa es un instrumento de producción y nosotros producimos periodismo. El Estatuto obligó a que dos terceras partes de los socios fueran del Sur, solamente una tercera parte del Norte. El director de France Press me decía “lo que es verdad en Tombuctú también lo es en París, para qué tomar uno en Tombuctú que no sabe escribir, tomo un francés lo mando allí y tengo buen material”. Yo decía “hay que saber de qué estamos hablando. Familia en Tombuctú quiere decir una cosa diferente que en París. Si llueve una semana en París la gente sale con paraguas, en Tombuctú las montañas se derrumban. Yo necesito alguien que me pueda explicar lo que está pasando”. Hacíamos grandes cursos para formar a la gente. Había periodistas, pero escribían solo para el país y la noticia era algo que afuera no tenía ningún interés. Cuando se creó el Movimiento de No Alineados (MNOAL), en 1973, nosotros fuimos el carrier de las agencias. En Libia estaba (Muhammad el) Gadafi y (Anuar el) Sadat reconoce a Israel. Ellos lo nombraban “el Cohen -o sea el judío- de Egipto”. En los informes yo cambiaba a “Sadat”, entonces la agencia libia, Jana, cortó el acuerdo con IPS porque dijo que le censurábamos el material. Fui y les dije “¿ustedes escriben para que la gente conozca lo que pasa en Libia o no”? Aceptaron llamarlo así en Libia pero en el exterior era Sadat. Fue un esfuerzo crear un periodismo con capacidad de comunicación más allá de lo nacional y lo regional, alternativo al de las agencias del Norte. El director de la Associated Press nos dijo “el 99% de nuestras ventas son en EE UU, en el mundo de 1%, yo doy la preferencia a los ministros norteamericanos”. Yo decía “ustedes por el mercado eliminan la profesión”.

-IPS fue importante en la época de las dictaduras.

-Aquí cerraron la oficina de IPS en el ’76. Yo vine y pedí una cita con el almirante (Emilio) Massera, que era el responsable de la información. Fui a verlo y le dije “vengo en nombre de la libertad de prensa para poder abrir otra vez la oficina”.

-Usted se llama IPS Tercer Mundo, por lo tanto es una cosa de Perón. Me dice.

-Mire almirante, Tercer Mundo es una definición geográfica política que no tiene nada que ver con Perón o no sé quién, le dije. Y agregué:

-Ustedes nunca van a entrar en el Club de París, nunca van a entrar en la Comunidad Europea, nunca van a entrar en el Norte, ustedes son del Sur. Puede ser que se consideran los defensores del Occidente, todo eso está perfecto, pero la realidad es que ustedes están aquí y eso no se puede cambiar. Ustedes son del mundo de los No Alineados, vayan allá y den allá esa batalla, defiendan allá los valores occidentales. 

-¿Y el qué dijo?

-Se quedó pensando y dijo “mejor no poner todos los huevos el mismo canasto”. 

-Es una frase peronista esa.

-¿Sí? no sabía. Llamó a un capitán de navío y le dice “Usted es responsable del señor, que se va con el primer avión mañana. Lo acompaña al aeropuerto y ve que se vaya y usted -me dice a mi- me da el nombre de un corresponsal y si es una persona que no está políticamente comprometida, vamos a ver lo que escriben y en cualquier momento le revoco el permiso”. Y así me expulsaron del país sin decirlo. Yo tomé a José Pasquini Durán.

-Un prócer con el que tuve el honor de haber trabajado en su equipo.

-Así se reabrió la oficina de IPS. Durante la dictadura tuvimos gente que escribía de afuera sobre lo que pasaba con información que enviaba la gente, pero como reseña de prensa. En Chile pasó lo mismo, expulsaron al corresponsal, Agustín Giannoni, un uruguayo. IPS tenía un piso donde en una parte estaba la oficina y en la otra vivía el corresponsal, Una mañana oyó ruido, miró por la ventana, se trasladó a la oficina y escribió que había una columna de tanques avanzando. Todavía no habían cortado las comunicaciones.

-Era el golpe del ’73.

-Sí. Lo expulsaron porque decían que atentaba contra la seguridad del Estado. Pido cita con un responsable y me atiende un militar con el que  tuvimos una pelea muy grande y me dijo “Usted se va del país mañana”. Después descubrí que era un tipo muy importante, el coronel (Manuel) Contreras.

Fue el director de la temible agencia DINA.

-Yo no sabía quién era, y lo traté también pésimamente. Se quedó muy sorprendido de que alguien lo tratara así. Finalmente en Chile se hacía un informe con noticias de las cosas que iban mal pero que habían sido publicadas en los medios locales. A los militares hay que tratarlos así, duramente, porque así creen que uno tiene algún tipo de poder. Tengo otra experiencia muy divertida con el general René Barrientos en Bolivia, que pone preso a nuestro corresponsal. Voy allá para protestar.

-Ustedes son una agencia de izquierda, me dice.

-Yo trabajo con Aldo Moro, le digo.

-Aldo Moro es de izquierda.

Si usted me dice eso entonces Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, son todos países de izquierda.

-¿Por qué tendría que dejarlo libre?, me pregunta.

-Primero porque no tiene nada que ver. Segundo por respeto a la libertad de prensa.

-¿Y qué es la libertad de prensa?

-General, a la prensa, a la información, siempre hay poderes que buscan controlarla. Normalmente son un estado o el sector privado en el mundo del capital.

-¿Y cómo hacen?

-Bueno, compran a los periodistas, le digo.

-¿Para que comprar un periodista? basta con alquilarlo, me dice. Nunca me olvidaré de esto.

-¿Cómo llegó a esta mirada comprometida con el Sur global?

-Eran los años ’50 y en cada universidad había un organismo de representación elegido por los estudiantes. Yo integré un grupo católico,  había un grupo laico donde estaban los socialistas y un tercer grupo, los fascistas. Fui elegido presidente de la Universidad de Roma. En 1957 la Unión Internacional de Estudiantes invita a líderes estudiantiles a un encuentro en Beijing. Fuimos yo por los católicos y Bettino Craxi por los laicos. Cada uno dio su discurso y de pronto alguien de la organización me dice “el compañero Zhou Enlai (el canciller chino) quiere hablar con usted”.

-¿Y qué piensan los estudiantes italianos de China?, pregunta. Le expliqué que yo representaba solo a una corriente.

-Nada, este es un país donde no entran periodistas, no hay turismo. Todos sabemos que tiene una enorme civilización, con historia, pero de lo que está pasando no hay información.

-Te voy a hacer un viaje por China con el compromiso de que después le cuentes a los estudiantes de tu corriente cómo es China.

Al final de la gira me llamó y preguntó “¿cuál es tu impresión de la China, qué vas a contar?”

-Para mí venir de tan lejos y descubrir esta experiencia tan rica con un pueblo muy comprometido en el que están ustedes me parece muy importante, le digo.

Él me mira. Tenía unas cejas muy grandes y una mirada penetrante y pensé “he cometido un error”. Pasa medio minuto, un minuto. Hasta que me dice:

-¿Tan lejos de dónde?

Me dije “juro que a partir de ahora no voy a ser más eurocéntrico”.

-Zhou Enlai lo hizo cambiar.

Zhou Enlai, primer ministro y canciller.

-Sí, sí. El tenía toda la razón. Yo estudiaba economía y un periodista de Il Popolo, el diario del gobierno, se entera que estuve en China y me pide que escriba un artículo. “Pero nunca escribí nada”, digo. “No importa, yo te lo corrijo”. Me salen 10 artículos. Ningún diario tenía nada sobre China. Mientras iba escribiendo las correcciones se iban reduciendo, porque yo aprendía. Al año viajé al Festival de la Juventud de Moscú y empecé a escribir sobre la URSS. Me consideraron un “kremlinólogo” porque nadie se ocupaba de esos temas y luego gané el Premio Nacional de Periodismo y fui a trabajar con Moro.

-¿De qué se ocupaba?

-Le hacía un escenario de política internacional. Él lo veía y me decía “Ah, qué interesante”, pero nunca cumplió nada de lo que yo escribía. Entonces le digo “para qué hago todo esto?” Me dice:

-Savio, si yo hago lo que usted me dice me desestabilizan en un mes. Pero para mí es importante saber la verdad. Y agregaba:

-Cuando hablamos del mundo, ¿quién habla? Si es un profeta tiene que gritar la verdad, si es un político tiene que realizar la verdad, un estadista tiene que educar a la gente para que entienda la verdad. Finalmente me dije “muy bien, si la gente no conoce el mundo, vamos a hacer una agencia de prensa”.

Tiempo Argentino, 22 de Diciembre de 2024