por Alberto López Girondo | Oct 25, 2020 | Sin categoría
Para los latinoamericanos, el 11 de setiembre se recuerda el golpe de estado contra el gobierno democrático de Salvador Allende de 1973 y el inicio de una era de barbarie militar y de oscuridad para la democracia regional. En Estados Unidos el 11S rememora los atentados a las Torres Gemelas y el inicio de otro período de oscuridad democrática por la pérdida de derechos y garantías individuales a raíz de las Actas Patrióticas que el gobierno de George Bush aprovechó para instituir con el argumento del combate al terrorismo.
Los chilenos tienen ocasión de poner el último clavo en el ataúd del pinochetismo en un referéndum que sin dudas tendrá fuerte repercusión continental. Será el primer paso para terminar con la Constitución creada en dictadura para consolidar los privilegios de una casta que se benefició con el modelo neoliberal.
A diez días de la elección, el segundo debate presidencial en Estados Unidos mostró que esta vez Donald Trump y Joe Biden bajaron un cambio. Se tiraron con dardos envenenados, pero guardaron formas un tanto más civilizadas.
Entre el 1973 y el 2001 las sociedades latinoamericanas padecieron las políticas neoliberales más impiadosas. Con mayor o menor rigor, cada país intentó luego volver a la institucionalidad democrática. Pero a decir verdad, el neoliberalismo fue un corset del que los gobiernos no pudieron, no quisieron o no supieron como escapar.
En lo que va del siglo el partido viene disputado. Primero con Hugo Chávez en Venezuela, desde 1999, y luego con la retahíla de gobiernos “no alineados” en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Paraguay. Y finalmente con el No al Alca de 2005 en Mar del Plata.
El triunfo de Barack Obama pareció un cambio de rumbo en un imperio debilitado por guerras sin fin en Asia. Pero pronto el primer presidente no blanco en la historia de EEUU demostró que era más de lo mismo con otra piel. Trump fue una manera de ir por otro camino. El inquilino de la Casa Blanca no es el rostro horrible de Estados Unidos, solo pone de manifiesto lo peor de ese país y no se avergüenza.
Desde 2015 el partido viene inclinado a favor de las derechas y de los sectores pro estadounidenses. En algunos países por vía electoral, en otros por destituciones urdidas desde Washington -por la administración Obama- parecía que esos sectores se comían la cancha. Pero desde hace más de un año soplan otros vientos y el domingo pasado los bolivianos, como suelen hacer cada tanto, se plantaron y dijeron No al golpe.
Los padecimientos de América Latina este último lustro mucho tienen que ver con políticas digitadas por eso que Trump llama Estado Profundo. El aparato estatal que maneja las políticas a largo plazo del imperio más allá de quien se siente en el Salón Oval. Son esos sectores que pueden torcer rumbos presidenciales con un asesinato, como el 22N de 1963, o una destitución como el 9A de 1974.
El 3 de noviembre los estadounidenses someterán a plebiscito estos 4 años de Trump en la Casa Blanca. No es solo la gestión de un rico heredero caprichoso e impredecible lo que está en juego.
Para los ciudadanos políticamente correctos del mundo, Trump es casi una afrenta. pero a su manera fue exitoso. Si bien no pudo sacar del poder a Nicolás Maduro, como viene intentando el Departamento de Estado desde la era Obama, logró extender esa
ideología peligrosamente extrema en algunos discípulos de la región, como el brasileño Jair Bolsonaro. Lo intentó con los golpistas bolivianos, y algunos acólitos locales siguen el programa político de llamar al Covid-19 “virus chino”, de rechazar el barbijo y la cuarentena a nombre de la libertad y de romper con los tabúes de las buenas maneras. Y fundamentalmente en la práctica del bullying por sobre el argumento como mecanismo esencial en la lucha política.
En España el acólito más leal de Trump es el líder de Vox, el partido franquista, que forzó una moción de censura para voltear al gobierno de coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
“Tenemos que reconstruir a nuestro país como era antes de la plaga de China”, espetó Trump en el debate del jueves. Luego insistió en que si gana Biden, el país avanzará hacia el socialismo.
En el discurso ante el congreso, Santiago Abascal acusó a la coalición gobernante de estar aliados con el partido comunista de China, país al que, por otro lado, culpa por la pandemia. No logró más que votos que los propios. La derecha tradicional prefirió, en esta, mantener los pies dentro del plato. Pero la pelota sigue rodando.
Tiempo Argentino, 25 de Octubre de 2020
por Alberto López Girondo | Oct 25, 2020 | Sin categoría
En los primeros días de junio de 2003, Néstor Kirchner se vio por primera vez con Lula da Silva. El argentino había asumido la presidencia el 25 de mayo; el brasileño, el 1º de enero. La sintonía fue total: hablaron de Racing y del Corinthians, de históricas rivalidades futbolísticas, de cómo armar un equipo competitivo.
Habían leído cómo venía el partido regional, y se armó equipo para construir un período virtuoso para las relaciones sudamericanas. Con Hugo Chávez fomentaron la integración sin distinción de ideologías. Lograron sentar a una misma mesa a Álvaro Uribe o Sebastián Piñera con Raúl Castro o el mismo Chávez.
Bajo ese calor alumbraron gobiernos como los del Frente Amplio en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Fernando Lugo en Paraguay.
Kirchner mostró su cintura política cuando logró impedir un conato bélico entre Colombia y Venezuela semanas antes de que asumiera Juan Manuel Santos, en agosto de 2007. Los acuerdos de paz con las FARC nacieron tras la amistad entre Santos y Chávez y el auspicio de Castro en La Habana. Ese fue un “centro” de Kirchner.
Creaciones como la Unasur mostraron de qué podía servir la unidad democrática cuando el intento secesionista del Oriente boliviano en 2008 y la rebelión policial contra Correa en 2010.
Kirchner tuvo un rol tan destacado que fue designado primer secretario general y la sede del organismo en Quito llevó su nombre. A la entrada lucía una estatua del mandatario argentino inaugurada en 2014. El imponente edificio representó los ideales de un puñado de gobernantes y de los pueblos latinoamericanos. Eso explica que la Unasur fuera el objetivo a destruir por los gobiernos de derecha.
Poco a poco fueron vaciándola, Mauricio Macri, el brasileño Michel Temer y el propio Piñera. No hubo acuerdo para elegir nuevo secretario general a principios de 2017, y el organismo quedó acéfalo.
La Argentina de Macri, Colombia, Chile, Perú, Paraguay y Brasil se alejaron de ese modelo de integración con un argumento bien explicado por Piñera: “Unasur fracasó por exceso de ideologismo”. El chileno propuso crear “un nuevo referente”, Prosur, supuestamente libre de ideologías, abierto a todos y “100% comprometido con democracia y derechos humanos”. Pero dejó afuera a gobiernos como el venezolano y tampoco condenó el golpe contra Evo Morales, aunque si cuestionó las revueltas populares en Ecuador y Chile de fines del año pasado. En sintonía con Washington.
En marzo de 2019, Lenin Moreno, en flagrante contradicción con su pasado reciente como vice de Correa, decidió sacar a su país de Unasur y destinar el edificio a la Universidad Indígena de Ecuador. Además, ordenó retirar la estatua de Kirchner aduciendo que “él no representa los valores y la ética de nuestros pueblos”, sin aclarar cuáles eran esos valores ni cuál habría sido el pecado del expresidente que recién entonces descubría.
A diez años de la muerte de Kirchner, la región sigue en disputa, tratando de remontar un partido complicado. Los bolivianos avanzaron en ese sendero, los chilenos, también. Quién sabe si en febrero los ecuatorianos abren la puerta al regreso de Kirchner al complejo de la Mitad del Mundo.
Tiempo Argentino, 25 de Octubre de 2020
por Alberto López Girondo | Oct 19, 2020 | Sin categoría
En otros tiempos, cuando algún boxeador argentino buscaba el cinturón de campeón en cuadriláteros estadounidenses, se decía que la única forma de salir airoso era ganar por nocaut. Si al cosa venía por puntos, no había forma, porque el árbitro y los jurados estaban comprados.
Lo mismo ocurría este domingo en Bolivia. El binomio Arce-Choquehuanca tenía que noquear, porque todos los estamentos del estado de facto que la derecha intentó armar desde el golpe contra Evo Morales del año pasado estaban comprados. Por eso las dudas y los temores del MAS-IPSP.
Era grande el riesgo de un monumental fraude, de que buscaran la forma de embarrar la cancha para no entregar el poder si la diferencia era exigua o hubiera lugar a disputas voto a voto. Pesaba el antecedente de lo que había hecho la oligarquía boliviana y grupos paramilitares tras la elección de octubre de 2019, con el apoyo irrestricto de la OEA conducida por Luis Almagro. No olvidar que hubo quema de urnas, amenazas a legisladores, que atacaron sus viviendas particulares.
El ex canciller uruguayo debería ser considerado responsable directo de la violencia que se desató desde el 10N contra sectores populares, con cientos de muertos. De persecuciones, de detenciones ilegales, de políticas económicas perjudiciales para el pueblo boliviano, De cada acto de corrupción -que no fueron pocos- durante la gestión de facto de Jeanine Añez. Y todo por haber avalado un informe falaz sobre la transparencia de las elecciones que dieron el triunfo a Evo Morales y Álvaro García Linera.
Este domingo quedó probado que hace hace 11 meses hubo un golpe de Estado en Bolivia. Los medios internacionales que aprobaron la movida contra el gobierno constitucional de Morales también tienen su cuota parte en esta calamidad que la ciudadanía boliviana vino a reparar con creces.
En los medios concentrados argentinos se nota el estupor por el resultado y también la indignación. Tenían un perfil tan sesgado que terminaron por creer lo que publicaban y la realidad ahora les golpea como un cross a la mandíbula. Entonces buscan el lado oscuro de la nueva era que se avecina en Bolivia.
Habida cuenta de que Evo Morales retornará sin dudas a su patria, es de augurar entonces que buscarán horadar la futura gestión con cuestionamientos del tipo “hay un doble comando en el Palacio de Gobierno”. Ni qué decir de las dificultades que enfrentará el nuevo mandatario con la derecha golpista de la Media Luna de Oriente, que había encabezado la intentona secesionista de 2008, ingresó a la sede del gobierno el 10N con la Biblia en la mano y retiró la wiphala como un acto de desagravio a la población blanca y europea que integra.
Más allá de estas miserias, es bueno tener en cuenta que el regreso del MAS IPSP fue posible por las luchas populares y también gracias la conciencia democrática alcanzada por los bolivianos desde principios de siglo. Este modelo de madurez cívica es extensible también a Ecuador, donde finalmente las autoridades tuvieron que aceptar la fórmula Andrés Arauz-Carlos Rabascall para las presidenciales de febrero de 2021. Ya no es posible gobernar proscribiendo a las mayorías. Y ese es el mayor triunfo de estas horas.
Tiempo Argentino, 19 de Octubre de 2020
por Alberto López Girondo | Oct 18, 2020 | Sin categoría
Entre las urnas y la dinamita. Las imágenes de aquella Bolivia de principios de siglo, cuando enardecidos trabajadores marchaban en reclamo de sus derechos tras la política de despojo de los sucesivos gobiernos de derecha, parecían un mal recuerdo hasta hace un año. Todavía algún memorioso se tope en algún pliegue de su memoria con la escena de aquel minero que cargado de cartuchos de TNT se inmoló frente al Palacio del Quemado en protesta porque le habían quitado la jubilación.
Tras aquella larga noche neoliberal en la que hasta los recursos del agua habían pasado a ser una mercancía más, vino un largo día protagonizado por los movimientos sociales y las comunidades indígenas, que fueron construyendo un Estado Plurinacional del que podrían aprender muchos países que son conglomerados de nacionalidades y no encuentran el modo de armonizar las diferencias. Los bolivianos también fueron construyendo un Estado más justo y con mejores oportunidades para todos.
No fue casual que ese proceso virtuoso coincidiera con la aparición de gobiernos progresistas en la región. Hasta tal punto lo es que difícilmente Evo Morales hubiera podido resistir las pujas secesionistas de la oligarquía de la rica Media Luna de Oriente en 2008 si no fuera por la existencia de la Unasur, que prontamente salió en defensa de la democracia.
Para la estrategia de la Casa Blanca, ningún gobierno que intente correrse de los dictados del Departamento de Estado puede respirar tranquilo. Así, siendo secretaria de Estado Hillary Clinton, se desarrolló el golpe contra Manuel Zelaya, en junio de 2009 en Honduras.
Hace algunos días se cumplieron diez años del intento de golpe policial contra el gobierno de Rafael Correa, en Ecuador. También allí la Unasur fue clave para evitar un golpe que amenazaba con ser sangriento. Pero nada pudo hacer para evitar la caída del presidente paraguayo Fernando Lugo, en 2012. Desde entonces, una sucesión de movidas destituyentes y el triunfo de candidatos conservadores fueron diezmando la institucionalidad regional. Esto sin olvidar el peso que tuvo para ese modelo de integración la muerte en 2013 de Hugo Chávez, el que la tuvo más clara desde que asumió el gobierno, allá por 1999.
El golpe contra Dilma Rousseff en 2016 no podría haberse producido sin el triunfo de Mauricio Macri en Argentina. Pero para redondear el giro pro estadounidense era necesario en Brasil sacar del medio a Lula, mediante una operación judicial que se deshilacha porque como todo esquema de lawfare, se caracteriza por la flojedad de papeles.
La traición de Lenin Moreno en Ecuador fue otro modo de torcer el rumbo latinoamericanista. Correa padece la misma ofensiva judicial que Lula, que Cristina Fernández, que la dirigencia del Mas de Bolivia. Por si con esto no alcanzaba, necesitaban asfixiar a la Unasur y a todo vestigio de integración horizontal entre los países del sur del Río Bravo.
En Argentina, hace un año, volvió al poder una coalición que va contra esa corriente derechista. Una semana antes del comicio nacional, en Bolivia el binomio Morales-García Linera ganaba en primera vuelta una nueva reelección.
La alianza entre Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador, el mandatario mexicano, tenía un asociado natural en Evo con quien podían reconstruirse las aspiraciones de soberanía regional.
Voltear a Morales antes del 10 de diciembre pasado era un imperativo categórico para los planes estadounidenses. Para rodear a la Argentina de Fernández-Fernández desde el primer día.
Este domingo en Bolivia se juega no solo el futuro de los bolivianos, sino el de América Latina. Eso lo saben muy bien en Washington y lo saben todos los mandatarios entregados a la Casa Blanca, comenzando por Luis Almagro. De allí los temores y desconfianzas sobre lo que pueda ocurrir De allí los temores y desconfianzas sobre lo que pueda ocurrir.
Tiempo Argentino, 18 de Octubre de 2020
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