Elecciones no previstas para este año que se producirán en los próximos días pueden cambiar el panorama político en tres países clave en este momento histórico: Irán, Francia y el Reino Unido, en ese orden. Los iraníes están convocados a las urnas para este viernes 28 de junio; dos días después se realizará la primera vuelta de las parlamentarias galas y el jueves 4 de julio serán los británicos los que deberán depositar sus votos. Se trata de comicios inesperados. En el primer caso por la muerte del presidente Ebrahim Raisi en un accidente de aviación el 19 de mayo pasado, en el otro por el triunfo del partido ultraderechista de Marine Le Pen en las europeas del 9 de junio y en el caso de Rishi Sunak, porque pretende un espaldarazo ciudadano habida cuenta de que llegó al 10 de Downing Street mediante una artimaña que permite el sistema electoral británico pero que a esta altura le fue limando legitimidad. En los tres casos sobrevuela la crisis desatada por la guerra en Ucrania y la masacre en Gaza producida por Israel.
La muerte de Raisi, un clérigo conservador con antecedentes como jurista, despertó sospechas de un posible atentado ya que ocurrió a pocos días de una fuerte represalia iraní por el ataque israelí al consulado iraní en Damasco. Las autoridades aseguran que en los restos del helicóptero en que viajaba no se trasluce una intervención externa, y atribuyen el accidente a un suceso fortuito. Seis candidatos se disputan ahora su lugar y muestran sus propuestas en una ronda de debates que ya insumieron tres turnos y continuarán este lunes y martes.
El reparto de boletas en Francia.
Foto: foto-Philippe-LOPEZ–AFP
El presidente Emmanuel Macron, en cambio, disolvió el parlamento el mismo domingo en que se conocieron los primeros resultados de boca de urna que confirmaban el resultado para el Europarlamento. Jordan Bardella, de Reunión Nacional, el partido de Le Pen, se alzó con algo más del 31% de los votos y quedó en primer lugar, duplicando el apoyo que obtuvo la candidata oficialista, Valerie Hayer. Para colmo, la agrupación de Éric Zemmour (aunque no se pueda creer está a la derecha de Le Pen) sumó algo mas de 5 por ciento.
La gran novedad para esta tenida es que las izquierdas lograron armar una alianza más o menos sólida en torno a La Francia Insumisa (LFI), de Jean-Luc Melenchon y el Partido Socialista (PS), con el Partido Comunista (PCF) y Europa-Ecología los Verdes (EELV), bautizada Nuevo Frente Popular (NFP), que si la política se rigiera por la matemática de lo que ocurrió el 9-J, sumaría alrededor de un 30% de apoyo. Lo que ocurrirá con los votantes de Macron, que se alinean en su partido, Juntos (Ensemble!), es una incógnita.
Lo que sí genera discordias es el tema de la política hacia Ucrania e Israel. Melenchon está acusado de tener más cercanías con los palestinos y con Rusia. Es que si bien condenó los ataques de Hamás del 7 de octubre, también rechaza la respuesta israelí y afirma que si fuera ungido primer ministro, reconocería de inmediato al Estado de Palestina. Lo que le despierta controversias incluso con el PS, cuyo líder Raphael Glucksmann había reclamado mantener “el suministro de armas a Ucrania” y se niega a declarar como genocidio a las acciones israelíes. Toda la cuestión se vio exacerbada estos días tras la agresión a una chica judía de 12 años a la que un grupito de menores le gritó insultos antisemitas y la habrían violado. Serge Klarsfeld, un escritor de origen rumano muy comprometido en la lucha contra el nazismo, declaró tras este hecho que si tuviera que elegir entre dos opciones, el NFP y el partido de Le Pen, cuyo padre era un declarado racista, no dudaría. “El RN apoya a los judíos, apoya al Estado de Israel, y es bastante normal, dada mi experiencia de los últimos 60 años, que entre un partido antisemita y un partido pro judío, vote al pro judío”. Los tiempos cambian para todos.
Del otro lado del canal de la Mancha, Sunak no parece tenerlas todas de su lado. El que fuera Canciller de Hacienda (ministro) de Boris Johnson y que heredó el cargo de primer ministro tras la crisis en el partido conservador de septiembre de 2022 quedó malherido este miércoles en el debate con su challenger. Johnson, envuelto en escándalos varios, uno de ellos por una fiesta durante la pandemia, el “Partygate”, renunció en setiembre de 2022 y quedó a cargo Liss Truss, la primera gobernante británica de ideas libertarias. Duró menos que un paquete de lechuga y se fue a los 48 días. El partido ganador del último comicio, el conservador, como es de práctica por esas islas, eligió a su sucesor.
Starmer y Sunak en el último debate.
Según todas las encuestas, el favorito en esta compulsa es el Partido Laborista, que lleva a la cabeza a Keir Starmer. El hombre, abogado especializado en Derechos Humanos, lidera el PL desde abril de 2020, cuando reemplazó a Jeremy Corbin, quien renunció tras una campaña mediática que lo acusaba de haber tolerado expresiones antisemitas en el partido. En lo personal, le sumaban declaraciones en las que comparó el bloqueo de Gaza a los asedios de la Alemania nazi de Leningrado y Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial. El miércoles, Starmer dio la impresión de estar mejor preparado para el cargo que Sunak y podría poner fin a 14 años de gestiones conservadoras.
Uno de estos seis reemplazará a Raisi
Los iraníes deberán elegir entre media docena de aspirantes a la primera magistratura de la República Islámica en reemplazo de Ebrahim Raisi. Son ellos el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf; Alireza Zakani, alcalde de Teherán; Saïd Jalili, antiguo negociador del tratado nuclea y exjefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional; Amir-Hossein Ghazizadeh Hachemi, jefe de la Fundación de los Mártires; el clérigo Mostafa Pourmohammadi, exministro del Interior; y Massoud Pezeshkian, exministro de Sanidad. Una cuestión a tener en cuenta será la de la participación electoral, que en la última elección llegó a apenas el 49 por ciento. Es difícil saber cómo responderá el electorado, que no tuvo demasiado tiempo para prepararse y tampoco para estudiar las distintas propuestas. Según una nueva “Encuesta de Encuestas” que publica HispanTV y fue divulgada este viernes, Yalil comanda la intención de voto, seguido muy de cerca por Qalibaf y Pezeshkian. Pero todos rondan los 20 puntos y están dentro del rango de lo que sería un triple empate técnico. En los debates televisados se trataron todos los temas puntuales que afectan al país persa, desde la economía a la cultura y las cuestiones sociales. Incluso la cuestión de la mujer -la muerte de la joven Mahsa Amini estuvo sobre la mesa- y todavía quedan por ver las relaciones con Israel, Rusia, China y Occidente. Desde el 1 de enero, Irán es miembro pleno de los BRICS y es un aliado fundamental para la consolidación del multilateralismo que pretenden los integrantes de ese grupo de naciones.
La guerra en Ucrania, aun antes del ingreso de las primeras tropas rusas al territorio del Donbas, ya se desarrollaba tanto en los campos de batalla como en los escritorios de los burócratas, por lo menos desde 2014, cuando el golpe contra Viktor Yanukovich y la incorporación de Crimea a la Federación Rusa. Esta semana, al tiempo que Moscú lanzó una ofensiva en todos los frentes y amenaza con terminar con los últimos focos de resistencia ucranianos en el sudeste del país, se desató un festival de sanciones económicas.
Se trata esta vez de un nuevo paquete -el 14º- de la UE contra Rusia; de castigos en EE UU contra empresarios rusos que desarrollaron el antivirus Kaspersky, que además fue prohibido; y de Japón, contra firmas chinas que hacen negocios con Rusia. Todo esto en un contexto en que se va consolidando el grupo de países destinados a destronar a Occidente, los BRICS, que la semana pasada mostraron sus cartas en la Cumbre por la Paz que se llevó a cabo en Suiza: El documento final de apoyo a Ucrania no contó con las firmas de Rusia, China -ausentes- Brasil, India, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que reclamaron que el diálogo incluya a todos los actores de este drama.
Por estos días también expiró el acuerdo firmado en 1974 entre el gobierno de Richard Nixon y el entonces rey Fáisal bin Abdulaziz por el cual EE UU garantizaba la protección del reino, la venta de armas y mirar al costado con cualquier cosa que ocurriera en ese extenso territorio de Arabia Saudita a cambio de que vendieran todo el petróleo que producen -que no es poco- en dólares y con ese monto cuantioso compraran bonos del Tesoro. Tres años antes Washington había salido del rígido esquema de convertibilidad de su moneda con el oro atesorado en Fort Knox y que regía desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y en octubre de 1973 había estallado la Crisis del Petróleo, con el aumento descomunal del crudo a raíz de las sanciones de los países productores a los gobiernos que habían apoyado a Israel en la Guerra de Yom Kippur. El secretario de Estado de esa administración, el inefable Henry Kissinger, fue el artífice de esa solución creativa que sostuvo la solidez del dólar como arma tan mortífera como una bomba nuclear desde entonces y que, ahora, puede poner en riesgo la existencia del dólar como moneda de reserva y comercio internacional.
De hecho, los países BRICS vienen construyendo una red de comercio en monedas locales y con instrumentos alejados de los pergeñados en esta parte del mundo, mientras se fortalece el yuan como divisa alternativa.
Un golpe al dólar atenta contra la estabilidad de Estados Unidos y la economía mundial, pero mucho más a su capacidad de imponer sanciones contra sus enemigos. Es lo que ocurre desde que Vladimir Putin ordenó la operación contra Ucrania, el 24 de febrero de 2022, que lejos de significar un castigo provocó un desenganche de las naciones “rebeldes” de los actuales sistemas. De necesidad hicieron virtud, y no les va nada mal.
En el encuentro del G7 en Apulia, Italia, los países más industrializados de Occidente acordaron tomar los ingresos generados por los bienes rusos congelados desde entonces para comprar armamento destinado a Ucrania. Este tipo de medida alteró de tal manera los mercados financieros internacionales que quizás terminen por afectar más la credibilidad del dólar y los bancos e instituciones del «mundo libre» que el comercio del oro negro en cualquier moneda que no sea la estadounidense. «Estos fondos provienen de los intereses por los bienes congelados y va a servir para comprar munición y defensas antiaéreas y va a ir directamente a la industria militar», indica una fuente militar citada por la agencia Europapress, que agrega que el único gobierno remiso a ese procedimiento es el de Hungría.
El presidente Kim Jong Un y Vladimir Putin durante la visita del último a Corea del Norte.
Foto: STR / KCNA VIA KNS / AFP
Putin, a todo esto, removió el avispero con su viaje a Corea del Norte, donde firmó acuerdos de defensa mutua con Kim Jong-un. El documento establece que en caso de agresión contra una de las partes de este acuerdo la otra responderá de manera solidaria. El pacto, como era de esperar, repercutió de manera negativa en Occidente y la respuesta inicial es seguramente la de Japón y las autoridades de Corea del Sur pidieron explicaciones al embajador ruso en Seúl.
Beijing, por su parte, salió al cruce de las sanciones contra sus empresas y el vocero de la cancillería, Lin Jian, aseguró: «tomaremos todas las medidas necesarias para salvaguardar firmemente nuestros derechos e intereses legítimos y legales”. Se refería al derecho de China de “mantener operaciones comerciales y económicas normales con Rusia basadas en la igualdad y el beneficio mutuo”.
Quienes advertían que un proyecto neoliberal extremo solo podría ponerse en marcha mediante la violencia, el pasado miércoles habrán podido presentar la prueba más palpable de que sus temores no eran infundados. Mientras adentro del Congreso los senadores debatían la Ley Bases, afuera las fuerzas comandadas por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se encargaban de repartir palos, balas de goma y gases y de provocar a miles de manifestantes pacíficos. Los más duchos en estas refriegas saben que el enorme despliegue y hasta el recurso de infiltrados –como muestran algunos videos– tienen el deliberado objetivo de que las imágenes que repitan los medios sean las de desmanes, llamas y piedras al voleo y no de las consecuencias para la sociedad de lo que se terminó por aprobar. Ni del «panquequeo» escandaloso de más de uno. Pero la caracterización que hizo el Gobierno sobre los hechos también expresa su necesidad de amedrentar a la población para que no exprese su opinión en las calles, haciendo ejercicio de un derecho consagrado en la Constitución Nacional, sobre todo porque en unos días la ley volverá a Diputados y desde la Casa Rosada bajan las presiones para revertir lo que la Cámara Alta terminó por aprobar en esa maratónica jornada. Que no es bueno, pero no es lo que el dogma libertario pretendía.
Es que cuando todavía no se habían disipado los gases, la Oficina del Presidente publicó en su cuenta de la red X un texto en el que «felicita a las Fuerzas de Seguridad por su excelente accionar reprimiendo a los grupos terroristas que con palos, piedras e incluso granadas, intentaron perpetrar un golpe de Estado, atentando contra el normal funcionamiento del Congreso de la Nación Argentina».
La ministra Bullrich fue la más fervorosa en una caracterización a todas luces falaz, pero se entiende su intención: al acusar a los 33 detenidos de causas por terrorismo e intento de golpe de Estado, el caso pasa a la justicia federal y los cargos pueden llevar a condenas de varios años de cárcel. Siempre listo para este tipo de deberes, el fiscal Carlos Stornelli imputó y pidió prisión preventiva para todos ellos a la jueza interviniente, María Romilda Servini. Al cierre de esta nota, 17 apresados habían quedado en libertad. Como recuerda la periodista Irina Hauser en el diario Página/12, una semana antes se había publicado en el Boletín Oficial el decreto 496 que flexibiliza la inscripción en el Registro Público de Personas y Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo.
La estrategia de Bullrich fue clara desde el primer momento. Hubo una sobresaturación de las fuerzas de Gendarmería, Policía Federal y Prefectura en los alrededores del Congreso. Esta vez no hubo diferencias con el Gobierno de la Ciudad, como en la marcha por la educación pública, y se dejó todo el operativo a Nación. Una gran cantidad de manifestantes se fueron dando cita, algunos con banderas partidarias y de sindicatos, y una enorme cantidad por las suyas. En un momento fue evidente que cuando la movilización iba creciendo en número se les abrió el paso en las avenidas Callao y Entre Ríos para que fueran llegando hacia la plaza, pero detrás iban cerrando un cerco para embolsarlos y comenzar la represión.
En la volteada cayeron diputados de Unión por la Patria como Carlos Castagneto, Eduardo Valdés, Leopoldo Moreau, Luis Basterra y Juan Manuel Pedrini, que cuando estaban dialogando con los uniformados para intentar calmar las aguas les arrojaron gas pimienta a los ojos. Los dos primeros debieron ser atendidos en centros de salud por lesiones oculares. En su cuenta de X, el jefe de la bancada de UxP, Germán Martínez, aseguró que presentarán una denuncia penal.
Entre los detenidos figuran músicos, vendedores de choripán y empanadas, algún que otro manifestante que circulaba tranquilamente de vuelta a casa o ni siquiera había ido a protestar. En un momento una joven fue advertida por un grupo de paramédicos de que le convenía agruparse con otras personas para no ser «cazada». Hubo varios centenares de heridos, algunos por balas de goma. Así funcionó el operativo.
Bullrich no solo aplaudió el accionar represivo –«actuaron con profesionalidad, con prudencia, pero sin dudar cuando hay que ir, atacar y no dejar que te tomen el Congreso»–, sino que despotricó contra los legisladores, asegurando que «se metieron en el medio como si fueran una autoridad de decirle a la fuerzas de seguridad qué tenían que hacer, chapeando con su documentos de legisladores como si eso les diera inmunidad». Lo cual es falso y ella lo sabe porque también fue diputada, durante tres períodos.
Bullrich también fue protagonista como titular de Seguridad en aquella gran manifestación de diciembre de 2017 cuando se debatía la reforma previsional. Esa vez había muy oportunos volquetes con piedras que un pequeño grupo entre la multitud arrojó contra el Congreso. La ministra dijo, y quedó como marca en el orillo, que eran 14 toneladas de piedras. No casualmente es lo que carga un volquete de los comunes. Como los que había cerca del edificio donde vivía la entonces vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en agosto de 2022 y que la perspicacia de los manifestantes percibió como un «anzuelo» para responder a las provocaciones de la Policía de la Ciudad.
Este miércoles, las fuerzas federales se dedicaban a espolear a los ciudadanos que se movilizaron pacíficamente, sin hallar respuestas igualmente violentas en la mayoría. Pero se olfateaba que merodeaban tiburones ávidos de sangre. Una columna de Camioneros, con Pablo Moyano el frente, decidió volver para no terminar envuelta en una cacería como la que se terminó registrando en los alrededores del Congreso.
El hecho saliente –teñido de sospecha por la inacción de policías y bomberos que estaban cerca– fue el incendio de un vehículo de exteriores de la Cadena 3 dado vuelta por un grupo de jóvenes. Se vio a muchos muchachos encapuchados y alguno de ellos incluso fue recibido con cierta algarabía del otro lado de las vallas por uniformados.
Todo en medio de una tormenta de gases y garrotes, al tiempo que adentro del recinto se debatía el futuro de los argentinos y se negociaban arreglos propios de la «rosca» entre integrantes de la «casta» que tanto dice abominar el presidente.
No es casualidad que cuando gobiernan las derechas aparecen este tipo de enfrentamientos, que han sido muy usuales en Chile y Francia en los últimos años y que por acá solo se ven con esas gestiones retrógradas desde la recuperación de la democracia.
Tan es así que al expresidente uruguayo José Pepe Mujica –quien estuvo detenido por su participación en la guerrilla de Tupamaros entre 1973 y 1985– la represión de la que se alegró Bullrich, que por esos años militaba en la Juventud Peronista y Montoneros, estos hechos le trajeron a la memoria, lastimosamente, aquellos años de plomo.
Viola Amherd, presidenta de Suiza, y Volodmir Zelenski dieron por inaugurada la Cumbre de la Paz en el paradisíaco centro turístico de Burgenstock, que cuenta con la presencia de representantes de «todas las partes del mundo, todos los continentes, diferentes naciones, tanto grandes como pequeñas geográficamente, y todos los polos políticos de nuestro mundo», según dijo el mandatario ucraniano. Pero quedaron afuera de la ronda Rusia, que es la otra parte involucrada en la guerra, China y a última hora el presidente colombiano. «No es un foro libre para discutir los caminos de la paz entre Rusia y Ucrania. Sus conclusiones ya están predeterminadas», tuiteó Gustavo Petro, para agregar que «la mayor parte de América Latina y el gobierno de Colombia no estamos de acuerdo con extender la guerra. No nos inscribimos en bloques políticos para la guerra» y recordar al asesinado primer ministro sueco Olof Palme, que «en el momento más agudo de la guerra fría supo levantar la bandera de la paz mundial y de la Justicia Social». Por la región, el que se anotó en primera fila fue Javier Milei.
Un par de días antes de esta cumbre, Vladimir Putin envió una fuerte señal a los jefes de estado que se dan cita en el lujoso complejo hotelero a orillas del lago de Lucerna que alguna vez disfrutaron desde Sofía Loren y Charles Chaplin hasta monarcas y oligarcas de toda laya. Putin planteó un plan de paz en el que exige el retiro de las tropas ucranianas de los territorios incorporados a la Federación Rusa luego de los referendos de 2022, la desmilitarización del resto del territorio y el compromiso de no ingresar a la OTAN ni alojar armamento nuclear.
La propuesta generó sorpresa y levantó fuertes rechazos. El primero, claro, de Zelenski, para quien «este ultimátum no se diferencia de otros que haya dado antes» y alarmó que de no ser detenida a tiempo, esta «nueva ola de nazismo ruso» se extenderá por todas partes. El titular de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaró no creer que la iniciativa sea pacífica y adelantó que los países de la alianza seguirán brindando ayuda a Kiev. «Rusia podría lograr sus objetivos de guerra esperando que los ucranianos cedan significativamente más territorio del que ha podido ocupar hasta ahora», abundó. En fila, siguió la presidenta del Consejo de ministros italiana, Giorgia Meloni: «la propuesta no es más que propaganda».
Entre las consideraciones del Kremlin a la hora de sentarse a una mesa de diálogo hay algunas que resultan complicadas de resolver. En primer lugar por un decreto del presidente ucraniano que prohíbe a todo negociar con Putin. En segundo lugar, porque el periodo presidencial de Zelenski venció el 20 de mayo sin haber convocado a elecciones, como establece la constitución. Para Putin, Zelenski es un «presidente (MC)».
La posición de Estados Unidos fue, obviamente, negativa. «Putin ha ocupado ilegalmente territorio soberano ucraniano. No está en posición de dictar a Ucrania lo que deben hacer para alcanzar la paz», dijo el secretario de Defensa, Lloyd Austin en una reunión de la OTAN en Bruselas. El responsable diplomático de la Unión Europea, Josep Borrell, coincidió en esta mirada argumentando que el «agresor no puede dictar los términos» de un alto el fuego. En verdad, los términos de la paz las dictan los vencedores de una guerra. Y la propuesta de Putin tiene ese sentido, de allí que ni la OTAN, ni EE UU ni la UE estén en condiciones de aceptar una derrota, al menos por el momento. Lo que si pudo hacer Bruselas es establecer, como hicieron este viernes, un «acuerdo de principio» para iniciar los trámites de adhesión de Ucrania y Moldavia a la UE.
Lo curioso es que justo este sábado el New York Times publicó completo el borrador de acuerdo de paz que en marzo de 2022 estaban discutiendo en Estambul representantes de Rusia y Ucrania y que en un viaje de urgencia a Kiev se encargó de hacer abortar el entonces primer ministro británico, Boris Johnson. Ese documento sólo pedía el reconocimiento como territorio ruso de Crimea y garantías para la población rusa del Donbas. «El viernes, Putin dijo que Rusia aceptaría un alto el fuego sólo si Ucrania entregaba cuatro regiones que el Kremlin ha declarado parte de Rusia y abandonaba sus aspiraciones de la OTAN. Se trataba esencialmente de una exigencia de capitulación, que el gobierno ucraniano denunció inmediatamente», dice el texto del NYT que firman Antón Troianovski, Adam Entous y Michael Schwirtz. «Las demandas actuales de Ucrania –una retirada de todas las fuerzas rusas del territorio ucraniano– tampoco parecen realistas dada la aparente determinación de Putin y las ventajas actuales de su ejército», concluyen.
Rusia, mientras tanto, también sorprendió en el Caribe el miércoles con la llegada a la bahía de La Habana de un convoy naval encabezado por la fragata Almirante Gorshkov, el petrolero Akademik Pashin y el remolcador de salvamento Nikolai Chiker. Lo que despertó todas las alarmas fue que también está el submarino nuclear Kazán. «Ahora tenemos buques de guerra y submarinos nucleares rusos rodeando a Cuba, a 60 millas de la costa de Florida. ¿Cómo les hace sentir eso? ¿Se sienten bien por eso? Y eso es sólo porque la debilidad de Biden nos está poniendo en grave peligro», dijo Donald Trump, en plena la campaña electoral.
Foto: G7 / Prensa
Dos modelos argentinos
Javier Milei se dio un baño de gloria en las cumbres del G7 y la de la paz ucraniana en Suiza, donde aprovechó para visitar los hoteles Borgo Egnazia, en la Apulia y el complejo Burgnestock, de Lucerna, un lujo para pocos. Pero en cada una de ellas fue muy evidente que su dogmatismo lo lleva a rispideces fuera de lugar con algunos de los líderes del mundo. En el encuentro de los países más ricos de occidente, la enemistad insólita con Lula da Silva llevó a que no tuvieran una bilateral ni siquiera como vecinos del barrio, por «el que dirán», más no sea. Y en la “foto de familia” aparece uno en cada rincón. Lula, extrañamente, con los pulgares hacia arriba, el gesto característico de Milei, a la derecha de la imagen, la izquierda de la escena. En Suiza, le expresó todo su apoyo a Volodimir Zelenski. «La paz entre las naciones libres no solo es un deber moral, sino una condición necesaria para la prosperidad», planteó el anarcocapitalista. Ahí el ejercicio de la distancia corrió por cuenta del español Pedro Sánchez. El otro argentino que se lució por estos días, Jorge Bergoglio, estuvo muy amigable con todos. Incluso con Milei, que elevó enfrentamientos de un calibre tan grueso como los otros dos. Queda por ver si Milei viajará a China para agradecerle en persona a Xi Jinping por la extensión del swap. Por esas tierras se llama paciencia estratégica. Lo del Papa sería poner la otra mejilla. Otra diferencia: Francisco pidió en el G7 que el mundo reflexione sobre los efectos de la Inteligencia Arficial, mientras que el inquilino de Olivos se babea como un chico con su primer Play Station.
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