por Alberto López Girondo | Ene 31, 2021 | Sin categoría
Si la guerra es la continuación de la política por otros medios, como decía el prusiano Carl von Clausewitz, la vacuna contra el Covid-19 es el escenario de la disputa por el control global. Por eso los gobiernos de Rusia, China, India, Gran Bretaña y hasta el aislacionista de Donald Trump apuraron sus propias vacunas: por marketing político, pero también porque la pandemia es como una guerra, con más de 2,2 millones de muertos y por arriba de 100 millones de heridos. Esa guerra la ganará el que pueda inmunizar antes a la propia tropa. Y así avanzar en este verdadero TEG sanitario.
Los países del grupo Brics la vieron de movida. Rusia ya tiene dos vacunas, y la de Gamaleya avanza en varios países latinoamericanos como la opción más razonable, más allá de dificultades de provisión que comparten todas las desarrolladas hasta ahora. China también tiene dos productos para proveer. India, en tanto, con sus más de 20 plantas elaboradoras, muestra capacidad para solventar los pedidos en poco tiempo.
Los otros dos países de ese grupo son Brasil y Sudáfrica. La nación africana junto con India planteó a la Organización Mundial de Comercio la necesidad de suspender los derechos de propiedad intelectual de todas las vacunas. En América del Sur, los seguidores de Jair Bolsonaro desplegaron su rechazo tanto a “la vacuna rusa” como a la china. Sucede, sin embargo, que el instituto Butantán, uno de los más prestigiosos del mundo, firmó un acuerdo para fabricar la CoronaVac en San Pablo. Ahora informaron que si Brasilia no piensa utilizar su producto exportarán los 54 millones de dosis a producirse.
Amenazas similares se registran en Europa, donde el Reino Unido, ya fuera de la UE, se trenzó en una controversia con Bruselas por la vacuna de Oxford-AstraZeneca. Los retrasos en las entregas pactadas levantaron las alertas en el continente, mientras en las islas los sectores más nacionalistas pretenden que las vacunas –también producidas entre Argentina y México– sean de uso exclusivo para los británicos. “Una egoísta UE quiere nuestras vacunas” despotricaba el Daily Express. En Bruselas allanaron la fábrica local para verificar si el retraso era por cuestiones técnicas y una presión de Londres.
Las demoras de Pfizer también crean sospechas. Desarrollada con apoyo gubernamental a través del proyecto Warp Speed y la Autoridad para el Desarrollo e Investigación Biomédica Avanzada (BARDA, siglas por sus siglas en inglés), existe el compromiso de abastecer a EE UU antes que exportar.
La OMS alertó que el 75% de las vacunas en marcha se concentra en solo diez países y reclamó que la campaña de vacunación sea igualitaria. Y promueve un mecanismo, Covax, para compartir las vacunas entre todas las naciones. Cuba e Irán, por las dudas, desarrollan sus propias vacunas, para no someterse a una extorsión sanitaria.
Tiempo Argentino, 31 de Enero de 2021
por Alberto López Girondo | Ene 31, 2021 | Sin categoría
La nueva crisis política italiana no es una sorpresa para nadie. Con un récord de 66 gobiernos en 75 años de República, la caída de un mandatario es cosa habitual. La diferencia es que esta vez la pelea de fondo es por el manejo de la pandemia, y además de los egos personales -que en política juegan, y mucho- por 209.000 millones de euros que la UE otorgó a esa nación para la recuperación económica. Una montaña de dinero que le daría un poder inusitado al administrador de esos fondos que fluirán durante los próximos seis años. En esa disputa, hay tres contendientes: el premier Giuseppe Conte, el ex jefe de gobierno Matteo Renzi, y una coalición de derecha que sostienen el incombustible Silvio Berlusconi y el ultraderechista Matteo Salvini.
La controversia se desató a mediados de mes, cuando Renzi, alguna vez joven promesa socialdemócrata, abandonó la coalición de gobierno. Conte fue al Parlamento en busca de apoyo, quedó tan debilitado que el martes pasado renunció con el objetivo declarado de conseguir un sustento mayor.
El presidente de Italia, Sergio Mattarella, viejo dirigente de la antigua Democracia Cristiana que ocupa el cargo desde 2015, convocó a una ronda de consultas y comprobó que la derecha quiere elecciones. Forza Italia, el partido de Berlusconi; Liga del Norte, el de Salvini, junto con Fratelli d´Italia, de Giorgia Meloni, conforman un trípode que la UE no ve con buenos ojos. Por el tinte xenófobo de Salvini y sus lazos con el ex consejero de Donald Trump, Steve Bannon, uno de los promotores del Brexit y por lo que representa el ex hombre fuerte italiano. El problema es que esa alianza tiene un tercio de la intención de voto si hubiera elecciones hoy.
Según los últimos sondeos, por otro lado, el 47% de la población quiere que Conte -un académico que llegó inesperadamente al gobierno en junio de 2018 en una insólita coalición entre la agrupación Cinco Estrellas, del cómico Beppe Grillo y Salvini- siga en el Palacio Chigi. Italia se acerca a los tres millones de contagiados y casi 90 mil muertos, no es tiempo de aventuras, sostienen. Pero no hay mayoría por nuevas elecciones.
En agosto de 2019, Salvini abandonó el gobierno luego de crecientes enfrentamientos con el premier. Había sido un matrimonio por conveniencia para saldar una de las tantas crisis políticas, pero había llegado la hora de la verdad. Fue la primera renuncia de Conte.
Renzi, que en febrero de 2014 había dado un batacazo llegar al poder, vio mermar si influencia desde que debió renunciar, en 2016. Con una fuerte ambición política, este ex alcalde de Florencia vio el filón y le dio su apoyo a Conte para formar un nuevo gobierno junto con el grupo de izquierda Libres e Iguales. El Conte II tenía dos ministros del partido de Renzi, Italia Viva.
El destino de los fondos de la UE fue el disparador de una crisis larvada. El monto total para la reactivación de los 27 miembros es de 750.000 millones de euros, Conte logró 209.000 millones para Italia, un triunfo inobjetable que se entiende en la necesidad de sustentar a un gobierno que puede evitar la llegada de Salvini al poder.
El 13 de enero, Renzi sacó a los dos ministros. El 18, Conte pidió un voto de confianza. Ganó en Diputados por 321 a 259 y en Senadores por 156 a 140, aunque sin mayoría absoluta ya que hubo 16 abstenciones. El 26 de enero renunció avisando que en realidad no se quiere ir. El 29, Mattarella encargó al dirigente de Cinco Estrellas y titular de la Cámara Baja Roberto Fico un “mandato exploratorio” para ver si logra una mayoría a favor de Conte en la asamblea. Tiene plazo hasta el martes para determinar la posibilidad de un “Conte ter” (por Conte Tercero).
Todos confían en evitar nuevos comicios. Un poco porque en esta situación sanitaria y con la subsiguiente crisis económica, la ciudadanía espera otras respuestas de la dirigencia política. Y otro porque con la modificación de la Constitución aprobada en setiembre pasado, el número de diputados se reducirá de 630 a 400 y el de senadores de 315 a 200. Muchos preferirán aferrarse a las bancas que ya tienen y no arriesgar una asamblea con menos sillas para todos.
Tiempo Argentino, 31 de Enero de 2021
por Alberto López Girondo | Ene 31, 2021 | Sin categoría
Activistas y militantes de diversas organizaciones de Derechos Humanos y movimientos sociales y hasta hinchadas de clubes internacionales preparan para este domingo una nueva versión del Stop Bolsonaro Mundial, una manifestación que tiene como objetivo denunciar al gobierno brasileño de genocidio por la falta de política sanitaria para combatir el coronavirus. Al mismo tiempo, agrupaciones políticas presentaron un nuevo pedido de juicio político contra el presidente Jair Bolsonaro, el número 64, por crímenes de responsabilidad en torno a la escasez de oxígeno en hospitales de Manaos, atestados de pacientes de Covid19.
Todo esto ocurre mientras Bolsonaro enfrenta el escándalo por sobreprecios en leche condensada que dejaron al descubierto que para gobiernos neoliberales como el suyo, ese insumo básico es primordialmente una fuente de ingresos privados con base en recursos públicos.
El gobierno de Carlos Menem resultó implicado en 1991 en una maniobra por la compra de leche en polvo en mal estado. En los papeles, era un producto destinado al Plan Materno Infantil, pero se encontró que estaba contaminada con Escherichia coli. La firma que había ganado la provisión pertenecía al empresario Carlos Spadone y la partida cuestionada había sido elaborada en una planta de Miguel Angel Vicco, secretario privado del presidente.
En el caso de Bolsonaro, la leche estaba destinada a la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) y el Ministerio de Defensa. Pero no hubo modo de explicar razonablemente por qué se habían gastado 15 millones de reales en ese producto. La respuesta que ensayaron los hijos presidenciales es que debía trasladarse a zonas de Brasil donde no es posible enviar leche fresca.
La explicación de Bolsonaro fue más estrepitosa. En una reunión con partidarios y algunos funcionarios íntimos en una churrasquería de Brasilia mandó a los periodistas a la PQLP y dijo que los tarros eran “para metérselos en el trasero”. El ministro de Turismo, Gilson Machado, bautizó al mandatario como “Jair Condensado” porque dijo que “condensa la voluntad de trabajar, el patriotismo y la fe en Dios”.
Las risas de sus acompañantes no alcanzaron para acallar el escándalo que, incluso, llevó a algunos de sus ex adláteres a tomar distancia. Es el caso del general Carlos Alberto dos Santos Cruz, que fue ministro jefe de la Secretaría de Gobierno de la Presidencia de la República hasta junio de 2019. “Bolsonaro no tiene noción institucional del cargo que ocupa, es una vergüenza nacional e internacional” tuiteó el otrora austero militar.
El presupuesto de 2020 de gastos en alimentos muestra un 20% más de erogación que el de 2019. Entre ellos destaca un incremento en alfalfa de más de un millón de reales, y el de la leche condensada, de 15.641.777,49 de reales.
Otros gastos cuestionados son los 3000 millones que repartió en el Congreso para lograr la elección de Arthur Lira para la presidencia de Diputados y Rodrigo Pacheco para el Senado. Una forma de frenar los intentos de impeachment.
Tiempo Argentino, 31 de Enero de 2021
por Alberto López Girondo | Ene 24, 2021 | Sin categoría
Desde las primeras horas en el Salón Oval, Joe Biden quiso marcar diferencias con su antecesor, y allí donde hasta el miércoles había gestos de desprecio y golpes sobre la mesa, habló de reconciliación, unidad y el regreso a las organizaciones multilaterales de las que EE UU se fue retirando estos cuatro años, como el Acuerdo climático de París, la OMS, mientras mantiene negociaciones para reanudar el tratado nuclear con Irán, las relaciones con Cuba y, fundamentalmente, una política concertada para la vacunación masiva y cuidados por el Covid 19. Eso incluye un paquete de ayudas individuales y una línea de apoyos económicos para la recuperación económica del país.
Pero donde más insistió fue en el tema de la unidad nacional. Fue algo así como una súplica en el discurso inaugural. La grieta entre aquellos republicanos de alma o trumpistas convencidos y el resto de la sociedad estadounidense es la más dramática tal vez desde el fin de la guerra civil, en 1865.
Por lo pronto, si bien en las urnas el demócrata le sacó siete millones de votos de ventaja al republicano, no es para ignorar el hecho de que Trump obtuvo 74 millones de sufragios. Y que casi 7 de cada diez de ellos están convencidos de que le robaron los votos. Más aún, ninguno de los objetivos que se proponga Biden puede seducirlos para que se corran de ese lugar cómodo de un conservadurismo extremo. Amparados en la segunda enmienda constitucional, se vienen preparando para una nueva guerra civil. Sostienen la necesidad de “una milicia bien organizada para la seguridad de un Estado libre”. Biden, aunque suene a burla, es visto como una amenaza socialista del que habrá que defenderse en el futuro cercano.
Trump pasó a un ostracismo relativo. Bloqueado en las redes sociales por decisión de los directivos de las empresas tecnológicas, prometió volver de algún modo. Para evitarlo, este 7 de febrero el senado comenzará con el segundo juicio político contra él. El 13 de enero la Cámara baja acusó al aún presidente de “incitación a la insurrección” por su discurso de una semana antes que, señalan, desencadenó el intento de toma del Capitolio para evitar la certificación del resultado del comicio de noviembre del 2020. El nuevo impeachment busca impedir su regreso en 2024, pero no podrá evitar que aquellos que lo siguieron estos años, muchos de los cuales arrastraban el desencanto de las promesas no cumplidas por Barack Obama desde 2009, sean protagonistas en los tiempos que se avecinan.
De allí el énfasis en el llamado a la unidad. De allí también la preocupación de muchos observadores que, conociendo la historia de EE UU, temen que esa unidad será en base al viejo recurso de una guerra que llame a consolidar un frente interno poderoso para derrotar a un enemigo amenazante de la seguridad y los intereses del ciudadano común.
La amenaza del comunismo, durante la Guerra Fría, justificó la creación de organismos como la OTAN, destinados a combatir a la Unión Soviética y a forzar alianzas. Desde 1991, el objetivo fue más difuso por la caída de la URSS, pero pronto hallaron nuevos desafíos que, en 2001, culminaron en los atentados a las Torres Gemelas el caldo de cultivo para la guerra contra el terrorismo. Ahora, Biden asume con un llamado a la unidad pero al mismo tiempo alerta sobre los riesgos del terrorismo interno, como califica a los ataques al edificio del Congreso por grupos ultraderechistas.
El nombramiento de funcionarios ligados a la industria militar y a la administración Obama -de las más belicosas en la historia reciente, a pesar de su Nobel de la Paz 2009- es un buen índice para ver cómo viene la mano.
Esta semana logró que el senado confirmara al general (R) Lloyd Austin como secretario de Defensa y a Avril Haines como directora de Inteligencia Nacional. El Pentágono en manos de un afrodescendiente y una mujer la CIA suenan a progresismo tras cuatro años de misoginia y xenofobias. La mujer fue abogada principal del Consejo de Seguridad Nacional de 2010/13 y subdirectora de la CIA de 2013/15. Allí autorizó el uso de drones para realizar asesinatos extrajudiciales selectivos y el programa de “técnicas mejoradas de interrogatorio” (vulgo torturas) para “ablandar” a militantes islámicos. Tras haber sido comandante de las tropas en Irak, Austin se retiró en 2016 y halló pronto conchabo en Raytheon Technologies, proveedor militar del Pentágono.
El bueno de Biden había aprobado como senador las invasiones de Afganistán e Irak y como vicepresidente la destrucción de Libia y la guerra contra el gobierno de Siria.
Aquel golpe de Ucrania
El primer juicio político contra Trump se basó en la filtración de un pedido del entonces presidente a su par de Ucrania para que active la investigación judicial sobre Hunter Biden, hijo del ahora inquilino de la Casa Blanca, por un caso de corrupción en una empresa energética de ese país. Se salvó, a principios de 2020, porque había mayoría republicana en el Senado. La acusación se basaba en que Trump extorsionaba a Volodymyr Zelensky con la entrega de un préstamo a cambio de su avala en el proceso judicial. Biden, como vice de Obama, participó activamente en el golpe de estado contra Viktor Yanukovich, el pro-ruso mandatario ucraniano desplazado en 2014 tras un golpe orquestado por la OTAN y Washington. Grupos neofascistas tomaron el poder entonces y Biden Jr obtuvo un jugoso cargo en la empresa Burisma.
La que entonces puso los pies en barro fue Victoria Nuland. Vocera del Departamento de Estado 2011-13, fue luego responsable de asuntos europeos y euroasiáticos con rango de Embajadora de Carrera. Junto al senador John McCain repartieron galletas en la Plaza del Maidán alentando a multitudes golpistas para derrocar a Yanukovich.
El 28 de enero de 2014 mantuvo una charla con el embajador de EEUU en Kiev, Geoffrey Pyatt, que la hizo saltar a la fama. Hablaban de que la crisis (que habían creado) en Ucrania debería encauzarse a través de la ONU y no de la Unión Europea. El argumento de Nulland fue “que se joda la UE”. El golpe contra Yanukovich costó miles de vidas y la virtual secesión de las regiones de Donetsk y Luganks y la anexión de Crimea a Rusia. Antes de Obama, Nuland había sido asesora en política exterior con Dick Cheney, el polémico vice de George W Bush y un promotor de las guerras de invasión tras el 11 S de 2001. Ahora Biden la designó como subsecretaria de Estado de Política Exterior.
Tiempo Argentino, 24 de Enero de 2021
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